Crónica de una crisis (II)

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Tres crisis solapadas

Crónica de una Crisis | Julio 2008

 

Prólogo

Mantiene todavía aquí JU un optimismo, si bien cada vez más matizado («La sugerencia de que nos dirigimos a una crisis nunca vista me parece excesivamente alarmista (…). Poseemos uno de los sistemas financieros más sólidos del mundo lo que, entre otras cosas, nos permite sostener un déficit exterior enormemente alto como % del PIB…»).

Pero no las tiene todas consigo: del Gobierno no parece sentirse muy seguro («La oportunidad de dar un golpe de timón es ahora que comienza una legislatura. Espero que el gobierno no la desaproveche…») y tampoco le parecen idóneos los asesores que se busca para que le ayuden a reflexionar y le asesoren sobre la crisis (cfr. el post «Panel de Economistas»).

Por otra parte, le resulta a JU «alarmante la cacofonía desafinada de opiniones liberales pidiendo intervenciones inmediatas y de opiniones intervencionistas resistiéndose a la aplicación de un poco de ingeniería macroeconómica o/ y microeconómica…»

En conclusión, decide él seguir aportando lo que puede para ayudar a la comprensión y resolución de esta crisis.

Según JU, empieza a ser un lugar común el afirmar que las dificultades de la economía global son el resultado enredado de tres crisis solapadas: la inmobiliaria, la financiera y la de las materias primas (singularmente la petrolífera).

En varios artículos recientes de esta Crónica (y en particular en el de Expansión del mes anterior y en el post del 17 de julio) ha abordado la crisis financiera, que es esencialmente una crisis de confianza; y a la prognosis y terapia de la misma le aplica tanto la Teoría de Redes como conceptos provenientes de la economía de la información (signalling, screening, …).

En cuanto a los problemas de oferta que tienen presencia en esta crisis, en su artículo de mayo ya los abordó («¿Qué reformas? ¿Qué orden?»), poniendo su foco en las reformas de los mercados laboral y de bienes.

En lo tocante a la política monetaria, y ya que no hay más remedio que plegarse a la independencia del BCE, JU preferiría que éste se restringiera a su papel y que, de una u otra manera, controlara la oferta monetaria y, consecuentemente, la inflación sin perder de vista el tipo de cambio.

En consecuencia, pone ahora su foco en la política fiscal. En su faceta de ingresos públicos JU no efectuaría grandes cambios fiscales y se preocuparía del impuesto de sociedades y del IRPF. Rebajaría el tipo efectivo del primero en tanto en cuanto las empresas cooperen con la innovación de manera no oportunística, sino franca y contundente. Respecto al segundo, el IRPF, «lo utilizaría simplemente para conseguir la cohesión social, paliando las enormes diferencias salariales que desmotivan a la mano de obra».

Pero donde cree que el gobierno tiene que ser audaz es en el gasto público, para cambiar el modelo de crecimiento: inversión pública en infraestructuras (ya programadas o nuevas, abiertas a la participación privada y en sectores de futuro) en formación continuada y en capital humano investigador.

Y añade JU que habrá que dedicar atención especial a la «reputación exterior de nuestra economía y de la inevitable exigencia sobre la calidad de nuestro sector financiero». En su opinión, «nuestra reputación dependería de la forma de comunicación de nuestras reformas en los foros adecuados…» (algo que, p.e., los hechos de la primavera de 2010 vendrían a confirmar…).

Cómo señalar la calidad de un banco: el ejemplo del Santander

17 de julio de 2008

Una de las notas características de la crisis es que en las dos últimas semanas la cotización del sector bancario se está resintiendo muy mucho en todo el mundo.

Parecería que los principales bancos del mundo ya han cantado la gallina y que la situación estaba controlada por lo que la parte financiera de la crisis, la relacionada con el credit crunch, ya habría pasado casi totalmente. ¿Por qué entonces la caída en Bolsa de el sector bancario?[1]

Para entender la posible explicación que voy a intentar ofrecer hay que volver a uno de los últimos artículos de Expansión en el que explicaba cómo los bancos en todo el mundo se encuentran en un equilibrio raro en el que ninguno quiere enseñar sus tripas en su totalidad porque cada uno sospecha que los demás podrían igual o mejor que él.

La explicación que se me ocurre proviene de la Economía de la Información y se basa en ideas elementales de la misma, tal como es la Selección Adversa, según la cual en condiciones de información asimétrica no podemos esperar que acudan al mercado los propietarios de bienes sin defectos, sino que esperamos que acudan solo los propietarios de bienes defectuosos. Cuando eso ocurre aparecen actividades o instituciones que emiten señales inequívocas de que uno es el propietario de un bien sin defectos.

En este contexto es ahora posible explicar qué está pasando con el sector bancario en el mercado de valores. Sabemos, tal como he dicho ya, que el equilibrio es de una naturaleza propia de una situación en la que cada uno sabe cómo está su balance pero no el de los demás. El problema intelectual que se plantea es porqué ese equilibrio es del tipo pooling, es decir, que el precio en ese mercado no es suficiente para distinguir entre un banco que no ha cometido excesos y uno que sí los ha cometido. Por precio en este caso hay que entender la cotización bursátil.

Y sin embargo la situación podría haber recalado en un equilibrio separating que permite distinguir entre bancos buenos y malos. Para que esa situación hubiera sido la prevalente tendría que haber habido alguna señal que permitiera a los bancos buenos distinguirse de los malos. Los malos han pedido capital a los fondos soberanos y como se lo han concedido no podemos ya decir que sean malos ni, por lo tanto, podemos decir de los otros que no han necesitado de momento una inyección de capital sean mejores.

La única señal posible a corto plazo es de tipo contrario: una muestra de que sobra capital. Digo a corto plazo porque a largo basta con medir la rentabilidad por dividendos en un mercado que, en general, ya es de tipo bear. Pero, a corto plazo solo cabe distinguirse por la emisión de una señal inequívoca de que el balance está saneado. Una señal de ese tipo es, naturalmente, lanzar una OPA, u operación similar, contra un gran banco. Si se hace, no cabe la menor duda de que ese banco no tiene problemas fuera de balance, porque estos aparecerían en las diligencias que hay que realizar para llevar a cabo la oferta.

Ahí tenemos el Banco Santander que acaba de cerrar una operación con un banquito inglés que fusionará al Abbey. Lo intrigante es saber si ese movimiento será señal suficiente para distinguir al Santander de otros bancos cuyos resultados se anuncian peor que mediocres.

Si esto es cierto, nos encontramos en una situación extraña y fascinante. Quien no emite una señal de este tipo en estos días en los que los precios están muy bajos es que no puede emitirla y por lo tanto volvemos a caer en un equilibrio pooling en el que debiéramos pensar que todos están mal.

Mala situación. Glosando la ley de Gresham podríamos decir que la mala banca expulsa del mercado a la buena de la que no se puede distinguir. No es que un buen banco vaya a dejar de cotizar; pero es como si no pudiera presumir de sus virtudes porque no ha encontrado una señal asequible que le permita hacerlo.

Panel de economistas

24 de julio de 2008

Parece ser que el director nuevo de la OEP (Oficina Económica de la Presidencia), Javier Vallés, ha nombrado un panel de economistas para reflexionar y asesorar sobre la crisis. Conozco a casi todos, incluso personalmente a algunos[2], y no tengo más que elogios que hacerles en general. Que es lo único que puedo hacer pues si, en particular, son los adecuados para entender bien la complejidad de lo que está pasando, es algo sobre lo que no me puedo pronunciar pues no sabría medirla ni concluir de qué va esa complejidad, más allá de lo que ya he dicho en diversos artículos en Expansión.

Sin embargo la noticia me ha suscitado varias dudas o cuestiones o sugerencias.

La primera y más obvia es la ausencia prácticamente total de economistas académicos. Y, sin embargo creo, con toda sinceridad, que por cada uno de los que están en el panel y para cada una de los previsibles rasgos de la complejidad de esta crisis, hay alguien en la Universidad mejor que el mejor en ese campo de entre los nombrados. No es cuestión de dar nombres naturalmente pero, a efectos de entender de vivienda, de finanzas en general, de inmigración o de energía, podría dar nombres de economistas académicos realmente punteros que, desgraciadamente, no forman parte del panel.

La segunda cuestión hace referencia a la posibilidad general de contar con economistas de prestigio en el entorno del Presidente. Para empezar deberíamos preguntarnos por el cuerpo de Economistas del Estado. Unos están en oficinas comerciales del extranjero y otros se han pasado a la privada hace tiempo. Es una pena que este cuerpo no se prestigie sentando doctrina de manera anónima como corresponde a servidores del Estado.

Y esto lleva a una tercera reflexión o sugerencia. ¿Sería conveniente contar con un Consejo de Asesores Económicos de la Presidencia del Gobierno? Por un lado, la OEP no es lo mismo que ese Consejo pues sus componentes están encerrados en La Moncloa y, por otro lado, la figura de ese Consejo a la americana podría no encajar en un régimen político como el nuestro que no es presidencialista. Sin embargo debe de haber una manera de aprovechar el capital acumulado por economistas de gran predicamento en sus respectivos campos.

Quizá esta crisis sirva para que se abra esa discusión de manera pública.

El Puzle de las Crisis Solapadas

30 de julio de 2008

– Publicado en Expansión –

Empieza a ser un lugar común el afirmar que las dificultades de la economía global son el resultado enredado de tres crisis solapadas: la inmobiliaria, la financiera y la de las materias primas, singularmente la petrolífera. Como todos los lugares comunes, éste tiene una parte de verdad, justo la que no importa mucho. En este caso, en efecto, lo que importa es que, ante la imposibilidad de estar seguros de cuales son los bancos tocados o el tamaño de los daños causados a sus balances, tenemos que movernos en el contexto de una crisis financiera de confianza (crisis de demanda) y enfrentar simultáneamente la reasignación de recursos que traen consigo los cambios en los precios relativos producidos por un aumento serio del precio del crudo (crisis de oferta).

En una situación así me parece conveniente no estar al albur de las últimas noticias y pensar un poco sobre la importancia relativa de las dificultades que enfrentamos a fin de que impacten lo justo en la formación de las expectativas y en los índices de confianza. La sugerencia de que nos dirigimos a una crisis nunca vista me parece excesivamente alarmista.

Hemos pasado por otras crisis, han explotado otras burbujas, hemos sufrido desarreglos financieros y, desde luego, sabemos lo que es que el precio de las materias primas, especialmente el del petróleo, se dispare. Y deberíamos ser capaces de recordar lo que se hizo en cada caso, lo que se dejó de hacer y lo que aprendimos de nuestros aciertos y errores. Lo alarmante es la cacofonía desafinada de opiniones liberales pidiendo intervenciones inmediatas y de opiniones intervencionistas resistiéndose a la aplicación de un poco de ingeniería macroeconómica y/o microeconómica, al tiempo que, aprovechando el viaje, unos y otros interfieren en la política económica arrimando el ascua a su sardinita de siempre. Y todo ello sin que unos cuantos economistas profesionales, sean de la inclinación que sean, tengan la oportunidad de traducir todo el ruido a lo que es un cambio inesperado en precios relativos que, necesariamente, señala escaseces relativas e incentiva cambios de dirección de las inversiones entre sectores y en el tiempo.

Intentaré ahora orientarme en el laberinto de la ingeniería económica que debemos contemplar aunque solo fuera para descartarla finalmente. Para ello me restringiré a hablar de España lo que, por otro lado, no me parece reduccionista ya que la burbuja inmobiliaria era aquí de las más gordas, porque su estructura económica la hace muy sensible a cambios en el precio del petróleo y porque, al mismo tiempo, poseemos uno de los sistemas financieros más sólidos del mundo lo que, entre otras cosas, nos permite sostener un déficit exterior enormemente alto como % del PIB. En un escenario así ¿qué podemos esperar y qué tenemos que hacer? No trataré de juzgar las medidas que se han tomado ya, bien sean sectoriales, bien de iniciativa legislativa, bien de cosmética fiscal. Suenan bien pero difícilmente se pueden juzgar sin un referente sobre el que reflexionar. Pensemos pues que estamos en una economía de juguete con sus tres mercados básicos, el de bienes, el de trabajo y el financiero. Tal como están las cosas, lo que podemos esperar es que, a los precios actuales, haya excesos de oferta en bienes duraderos (casas o automóviles) y de trabajo (desempleados) y un exceso de demanda de ahorro por parte de las entidades financieras (correspondiente al exceso de oferta de instrumentos financieros).

Pero también deberíamos saber que, para cuando cualquier medida que se vaya a implantar tenga efectos, estaremos en un mundo en el que los precios relativos habrán cambiado y en el que contaremos con excesos de oferta de trabajo debido a la relativa rigidez de los salarios nominales, pero con cierto equilibrio en el mercado de bienes duraderos y en el financiero. En el primer caso porque habrán bajado los precios tal como ya observamos en las viviendas y como empezaremos a observar en el crudo y en las materias primas y, en el segundo caso, porque la oferta de instrumentos financieros con rendimiento disminuirá ante el aumento del tipo de interés real.

En estas circunstancias ¿qué debería hacer hoy un Banco Central independiente y un Ministro de Hacienda coordinadamente con un Ministro de Industria o de Innovación o de Trabajo? Lo primero y más elemental sería reconocer que somos más pobres debido a que la subida del precio del crudo no es transitoria, aunque no vaya a continuar, y que, por lo tanto, es equivalente a que hubiera desaparecido una buena parte de la dotación inicial de un cierto input crucial. En consecuencia no cabe sino alentar otras formas de energía que, por otro lado, ya se alientan ellas solas.

Bastaría pues con no poner trabas a la adopción de esas otras formas de energía alternativas subvencionándolas aunque solo de una manera muy medida.

Dejando esto pues como un coste hundido nos encontramos en un suelo firme desde el que tratar de despegar otra vez. La inflación no será un problema serio en esos momentos (en los que algunos precios relativos ya se habrán ajustado) en parte porque el Banco Central habrá hecho sus deberes y en parte porque el precio del crudo habrá ya comenzado a flexionar. Podemos pues concentrar la atención en cómo cambiar de modelo de crecimiento trabajando sobre los mercados de bienes y de trabajo.

En primer lugar mediante medidas microeconómicas de las que no hablaré hoy (ver mi artículo de mayo en estas páginas: «¿Qué reformas? ¿En qué orden?») pero que deben ser usadas de acuerdo con los agentes sociales pues hacen referencia a la flexibilización de las regulaciones tanto del mercado de trabajo como del mercado de bienes. Y, en segundo lugar, mediante el manejo inteligente de la política monetaria y la política fiscal.

En cuanto a la política monetaria, y ya que no tenemos más remedio que plegarnos a la independencia de un Banco Central, yo preferiría que éste se restringiera a su papel y que, de una u otra manera, controlara la oferta monetaria y, consecuentemente, la inflación sin perder de vista el tipo de cambio. Lo que realmente queda para la ingeniería es la política fiscal. En su faceta de ingresos públicos yo no haría grandes cambios fiscales y me preocuparía del impuesto de sociedades y del IRPF. Rebajaría el tipo efectivo del primero en tanto en cuanto las empresas cooperen con la innovación de manera no oportunística, sino franca y contundente. Respecto al segundo, el IRPF, lo utilizaría simplemente para conseguir la cohesión social paliando las enormes diferencias salariales que desmotivan a la mano de obra.

Pero queda la faceta de gasto de la política fiscal. Y es aquí en donde un gobierno hoy tiene que ser audaz. Ya mencioné en un articulo pasado, que, junto a la flexibilidad laboral, no hay más remedio que mantener, e incluso incrementar, el subsidio de desempleo pues esto incentiva la intensidad de la búsqueda de empleo, además de compensar en parte esa flexibilidad que se quiere introducir. Pero yo no me quedaría ahí, sino que utilizaría el gasto público puro y duro para cambiar el modelo de crecimiento. Inversión pública en infraestructuras (ya programadas o nuevas, abiertas a la participación privada y en sectores de futuro) en formación continuada y en capital humano investigador.

Sí, pensarán ustedes, pero ¿qué pasaría con las finanzas públicas? Por un lado podemos quizá continuar free-riding sobre el euro sin problemas de tipos de cambio y, por otro lado, un déficit público razonable permitiría la aceleración del cambio de modelo y el cambio de las expectativas y los índices de confianza, de forma que ese déficit no debería ser arrastrado durante mucho tiempo. Despreocupados del tipo de cambio, solo deberíamos preocuparnos de la reputación exterior de nuestra economía y de la inevitable exigencia sobre la calidad de nuestro sector financiero. En mi opinión, nuestra reputación dependería de la forma de comunicación de nuestras reformas en los foros adecuados y nuestra banca no creo haya olvidado a ganar dinero en condiciones de tipos reales normales.

Termino. Cabe no hacer nada y lo que acabo de contar ocurrirá pero más lentamente y cabe ser osados y hacerlo rápida y contundentemente. La oportunidad de dar un golpe de timón es ahora que comienza una legislatura. Espero que el gobierno no la desaproveche.

Notas

[1] Complementario de su artículo de Expansión de junio, aquí JU sigue abordando el sector financiero, centrándose en este caso en conceptos provenientes de la economía de la información, como la «selección adversa», el signalling… Pone de manifiesto cómo en el ámbito bancario estamos en presencia de un equilibrio tipo pooling (en español podría decirse «café para todos»), mientras que necesitamos un equilibrio «separador» (discriminador de bancos buenos y malos).

[2] Lo que me sale aquí es un agradecimiento a JU por su reconocimiento al Cuerpo de Economistas del Estado, al cual -aunque en excedencia- pertenece quien escribe estas letras. La degradación galopante de nuestra función pública -incluyendo los cuerpos más relevantes de la misma- también ha empezado a dañar a este Cuerpo, pero mantiene un nivel profesional muy elevado y está claramente infrautilizado.

 

Primer aniversario de la crisis

Crónica de una crisis | Agosto 2008

 

Prólogo

En el artículo de Expansión de Agosto, a pesar de su título aparentemente insustancial («Pasatiempos vacacionales»), JU conmemora el primer aniversario de la crisis, con un planteamiento que ya es explícitamente no optimista:

«Entraremos o no en lo que se llama recesión; pero que la situación económica mundial pasa por un momento delicado es bastante obvio a la luz de datos adelantados…»

En el artículo ahonda en aspectos relativos a la crisis financiera (una de las crisis solapadas que integran la delicada coyuntura económica mundial), a la cual ha dedicado JU varios artículos recientes de esta Crónica (de modo especialmente detallado, el de Expansión de junio y el post del 17 de julio). Al diagnóstico y formulación de eventuales remedios de la misma les ha venido aplicando tanto la teoría de redes como conceptos provenientes de la economía de la información (signalling, screening, …).

En el artículo de este mes se pone el foco en la selección adversa, asociada a la información asimétrica existente entre los bancos; y también se plantea, al hilo de la crisis financiera, el «nuevo» rol del papel público como consecuencia de y tras la crisis (que, como es sabido, es uno de los temas recurrentes en los analistas económicos y, en concreto, en The Economist y el Financial Times).

En su post «Primer Aniversario de la Crisis», en mi opinión JU es demasiado humilde respecto a los análisis aportados por él a lo largo de este primer año. Creo que su análisis de las causas de la crisis estaba bastante bien enfocado, en lo fundamental, desde un primer momento: Tipos de interés reales excesivamente bajos, que promovieron la burbuja inmobiliaria; inadecuada supervisión financiera (de la innovación financiera y de otros aspectos no precisamente innovadores…)…

También parece relevante el instrumental utilizado por JU para el diagnóstico y propuestas de actuación, especialmente en el ámbito financiero, donde la combinación de utilizar la teoría de redes y conceptos de la economía de la información, se ha mostrado muy fértil. Y, de hecho, le permitió a JU prever la utilización de mecanismos de «striptease» bancario en la línea de lo que luego supondrían los stress tests, por ejemplo.

Un detalle interesante de la crisis

2 de agosto de 2008

Mi amigo Ignacio Pérez-Infante me envía, como todos los meses, su artículo de Cinco Días. Es el que más sabe sobre el mercado de trabajo en España y sus alumnos de la Carlos III tienen el privilegio de aprender de él.

Pues bien, en su disección de los dos últimos trimestres de este año hay un detalle que merece ser destacado porque revela la flexibilidad de una economía como la española que hasta hace muy poco era muy rígida con independencia de la regulación.

En palabras de Ignacio:

«En cambio, el comportamiento de la población activa fue muy diferente, a pesar de la relación muy estrecha que suele tener con la evolución del empleo, ya que en el segundo trimestre mantuvo un elevado incremento intertrimestral de 230.200 personas, aumento que continúa siendo alto con datos desestacionalizados (186.100). Como consecuencia de ello, el crecimiento interanual, el 3,1%, supone una aceleración de una décima respecto del primer trimestre.»

Así que la población activa aumenta incrementando, de esta forma, el potencial de crecimiento de nuestro sistema económico. Me atrevo a decir que esta es una ventaja de las crisis de las que siempre se sale fortalecido.

La razón la explica Ignacio de una manera muy clara:

«Esta evolución de la población activa, que significa una aceleración de la misma, no se explica por la población activa extranjera, que crece en el segundo trimestre la mitad que en el período previo, sino por la nativa, que aumenta en términos intertrimestrales más de 150.000 personas, las dos terceras partes del incremento total de la población activa. El mayor crecimiento dentro de la población activa nacional es de la femenina y, sobre todo, de la de más de 45 años y puede estar reflejando la incorporación de personas antes inactivas para compensar la disminución de ingresos reales de las familias como consecuencia de la inflación y de la pérdida de empleo de los miembros activos de las familias.»

Esa es la flexibilidad de la que les hablaba. Está muy bien pero hay algo más. Que todos queramos trabajar más, sea por lo que sea, quiere decir que admitimos la necesidad de vivir peor para que muchos otros vivan mejor. Simplificando: porque los chinos han decidido comer carne, nosotros tenemos que trabajar más. También está bien.

Pasatiempos Vacacionales

6 de agosto de 2008

– Publicado en Expansión –

Yo me dejaría de sudokus o crucigramas y para entretener las siestas veraniegas me concentraría en la lectura de aquellas publicaciones disponibles que tengan, no ya una línea editorial, sino al menos una manera coherente de pensar en la situación económica más allá de disputas políticas. Este tipo de publicación les planteará verdaderos acertijos sobre los que pretendo llamar la atención del lector una vez que haya dejado sentado que, tal como se ha podido desprender de mis últimos artículos, estamos en una crisis que no deja de serlo porque no sea fácil de diagnosticar con precisión. Entraremos o no en lo que se llama recesión; pero que la situación económica mundial pasa por un momento delicado es bastante obvio a la luz de datos adelantados y aunque no hayan sido validados por las agencias estadísticas correspondientes.

Tal como decía en el último artículo en estas páginas de Expansión («El puzzle de las crisis solapadas») es claro que se trata de una crisis resultado de otras crisis solapadas.

Quizá porque la crisis del precio del petróleo sea la última en haber salido a la luz, buena parte del análisis se está concentrando en la subida del precio del crudo. Es un tema agradecido porque linda con asuntos relevantes como el cambio climático, el poder de la ciencia y el empobrecimiento general, amén de la dichosa y peligrosa inflación. Se trata de una cuestión que a nadie se le puede escapar por su inmediato impacto en los usuarios industriales de sus derivados, desde los pescadores y agricultores a las compañías aéreas.

Sin embargo, los que ya ni siquiera peinamos canas por falta de pelo, ya conocemos lo que es esto desde hace más de treinta años y sabemos que a corto plazo la única fuente creíble de energía es el ahorro. La experiencia de finales de los años setenta nos dice que se puede ahorrar mucha y que el tener que hacerlo es un buen ejercicio para ir preparando un futuro energético balanceado. La única pregunta un poco enrevesada es si los incrementos de precio son resultado de la especulación o simples tendencias basadas en un exceso de demanda. Que hayan aumentado mucho los contratos de futuros sobre suministros no es prueba de que la especulación sea la causante, máxime cuando las reservas acumuladas no han crecido.

Entre las crisis que se solapan para dotar a la situación de la complejidad de la que habla el vicepresidente Solbes, la que me resulta más difícil de entender y de consecuencias más preocupantes, es la crisis de demanda que hoy se plasma en la sequedad del crédito por parte de un sector bancario cuya situación es difícil de entender con claridad. He aquí un pasatiempo un poco más difícil, pero todavía asequible. Una de las notas características más recientes de la crisis general es que últimamente la cotización del sector bancario se está resintiendo muy mucho en todo el mundo. A pesar de que parecería que los principales bancos ya han cantado la gallina y que la situación estaba controlada por lo que hace al credit crunch, los bancos caen en todas las bolsas del mundo. ¿Cómo puede ser eso? Comenzaré esta especie de sudoku endiablado a partir de mis propias palabras:

«… deberíamos aceptar que lo crucial es hoy la falta de confianza de unos bancos en otros lo que ha llevado paradójica mente a una especie de equilibrio del sistema bancario que deja al sistema económico desguarnecido y desequilibrado. No hay más remedio, por lo tanto, que separar los buenos bancos de los malos y hacerlo rápido sin confiar… en que el mercado se vaya a encargar de ello porque, como acabo de decir, los bancos se encuentran en una especie de equilibrio en buena parte basado en la creencia de que algo harán los supervisores empujados por los políticos.»

El pasatiempo que se propone aquí no es trivial y me propongo tratar de entretenerme con él por pasos. En el primer paso se trata de explicar cómo y porqué los bancos se encuentran en ese equilibrio perverso y no acaban de salir de él. Lo que se me ocurre de momento es apoyarme en la Economía de la Información y, específicamente, en la idea de selección adversa según la cual, en condiciones de información asimétrica, no podemos esperar que acudan al mercado los propietarios de bienes sin defectos, sino que esperamos que acudan los propietarios de bienes defectuosos. En un segundo paso tendré que intentar explicar qué está pasando con el sector bancario en el mercado de valores. Sabemos, tal como he dicho ya, que el equilibrio es de una naturaleza propia de una situación con información asimétrica en la que cada uno sabe cómo está su balance pero no el de los demás. Ahora bien, este paso de este pasatiempo consiste en entender por qué ese equilibrio es del tipo pooling, es decir, tal que el precio en ese mercado (es decir la cotización) no es suficiente para distinguir entre un banco que no ha cometido excesos y uno que sí los ha cometido. O, equivalentemente, por qué el equilibrio no es separating lo que permitiría distinguir entre bancos buenos y malos.

Para que esa situación hubiera sido la observada, tendría que haber habido alguna señal que permitiera a los bancos buenos distinguirse de los malos. Los malos han pedido capital a los fondos soberanos y como se lo han concedido no podemos decir ya que son malos ni, por lo tanto, podemos decir de los otros, que no han necesitado de momento una inyección de capital, son los buenos. Y en un tercer paso me entretendré pensando en cual sería la señal que permitiría distinguir a unos de otros.

La única señal posible a corto plazo consistiría en mostrar fehacientemente que sobra capital. Una señal de ese tipo sería, naturalmente, lanzar una OPA contra otro gran banco o anunciar el comienzo de negociaciones para la compra o la fusión. Si se hace, no cabe la menor duda de que ese banco no tiene problemas fuera de balance porque estos aparecerían en las diligencias que hay que realizar para llevar a cabo la oferta.

El cuarto paso, en caso de que los otros tres hayan sido salvados y nos aceche el aburrimiento, es describir la extraña y fascinante situación en la que nos encontramos.

Efectivamente puede ocurrir que nadie pueda emitir una señal de ese tipo a pesar de que los precios están muy bajos y que, por lo tanto, continuemos en un equilibrio pooling en el que debiéramos pensar que todos están mal.

Pero la posibilidad de entretenimiento no acaba aquí. Hay todavía un tercer posible pasatiempo quizá adecuado para las tertulias nocturnas de la luna de agosto. Se trata de saber si el Gobierno debiera actuar preventivamente de las mil maneras que están en su mano. ¿Debería haber sostenido a Martinsa tal como aparentemente pretendía el Ministro de Industria? ¿Es buena idea compartir el espacio aéreo con el militar? Y otras tantas. Aquí el entretenimiento no tiene fin, pues cada uno opina de la feria según le va en ella. Mi posición es que, en principio no hay que intervenir, pero que es difícil criticar a los que salvaron a un par de grandes bancos usando finalmente fondos de todos. La razón para hacerlo es que, si no se hace, la crisis puede extenderse como un reguero de pólvora. Pero la razón del azar moral también es seria y atendible pues si les sacamos las castañas del fuego estamos alimentado el siguiente descuido empresarial enardecido por la avaricia definitoria de su propia razón de ser. Y otra pregunta interesante para las postrimerías de esas tertulias vespertinas: si lo hizo Greenspan, si lo hace Bernanke ¿para qué sirve la independencia de un banco central que se supone tiene que frenar de raíz la inflación? Y si hay justificación para esto, ¿por qué no la hay para que intervenga seriamente el Ministerio de Hacienda correspondiente?

Y para terminar, y solo para los realmente aficionados a los pasatiempos, una pregunta ingenua: ¿para qué sirve un panel de economistas competentes que asesoren al Presidente? Para eso estaba la Oficina Económica de la Presidencia, justamente la que convoca al panel de expertos.

Primer aniversario de la crisis

15 de agosto de 2008

Hace un par de días más que un año exactamente escribía unas anotaciones bárbaras a una crisis anunciada en las que pretendía encarar la crisis sin paliativo alguno. Ya habían aparecido síntomas de desarreglo y también habían sido publicados algunos artículos, como el de Buiter y Siebert que mostraban que los economistas más alertas se preguntaban sobre la naturaleza de la crisis.

No fui pues pionero; pero sí que me adelanté a la mayoría de los análisis mínimamente sofisticados que no llegaron a la opinión pública hasta pasados varios meses. En estas circunstancias me voy a dar un homenaje y voy a repasar y comentar los principales pasajes de aquel post del 13 de agosto del 2007.

«Es hora de ser un poco osado y decir algo un poco más radical y bárbaro que las explicaciones estándar que leemos todos los días en los periódicos y que se copian unas a otras sin que se vaya al fondo de la cuestión. Y es hora de que no se separe la opinión de un observador teórico de la de un simple inversor. Ambas deben encajar la una en la otra.»

Parece pues claro que los dos objetivos del post eran el de entender lo que estaba pasando y que se reflejaba en una caída de la Bolsa y, así mismo, sacar conclusiones para manejar mis inversiones. La mayor parte del post estaba dedicada al primer objetivo. Decía yo:

«No hay manera de no poner en el origen de esta crisis dos fenómenos cruciales. Los movimientos migratorios y los bajos tipos de interés reales propician desde hace unos diez años una demanda espectacular de viviendas en ciertos lugares, como las dos costas estadounidenses y casi toda España entre otras, una demande que a partir de un momento determinado tiene mucho de meramente especulativa basándose en la creencia que el ladrillo es una buena inversión porque su precio parece crecer sin límite.»

Hoy se admite con toda naturalidad que los bajos tipos de interés que se impusieron para atajar los efectos del estallido de la burbuja tecnológica estaban en el origen de la crisis; pero en aquel entonces se hablaba de estos tipos tan bajos como un peligro para la inflación de activos y se proponía redefinir el objetivo antiinflacionista, pero no se los tenía en cuenta como causa de la burbuja inmobiliaria. Lo mismo que con la inmigración que se sigue sin mencionar a pesar de que si detectamos en donde la burbuja ha sido mayor, se nos presentará con evidencia que ha sido allí en donde la inmigración ha sido mayor. Añadía yo una tercera causa que hoy es obvia:

«Por otro lado, nos encontramos con una nueva arquitectura financiera resultado de la crisis anterior, de la globalización y de los descubrimientos en materia de nuevos productos financieros derivados que pretenden mitigar los riesgos distribuyéndolos de manera menos concentrada y que parecen fáciles de valorar.»

Estoy especialmente orgulloso de la claridad con la que hace un año explicaba yo el camino que llevaba de la existencia de una burbuja a la posible crisis bancaria:

«La primera anotación bárbara, dados estos … factores, es que los bancos comerciales encuentran una vía de mejorar sus márgenes en esta época de tipos bajos aumentando el volumen de su actividad crediticia, especialmente la hipotecaria que parece no tener riesgos mayores ya que el colateral amplia su valor debido a la innombrable burbuja inmobiliaria. Pero no solo eso, sino que, además, de acuerdo con las formas nuevas de hacer las cosas, estos créditos se pueden titularizar, es decir, es posible empaquetarlos y venderlos a terceros, fondos por ejemplo, que los usan para diversificar sus inversiones con un activo que parece bastante seguro pues está garantizado con un colateral que, a falta de otro análisis más profundo, está de moda. El hecho de que se puedan hacer paquetes favorece la mezcla de deudores buenos y menos buenos y esto, a su vez, anima a los bancos a seguir con esta estrategia.»

