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Contra las víctimas

Una diatriba contra la invención de identidades ahora que hasta Zizek parece esperar que sean las víctimas las que nos rediman de la descomposición global.

Prácticas en las Indias

Viendo ayer un debate entre Varufakis y Zizek inmediatamente posterior a los últimos atentados de París me llaman poderosamente la atención algunas reacciones.

En primer lugar la insistente voluntad del moderador -y me parece que del público- de interpretarlos en términos morales como un castigo, un castigo de una especie de culpa colectiva «occidental» que se manifestaría en el «cinismo» de no «sentir» ni hacer luto por las víctimas de otros atentados fuera del mundo desarrollado. Zizek no entra directamente a explicar que eso no tiene nada de cínico, pero aprovecha para intentar marcar su propio gol: apunta que la cotidianidad y brutalidad de la violencia es global y que vivimos en una gran «cúpula» protectora llamada Europa que nos permite ignorar la crudeza de la vida bajo el capitalismo global, así que estos atentados, en todo su horror, abrirían una breve ventana al «mundo real» que debería hacernos reflexionar. Decidido al parecer a no enfrentar el moralismo tramposo del moderador, pasa luego a condenar la aproximación humanitaria a los refugiados, destacando que son víctimas de lo mismo que los muertos y heridos de París. Con ello establece su mensaje: frente al humanitarismo del «ayudémonos porque son como nosotros y sufren» hay que «insistir en la unidad de las luchas».

El problema de este argumento es que las luchas, todas las luchas, cualesquiera que sean, las realizan sujetos, sujetos colectivos, sujetos reales, sujetos imaginados al gusto de cada relato político… pero siempre sujetos. Hay lucha porque hay alguien que lucha por algo contra alguien.

Y sin embargo el único colectivo que se afirma en este debate son las víctimas. «Las víctimas son una sola cosa porque las causas profundas de lo que les ha convertido en tales son las mismas en todo el mundo» nos viene a decir. Pero las víctimas no son un sujeto político, económico ni siquiera social. Las víctimas no tienen un objetivo, un programa ni una visión común del mundo común por el hecho de ser víctimas. Y cuando lo tienen es porque previamente lo tenían como parte de otra cosa.

Ni siquiera, como llega a reconocer el propio Zizek se les puede presumir una sensibilidad ética similar. Tampoco mayor conocimiento ni fortaleza moral.

Ser víctima de la violencia (terrorista, sexual, racista o la que sea) no hace a nadie mejor conocedor de sus causas ni hace mejores sus propuestas, del mismo modo que no hace a la víctima de un huracán mejor meteorólogo de lo que fuera antes. Digámoslo de una vez: lo único que une a las víctimas es ser un objeto de una desgracia (una guerra, un atentado terrorista, la descomposición del estado, un tifón, una enfermedad o lo que sea). Las víctimas son un objeto social, no un sujeto político. Están en esa parte de la oración llamada «objeto directo» que sufría las consecuencias del verbo. Y el verbo lo ejecutaba el sujeto.

Cuando se nos invita razonablemente a «respetar a las víctimas», nada cambia en lo anterior, al revés, es la naturaleza de objeto la que se hace evidente. Las víctimas que sufren algo injustamente deben ser objeto de respeto, de socorro, de solidaridad, de ayuda, de políticas públicas… y en esa medida y con ese objetivo debemos escucharlas. Nada más.

El nacionalismo lleva dos siglos dándonos la tabarra con la idea de unas pretendidas culpas y esencias colectivas trascendentes. Trascendentes porque trascienden generaciones y se heredan «con la sangre», como pensaban los inquisidores que se heredaba la herejía. Así una chica nacida hoy en Burgos sería «culpable» de los crímenes de la conquista del Alto Perú, un chico nacido hoy en Boston de la masacre de los arapahoes y, por supuesto, otro nacido en Colonia del genocidio de judíos y gitanos por el estado alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Y todos juntos, en la medida que son «occidentales», compartirían la «culpa» de los horrores del colonialismo belga en el Congo. Pero si solo fuera un juego de culpabilización no funcionaría, claro. La aritmética de la culpa esencialista e imaginada funciona en todos los sentidos: a cada uno de ellos se les invita a identificarse con alguna comunidad imaginada y heredar con ella unos pretendidos «derechos de reparación» que le vendrían asociados. Tal vez el chico de Boston forma parte de una minoría racial que fue oprimida en algún momento de la Historia norteamericana. Puede por ejemplo, que sus abuelos fueran hijos de inmigrantes japoneses y en esa calidad hubieran sido recluidos en campos de prisioneros durante la guerra.

