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Cooperar y producir

No deja de resultar chocante cómo en el mundo anglosajón y en especial en norteamérica, las alternativas económicas son pensadas desde el consumo. En un cuasicontinente donde los radicales organizan sus campañas como boycots de compra y reparten sus folletos en las puertas de los supermercados y los cafés, la gran utopía política es una sociedad gestionada por los consumidores.

Seguramente por eso la historia oficial del movimiento cooperativo comienza en 1844 con los Probos Pioneros de Rochdale, la primera cooperativa de consumo. Todavía hoy la National Cooperative Business Association de EEUU define cooperativa como una empresa:

poseida y democraticamente gestionada por sus miembros –la gente que usa los servicios de la cooperativa o compra sus bienes– no por inversores externos; los miembros de la cooperativa eligen el consejo de administración de entre los miembros.

La tradición latina en cambio se centra en la producción. Gerald Brenan sitúa el desarrollo del movimiento cooperativo en la península ibérica en el marco de una larga tradición de cultivo y pastoreo comunal de la tierra y organización de la pesca que tendría continuidad, en las tierras al Norte del Tajo, desde la Reconquista. La debilidad del capitalismo local que fue incapaz de aprovechar la desamortización para crear un capitalismo agrario reavivó el interés en el comunalismo, hasta convertirlo en una de las bases de la revolución cantonalista.

La tradición comunalista, serviría de abono al movimiento cooperativista, en origen de orientación fourrierista fundado en 1860 por Fernando Garrido, que modernizó y dió marco legal a pueblos-cooperativa como Port de la Selva, calificados en su época como pequeñas repúblicas libertarias.

Lo que es interesante es cuan naturalmente se adoptan estas cooperativas a la escena española, ya que Port de la Selva es una de las viejas comunidades pescadoras de Cataluña, que han existido desde tiempos inmemoriales. De Cadaqués, unos kilómetros más lejos, se sabe por documentos contemporáneos que había sido organizado de modo similar allá por el siglo XVI. Otros documentos guardados en la iglesia del lugar hablan de Port de la Selva con su industria pesquera comunal. Otra comunidad pesquera exactamente igual, en Tazones, cerca de Villaviciosa en Asturias, es descrita por el profesor Antonio Camacho en la Revista Nacional de Economía.

Henos pues, ante una cooperativa productiva moderna encajada en una organización comunal antigua y funcionando perfectamente. Lo que ha sido hecho en Port de la Selva, rodeado de influencia anarquista, ha sido hecho también en Ansó, de ambiente carlista, mientras que la organización de cooperativas de Llánabes data del siglo XVII y precede así al menos en sesenta años al movimiento cooperativista europeo.1

Es esta continuidad la que explica la fortaleza del cooperativismo en la mitad norte de la península ibérica y el paralelismo de las reivindicaciones cooperativistas en las regiones sureñas a ambos lados de la raya durante todo el siglo XX.

Un sustrato y orientación similar podemos observar en el mundo francófono. Si los trabajos de Cabet y Saint-Simon y los fracasados intentos de Fourier de crear un falangsterio sirvieron para crear el imaginario de la producción entre iguales, fue en realidad la eclosión de ideas y sujetos sociales producto de la revolución de 1848 la que habría de impulsar y dar materialidad al cooperativismo en el francomundo, especialmente en Bélgica.

Nicolas Coulon fundaría entonces en Bruselas, el 16 de abril de 1849 la “Asociación Fraterna de los Obreros Textiles” y Jean-Baptiste Godin, un discípulo de Fourier, la Familistère de Guise (Francia) en 1856 que en 1880 se transformaría formalmente en cooperativa y que perdudaría hasta 1968. En 1867 se autoriza la variabilidad del capital en Francia. Los cooperativistas podrán entrar y salir. En esa década se calcula la existencia de unas trescientas cooperativas en Francia entre consumo, crédito y producción.