La crisis financiera estaba servida y así la explicaba yo hace un año:

«Esta es básicamente la situación y a la vista de esta descripción descarnada o bárbara nada más natural que lo que pasa luego. No hay que ser bárbaro para darse cuenta de que, a medida que los bancos centrales subían los tipos de interés, el valor de los créditos concedidos, empaquetados o no, de buena o mala calidad, ha de ir disminuyendo y empeorando los balances de los bancos o de los intermediarios que compraron los créditos iniciales. Cuando eso ocurre los impagados suben, los intermediarios quieren deshacerse de sus paquetes antes tan deseados, y comienza la carrera hacia la liquidez que, sin embargo, no puede conseguirse fácilmente precisamente porque no hay nadie que quiera comprar. La iliquidez está servida y, en consecuencia, la desertificación del crédito. No hay manera de sostener una demanda efectiva a base de crédito nuevo. La bolsa se resiente y las perspectivas macroeconómicas se revisan a la baja.»

Y continuaba yo describiendo el contagio y la generalización de la crisis con un optimismo que ha resultado ser excesivo. En efecto yo decía que:

«A partir de ese momento, lo importante es el contagio pues de cómo funcione depende que el pánico se generalice o no. El segundo comentario bárbaro es que los instrumentos financieros que han surgido de la teoría financiera y de su práctica, no son una nadería sino que realmente sirven para redistribuir el riesgo de forma que no hay por qué temer al contagio. Este, de ocurrir, lo hará solo por razones psicológicas; pero éstas se desactivan en cuanto aparece un prestamista de última instancia o simplemente asume públicamente su capacidad de serlo sin límites.»

Mi optimismo estaba basado en que los bancos centrales parecían entender la situación lo que, dicho sea de paso, no estaba garantizado:

«Esto es lo que han hecho los bancos centrales principales la semana pasada y el examen de su comportamiento puede llevarnos a un tercer comentario bárbaro. Dicen los mencionados Buiter y Siebert que el papel del banco central en una ocasión como la presente no es el de prestamistas de última instancia sino el de creadores de nuevos mercados de última instancia y tiene razón porque los instrumentos que debe utilizar un banco central para esta tarea de no dejar que se desertifique el crédito no son los mismos que utiliza para inyectar o drenar liquidez en tiempos normales mediante operaciones de mercado abierto. Ahora, efectivamente, han de hacerse cargo de los paquetes que los intermediarios no desean tener porque lastran su capacidad de continuar con el negocio. Cabe que digamos que esos bancos centrales no saben bien las características, el riesgo y el valor de esos instrumentos, pero no me parece muy relevante pues si hay alguien que puede enterarse rápidamente son ellos. No me parece por lo tanto que caben excusas para no actuar. Un banco central será o no al mismo tiempo el supervisor del sistema o de parte de él; pero es el único que puede frenar en seco estas estampidas. Mi tercer comentario bárbaro es justamente que, en las circunstancias actuales y tal como decía el otro día… es mucho más fácil controlar la inflación que mantener la tranquilidad en un sistema financiero novedoso.»

Acababa este primer objetivo de mi post con una recomendación que, gracias a Dios, ha coincidido con la actuación de los bancos centrales:

«Por lo tanto y a mi juicio, no cabe discusión sobre la oportunidad de actuar por mucho azar moral que se pueda generar y por grande que sea el empeoramiento del balance de un banco central.»

Pero paso ya al contagio real posible y a las recomendaciones a inversores:

«Pero no solamente está en juego la estabilidad financiera, sino que está en juego el funcionamiento suave de todo el sistema económico global incluyendo el aparato productivo y la rápida incorporación generalizada de las nuevas tecnologías que en este su segundo intento parece que tienen buenas perspectivas de ser entendidas en su verdadero potencial. Si quieren pueden considerar esta afirmación como una cuarta anotación bárbara aunque a mí me parece muy civilizada.»

La Bolsa no ha tratado mal a los valores tecnológicos por lo que mi anotación bárbara no estaba tan descaminada; pero yo pretendía otro tipo de actuación:

«llega el momento de entroncar mi análisis bárbaro de lo que pasa con mi opinión como inversor… termino con la notación más bárbara y al mismo tiempo la más esperanzadora. Ahora nos acordaremos de África (o de proyectos de infraestructura de largo alcance) como posible oportunidad de inversión ya que con la crisis desaparecerán las oportunidades que desviaban la liquidez hacia otras inversiones aparentemente mejores. Y los más prudentes y conservadores como parecen haber sido nuestros bancos nacionales comerciales se tomarán su equivocada venganza intelectual y saldrán reforzados. Luego como inversor llamo a mi gestora y le recomiendo que compre BBVAs en cuanto frenen su caída y que se endeude a largo para invertir en fondos africanos aunque los emita un banco chino o en proyectos de largo alcance que ofrecerán una rentabilidad razonable que ahora parecerá muy sustancial.»

Termino diciendo que mi gestora siguió mis recomendaciones y que compramos BBVAs a un precio demasiado alto aunque la propia innovación financiera permitió la cobertura a un precio razonable. No pudo seguir mi recomendación sobre fondos de materias primas africanas porque no los encontró, pero en ello estamos todavía.

Y después de esta homilía sobre otra homilía hago lo mismo que hice después de la primera, me tumbo a contemplar a lo lejos la Bahía de Rosas límpida después de una tormenta.”

Lo último de Larry Summers

20 de agosto de 2008

Pues bien, he observado los acontecimientos económico-financieros durante un año y el otro día conmemoraba las efemérides. Veamos lo que opinaba hace unos días Larry Summers. Concluye con las siguientes palabras:

«Today, the end of the current financial crisis looks further away than it did in August 2007. Policy is not yet ahead of the curve.»

De acuerdo, la profundidad de la innovación financiera mal entendida era y es difícil de imaginar y el contagio a la actividad económica real ha sido más rápido de lo previsible. A mi juicio todo esto es así porque la sospecha de insostenibilidad es ya vieja y todo el mundo desde los inmobiliarios a los industriales, pasando por los financieros sabían que esto podía pasar y estaban preparados para reaccionar. Continúa Summers:

«I used to remark in the context of the emerging market crises of the 1990s that I would date the moment of recovery from the first time an official pronouncement proved to be too pessimistic. By this standard, recovery is not at hand.»

Esta manera de fijar el punto de inflexión de la crisis me parece una frivolidad.

Summers es casi una institución oficial luego debería aplicarse sus propias palabras o nosotros aprender de ellas. O sea que solo tenemos que esperar a que este economista se haya confundido. Sea como fuere él a lo suyo.

«The best prospects for managing a very difficult situation involve a comprehensive effort to support the real economy through temporary fiscal stimulus and the financial system through a programme of measures directed at capital rather than liquidity problems.»

Aquí no hay nada nuevo excepto que el remedio[1] monetario no debería centrarse en los problemas de liquidez sino en la presumible falta de capital de no pocas instituciones financieras. Las oportunidades que va a haber para bancos “limpios” no debieran ser pasadas por alto por ningún analista. Pero no habla de esto y se pone pesimista.

«These steps offer no assurance of success but reactive drift raises the risks of costly failure.»

La única forma de entender esta frase críptica es pensando que los anuncios de medidas extraordinarias son a su vez señales de la gravedad de la situación.

Estaríamos en manos de unas agencias presumible mente independientes que juegan al escondite con los regulados y supervisados y muestran sus flancos débiles.

Notas

[1] Como dice JU en un post de la Crónica, parafraseando a Keynes: Hacen falta medidas dirigidas a fortalecer el capital y también a resolver la desertificación del crédito.

 

La bancarrota de Lehman

Crónica de una Crisis | Septiembre 2008

 

Prólogo

Decididamente, el aspecto financiero de la crisis toma un protagonismo descarnado (estamos en el mes de la bancarrota de Lehman, la mayor de la historia estadounidense) y de ahí que, salvo el artículo mensual de Expansión, que se publicó el 2 de septiembre («El autoritarismo es una quimera»), todos los posts de la Crónica estén dedicados a lo financiero.

A pesar de que –en palabras de autoridades financieras que tuvieron un gran protagonismo en esas fechas– el sistema financiero estuvo a punto de «fundirse» (melt down), JU cita a Becker en el post «Becker se posiciona», en un tono «relativamente» optimista: «Aunque es la crisis financiera más severa desde la Gran Depresión, se trata de un crisis mucho más pequeña, especialmente en términos de su efecto sobre el output y el empleo…»

La gran intervención conjunta del Tesoro y la FED en EEUU («el gran rescate») para salvar el sistema financiero ha tenido como resultado que (finalmente) una pléyade de economistas académicos estadounidenses (según JU, en España «su rumor sigue siendo como un susurro») se haya animado a posicionarse.

JU nos cuenta que ni Krugman ni Zingales están de acuerdo con el rescate de las instituciones financieras americanas cercanas a la quiebra, pues no les gusta «un sistema en el que los beneficios son privados y las pérdidas son socializadas».

Sin embargo y, aun reconociendo los problemas generados del «azar moral» y de control gubernamental de las transacciones financieras, Gary Becker concluye que «(aunque) muy a mi pesar (…), esta sustanciosa intervención estaba justificada a fin de evitar un gran colapso a corto plazo del sistema financiero que hubiera podido llevar al mundo a una depresión muy considerable…».

Tanto en este post comentando a Becker, como en el titulado «Re-regulación e innovación», aparece otro de los temas recurrentes de la Crónica: el papel (positivo tanto para Becker como para JU) de la innovación financiera y la precaución que ha de tenerse en los cambios regulatorios que se avecinan para no matar todo lo beneficioso de estas innovaciones.

En palabras de Becker, traducidas libremente por JU, «estos instrumentos financieros han sido normalmente valiosos, ya sea como lubricantes de los mercados de activos y como apoyos al crecimiento económico, así como en la creación de valor…«En consecuencia, tanto Becker como JU postulan que serán necesarias reformas regulatorias (en todo caso contingentes en cuanto a su tiempo de vigencia; no es posible aspirar a una solución regulatoria <em<once and for all), pero evitando una reducción de la eficiencia de los mercados financieros (no se olvide el importante papel de las innovaciones financieras en la redistribución del riesgo), así como un deslocalización de las transacciones financieras.

Como último comentario, poner de manifiesto que las Cajas de Ahorro adquieren en los posts de este mes una cierta relevancia, que se irá incrementando en meses sucesivos; y que en el post «Líneas con el Banco Central» se apunta a una incipiente divergencia entre la percepción de la solidez de nuestras entidades de crédito dentro y fuera de nuestras fronteras.

El Autoritarismo es una Quimera

2 de septiembre de 2008

– Publicado en Expansión –[1]

Aproveché los primeros días de las vacaciones veraniegas para leer la biografía de Xavier Zubiri escrita por Jordi Corominas y Joan Albert Vicens y editada por Taurus el año pasado. Esta biografía tiene muchas lecturas y la estrictamente filosófica se me escapa en toda su sutileza a pesar de que en su día hice mis esfuerzos por aprehender la sabiduría almacenada en «Naturaleza, Historia y Dios, Sobre la Esencia e Inteligencia Sentiente». Sin embargo esta lectura no ha sido infructuosa porque, entre todas esas interpretaciones posibles de una vida que a todos los efectos cubre el siglo XX en España, hay una especialmente interesante para los tiempos que corren.

Zubiri, en efecto, pudo no haber figurado como un pensador radical y expresamente contrario al régimen, pero la biografía deja claro que era alguien que no admitía el autoritarismo aunque admitiera la dogmática teológica. Zubiri «se buscaba la vida» a su manera sin admitir que ninguna autoridad, eclesiástica o civil, le desviara de su camino. Quizá porque su vocación filosófico-teológica era muy definida, quizá por su carácter vasco que difícilmente admite la imposición[2] de nada y que solo quiere que le dejen en paz.

Y eso a pesar de que vivió una época dilatada durante la cual la tentación del autoritarismo fue tan grande que millones de personas cayeron en ella sea para disipar dudas teológicas, sea para evitar el desorden perturbador y empobrecedor, sea para realizar las grandes expectativas que un país o una raza pretendían encarnar, sea para tratar de enraizar el saber en tierra fértil e inamovible o sea para disipar la incertidumbre generalizada que los tiempos generaban irremisiblemente. Bastantes de estas mismas circunstancias revolotean hoy en la atmósfera intelectual de nuestro entorno y quizá explican el surgimiento del largamente durmiente neoconservadurismo americano que ha hecho temblar al mundo y que, según parece, está ya remitiendo aunque creo poder afirmar sostenía la actitud del conservadurismo español representado por el partido de la oposición y la Conferencia Episcopal hasta hace bien poco tiempo.

Todas estas reflexiones son más propias de un verano lánguido que permite lecturas sosegadas que de una rentrée que se presenta como movida y llena de esa incertidumbre a la que me refería, al menos en términos económicos y de rebote políticos; pero no son ociosas. Las lecturas de vacaciones muestran o dejan traslucir las tendencias soterradas. Y el hecho es que nos hemos encontrado, además de con la guerra en Georgia, paradigma del autoritarismo ruso, con el problema de la financiación autonómica planteado con autoridad por el Gobierno como un problema no bilateral, con las quejas de no pocos sectores económicos que reclaman medidas «por decreto» y con las obligadas referencias al primer aniversario de una crisis contra la que se exigen medidas eficaces ya; pero sobre todo con esa literatura épica de los juegos olímpicos de Pekín que ha estado bordeando la apología del autoritarismo.

En efecto, muchos artículos veraniegos han hecho alusión veladas, e incluso explícitas, a las ventajas de un capitalismo autoritario como el de China y que tendría su paradigma en Singapur a cuyos encantos prestan atención economistas serios. Las ventajas de una autoridad fuerte que establece el orden y, en el mejor de los casos, impone sin posibilidad de contestación, un sistema de incentivos soberbiamente diseñado y que acaba siendo una bendición para quienes se someten a él, serían, para cada vez un mayor número de personas, más que evidentes.

Así que aquí tenemos todos los ingredientes para que surja la tentación del autoritarismo, una tentación claramente transparentada entre nosotros por esas llamadas a tomar medidas contundentes contra la crisis que se han expresado por quienes en general se muestran contrarios a todo intervencionismo y que han sido secundadas por quienes, aunque con una inclinación intervencionista, señalan que la crisis en la que nos encontramos inmersos se debe precisamente a la no existencia de una autoridad global que permita meter en vereda al mercado global. Ante esta tentación generalizada de autoritarismo e intervencionismo cabe preguntarse si se trata de algo sensato o si se trata más bien de un espejismo producido por la sed de soluciones. A mi entender se trata de lo segundo.

Es ciertamente verdad que hay una falta de correspondencia entre el ámbito en el que se desarrolla la actividad económica global y el ámbito de ese Estado meramente nacional del que dimana toda autoridad y que eso plantea problemas. La directiva europea de servicios es un ejemplo cercano. Cabe la posibilidad de contratar servicios de fuera de un país europeo concreto; pero no nos resignamos a que esos servicios se rijan por la legislación del país de origen a falta de una legislación emanada de un Estado superior. Y así, la falta de una institución sirve de coartada a quienes ven en peligro sus privilegios alcanzados dentro de su Estado nacional.

Pero esa realidad no debiera hacernos olvidar que hay ejemplos históricos que muestran que el desarrollo económico, y más concretamente el comercio internacional, son posibles sin un Estado que los regule, un ejemplo especialmente pertinente ya que parece inaudito que se pueda realizar un comercio no simultáneo entre dos países sin una autoridad que esté por encima de ambos e incluso en ausencia de un Estrado en cada uno de esos dos países. Parece inaudito, pero esa es justamente la lección que nos dio Avner Greif al enseñarnos que el intercambio entre ambas orillas del Mediterráneo era posible en el siglo XI antes de que surgiera la institución que denominamos Estado. En consecuencia antes de caer en la tentación del autoritarismo deberíamos recordar que el Estado que la haría materializarse no es la única institución que hace que las cosas funcionen bien en el ámbito económico.

Lo que se necesita para el buen orden económico son instituciones evolucionariamente estables y éstas no surgen más que en el ejercicio de una libertad que se compadece muy mal con el autoritarismo. Si nos empeñamos en el autoritarismo ponemos en peligro la libertad tal como nos enseñó Hayek, quien también nos enseñó que esa libertad es parte del bienestar de los ciudadanos de un país, una idea ésta que hoy es moneda corriente entre los economistas no utilitaristas o, más en general, entre los que se niegan a adoptar una filosofía consecuencialista. El ejemplo de Zubiri al que me he referido es aquí oportuno pues, a pesar de su extraña distancia con la crítica a la dictadura, siempre se quejó de la falta de libertad. El consecuencialismo, necesario para la justificación del autoritarismo, es un compañero de viaje no recomendable si queremos evitar la caída en la tentación autoritaria que nos acecha.

A mi juicio la tentación del autoritarismo solo puede llegar a parecer irresistible si se usa la autoridad para garantizar la paz social en peligro por la falta de igualdad. Esto es relevante pues por debajo de los problemas serios que surgen en la crisis está siempre la igualdad de trato y, en consecuencia, la paz social. Y aquí encontramos el verdadero fondo del asunto ya que si queremos realmente ser igualitarios no podemos sino salvar a todos o no salvar a nadie mediante el intervencionismo estatal. Lo primero es incompatible con la conducción responsable de la macroeconomía y solo se puede hacer mediante gestos meramente espectaculares y poco eficaces como la devolución de impuestos que se ha experimentado tanto aquí como en los USA. No ayudar a nadie parece políticamente imposible a pesar de que es lo que parecería pedir el conservadurismo excepto cuando lo contrario le pudiera acarrear réditos electorales. No queda por lo tanto más que hacer política de manera que se puedan arbitrar algunas medidas que sean lo suficientemente consensuadas como para mantener la paz social.

Parece sencillo de admitir que una solución así, que parece ser la única posible, está bien alejada de cualquier autoritarismo. No es este un artículo que se preste a conclusiones. Para terminar baste con afirmar que la tentación del autoritarismo debería eliminarse de la agenda política ya sea para arreglar la situación económica en general, ya sea para imponer una solución determinada al problema de la financiación autonómica o a cualquier otro que nos esté esperando en esta vuelta al trabajo. El autoritarismo es un espejismo.

Fiarnos de él es confiar en una quimera.

Banco Público Vasco

2 de septiembre de 2008

Ionannes Xabier comentaba, en relación al último párrafo de «Nudging, espinacas y el frescales de Popeye», lo siguiente:

«Con ese último ejemplo que citas, ¿ Qué opinas de la noticia que en su día salió (bastante amarilla por cierto) de un «Banco Público Vasco» ¿Se trataría de espinacas para «fusión» de las Cajas Vascas? Con todo esto, en cualquier caso, que si fusiones para adelante y para atrás, no se pierde el teórico espíritu social y «democrático» (¿por qué no votan todos?) de las Cajas? ¿El paternalismo puede conducir a que las cajas de ahorro en funcionamiento se conviertan en banca habitual?»

Merece la pena reflexionar sobre este comentario muy de agradecer.

Quitémonos de en medio, para empezar, la segunda parte del mismo. Las Cajas ya son el Banco habitual de la mitad de los ahorradores y lo han llegado a ser sin ayuda de ningún paternalismo, libertario o no. Pero no lo son porque sean democráticas. También las juntas generales de cualquier banco son democráticas en el sentido de que cualquier accionista puede votar; pero a la hora de tomar las decisiones éstas se consiguen al gusto de la dirección mediante expediente torticero. Las Cajas responden, más bien, en sus grandes decisiones a la presión de la instituciones públicas, Diputaciones y Ayuntamientos, así como a los partidos que están representados en los órganos de gobierno de esas instituciones.

En este último sentido partidista, las Cajas sí son democráticas, pero no es ese un sentido demasiado presentable.

Vayamos ahora al asunto del Banco Público Vasco. Tal como yo lo recuerdo era un intento de utilizar las disposiciones estatutarias, que otorgan a las Diputaciones la competencia de la supervisión financiera de las Cajas, para organizar algo parecido a un instituto de crédito oficial que pudiera servir como prestamista de último recurso en caso de crisis financieras que afectaran especialmente a Euskadi.

Visto así, se entiende que, desde hace años, no se hable de esa institución. Porque no hay crisis financieras locales y porque el prestamista de última instancia está en otros ámbitos más amplios tal como ha mostrado y está mostrando la parte financiera de la crisis actual.

Cabe la posibilidad de que cuando se pensaba en un Banco Público Vasco se estuviera pensando en las Cajas, o más bien en partes funcionales de ellas, como embrión de una institución similar a la mencionada, pero no creo que se pensara en reconvertirlas y fusionarlas. Había y hay demasiados intereses en juego.

Y, desde luego, no se hablaba de esa nueva institución como un nudge (espinacas) para la fusión de las cajas. Esta fusión exige unos acuerdos que ponen en juego intereses muy variados que no se pueden alinear por el supuesto interés general que pudiera llegar a tener una especie de ICO Vasco.

El empujoncito para la fusión de las cajas no es posible, no es una cuestión de nudging sino de repartir bien el excedente que se genere, si se genera, con esa fusión.

Cajas de ahorros

9 de septiembre de 2008

La naturaleza y papel de las beneméritas cajas de ahorros ha sido discutido ampliamente en los últimos años no solo en España sino también en otros países que tienen instituciones parecidas. En España se subrayaba la a simetría que representaba que las Cajas pudieran comprar Bancos y éstos no pudieran comprar Cajas sino, a lo más, los activos de esas instituciones. Esta anomalía dificultaba la consolidación del sector financiero español.

La respuesta de las Cajas siempre fue que representaban un ahorro popular, que su vocación era regional y social y que se hacían cargo de problemas importantes a través de la Obra Social. Esto está reflejado mal que bien en la cita que Xavier Ioannes incorpora a su comentario a mi post sobre el Banco Público Vasco:

«La caja de ahorros es una institución tan antigua como polémica. En sus más de 150 años de existencia ha quedado demostrado la peculiaridad de su naturaleza, lo que se ha manifestado en la existencia en su seno de dos vertientes -la funcionalidad y la crediticia- difíciles de conciliar. Ambas están estrechamente unidas, suscitando el debate sobre la posible calificación de la entidad como fundación-empresa. A ello se suma, además, la creciente intervención pública en su ámbito, una realidad que ha motivado, especialmente tras la aprobación de la Ley 44/2002, de 2 de noviembre, de Medidas de Reforma del Sistema Financiero, una discusión sin precedentes sobre su posible privatización. La presente obra busca dar respuesta a alguno de los problemas actuales planteados en este sentido por las tensiones entre la naturaleza fundacional de las cajas, el interno de dirigismo a que algunas de ellas están siendo sometidas y las propias exigencias derivadas de su vertiente financiera.»

No sé a que «presente obra» se refiere; pero el planteamiento es instructivo pues pone en evidencia la mal definida naturaleza de las Cajas y su funcionalidad en un sistema financiero moderno, aunque sea bien cierto que no han tenido problemas en situaciones en las que los Bancos sí los han tenido.

Esto último es también cierto de Fanny y Fredy y acaban de ser intervenidos.

Supongo que las cajas habrán sentido un escalofrío en la situación actual en la que el mercado inmobiliario está parado y se esperan hipotecas fallidas. Quizá el anuncio de una próxima fusión entre dos de las Cajas Vascas no sea independiente de esta coyuntura. De ahí que la discusión que plantea Xabier Ioannes sea relevante aunque en buena parte vaya por otros derroteros. Por lo tanto voy a reproducir esos comentarios suyos procurando contestarlos y así exponer mis propias ideas.

Después de agradecer que me hiciera eco de su comentario en el post ya citado, añade educadamente:

«Probablemente tus reflexiones sean muy acertadas …Ahora bien, más en la situación de crisis y/o desaceleración que se vive , ¿no crees que es absolutamente legítimo la existencia de una Instituto Vasco de Finanzas que invierta o financie aquellas empresas con un marcado objetivo social?»

Supongamos que fueran las Cajas quienes hacen esta función. Entonces no necesitamos un IVF. Pero de hecho las Cajas hace tiempo que compiten en los mismos caladeros en donde pesca la Banca de manera que si queremos un IVF no veo porqué debería surgir desde las Cajas. Se podría organizar desde el propio GV con la anuencia de los supervisores financieros. Justamente porque esta anuencia sería muy difícil de obtener surge la iniciativa de usar las Cajas con embrión.

Demasiado complicado a mi juicio. Juicio éste que no es independiente del siguiente párrafo del comentario:

«Claro, al final se produce el debate de siempre, el que denomino de GHOSTPLAN (Plan Fantasma) o de GOSTPLAN (los planes quinquenales en la llamadas economía planificada).»

Efectivamente. Se trata de un plan fantasma que habría que sustituir por un plan de verdad. Pero, a mi juicio repito, todo plan de verdad se convierte en un plan fantasma, pero fantasma malo, de los que asustan y mucho. Pero dejando de lado estas disquisiciones Xabier Ioannes vuelve a la carga con la verdadera defensa de las cajas olvidando ya que estamos hablando de un IVF:

«…. creo que desde la gestión local con sus órganos y «entramados administrativos » pueden actuar de acicate o de nudge, como dices, para reactivar la economía desde abajo, devolviéndola a su lugar que es la gestión de unos recursos para con una comunidad determinadas por una política transparente y democrática. Se presupone que la Cajas de Ahorro tienen una función social.»

Dice bien que se presupone, pues a estas alturas ya ni siquiera se supone. Las Cajas principales han salido de su ámbito regional al que estaban destinadas, han olvidado su Obra Social y, hagan lo que hagan, nunca serán lo transparentes que debieran ser ni conseguirán que las cosas se decidan de abajo arriba. Y eso diga lo que diga la Constitución:

«Recordemos que la Constitución Española, define a España, ambiguamente como «Estado Social». Más tarde que nunca habrá que delimitar, tanto por por parte de las autonomías como por parte del Estado, cuales son claramente las funciones sociales básicas para el desarrollo de un País … Venga al caso, la cuestión de la Vivienda («los derechos no se se sortean», en la que muchas de esas Cajas de Ahorro, por cierto están denegando créditos para una necesidad básica …).»

A estas alturas y en relación a temas económicos no me parece sensato apelar a una Constitución que cita el pleno empleo como un derecho (que solo Anguita recordó alguna vez) y que define el sistema económico español como un sistema social de mercado: un engendro arbitrista difícil de entender. Si pienso esto parece lógico que encuentre el siguiente párrafo del comentario que estoy intentando glosar como un pensamiento excesivamente desmoralizado:

«Si tan en crisis estamos habrá que coger el toro por los cuernos, y desde la gestión privada y financiación pública a través de órganos públicos, como dicho y supuesto ICO o IVF vasco autogestionar las empresas (en el sentido más amplio del término: proyectos) que tengan una incidencia básica en el desarrollo económico y social del país (vasco y los otros), véase sector telecomunicaciones, energía, infraestructura … etc … e incluso si se diera el caso a las funciones básicas crediticias personales que se le presuponen a las Cajas de Ahorro si el Estado no cumple con sus obligaciones sociales en manos de éstos curiosos entramados publico-privados que muchas veces son las Cajas….».

A mi juicio ni estamos en una situación tan acuciante como para apelar directamente a la iniciativa pública, ni lo vamos a estar. Pero si lo estuviéramos no hay duda de que habría que utilizar el sector público como un acicate bastante más serio que un simple nudge y no necesariamente limitado a la financiación.

He aquí un buen tema de investigación: el papel de un sector público regional en una situación de crisis solapadas. Yo tengo mis ideas; pero dejémoslas para otra ocasión.

Líneas con el Banco Central

12 de septiembre de 2008

La crisis sigue su curso. Me interesa especialmente el sector financiero. Se dice desde hace tiempo que ya estamos en un problema de solvencia tal como muestra estos dos o tres últimos días el asunto de Lehman. Pero, aun así, seguimos preocupados por problemas de liquidez.

A este respecto la prensa se ha hecho eco del las mayores exigencias respecto de las contrapartidas para pedir liquidez barata que acaba de imponer el BCE. El asunto viene de lejos; pero lo curioso y preocupante es el diferente tratamiento de la situación de la banca española en distintos medios. Mientras los medios británicos se empeñan en subrayar el creciente nivel de las solicitudes de la Banca española, la prensa de aquí se defiende indicado la mucha mayor capacidad de la banca local para ofrecer contrapartidas mucho menos contaminadas.

Parece bastante obvio que estas informaciones no son inocentes y que los intereses nacionales afloran ineluctablemente cuando hay problemas serios. Lo interesante es que estas informaciones no son inocentes por mucha banca central que haya.

Malo dirán algunos. Bueno, digo yo, si somos capaces de captar en su significado pleno lo que significa la competencia. De ahí que el esfuerzo diplomático que destacaba el otro día me parezca el principio de la comprensión de esa competencia por parte del Gobierno de España.

Re-regulación e innovación

14 de septiembre de 2008

Quienes más se dedican a hablar de la crisis acaban no diciendo nada relevante ni del origen ni de los paliativos y parloteando desbordadamente de lo que tenemos que aprender para el futuro. Es irritante pero tiene mucho de adecuado.

En efecto, la crisis que estamos viviendo pone en juego desde la regulación bancaria, que ha permitido sacar fuera de balance algunos activos arriesgados sin cambiar las exigencias de capital, hasta las fórmulas de valoración de activos derivados y compuestos, que sin embargo han jugado su papel en el reparto de riesgos, pasando por las prácticas de las agencias de rating y hasta el cálculo realmente adecuado del indicador de inflación.

Lo que hay que enfatizar, sin embargo, es que no hay soluciones once and for all. El futuro de una economía libre no es obvio ni predecible; pero algo hay seguro.

No hay manera, y menos mal, de fijar su rumbo sobre su crecimiento potencial ni sobre ningún otro indicador. La teoría de los ciclos económicos nos han servido para tener que reconocer que hay una variedad amplia de shocks que pueden iniciar un cambio de ciclo y que la amplitud y el período de éste depende de multitud de factores incluyendo los errores en la regulación y en la política económica.

Si aplicamos estas ideas elementales al sector financiero, hoy en el centro de las turbulencias, nos vemos obligados a reconocer que las posibilidades innovadoras estarán siempre ahí e irán invariablemente por delante de los reguladores que pretenden aprender de los posibles desaguisados que esas innovaciones traen consigo. Que se especule con derivados no quiere decir que haya que acabar con estos. Y son precisamente las ideas de los innovadores las que sirven a los reguladores.

Por esa razón no hay que echar por la ventana las innovaciones, sino utilizarlas en la continua persecución de la salud del sistema. Este es el mensaje del último libro de Shiller que está claramente subrayado en esta entrevista que robo del blog de Mankiw y que merece la pena escuchar.

Si dejamos florecer la innovación observaremos dos cosas. Una continua carrera entre los innovadores y los supervisores y una enorme rotación entre los enriquecidos por la innovación. Ambas cosa me parecen dos características notables del sistema de libre mercado.

La avaricia como causa de la crisis

19 de septiembre de 2008

Claro que no tengo más remedio que hacerme eco de la «desaparición» de Lehman Bros. así como de los peligros en los que se mueve hoy mismo Morgan Stanley.

Pero me da rabia que las noticias siempre lleguen con retraso a la prensa normal desde los blogs que realmente las adelantan. Por esa razón voy a tratar de ir un poco por delante en al menos dos aspectos.

El primero hace referencia a la obvia, vieja y ya anunciada renuncia de los más serios liberales a su no intervencionismo ante la evidencia de su necesidad. Como ya dijo Keynes «cuando las circunstancias cambian yo cambio de opinión, ¿y usted?» Al respecto me parece conveniente recomendar lo último de Krugman editado por el maravilloso Mark Thoma.

El segundo tiene más enjundia aunque no lo parezca. Surge este segundo comentario de la síntesis de Almunia hace un par de días en una entrevista radiofónica. Vino a decir que la causa de la crisis, en resumen, habría que localizarla en la avaricia.

Ciertamente la crisis tiene su parte de crisis de oferta debida a la subida de los precios de materias primas y especialmente del crudo; pero ni es tan seria ni, en consecuencia, va afectar dramáticamente al crecimiento potencial de la economía mundial o a la española. La flexibilidad del precio de ese crudo es notable, por lo que creo que en poco tiempo estaremos de vuelta a precios razonables que no quiere decir bajos sino sostenibles.

