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economist españaEl crecimiento en falso de la economía española (ladrillo y turismo) es una vuelta de tuerca más de la crisis de las escalas. Realmente con las herramientas que tienen tanto la política económica como el capital financiero es muy difícil, por no decir casi imposible, que la composición del capital mejore y vuelva a lo productivo.

Simplemente los proyectos productivos reales de gran escala son, por cómo ha sido el desarrollo tecnológico, cada vez menos y el grueso de lo productivo requiere inversiones más pequeñas que las que unos y otros entienden gestionables. Resultado: una y otra vez el gran capital público y privado vuelve a macroinversiones inútiles y huídas especulativas.

Y como el que solo tiene un martillo ve todos los problemas como clavos, cuando hablan de las PYMEs no se les ocurre decir nada mejor que aquello de que «tienen que incrementar la escala y acabar con el minifundismo empresarial». Si lo hicieran se volverían tan poco atractivos como todos esos sectores de los que el capital huye espantado por sus ineficiencias a no ser que consigan una renta estatal regulatoria o directa. Y si no lo hacen simplemente quedan al margen de lo público y del circuito de capital.

Estamos yendo hacia un mercado dual: por un lado el estado y las macrocorporaciones con capital de sobra en los mercados financieros, un mundo de monopolios artificiales, rentas estatales y regulatorias y especulación. Por otro una economía productiva de pequeña escala que genera casi todo el empleo y que no accede a capital ni recursos. Entre unos y otros el resultado es una erosión simultánea de las dos principales instituciones económicas, el estado y el mercado, eso que hemos llamado descomposición.

Lo que estamos viendo en estos meses es una expresión más de esa descomposición. Tanto en las empresas como en los partidos como en las mismas comunidades autónomas, el viento del «campi qui pugui» es tan fuerte que la ultracentralización en el jefe se ve como única alternativa. Piensan que cualquier descentralización (no hablemos ya de distribución) de poder llevaría a la disolución acelerada del marco institucional de cada cual. Las relaciones mecánicas crujen porque las orgánicas no se desarrollan ya alrededor suyo.

El resultado es que cada vez más se parecen a las élites comunistas de finales de los ochenta, a punto de fosilizar o hacer agujero negro, pero temerosas también de un entorno que tampoco es que se les enfrente directamente, sino que más bien les mira con escepticismo, incapaces de creer que puedan ser tan incompetentes. En esto, la patética deriva de Mas, más destructiva para el proyecto independentista catalán que ninguna acción tomada por el Constitucional, es un ejemplo prístino de hasta que punto las élites españolas están bordeando el límite máximo de la incompetencia. Un pasito más y ellos mismos implosionan todo. Ejemplos como el de Cebrián en Prisa o los grandes bancos apuntan a que es toda la élite española y no solo la política la que está en una situación parecida. Tal como pinta, lo que viene es un suicidio masivo por incompetencia del liderazgo e ineficiencia de las organizaciones. Lo malo es que de ser así, el muerto nos va a caer encima.

«Crisis española: Élites suicidas, economía asesina» recibió 3 desde que se publicó el jueves 7 de enero de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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