En el nuevo siglo y bajo la influencia de Charles Gide, el cooperativismo francés remarcará su autonomía del debate político reagrupándose formalmente en 1913. El crecimiento bajo la influencia del pensamiento de Gide haría crecer el moviento hasta los 800.000 miembros en vísperas de la Gran Guerra. Una tendencia que continuaría durante el periodo de entreguerras.

Esta autonomía del movimiento cooperativo es otra constante en el mundo latino. En general, en la península ibérica el cooperativismo no fue absorvido ni por socialistas ni anarquistas, manteniendo una tradición y mensaje propios, aunque, especialmente en las épocas de represión, prestara locales y diera cobertura y fondos a las actividades sindicales libertarias y a los partidos de izquierda.

El movimiento cooperativo al Sur de Bélgica, anterior y autónomo del movimiento obrero encuadrado en las Internacionales, aunque declarativamente compartieran una utopía común y la izquierda se esforzara durante décadas por explicar el cooperativismo como una suerte de demo de la sociedad socialista.

Esta autonomía era percibida no sólo por los sindicatos y partidos, sino por la Iglesia, que bajo las dictaduras peninsulares se convertirá en la principal impulsora del renacimiento cooperativo. En 1956, de la mano del padre José María Arizmendiarrieta nace la primera semilla de lo que hoy es Mondragón Corporación Cooperativa, el mayor grupo cooperativo del mundo. papel del catolicismo se habría de reforzar y hacer más militante a partir de la encíclica Mater et Magistra (1961), cuya reivindicación explícita de las cooperativas servirá de inspiración a muchos jóvenes, alentados por la idea de que la cooperativas son creadoras de auténticos bienes.

El sueño de la producción cooperativa, en parte por representar la continuidad de formas ancestrales de producción y organización comunal idealizadas por el catolicismo tradicional, en parte por su ligazón histórica con el ideal socialista y en parte por su caracter voluntario y abierto, aparentemente desideologizado, caló en todos los movimientos políticos de la época de las transiciones democráticas. Derechas e izquierdas ibéricas impulsaron que las nuevas constituciones incluyeran mandatos explícitos protegiendo e impulsando el cooperativismo.

Bajo ese manto, el cooperativismo se desarrolla generando también una identidad diferenciada, incluso entre aquellos que conservan adscripciones ideológicas o partidarias.

El problema de la gente de Mondragón, incluso los que son miembros del partido” -confiesa un exalto cargo del gobierno vasco- “es que piensan en Euskadi como si Euskadi sólo fuera Mondragón; en realidad la impresión que te queda es que son nacionalistas sí, pero de sus cooperativas“. Frases similares pueden escucharse con las lógicas variaciones en cualquier lugar donde existen cooperativas fuertes, desde Costa Rica a Andalucía.

Aunque duras, estas apreciaciones no están exentas del todo de verdad. Existe una causa material para ello. La cooperativa es una comunidad política. Las hay más o menos asamblearias, pero en general la interacción y la participación en la gestión son altas.

Mucha gente nos dice que antes queríamos cambiar el mundo pero que somos egoistas al tomar este camino porque ya no hacemos cosas hacia fuera. A diferencia de la inmensa mayoría de los que nos lo dicen, nosotros lo intentamos en su día de verdad y ahora… simplemente tenemos mucho que hacer y aprender como para andar metidos en barullos con el estado, los partidos y demás…

No sólo se trata de que sea absorvente en tiempo, es que como toda comunidad real, lo político en una cooperativa es mucho más cotidiano y cercano, produciendo resultados tangibles en el marco de una fraternidad que no es meramente retórica, aunque la teoría del homo economicus no puede entenderla.

Y es esa fraternidad junto con una legislación en general flexible y favorable, el legado más sólido del cooperativismo a la democracia económica en general.


1. El laberinto español, Gerald Brenan, Ediciones el Cobre

«Cooperar y producir» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 1 de abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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