Pero la parte más seria de esta crisis viene por parte de la demanda agregada y tiene que ver con la sequedad del crédito resultante de la falta de confianza de unos bancos en otros debida a la actividad extremadamente avariciosa de algunos bancos como Lehman que han tratado de financiarse a través del activo empaquetando instrumentos de activo que llevaban aparejada su clasificación crediticia, independientemente de la calidad de los componentes del paquete, y que, a su vez, servían para que tímidamente en el mejor de los casos otros bancos hicieran lo mismo empaquetando con aditamentos los paquetes comprados a Lehman.

Esto también era conocido hace tiempo de la misma forma que ya fue anunciado que era difícil romper esa especie de equilibrio que se había formado entre los avariciosos pues no era cuestión del ajuste de algunos precios relativos, aunque había formas, si uno entendía bien el problema, de romper el equilibrio distinguiendo entre bancos. Esto ya ha llegado y aunque nunca se pueden olvidar las posibles sorpresas yo me atrevería decir que esta parte de la crisis también está a las puertas de solucionarse.

Si estuviere en lo cierto, y mi a puesta es a muy corto plazo de forma que nadie pueda decirme que «largo me lo fiáis», lo ocurrido será el primer ejemplo de que el Capitalismo que Viene está muy lejos de haber superado los ciclos pero ha hecho de ellos un instrumento rapidísimo de limpiar los diferentes mercados de abusos estúpidos. La solución cambiará el listado de ricos y poderosos y dará nuevas oportunidades a los parados.

Pero la solución definitiva que nunca ha de llegar pasará en cualquier caso por introducir la noción de holgura como paliativo a la avaricia.

N.B. Termino de redactar lo que antecede, enciendo el televisor para ver el telediario y me entero de la enorme subida de los bancos en la sesión bolsística de hoy. Sin comentarios.

El gran rescate y sus incógnitas

21 de septiembre de 2008

Los periódicos de hoy domingo parecen haberse dado cuenta de lo que está pasando. Parece que el movimiento conjunto de la Fed y el Tesoro para convencer al Congreso de que hay que intervenir les ha despertado de su modorra.

Pero como siempre llegan tarde y encontramos cosas más interesantes en la Red. Krugman, por ejemplo, nos cuenta que, en lo que respecta al rescate de las instituciones financieras americanas cercanas a la quiebra, no está de acuerdo. Su voz se junta a los que dicen que no les gusta un sistema en el que los beneficios son privados y las pérdidas son socializadas. Entre estos llama la atención la contundencia de Luigi Zingales de la Graduate Bussines School de la Universidad de Chicago:

«The decisions that will be made this weekend matter not just to the prospects of the U.S. economy in the year to come; they will shape the type of capitalism we will live in for the next fifty years. Do we want to live in a system where profits are private, but losses are socialized? Where taxpayer money is used to prop up failed firms? Or do we want to live in a system where people are held responsible for their decisions, where imprudent behavior is penalized and prudent behavior rewarded? For somebody like me who believes strongly in the free market system, the most serious risk of the current situation is that the interest of few financiers will undermine the fundamental workings of the capitalist system. The time has come to save capitalism from the capitalists.»

A nadie le puede gustar esto; pero no estoy seguro que la cosa sea tan simple.

Cuando al principio de los 90, Suecia no tuvo más remedio que salvar su sistema financiero, el Gobierno se quedó con los créditos malos y al cabo del tiempo éstos recuperaron su valor. Supongo que esa recuperación se utilizó para favorecer a aquellos que había prestado, voluntaria o involuntariamente, su apoyo a la operación.

Krugman quiere saber que esto va ser así antes de pronunciarse a favor del plan de rescate. Parece correcta su postura; pero se agradecerían ideas para imitar hoy a los suecos de hace 20 años.

Mi idea sería la constitución de un «bad bank» con capital público mínimo y gestionado por un sindicato de perjudicados como los que han empezado a moverse en la red según cuenta David de Ugarte en referencia a los que lo han sido por Lehman. No tiene porqué trabajar como un banco normal sino simplemente gestionar su cartera de malos créditos aprovechando toda pequeña mejoría de la situación para recuperar valor a entregar a los paganos iniciales.

Becker se posiciona

29 de septiembre de 2008

Ha tenido que ocurrir algo serio en los EEUU de América –el gran rescate– para que los economistas académicos hagan oír su voz. Allí, porque aquí su rumor sigue siendo como un susurro. Las interpretaciones que Mankiw ha seleccionado están muy bien; pero lo que me ha gustado mucho es el posicionamiento de Gary Becker quien de manera sencilla, pero exhaustiva, nos da su opinión. La opinión de un serio conservador no intervencionista que acoge el rescate con más entusiasmo que algunos liberales americanos.

Por si sirve para algo voy a tratar de traducir algunos de los párrafos más relevantes del post de Becker. Quizá debiera comenzar por el último, un ejemplo paradigmático de la actitud del académico. Ese último párrafo es, desde luego, el colofón ineludible de un académico que se da cuenta de que hay un problema, que éste llama a su inteligencia y que existe el peligro de la sobrereacción de aquellos que se toman como gente práctica y resolutiva:

«Estos tiempos son excitantes y turbadores…. Los mercados financieros han sido heridos seriamente y los derivados y otros instrumentos financieros modernos han caído bajo una nube oscura de sospecha…. merecida en buena parte ya que incluso los grandes protagonistas de los mercados financieros no entendían lo que estaban haciendo. De hecho estos instrumentos financieros han sido normalmente valiosos, ya sea como lubricantes de los mercados de activos y como apoyos al crecimiento económico así como en la creación de valor… Reformas serán necesarias pero debiéramos ser muy cuidadosos en no perjudicar las funciones legítimas de estos poderosos instrumentos de las finanzas modernas.»

Y para continuar esta especie de introducción a su toma de posición, me parece adecuado ofrecer su párrafo anteúltimo en el que sale al paso de las exageraciones sobre la magnitud de la crisis:…

«… la magnitud de esta crisis debe ser puesta en perspectiva. Aunque es la crisis financiera más severa desde la Gran Depresión se trata de un crisis mucho más pequeña especialmente en términos de su efecto sobre el output y el empleo. Durante la década de 1931 a 1941 los Estados Unidos tuvieron alrededor del 25 por ciento de desempleo así como caídas muy pronunciadas del PIB. El PIB americano durante esta crisis no ha caído todavía y el desempleo ha alcanzado solo un 6 1/2 por ciento. Ambas cifras aumentarán probablemente de manera considerable pero no se acercarán ni de lejos las de los años 30.»

Pero yendo ya al corazón de su exposición, ésta comienza recordándonos los últimos hechos financieros relevantes, una lista que ha aumentado enormemente en los últimos días:

«Merryl Lynch accedió a ser vendido al Bank of America….. Lehman Bros …entró en la mayor bancarrota de la historia de América… la absorción parcial de AIG…»

Ante la reacción negativa de Wall Street…

«…el Tesoro extendió el seguro de depósitos a los fondos de dinero..la Fed comenzó a admitir papel comercial como colateral de préstamos a los bancos de inversiones y comerciales.. y el Tesoro animó a Fannie Mae y Freddy Mack a seguir comprando mortgage backed securities».

Ante esta situación se pregunta retóricamente Becker si no estaremos asistiendo por enésima vez a la crisis definitiva del capitalismo global. Su conclusión es muy clara lo que parece que deja traslucir un cierto optimismo respecto a la duración de la crisis que, uno infiere inmediatamente es solo financiera.

«I expect robust world economic growth to resume once we are over the current severe financial difficulties.»
(Espero un crecimiento mundial robusto en cuanto sobrepasemos las severas dificultes financieras presentes)

Y comienza a preguntarse si el gran rescate llevado a cabo conjuntamente por la Fed y el Tesoro está justificado. Y aquí su contestación es clara y honesta:

«A pesar de mis profundas preocupaciones acerca de pechar con un aumento tan grande en el control gubernamental sobre las transacciones financieras, he concluido muy a mi pesar que esta sustanciosa intervención estaba justificada a fin de evitar un gran colapso a corto plazo del sistema financiero que hubiera podido llevar al mundo a una depresión muy considerable.»

A pesar de ello es muy consciente de los peligros y los expresa con claridad. El primer peligro es el tamaño de los fondos que habría que exigir los contribuyentes. Su opinión es mesurada y compone una cita valiosísima viniendo de donde viene. La cifra de los 700 mil millones de euros es

«..una magnitud…muy improbable mientras la economía no caiga en una gran depresión sostenida … muy improbable. Incluso es posible que el gobierno haga dinero…de la misma forma que la Resolution Trust Corporation que se hizo con muchas cajas de ahorros durante la crisis de los ochenta no perdió mucho dinero si es que lo perdió. Mediante la compra de activos cuando están bajos y la espera a que amaine, puede haber un beneficio cuando finalmente se venden al sector privado….»

Pero naturalmente hay problemas de azar moral tantas veces destacados por los conservadores

«…por un lado, las carteras de los accionistas y de los gestores de Fannie y Freddie, Bear Stern, AIG y Lehman Brthers han sido ya completamente barridas de manera que no se les ha evitado pérdidas serias. Por otro lado eso hace difícil levantar capital adicional e compañías en apuros porque los suministradores de capital esperarán que su capital sea barrido en cualquier programa de asistencia al que se vea forzado el Gobierno.»

«Además que los tenedores de bonos en Bear Sterns y esas otras compañías estuvieran casi completamente protegidos implica que la financiación futura va a estar sesgada a favor de los bonos y contra las acciones puesto que los tenedores de bonos esperarán protección contra las respuestas gubernamentales contra adversidades futuras que no está disponible para el accionariado.»

Pero no acaban ahí sus preocupaciones:

«El aseguramiento total de los fondos de dinero en los bancos de inversión también plantea problemas de riesgos serios del tipo de azar moral. Puesto que un aseguramiento así no es probable que sea temporal, estos bancos tendrán un incentivo a asumir todavía más riesgo en sus inversiones puesto que sus obligaciones a corto plazo en los fondos de dinero de los depositantes en mercados de dinero tendrán una protección gubernamental completa.»

En este punto aparece lo más atractivo de este límpido comentario y lo más característico de una menta limpia. Se trata de sus comentarios sobre la prohibición de actuar al descubierto:

«Las ventas al descubierto no han causado la crisis pero reflejan las creencias acerca de cuánto va durar. Tratar de impedir que las creencias sean expresadas elimina información sobre esas creencias. Su prohibición (de esas ventas al descubierto) puede también causar un a mayor pánico en otros mercados.»

Dejando a un lado las consecuencias políticas de lo que está pasando, centra ahora su atención en la ineluctable nueva regulación:

«Que vaya a haber nuevas regulaciones de las transacciones financieras es una certidumbre, pero saber si al final ayudarán más que molestarán al funcionamiento de los mercados de capital no está nada claro…regulaciones mal concebidas tales como la restricción permanente sobre las ventas al descubierto o la desincentivación de la securitización de activos, reducirán la eficiencia de los mercados financieros en los Estados Unidos y trasladarán cada vez mayores cantidades de transacciones financieras a Londres Shanghai, Tokio, Dubai y otros centros financieros.»

Claro que faltan otros detalles de la situación que también han sido ampliamente debatidos, pero aquí tenemos al fin la una opinión de alguien que no es cualquiera. Becker es un premio Nobel de una cierta edad que finalmente y sin ser un macro economista no puede reprimir el deseo de poner un poco de orden mental en la discusión.

Espero que este esfuerzo de traducción, quizá innecesario para algunos, sirva para que muchos estén mejor informados que lo que estarían por la mera lectura de la prensa diaria.

Notas

[1] Este artículo es un alegato en contra de la tentación autoritaria que emerge en las actuales angustiosas circunstancias de incertidumbre y deterioro económico. En este contexto, la apelación a un Leviatán salvador aparece por doquier. Pero una cosa son las incongruencias de facto en el proceso globalizador que estamos viviendo, muchas de ellas consecuencia de la falta de coherencia entre la magnitud global de los problemas y la preponderancia jurídica de un Estado-nación superado por los mismos; y otra cosa apelar a soluciones autoritarias, que serían empobrecedoras desde un punto de vista económico y, además, liberticidas.

[2] No puedo evitar pensar que lo que JU le adjudica aquí a Zubiri como indómito, como irreductible en su decisión de ejercer la libertad de modo pacífico, le es plenamente aplicable a JU (lo de adjudicar esos rasgos personales al carácter vasco, reconozco que me hace sonreír un poco, pero no dejo de reconocer que la mayoría de mis amigos vascos «casualmente» responde a esas características).

El Gran Rescate

Crónica de una crisis | Octubre 2008

 

Prólogo

Si en el mes anterior «el ogro se insinuó», nos paseamos todos (conscientemente o no) sobre el abismo y , como consecuencia de ello y del «paquete de rescate» estadounidense, la profesión se manifestó con bastante profusión al otro lado del Atlántico, en este mes hay una «artículorrea» (sea dicho sin ningún carácter despectivo) en el blog de JU: el propio JU escribe sobre la crisis bastante más que en los meses anteriores y, además, economistas españoles de fuste se mojan también, fuera y en el blog de JU. En concreto, Teo Millán y Carlos Cuervo tienen un papel claramente protagonista en el blog de JU durante este mes de octubre. Con tanto muy bueno entre lo que elegir, resulta difícil efectuar una introducción concisa, pero se intentará.

Nuevamente es lo financiero lo que predomina en este mes, en el cual ya se ha constatado que varios países de nuestro entorno están en recesión.

JU manifiesta su esperanza de que el Gran Rescate, llevado a cabo por el Tesoro estadounidense con el apoyo de la Fed, será justamente el mecanismo que, cual gran «ciberturba» (en concreto mediante la formación de un bad bank al que los bancos pueden vender sus malos créditos), permita conseguir un equilibrio separador de bancos buenos y malos y, en consecuencia, permita salir del impasse existente en los mercados de crédito.

Sus «bloggers invitados» Teo Millán y Carlos Cuervo no son tan optimistas respecto a los resultados inmediatos sobre el crédito. El primero considera que, en una situación de «corner» de liquidez, el mero anuncio de inyectar liquidez es insuficiente: hace falta que la liquidez se inyecte de modo efectivo. Por otra parte, se hace necesario un ejercicio de información y transparencia adicional sobre los balances bancarios (no se dice aquí expresamente, pero en esa línea fueron luego los stress tests), una revisión de la regla del «mark to market»… humildad respecto a las posibilidades reales que ofrece la regulación financiera… y la conveniencia de sacar del «baúl de los recuerdos» la idea de bancos con 100% de reservas, «que se ocuparían de las transacciones y de atender a los depositantes que deseasen plena seguridad para su dinero…» (bancos «sin riesgos», puros depositarios).

También se apunta por Carlos Cuervo al problema que va a suponer el trasvase de deuda privada a deuda pública; y no sólo por el previsible incremento de la inflación a medio plazo, como la experiencia de 2010 ha demostrado…

Una opinión (¿ingenua?) de un optimista

4 de octubre de 2008

– Publicado en Expansión –[1]

El mundo financiero va muy rápido, tanto hacia abajo como hacia arriba. En cuanto los bancos lleguen, si no han llegado ya, al conocimiento común de sus balances cuya falta torpedeaba la confianza mutua, el crédito aparecerá de nuevo y los negocios retoñarán con excepción, claro está, de aquellos cuya desnudez la crisis ha destapado.

A pesar de todos los pesares y de la nociva incertidumbre hasta el final de la semana, El Gran Rescate ha sido finalmente aprobado. Aunque se haya perdido un tiempo muy valioso sigo siendo optimista respecto a la situación económica general, sin especial referencia a ningún país en concreto. ¿Estoy loco?; ¿soy un ignorante?; ¿quizá un ingenuo?

Antes de meterme en harina quizá convenga citar la opinión de Becker en su Blog para tratar de dimensionar correctamente la situación:

«la magnitud de esta crisis debe ser puesta en perspectiva… Durante la década de 1931 a 1941 los Estados Unidos tuvieron alrededor del 25 por ciento de desempleo así como caídas muy pronunciadas del PIB. El PIB americano durante esta crisis no ha caído todavía y el desempleo ha alcanzado solo un 6 1/2 por ciento».

Aunque en Europa ya haya tres países en recesión, lo conveniente ahora es serenar la mente y pensar sobriamente en formas de evitar que esa recesión técnica se extienda lo menos posible. Mi optimismo consiste en creer que ahora estamos cerca de conseguir esto. Pero para justificar ese optimismo es conveniente recordar la naturaleza de esta crisis.

Ya dije en su día (Expansión, Julio 2008) que se trataba de crisis solapadas, entre ellas la inmobiliaria que no necesita de mayor comentario. Decía entonces que:

«lo que importa (ahora) es que, ante la imposibilidad de estar seguros de cuales son los bancos tocados o el tamaño de los daños causados a sus balances, tenemos que movernos en el contexto de una crisis financiera de confianza (crisis de demanda) y enfrentar simultáneamente un aumento serio del precio del crudo (crisis de oferta)».

Pues bien, ya casi no nos acordamos de la crisis de oferta y de sus distintas explicaciones. Ya no pensamos que todo era una cuestión especulativa. Ahora, después de unas bajadas sustanciosas del precio del crudo, sabemos que el crecimiento de países muy grandes y emergentes, más la razonable necesidad de garantizar aprovisionamientos en el mercado de futuros, explican la mayor parte de la subida. Ha bastado una cierta reducción de la demanda de los países tocados por la crisis propiamente económica para que los mercados de futuros hayan ayudado al descenso del precio de esta materia prima tan crucial.

Lo que ahora preocupa seriamente es la crisis de demanda correspondiente a la sequía crediticia. Y a este respecto me sigue pareciendo adecuado lo que ya dije en el artículo de Junio de Expansión:

«Esta sequedad del crédito a la que quiero referirme, se debe … a que los bancos se encuentran en una especie de equilibrio que solo puede persistir porque no se deciden a desnudarse simultáneamente haciendo conocimiento común (el que se da cuando yo sé que tu sabes que yo sé… en una recursión infinita) lo que es, hablando técnicamente, un mero conocimiento mutuo de orden N (el que se dice existir cuando la recursión anterior no es infinita sino solo presenta una cantidad finita de revueltas menor de N)».

Aunque no con estas palabras, esto es hoy ampliamente aceptado. Pero también mencionaba entonces lo que me parecía la salida adecuada:

«es muy posible que se necesite un organismo central que juegue el papel de lo que, en otros contextos menos serios se llamó una «ciberturba», y que, al juntar a todos los bancos con los balances reales entre los dientes en un momento determinado, lograría ese conocimiento común. Este habría de ser uno de los papeles que debería jugar un Banco Central, el de convocar esa gran «ciberturba».

Pues bien, lo que hará el Gran Rescate, con el apoyo obligado de la muy independiente Fed (que ya anuncia una bajada espectacular de tipos) será justamente la organización de esa gran «ciberturba» mediante la formación de un bad bank al que los bancos pueden vender sus malos créditos, fruto de la emisión de derivados envenenados por la inclusión en el paquete de hipotecas basura. Esto permitirá que la situación de todos sea conocida por todos y que nadie deje de saber que los demás saben, recuperando así la confianza perdida. Creo que, efectivamente, es así porque la tentación que pudiera acechar a algunos bancos de fingir una salud que no tienen, evitando traspasar sus créditos malos a ese bad bank cuando toque, es perfectamente resistible ya que, a partir de ese momento y aunque pudieran encontrar crédito a precio razonable en otros bancos, iba a ser muy difícil encubrir sus verdaderas cuentas. Todas las pegas que se pusieron a ese rescate y que lo frenaron en primera instancia era comprensibles pero o eran difíciles de salvar y, en cualquier caso, su importancia era de segundo orden.

La intervención me parece necesaria aunque algunos pensaran que daba igual lo que hiciera la Cámara de representantes puesto que el mercado ya había efectuado las depuraciones necesarias para recuperar la confianza poniendo a cada banco en su sitio. Pero yo sigo creyendo que era necesario y para convencerles cito otra vez a Becker nada sospechoso de proclividades intervencionistas:

«A pesar de mis profundas preocupaciones acerca de pechar con un aumento tan grande en el control gubernamental sobre las transacciones financieras, he concluido muy a mi pesar que esta sustanciosa intervención estaba justificada a fin de evitar un gran colapso a corto plazo del sistema financiero que hubiera podido llevar al mundo a una depresión muy considerable».

Sin embargo y a pesar de esta necesidad, hay que considerar las objeciones que se han esgrimido.

Se ha aducido, en primer lugar, que la intervención socializa las pérdidas cuando los beneficios fueron presumiblemente privados. No es cierto del todo, para empezar, que nadie se beneficiara en exclusiva de los buenos resultados del uso de la innovación financiera, sino que, más bien se benefició todo el mundo en mayor o menor medida.

Para continuar hay que dejar constancia de que todos los ciudadanos son contribuyentes, de manera que todos arriman el hombro. Y, para terminar con esta primera objeción, es muy posible que si y cuando el bad bank pueda salir a flote (como ya ha ocurrido en otros casos como el caso sueco de principios de los años 90) los ciudadanos recuperarán sus contribuciones de una u otra manera.

No se puede negar, en segundo lugar, que es un poco feo que se paguen los paquetes de incentivos y bonuses que resultan de la gestión anterior puesto que, presumiblemente, esa gestión está en el origen de lo que pasa ahora. Pero creo que cuantitativamente es una cuestión menor, que esos gestores tenían un contrato claro, que fueron unos innovadores y que, en cualquier caso, el asunto podría solventarse ante los tribunales si alguien sospechara de la existencia de dolo en la actuación de estos gestores. En tercer lugar, la exigencia de una especie de agencia especializada para la supervisión de ese bad bank me parece adecuada y suficiente para dotar al procedimiento diseñado de transparencia y ganar la confianza del contribuyente.

Respondidas así las principales objeciones, creo que estoy en disposición de defender que mi optimismo no me parece descabellado. El mundo financiero va muy rápido, tanto hacia abajo como hacia arriba. En cuanto los bancos lleguen, si no han llegado ya, al conocimiento común de sus balances cuya falta torpedeaba la confianza mutua, el crédito aparecerá de nuevo y los negocios retoñarán con excepción, claro está, de aquellos cuya desnudez la crisis ha destapado. Llevará algún tiempo, pero el peligro del descalabro me parece ya lejano a pesar del ruido europeo y de las dificultades de nuestro continente para coordinar políticas con rapidez.

No me creo pues ni loco ni ignorante aunque quizá sí un poco ingenuo pues me olvido de detalles más o menos sórdidos que no van a dejar de jugar su papel. No me refiero al ya mencionado precio del crudo al que habrá que prestar la atención debida, sino más bien a todas las concesiones que ha hecho el Senado americano por razones puramente electorales y, sobre todo, a la industria de expertos y asesores que ahora nos van a marear con la tumba del capitalismo, con los inminentes cambios geopolíticos, con la necesidad de una nueva y global regulación y con la necesidad de transparencia.

Aprobado el Gran Rescate

4 de octubre de 2008

El Gran Rescate ha sido finalmente aprobado. Ha sido una exhibición de lo que es la democracia americana en funcionamiento. Hemos visto la no despreciable independencia de los padres de la patria y cómo éstos responden a sus intereses electorales particulares más que al interés nacional, todo ello disfrazado de cuidado por los perdedores. Hemos visto la capacidad de presión de los partidos que, a pesar de lo anterior, han mantenido cierta disciplina. Todo bastante feo, excepto que es un procedimiento mejor que cualquier otro en la práctica, aunque haya procedimientos limpios mejores que éste en la teoría. Lo que me admira es que casi todo el mundo, incluyendo los políticos, parecen optar por la ética de la responsabilidad más que por la ética de los principios. Léanme hoy en Expansión.

Apostillas a un magnífico artículo

7 de octubre de 2008

Michele Boldrín escribe hoy en El País un artículo que debiera ser obligatorio. No es que su explicación de lo que ha pasado sea novedosa; pero sí será interesante examinar, en otra ocasión, las alternativas que propone. Hoy, sin embargo lo que quiero hacer son unos simples comentarios que surgen inmediatamente de la lectura de su magnífico artículo En primer lugar sí que hay economistas serios que, a su pesar, admiten el Plan Paulson. En mi artículo del sábado pasado en Expansión citaba expresamente a Gary Becker. Por lo tanto su afirmación inicial de que la mayoría de los economistas americanos consideran el Plan Paulson un mal plan, debe complementarse con el comentario de que muchos de ellos, a pesar de esa opinión, lo han defendido porque ya no había mucho tiempo que perder y porque eran capaces de ver remedios a algunos de los defectos de diseño.

Por otro lado, la llamada a la opinión pública firmada por lista de 1.500 economistas americanos, o trabajando en los USA, y en la que aparecía el nombre de Michele, apareció tarde y solo pedía algunos retoques que más o menos ya se han hecho a lo largo del proceso legislativo. Era una llamada a la opinión pública sumamente suave y no entraba en las medidas con las que Michele termina su artículo.

Por otro lado, hay otras listas que se pueden ver en una nota que se atribuye a Paul Romer y que me llega a través del blog de Mankiw.

Para terminar, no es fácil estar de acuerdo con las razones que aduce para justificar su opinión de que el Plan Paulson no resuelve el lemons problem que a través de la información asimétrica hace que no haya mercado para los préstamos entre bancos. El Gran Rescate sí que genera incentivos a eliminar la asimetría informacional. No hay hoy ningún banco por avispado que se crea, capaz de utilizar esta ocasión oportunistamente.

Pero estas apostillas no deben empañar las ideas de Michele. Son inteligentes sin duda aunque, desde el punto de vista de la profesión, me atrevo a decir que llegan tarde. Quizá sirvan para la situación europea. Seguiremos.

La profesión

9 de octubre de 2008

Me preguntaba Alberto Lafuente que qué opino sobre el estruendoso silencio de los economista estos últimos tiempos en los que la sociedad hubiera necesitado oír una voz serena y sabia.

Su voz sí que se ha oído en otros ámbitos.[2] En los EEUU no solo hemos oído en la red la voz de premios Nobel, sino que también hemos visto la firma de más de mil economistas poniendo pegas a bail-out y la opinión escrita de una media docena de ellos, como Krugman o Stiglitz se ha prodigado.

Aquí entre nosotros el silencio, efectivamente, es estruendoso. El Gobierno anunció la convocatoria de un panel de sabios que se reunió una vez y nunca más se supo. Los economistas de universidades y centros de investigación han seguido, como siempre, a lo suyo. O bien sin hacer nada o bien trabajando mucho en su propio campo, pero sin levantar los ojos del paper que están escribiendo o reescribiendo para publicación. Ni siquiera los últimos días, y con las excepciones de siempre, hemos disfrutado de una buena mente pensando en el contagio europeo de la crisis financiera. Se ha entrevistado a algunos conocidos economistas seniors o a jefes de Servicios de Estudios de Bancos o Cajas; pero lo que la profesión como tal tiene que decir no corresponde a lo que estas personas más o menos sabias o bienintencionadas han dicho.

¿Por qué esta mudez? Es difícil de explicar. Tenemos brillantes economistas tanto macro como micro así como especialistas en finanzas que no parecen dispuestos a ilustrarnos. ¿Por qué? La única respuesta que se me ocurre es que, seguramente, a la mayoría de los economistas profesionales no les gusta la economía. O, al menos, no les gusta como les gusta a Stiglitz o Krugman.

Yo creo que les gusta la imagen de sí mismos como científicos; pero no la materia sobre la que se supone trabajan.

¿Reacciona la profesión?

10 de octubre de 2008

Hace solo dos días me quejaba de la profesión de economistas que, como tales, han guardado silencio fascinados por el espectáculo. Pero héteme aquí que hoy los blogs de Tyler Cowen , Mankiw y Thoma (que recoje las ideas de Krugman) y que cuelgan de mi Feevy, vienen repletos de ideas sobre la sugerencia de capitalizar los bancos con problemas.

Pero lo más bonito es que dos amigos, Teo Millán, asiduo de este blog, y Carlos Cuervo (que espero me perdone que lo de a la publicidad) me regalan, y no solo a mí, sino a otros amigos, sus ideas sobre lo que habría que hacer. He envuelto estos dos comentarios en un solo paquete que pueden consultar aquí.

No se pierdan tampoco el artículo de Alfredo Pastor en El País de hoy sobre la emergencia silenciosa de China. Y él sabe de lo que habla.

Reverse auctions

10 de octubre de 2008

El problema principal de los activos financieros dañados que han puesto en jaque al sistema financiero mundial y todavía lo tienen agarrado por el cuello, era que no se sabía su precio, entre otras razones porque no había mercado para ellos. El Gran Rescate americano es el equivalente de ese mercado que debieron organizar los bancos centrales, pero que no hicieron quizá porque nunca supieron el tamaño de los stocks de tales venenos.

El precio parece que se va a fijar a través de subasta en reversa, las opuestas a las subastas directas a las que estamos acostumbrados. En éstas, un vendedor quiere soltar uno o varios objetos y hay varios compradores potenciales que pujan por ellos. Estas pujas se organizan al alza (subasta inglesa) o hacia abajo (subasta holandesa). Sin embargo en las subastas inversas uno o varios compradores quiere hacerse con uno o varios objetos de uno o varios suministradores que compiten entre ellos para colocar su objeto. En esta caso la subasta inglesa funciona con pujas a la baja y la holandesa con pujas al alza.

Esta última subasta holandesa inversa va a ser, presumiblemente, el procedimiento que va a utilizar el Tesoro estadounidense, o un instrumento ad hoc –como el bad bank por ejemplo– para quedarse con la posible competencia de algunos bancos comerciales, con los activos dañados que los bancos de inversión tienen en su cartera aunque fuera de balance y sin consumir capital.

Supongo que hay compradores potenciales varios. No solo el Tesoro americano, sino también bancos privados que podría pujar por el paquete que saque un banco determinado.

El banco dañado quiere vender ese paquete y lo puede hacer solo bajando el precio. Luego debe ser una subasta a la holandesa (sería inglesa si fuera una forward auction) de forma que los potenciales compradores van subiendo su puja.

En estas circunstancias, este tipo de subasta es la buena pues es equivalente a la de sobre cerrado al segundo precio, que a su vez sabemos que es ganada con una puja que revela el valor real que el objeto tiene para el comprador.

Nótese también que los vendedores tienen que empezar por fijar un precio muy bajo si quieren librase de ese activo o paquetes de activos dañados. De ahí que es posible que haya «gangas» para alguien que pueda permitírselo. Lo interesante de utilizar una subasta es que finalmente sabremos el precio de «cosas» que no se han tranzado en el mercado por falta de mercados justamente. Y sabremos, claro está, la diferencia entre lo que parecían valer cuando se emitieron con todas las bendiciones y lo que realmente valen esos activos sintéticos fabricados de manera ad hoc.

Termino diciendo una vez más que éstas son las ventajas de esa especie de artefacto de ingeniería económica que son las subastas.

Mark to market

11 de octubre de 2008

La contabilidad es cosa menos sencilla que lo que parece. Se pretende, y con razón, que sea un instrumento de información fidedigno. Pero le pasa como a los mapas.

Estos no pueden reflejar simultáneamente todas las características de un territorio y la contabilidad no siempre puede reflejar correctamente las complejidades de una coyuntura económica.

Y de la misma forma que una nueva proyección de la esfera en el plano no tendría sentido como parte de una disputa geopolítica, por ejemplo, tampoco tiene sentido cambiar las reglas contables para arreglar el balance de una institución financiera.

La idea de contabilizar lo que sea a precios de mercado está muy bien… cuando hay mercado. Cuando lo que falta es el mercado hay que contabilizar lo que sea a Fair Price o precio razonable, cosa sumamente complicada que da origen a las más variadas sugerencias dependiendo de cómo tenga uno su propio balance.

Antes de inventarnos una nueva contabilidad deberíamos hacer un esfuerzo para que los mercados que se han parado reinicien sus operaciones. Casi todas las medidas pretenden esto, pero no todas tienen la misma posibilidad de conseguir lo que pretenden.

Así como un mercado con información asimétrica deja de funcionar en ausencia de agencias que garanticen de alguna manera una información creíble, los mercados financieros necesitan unas agencias como esas pero renovadas pues las existentes no han funcionado. Necesitamos market makers y éstos no pueden ser más que los bancos que ocupen puestos de honor después de la depuración de los últimos días o semanas o que los ocuparán dentro de muy poco tiempo cuando el Gran Rescate, o cualquier otro arreglo similar, sirva como screening device para separar los buenos bancos de los malos.

