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Cosas que aprender del amor… en Japón

Las convenciones culturales no son «mentiras» ni mitos en el sentido anglosajón, son mitos en el sentido clásico, cuentos que nos permiten comprender y nos dan guías para vivir.

Мария КузнецоваEn cada uno de nosotros se van imprimiendo huellas desde la más tierna infancia que hacen que de forma natural aceptemos o rechacemos todo aquello a lo que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida. Son muchas las convenciones para las que nos preparan.

El bien y el mal, es una de ellas; otra, la idea romántica del amor. Pensamos en el amor como la base indiscutible de una relación de pareja. Un amor eléctrico, sublime, que durará para siempre, «atravesando océanos de tiempo» si fuera preciso.

Sabemos que esa idea del amor es relativamente moderna, pero muchas veces se olvida que no es universal. Surgió con el romanticismo en el S.XIX y acompañó los flujos de expansión territorial, comercial y social de los europeos. El mapa de regiones con una menor relación con estas misiones, viene a coincidir con los lugares en los que todavía al día de hoy, el amor no ocupa un espacio significativo en la satisfacción vital personal.

El amor en Japón

amantesAl igual que en la Europa de la Edad Media, no existió en el Japón tradicional la idea del amor como motor vital. El rol de la mujer, salvo contadas excepciones, había sido secundario: no participaba de las herencias, no tenía relevancia en la línea dinástica, se consideraba un elemento utiliario para sellar alianzas entre familias. Los matrimonios, con sus famosas capitulaciones, se parecían más a las fusiones y adquisiciones entre empresas que al modelo del amor con el que que crecimos.

Una escena de película: uno de los personajes anuncia a sus amigos una noche que «este fin de semana me voy a Tokio, me voy a casar». No se inmutan, siguen fumando como si se fuera al cine. Cuando el protagonista, Jiro, se casa con Naoko, todos se sorprenden ante la idea de introducir el amor en su vida. Más cuando tiene una gran misión que cumplir (desarrollar reactores modernos para el ejército) capaces de igualar a los alemanes y norteamericanos.

No fue hasta la constitución proclamada después de la segunda Guerra Mundial que por primera vez se reconoció en Japón el mismo estatus a hombres y mujeres, aunque por las circunstancias especiales de la redacción del texto jurídico, la propia norma tardaría un tiempo en permear en la sociedad.

Tras la II Guerra Mundial, la ocupación estadounidense de Japón inicia una era de apertura en las costumbres. Con los soldados americanos llega el cine, la literatura y las promesas de amor. Algo poco frecuente en los oídos de las mujeres japonesas. Esas historias de amor, condenadas socialmente por suponer una traición a los valores y a la patria, fueron pioneras en los cambios que vendrían entre amantes y parejas de novios en Japón.

No podemos olvidar que hablamos de una sociedad en la que la palabra «esposa» literalmente quiere decir «la que queda detrás» o «la de la parte de atrás», y donde el contacto físico, tocarse y para qué decir besarse, está mal visto. En este contexto, la primera revolución llegó de la mano de Nintendo y su «love tester».

El desarrollo tecnológico, que se convirtió en una obsesión nacional, servía como excusa para motivar un cambio en el comportamiento social. «Love tester» fue un éxito comercial, para los jóvenes supuso un antes y un después. Modernidad y transgresió se expresaban con besos, caricias y paseos de la mano.

El principal producto de exportación europeo, la cultura del amor, comenzaba a calar en Japón.

No digas que fue un sueño…

boda shintoEl número de matrimonios concertados (o-miai) comenzó a descender de forma vertiginosa, pasando del 70% antes de la Guerra, al 6,2% en la década de los 80. A finales de los 90 se registró el mayor número de divorcios de la historia, alcanzando tasas similares a las europeas. Pero aunque podrían parecer cifras normales, los divorcios se vivían socialmente como trauma y decepción. El amor resultaba un compañero traicionero, incompatible con las ideas asentadas de uniones estables regidas por el respeto y una relación de amistad cultivada a lo largo de los años.

Los o-miai volvieron a ganar terreno. Ya no eran las familias, sino los jóvenes los que dirigían el proceso y lo presentaban como una forma de conocer a otros con los que llegar a compartir una vida. Algo que se considera un trámite, una cuestión más a resolver. Después de estudiar, comenzar a trabajar, alcanzar un cierto éxito o reconocimiento profesional -todo ello, antes de los 30 años- llega el momento de casarse. Si eres mujer y no lo haces, el propio entorno profesional lo considerará algo negativo, si eres un hombre, generará rechazo y desconfianza.

…que el oído te engañó

Pintura sobre madera de Masami TeraokaLa siguiente cuestión en juego es la fidelidad. Estudios estadísticos muestran a Japón como el país con mayor número de infidelidades declaradas. Sin embargo, en el marco de una relación basada en declaraciones diferentes a la del amor, ¿se puede considerar infidelidad el hecho de ver a otra persona? Teniendo en cuenta que el desarrollo de la vida sexual no se entiende que deba ocurrir dentro del matrimonio, la respuesta es clara. Tanto la fidelidad como el amor son resultado de una construcción, la elaboración de un mito que sirve de fundamento para un determinado modelo de vida. Qué significa ser pareja y qué lugar se le dá al sexo dentro o fuera de ella es parte de ese constructo. De hecho, con el retroceso de la idea de amor romántico en Japón, parece que decrece el interés de los jóvenes por él y se baten records de parejas célibes o casi célibes.

Pero el amor romántico no es esencial al ser humano, ni es una cuestión de satisfacción de necesidades «innatas» como plantea la pirámide de Maslow. Es un imaginario que lo mismo puede resultar seductor y bonito que generar todo tipo de frustraciones y acabar en una marcianada fuera de lugar. Reconocerlo no implica negarse a su juego, al contrario, significa disfrutarlo sin complejos. Las convenciones culturales no son «mentiras» ni «mitos» en el sentido anglosajón, son mitos en el sentido clásico, cuentos que nos permiten comprender y nos dan guías para vivir.

«Cosas que aprender del amor… en Japón» recibió 1 desde que se publicó el viernes 16 de mayo de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Ruiz dice:

    Espero impaciente la continuación: China, India, apaches, pigmeos, omeyas, etc. El tema del amor resulta fascinante. Sobre la aparición del amor en Europa se ha escrito mucho. Las famosas novelas románticas del XVIII en torno a la libertad de elección del matrimonio. La ópera Madame Butterfly es un buen ejemplo de lo que dices. Y también esa magnífica película, El Imperio de los sentidos, en la que un director occidentalizado plantea de forma dramática la fusión de dos culturas sexuales.

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