El esencialismo, que es algo así como la metástasis del nacionalismo dentro del cuerpo social, construye identidades en serie sobre la culpa, el agravio de la comunidad imaginada y un implícito derecho de reparación. Construye objetos políticos vendiéndolos como sujetos sociales. Hasta que la impotencia generada por un mundo fragmentado en «identidades» rencorosas, un mundo sin un futuro común distinto de mantener a los otros en raya se convierte en algo tan abrumador que una cierta masa de personas se pone a buscar como construir un sujeto de cambio, pero a falta de otro molde usan el que se les enseñó -víctimas, reparación, culpa- y aparece un Trump.

«Contra las víctimas» recibió 17 desde que se publicó el Jueves 5 de Enero de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. En general entiendo la crítica a esa instrumentalización de la víctima como sujeto político, pero no me queda claro qué piensas que hay que hacer una vez que hemos reconocido a la víctima como tal y la hemos escuchado. Si sabemos que una situación injusta en el pasado ha sido determinante en una situación injusta en el presente. Si no se atiende la injusticia presente en calidad de injusticia a secas, ¿sólo le queda a la víctima convertirse en verdugo para darle la vuelta a la injusticia, y desentenderse de qué es injusto a su vez? Y qué sucede con la injusticia presente como prevención de injusticias futuras peores? No estamos castigando otra vez a las víctimas por el hecho de serlo? ¿No fueron los verdugos los que crearon la identidad, al perseguir a mujeres, a judíos, a negros (pon aquí una identidad perseguida)? Demasiados dilemas que no se resuelven rechazando la identidad imaginada, ¿no?

    • Al revés, solo rechazando la identidad imaginada y tomando a los grupos sociológicos como lo que son (artefactos conceptuales para ejecutar políticas públicas) podemos empezar a actuar de modo que dejemos atrás el mezquino juego eterno de las discriminaciones y las rentas (del discriminador por discriminar y del gestor de discriminados por «representar» o aspirar a representar frente al estado a una categoría sociológica).

      Mira, para eliminar la discriminación solo hay que querer no discriminar. No hay nada «esencial» en nadie que le haga machista, racista ni homófobo. Si a las discriminaciones les enfrentamos identidades esenciales no solo las legitimamos sino que las eternizamos.

      Necesitamos ante todo futuros comunes, compartidos por amplias capas sociales. Y esos no van a venir del culto a esas categorías sociológicas vacías que solo existen en la cabeza de los tarados y en el acerbo de una cultura de generación y reparto de la escasez.

      ¿Pueden los albinos traer un cambio socioeconómico en Africa Occidental? ¿El nacionalismo negro americano ha profundizado o socavado el legado del movimiento de derechos civiles? ¿El feminismo de tercera ola ha servido en la misma medida que el de la segunda a reducir la discriminación o en cierta medida la ha institucionalizado/asumido con una legión de técnicos en empresas e instituciones y un discurso esencialista sobre el poder, el género y el sexo? ¿No ha alimentado el multiculturalismo británico, otrora modelo de cosmopolitismo, un puzle de guetos identitarios cada vez más apalancados y reaccionarios? ¿No conduce con cada vez más frecuencia la hartera que inevitablemente produce una sociedad fraccionada en identidades incapaces de un proyecto social común y real al callejón sin salida de una reacción nacionalista y burda?

      • Totalmente de acuerdo David, es un debate esencialista que ya cansa.

        No hace mucho teníamos unos invitados en casa con quienes compartimos cierta situación familiar y, por ello, ciertas preocupaciones, necesidades y forma de organizarnos que resultan básicas en nuestra vida. Siendo así nuestra puerta siempre está abierta para ellos y, en cierto modo, los sentimos cercanos a ser parte de nuestra comunidad real.

        No obstante en esta ocasión el debate derivó hacia un sentimiento de agravio por algo ocurrido hace siglos (hablamos de la conquista de América) y la indudable culpa que nosotros como europeos hemos heredado, y ante mi oposición a esa idea solo aceptaron, como bien señalas al hablar de “la aritmética de la culpa esencialista”, reencontrarnos en otra supuesta identidad que compartimos como víctimas.

        Me parecía, en fin, que en vez de valorar la forma en que contamos unos con otros para apoyarnos y trabajar juntos con confianza, necesitaban recibir una serie de disculpas y esto nublaba todo lo demás.

        En resumen, pienso cada vez más que la comunidad real se construye de abajo arriba partiendo de las formas más profundas de entenderse a uno mismo y al resto, ya que la opción inversa partiendo de puntos en común muchas veces accidentales suele desembocar antes o después en ese esencialismo del que hablamos.