Para ello es necesario que un mal banco no quede convertido en un buen banco después del rescate. Hay muchas formas de lograr eso con rapidez. Pero una vez discriminados, son estos buenos bancos los que tendrían que organizar el simulacro de mercado que acabe asignando los paquetes tóxicos mediante el tipo de subastas de las que hablaba el otro día.

Esta operación les debiera reportar ciertos beneficios pues se trata de premiar a los buenos y penalizar relativamente a los malos.

Caeteris paribus: (Teo) Millán continúa

13 de octubre de 2008

Esto parece una carrera de resistencia. Una carrera entre la velocidad a la que escribe Teo Millán de economía (no sé cómo es de rápido con la poesía) y mi capacidad de transformar sus e-mails en posts. Pero después de haber llamado la atención a la profesión por su silencio, nadie mas va ganar esta carrera.

O sea que ahí va.

CAETERIS PARIBUS

Abundando en las reflexiones de la semana pasada, que Juan Urrutia ha posteado en su bloq, parece que lo acordado este fin de semana por las autoridades europeas va directo al corazón de la «desconfianza», al garantizar los préstamos en el interbancario, lo cual suena bien, salvo porque se puedan derivar costes inestimables de dichas garantías. Pero tiene un elemento prometedor en que puede dar lugar a un self-fulfilling equilibrium, en que el propio sistema se auto-sostenga y, alas!, sea innecesario intervenir (i.e, no se lleguen a materializar los riesgos asumidos por la autoridad). De hecho, la materialización de garantías parece que sólo debiera ser necesaria ante la quiebra de alguna institución. Pero, dado que el Gobierno ha dado muestras claras de no estar dispuesto a dejar que «caigan» las instituciones financieras (relevantes), el plan de garantías significa de hecho una reiteración de lo mismo ya anunciado, puesto que si se podría acabar teniendo que pagar los platos rotos de una institución financiera, qué más da garantizar de entrada los créditos que en cualquier caso habrá que acabar pagando. Y, de paso, si los mensajes de apoyo del gobierno no han resultado «creíbles» hasta ahora, traduciéndolos en algo más inmediato podrían acabar por calar. Porque la gran virtud de las nuevas medidas de garantizar el interbancario, es que pueden tener efectos inmediatos.

Pero quería hacer otra reflexión, ahora que está poniéndose de moda buscar culpables (y qué mejor figura que la del banquero avaro y sin escrúpulos, o incompetente). La reflexión creo que se sintetiza bien en la siguiente paradoja:

«O bien la autoridad no ha sido capaz de anticipar el cambio radical de panorama económico porque este no era anticipable, o porque se carecía de un modelo de anticipación suficientemente eficaz, en cuyo caso, ¿cómo culpar a los «banqueros»?, o bien la autoridad debiera haberlo anticipado, y podía haberlo hecho, al igual que los «banqueros», en cuyo caso, ¿cuál es la responsabilidad de la autoridad por no haber actuado a tiempo?.»

Lo cual nos lleva al concepto de caeteris paribus. La micro tradicional predica la irrelevancia de las actuaciones de los agentes individuales para afectar al equilibrio. Dicha irrelevancia se traduce en que los agentes han de tomar como «dado» dicho equilibrio. Dicha lectura lleva por tanto a eximir a los «banqueros» al aplicar criterios de asunción de riesgo en sus inversiones crediticias que asignaban estabilidad al sistema. Que un comportamiento sincronizado de los agentes es lo que mueve el equilibrio es evidente; que la actuación sincronizada implique alteraciones sustanciales del equilibrio y que dichas posibles alteraciones sean anticipables es la parte complicada de la ecuación. Los modelos dinámicos muestran equilibrios self-fulfilling, incluso sun-spot equilibra, que sólo requieren «sincronización» en las creencias de los agentes. La cruda realidad es que los economistas no sabemos cómo eliminar la posibilidad de tales equilibrios; es más, sabemos muy poco de qué los puede sustentar. Y sin embargo parece que las medidas adoptadas van justo en la dirección de tratar una situación de cambio de comportamientos por cambio de expectativas. Tal vez aprendamos algo al respecto con el resultado del tratamiento aplicado. Aunque insisto en que además de la medidas de apoyo directo a las instituciones, bien con compra de activos, bien con garantías de líneas de liquidez, parece faltar la última pata, la referente a información y transparencia sobre los activos en los balances de las instituciones, que podrían necesitar de un plan de auditoría adicional, y/o una revisión a fondo de ciertas normas contables que podrían no ser neutras al forzar comportamientos en los agentes que, a nivel agregado, pueden resultar perversos, como el mark to market en situaciones como la actual. No se trata, como apuntaba Juan en su blog de «favorecer» a ciertas instituciones con artilugios contables, si no de evitar que el sistema esté anclado en interacciones artificiales que podrían sustituirse por una mejor y mayor transparencia informativa. Es fácil crear reglas iterativas perversas; basta pensar en una institución con activos inmobiliarios cuya liquidez sea función de su valor de balance. En una espiral a la baja de precios inmobiliarios, la sociedad no podrá acceder a liquidez fácilmente, lo que le llevará a tener que vender parte de sus activos. Dicha venta pondrá una mayor presión a la baja en el mercado inmobiliario, lo que a su vez deprimirá de nuevo su valor de balance, reiterando el ciclo. Cuando esta situación ocurre de forma sincrónica entre una multiplicidad de agentes, se acaba en un mecanismo que ceba la propia espiral a la baja.

Elegir el rescate

13 de octubre de 2008

Ya sabemos la naturaleza de esta crisis financiera. Las instituciones financieras (y unas más que otras) tienen unos balances descompensados debido a que, sea cual sea la norma contable, de hecho tienen demasiada deuda para el capital que la sostiene. Esta descompensación se debe a que los activos a través de los cuales quisieron financiarse ya no valen casi nada de forma que pueden llegar a tener dificultades para continuar en el negocio al nivel que solían. Demasiada deuda, no refinanciable, para relativamente poco capital.[3]

Ante esta situación caben dos posturas activas, además de una tercera consistente en no hacer nada. Cabe el comprar esos activos tóxicos tal como pretendía, al menos en principio, el Plan Paulson reduciendo así la deuda de las instituciones que lo necesiten. Pero también cabe inyectar capital, posibilidad ésta que corresponde a las nacionalizaciones propuesta por Gordon Brown y aparentemente bienvenidas por el euro grupo e incluso favorecidas por no pocos de los críticos del Gran Rescate.

A mi juicio, lo mejor sería que cada banco pudiera elegir qué prefiere, si que la quiten del balance los créditos envenenados en los que ha invertido o que le inyecten capital. Si esto fuera posible tendríamos un screening devise, o filtro, que aclararía qué bancos han jugado con material tóxico y cuales no han caído en ese vicio. Este filtro permitiría, además, separar los buenos de los malos bancos lo que, a su vez, tendría claros efectos reputacionales que facilitarían las seguramente necesarias consolidaciones.

Claro que cualquier economista querrá saber qué ha quedado del teorema de Modigliani-Miller que nos dice que es lo mismo financiarse mediante deuda o mediante capital aparte de cuestiones fiscales u otras distorsionadoras del mercado.

En nuestro caso la distorsión que hace ese teorema inaplicable es justamente que no hay mercados ni de capital ni de deuda justamente por la asimetría informacional. Por lo tanto no es lo mismo y dando la oportunidad de elegir contribuiríamos a disipar esa asimetría pues los bancos revelarían sus puntos flacos.

A mi juicio, cuanto peor esté un banco en esa materia de la ratio deuda/capital preferirá ser recapitalizado como institución ya que si la alternativa es solo desprenderse de los activos envenenados y reducir deuda, su capacidad de comenzar de nuevo y al mismo nivel con el mismo capital es muy reducida.

En cualquier caso es muy probable que esos bancos menos juiciosos en el pasado, aunque se recapitalicen, suspendan el pago de dividendos para apoyar su relanzamiento. Esto penalizará a sus accionistas y dañará la reputación de esa institución tal como queremos.

Por qué cayó la Bolsa

14 de octubre de 2008

Es extraño la importancia que la Bolsa parece tener para la prensa escrita. Son relativamente pocos los bolsistas y no necesariamente pobres. Debe ser porque es un indicador de las expectativas y porque estas acaban acertando por un especie de mezcla de The Wisdom of Crowds, ciertos efectos estadísticos y un poco de gregarismo (herding effect).

Pero en este caso ese indicador no pude funcionar pues la falta de información es tal que no se puede creer ni en la sabiduría de las muchedumbres ni en que la media de las opiniones es un estadístico suficiente ni en que se den las condiciones que explican ese efecto rebaño.

La Bolsa cayó la semana pasada básicamente por el lag entre el anuncio de las diferentes formas de rescate y su puesta en práctica.

Sabemos que ese rescate va a poner en evidencia a los bancos malos y premiar a los buenos. Pero como no sabemos cuales son unos y otros, los inversores venden bancos para estar posicionados para cuando se disipe la falta de información y comprar bancos.

Pero si los bancos caen, los inversores piensan que todos están mal y que las medidas tomadas para que funcione el crédito y se rehagan las demás empresa de la economía real, no van a ser suficientes. En consecuencia venden también los demás valores.

Pero notemos que todo se debe a la falta de información sobre la situación de los bancos. Si esta se disipa, tal como parece que puede ser el caso, todo comenzará a fluir razonablemente otra vez.

Termino diciendo que el problema informacional ha estado ahí desde el principio pero que, sin embargo, no se ha sabido explotar concienzudamente por parte de los economistas.

Carlos Cuervo: More

15 de octubre de 2008

La culpa la tengo yo por haber hecho una llamada a la profesión. No es que Teo y Carlos me lo hayan pedido; pero siento que no puedo protestar y luego no hacer el esfuerzo de pasarlos al blog para beneficio de todo el mundo.

Carlos cuervo continúa su conversación con Teo.

MORE

Sería magnífico que se generase un self-fulfilling equilibrium, pero puede no generarse, principalmente porque necesariamente las ofertas de cobertura bancaria estatal serán diferentes entre Europa y USA y aún dentro de Europa, lo que promoverá arbitrajes regulatorios cuya dirección y magnitud es hoy por hoy imposible considerar. La cuestión es ¿qué pasa si no se produce ese equilibrio?

Desde luego, el riesgo para el estado/contribuyente es muy distinto en el caso de la compra de activos, incluso en el aseguramiento de interbancarios que en el caso de quiebra pura y dura de alguna entidad. ¿Se han medido adecuadamente esos riesgos?. Estoy seguro de que no, y la propia generalización de la medida es buena prueba de ello; pensando en España, por simplicidad, cómo puede valorarse igual el riesgo de un préstamo interbancario a la Caixa del Penedés que al BBVA?

Y, sin embargo, en el caso de la banca inglesa o portuguesa eso es justamente lo que se está haciendo.

Es claro que los Gobiernos prefieren ni plantearse la posibilidad del fracaso, pero todo ello no hace sino tintar con un matiz de irrealidad las medidas adoptadas este fin de semana. No es cierto que se hunda ninguna economía si un banco, incluso un gran banco, quiebra; simplemente, no quiere vivirse esa experiencia y menos en un año electoral..

Lo que en cambio sí es seguro, aunque más difuso y a largo plazo, es que esta santificación oficial y global del free banking promoverá conductas aún más irresponsables (aún cuando perfectamente racionales) de los banqueros cuando lleguen los tiempos de la próxima euforia. Nunca el efecto perverso del «too big to fall» se hizo tan evidente, tan obscenamente público y, en el fondo, tan liviano y poco reflexivo. Y ello, además, sin considerar la magnitud de la renta de situación que se ofrece a un sector económico específico en detrimento de otros. ¿Qué tiene la industria bancaria que es capaz de procurar de tal modo la «amistad» de los poderes públicos?.

En conjunto, por encima de otras consideraciones, mi diagnóstico es que quienes verdaderamente están presas del pánico más irracional son los políticos.

Por cierto, tanto la compra de activos como las ayudas directas a los bancos en dificultades van a expresarse en términos de incrementos de deuda pública que van a pagar nuestros hijos y nietos. A nosotros, probablemente lo único que nos corresponda es pechar con el aumento de las presiones inflacionistas que este gigantesco endeudamiento va a generar a medio plazo.[4]

Respecto al argumento del céteris páribus. No estoy seguro que lo ocurrido niegue el concepto de irrelevancia de las actuaciones individuales. Lo que hemos vivido es un perfecto sun-spot equilibrium que existió y se mantuvo en tanto en cuanto pudo mantenerse abierta la oferta ilimitada de liquidez, con la consiguiente inflación del precio de los activos que daba racionalidad al comportamiento irracional de los agentes individuales. Si el mercado acepta este paquete de hipotecas a un precio ridículamente alto, se le ofrece, piense lo que piense el bancario de turno. Hay datos publicados que sugieren que muchos se daban cuenta de la magnitud de la estafa, pero ese no es el punto. El sistema estaba en equilibrio con expectativas que se cumplían y comportamientos que recibían su recompensa. Esto duró exactamente hasta que se hizo insostenible el nivel que habían adquirido los activos, reales y financieros, y se produjo el colapso en cadena. Por cierto, que no se detendrá hasta que el precio de los activos, humanos, reales y financieros, no hayan alcanzado un nivel compatible con el desarrollo de expectativas de crecimiento a largo plazo en alguno/s de los países clave.

Sobre el tema del criterio del mark to market hay que recordar que surgió para evitar los abusos de valoración de las carteras de las entidades financieras, incluidos los productos derivados. Como tal. Cumplió una función básica en la política de transparencia de la regulación en los últimos años. Se requiere un debate tranquilo y no presionado por los sucesos exteriores para evaluar la conveniencia o no de su supresión para ciertas clases de activos. En particular, el argumento de que al «secarse» el mercado se hace imposible aplicar el principio, creo que es falaz, pues justamente ese tipo de situaciones las que, entre otras, se trata de medir aplicándolo. Si el mercado dice que ciertos activos valen cero ahora, eso es lo que valen, igual que valían cien, a todos los efectos, cuando el mercado les otorgaba ese precio. Esto es también parte del contexto general de desapalancamiento que necesariamente tiene que experimentar el sistema. No estoy diciendo que deba mantenerse la validez universal del principio de valoración.
Cínicamente digo, que sigue siendo un forma transparente de reflejar una realidad y que a la hora de valorarlo, hemos de ser muy cuidadosos para asegurar que esa transparencia no se vea afectada.

Teo Millán:… and more

16 de octubre de 2008

Espero que el and que destaca en este título no sea el final de una conversación inteligente aunque, he de confesarlo, abrigo la ilusión de que la creatividad de Carlos y Teo se ralentice un poco y yo pueda descansar un poco.

Bueno, ya veremos. De momento aquí tienen lo último de Teo.

RIESGO AGREGADO

Cuando la economía en su conjunto alcanza tasas reales de interés muy bajas, y existen excedentes para invertir, la conclusión es que el inversor acaba por asumir mayor riesgo. Cuando ese riesgo se materializa, se generan perdidas. ¿Cómo distinguir entonces al ganador del perdedor?. ¿Es la estrategia ganadora la que triunfa ex post una vez, o la óptima ex ante que maximiza las probabilidades de ganar antes diversos posibles realizaciones? Podemos acabar como en la parábola de los talentos: quién es preferible, aquel que escondió los talentos y no los hizo rodar (mi abuela decía que el dinero era redondo porque tenía que rodar) o aquel que se los jugó y perdió. Alguien podría decir; sí, muy bien, pero no con mi dinero. Olvidaríamos entonces que esa es la pregunta cotidiana de los gestores de patrimonios; ¿Qué nivel de riesgo desea usted?. Esa también la pregunta de los gestores de empresas en bolsas; ¿Prefiere usted blue chips, o prefiere crecimiento?

Como comentaba Carlos Cuervo, se podría volver a visitar el concepto de bancos «sin riesgos», puros depositarios. Pero lo cierto es que a los gestores de activos se les exige algo más que eso. Asumir riesgo no consiste en asegurar el outcome, si no en aceptar que existen probabilidades materiales de perdida además de ganancias. En universos dinámicos, la modelización de equilibrios no dice que las realizaciones sean necesariamente risk-free. Pero tendemos a subestimar el riesgo.

Por eso se inventaron las clausulas de fuerza mayor. Pero la economía, en su conjunto, no puede asegurarse contra un riesgo de fuerza mayor, como demuestran los desastres naturales. En ellos siempre hay un perdedor, en última instancia la compañía aseguradora.

A nivel agregado, entonces, el agente prudente asumirá riesgos con¿Qué es un riesgo prudente?. Imagino que necesitaríamos profundizar en una definición operativa al respecto. Y hoy, upon hindsight, parece fácil subir el listón. Pero incluso hoy, ¿Cuál es un comportamiento «prudente»?. Muchas veces tendemos a definir criterios de normalidad justamente por el comportamiento promedio, genérico. De forma que parece prudente correr hacia la salida en un incendio en un teatro, porque todo el mundo lo hace. Aún a riesgo de desatar una estampida. Y es que siempre hay un comportamiento aún más prudente. Dos coches se cruzan a 200khm/hora en una carretera comarcal. Es un hecho cotidiano. Parece una conducta prudente puesto que ninguno excede del límite de velocidad en su dirección. El efecto combinado puede resultar devastador. Y, sin embargo, parece que se acepta la conducta como prudente. Al menos reúne dos características; es una conducta general, y, genera una tasa de accidentes que se ha llegado a asumir como aceptable y por tanto el regulador marca unos límites de tolerancia. Todo ello food for thought. Y ahora retomamos la pregunta; cuales son los bancos buenos, ¿los que han sobrevivido en una realización ex post?. ¿Era óptimo para un banco negarse a conceder hipotecas «en condiciones de mercado»? ¿Qué hubiera sido del agente superprudente? ¿Eran las condiciones de mercado demasiado arriesgadas? ¿Se podía prever una realización tan negativa?. ¿Y si se podía prever, porqué el regulador no intervino?

Bancos «buenos»

17 de octubre de 2008

En la situación actual del sector financiero es muy importante saber qué se entiende por un banco «bueno» como opuesto a un banco «malo» puesto que son aquéllos los que acabarán liderando el inevitable proceso de consolidación en el mundo y también en España, tal como dejaba entender el Presidente del Gobierno.

Podríamos fijarnos en varias características , pero quisiera subrayar las siguientes como definitorias de lo que es un banco «bueno». Primera, entiende lo que hace y no se deja llevar por la información que supuestamente revela el comportamiento ajeno. Es decir el que no incurren el gregarismo o herding behaviour.

Segunda, analiza bien el riesgo. No de una manera mecánica, aunque sí basándose en modelos, pero con un toque de olfato derivado de lo que la wisdom of crowds les revele. Un signo de que un banco cumple esa segunda condición sería que tuviera un un modelo de análisis del riesgo que esté abierto a la crítica pública y a las sugerencias de cualquiera. No entiendo porqué no habría de tenerlo y sí vislumbro las ventajas de contar con la opinión de un gran grupo de personas interesadas. No es una cuestión de transparencia sino de extracción del conocimiento tácito.
Tercera y quizá más importante, son bancos «buenos» los que guardan una proporción deuda/capital razonable, medida sin utilizar subterfugios contables para valorara la deuda y teniendo en cuenta la evolución dinámica de los vencimientos de esa deuda. El valor adecuado de esta ratio fundamental, medida sin trampas, depende crucialmente del tipo de interés de intervención. Si éste es bajo hay que expandir el balance pidiendo prestado para poder dar crédito lo que aumenta la deuda. Cuando ese tipo de intervención está alto y por un razonamiento análogo la deuda es pequeña. Por supuesto que la ratio adecuada en cada momento es la que corresponde a un tipo de intervención que, a su vez, corresponde a lo que se llamaba tipo de interés natural. Pero de esto se deja de hablar en general debido a que es el Banco Central el que lo fijar de acuerdo con parámetros que no necesariamente tienen que ver con ese tipo de interés natural del que hablaba Wicksell.

¿Sería todo esto volver a la banca tradicional?

Blogs de economistas

22 de octubre de 2008

Lean por favor mis queridos colegas este pequeño suelto sobre los economistas blogueros al que llego vía Tyler Cowen. No tiene desperdicio; pero me quedo con la siguiente declaración de Rodrik. Me solidarizo totalmente con él quien, según la autora del articulito, dice que:

«now constantly Google my own blog for ideas that I knew I had at some poin. Previously, the ideas would have come and gone. The first good thing is that I have them a little more developed, and, secondly, I can actually recover them.»

Esto es exactamente mi sentimiento y lo que me lleva, de vez en cuando, a hacer el esfuerzo de recuperar alguna ristra de ideas que conforman una secuencia no del todo estúpida.
Voy a intentar recuperar todo lo que he dicho sobre la crisis desde antes de agosto del 2007 hasta hora dejando el conjunto abierto a lo que venga. Ya me refería a ello; pero el posible librito electrónico está tomando proporciones alarmantes.

Comentarios

[1] JU condensa aquí elementos de análisis sobre el sector financiero ya expresados en varias partes de esta Crónica, manifiesta su esperanza de que el Gran Rescate (mediante la creación de un bad bank) actúe como mecanismo discriminador de los bancos buenos y malos y, en consecuencia, permita salir del impasse existente en los mercados de crédito. Ha recuperado su optimismo.

[2] Magnífico post, crítico de la mudez de los economistas académicos españoles, a los que les entusiasmaría su «torre de marfil científica».

[3] Aunque en un primer momento se mostró defensor entusiasta del Gran Rescate, en línea con su también conocida simpatía por la diversidad y competencia regulatoria, plantea JU aquí la alternativa a la adquisición de activos tóxicos en que primariamente consistía el Plan Paulson: la inyección de capital, en la línea de Gordon Brown.

[4] Aparte de razonamientos muy interesantes sobre regulación financiera, me parece digna de destacar la mención al trasvase del problema del endeudamiento desde el sector privado al público y las consiguientes presiones inflacionistas a medio plazo que ello va a originar.

 

Recapitulación

Crónica de una crisis | Noviembre 2008

 

Prólogo

En el artículo mensual considera JU que hace falta una nueva recapitulación (a pesar de que efectuó de hecho una en agosto, coincidiendo con el aniversario del comienzo de la crisis), probablemente porque los acontecimientos ocurridos desde la vuelta de las vacaciones (y especialmente con la quiebra de Lehman y el «Gran Rescate») suponen un salto cualitativo en el devenir de la crisis. Claramente JU le ha visto «las orejas al lobo» y ve que la crisis será larga, profunda y tendrá (algunas) consecuencias duraderas…

En este contexto, efectúa una «recapitulación» que en realidad toca no pocos puntos que apenas había mencionado desde que empezó la crisis, y algunos de los cuales pertenecen a ámbitos (como el geopolítico) cuyo enfoque apenas había sido considerado hasta ahora en la Crónica.

Empezando por la parte geopolítica, JU hace referencia en su artículo a la ganancia de poder de los BRIC y en su post «Back to África» se hace eco del interés (re)nacido por invertir en África y en otras regiones pobres del mundo, en un contexto en que (citando a Jeffrey Sachs) «las principales compañías de infraestructura de Estados Unidos, Europa y Japón tendrán una capacidad ociosa considerable».

Esta es una idea muy querida para JU, que mencionaba antes del comienzo de la crisis cómo los activos luego considerados tóxicos ofrecían unas rentabilidades que hacían poco atractiva la inversión en países del Tercer Mundo y, en concreto, en el continente africano.

En otro orden de cosas, enuncia en su artículo algo que de momento no desarrollará: la idea de que liberalizar exige llegar hasta el final (pues como se deduce del teorema del second best, no hay creación de mercados incompleta que garantice una mejora para todos), pero intervenir parcialmente sobre algo ya intervenido puede acarrear una mejora para todos. De ahí deduce JU que sea de esperar una ola de intervencionismo espontáneo y no muy meditado.

Pero hay más. JU nos anuncia que «la ya perceptible llamada al capitalismo autoritario se hará casi estruendosa a poco que la crisis dure. Una deriva suave de esta discusión se plasmará en un intento improvisado de diseño de un nuevo sistema financiero global».

Siguiendo ya de lleno en temas financieros, dedica atención a las soluciones americana y europea para resolver los problemas existentes en el sistema crediticio (soluciones que –añado yo– permitirían ensanchar su famoso «corredor neoclásico» y evitar una crisis a la japonesa).

De la solución a la americana (inicialmente diseñada como un plan de compra de créditos tóxicos a través de un bad bank, aunque posteriormente derivó hacia la entrada del sector público en el capital de algunos bancos), curiosamente lo que considera más destacable son los cambios en la regulación contable que permitirá no utilizar el mark-to-market y acabará con la práctica de dejar cosas fuera de balance.

La solución a la europea (heterogénea según los países) parece en todo caso más cercana que en los EEUU a nacionalizaciones puras y duras y de garantías de depósitos amplias y generosas, así como de avales a créditos interbancarios para que fluya el crédito.

En el aspecto regulatorio, sigue defendiendo JU las virtudes de la innovación financiera, como mecanismo eficiente de diseminación de riesgos. Da carta de naturaleza a la propuesta –manifestada en su blog por Carlos Cuervo– de una banca con 100% de reservas, relegando a otro segmento la «financiación sofisticada».

En el tramo final de su artículo dedica tiempo a la economía real, azuzado por «la impresionante avalancha de malos datos» que denuncia en sus posts y, especialmente, «el problema sangrante del paro».

Como considera que las bajadas de impuestos serían atesoradas como ahorro, se muestra partidario de utilizar el gasto público productivo «que permita cambiar el modelo de crecimiento, basándolo en innovación tecnológica». Esto requiere mucho tiempo en general; pero considera que la celeridad en los primeros gastos significativos (protección social e I+D), así como las expectativas, pueden desempeñar un papel determinante.

Termina JU expresando su deseo de que la coyuntura económica global se relaje un poco y pueda dedicar más tiempo a otros temas.

Una idea de Mankiw

1 de noviembre de DE 2008

Mankiw no se decanta por el keynesianismo explícitamente y menciona la vuelta atrás de Feldstein, criticando su falta de cuidado en contabilizar los beneficios de la devolución fiscal puesto en práctica a instancias de Bush hace ya meses.

Un primer comentario es la dificultad de examinar datos recientes tal como veíamos hace poco en la cuestión de las cifras del Federal Reserve Bank de Minneapolis y los mitos que corren al respecto, presentado todo ello por Chiari, Christiano y P. Kehoe.

Pero el comentario más importante es otro. Mankiw propone que, una vez aprobado por el senado un nuevo paquete de estímulo fiscal, de acuerdo con el federalismo propio de los EEUU de América, cada estado decida si quiere que sus ciudadanos vean incrementada su renta disponible o prefieren que les lleguen más indirectamente los posibles beneficios de obras públicas en infraestructuras o en bienestar social.

Cabe preguntarse si esta idea, además de estar de acuerdo con el federalismo podría servir cómo screening device y separar los estados en dos grupos, los que prefieren pájaro en mano y los que velan por sus hijos.

Bonito debate.

Signalling y Screening

2 de noviembre de 2008

Como continuación al post sobre heterodoxia sobre heterodoxia, me quiero plantear conjuntamente y en relación a la superación de la falta de confianza de unos bancos en otros, la complementariedad de los dos dispositivos que llamamos signalling y screening.

Ambos dispositivos surgen en cuanto reconocemos problemas de información incompleta y/o asimétrica. En esta situación a algún agente le puede interesar señalarse creíblemente como alguien que posee ciertos rasgos distintivos y a otros agentes les puede interesar a su vez distinguir los rasgos característicos de algunos agentes con los que les gustaría contactar.

A un trabajador le puede compensar señalarse en el mercado de trabajo como un trabajador cualificado en situaciones en las que esa señal no emerge sola. Y aun empleador le puede interesar someter a quienes se ofrecen a trabajar para él a un filtro que distingue los apropiados para el trabajo de los que no los son. Este ejemplo indica que signalling y screening son dos dispositivos que pueden ser complementarios. Ese es el caso en este problema de distinguir bancos que pretenden actuar en el mercado interbancario. Ya hablé de la oportunidad del signalling a propósito del Banco Santander cuando estaba preocupado por el equilibrio en bancos. Más tarde quise ver un poco de screening en la simultaneidad de dos planes de rescate, el americano y el europeo.

Pero ante la impresionante avalancha de malos datos de la economía real, correspondiente a lo que se podría llamar el estrechamiento total del pasillo neoclásico, no tengo más remedio que llamar la atención sobre la imperiosa necesidad de anclarlo, y para ello no bastan, como recomendé, un gasto púbico que tarda en hacer efecto o unas reuniones aquí o acullá, sino que hace falta un verdadero mecanismo de screening que permita la limpieza a fondo del sector bancario y financiero en general para que, junto a las posibilidades del signalling, nos evite el caso japonés.

Y justamente tenemos una oportunidad en la ordenación de los mecanismos de rescate que se han aprobado.

En efecto, una posible solución a estudiar debería consistir en la construcción de un verdadero mercado interbancario que, como la Bolsa de Valores, respondiera del cumplimiento de los contratos cruzados bajo su manto protector. Si ese mercado funcionara así no haría falta conocer el nombre de los que solicitan liquidez ni conocer los motivos de su demanda. Pero, y ahí está el quid, mientras el mercado interbancario no sea sino una manera práctica de arreglar contratos, no podrá medir su credibilidad en el propio mercado de valores y, en consecuencia, nadie puede estar seguro de que su préstamo de liquidez, realizado al amparo de dicho «mercado», será devuelto.

Si se acepta lo dicho hasta aquí es fácil vislumbrar la recomendación que se sigue.

En este caso la transparencia, que no siempre es adecuada, sí que lo es. Es conveniente que se sepa la identidad de la institución que quiere vender activos de calidad al Estado y el destino de esos fondos. Deberían ser para reducir la relación deuda/capital de manera que, si se solicitan, se señale que el balance está demasiado apalancado y que es posible que esos fondos sirvan para cubrir la existencia de otros activos tóxicos que no se quieren declarar para que no sufra la reputación.

Si se confiesa que los fondos son para adquisiciones, por ejemplo, no debieran concederse automáticamente pues ahora la prioridad en el uso de esos fondos es limpiar el mercado interbancario y no apoyar la expansión de instituciones específicas.

Pero si después de un cierto escrutinio, se concedieran, entonces sabríamos que ese banco que quiere señalarse como sano ha sabido aprovechar su salud para señalar esa salud.
Pensemos sobre estas posibilidades. Hay veces que la solución está en los detalles.

Flexibilidad inesperada

6 de noviembre de 2008

El mayor aumento del paro que se recuerda coincide con un pequeño repunte de la confianza de los consumidores y con un aumento alarmante en las bancarrotas familiares.

Aun descontando que estas mediciones pueden referirse a periodos diferentes, no me negarán que no son desconcertantes. Resulta que los consumidores, especialmente si están en bancarrota o desempleados, parecerían tener confianza en una economía en la que, a pesar de las protestas empresariales, parece existir una flexibilidad laboral notable patentizada por las cifras de aumento del desempleo.

Si el dólar sube debido a que los inversores están invirtiendo en USA porque es la zona que antes va a salir de la crisis por su famosa flexibilidad, quizá se nos permitiría ser un pelín optimistas y, dada nuestra similitud con la economía americana (burbuja inmobiliaria y déficit exterior) llegar a pensar que quizá nuestra economía no lo va a pasar tan mal como se le augura debido, mira por dónde, a su inesperada flexibilidad.

Reprimenda sobre flexibilidad

7 de noviembre de 2008


Ayer escribía
, un poquito tongue in cheek como creo que seguramente se notaba, sobre flexibilidad en el mercado de trabajo español. Pero tengo amigos muy serios que no me pasan una. Uno de ellos, SB, me hace llegar la siguiente corrección:

«Para ver la flexibilidad no hay que mirar al aumento del paro sino a la caída del empleo, pues la población activa está creciendo en términos interanuales a una increíble tasa del 2.9%. No obstante, la caída del empleo es grande, pero se explica en gran medida por los 350.000 empleos perdidos en un año en la construcción (brutal), donde siempre supimos que había flexibilidad, a través de los contratos temporales.»

SB sabe de esto así que no tengo más remedio que aceptar la reprimenda y ofrecer aquí la corrección. Caben, sin embargo, un par de comentarios.

