LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Conquistar la conversación

Conquistar la conversación significa devolvérsela a la comunidad y a las personas replanteándola en el hacer de cada uno. Este hacer personal y comunitario implica una ruptura con la impotencia y la aceptación de la responsabilidad personal como punto de partida de toda conversación verdadera. Reconquistar la conversación es devolverle el valor a la palabra.

Prácticas en las Indias

comedor kibutz

Los que están excluidos del trabajo están exiliados de la sociedad. Su vida es la anomalía de una cesura omnipresente entre cada uno y la construcción del bienestar de aquellos con los que vive, entre cada uno y una Naturaleza que solo cobra significado cuando la transformamos. Su capacidad para comprender se ve filtrada por la losa del aislamiento, por la atomización y la dependencia de su único rol económico: «consumidor».

Cuando una sociedad, sea por una crisis, por una guerra o por los desvaríos de un estado disfuncional, destierra del trabajo a una buena parte de su población, esa comprensión cercenada convierte la impotencia en espíritu de época. Un gran grito autoexculpador recorre todas las expresiones públicas. La condena del «mal», de la exclusión siempre viene con trampa: la irresponsabilidad del excluido va pareja a la construcción de un «otro», de un ser colectivo culpable que en realidad también queda exculpado en lo genérico de su categoría. Si una categoría es la culpable o la beneficiaria de la exclusión social y X pertenece a ella, queda desacreditado no por lo que haya hecho, sino por el hecho de ser parte de la comunidad imaginada identificada con el mal. Será colectivamente culpado e individualmente exculpado a la vez. Pero da igual, será condenado individualmente por su asociación a un colectivo. A cuál dependerá solamente de quien consiga convertir el pantano moral en sustento político en cada momento: el nuevo malvado será unas veces el miembro de un «1%» neoliberal y conspirador, otras veces el emigrante, otras el «de fuera», o el nativo de la región o el país vecino… Nunca faltan imaginaciones y no cambian poco: los pantanos siempre están en marejada.

Pero inventar el enemigo, sea el 1% o «los de fuera», supone inventar también un «nosotros» que pueda ser imaginado por cada desterrado como una proyección de si mismo. Y en esa invención gana el que consiga representar como víctimas homogéneas a la mayor cantidad de gente. El primer lugar donde debe conseguirlo es en la comunicación pública. La deliberación se convierte así en un recolección de adhesiones, la política en un mero juntar apoyos y medir fuerzas.

Ahí es cuando el miedo aparece en todo su poderío. Nadie puede permitirse no contemporizar con el consenso emergente. Nadie quiere ser excluido de entre los excluidos. La conversación se retrae hasta la adhesión. Es entonces cuando el temor al disenso mata la deliberación en cada espacio, por abierto que esté y se certifica la muerte de la conversación.

A este proceso suele llamársele «el auge de los populismos», la «vuelta de los nacionalismos» o incluso pompósamente, se les calificas como movimientos por «democracias» con distintos apellidos: nacionales, populares, de masas… En realidad se trata del proceso de conversión de una sociedad abierta en una sociedad totalitaria, que unas veces desembocará en un estado totalitario y otras no, pero que en cualquier caso representa el inverso oscuro y antagónico de esa espiral democrática deliberativa que proponía Dewey.

No queda otra en un escenario así que conquistar la conversación. Y eso está muy lejos de encengarse en las batallas de hooligans en las que los navegantes del pantanos, incubados en los libros de caras, intentan convertir todo espacio comunitario, desde la cena de Nochebuena a los blogs.

No se trata de negar la ideología de nadie sino de dejar el debate político en terreno que le corresponde -la definición y gestión del estado- sin permitir que asfixie el intercambio ni divida a nuestras comunidades de afectos y trabajo. Es estupendo que nuestros conocidos o familiares tengan ideales políticos, la trampa totalitaria que el espíritu de época da por buena, se produce cuando la exaltación de esos ideales sirve de exculpación para evitar su realización personal. Se trata de devolver la conversación al qué hacemos aquí y ahora, en lo concreto, uniéndonos con otros.

Conquistar la conversación significa devolvérsela a la comunidad y a las personas replanteándola en el hacer de cada uno. Este hacer personal y comunitario implica una ruptura con la impotencia y la aceptación de la responsabilidad personal como punto de partida de toda conversación verdadera. Reconquistar la conversación es devolverle el valor a la palabra.

Por eso, hoy la conversación no puede renacer si no es como una expresión y una herramienta de la conquista del trabajo. Tal como estamos, es el punto de partida de todo renacimiento de una sociedad abierta y una ética de la responsabilidad.

«Conquistar la conversación» recibió 8 desde que se publicó el Viernes 25 de Diciembre de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.

El Correo de las Indias es el agregador y plataforma de blogs de los socios del Grupo Cooperativo de las Indias y es mantenido y coordinado por los miembros de la comunidad igualitaria de las Indias