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Cordwainer Smith, un hombre y dos vidas interesantes

Cordwainer Smith vio algo que a veces se nos olvida: que la ciencia y la tecnología no garantizan que no esté siempre a la vuelta de la esquina el retorno a la barbarie (como vemos a diario en los discursos de algunos neonacioanalistas europeos, tan blancos y tan elegantes), que no haya que andar siempre en atenta vigilancia para evitar perder (por venta, por usurpación, por mera cesión a veces) aquello que nos hace humanos.

Los cortes aislan el cerebro del corazón, de los pulmones. Aislan el cerebro de los oídos, de la nariz. Aislan el cerebro de la boca, del vientre. Aislan el cerebro del deseo y del dolor. Aislan el cerebro del mundo. Menos los ojos. Menos el control de la carne viva. (…)
-¿Cual es el lema del observador?
– Atención aun cuando estés rodeados por el silencio
«Los observadores viven en vano», de Cordwainer Smith.

Cordwainer SmithLlevo unas semanas enterrado en la relectura de las narraciones de Cordwainer Smith, un pseudónimo que ocultaba a una personalidad ilustre, que a la vez era un tímido escritor de ciencia ficción. Dos vidas interesantes en una.

El doctor en Ciencias Políticas Paul Myron Anthony Linebarger fue un personaje en sí mismo. Nacido en Milwaukee para que pudiese optar a la presidencia estadounidense, ambición paterna, se crió prácticamente en China, donde su padre era asesor nada menos que de Sun Yat Sen, de hecho, padrino del pequeño Paul, y uno de los financiadores de la revolución de 1911, y pasó su adolescencia y juventud en Japón, China, Francia y Alemania. Al llegar a la edad adulta dominaba seis idiomas y se desenvolvía con toda comodidad entre culturas occidentales y orientales. Con 23 años, Linebarger obtuvo el doctorado en Ciencias Políticas en la John Hopkins, donde después fue profesor muchos años… pero antes sirvió durante la Segunda Guerra Mundial en el departamento de inteligencia, alcanzando el grado de coronel. Su experiencia en ese terreno la volcó en Psycological Warfare, que actualmente se sigue considerando un clásico en la materia. Fue asesor de las fuerzas británicas en Malasia, y del ejército de Estados Unidos en Corea. Sin embargo, no participó en la guerra de Vietnam al considerar la participación norteamericana un error. En un momento dado, llegó incluso a ser asesor del presidente Kennedy.

Durante la guerra con su hijaTodos estos datos cuentan cosas sobre la agitada vida del doctor Linebarger hasta que se asentó en la vida universitaria, sin embargo, hay una anécdota que dice más que todos ellos sobre su persona: Admirador de la cultura japonesa del bushido, rechazaba sin embargo su fatalismo e indiferencia ante la vida. Linebarger consideraba que toda vida era preciosa, algo demasiado valioso para sacrificarla a conceptos de honor o moralidad o política, fuesen de origen occidental u oriental. Nos cuenta John J. Pierce en el prólogo a una antología de relatos titulada «Cordwainer Smith; el creador de mitos», que mientras Linebarger estaba en Corea logró que se rindieran miles de soldados chinos que consideraban vergonzoso entregar las armas. Redactó panfletos explicando que los soldados podían rendirse gritando las palabras chinas que significaban «amor», «deber», «humanidad» y «virtud», palabras que en ese orden sonaban como «I surrender» (me rindo) en inglés y salvando así sus vidas. Consideró este acto como el más importante de su vida.

NorstrilliaBien, la vida de Paul Linebarger, como ven, no puede ser más interesante, pero, además, resulta ser que este activo profesor y asesor político, tenía otra «vida interesante» paralela, más silenciosa y, hasta cierto punto, tímida: la del escritor que poco a poco publicaba en revistas de ciencia ficción unas enigmáticas narraciones bajo un extraño pseudónimo: Cordwainer Smith. Frederic Pohl (animador, editor y divertídisimo escritor él mismo de ciencia ficción) cuenta en su ensayo «Cordwainer Smith y la ciencia ficción» las dificultades que tuvo para conseguir que Linebarger saliera «de su cueva» y empezase a relacionarse con otros escritores del género.

Cordwainer Smith murió con Paul Linebarger a los 53 años, lo que hace que su obra no sea muy extensa, sin embargo esa extensión es inversamente proporcional a su influencia, por la manera en que estructuró su universo narrativo y por su tono entre la poesía, la leyenda oriental y el cantar de gesta aplicado al futuro humano. En sus narraciones, la mayor parte cortas salvo su única novela, «Norstrilia», nos cuenta las leyendas de, por así decirlo, «el futuro profundo», tanto como de la era preespacial hasta el año 16000. Experto conocedor de la literatura clásica china, trata de adaptar sus técnicas a sus narraciones de ciencia ficción, contándonos siempre sus historias como si fuesen de conocimiento común, como si hubiesen llegado hacia nosotros después de muchos años de andar de boca en boca, y tratasen de detalles que se habían perdido en algún rincón de una memoria colectiva que se acerca a esos viejos tiempos que van del año 2000 al 16000.