Tal como la ironía quería hacer notar, la flexibilidad no debe mirarse en el caso de España como flexibilidad institucional en el sentido de, por ejemplo, despido barato; sino como resultado de la enorme cantidad de contratos temporales y especialmente en la construcción que será, supongo, el sector cuya producción más ha caído.

Ahora bien, ya sin ironía alguna, sigo sin entender por qué la flexibilidad hay que verla como caída del empleo. ¿Porque la población activa había subido mucho? No consigo ligar esto con la medición de la flexibilidad.

Ya me lo explicará SB.

Recapitulación

8 de noviembre de 2008

– Publicado en Expansión –

Como soy un optimista y un frívolo y como ya hace un mes decía que la crisis financiera estaba salvada a falta de detalles importantes, pero detalles al fin, en el artículo de este mes toca recapitular a ver si de una vez puedo dejar de hablar de esto y volver mi atención a asuntos un poco menos sombríos. Trataré de poner orden en las que nos dicen son las lecciones que hemos ido aprendiendo en los últimos meses y sobre algunas de las cuales soy escéptico.

Destacaré en primer lugar los cambios «históricos» que se nos avecinan según la prosopopeya de no pocos analistas. Tenemos los cambios geopolíticos que se producirán en el balance del poder geográfico debido a la reacción de países emergentes frente a la crisis que enfrentan, hasta ayer mismo, los países centrales.

China vs. Estados Unidos es el ejemplo favorito. Los nuevos poderes de los BRIC se lograrían gracias al apoyo que éstos prestarán a los viejos poderes a través, en este caso de referencia, del apoyo financiero aunque no se sabe muy bien por qué China se libraría de los coletazos de la crisis financiera. Pero también nos encontramos con la oscilación de las opiniones sobre intervencionismo. El asunto no es fácil pues, si bien es cierto que, una vez metidos en el lío, la no intervención no era una alternativa, también es verdad que buena parte de lo que ha pasado se debe a que ya estábamos en un sistema intervenido. Pero aquí hay, créanme, una asimetría que aquí no puedo más que enunciar.

Liberalizar exige llegar hasta el final (pues no hay creación de mercados incompleta que garantice una mejora para todos) mientras que intervenir parcialmente sobre algo ya intervenido puede acarrear una mejora para todos. De ahí que sea de esperar una ola de intervencionismo espontáneo y no muy meditado. Pero hay más. La ya perceptible llamada al capitalismo autoritario se hará casi estruendosa a poco que la crisis dure. Una deriva suave de esta discusión se plasmará en un intento improvisado de diseño de un nuevo sistema financiero global. Me parece que, este intento no será serio a no ser que incorpore una reflexión pausada y desprejuiciada sobre bancos centrales. Su aportación a lo que hasta ahora se llamaba «la gran moderación» no puede ser pasada por alto, pero su independencia nunca ha estado muy bien fundamentada y ahora parece que incluso se tambalearía. El más famoso de ellos, la FED, ha sido capturado por el sistema financiero (Rogoff dixit), su práctica ha distorsionado el abanico de tipos y, finalmente, no ha tenido más remedio que seguir los pasos que le dictaba el Tesoro, su rescatador y nuevo capturador. ¿No da esto que pensar?

Miraré ahora a la crisis financiera en particular. En cuanto a su naturaleza ya estamos de acuerdo. Se trata de una crisis de confianza debida a que los bancos no tienen información simétrica sobre la situación de todos y cada uno. Vista así, no es tan extraño lo que luego ha ocurrido y se disipa el asombro ante la serie de fallos que nos han traído hasta hoy. Hay un asunto, sin embargo, del que no se habla nunca aunque se debería mencionar. Se dice a veces que lo que ha pasado todos estos años ha sido un juego de suma cero y que lo ganado por el uso, para algunos torticero, de la innovación financiera, se va a perder en su totalidad. Sin embargo, creo que hay que destacar y subrayar el enorme capital público que se ha creado gracias al largo período de bonanza que hemos experimentado, algo perceptible por cualquier ciudadano, por ejemplo en nuestro país.

El contagio a la economía real es tan obvio que no merece la pena detenerse demasiado en él. Quizá baste con recordar que con los préstamos a empresas también se ha hecho mucha ingeniería financiera con participación de firmas de Private Capital que han dispersado su riesgo. La pregunta es si la consecuente posible segunda ronda de problemas bancarios ya ha sido tenida en cuenta en el Gran Rescate o si tenemos que esperar otras rondas de problemas financieros y bancarios debidos a la exposición de los bancos a riesgos que hasta ahora no parecían serios. A mi juicio este peligro no es de esperar dada la amplitud de las medidas que se toman y la autoridad que se delega para seguir tomándolas aunque la economía real puede gastar alguna broma de mal gusto a algunas instituciones financieras teniendo en cuenta el contagio universal que se observa y que ya toca a Latinoamérica y se insinúa en China.

Miremos ahora a las distintas soluciones inmediatas que se están ensayando y que conforman el Gran Rescate. La solución a la americana se conformó inicialmente como el plan Paulson de compra de créditos tóxicos a través de un bad bank aunque ha ido derivando hacia la entrada del sector público en el capital de algunos bancos. En su configuración inicial me parecía bien pues acabaría generando conocimiento común lo que necesariamente genera información simétrica. De este plan merece la pena destacar los cambios en la regulación contable que permitirá no utilizar el mark-to-market y acabará con la práctica de dejar cosas fuera de balance, aunque haya razones teóricas para permitirlo.

La solución a la europea tiene que plantearse necesariamente de manera distinta pues no pude ser centralizada y debe perfilarse por cada país. Parece que se está más cerca que en los EEUU de nacionalizaciones puras y duras y de garantías de depósitos amplias y generosas, así como de avales a créditos interbancarios para que fluya el crédito. Además de esa distinción por regiones que se va difuminando, en todas partes se trata de bajar tipos para incentivar la inversión y el consumo duradero aunque esto no quiere decir que vaya a descender el interbancario dada la desconfianza entre bancos que está en el corazón de esta crisis. Se puede ser capaz de captar liquidez y, sin embargo, no utilizarla por miedo al impago del banco prestatario. Atentos pues a la evolución del interbancario.

Tratemos ahora de pensar un poco sobre el futuro menos inmediato. No nos libra nadie de atender a cualquier idea que aparezca pues puede ser relevante. Sabemos que el IPC como medida de la inflación tiene los días contados. Nos preguntamos ya si no hubiera sido mejor la exigencia legal de re-capitalización pues hubiera traído la consolidación de sectores financieros nacionales. Pondremos en duda la calidad y funcionalidad de casi todos los activos derivados a pesar de que son y seguirán siendo estupendos instrumentos de diseminar riesgos. Volveremos a examinar la idea de banca con 100% de reservas relegando a otro segmento la financiación sofisticada en detrimento de las instituciones financieras tradicionales. Las llamadas a la unidad de acción para evitar arbitrajes distorsionadores resonarán más alto que nunca, pero con la misma inutilidad de siempre. Se anuncia pues un buen debate intelectual que durará lo suyo alimentando a los que nos dedicamos a esto.

Para terminar esta recapitulación hay que decir que no podremos menos que tratar de diseñar medidas inmediatas relanzadoras de la actividad económica pues el problema del paro es sangrante. Si queremos ser rápidos (y tenemos que serlo) olvidémonos de bajadas de impuestos, pues los ahorros serían atesorados hasta dentro de algún tiempo. No hay más remedio que utilizar el viejo truco del gasto público productivo que permita cambiar el modelo de crecimiento basándolo en innovación tecnológica.

Esto requiere mucho tiempo en general; pero la celeridad en los primeros gastos significativos (protección social e I+D) así como las expectativas pueden jugar un papel determinante. Para ello habrá que emitir deuda que comprarán «los chinos» con lo que cierro el círculo y volvemos a los cambios geopolíticos con los que comenzaba, al tiempo que resalto así la posible dificultad adicional que los emergentes contagiados pueden significar. A la vista de todo lo anterior, solo me queda terminar diciendo que todavía deberemos esperar un poco para relajarnos y tratar esta crisis como cualquier otra de tipo no financiero. Tenemos que esperar hasta que los bancos en peor situación dejen de marear la perdiz. Entonces podremos finalmente empezar a contribuir al debate intelectual o volver a nuestros asuntos favoritos.

Ya tengo ganas después de más de un año escribiendo mensualmente sobre la crisis.

Tenido en cuenta

8 de noviembre de 2008

Hace poco más de dos semanas, comentaba unos datos del Federal Bank of Minneapolis que parecían destruir la idea de que había habido un significativo Credit Crunch en el origen de la crisis.

En mi comentario trataba de decir que es difícil interpretar los datos; pero que hay que tenerlos en cuenta. Pues bien, Mark Thoma nos muestra que ya han sido tenidos en cuenta en un cierto sentido. Nos remite hoy a una crítica de aquellos datos realizada por parte unos economistas del Federal Bank of Boston. Arguyen éstos que si desagregamos los datos, resulta que sí observamos esa sequedad del crédito.

Nada de esto es extraño. Los datos económicos no se generan como los datos que extraemos de la naturaleza y hay que ser muy cuidadosos antes de basar nuestras teorías en la evidencia observada. Refinamientos de datos pueden exigir años y conformar la carrera de un investigador.

No es malo que recordemos esto ahora que, ante la crisis, los comentaristas hacen su agosto aparentemente intelectual con el comentario precipitado de unos datos recién salidos y que se pretenden deglutir sin masticar.

¿Los mercados financieros como procomunes?

19 de noviembre de 2008

Ayer decía:

Hace poco he contestado a este comentario de Carlos Boyle que me parece constituye una buena ocasión para reflexionar sobre un asunto crucial en la presente crisis. Se me ha borrado de golpe y me queda poca energía para tratar de replicar la respuesta.

Pongo aquí su comentario y ya tendré tiempo de contestar con ánimo renovado a la solicitud de opinión sobre dos artículos cuyos argumentos principales aporta en su comentario.

Este Financial Markets As Commons:

«Government and the nonprofit sector have an important role in ensuring that the financial markets are not turned into a speculative casino. Government oversight is how we protect this commons and it is obvious that the speculators won the upper hand for the last decades. We should reclaim our financial market commons.»

y este otro Los Bienes Públicos y el «segundo mejor»

«Por eso estos bienes son proporcionados por los estados (como supuestos representantes del interés general) o son prestados por empresas privadas bajo regulaciones públicas. Los sistemas financieros son implícitamente considerados como bienes públicos y están sujetos a reglas prudenciales y son acompañados por sistemas de seguros públicos y privados. para cubrir eventuales costos de crisis.»

Hoy continúo:

Acabo de desayunar y trato de contestar a ambas opiniones olvidándome del disgusto de haber perdido la contestación que ayer hice en forma de comentario.

Empezaré por la idea de considerar a un sistema financiero como el que conocemos como un bien público. No lo es en sentido técnico porque hay rivalidad en su consumo y puede excluirse a cualquiera de su uso. Si yo obtengo un préstamo, otra persona tendrá más dificultades para que se lo concedan, como es el caso de cualquier bien privado, aunque tenga la misma solvencia que yo. Que se puede excluir de su disfrute a cualquiera es algo que estamos sufriendo hoy en todo el mundo.

Cosa distinta es que la regulación de esa industria financiera y la supervisión y vigilancia de las instituciones que la componen tenga un carácter de bien público. No hay posibilidad de exclusión y mi disfrute no impide el tuyo. Pero, cuidado porque esto no implica automáticamente que esos servicios de regulación y vigilancia (y mucho menos los seguros que se puedan contratar sobre contingencias financieras) tengan que llevarse a cabo por el Estado o por una agencia delegada de ese Estado aunque estemos acostumbrados a que ese sea el caso. Aquí podría extenderme pero este post se convertiría en una especie de rutina de maestrillo que no solo me aburre sobremanera sino que, además, resultaría ridícula. Baste con añadir algo sobre el óptimo subsidiario o de segundo orden o el «segundo mejor».

Hay una especie de teorema que nos dice que la desregulación puede no mejorar a todos a no ser que sea completa y que, sin embargo, cuando estamos ya en un sistema regulado siempre podemos encontrar una regulación que mejore a todos. Como el sistema financiero no es un casino sino que con él bien organizado podemos ganar todos, está regulado y siempre puede mejorarse esa regulación.

Vayamos pues con los procomunes, bienes comunales o commons. La cita parece indicar que la industria financiera podría ser gobernada como un bien comunal, utilizable libremente por todos sin que se establezcan derechos de propiedad (privada) sobre dichos bienes. En general y antes de la revolución digital, se hablaba de la Tragedia de los Commons, pues su consecuencia era la extinción del bien. Es el caso de la pesca y concretamente de las ballenas que, al pescarse en aguas comunales, están en peligro de extinción por la inevitable sobreexplotación.

Sin embargo, desde que es posible reproducir ciertos bienes a coste cero (o casi), nos topamos con lo que ha dado en llamarse provocativamente La Comedia de los Commons, porque no solo no cabe la sobreexplotación ni hay peligro de extinción, sino que además la proliferación de esos procomunes, pensemos en el software, ayuda a que surja la creatividad y facilita la innovación, incrementando así la productividad muy especialmente en el mismísimo campo del software de forma que, para ser gráficos, podríamos decir que es como si la pesca de la ballena aumentara la población de esa especie.

Toca pues preguntarnos si el sistema financiero tal como lo conocemos es una tragedia o una comedia en el sentido introducido en el párrafo anterior. A mi juicio no me cabe la menor duda que el experimento inédito de convertir el ahorro total en un bien comunal acabaría en tragedia y redundaría en la desaparición de cualquier clase de ahorro. Claro que pequeñas comunidades pueden decidir llevar a la práctica el dictum marxista de «de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades» y que cabe imaginar que el mundo podría organizarse en una multitud ingente de pequeñas comunidades de esa naturaleza.

Pensar en esa posibilidad es fascinante y pienso volver sobre ello; pero no es tarea fácil entender como posible un mundo comunal en el que rige el «valor de uso» y en el que no sabemos cómo ese valor de uso se transforma en poder de compra más allá de la muy ineficaz «cadena de favores».

¡Ah!, por cierto, no se me ocurre cómo una ONG podría administrar un sistema financiero comunal.

Back to África

27 de noviembre de 2008

El domingo pasado Jeffrey Sachs mencionaba la posible vuelta a invertir en infraestructuras en África. Copio el párrafo que me interesa de su artículo difundido por el Project Syndicate:

…«las regiones pobres del mundo tendrán que ser vistas como oportunidades de inversión, no como amenazas o lugares que deban ser ignorados. En un momento en que las principales compañías de infraestructura de Estados Unidos, Europa y Japón tendrán una capacidad ociosa considerable, el Banco Mundial, el Banco Europeo de Inversiones, el Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos, el Banco Africano de Desarrollo y otros fondos de inversión pública debería financiar un gasto en infraestructura a gran escala en África, para construir caminos, centrales eléctricas, puertos y sistemas de telecomunicaciones»

Me permito recordar ahora lo que escribía hace más de tres años y sobre lo que volví hace poco al comienzo de la crisis. Allí mencionaba el problema de la trampa de la liquidez generalizada en virtud del cual nadie invertiría en África cuando se puede ganar mucho más invirtiendo en los activos derivados introducidos por la innovación financiera. Y volvía indirectamente sobre esa idea cuando trataba de consolarme de la crisis en su primer aniversario diciendo, hacia el final del post, que igual ahora volveremos nuestra atención a las oportunidades de inversión en África.

Me congratula leer esta pieza de Krugman que insiste en que la situación en que nos encontramos es la de una trampa de la liquidez en sentido menos general debida ahora a que los bancos centrales no pueden anunciar creíblemente un incremento continuo de la oferta monetaria que sería la responsable de reducir el tipo de interés.

Me congratula digo, aun dentro del horror, porque es la credibilidad del banquero central la que hace increíble que no vaya a tratar de estabilizar la economía en cuanto tenga ocasión. Esto reivindica mis críticas ya viejas a la justificación de la independencia de un banco central. Gracias a la dieta ya entro en el jersey azul de la juventud. Vuelvo a mi ser: me estoy quedando en nada. Firmado: Juan-chin

 

La ciencia en tiempos revueltos

Crónica de una Crisis | Diciembre 2008

 

Prólogo

Se le nota a JU un poco cansado de hablar de la crisis y, aunque en sus posts toque asuntos relativos a ella (algunos esperanzadores, como la bajada del interbancario; algunos abrumadores, como el vaticinio de Krugman de que parece estar gestándose una crisis «a la japonesa»; algunos, que darán bastante juego en el próximo futuro de la Crónica, como la discusión sobre el Inside Money…), en el artículo mensual sólo la toca de refilón y se dedica a hablar sobre «La ciencia en tiempos revueltos».

Considera JU que no tiene sentido mirar con nostalgia a la pasada sacralidad de la ciencia. No se justifica esa añoranza de una ciencia pura y no contaminada por intereses comerciales.

Además de postular la implantación de un nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación (que vendría justificado para el cambio de modelo productivo que la crisis convierte ya en algo imperativo), enuncia algunos temas que son tratados con más profusión en otros lugares de la Crónica. A saber, la necesidad de que dicho Ministerio (al que no le augura una vida placentera) rompa con la «dependencia del recorrido» propia de las comunidades científicas. Y la también necesidad de que «se renuncie de manera general a esa escasez artificial que se llama genéricamente propiedad intelectual». Esto, que parecería una vuelta a ese espejismo de una ciencia pura e incontaminada, es para JU más bien lo contrario: «Como los descubrimientos son secuenciales, las patentes retrasan la creación de conocimiento o su explotación justamente porque conceden monopolios temporales (que como se sabe son la antítesis del libre mercado) y porque dan origen a comportamientos oportunistas».

Y termina cuestionando también los <emrankingsbibliométricos (basados, por ejemplo, en el índice w) porque ─a su juicio─ generan incentivos perversos, «adocenadores» de los científicos.

La Ciencia en Tiempos Revueltos

2 de diciembre de 2008

– Publicado en Expansión –

A pesar de ese optimismo respecto a la crisis y de ese deseo de hablar de asuntos menos tenebrosos que expresaba en mis dos últimas entregas en Expansión, parece que no tengo más remedio que seguir pegado a esa realidad turbulenta que no acaba de asentarse aunque, advierto, pienso hacerlo de una manera tangencial que me permita tomar distancia. Hablaré pues de la ciencia en tiempos revueltos.

Escribir sobre una cuestión así parecería romper la cadencia de mis escritos sobre la crisis; pero de hecho continúo con esa pesada tarea tratando ahora de reflexionar sobre el famoso cambio de modelo económico cuya urgencia parece evidente en un país como el nuestro que necesita imperiosamente mejorar su competitividad para suavizar su problema de déficit por cuenta corriente. La crisis financiera general y esa condición particular desde la que tenemos que encarar la crisis económica, justifica con creces la implantación de un nuevo Ministerio como el de Ciencia e Innovación, al que muchos como yo vemos como la posibilidad de aprovechar esa oportunidad que existe en toda crisis.

Hablemos pues de ciencia en estos tiempos revueltos que cambiarían las costumbres.

En ellos se vestiría de manera distinta, se gastaría de forma no solo más mirada, sino también en una gama de productos más estrecha. El arte, la música, la literatura y la moda cambiarían de estilo. La austeridad reemplazaría al glamur, o al revés si el cambio fuera muy profundo. ¿Son estos tiempos revueltos buenos para la ciencia? Hace meses Sánchez-Ron, historiador de la ciencia, parecía dar por sentado, en un artículo de opinión aparecido en El País, que los tiempos presentes, aún siendo supuestamente buenos para la ciencia, quizá acaben siéndolo solo para un tipo de ciencia, la comerciable y más glamurosa, que no parecía ser muy de su agrado.

Concedamos que hoy vivimos en un mundo turbulento en casi todos los frentes, desde el económico al político pasando por el del pensamiento en general. En un mundo así, nos dice Sánchez-Ron, es natural que la ciencia sea vista como un refugio de serenidad y sobriedad moral. Aduce la siguiente cita de Einstein:

«En principio, creo… que una de las fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía…. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento» (resaltado mío).

La ciencia sería entonces como un descanso para la triste vida del que se deja infectar por el relativismo presuntamente omnipresente.

¿Es real esa imagen idílica? ¿Es la ciencia el cultivo de ese huerto al que nos retiramos cuando el mundo nos decepciona? Nuestro catedrático de Historia de la Ciencia, nos ofrecía, de hecho, buenas razones para pensar lo contrario ya que el mundo de la ciencia hoy es un mundo competitivo y de guerras entre clanes, guerras que se juegan con armas como las que se utilizan en el mundo de los negocios y que reflejan una competitividad implacable. Para reflejar este punto de inflexión en la ciencia no hay ningún ejemplo mejor que el de la figura de Craig Venter quien, según su autobiografía (A Life Decoded, Peguin Books 2007), intentó romper el tabú de la inapropiabilidad privada de la ciencia en la carrera por la descodificación del genoma humano y continúa ahora por iniciativa propia sus investigaciones sobre vida artificial o sintética.

Hace tiempo dediqué bastantes páginas a tratar de desmontar la mayoría de los argumentos contra la privatización de la ciencia con escaso éxito al parecer, ya que la opinión general, incluyendo la de Sánchez-Ron, sigue pensando que esa privatización nos llevaría a un mundo científico en el que nadie querría refugiarse aunque fuera el reino de la racionalidad. Es, se dice, un error pretender que los intereses económicos, y en general el mercado, se introduzca en el mundo de la ciencia. Pero como parece inevitable que esto ocurra justamente por la necesidad de cambiar de modelo económico, miramos con nostalgia a la pasada sacralidad de la ciencia.

Sin embargo, en mi opinión, esta nostalgia de una ciencia pura y no contaminada por intereses comerciales está fuera de lugar. Aunque es cierto que la ciencia ataca a menudo problemas meramente instrumentales, no hay quien le libre de confrontar asuntos de método que nunca podrán ser reducidos a ideas vendibles una vez incorporadas a objetos tangibles. Además, no todos los temas de los que trata la ciencia son instrumentales. Más bien creo que hay muchos problemas científicos que nada tienen que ver con objetivos prácticos y que difícilmente pueden calificarse como comerciables. No solo no hay lugar para la nostalgia de una vida al socaire de las preocupaciones terrenales sino que, además, hay que reconocer que la creación de conocimiento científico, sea más o menos teórico y desinteresado o sea portador de aparentes aplicaciones prácticas y comerciables, puede ser una actividad liberalizadora e intelectualmente gratificante siempre que se den algunas condiciones más allá y más acá del espíritu sacerdotal que parecería impregnar aquella ciencia que hoy se contempla en la distancia con inadecuada nostalgia. Mencionaré dos de esas condiciones, las dos que mas sorprendentes me parecen a mí.

Lo primero que se necesita es, más acá de ese espíritu sacerdotal, atreverse a ser herético y renunciar de manera general a esa escasez artificial que se llama genéricamente propiedad intelectual. Esto, que parecería una vuelta a ese espejismo de una ciencia pura e incontaminada, es más bien lo contrario. Como los descubrimientos son secuenciales, las patentes retrasan la creación de conocimiento o su explotación justamente porque conceden monopolios temporales (que como se sabe son la antítesis del libre mercado) y porque dan origen a comportamientos oportunistas.

La evidencia empírica, además, hace ver con bastante claridad que los incentivos a crear, hacer ciencia o innovar, no decrecen dramáticamente en ausencia de esa protección artificial en los sectores más relevantes. La manera tradicional de pensar de los economistas está en entredicho y no puede ser seguida a críticamente aunque la mismísima Universidad despierte hoy a la explotación comercial de los resultados científicos ante la mirada complacida del empresariado.

Pero hay una segunda condición, más sutil, más allá del espíritu sacerdotal. Aunque no hubiera patentes, hay otras formas de acabar con la competencia, noción ésta distinta de la de mercado, pero responsable principal de la capacidad de generar riqueza que se atribuye, y con toda justicia, a esa extraña institución que se llama libre mercado.

Paradójicamente esas formas «tóxicas» son aquéllas que se supone reflejan precisamente esa competencia. Pensemos en los rankings bibliométricos basados, por ejemplo, en el índice w, índice que alcanza un científico que ha publicado w trabajos que han sido citados al menos 10w veces. Al igual que las patentes y a pesar de la sabiduría convencional (que diría que estimulan la competencia entre científicos y la innovación intelectual) estos rankings corren el peligro de contribuir a cegar la fuente de la creatividad. Así como el monopolio temporal que otorga una patente es bueno para su titular y malo para la sociedad, los rankings bibliométricos pueden ser útiles en muchos sentidos (para la contratación, para distinguir a los científicos excepcionales y premiarles o para ofrecer modelos a la juventud) pero también pueden ser mal utilizados de forma que redunden en la polarización de las preocupaciones dejando en sombra problemas serios y quizá intelectualmente más productivos al tiempo que condicionan el poder académico por razones espurias.

Con esos dos tipos de apoyos artificiales los científicos corren el peligro de adocenarse, de convertirse en tristes oficinistas poco honestos unos con otros y sin verdadera apreciación por la creatividad y el «eureka». Lo que quiero concluir es que, en buena parte, eso ocurre porque no tienen el contraste del mercado. Si se lo proporcionamos les convertiremos en ciudadanos más libres, en científicos más productivos y en personas más contentas consigo mismas que Einstein. De ahí la importancia del nuevo Ministerio al que, en todo caso y especialmente si se deja convencer por mis argumentos, no le auguro una vida placentera. Y es que tiene que romper con la “dependencia del recorrido” propia de las comunidades científicas. Pero esto es otra historia.

El interbancario

2 de diciembre de 2008

Sigue bajando y es un magnífico indicador de que se descongestiona el crédito. No solo ocurre que ya la hipoteca se abarata y que se abaratará más si ese interbancario sigue bajando a un ritmo al menos constante. Con ser importante esa bajada del coste de la independencia personal, no es lo más importante.

Es más importante que esa bajada indica que continúa la reactivación de la actividad del mercado interbancario aunque hasta ahora no se había reflejado en la bajada de las cuotas de las hipotecas, pues esto exige varios meses seguidos de bajada de ese interés que se fija en el mercado interbancario.

Y esto ocurre sin que todavía las ayudas a los bancos en distintas formas hayan empezado a ser utilizadas y antes de que la posible diferencia entre unas facilidades y otras permitan la auto selección y generen conocimiento cierto sobre la situación de cada institución.

Si se hacen bien las cosas ese conocimiento llegará pronto y comenzará la consolidación del sector. Y desde ahí la recuperación aunque nada nos libra de pasar unos buenos sustos.

La rueda de prensa de Krugman

11 DE DICEMBRE DE 2008

El lunes Paul Krugman ofreció la rueda de prensa que acompaña a la conferencia que les recomendaba ayer en un minipost:

«Ahí tienen la conferencia Nobel de Paul Krugman. Es de audición obligatoria. Descubrirán que el nuevo laureado es algo más que un columnista; pero también aprenderán cosas sobre la situación que nos agobia ahora.»

Según la prensa sueca ofreció unas perspectivas bastante lúgubres. He aquí, traducidas, algunas de las cosas que dicen que dijo:

«El escenario que temo es que vayamos a ver, para el mundo entero un equivalente a la década perdida de Japón en los años 90; que lleguemos a ver un mundo de tipos de interés cero, deflación sin signo alguno de recuperación y que la situación se perpetúe sin signos de recuperación»

Y, continúa:

«(…) desgraciadamente es muy fácil que esto ocurra

Y, finalmente, la guinda:

«(…) si hay algún sitio seguro, yo no lo veo.»

Era solo una rueda de prensa; pero aun así, hay que exigir un poco más. Que la cosa es global es una obviedad y que podemos caer en la situación japonesa de deflación ya ha sido dicho, incluso por mí hace tiempo aunque pocos han sido tan preclaros como Kobayashi.

Dice Kueli

30 de diciembre de 2008

Así termina el comentario de Kueli al comentario casual del otro día: dice Kueli. Lo que quiere es disentir con buenas razones de lo que él atribuye a Michele y a mí. Pues bien, Michele es inocente, así que evitaré su nombre en las citas que siguen, que además serán retocadas cuando lo exija la comprensión de las ideas.

Primero las divagaciones.

«Reconozco el hechizo de las cadenas de apostantes innumerables, cerradas o no. Me permito apuntar en el margen que desgraciadamente somos demasiado pocos para que sean infinitas. Admito que muchas veces la tentación de dar rienda suelta al aprendiz de Borges que muchos llevamos dentro es difícil de resistir. Y aprecio la belleza de la imagen: todos reunidos en la plaza de la aldea global, con la txapela calada para ahuyentar el frío, apostando a qué trainera se va hacer con la bandera. Pasando un buen rato pero sin crear riqueza. Y para colmo de males, las más de las veces terminan por ganar los maketos de Astillero.»

Tres apostillas al respecto: 1. Pasar un buen rato ya es crear riqueza, pero creo que no estamos hablando de eso. 2. Muy maketos no serán los de Astillero si ganan la regata. 3. Mejor aprendiz de Borges que autor de Cien Años de Soledad.

Pero continuemos con lo nuestro.

«Disiento porque vuestra (se refiere a la mía) lógica es propia de un análisis de equilibrio parcial. Y me explico. Olvidemos la cadena de apuestas que no aporta nada. Supongamos que mi amor me convence para que nos compremos un piso. Voy al banco y pido un crédito. El banco decide que soy una apuesta razonablemente segura y me lo concede. Dice Juan que no se ha creado riqueza. Si devuelvo mi crédito gana el banco y supongo que, como es una apuesta, pierdo yo. Usando la misma lógica, si no lo devuelvo, supongo que perderá el banco y ganaré yo. Pues ni lo uno ni lo otro. Por dos razones. Primero si devuelvo el crédito, tanto el banco como yo salimos ganando. El banco porque hace su negocio. Y yo porque el crédito ha aumentado mis oportunidades y me ha permitido disfrutar con mi amor de una casa en propiedad.»

Aquí empieza la discusión. La hipoteca de la que nos habla Kueli, siempre tan romántico, es un contrato de crédito que se firma porque ambas partes piensan que hay condiciones verificables en las cuales ambos ganan, lo que ocurre con muchos otros contratos sin tener que distinguir entre análisis de equilibrio parcial o general. Estos contratos de créditos forman parte del inside money pero este inside money se compone también del empaquetamiento de este crédito hipotecario y su distribución mediante contratos que asignan mejor el riesgo haciéndoselo correr a mucha gente en pequeñas cantidades: un posible aumento de riqueza en algún sentido, pero no en el habitual. Aunque discutible, yo diría que este derivado, así como el aseguramiento de cualquier riesgo no son evidentemente parte de la riqueza en este análisis de equilibrio parcial si consideramos cadenas cerradas.

Así que yo me atrevería a decir que lo de las cadenas de apuestas sí es relevante. De acuerdo con este equilibrio parcial y tal como decía en las divagaciones previas sí que se crea riqueza si consideramos no las apuestas sino los contratos que si son apuestas lo son en un sentido distinto del que tiene un contrato de compraventa de un ordenador, digamos. Los sellos de Afinsa también se revalorizaban y, si hemos de creer a los inspectores de hacienda, esta firma destruyó riqueza.

Pero lo importante viene ahora en cuanto entra lo del equilibrio general.

«Y segundo, y aquí aparece el equilibrio parcial en tus análisis, porque la hipoteca trastoca mis márgenes y cambia mis incentivos para crear riqueza. Si yo fuera una persona de bien y tuviera una hipoteca, probablemente habría dedicado este rato a realizar alguna actividad remunerada. Por ejemplo a preparar mis clases, que según mi empresa deben ser obras maestras. Todas y cada una de ellas. Y eso sí que es riqueza.»

Esto está bien visto. Pero naturalmente diré que todos los engañados por Madoff también cambiaron su estructura de incentivos y pasaron de trabajar a pintar obras maestras.
Esto es lo que acaba reconociendo Kueli:

«Pues con tus cadenas de apuestas al fin y al cabo pasa lo mismo. Cada eslabón aumenta las oportunidades. Cada eslabón trastoca los márgenes. Y cada eslabón crea riqueza. Por eso debemos volver a ellas cuanto antes.»

La trampa está aquí. Es cierto que cada eslabón trastoca los márgenes; pero no se sigue que esto crea riqueza. Yo por ejemplo desde que Madoff me ha pillado tengo que mantener mi reputación de tipo rico amigo de Bernie y al tener que aparecer a menudo por Horcher, si bien doy de ganar a este negocio de restauración, dejo de escribir maravillosos posts con lo que perdéis todos.

