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Crisis energética y falacia ricardiana

El otro día Marcel Coderch y Pedro Prieto hicieron dos presentaciones muy bien documentadas sobre el pico de Hubbert del petróleo y la inanidad de las alternativas renovables. ¿Desolador? Tanto como probablemente poco realista. La falacia ricardiana nunca ayudó a hacer buenas predicciones…

Fue Schumpeter, criticando a Keynes vía sus raíces ricardianas, el que inventó el término vicio o falacia ricardiana para definir una trampa retórica que en general podríamos llamar el pecado de los economistas.

En Economía es habitual que lo que queramos estudiar sea producto de la interacción de muchas variables. El método analítico tradicional consiste en aislarlas dos a dos y estudiar como una influye en otra, si el resto no varía. Es la famosa claúsula ceteris paribus, que podríamos traducir como “quedando todas las demás variables estáticas“.

El problema es que no es nada infrecuente que el resultado agregado de todas las variables que se suponen estáticas sea mayor y de signo contrario a la interacción aislada, invalidando el valor general de las conclusiones a las que hemos llegado. Si entre lo que dejamos ceteris paribus hay además vectores especialmente dinámicos y determinantes, la conversión de la argumentación experta en falacia ricardiana está asegurada: No se pueden sacar conclusiones generales sobre premisas implícitas altamente restrictivas.

La falacia ricardiana en el análisis de la crisis energética


La semana pasada en Barcelona
, el equipo de Crisis Energética hizo una serie de presentaciones sobre el estado del arte energético que merecen especial atención.

Marcel Coderch centró su presentación en el pico de Hubbert del que ya nos hablaba Alejandro Rivero en los albores de su nuevo blog.

El discurso del pico de Hubbert es que a partir de cierto momento que ya hemos pasado, los descubrimientos de hidrocarburos son menores que el consumo. Como dice Coderch, pasamos “de vivir del flujo a vivir del stock“, con el inevitable horizonte del fin de las reservas y la apertura de una crisis energética que obligaría a cambiar de fuentes de producción. La cuestión es cuándo. Del plazo de tiempo que nos quede depende que sean posibles o no distintas opciones políticas e industriales. Coderch se inclina por un plazo muy corto, entre cinco y diez años. Pero deja céteris páribus el estado de la tecnología y el efecto de tecnología y precios sobre el nivel de reservas. Y ésto, en lo referente a plazos, es vital.

Se entienden por reservas sólo aquellas cantidades de petróleo que estando en bolsas conocidas sería rentable de extraer dados los precios y la tecnología en un momento dado. El aumento del nivel de precios de gas y petróleo tiene por éso, efectos paradójicos.

Por un lado todo incremento de precios aumenta automáticamente las reservas al hacer rentables yacimientos conocidos. Por otro fomenta la investigación y uso de nuevas tecnologías que ahorran costes de extracción, como hemos visto en los últimos dos años con el boom del petróleo off-shore. Son estabilizadores automáticos que hacen que el mercado de hidrocarburos sea mucho más estable de lo que cabría esperar. Ésto es lo que hay bajo las sucesivas correcciones del pico de Hubbert. No lo niega, pero sin duda, nos permite pensar en plazos mucho menos dramáticos que los que predice Coderch, quien implícitamente dejó estáticas esas variables, cayendo en un primer error ricardiano.

La falacia Ricardiana de las energías renovables

Pero este error en apariencia menor, de plazo, le lleva de cabeza a un error mucho más grave: la negación de las energías renovables como alternativa que argumentaba Pedro Prieto en la presentación complementaria a la de Coderch.

Si hay una variable en la potencialidad de las energías alternativas que no podemos incluir en el ceteris paribus es el desarrollo tecnológico, porque la generación fotovoltaica por ejemplo dependerá casi en exclusiva del I+D realizado. Decir que dado el nivel tecnológico actual, la energía fotovoltaica, la tecnología de baterías, la energía eólica o incluso el aprovechamiento de otras fuentes no renovables, no permiten por si mismas dar una alternativa al modelo energético existente no aporta nada.

De lo que se trata es de proyectar y aproximar cuanto tiempo tardaremos dado el nivel actual de inversiones, en desarrollar tecnologías permitan el cambio de modelo energético, jústamente para saber cuanto tenemos que aumentar la inversión en I+D para alcanzar resultados deseables en un tiempo prudencial. Baste como ejemplo como cambiarían los datos de la presentación si en vez de basarse en los paneles solares rígidos actuales y su relación superficie/energía generada, el autor se hubiera basado en las nuevos filmes fotovoltaicos basados en nanocristales.

En cualquier caso, el propio planteamiento, estudiar la viabilidad de la sustitución total de la combustión de energías fósiles por alguna de las renovables, explicita en si mismo los límites del típico análisis ceteris paribus. Incluso aunque hicieramos un estudio a muy corto plazo en el que el cambio tecnológico pudiera obviarse, la cuestión sería qué cesta energética y política estratégica nos sirve a corto plazo mientras el I+D empiece a dar resultados.

No estamos desde luego para confiar ciegamente en el optimismo que expresaba Pere Quintana:

¡cuanto antes se acabe el petróleo mejor! solo pensar en toda la innovación que vendrá!

Porque los tiempos de desarrollo tecnológico no son cero y la transición, si no se empieza con tiempo e inversiones, puede ser muy dolorosa, especialmente para los países en vías de desarrollo. Pero la boutade de nuestro hombre en MétéoFrance, ilumina un hecho real: si hay una idea clara en la situación del análisis actual es la necesidad de apostar por la tecnología y la investigación en vez de obviarla.

Dejar la tecnología y el I+D al margen del análisis, tiene por primer coste generar una inevitable impresión alarmista. Y es que hay verdades baratas que no lo son tanto. No son verdades sino falacias ricardianas y tienen coste social. Mucho. El de todas las cosas que no se harán.

«Crisis energética y falacia ricardiana» recibió 1 desde que se publicó el martes 22 de noviembre de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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