Cordwainer Smith - Los señores de la Instrumentalidad - NorstriliaEn ese futuro profundo en el que la humanidad se ha extendido por cientos de planetas, su devenir es sutilmente guiado por una especie de oligarquía meritocrática, la Instrumentalidad de lo humano, que vela por la supervivencia de la especie, y por la suya propia, claro está. Cabría decir que se trata de una tutela benévola, salvo cuando la propia Instrumentalidad se ve en peligro; en ese momento se vuelve implacable. La humanidad, bajo sus auspicios, y tras los años locos de la aventura de exploración y la expansión espacial, «el salto hacia la gran nada», evoluciona en una especie de utopía racionalista, donde la longevidad se acerca a la inmortalidad y las crisis tratan de ser evitadas de manera no conflictiva en la medida de lo posible. Dando soporte a la vida esencialmente ociosa de los seres humanos, viven las subpersonas (animales genéticamente modificados para realizar todo tipo de tareas, y que acaban siendo más humanos que la propia humanidad, porque han desarrollado conceptos como voluntad, esperanza, amor, fe y resistencia) y los robots. Las subpersonas y la Instrumentalidad acaban conspirando para conducir a la humanidad al «redescubrimiento del hombre»: una regresión en cierto modo para evitar el estancamiento de la especie, devolviéndole el libre albedrío, y con él todas sus implicaciones, oportunidades, riesgos, dolores.

Lewis-ConcordanceComo les decía, Smith construye toda esta leyenda del futuro humano a través de pequeñas narraciones interconectadas por medio de una serie de referencias, personajes de unas se mencionan en otras, entretejidas como un tapiz de historias que nos cuentan algo que ya sabíamos, aunque no en detalle. Linebarger & Smith era una persona profundamente religiosa, pero de una religiosidad enraizada en el libre albedrío. Sus cuentos nos hablan de la maravilla de la diversidad y de la necesidad de tener una vida con sentido, y, por tanto, con riesgos, alegrías, decepciones y aprendizaje: una vida interesante frente a una vida segura pero vacía.

Los cuentos de Smith están cruzados de poemas y canciones que inciden en ese carácter legendario de sus narraciones, dedicadas a la mujer gato G’mell, a las primeros pilotos de planoforma, a los granjeros norstrilianos que, a pesar de ser ricos «de nacimiento» al ser el único planeta productor de la sustancia (el stroon, del que se extrae la droga santaclara) que da acceso a una casi inmortalidad, mantienen una vida austera campera de ganaderos de la que salió el joven que compró La Tierra, a P’Juana, la subpersona que con su sacrificio generó una cultura del amor resistente para rehumanizar a los humanos. Una de las cosas que más me llaman la atención de las «leyendas» del futuro lejano de Smith son sus títulos. Ha sido una sorpresa descubrir que fue Pohl el que tituló la mayoría de sus cuentos pero, como el propio Pohl decía, eran prácticamente inevitables; aquí unos cuantos a modo de muestra: «Piensa azul, cuenta hasta dos», «cuando llovió gente» (sobre la conquista china de Venus), «Los observadores viven en vano», «El juego de la rata y el ratón», «Dorada era la nave, oh, oh, oh», «Alpha Ralpha boulevard»…

el redescubrimiento del hombreCordwainer Smith fue, inevitablemente, producto de su tiempo. Ya había visto algo que a veces se nos olvida: que la ciencia y la tecnología no garantizan que no esté siempre a la vuelta de la esquina el retorno a la barbarie (como vemos a diario en los discursos de algunos neonacioanalistas europeos, tan blancos y tan elegantes), que no haya que andar siempre en atenta vigilancia para evitar perder (por venta, por usurpación, por mera cesión a veces) aquello que nos hace humanos. Termino, para no olvidar, con este fragmento de «En busca de tres mundos»:

Estamos juzgando el espacio. ¿Qué le pasa a un hombre cuando sale a la Gran Nada? ¿Dejamos atrás la Vieja Tierra? ¿Por qué cayó la civilización? ¿Caerá de nuevo? ¿Es la civilización un arma, un desintegrador, un láser o un cohete? ¿Es una nave de planoforma o un luminíctor haciendo su trabajo? Sabéis tan bien como yo, caballeros, que la civilización no es sólo aquello que podemos construir. Si así fuera, no habría caído el Hombre Antiguo. Aun durante la Edad Oscura había bombas de fusión, proyectiles teledirigidos y armas como el Efecto Kaskaskia, que no hemos conseguido redescubrir. La Edad Oscura no fue oscura porque los hombres olvidaran la técnica y la ciencia, sino porque los hombres perdieron su humanidad. Ser humano representa una tarea ingente, una tarea en la cual debemos perseverar para que no se pierda. (…) La palabra «civilización» es en realidad una palabra de damas. En un país llamado Francia, hubo escritoras que popularizaron esta palabra en el tercer siglo antes del viaje espacial. Ser «civilizado» significaba ser pacífico, amable, educado.

«Cordwainer Smith, un hombre y dos vidas interesantes» recibió 5 desde que se publicó el lunes 19 de mayo de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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