Esto del inside money siempre ha sido un lío; pero para terminar tengo que añadir que concluyamos lo que concluyamos, la cantidad de esta especie de dinero sí que es relevante aunque no fuera más que porque ha dejado en los últimos años bastante dinero a casi a todos en forma del capital público que se ha generado.

Como dice Kueli esperemos entonces que continúen las cadenas y en general las innovaciones financieras que reparten mejor el riesgo y hacen que la industria financiera se adapte mejor al perfil de riesgo deseado de cada persona.

Inside money: fin

Crónica de una Crisis | Enero 2009

Prólogo

En su artículo de enero («Dependencia del Recorrido (I): Macro»), primera entrega de un trabajo que culminará con otra entrega en febrero –del mismo tema, pero dedicada a la microeconomía–, retoma JU un concepto con el cual ya nos hemos topado en esta Crónica: el ya famoso «pasillo neoclásico».

En el artículo nos anticipa que quiere volver sobre temas como la «dependencia del recorrido» y el «encasquillamiento» en las ideas científicas (incluyendo entre éstas las teorías económicas), a los cuales ha dedicado una cierta reflexión.

El punto de partida para esas reflexiones es el hecho de que, en el momento en que escribe el artículo, buena parte de los Estados están empezando a poner en práctica una política fiscal de gasto. La pregunta de índole práctica que se hace JU es si llegan a tiempo y la eficacia de la misma.

Como marco de referencia ya proponía el mes pasado que se explorara la idea heterodoxa de entender la situación económica como una forma de fallo de demanda efectiva, la que ocurre, según dice Axel Leijonhufvud, «cuando el sistema está totalmente atorado con préstamos malos».

En estas circunstancias, en efecto, la atención se vuelve inmediatamente a la idea concomitante de un pasillo neoclásico «dentro del cual las señales de los mercados funcionan porque en su seno los precios son flexibles, pero fuera del cual los precios pierden flexibilidad y, al no transmitir información sobre la situación, comienzan a darse unos ajustes en cantidades que originan exceso de capacidad instalada y paro en los sectores donde los precios y los salarios son efectivamente rígidos o no suficientemente flexibles».

Esta es precisamente para JU la situación (similar a la de Japón en los años 90) en la que se encuentran –cuando menos– cuando él está escribiendo este artículo, sectores como el inmobiliario y el automovilístico.

Para salir de ese impasse, resulta imprescindible «ensanchar el pasillo neoclásico» a que nos ha conducido el fallo de demanda efectiva. Mientras esto no se haga, el mercado por sí mismo no arreglará nada y el gasto público actuará como «parches fiscales», de efecto limitado.

Con objeto de conseguir ese ensanchamiento, resulta esencial recuperar la funcionalidad del sistema de pagos y de crédito, lo cual a su vez conlleva distinguir los bancos contaminados de los que no lo están. En este sentido, y aunque parezca un poco forzado mezclar lo coyuntural con lo estructural, resulta muy interesante la «sugerencia molesta»[sic] que efectúa JU en su post del día 24, en el sentido de que un Consejo de Vigilancia Dual en las instituciones de crédito sería muy útil para lidiar con situaciones como la presente y, en todo caso, más apropiado –con carácter general– para un mejor funcionamiento de la gobernanza y procedimientos de concesión de crédito de dichas instituciones.

En la entrega de febrero de este artículo JU mostrará cómo la existencia del pasillo neoclásico se debe precisamente a problemas informacionales.

Un segundo «bloque» reseñable en la Crónica de este mes, de imprescindible lectura para los amantes de la buena dialéctica económica, lo integran los posts de 5 y 6 de enero («Otra vuelta de tuerca de Teo Millán» y «Macromodels y el Principio de Heisenberg: fin»): constituyen una pugna dialéctica de primer nivel sobre teoría macroeconómica. Y también resulta interesante dentro de este bloque –aunque un poco confuso desde mi punto de vista– el del día 4 («Inside money: fin»), como un recorrido «dialógico» sobre el inside money. En todos estos posts, los mismos «púgiles»: Juan Urrutia y Teo Millán.

Por último, tiene su lugar bajo el sol este mes un tema al que JU dedicará un espacio no desdeñable en esta Crónica: los fenómenos de lucha de poder («Lucha de clases» es el título del post de 27 de enero), que por supuesto aparecen generalmente encubiertos bajo ropajes más políticamente correctos.

Inside money: fin

4 de enero de 2009

A la vuelta de vacaciones Teo está en plena forma y envía nuevas puntualizaciones a varios posts de este blog, tal como informé ayer. En realidad y en lo que respecta al inside money son aclaraciones a opiniones tanto mías como de Michele y como de Kueli. Para no continuar eternamente con una discusión sobre este punto en la que, sinceramente,creo que estamos de acuerdo, y no tener que gastar demasiado tiempo, lo mejor es darle carpetazo aquí ofreciendo la opinión de Teo y adobándola con los mínimos comentarios imprescindibles.[1] Otra cosa es que Kueli quiera continuar en cuyo caso le pediría que ponga al tanto a Teo de cómo realizar comentarios a los distintos posts dentro de los tres días prefijados.

Teo comienza:

«Creo que en el tema de las cadenas y Madoff hay una confusión importante entre lo que es crear output (riqueza en sentido productivo) y creación de valor (mejorar de bienestar mediante re asignación) (en sentido redistributivo)».

Me parece dudoso de que esa distinción sea útil ya que riqueza es todo, desde el output a la redistribución del riesgo o de las oportunidades de lo que sea.

Continúa Teo:

«La cadena de Madoff, al igual que la de Afinsa, no necesariamente pretenden crear riqueza, pero son una muestra clara de una creación de valor mediante reasignación (aunque eso sí, frustrada). Es frustrada porque ciertamente se trunca, pero si abstraemos del propósito de robo de sus operadores, y nos centramos en el modelo teórico subyacente que permite que subsistan durante cierto tiempo, hay un objetivo de producción de una reasignación principalmente (en el tiempo). (Creo que en ese sentido encaja el comentario de Michele de que en los contratos de intercambio libre ambas partes ganan). El mismo principio rige con las hipotecas, intercambios íntertemporales, con un elemento explícito de incertidumbre que las hace susceptible de interpretarlas como loterías o apuestas».

Nada serio que decir excepto que el comentario que se atribuye a Michele no es suyo sino parte de un comentario casual que aventuré. Pero Teo sigue diciendo cosas correctas:

«Algo distinto es la creación de riqueza en sentido productivo. Crear riqueza se puede interpretar como invertir y obtener un aumento de los recursos disponibles. Ninguna cadena del tipo de las piramidales pretende eso. Y sin embargo hay una relación entre ambas funciones. Dicha relación se produce porque el intercambio intertemporal permite generar financiación para hacer inversión productiva. Y aquí creo que es donde surge una posible confusión entre ambos conceptos; creación de riqueza en sentido redistributivo (al permitir financiar una inversión) y la propia inversión productiva».

De la comprensión de esto se sigue que, en puridad, se pueda hacer una distinción entre cadenas abiertas y cerradas a pesar de la opinión de Kueli. Pero continuemos:

«La parte interesante comienza cuando se constata que la financiación es importante porque permite aumentar la inversión. Pero no se debe confundir el resultado de la inversión con el del intercambio intertemporal. El inside money es pura financiación, mero intercambio intertemporal Per se, como mera reasignación, crea valor (en sentido paretiano) aunque no crea recursos adicionales. Pero si esa reasignación funciona como financiación de inversión productiva, generará creación de riqueza».

Al llegar aquí nos deberíamos poner de acuerdo sobre si queremos llamar creación de riqueza a las mejoras en las posibilidades de traslado de poder de compra en el tiempo y/o a las mejoras en la distribución del riesgo. Cada una de estas cosas pasa por la creación de mercados y ésta no siempre mejora paretianamente a todo el mundo. Algo así podría leer uno en el siguiente párrafo:

«Las cadenas de Madoff son reasignaciones positivas cuando son verídicas, esto es no ocurren únicamente en el papel con datos falso sino en la realidad. Si son operativas contribuyen a una buena reasignación social intertemporal Pero, desgraciadamente, como tantas veces en que buscamos asignaciones pareto-superiores a una situación dada, nos encontramos con reasignaciones no sostenibles. La sostenibilidad es un concepto elusivo que no sé bien cómo encaja aquí. El inside money es importante porque «es» la reasignación de bienes, que se da bien estáticamente, bien de forma intertemporal en cuyo caso se trata de financiación que permite aumentar la inversión. Por tanto, nada de márgenes y de buscar creación de riqueza en la intermediación. No es necesario, y va en otra dirección, sin negar el valor al intermediador como figura económica».

OK, touché! pero que los cambios en los incentivos no sean necesarios para justificar la creación de valor por medio del inside money, no quiere decir que no se den y que puedan influir en la creación de output de manera distinta a la reasignación intertemporal o a la reasignación de riesgos de la que ahora va hablar Teo:

«Y sobre el riesgo ya se sabe que se puede hacer extensivo el análisis a divergencia en aversión al riesgo. Facilitar la reasignación de riesgo, especializándolo mediante todo tipo de instrumentos solo puede mejorar las posibilidades de reasignación social».

De acuerdo, siempre que recordemos que abrir nuevos mercados no es siempre pareto-improving. Y a los mercados llega Teo:

«Por eso es importante pensar en que ha fallado en los mercados de vehículos específicos de inversión (SIV) en esta crisis. Aunque algunos análisis apuntan a que tal vez el fallo este justamente en la inexistencia de mercados bien definidos de tales productos. Aunque los mercados fueran tales y estuvieran bien definidos, mi anterior comentario sigue siendo cierto».

Teo añade una curiosidad:

«Curiosamente, E. Prescott acaba de sacar un working paper (en colaboración) sobre inside money y reasignación intertemporal (Intermediate Quantities and Returns, Fed de Minnpls, 2008) que es muy interesante porque racionaliza el doble hecho observado de que el inside money (borrowing and lending entre familias en USA es cerca de dos veces el PIB, y el coste de intermediación de dicho inside money es un 2%. Su racionalización es exclusivamente en términos de preferencia por «legar» patrimonio al fallecer. Un interesante ejercicio. Sobre todo a la luz de algunas de las cuestiones que suscita la crisis financiera en relación con «el crédito»».

OK, pero no entiendo el último inciso. Y va terminando:

«Por último, un tema curioso que no he visto recogido por nadie en relación con el caso Madoff es que como se generaban (ficticias) ganancias patrimoniales de consideración y sostenidas durante años, quien sí ha tenido que verse beneficiado por esta estafa es la Hacienda Pública. Tanto por tributación sobre patrimonio como por IRPF (personales y societarios)».

No me resisto a hacer notar que esas ganancias reflejadas en un incremento del capital público es un hecho que ha sido remarcado por mí en varias ocasiones estos últimos meses. Pero Teo añade un asunto importante Y lo que no debe de estar nada claro es cómo pueden los contribuyentes recuperar dichos impuestos ya satisfechos. Desde luego, en ningún caso se produciría la recuperación del lucro cesante asociado con aquello satisfecho en el pasado. Con lo que el estafado queda doblemente agraviado. Y dado que en este caso no es pensable que alguien acabe no ya compensando por el perjuicio, sino ni siquiera devolviendo el total del principal estafado, la cuestión tiene su aquel.

A lo que no tengo más remedio que preguntar que, si de alguna forma el estafado se benefició de aumentos en el valor añadido que él apropia, porqué deberían devolverse le los impuestos pagados.

Bueno. sugiero que lo dejemos ahí pues, como ya decía, esto del inside money es un lío.

Dependencia del Recorrido (I): Macro

5 de enero de 2009

– Publicado en Expansión –

Parece ser que finalmente la mayoría de los Estados están empezando a poner en práctica una política fiscal de gasto. La pregunta es si llegan a tiempo.

Decía al final de mi entrega de diciembre que el nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación no lo tiene fácil porque, para tener éxito, tendría que «romper con la dependencia del recorrido propia de las comunidades científicas», un fenómeno éste que, junto con el efecto lock-in o de encasquillamiento, hace imposible el ideal del sistema de Ciencia Abierta. Y añadía: «Pero esto es otra historia».

Pues bien, hoy quiero volver sobre esa «otra historia» de la «dependencia del recorrido» y del encasquillamiento en las ideas científicas incluyendo entre éstas, si se me permite, las teorías económicas, las únicas de las que sé algo.
En la segunda parte de esta entrega hablaré de la Economía de la Información. Pero hoy lo que voy a hacer es centrar mi atención en ciertas ideas teóricas macroeconómicas que, creo, serían útiles en estos momentos pero que no reciben la atención debida por razones que intentaré explicar más adelante. Para intentar retomarlas es bueno, sin embargo, comenzar por un comentario aparentemente tangencial. Parece ser que finalmente la mayoría de los Estados están empezando a poner en práctica una política fiscal de gasto. La pregunta es si llegan a tiempo.

Es posible que ya sea tarde, pero también es posible que sea demasiado pronto. El último premio Nobel, Paul Krugman piensa que se ha perdido mucho tiempo y que el gasto público que se necesitaría para reactivar una economía como la estadounidense sería ya demasiado grande como para poder ser movilizado. Y también piensa, en consecuencia, que tenemos el peligro de caer en una situación como la japonesa de los años 90. Otros economistas no tan conocidos o con menor exposición mediática, expresan su escepticismo ante estas medidas porque, según ellos, no serán efectivas a no ser que previamente las instituciones que componen el sector financiero hayan sido fregadas hasta resplandecer como una patena de forma que el sistema de pagos en todas sus ramificaciones funcione sin fallos y sin temor a que éstos puedan surgir.

Me interesa explicar esta última opinión puesto que nos pone en contacto con las ideas macroeconómicas que han sido arrumbadas y que sin embargo podrían haber dado en el clavo, precisamente por haber sabido quedarse al margen del recorrido fijado para la ciencia económica. Para defender esta opinión me permito recordar lo que ya dije en mi entrega de marzo del año pasado. Proponía entonces que se explorara la idea heterodoxa de entender la situación como una forma de fallo de demanda efectiva, la que ocurre, según dice Axel Leijonhufvud, «cuando el sistema está totalmente atorado con préstamos malos».

En estas circunstancias, en efecto, la atención se vuelve inmediatamente a la idea concomitante de un pasillo neoclásico dentro del cual las señales de los mercados funcionan porque en su seno los precios son flexibles, pero fuera del cual los precios pierden flexibilidad y, al no transmitir información sobre la situación, comienzan a darse unos ajustes en cantidades que originan exceso de capacidad instalada y paro en los sectores donde los precios y los salarios son efectivamente rígidos o no suficientemente flexibles.

Esta es precisamente, y aunque parezca lo contrario, la situación actual de sectores como el inmobiliario y el automovilístico. Aunque haya toda clase de precisiones estadísticas a hacer, creo que se puede decir que aquí y en todas partes los precios no han bajado mucho en proporción a las bajadas en la cantidad «producida», a pesar de promociones excéntricas que no sirven sino para enmarañar aun más las pocas señales que se emiten en uno y otro mercado. Pues bien, cuando esto ocurre estamos como en el Japón de los años 90 y aplica la siguiente opinión del profesor Kabayashi que traduzco con libertad:

«Una gran lección del Japón de los años 90 es que las políticas keynesianas per se no contribuyeron a la solución de la crisis financiera… Mientras que Japón instrumentó repetidamente grandes paquetes de estímulos fiscales, el gobierno no realizó un esfuerzo serio de política para que los bancos se deshicieran de sus préstamos fallidos. Como resultado un enorme montón de esos préstamos fallidos se inflamó bajo la colusión implícita entre el gobierno y los bancos. Naturalmente, la incertidumbre de los pagos… persistió durante años. El problema esencial era … que las políticas centradas en los trabajos públicos y en los recortes impositivos no eran lo suficientemente directas como para atacar el problema …»

La lección es clara. Es imprescindible recuperar la confianza en el sistema de pagos conformado por los bancos para lo cual no se puede evitar distinguir los bancos contaminados de los que no lo están. Mientras esto no se haga los parches fiscales serán inútiles para restaurar la confianza en la capacidad y buen funcionamiento del sistema de pagos y, sin esta confianza, el sistema no fluye y las inyecciones de gasto público moderan su efecto.

O sea, que cuando el corredor neoclásico ha sido reducido a un estrecho senderito por un fallo de demanda efectiva como el que hoy vivimos, el mercado por sí mismo no arregla nada y el gasto público tampoco, aunque suaviza los efectos más desagradables de una crisis. Lo que hace falta es ensanchar ese pasillo neoclásico mediante una significativa ayuda a la concesión de crédito por parte de los bancos.

Pero esto solo se puede hacer si el valor del colateral es grande, cosa que ya no es posible por la caída de los precios de algunos activos que sí han sido flexibles, como las acciones cotizadas en Bolsa por ejemplo o, alternativamente, cuando los bancos están dispuestos a arriesgarse a pesar del poco valor de ese colateral.
Pero esto último depende de la confianza entre ellos mismos y ésta solo se recupera de verdad cuando existe algún mecanismo para poder identificar los especímenes sanos y distinguirlos de los enfermos de forma que se evite el recelo generalizado sobre la salud del sector por parte de todo el mundo incluyendo los propios bancos.

Sobre esto diré algo en la segunda parte de esta entrega.
Para terminar esta primera parte trataré de reflexionar sobre por qué esta línea de pensamiento macroeconómico ha tenido poco eco y su utilización ha sido escasa, según reconoce Laidler (otro economista de mi época) en la laudatio de Axel Leijonufvud que ofreció en el homenaje que UCLA rindió a este último.

Un par de notas personales pueden ayudar a entender esta bifurcación fallida en el recorrido de la teoría macroeconómica. En «mis tiempos» las ideas de esta macroeconomía del desequilibrio competían con la síntesis neoclásica y parecían hacer mella en esta última aproximación. Hasta tal punto que en mis primeros años de profesor utilicé un texto de R. Barro y H. Grossman que utilizaba la aproximación de precios fijos. Sin embargo, treinta años más tarde el mismísimo Barro me confesaba que le hubiera gustado no escribir ese libro.

Ese rechazo retrospectivo se debía sin duda al establecimiento definitivo del modelo de equilibrio general competitivo como modelo estándar del pensar teórico puesto que en ese modelo estándar no hay lugar para el desequilibrio pues los precios son perfectamente flexibles. Es ese modelo el que conforma una base para la creación y desarrollo espectacular de la macroeconometría de las expectativas racionales que acabó con cualquier otro intento de teorización.

Sin ese éxito indudable, la macroeconomía hubiera prestado más atención a los desarrollos del modelo estándar basados en la Economía de la Información y la tensión entre los dos cuernos de la bifurcación se hubiera mantenido más tiempo puesto que la existencia del pasillo neoclásico se debe precisamente a problemas informacionales, tal como veremos en la segunda parte de esta entrega.

Otra vuelta de tuerca de Teo Millán

5 de enero de 2009

Hace unos días decía yo:

«El origen de la cuestión genérica de la macroeconometría, hay que situarlo en una comparación inocente entre el psicoanálisis y las expectativas racionales que ya fue puntualizada en su parte económica por Teo y repuntualizadas tanto por Kueli como por mí mismo al postear el comentario de Teo.»

Ahora Teo desea no solo puntualizar sino reconvenirme por unas cuestiones serias que, en su opinión, revisten interés.[2] Les dejo con él sin cortes ni interrupciones y mañana volveré para tratar de defenderme y dar por finalizado este intercambio que, al menos, me ha llevado a leer el artículo original de Sargent.

«A la vuelta de Bilbao, me asomo a tu blog y dando marcha a atrás a la moviola me encuentro con que has recogido y comentado el mail que te mandé sobre precisiones a tus menciones de la conferencia Max Weber de Sargent. Siento que se me pasase por alto pero con el revuelo de las fiestas no estoy muy al día (ni en esto, ni en nada). Creo que haces muy bien en aclarar que tu referencia es a la conferencia y no a su artículo en la AER, y coincido contigo en la falta de claridad de la misma (no así del artículo que, efectivamente me parece una pieza de gran valor pedagógico). Una lástima porque el artículo no tiene desperdicio y ojalá los investigadores brillantes se tomen la molestia de hacer una hoja de ruta para mortales y aficionados como hace Sargent en el artículo, de lectura obligada en todo centro que se precie de enseñar macro.

Sin embargo, siento tener que insistir en algunas de mis precisiones, porque apuntan justamente al corazón de la explicación de Sargent que no es bueno distorsionar. Tales puntos hacen referencia a;

– Tu comentario de que los self-confirming equilibra convergen a racional expectations equilibra.

– La trivialización de lo que Sargent llama la problemática de la inducción.

– Y, de refilón, la reconvención de mi observación sobre el principio de indeterminación.
Para hacer estar precisiones aclaratorias hay que comenzar recalcando, siguiendo el texto de la conferencia, que se usan tres conceptos claros y diferenciados que pueden ser fuente de confusión; REE (Rational Expectations Equilibria, tu afirmación de que con anterioridad a la crítica de Lucas era sobradamente reconocido y usado el que los modelos macroeconómicos incorporasen comportamientos coherentes a nivel estructural.); SCE (Self Confirming Equilibria) y; ALP (Adaptive Learning Processes).

La historia que cuenta Sargent es la siguiente;
A la hora de modelizar y de estimar modelos macroeconométricos se han dado tres problemas históricos y relacionados entre sí;

1º En primer lugar el hecho surgido de la crítica de Lucas, de que la política económica no afectaba el comportamiento de los agentes en los modelos previos a las expectativas racionales, lo que les hacía «incoherentes». No entiendo entonces qué es lo que te lleva a decir, «… que si por modelos a la Sargent entendemos los ALP,…. desde los modelos macroeconométricos anteriores a la famosa critica de Lucas a la evaluación econométrica de la política económica, saben los economistas que la introducción explícita del comportamiento del gobierno debe hacerse y de forma coherente con las creencias de los agentes individuales quienes, en base a esa creencias, actúan racionalmente y de forma que, entre todos ellos, generan un resultado que es el que el gobierno toma como dado para diseñar su propia política. No creo pues que el pretendido cambio se deba a Sargent tal como apuntaría esta segunda parte de la primera puntualización». Este párrafo es, desgraciadamente, un sinsentido: los modelos que denomino a la Sargent son los modelos estructurales de REE, que como el propio Sargent indica en la pag. 2 de la conferencia, permiten superar la crítica de Lucas alterando lo que él mismo denomina modelos de «pre-rational expectations». Si dichas hipótesis de compartir expectativas ya se dieran en los modelos previos a la crítica, ¿cuál sería el sentido de la susodicha crítica?.

El punto angular es justamente la ausencia de dicha hipótesis de expectativas compartidas que, como dice Sargent; «..via the crossequation restrictions implied by attributing common beliefs to a government and its citizen, rational expectations models automatically make private agents decisions rules be funtions of a goverment policy».

Esta es la superación de la crítica de Lucas. Lo que es «crucial» aquí para superar la crítica de Lucas es, justamente, el suponer que el gobierno y los agentes comparten expectativas. (Y el igualarlas a la función de distribución objetiva que define el modelo es lo que convierte estos modelos en modelos de expectativas racionales).

Sin embargo, volviendo a la historia narrada por Sargent, los modelos de REE, a pesar de su belleza teórica, plantean serios problemas de aplicación. El primero, la multiplicidad de equilibrios, que dificulta deducir recomendaciones de política. El segundo, que cualquier secuencia de observaciones históricas que se usen proviene de periodos en que se seguía (en la realidad) una política económica que estaba afectando e interactuando con los propios resultados del equilibrio. Esto quiere decir que la intervención política histórica, al no ser «neutral», nos presenta datos que no son necesariamente compatibles con la regla de política que planteemos en el modelo que luego vamos a calibrar. Este es un problema sin solución.

2º En segundo lugar, surge el problema práctico de cómo descubrir las distribuciones de probabilidad subyacentes a un modelo. En términos prácticos este problema se ataja históricamente en dos etapas; La primera, argumentando desde fuera del modelo, esto es, planteándose cómo opera el económetra para llegar a descubrir «el modelo real». Este problema tiene a su vez una componente teórica (i), que se solventa suponiendo que si un «observador» externo al modelo tiene acceso a infinitas realizaciones generadas por el mismo, se puede probar que es posible «descubrir» la función de probabilidad del mismo, y otra más compleja, de tipo práctico(ii), que es a la que enfrentan los económetras al estimar modelos, y que se solventa mediante estimaciones «indirectas», que al ser indirectas generan la incómoda posibilidad de acabar apresando al económetra en un modelo erróneo, que a pesar de serlo resulte sin embargo «auto-confirmante», lo que Sargent denomina situaciones «observacionalmente equivalentes» (que es lo más próximo a tu observación sobre la compatibilidad de formas reducidas con diversas formas estructurales).

Sin embargo un problema algo más elaborado tanto a nivel de teoría como a nivel práctico, es el de cómo operan los agentes del modelo «desde dentro del mismo», y en particular cómo pueden conocer la función de probabilidad a la vez que «viven» el desarrollo del modelo «desde dentro». Al estar dentro del modelo, a diferencia del económetra, los agentes tienen que «ir aprendiendo» a la vez que generan la secuencia de equilibrios, lo cual da lugar a una complejidad adicional de tratamiento, porque los agentes van afectando al propio equilibrio del que a su vez van aprendiendo. Y aquí es donde hacen su aparición los modelos con fórmulas de learning y la hipótesis de ALP.

Desgraciadamente, estas formulaciones NO convergen a REE, y lo más que llega a demostrase es que lo hagan a SCE. (Tal y como lo expresa el propio Sargent en el artículo de la AER, “..their learning affects decisions and alters the distribution of endogeneous variables over time, making them aim at moving targets”).

Esto es clave y va directamente en contra de lo que indicas en tu comentario a mí comentario, de que “Los equilibrios auto-confirmantes de Sargent no son los meramente coherentes. Son los que, además de ser coherentes, se van adaptando con la “garantí-a” que en el lí-mite de la adaptación coinciden con lo que serí-a el verdadero modelo”. La prueba de que esto no es así (extensamente tratada en el artículo de la AER) es el siguiente párrafo de la conferencia, presentado bajo un elocuente título (disculpas por la falta de notación matemática):

“6.3 SCE-REE gaps and the incomplete solution to Hume`s induction problem

“When f(..p) is different from f(..Q) for some choices of vt, the most we can hope for is convergence to an SCE (Self Confirming Equilibria). A gap between a rational expectations equilibrium and a SCE indicates that false generalizations will be drawn from the limited observations used to estimate a model…”

Luego hay dos niveles, el de la convergencia de los equilibrios bajo hipótesis de learning tipo ALP, que lo hacen a SCE, y el de la convergencia de SCE a REE, que no se da. Tan es así, que Sargent es coautor con In-Koo Cho de una pieza titulada justamente “Self-confirming equilibria” en donde se llega a decir que “..Thus, a rational expectations equilibria is a self-confirming equilibrium, but not viceversa”. Y tal es origen de buena parte de la problemática a la que se refiere Sargent y justifica su artículo.

Entiendo que con estas confusiones no captes el sentido en que digo que Sargent está apuntando a un problema metodológico que me recordaría el principio de indeterminación de Heisenberg. De hecho a lo que me quiero referir con mi observación es a que los agentes “al ir aprendiendo, van alterando el propio equilibrio” con lo que se abre la puerta a la “indeterminación“ de este tipo de modelos, que es lo que me recuerda a Heidelberg por aquello de la intromisión del observador en lo observado. Porque no perdamos de vista que la intención de la hipótesis de ALP es buscar formas de aproximarse a “la realidad del modelo”, y al hacerlo nos topamos justamente con que la interferencia de los agentes alteran el mismo equilibrio. Tal es el “sabor” del recuerdo de la indeterminación de Heidelberg a la que me refiero. Aunque comprendo que se trata de sabores “personales”.

De todo ello surge entonces un cierto escepticismo respecto al conocimiento de la realidad económica, como indicas que era el espíritu inicial de tu comentario. Me temo que Sargent estaría de acuerdo en la dificultad de alcanzar el conocimiento definitivo de las formas estructurales del modelo que represente de forma absoluta la «realidad» histórica. Pero no en el sentido absoluto en que tu lo usas, sino en el relativo, de que es necesario hacer “interpretaciones” inteligentes de dicha realidad para dotarles de sentido. Eso es, en mi opinión, el espíritu de su defensa del Inteligent Design y del uso que hace del concepto en el resto del artículo cuando ilustra lecturas de la evolución de la política monetaria.

Siento la densidad del peñazo. Pero me da pena que el bloc acabe perpetuando errores tan básicos.

Gracias por la atención, si he conseguido mantenerla hasta aquí.

Teo.»

Macromodels y el Principio de Heisenberg: fin

6 de enero de 2009

Ayer les ofrecía la reconvención seria a la que me somete Teo sin comentarios ni cortes. Hoy me propongo dar por finalizada la discusión lo mismo que di por finalizada la discusión sobre inside money. Cada uno habremos aprendido lo que hayamos podido y lo que hayamos querido de acuerdo con nuestras finalidades; pero ya es demasiado para el posible lector.[3] Como tienen disponible el texto entero de Teo, yo me limitaré ahora a responder a las acusaciones de error interpretativo por mi parte. Para entender mi descargo se debe leer la Max Weber Conference de Sargent a la que nos referimos todo el tiempo y, para mayores detalles, su Presidential Address a la AEA de enero del año pasado que puede encontrarse en su página web de NYU. He aquí los cargos que se me imputan:

1. Trivializo injustamente lo que Sargent llama la problemática de la inducción.

2. Mi reconvención sobre su interpretación del principio de indeterminación reflejaría una cierta incomprensión de puntos sutiles.

3. Mi afirmación de que los modelos macroeconómicos incorporaban la necesidad de coherencia entre las creencias del gobierno y las de los agentes económicos sería un sinsentido.

4. Mi afirmación de que los self confirming equilibria convergen a los rational expectations equilibria es un error.

Paso ahora a defenderme:

1. En los modelos que usan la llamada hipótesis de las expectativas racionales, no hay problema de inducción puesto que dicha hipótesis supone que las creencias de gobierno y de agentes individuales sobre los eventos futuros son idénticas entre sí e idénticas a la verdadera distribución de probabilidad de esos eventos. En cuanto abandonamos esa hipótesis que no es sino wishful thinking, topamos necesariamente con el problema de la inducción. Insisto en que pensar que los adaptative learning models pudieran llegar a solucionarlo me parece algo ingenuo.

2. Teo reconoce que en cuanto al Principio de Heisenberg su reminiscencia sería algo «personal». El dice ahora que le huele a eso el hecho de que el aprendizaje de los agentes va cambiando con el equilibrio. Antes decía que ese olorcillo lo encontraba más bien en que, al estimar parámetros de una forma reducida, cualquier estimación es por principio incorrecta. Mi personal olfato ve ese Principio en el simple hecho de que el comportamiento individual cambia con la política económica llevada a cabo. No creo que esta recuperación por mi parte del olor de ese Principio requiera la comprensión de los puntos sutiles que ahora paso a discutir.

3. A mi juicio, en los modelos macroeconómicos anteriores a la crítica de Lucas a la evaluación de la política económica ya había la conciencia de que el comportamiento de los agentes debería depender de la regla de política económica seguida. De hecho, las expectativas adaptativas reflejaban una cierta coherencia en el límite: los agentes individuales incorporaban a sus creencias «parte» del desvío entre lo esperado y lo ejecutado, una forma de aprendizaje como otra cualquiera. El sentido de la crítica de Lucas es que ese comportamiento adaptativo no es racional del todo pues admite un error sistemático. De ahí el glamour de los modelos con expectativas racionales que, en cualquier caso, han sido sometidos a muy variadas críticas. A mi modesto entender el hecho de que el error, aunque sea de siempre, sea cada vez más pequeño −y cero en el límite− es un signo suficiente de racionalidad. El párrafo destacado por Teo puede estar mal redactado, pero no creo que sea un sinsentido.