        • Dios cuántas veces he vivido eso… y en los dos sentidos también!! Como deudor y como agraviado imaginario de identidades que se me atribuían por parte del nacionalista que tenía enfrente. Y qué difícil es superarlo porque, entre otras cosas, cuando el que está enfrente no quiere verte sino que te reduce a «representante» de una imaginación útil a su dios lar (la patria, etnia o sexualidad que sea), es muy difícil sentirse otra cosa que ofendido, no por el discurso esencialista, sino por la invisibilización de uno mismo por parte de alguien a quien estimaba…

      • «para eliminar la discriminación solo hay que querer no discriminar»
        Ya pensaba que era yo el que vivía en otro mundo y solo yo pensaba esto!!
        Sentí mucha rabia y vergüenza el día que un amigo nos dijo que iba a ir esa noche a un curso de feminismo. ¡Un curso! Claro, inocente yo, mi primera reacción fue tomármelo a broma y me burlé un poco maliciosamente de él. Pues al instante otros se me echaron encima diciéndome de todo. No entendí nada, de repente me pareció todo muy absurdo. ¿Cómo podía ser algo tan importante si no tenía ningún sentido? Tu frase es la única que yo diría en un «curso» de feminismo.
        Todo esto me hace pensar que hay una palabra para feminismo, pero porqué no la hay para la lucha contra el racismo? Porqué tampoco la hay para la lucha contra la homofóbia?

        • Si se dan cursos de feminismo es porque el feminismo es una ideología, no un movimiento de derechos civiles contra la discriminación de las mujeres (aunque apoye, anime y teorice de una manera específica ese movimiento y otras muchas cosas).

          Al confundirse una ideología dentro de un movimiento con el movimiento en sí, en realidad lo que está es negando toda teorización que no nazca de esa ideología.

          No en vano en esos cursos de feminismo se cuenta una historia del movimiento por la igualdad entre hombres y mujeres que lo equipara a la historia del feminismo y sus teorías.

          Vamos, que sin ir más lejos borra de la Historia a socialistas y anarquistas (o las despacha con un par de frases displicentes) que fueron de largo el mayor movimiento libre organizado de mujeres hasta ahora, batallando por cosas básicas -igualdad salarial y de horarios, alfabetización, sufragio universal real etc.- mientras las feministas sufragistas se daban por satisfechas con el sufragio censitario para las ricas y se lanzaban al esfuerzo de guerra. Y ni hace falta de decir que las mujeres organizadas por el socialismo y las anarquistas eran varios millones solo en Europa mientras que las sufragistas eran unos cientos en total…

          El feminismo siempre soñó con apropiarse y capturar el movimiento contra la discriminación* para imponer su visión de la identidad y hacernos pasar su propia historia por la historia de un movimiento de masas que nunca fue (de hecho las sufragistas eran la burguesía de tradición puritana y la segunda y tercera olas feministas son movimientos fundamentalmente de académicas de la universidad estadounidense). Lo sorprendente es que parece estar consiguiéndolo ahora… seguramente porque se ha borrado, si no de la Historia si de la historia que la gente tiene en la cabeza, lo que fue hasta hace no tanto el movimiento obrero y si se le borra de un relato donde era el protagonista las nuevas generaciones ni siquiera se dan cuenta.

          * Buena parte de la literatura de las dirigentes obreras de la II y III Internacional, como Alexandra Kollontai que además fue la gran teórica tras Bebel, de las raíces económicas de la discriminación de la mujer, estaba dedicado a rechazar los llamamientos a la «unión de los movimientos femeninos para la consecución del sufragio» que proponían las feministas. Con razón, creía que las feministas moderarían el movimiento masivo de las mujeres que estaba centrado -con cada vez más éxitos- en cuestiones materiales como el acceso igual a la educación, la salud y el trabajo en igualdad de condiciones salariales. Y si miras a los movimientos de mujeres en la CNT y el anarcosindicalismo español verás que siempre utilizaron «feminismo» como algo ajeno, algo que no tenía nada que ver con ellas sino con la burguesía liberal y la pequeña burguesía republicana.

      • No es eso lo que te había preguntado (eso ya estaba claro), pero más o menos me respondes cuando haces la distinción entre “comunidad imaginada” y “grupos sociológicos”…

  2. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    No he visto el debate que da inicio al post. Pero lo que se ha dicho me recuerda que un 11 de marzo yo estuve relativamente cerca de ser víctima. Unos días después publiqué este artículo en periódico El Correo: https://ruivaldivia.net/2012/06/29/aquel-11-m/
    unas palabras que coinciden con muchas cosas que estáis diciendo, pero escritas ya hace 13 años.

  3. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Tiene 13 años, y fue de los primeros que colgué en mi blog. No tenía mucha experiencia. Debo darle una vuelta a esos artícylos antiguos que fueron pubicados en revistas y periódicos.

  4. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Gracias. Voy a ir transformándolos poco a poco.

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