4. Miremos ahora a asuntos de convergencia. Pongámonos de acuerdo sobre los modelos de los que estamos hablando. Yo llamaba modelos à la Sargent a los que se contienen en el epígrafe 6 de su Conferencia y Teo denomina así a los que aparecen en la p. 2 como modelos estructurales que permitirían superar la Crítica de Lucas. Me temo que son el mismo, luego no hay escape para mí por el lado de decir que estamos hablando de cosas distintas. Estamos hablando del intelligent design (un nombre oportunista y misleading por sus connotaciones de política educativa) de una política económica como un problema de Ramsey, denominado «Phelps Problem» y perfectamente descrito por Sargent. El equilibrio que le corresponde es el de self-confirming equilibrium de la definición 6.1 de la conferencia, un conjunto de parámetros que generan los datos que realmente generaría el sistema verdadero pero desconocido. Además, un proceso de aprendizaje −no del todo diferente al que yo mencionaba al hablar de expectativas adaptativas− converge a ese equilibrio. En este equilibrio no podemos estar seguros de que la «máquina» de generar los datos es la que está ahí puesta por la naturaleza. No se trata en efecto de un rational expectations equilibrium pero es nuestra mejor apuesta para diseñar una regla de política económica. Entre otras cosas, porque el proceso de aprendizaje nos pasa de un self confirming equilibrium a otro cada vez más cercano al desideratum deseado. En este sentido, decir que converge a un REE no me parece un crimen, una vez que sabemos que el límite no se alcanza nunca. Por lo tanto, la frase «thus, a rational expectations equilibria is a self-confirming equilibria, but not viceversa» quiere decir que el conjunto de los primeros está contenido en el conjunto de los segundos y esto no implica que este último conjunto no pueda ir reduciéndose con el tiempo bajo un cierto proceso de aprendizaje. No creo pues que haya cometido un error.

Y hasta aquí llego. Yo no puedo hacer más que ofrecer unos descargos que creo son consistentes con los argumentos presentados por Sargent en su conferencia.

En cualquier caso, está bastante claro que no hay manera de estar seguros de que hemos alcanzado la verdad de la realidad histórica. Pero esto ya lo sabíamos.

Esto me lleva al principio de la discusión hace ya más de un mes. Lo importante es que disponemos de modelos en los que confiamos como más adecuados que otros y que creemos que muy a menudo nos permiten diseñar lo que podemos llamar sin recato una política económica inteligente.

Taylor sobre la FED

9 de enero de 2009

En varios sitios he dicho, o al menos escrito, que una de las consecuencias de la crisis es que la institución Banco Central va a sufrir.[4] Cité a Rogoff quien dijo que la FED había sido capturada por el sistema financiero. Y ahora nos llega la opinión de John Taylor (ya saben, el de la regla de Taylor) en una mesa redonda de la reunión de la AEA que tuvo lugar hace pocos días.

«…compras directas de mortgage-backed bonos… y apoyo a prestatarios no financieros de calidad en el mercado crucial de papel comercial, así como cientos de millones de préstamos a los bancos sobre la base de algún colateral.»

Quizá todo esto haya sido necesario y conveniente, pero:

«Si estás en una situación en la que la FED está pidiendo prestado para invertir en todos estos sectores me parece que tenemos un serio problema de gobernanza…que exige un montón de reflexión.»

En la medida en que esta actividad parece entrañar una legítima demanda por parte del Congreso a fin de tener algo que decir respecto a quién está prestando la FED, el resultado sería:

«…una reforma radical que pondría en riesgo la independencia de la política económica.»

Esta de Taylor es una buena descripción de donde está la captura de la FED.

Darwin

20 de enero de 2009

Darwin nos acecha en su año. Es el 200 aniversario de su nacimiento y será a finales de año el 150 aniversario de «El origen de las especies».

Sam me envía un enlace a un artículo de The Economist, y me copia lo que a ambos nos interesa:

«No one is suggesting Darwinism has all the answers to social questions. Indeed, with some, such as the role of hierarchies, it suggests there is no definitive answer at all─itself an important conclusion»

Abro un paréntesis aquí para comentar que las jerarquías son un objeto de investigación bien interesante del que llevo años charlando con Joe Ostroy y que está necesariamente relacionado con las redes y su arquitectura. Continúa la cita:

«What is extraordinary, though, is how rarely an evolutionary analysis is part of the process of policymaking. To draw an analogy, it is like trying to fix a car without properly understanding how it works: not impossible, but as likely as not to result in a breakdown or a crash».

Esto es lo que quería destacar, la necesidad o, al menos la conveniencia, de que miremos a la política económica como un proceso evolutivo y que sepamos discernir en cada momento si hemos alcanzado un equilibrio evolucionariamente estable o no.

Pero la cosa se complica cuando nos vemos obligados a reconocer que quienes nos hacemos la pregunta anterior también estamos sometidos a la evolución:

«Perhaps, after a century and a half, it is time not just to recognise but also to understand that human beings are evolved creatures. To know thyself is, after all, the beginning of wisdom».

Somos adaptativos, perviven los más adaptados y de vez en cuando mutamos. Y eso no solo en la esfera biológica, sino también en la social. No tendríamos que extrañarnos si nos permitimos pensar que igual estamos asistiendo a una cierta invasión de mutantes.

La irónica diagnosis de Dylan

21 de enero de 2009

El otro día citaba a Warhol y a Lagerfeld como grandes economistas. Hoy añado a la lista a Bob Dylan. En efecto, podemos mirar a la recesión presente en los EEUU como el resultado de un combate de boxeo en el que uno de los púgiles resulta muerto. ¿Quién tiene la culpa? ¿Debemos prohibir el boxeo? ¿Quizá debiéramos regularlo mejor o prohibir las apuestas?[5]

Estas mismas preguntas podríamos hacerlas sobre el sistema económico que ha hecho posible que la tasa de crecimiento sea negativa y que el empleo caiga a plomo de forma que ese sistema está sobre la lona y los doctores discuten sobre la posibilidad de que se recobre y sobre las secuelas del combate.

Es aquí cuando llega en nuestra ayuda la poesía siempre que admitan ustedes que Bob Dylan es un poeta. A mi juicio lo es y de los buenos, así que voy a tratar de interpretar las estrofas de una canción que escribió en 1964 con ocasión de la muerte en el ring de un boxeador llamado Davey Moore: Who killed Davey Moore, Why an’ what’s the reason for? y que le convierte en un gran economista tal como trataré de argüir.
Sigamos el orden de la canción y preguntémonos primero si la culpa no la tendrá la propia FED y, más en concreto, Alan Greenspan:

«Not I, says the referee,
Don’t point your finger at me.
I could’ve stopped it in the eighth
An’ maybe kept him from his fate,
But the crowd would’ve booed, I’m sure,
At not gettin’ their money’s worth.
It’s too bad he had to go,
But there was a pressure on me too, you know.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.»

Esto es algo que encaja perfectamente con lo que ya ha dicho Greenspan. Su oficio le pedía dejar que la situación se pudriera; pero su responsabilidad le empujó, jaleado por los inversores y los responsables multilaterales, a procurar una bajada de tipos. Si no lo hubiera hecho, la presión sobre él hubiera sido insoportable. No, no es un banco central serio el responsable de la crisis.

Pero pensemos, en segundo lugar, en las clases medias que se veían como los millonarios de antaño, dueños de su casa y con un colchón de ahorro que les permitía algunas aventuritas financieras:

«Not us, says the angry crowd,
Whose screams filled the arena loud.
«It’s too bad he died that night
But we just like to see a fight.
We didn’t mean for him t’meet his death,
We just meant to see some sweat,
There ain’t nothing wrong in that.
It wasn’t us that made him fall.
No, you can’t blame us at all.»

Pues sí, tienen razón, nadie quería cargarse el invento. Solo querían ser parte del sueño americano actualizado y del sueño general de un enriquecimiento absoluto y no solo relativo. Pasar un buen rato.

Tercero. Miremos al Gobierno o quizá a quienes han capturado a ese Gobierno. Es como el manager del pobre Davey que se exculpa así:

Not me,« says his manager,
Puffing on a big cigar.
«It’s hard to say, it’s hard to tell,
I always thought that he was well.
It’s too bad for his wife an’ kids he’s dead,
But if he was sick, he should’ve said.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.»

Y es que, en efecto, aparte una aprensión general sobre lo bien que iban las cosas ¿quién iba a decir que el sistema estaba a punto de un colapso? Tiene toda la razón Paulson. Debería haber avisado el propio sistema o su patronal o su supervisor.

Ya está, debe ser la codicia de los especuladores: pero estos tienen una defensa fácil:

Not me,« says the gambling man,
With his ticket stub still in his hand.
«It wasn’t me that knocked him down,
My hands never touched him none.
I didn’t commit no ugly sin,
Anyway, I put money on him to win.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all»

Y así es. Tratar de hacer dinero con las posibilidades que te proporciona el sistema no es pecado y ni siquiera hace falta ser un codicioso. Es normal en un buen padre de familia.

Pero hay un quinto sospechoso: los economistas que no han hecho su trabajo, los analistas que han tenido que improvisar a falta de teoría o las agencias de rating que están preparadas para tiempos normales, no para situaciones excepcionales.

«Not me,» says the boxing writer,
Pounding print on his old typewriter,
Sayin», «Boxing ain’t to blame,
There’s just as much danger in a football game.»
Sayin, «Fist fighting is here to stay,
It’s just the old American way.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.»

Sí, efectivamente, esas cosas pasan pero los economistas lo han dicho cien mil veces. Muchos, no solo Roubini, pero no conocemos un sistema mejor. Y si lo perfeccionamos será todavía más imprevisible. No, nosotros los economistas no tenemos la culpa.

No nos queda, en sexto lugar, más que el destino porque echar la culpa al sector inmobiliario no sería adecuado, puesto que esta industria seria y eficaz lo único que ha hecho es seguir las señales del mercado:

Not me,«says the man whose fists
Laid him low in a cloud of mist,
Who came here from Cuba’s door
Where boxing ain’t allowed no more.
«I hit him, yes, it’s true,
But that’s what I am paid to do.
Don’t say «murder», don’t say ‘kill»
It was destiny, it was God’s will»

Bien, sigámonos preguntando por los culpables; pero no es esa la línea de investigación interesante aunque cortar cabezas de turco y presentarlas en una bandeja es lo primero a lo que cualquier desastre incita.

Una sugerencia molesta

24 de enero de 2009

A principios de los años 90 el sistema bancario sueco sufrió un tropezón serio, de esos que se llaman sistémicos. A él se han referido en los últimos meses muchos comentaristas. El último, Angel Ubide ayer en El País con el título de El remedio sueco.

La recomendación de este analista es que aprendamos de aquel caso y simultaneemos dos formas de actuación. Por un lado, la eliminación de los activos tóxicos, no del balance de los bancos (porque ya están fuera de él) sino de la preocupación de la gestión, presumiblemente mediante la creación de un «bad bank» nacionalizado. Por otro lado, la entrada del Estado en el capital de los bancos conformando así una casi total nacionalización del sistema.

Esta solución es cosa que ya están haciendo los países anglosajones; pero no la Europa continental por razones que, en parte y solo en parte, se explican en el artículo. Pero lo interesante en cualquier caso es que Angel Ubide aprovecha la ocasión para comentar algo sobre incentivos de los gestores. En efecto si no se quitan del horizonte los activos tóxicos nos encontramos con que:

«Si los activos tóxicos permanecen en el balance, los directivos de los bancos dedican una gran parte de su tiempo a gestionar los activos con problemas, en otras palabras, los bancos se dedican a minimizar perdidas, en lugar de maximizar las ganancias y, por tanto, actúan de manera muy conservadora.»

Es este aspecto de su artículo al que me gustaría añadir algo. Dentro de este esquema encaja, y además es oportuna, una medida legislativa propia del derecho de sociedades. Las grandes empresas cuyo buen funcionamiento es crucial para el sistema (los bancos desde luego) deberían tener dos consejos de administración a la manera alemana. En uno podrían estar los ejecutivos y los representantes de los accionistas; pero en el otro, el de vigilancia, deberían estar los representantes de los stakeholders justamente por la importancia que la actividad del sector tiene en muchos otros sectores y en muchas otras instituciones.

Pero si esto fuera así, la justificación para descargar a los bancos de los activos tóxicos fuera de balance que ofrece Ubide no parece necesaria, pues bastaría con el consejo de vigilancia para controlar los incentivos que los ejecutivos pudieran tener a minimizar pérdidas.

La cuestión no es trivial ni meramente anecdótica. En efecto, en una situación como la actual en España, lo normal es que el Gobierno deseara una actitud más arriesgada encaminada a maximizar ganancias, pues esa actitud llevaría a incrementar las concesiones de crédito. Pero lo normal por parte de un supervisor cercano y conocedor de la situación concreta de cada institución sería la recomendación de prudencia para asegurar su supervivencia.

Si un banco se encuentra en medio de una crisis sistémica en una tesitura así, el consejo de vigilancia podría ser el órgano adecuado para dar con la localización ideal entre la prudencia favorable a los accionistas y el conveniente arrojo a favor del sistema económico en general.

Ya comprendo que decir estas cosas en medio de esta recesión que camina hacia una depresión seria es cosa desagradable especialmente cuando la Bolsa está penalizando al sector bancario de manera irracional, pero ¿cuándo hablar de ello si no es ahora? y, en cualquier caso, alguien tiene que decirlo.

Competencia

26 de enero de 2009

Slate ofrece un artículo curioso de Eliot Spitzer. El «capitalismo de amigotes» y la «búsqueda de rentas» habrían sustituido a la «destrucción creativa» de Shumpeter. El autor no es un especialista y por eso no sabe que son el uno y la otra los que empujan esa «destrucción creativa»; pero esto se aclara en El Capitalismo que Viene. Complementariamente, la entrevista con Ed Prescott de Negocios de El País del domingo, me hace pensar que mi diagnosis de lo que viene, a pesar de que la tormenta ciega la visión, no va descaminado. Especialmente en lo que concierne a la descentralización.

¿Lucha de clases?

27 de enero de 2007

Los periódicos de hoy dan relieve a la noticia de que en un mismo día, ayer, la economía global perdió 70.000 puestos de trabajo tanto en sectores industriales y de servicios como en el sector financiero.

En la misma noticia nos cuentan cómo la Bolsa reaccionó al alza. ¿Cómo es posible? Parecería que la Bolsa debería oler esas noticias y reaccionar vendiendo los valores correspondientes a esos sectores o a esas compañías en particular.

Los expertos de Bolsa tienen explicaciones de detalle. El índice subió porque los bancos tiraron de él. Y los bancos subieron porque o bien ya habían bajado mucho o bien porque sus prestatarios ahora, después de los despidos, serían más solventes como deudores.

Es esta última explicación la que hace pensar en la lucha de clases. Cuanto peor vaya la clase empleada que no es dueña del capital, mejor irá la clase capitalista dueña del capital. Las cosas son un poco más complicadas; pero se pueden resumir de una manera más técnica, más general y un poco menos detallada.

Lo que está pasando es que en este momento la participación (en la producción) del capital estaría creciendo a expensas de la participación del trabajo en esa producción y este hecho explicaría varias cosas.

Sin embargo, esa no es una explicación de los movimientos que observamos que guste a los economistas debido a que parecería que la constancia de esas participaciones es un hecho estilizado aceptado. No es esto último del todo verdad y así lo discutimos en aquella época de los años 70 correspondiente a las crisis del petróleo y se ha seguido discutiendo desde entonces.

La cuestión, en consecuencia, es si en nuestros modelos deberíamos utilizar una función de producción Cobb-Douglas, que refleja esa presunta constancia, o deberíamos dejar que esas participaciones variaran con otros factores como pueden ser el gasto público que incide de manera distinta en una y otra clase y el sistema fiscal que grava de manera distinta unas rentas y otras.

Si se admite esta forma de mirar a la lucha de clases tan aparentemente poco emocionante, modelos muy poco sofisticados enseñan mucho. Supongamos una función de producción según la cual se produce un output agregado con la ayuda de capital y trabajo que, además de exhibir rendimientos contantes a escala, cumple todas las condiciones de regularidad que hacen fácil trabajar con ella. Lo que sabe todo estudiante es que, a medida que disminuimos el capital y aumentamos el trabajo, relativamente hablando, la relación marginal de sustitución disminuye, es decir que para producir lo mismo se necesita cada vez más trabajo para compensar una caída de capital dada.

Si en una economía como la española se iba cada vez más hacia actividades intensivas en trabajo como el turismo y la construcción, lo que debemos esperar es que la productividad marginal del capital aumente relativa a la productividad marginal del trabajo de forma que el precio de los servicios del capital suba en relación al precio de los servicios del trabajo. Equivalentemente, podemos decir que la participación del trabajo ha de aumentar y la del capital ha de disminuir si queremos ocupar a la nueva población activa.
Ahora bien, si los precios de los servicios del capital y de los servicios del trabajo no se ajustan correspondientemente de forma que el salario nominal sigue subiendo en mayor proporción que la subida de los precios de los bienes, se genera desempleo.

O, dicho de la manera que yo quiero decirlo, si insistimos en mantener la participación del capital no hay más remedio que prescindir de trabajadores. Es decir, de manera no precisa, se mantienen los dividendos y se disminuye el empleo al no poder bajar los salarios nominales. Lo que responde a lo que nos preguntábamos al principio sobre cómo podía entenderse que el mismo día que se desplomaba el empleo, la Bolsa se recuperara.

¿A qué venía todo esto? Pues a tratar de decir que lo esperable es que surjan fenómenos que parecerían propios de la lucha de clases. Los sindicatos, que han estado casi muertos, tendrán que reinventarse si mi explicación no es del todo estúpida. O eso, o inventar nuevas formas de agruparse para trabajar.

Notas

[1] En forma «dialógica», JU diserta -con la ayuda de su amigo Teo Millán- sobre el inside money. Aunque, como JU reconoce al final «esto del inside money es un lío», la discusión a propósito del mismo resulta muy jugosa para quien le guste el razonamiento económico «ilustrado».

[2] Este post «invitado» (Teo Millán es el autor del mismo, protagonista de comentarios en varios posts anteriores, en particular de octubre de 2008) es una puntualización y reconvención de su autor a comentarios previos de JU sobre determinados temas macroeconométricos. Con todo respeto, en mi opinión sólo es recomendable para los que se sientan auténticos «amantes» de la macroeconometría avanzada.

[3] Contraataque de JU al post del día 5 de Teo Millán. Nuevamente sólo recomendable para los que se sientan auténticos “amantes” de la macroeconometría avanzada. Si es así, la lectura de ambos resulta altamente recomendable.

[4] Totalmente de acuerdo. La crisis afecta a la institución “banco central”. Su reputación tanto a un lado como al otro del Atlántico ha quedado tocada y, sin embargo, todavía hay posibilidades de que de la crisis salgan bancos centrales mejores que los que teníamos antes de ella.

[5] La canción de Bob Dylan que se utiliza me parece una muy pertinente y brillante metáfora, tanto de la actual búsqueda de chivos expiatorios de la crisis, como del tipo de atenuantes/eximentes utilizadas por los candidatos más conspicuos a ese título.

La Microeconomía y la Economía de la Información

Crónica de una Crisis | Febrero 2009

Prólogo

Este mes está lleno de posts deliciosos, de índole «intimista», y que reflejan, por un lado, detalles relevantes de lo que Unamuno denominaría la «intra historia» de la crisis; por otro, comentarios personales de JU que engarzan sus amplios conocimientos de teoría económica con realidades socioculturales de otra índole.

El mes anterior, JU ofreció en Expansión la primera parte de un trabajo dedicado a la «Dependencia del Recorrido». Aquella entrega la dedicó a la Macro y se refirió a cómo el «encasquillamiento» (lock-in) en ciertas ideas económicas, «que desemboca en la macroeconometría de las expectativas racionales» (y el consiguiente abandono de lo que en su día se llamó «Macroeconomía del desequilibrio»), ha hecho que nos perdamos ciertos elementos relevantes para una mejor comprensión de la actual crisis.

En la entrega correspondiente a este mes, se centra en la Microeconomía y, en particular, en la Economía de la Información y en algunas ideas de economía financiera. Le resulta incomprensible a JU que la denominada «Economía de la Información», completamente dentro del programa de trabajo basado en el modelo estándar, no sea aplicada de una manera sistemática a los problemas de la crisis financiera. Especialmente cuando sus ideas son claramente relevantes para situaciones con información asimétrica, como las que se viven en el sector financiero.

Lo que está pasando en el sector bancario y, concretamente en el mercado interbancario, es similar a lo que puede ocurrir en el mercado de automóviles de segunda mano, algo brillantemente descrito por Akerlof en un artículo de 1970 («The Market for Lemons»). Es pues –considera JU– el momento de utilizar ideas bien conocidas de la Economía de la Información para atacar el problema prioritario que, tal como él explicaba en la primera parte de esta entrega, es el de limpiar el sector financiero. Es decir: ahora tenemos que pensar bien cómo diseñar un mecanismo que combine el signalling (emisión de señales) de M. Spence y el screening (filtrado) de J. Stiglitz, de forma y manera que el sector financiero alcance un equilibrio de los llamados «separadores», es decir que permite distinguir a los buenos bancos de los malos. Ello permitiría eliminar el recelo y la falta de confianza dentro del colectivo bancario.

En esa línea y como muestra de signalling, un banco que ha de financiarse para continuar con su negocio crediticio en un momento de asimetría informacional y de recelo, ha de señalar que es solvente y merecedor de crédito mediante una señal que podría consistir, por ejemplo, en salir de compras (pues esto no tendría sentido si estuviera en mala situación). Y en cuanto al «filtrado» (screening), el regulador del sector financiero debería diseñar un plan de ayudas de tal naturaleza que funcionase como un filtro, en el sentido de que su uso revele la situación de la entidad de crédito, dando origen a ese equilibrio «separador» del que habla JU.

Por último, decir que en las 33 páginas de «Una visión (semi)heterodoxa de la crisis» uno se encuentra lo que JU denomina «un simulacro de formalización parcial». Es decir, «una explicación general y abstracta de la naturaleza de la crisis (…) así como sus posibles soluciones». Y en esa explicación desempeñan un papel importante tres ideas «heterodoxas» (en sentido estricto; fuera de la «Doxa» o doctrina oficial predominante en la teoría económica) que aparecen en numerosos lugares de la Crónica: la rigidez de precios, los fallos de demanda efectiva agregada y nuestro ya viejo conocido «el corredor neoclásico». Con todo, JU, excelente conocedor del modelo ortodoxo, lo que hace es introducir dichas ideas –puesto que cree que añaden capacidad explicativa– en este modelo. También es importante en este trabajo la noción de «período de ajuste» y la aplicación a efectos prescriptivos de resultados sobre el mismo, para lo cual resulta crítica la modelización efectuada. Tampoco faltan en el artículo comentarios que enlazan con el libro «El Capitalismo que viene» y reflexiones a propósito de ese también ya viejo amigo de los que hayan leído la Crónica hasta aquí, que es el inside money.

Dependencia del Recorrido (II): Micro

3 de febrero de 2009

– Publicado en Expansión –

En la primera parte de esta entrega comenzaba mi discusión de la «dependencia del recorrido» y del encasquillamiento de las ideas económicas hablando de lo que nos estamos ocultando con el abandono de lo que en su día se llamó Macroeconomía del desequilibrio. Hoy, en esta segunda parte, quiero volver mi atención a la microeconomía en general y en particular a la Economía de la Información y a algunas ideas de economía financiera. Sugería que el desvío de la atención se debía al plan general de trabajo del que la Economía se dota siguiendo el modelo estándar y que desemboca necesariamente en la macroeconometría de las expectativas racionales o similares en la que estamos quizá encasquillados.

Hoy tengo que comenzar diciendo que la seria falta de atención a ciertas ideas microeconómicas propias de la Economía de la Información o de raigambre financiera no puede atribuirse a plan de trabajo alguno donde ellas no tengan espacio, sino a una actitud incalificable tal como trataré de explicar.

Es desde luego incalificable que la denominada Economía de la Información, completamente dentro de ese programa de trabajo basado en el modelo estándar, no sea aplicada de una manera sistemática a los problemas de la crisis financiera. Y es incalificable porque sus ideas son claramente relevantes para situaciones con información asimétrica como la que hoy se da en el sector financiero.

Debiera ser una obviedad que lo que está pasando en el sector bancario y concretamente en el mercado interbancario, es similar a lo que puede ocurrir en el mercado de automóviles de segunda mano, algo brillantemente descrito por Akerlof en un artículo ejemplar de 1970 («The market for lemons»). Lo que puede ocurrir en el mercado interbancario es que la asimetría en la información entre el banco que quiere otorgar un crédito y el que quiere pedirlo haga que solo acudan a ese mercado interbancario demandantes de crédito insolventes de forma que no habrá bancos oferentes (por mucha liquidez que tengan) y desaparecerá el mercado en ausencia de algún arreglo institucional especial.

Es, pues, el momento de utilizar ideas bien conocidas de Economía de la Información para atacar el problema prioritario que, tal como explicaba en la primera parte de esta entrega, es el de limpiar el sector financiero. Es decir, ahora tenemos que pensar bien cómo diseñar un mecanismo que combine el signaling (emisión de señales) de M. Spence y el screening (filtraje) de J. Stiglitz de forma y manera que el sector financiero alcance un equilibrio de los llamados separadores, es decir que permite distinguir a los buenos bancos de los malos, pues solo de esta forma se rebajarán los sobrecostes que una institución financiera ha de pagar en el intercambio de facilidades financieras como, por ejemplo, los CDO’s (Colateralized Debt Obligations) o los CDS’s (Credit Default Swaps) debido a la incertidumbre relativa a la contrapartida representada, claro está, por otra institución financiera.

Podría pensarse que la mismísima iniciativa privada acabará poniendo en pie alguna institución apropiada, pero hay razones para que los agentes relevantes estén en contra de algunos arreglos. Pensemos en la creación de un verdadero mercado, una institución más que curiosa y que se diferencia de una simple colección de contratos bilaterales. Podríamos, siguiendo la recomendación de V.V. Acharya y M.G. Subrahmanyam (forbes.com, 12 nov. 2008), tratar de transformar los contratos bilaterales OTC (over the counter), con los que se trafica en los principales derivados, como los mencionados CDO’s o los CDS’s, en un verdadero mercado en que se llevan a cabo las operaciones de compensación y en el que esos contratos están estandarizados lo que favorece la diseminación de la información sobre precios y volúmenes y elimina riesgos de contrapartida ya que es el mercado como tal el que responde.

Como los agentes grandes que copan esos mercados perderían algunas de sus ventajas informacionales parece natural que se opusieran a esta creación de mercados. Por esa razón, entre otras, una solución de estas tardaría mucho en surtir efecto.

Esto no quiere decir que los reguladores no debieran intentar establecer ese verdadero mercado que sustituyera a las operaciones OTC tal como ha anunciado Trichet en unas declaraciones recientes; pero sí quiere decir que deberíamos ser capaces de diseñar y probar otros mecanismos que no traten de perfeccionar mercados o de constituirlos, sino de sustituirlos como sería, hablando en general, el caso de las subastas, el mejor ejemplo de ingeniería económica según Auman.

Fueron Vickery primero y definitivamente Mayerson (ambos premios Nobel) los que inventaron la subasta al segundo precio, un mecanismo ya usado y que tiene la propiedad de desvelar la verdadera voluntad de pago del que puja. Estos mecanismos de subasta son ya muy conocidos en multitud de formas y estoy seguro de que cuando se organiza una subasta para comprar activos buenos a los bancos, se utiliza una subasta inversa adecuada. Pero lo que se necesita es un mecanismo que haga funcionar el mercado interbancario, es decir, no que ayude a los bancos en sí mismos, sino que les obligue a otorgar créditos y a acudir al mercado interbancario para poder hacerlo. Es decir queremos un mecanismo que elimine el recelo y la falta de confianza dentro del colectivo bancario.

Es precisamente el diseño de un arreglo institucional excepcional lo que esperaríamos de los especialistas en Economía de la Información y/o en Diseño de Mecanismos ya que estas dos grandes áreas han sido distinguidas con el Premio Nobel. Para acercarnos siquiera un poco a este menester exploremos las dos ideas complementarias citadas debidas a Spence y Stiglitz quienes compartieron el Nobel con Akerlof en el 2001.

Spence es el inventor del signalling: un banco que ha de financiarse para continuar con su negocio crediticio en un momento de asimetría informacional y de recelo ha de señalar que es solvente y merecedor de crédito mediante una señal que puede consistir, por ejemplo, en salir de compras porque esto no tendría sentido si estuviera en mala situación. Stiglitz es el perfeccionador del screening: el regulador del sector financiero diseña un plan de ayudas de tal naturaleza que funciona como un filtro en el sentido de que su uso revela la situación del banco pues los bancos se autoseleccionan, dando origen a un equilibrio de los que denominábamos separadores.

El objetivo hoy está en el diseño de un plan que tenga estas características. No es mi papel en este medio el intentar diseñarlo, basta con la llamada a quienes están en condiciones de hacerlo para que se pongan manos a la obra. De todos modos, mi intuición de viejo economista me hace mencionar por donde irían mis primeras elucubraciones. Se trataría de explorar las señales que emitiría un banco, dependiendo de su situación, ante un plan de ayudas que fueran muy numerosas y variadas, desde la compra de activos malos con o sin pacto de recompra hasta el aval para operaciones de inversión crediticia pasando por la compra de activos buenos y la recapitalización de los bancos que la elijan. El equilibrio separador se obtendría cuando las señales son las mismas para cada banco en la misma situación y distintas para bancos en distintas situaciones.

Pero basta con estas elucubraciones. Para cerrar esta entrega doble sobre «dependencia del recorrido» y encasquillamiento como dos problemas serios para las ideas económicas, quiero terminar insistiendo en que ambas pueden debilitar la potencia de las ideas, un asunto peligroso para el uso eficiente de los conocimientos existentes, especialmente si, además, quienes pueden tener las ideas no tienen incentivos a ponerlas en circulación. Por ejemplo, ¿me atrevería yo a terminar el diseño del mecanismo que he intentado perfilar y a ponerlo en práctica ante la posibilidad de que no funcionara?

Minnesota vs. Minnesota

3 de febrero de 2009

Acabo de escuchar el debate televisivo de CNN+ a propósito del proteccionismo aparentemente apoyado por el Ministro de Economía, Miguel Sebastián (Ph.D. Minnesota), entre Jorge Blazquez, asesor de dicho Ministerio, y Javier Diaz-Giménez (Ph.D. Minnesota) de la Carlos III, además de prestar sus servicios en el IESE. Las palabras del Ministro quizá no llamaban claramente al proteccionismo sino al nacionalismo económico; pero ambas cosas están lo suficientemente cercanas como para que merezca la pena avisar sobre sus peligros. De todas formas merecería la pena prestar una cierta atención a los argumentos de Dani Rodrik en este post y en este otro, antes de defender sin más precisiones el libre comercio en base a la sabiduría (y es muy sabio el libre comercio) convencional. Krugman sabe de eso justamente y su opinión debería también ser escuchada.

Riesgo macroeconómico y el tamaño del Estado

4 de febrero de 2009

Samuel Bentolila me interroga, o quizá reconviene, a raíz de lo de la presentación del Capitalismo que Viene de la siguiente forma:[1]

«En la presentación de tu libro sobre el capitalismo que viene me dejó bastante sorprendido la predicción de que el mercado prevalecerá y el papel del Estado se reducirá a medio y largo plazo. Son unas previsiones totalmente fuera de sintonía con los tiempos.

Aunque haya muchas razones para quejarse de la ineficiencia de los gobiernos, en la actualidad están desempeñando una labor de compañía de seguros de última instancia que difícilmente puede hacer ninguna otra institución en estas circunstancias de extrema aversión al riesgo y pánicos.»

Y me remite a las dos magníficas columnas recientes de Ricardo Caballero en Vox. La primera sobre los orígenes de la crisis y la segunda sobre la posible solución. He aquí mi respuesta.

Me encuentro ante la aparente contradicción entre mi Capitalismo que Viene, en el que creo que existirá un Estado mínimo que dejará que el mercado asegure los riesgos microeconómicos y la opinión generalizada que piensa, a la vista de los acontecimientos, que el Estado debería ser quien asegure el riesgo macroeconómico asociado a una gran crisis financiera sistémica.

Esta segunda postura está avalada por la opinión de Ricardo Caballero en las dos columnas citadas en las que, además de ofrecer una explicación de la crisis en base a su origen en los desequilibrios internacionales pasados y no tan recientes, explica con brillantez cómo el Estado es el único posible asegurado de última instancia del riesgo macroeconómico, especialmente cuando confrontamos incertidumbre y no riesgo probabilizable y cuando la aversión a esa incertidumbre se hace tan grande que puede llegar al pánico.

La distinción entre unos riesgos y otros es bien conocida entre economistas y se puede explicar muy gráficamente. El riesgo macroeconómico está asociado al tamaño de la caja de Edgeworth, mientras que los distintos riesgos microeconómicos son los que, dentro de una caja de Edgeworth de tamaño dado, hacen que perdamos o ganemos en la asignación dependiendo del estado de la naturaleza que rija. Los agentes económicos pueden en este caso compartir el riesgo de que se dé uno y no otro de los estados posibles de la naturaleza.

A la vista de esta pequeña aclaración pedante, creo que se puede decir que la posible contradicción que Samuel cree detectar no es tal.

Creo sinceramente que cuando se nos pase el mal humor asociado a la incertidumbre del desarrollo futuro de la crisis, admitiremos que la innovación financiera puede asegurar un montón de riesgos microeconómicos hoy no asegurados.

Pero es también evidente que la industria financiera de la que la aseguradora no es sino una parte, nunca podrá asegurar el riesgo macroeconómico asociado a una crisis. Sin embargo, para ser de verdad, ese asegurador de última instancia no necesita ser grande inicialmente ni permanecer grande después de actuar.

Pues eso.

Sesgos de selección

5 de febrero de 2009

Esto posteaba hace unos días Tyler Cowen, my brother:

«Obama nominee pulls out over tax trouble.»[2]

Se preguntaba sobre el posible rechazo por parte del Senado o la renuncia preventiva de algunos nominados para formar parte de su gobierno por problemas de impuestos impagados.
Comienza afirmando lo obvio, una especie de ticket de entrada en la discusión:

«I am more than willing to grant that not every nominee deserves to be appointed to rule over me.»

Muchos admiramos a los EEUU por tomarse en serio estas cosas; pero también nos preguntamos si no se pasan un poquito como, por ejemplo en el caso de esa candidata a vigilante de la ejecución presupuestaria que debía 750 dólares supongo que, según las noticias, por no haber pagado la cuota de la seguridad social o equivalente correspondiente al empleador en la contratación de un empleada del hogar extranjera.

Pero Tyler Cowen va más allá en un magnífico despliegue de sabiduría económica relacionada con incentivos:

«But I’m also worried about the incentives we are producing by applying tougher standards.»

Y despliega sus objeciones sobre el camino por el que esta rigidez puritana nos puede llevar. Para empezar, su aspecto ejemplificador es dudoso:

«Knocking out the caught cheaters won’t make all the DC people honest or virtuous.»

En segundo lugar nos metemos en un sesgo de selección que nos lleva a seleccionar a los arribistas:

«The long run effect is to select for people who have known — from the very beginning — that they seek power and who are willing to pay money to the taxman to keep that option alive.»

En el fondo eso no sería muy terrible; pero es que, además, junto a los arribistas seleccionaremos también gente honesta, pero no sabemos cual es el efecto neto de todo este puritanismo:

«We are selecting for people who are very good at covering up their misdeeds. We’re selecting for honest people too. There’s lots of posturing on this issue, but I’m not sure whether the net effect of the crackdown is positive, once you take all these selection effects into account.»

De hecho, puede ocurrir que no fuera tan malo seleccionar a los que no saben disimular o encubrir sus trampas, esos que justamente son atrapados en las investigaciones previas:

«There’s something to be said for selecting people who are relatively bad at cover-ups.»

Y de esta reflexión se sigue una derivación hacia la necesidad de pagar muy bien a los servidores de lo público a nivel de alto cargo para que no se vean tentados a defraudar, al tiempo que no nos entreguemos en manos de los simples arribistas calculadores.

«There’s also something to be said for increasing the wages paid to top appointees, as they do in Singapore. That would encourage more tax compliance without just selecting for the power seekers.»

Muy bien, brillante, ¿y si ahora aplicamos esta misma lógica a los sueldos y remuneraciones extraordinarias de los ejecutivos sustituyendo el servicio público por la carrera profesional en una empresa privada?

Pues en mi opinión, no muy a la moda, evitamos arreglos fiscales de dudosa legalidad y nos libramos de los meros avariciosos aumentando la probabilidad de seleccionar a los mejores y más honestos.¿O no?

Dos textos posmodernos

6 de febrero de 2009

Primero, uno de Bruno Latour con la colaboración de V. Antonin Lépinay quienes editan un libro, publicado por la Decouverte, sobre el sociólogo «clásico» Gabriel Tarde y en el que escriben un ensayo titulado «L’économie science des intérets passionnés». Agradezco a Enrique Ojembarrena la referencia y que me pase el siguiente párrafo:[3]

«…la possibilité d’un autre paradigme fondateur. Selon cette nouvelle approche, on ne cherche plus à exhumer la verité cachée sous les faits économiques, mais, de façon plus réaliste, à rendre compte des connexions des ces derniers; et on y accorde une place determinante, motrice meme, au jugement des hommes sur eux. On a beaucoup parlé, à propos des événements actuels, de crise de confiance. Les thèses de Tarde confèrent à cette expression facile son plain sens: audelà de sa matérialité indéniable, l’économie est comme la société, le champ clos des croyances, de sentiments, de désirs, de volontés, d’interets passionés entre les individus, avec toute la cascade de liens et de conflicts qui en découle.»

Segundo, un fragmento de Michel Foucault citado por María Lozano como portada de un ensayo propio. Se tarta de las primeras palabras de este filósofo francés en su discurso de ingreso en el College de France:

«En el discurso que hoy debo pronunciar, y en todos aquellos que, quizás durante años, habré de pronunciar aquí, hubiera preferido poder deslizarme subrepticiamente. Más que tomar la palabra, hubiera preferido verme envuelto por ella y transportado más allá de todo posible inicio. Me hubiera gustado darme cuenta de que en el momento de ponerme a hablar ya me precedía una voz sin nombre desde hacia mucho tiempo: me habría bastado entonces con encadenar, proseguir la frase, introducirme sin ser advertido en sus intersticios, como si ella me hubiera hecho señas quedándose, un momento, interrumpida. No habría habido por tanto inicio: y en lugar de ser aquel de quien procede el discurso, yo sería más bien una pequeña laguna en el azar de su desarrollo, el punto de su desaparición posible.»

Me parecen dos textos excelentes muy representativos de lo que en los USA llamarían French Theory y denigrarían por nihilistas. A mí me gustan entre otras cosas porque creo que solo desde una actitud como la que estos párrafos reflejan podremos entender, manejar y doblegar esta recesión global.

Cosas de la vida

8 de febrero de 2009

Que Keynes fue sorprendente es algo sabido. Que además lo era en muchas y variadas facetas de su vida, también. Pero esta declaración rescatada por Mario Rizzo y que me llega vía el blog de Mankiw me deja perplejo. Mario Rizzo es, entre otras cosas, el coautor, con mi viejo conocido Gerry O’Driscol, de un libro bien interesante sobre Economía Austríaca. Por eso le he prestado atención y copio aquí su comentario.

«I am converted to your proposal…for varying rates of contributions in good and bad times. (June 16, 1942). Keynes, Collected Writings, vol. 27, p. 208. …[Y]ou are able to show fluctuations in income of an order of magnitude which is significant in the context… So far as employees are concerned, reductions in contributions are more likely to lead to increased expenditure as compared with saving than a reduction in income tax would, and are free from the objection to a reduction in income tax that the wealthier classes would benefit disproportionately. At the same time, the reduction to employers, operating as a mitigation of the costs of production, will come in particularly helpfully in bad times. (July 1, 1942). Keynes, Collected Writings, vol. 27, p. 218.»

Hay que agradecer a los «austríacos» que sean como un pepito grillo de nuestro oficio; pero hay que tomarlos con un grano de sal. Notemos, pues, que la cita corresponde a un párrafo de una carta a Mead y, antes de sonreír por la bonita coincidencia del Keynes con el empresariado de hoy, merece la pena notar que era 1942. Las grandes urgencias habían acabado.

Robert Solow

9 de febrero de 2009

Acabo de leer la entrevista de Manuel Conthe a Robert Solow, más amplia en Expansión que en El Mundo. Como Solow ha sido mi autor favorito sobre todo durante mi formación como economista, me congratulo de la capacidad de este hombre (que se calificaba a sí mismo de «middle brow» a fin de diferenciarse de los exhibicionistas) para explicar la crisis. Básicamente dice lo que yo quiero decir en 20 apretadas páginas en un artículo para un número especial de Cuadernos de Economía. Cuando sea mayor quiero ser como él.
Me quedan 20 años para conseguirlo.

Pequeños detalles reveladores

14 de febrero de 2009

La crisis rompe maneras de actuar que creíamos, si no inmutables, al menos algo más resistentes. Entramos en pánico y cambiamos sobre la marcha nuestras pautas de consumo e incluso de pensar.

Este comportamiento parece normal y prudente en algunos casos de consumo como pudiera ser, por ejemplo, el caso de restaurantes de capricho. Que chez Ruscadella haya exactamente siete comensales el día que Salvador y Cesca celebran su aniversario de boda, es quizá normal, pero triste.

Aunque, por la misma razón, Kulixka debería estar vacío y, sin embargo, estaba lleno el viernes al mediodía que es cuando disfruté de la compañía de Isabel Y Alvaro. Nada normal, pero consolador.

El pánico no es muy coherente. Ya lo sabemos. Pero hay más.
Los spreads de bonos soberanos respecto al bund alemán están ridículamente distorsionados sin ningún apoyo en la realidad económica. Y que, a estas alturas, Obama tenga dificultades para pasar su paquete de medidas en el Senado y que cuando consigue pasarlo Wall Street reaccione a la baja, parece también bastante absurdo y alejado de la racionalidad económica.

Diría lo mismo del insólito acontecimiento de que, de repente, Gobierno y Banco de España se pongan a discutir a través de los medios sobre el mercado de trabajo o, mejor dicho, sobre si las competencias del Banco le permiten hablar de ello.

Y sobre todo lo que me rompe los esquemas son los pequeños detalles que se van acumulando y enrareciendo el ambiente general y que realientan el pánico.

Sí, hay más taxis disponibles; pero ante tal mal signo procuro reducir mi presupuesto de transporte.

Que El País no acoja los comentarios de Jesús Zamora tampoco parece un síntoma tranquilizador, especialmente si no es por diferencias ideológicas sino por ahorrar papel.

Que Ignacio Pérez Infante tenga que descontinuar su colaboración con 5 Días es estúpido pues lo que él nos cuenta cada mes sobre la evolución del mercado de trabajo es la única manera de enterarnos y de aclarar las incongruencias que se leen y escuchan todos los días. Eliminamos al mensajero para no caer en el pánico.

Curioso. Toca quizá aprender de los neurólogos las pautas dinámicas del pánico.

Para ir haciéndome a la idea, trataré de continuar coleccionando detalles del comportamiento del pánico.

Regreso

16 de febrero de 2009

Antes de asistir a un seminario en a Fundación March, organizado y apoyado por la Fundación Urrutia Elejalde, me detengo a mirar la exposición de Tarsila do Amaral. El observador se entera desde el principio de lo que se trata.

«Primera muestra individual en España y una de las más importantes dedicadas en Europa a la artista brasileña Tarsila do Amaral (Capivari, São Paulo, 1886 – São Paulo, 1973), figura emblemática de la pintura en Brasil e introductora de las vanguardias europeas en su país.»

Es evidente para cualquiera que observe la muestra que esta pintora sabe conectar su vuelta a la exuberancia, a la irracionalidad y a la poesía de Brasil con la sabiduría académica del viejo continente de la que se había nutrido. Y esta evidencia hace que el espectador se vea impelido a reconocer tanto que lo académico es importante aunque esté fosilizado, como que la vuelta al origen, el regreso, nunca es una vuelta a lo que uno dejó.

Y luego subo al seminario impartido por Samir Okasha de la Unversidad de Bristol en el que el jóven investigador pretende establecer un paralelismo entre la elección de teorías à la Kuhn y el formalismo del teorema de imposibilidad de Arrow. En el primer caso hay demasiados algoritmos que amalgaman las características de una teoría en una forma de decidir cual es la buena. En el segundo no hay ningún algoritmo que agregue las preferencias individuales en una preferencia social con las características adecuadas. La cuestión es saber si las posibles salidas a la imposibilidad de Arrow podrían aplicarse al problema de Kuhn.

Yo no podía dejar de pensar que Okasha, en sentido inverso, quería regresar al formalismo después de impregnarse de la exuberancia del problema de la selección de teorías y que esa es una tarea imposible porque no hay en el lugar al que quieres regresar todo lo que tu creías recordar.

Y si sustituimos Tarsila do Amaral por Okasha quizá aplique este comentario a la exposición:

«La exposición se centra en la producción de su deslumbrante período central, los años veinte, vividos entre Sâo Paulo y París, con un final simbólico en Moscú (a donde viajó en 1931). Subraya sus conexiones vanguardistas en la capital francesa, su aprendizaje con pintores como André Lhote y Fernand Léger, su amistad con algunos poetas franceses de vanguardia (especialmente, con Blaise Cendrars).»

Extrañas divagaciones que no me dejaron sacarle al seminario todo su jugo.

Pesimismo risueño

18 de febrero de 2009

Desde ayer se puede leer desde esta página un trabajo en elaboración que aparece como «Work in Progress» y que se titula «Una visión (semi)heterodoxa de la crisis».
Un simulacro de formalización parcial. Se trata de mi aportación, que todavía debe ser pulida, a un número especial de Cuadernos de Economía sobre la crisis. No es el único esfuerzo colectivo de economistas españoles; pero aun así creo que tiene su mérito y, en cualquier caso, es en el que yo espero poder dar a conocer mis ideas heterodoxas envueltas en un ropaje ortodoxo si se aceptan. Es mi multipolaridad. Y a nadie puede extrañar por lo tanto que pase del optimismo mortecino de hace unos pocos meses al pesimismo risueño que impregna las páginas de este artículo nuevo.

La década perdida de Japón

19 de febrero de 2009

En el Financial Times de ayer, que compré en papel aprovechando que lo tienen en el kiosko que me coge de paso en mi camino a una estafeta de correos para votar a distancia en las elecciones vascas, me encontré con una sorpresa agradable dentro de los malos tiempos reinantes.

Los miércoles es siempre un placer leer en una misma página a John Kay y a Martin Wolf. Y ayer este último dedicaba su columna a las lecciones a extraer de la crisis deflacionaria japonesa dirigiéndonos a la lectura de «The Holy Grail of Macroeconomics» de Richard Koo.

Pero esa no es la sorpresa para mi. Ni siquiera era raro que el artículo de Wolf comenzara diciendo que tendríamos que aprender de Japón lo relativamente bien que llevó su década perdida producida por una deflación generada por un deseo de despalancamiento que sabemos irrefrenable cuando la explosión de la burbuja inmobiliaria te pilla muy endeudado, seas empresa o economía doméstica. Lo que sí me llamó la atención fue que en el primer párrafo dijera que preguntarnos si la crisis japonesa tenía algo que enseñarnos era «una pregunta que habría parecido absurda solo hace un año».

Pues bien, ayer me dolía una muela y salté. En marzo del 2008, hace un año yo escribía un artículo en Expansión que tocaba precisamente ese tema. Pero no es mi narcisismo el que más sufrió. Lo que me pone un poco enfermo, especialmente si me duele una muela, es el “encasquillamiento” (lock-in) del quehacer teórico. Esa columna mía a la que acabo de referirme recordaba la noción de «corredor neoclásico» y volvía su atención a su autor Axel Leijonhuvud, un heterodoxo despierto como nadie entre los grandes.

Me alegra por lo tanto haberle vuelto a leer con su lucidez habitual en VoxEu. De ese artículo extraigo el siguiente párrafo que deberíamos tener en cuenta al menos tanto como la columna de Wolf:

«Fiscal stimulus will not have much effect as long as the financial system is deleveraging. Even if that problem were to be more or less solved, the government deficit would have to offset both the decline in industry investment and the rise in household saving a gap that is rising as the recession deepens. Here, too, the public is sceptical and prone to conclude that a program that only slows or stops the decline but fails to «jump start» the economy must have been a waste of tax payers’ money. The most effective composition of such a program is also a problem.»

Termino llamando la atención no solo sobre la prioridad de limpiar el sector financiero sin contemplaciones, una tarea esta que debiera ser fácil en España en donde ese sector no debe estar tan sucio, sino también sobre la necesidad ulterior de calibrar bien el tiro fiscal para que sea suficiente para ese «jump start», un salto que volvería a meternos en un «corredor neoclásico».

Estamos solos

22 DE FEBREO DE 2009

Mis coronarias y mi hipertensión me han convertido en flaneur a lo Walter Benjamin al menos durante una hora al día. Así que me fijo más que antes en las cosas extraordinarias que acontecen en la rúa como decía el TBO de mi niñez.

Me ataca por sorpresa un cartel anunciando que somos más de tres millones y aun así estamos solos y mi imaginación se desvía hacia la crisis y el desempleo que produce.

Mi cerebro se acelera y comienzo a pensar que los sindicatos han entrado en la era del talento acompañados por personajes célebres (como Juan Imedio y el «niño» Torres) y que así sí podremos hacer un pacto social.

Continúo volando con mi imaginación y descubro el examen que les pondría a mis alumnos, en caso de que los tuviera, sobre la crisis y sus remedios. Recuerdo lo que contaba Frank Hahn, hace muchos años, en la high table de Churchill Collage de Cambridge refiriéndose al examen que había puesto a sus alumnos de Siena.

Traspuesto a nuestra situación les preguntaría qué remedios sugieren y, sobre todo, en qué orden los aplicarían, cosa sobre la que ya escribí.

En efecto, los alumnos deberían haber aprendido que el rodeo de la producción no es solo una pieza de la teoría del capital del austríaco Böhm-Bawerk, sino también, y quizá sobre todo, un consejo para el bien pensar. Ir directamente a la solución o alivio del problema más llamativo no es necesariamente la mejor ruta para recobrar la senda del crecimiento.

Y esta rememoración-reflexión me lleva al artículo que preparo sobre la crisis y sobre la necesidad de retomarlo para insistir en que lo primero es recuperar la confianza en el sector financiero, la confianza que los demás tienen en él y la confianza que unas instituciones tienen en las otras. Y recuerdo que de esto ya hablé hace un año en una especie de homenaje particular a Toni Calvó.

¡Ah! Por cierto, el anuncio no tiene nada que ver con los más de tres millones de parados. Los que están solos son los más de tres millones de personas aquejadas de alguna enfermedad rara con tan poca incidencia entre la población que a los laboratorios de farmacia no le compensa investigar sobre los medicamentos adecuados para cada una de ellas. El ser distinto te aisla y te deja inerme a no ser que te organices como un grupo de presión.

¿Es esto tan distinto de la lucha de clases?

Rigideces, benditas rigideces

23 de febrero de 2009

En el FT de hoy Paul de Grauwe publica un artículo de los que llaman la atención, pues es una muestra del pensamiento a contrapelo. Afirma que las rigideces en el mercado de trabajo son una bendición cuando la economía se encuentra en un proceso de deflación intentando quitarse de encima la deuda. Si el salario fuera flexible, la demanda agregada sería todavía menor agudizando el proceso deflacionario. También se refiere a la conveniencia de mantener un seguro de desempleo alto. En este punto me permito añadir que, por afán de llevar la contraria, hace años que se me ocurrió un argumento para justificar esa «generosidad» cuando el problema es uno de aceptación de vacantes. Aunque parece muy optimista pensar hoy en la existencia simultánea de vacantes y de desempleados, lo cierto es que eso sigue siendo el caso, de forma que mi viejo argumento sigue siendo válido a pesar de todo.

Botin y Vanity Fair

26 de febrero de 2009

Como sigo de flaneur una hora al día, descubro sin parar joyas enterradas.

La última está, como la carta de Poe, a la vista de todos. En la portada de Vanity Fair que luce en un expositor publicitario, a la altura de Michel Jackson y compartiendo espacio con las chicas de Antonio Banderas, aparecen unas declaraciones de Emilio Botin en las que declara que después de Madoff sigue durmiendo muy bien.

Me alegro por él, que el insomnio es muy malo; pero unas declaraciones así, viniendo del Presidente de uno de los mayores y más importantes bancos del mundo, me parecen desafortunadas. Máxime en estos días en los que, por fin, las autoridades parecen haberse despertado y comenzado a empuñar la fregona para limpiar el sector financiero.

Al poco tiempo de haberme fijado en esas declaraciones escucho y observo al Gobernador del Banco de España diciendo ante la Comisión de Economía del Congreso que el sector financiero se tendrá que consolidar.

Todo ello después de que hoy hayamos visto en los periódicos matutinos qué instituciones han acudido a las subastas de fondos y cuales se han abstenido en un intento de señalarse. Entre estas últimas los dos grandes bancos.

Pero las señales han de ser creíbles y entre la cautela del Presidente del BBVA, que ha pagado el dividendo complementario de los entregados a cuenta del ejercicio del 2008 en acciones y la prepotencia del colega del Santander que ha anunciado su subida para el siguiente ejercicio, parece haber como un abismo entre placas tectónicas.

Si yo me pregunto porqué Botin actúa así es que comienzo a darme cuenta de que ya no estoy en un mundo de riesgo, sino en uno de simple incertidumbre y que no sé por dónde viene el aire. Malo, aun cuando fuera una apuesta calculada de este gran banquero.

¿Lucha de clases?

28 de febrero de 2009

Les contaré una cosa curiosa. Como, en principio, escribo los primeros martes de mes en Expansión, he estado a punto de enviarles esta mañana un artículo sobre la lucha de clases. En el último minuto me he dado cuenta que ya había escrito un post bastante largo al respecto y he tenido que tirar de otro tema para quedar bien.

Sin embargo, el artículo preparado para Expansión me gustaba, especialmente en sus adornos. Así que he decidido colgarlo como un post y confesar mi estulticia o los primeros mordiscos de la demencia senil.

Ahí lo tienen.

Lucha de clases

El único pecado grave que he confesado en mi santa vida es el haber asistido a una película clasificada moralmente como del 3 en el contexto de un programa doble del cine Filarmónica de Bilbao, en lugar de haber salido de dicha sala después de haber sufrido la película del 2. Nunca podré olvidarme de ella, de la del 3 quiero decir. Se trataba de Un conflicto en cada esquina, una comedia romántica y un poco amarga, en la que Robert Mitchum pronunciaba una frase memorable: «¿cómo voy a saber lo que pienso antes de oír lo que digo?» Sirva esa rememoración como introducción a mi deseo de «leer lo que escribo y así saber lo que pienso» justamente sobre los conflictos que pueden surgir en cada esquina en los tiempos que corren, conflictos nada románticos por cierto y bastante amargos.

Los conflictos empezaron hace tiempo. Recordemos los desórdenes griegos aparentemente alimentados por un conflicto estudiantil pero en el caldo de cultivo de una situación económica nada esperanzadora para ese miembro del «selecto» grupo de los PIGS. Los últimos han sido los de los trabajadores ingleses de una refinería parando para pedir que ese empleo escaso fuera prioritariamente para británicos y no para «trabajadores invitados» como les llamarían en Alemania.

Aquí continúan las manifestaciones de protesta (que comenzaron hace meses) por los ERE´s de Delphi y Nissan y la rescisión de contratos en general. Como el diálogo social no acaba de despegar, debido aparentemente a que los sindicatos no están dispuestos a admitir en el orden del día el abaratamiento del despido, el ambiente huele a calma relativa antes de una tormenta que puede ser gorda.

En este contexto, podríamos preguntamos ahora, de la misma forma que yo hacía en mi blog el 27 de enero, si no estaremos cerca de una renovada «lucha de clases», un término aparentemente rancio pero que refleja muy bien una tensión latente en el mundo económico general y en el productivo en particular. No hace falta ser marxista para «creer» en la lucha de clases como no hace falta ser creyente para creer en la comunión de los santos.

Son dos fenómenos que se palpan y, por lo tanto, si no nos andamos con tapujos quizá aprendamos algo constructivo.

Comencemos con un ejemplo revelador de la situación. Recientemente, los periódicos diarios y todos los medios dieron relieve a la noticia de que en un mismo día la economía global perdió 70.000 puestos de trabajo, tanto en sectores industriales y de servicios como en el financiero, y la Bolsa reaccionó al alza.

¿Cómo es esto posible? Parecería que la Bolsa debería oler el azufre de esas noticias y reaccionar vendiendo los valores correspondientes a esos sectores o a esas compañías en particular forzando la bajada de su cotización. Los expertos en Bolsa tienen explicaciones ad-hoc para esta aparente anomalía. El índice general de las distintas Bolsas subió porque los bancos tiraron de él. Y los bancos subieron porque o bien ya habían bajado mucho o bien porque sus prestatarios ahora, después de los despidos, sería más solventes como deudores. Pero es justamente esta última explicación de los entendidos en Bolsa la que conduce a pensar en la lucha de clases. Veamos.

Cuanto peor le vaya la clase trabajadora, que no es dueña del capital, mejor le irá la clase capitalista dueña del capital. Ya sé que tras años de capitalismo popular y especialmente después de las últimas innovaciones financieras esa simplificación entre clases no es fácilmente aceptable, pero me vale para comunicar lo que quiero, algo más tecnológico y general que las explicaciones de los bolsistas. Lo que está pasando es que, en este momento, la participación (en la producción) del capital estaría reduciéndose a favor de la participación del trabajo en esa producción, un hecho notable pero que, sin embargo, no constituye una explicación admisible de los conflictos observados debido a que parecería que la constancia de esas participaciones es un hecho estilizado aceptado generalmente.
Sin embargo, esa constancia no es necesariamente cierta. Puede ocurrir, en efecto, que estadísticamente sea correcta porque se toman los datos no muy a menudo de acuerdo con la naturaleza de largo plazo de los análisis que se quieren efectuar pero, en mi opinión, la aparente regularidad es compatible con oscilaciones significativas durante plazos más cortos. La cuestión, en consecuencia, es si en nuestros modelos-guía deberíamos utilizar una función de producción que refleja esa presunta constancia, o deberíamos dejar que esas participaciones variaran con otros factores como pueden ser el gasto público que incide de manera distinta en una y otra clase y/o el sistema fiscal que grava de manera distinta unas rentas y otras. Para lo que yo quiero discutir es mejor la segunda opción.

Volvamos pues la atención hacia una función de producción con rendimientos constantes a escala que nos indica lo que se produce a partir de cantidades dadas de la relación capital/trabajo. Lo que notamos inmediatamente es que a medida que disminuimos el capital y aumentamos el trabajo, relativamente hablando, la llamada «relación marginal de sustitución» disminuye, es decir que para producir lo mismo se necesita cada vez mayores dosis de trabajo para compensar una caída del capital de tamaño dado.

Si en una economía como la española íbamos cada vez más hacia actividades intensivas en trabajo como el turismo y la construcción, la relación capital-trabajo disminuye de manera que lo que debemos esperar es que la relación marginal de sustitución disminuya de la manera explicada. O, lo que es lo mismo, necesitamos que la productividad marginal del capital aumente relativamente a la productividad marginal del trabajo de forma que el precio de los servicios del capital suba en relación al precio de los servicios del trabajo. Equivalentemente podemos decir que, lo que se necesita para ocupar a la nueva población activa es que la participación del trabajo disminuya y la del capital aumente. En terminología castiza de incentivos podríamos traducir estos hechos tecnológicos como la necesidad de «comprar» al capital para que dé trabajo a la nueva población activa concediéndole una mayor parte del pastel producido entre una clase y otra.

Ahora bien, si los precios de los servicios del capital y de los servicios del trabajo no se ajustan correspondientemente de forma que el salario nominal sigue subiendo en mayor proporción que la subida de los precios de los bienes, se genera desempleo. O, dicho de la manera que yo quiero decirlo, si insistimos en mejorar la participación del capital para que no haga «huelga» y los salarios nominales no flexionan, no hay más remedio que prescindir de trabajadores (sin entrar ahora en el coste de los correspondientes despidos). Es decir, de manera no precisa, se mantendrán los dividendos y se disminuirá el empleo al no poder bajar los salarios nominales. Esta explicación, aunque no muy precisa, responde a lo que nos preguntábamos sobre cómo podía entenderse que el mismo día que se desplomaba el empleo la Bolsa se recuperara.

En conclusión, es de esperar que surjan tensiones que parecerían propias de la lucha de clases. Los sindicatos, que han estado casi mudos, tendrán que reinventarse a si mismos. Y eso pasa hoy por explorar nuevas formas de agruparse para trabajar como empresarios. Veremos cómo evolucionan los acontecimientos.

Notas

[1] En mi opinión, mi respetado Bentolila se deja llevar por sus «animal spirits» y efectúa desde una situación coyuntural (aunque sin duda la actual crisis en determinados aspectos dejará huellas duraderas) un comentario sobre unos análisis de JU que van más allá de la actual coyuntura. Por otra parte, la idea de que el Estado asegure riesgos «macro» y el sector privado riesgos «micro» creo que no es nueva y, además (como casi todo en economía) es matizable. Depende de quién asuma el riesgo: hay agentes privados que tienen una capacidad de aseguramiento muy superior a la de muchos Estados. Por otra parte, está el mecanismo del reaseguro, que permite que el sector privado disponga de una capacidad potencial de aseguramiento casi infinita. Si hablamos del riesgo macroeconómico específicamente, parece evidente que el Sector Público es el candidato natural. Pero, ¿Es el Estado el mejor asegurador? Depende; la magnitud del riesgo macroeconómico y la existencia de shocks asimétricos hacen pensar que no siempre eso sea cierto.

[2] Estoy de acuerdo con este valiente comentario, a contracorriente de lo que parece opinión predominante. Me quedo con un corolario que está al final: la «necesidad de pagar muy bien a los servidores de lo público a nivel de alto cargo, para que no se vean tentados de defraudar al tiempo que no nos entreguemos en manos de los simples arribistas calculadores».[sic]

[3] Creo que el post se inserta plenamente dentro de la Crónica de la Crisis, pues habla de la Economía como campo «de creencias, sentimientos, deseos (…) conflictos», sin todo lo cual sería imposible intentar una comprensión (por precaria que ésta sea) de la Crisis. Como queda de manifiesto en otros lugares de la Crónica, cada vez resulta más decisiva en la Teoría Económica la aportación desde campos conexos a la Psicología; y de ahí la relevancia de libros como «Animal Spirits: how human Psichology drives the Economy, and why it matters for Global Capitalism» (de Shiller y Akerlof), citado en varios sitios de la Crónica.

La Imposibilidad de una Política Estabilizadora

Crónica de una crisis | Marzo 2009

Prólogo

En «La Imposibilidad de una Política Estabilizadora» (artículo de Expansión de 3 de marzo de 2009) JU argumenta que no hay política económica estabilizadora posible. Es decir, la esperanza de alcanzar una cierta estabilidad económica mediante reglas establecidas por agencias públicas independientes y que suavicen el ciclo de aquí al final de los tiempos, es una esperanza vana.

El capitalismo (como ya defendía en su libro «El capitalismo que viene») es un sistema dinámico complejo en el sentido de que su solución no puede ser reproducida por ningún algoritmo finito y de que sus condiciones iniciales no nos dicen nada respecto a esa solución. En consecuencia –nos advierte JU– cualquier intento de mejorarlo, aunque pueda conseguir algo, también puede acarrear consecuencias inesperadas.

Un corolario desagradable de todo esto: según JU siempre estaremos atrapados en un poco simpático capitalismo de amigotes (crony capitalism) con la presencia de diferentes grupos que, en una Sociedad de la Información y en presencia de las TIC, siempre estarán a la caza de las rentas que se generan con la captura del Estado o de las agencias en las que éste delega.

Sin embargo, JU nos da alguna esperanza: esa misma Sociedad de la Información y esas mismas TIC que han hecho posible la apropiación de rentas por parte de un grupo, garantizan que esa captura será efímera pues siempre habrá otro grupo competidor que acabará desplazando al primero. De hecho, en su post «Optimismo matizado» considera que la actual crisis fomentará (está fomentando) cambios sociales de esa naturaleza.

En varios posts desgrana JU la «desorientación» [sic] en que se halla la Teoría (Macro)económica», «no habiendo un modelo de referencia sobre el que los académicos puedan elucubrar y que sirva de base para sus opiniones y de orientación para los responsables de política económica». Con todo, al igual que en su artículo mensual, encuentra alguna luz dentro de la oscuridad: en algunos posts («Ingeniería económica», «Proteccionismo»…), se reconcilia con la belleza de ciertos desarrollos de la teoría económica, que además iluminan algo la comprensión y el tratamiento de nuestro gris devenir económico presente.

Optimismo matizado

1 de marzo de 2009

El otro día presentaba un artículo todavía sin acabar en un minipost que, a efectos de archivo, llevaba el nombre de pesimismo risueño. La parte risueña tenía que ver con con que la crisis, al ser más profunda de lo normal (de ahí el pesimismo) quizá acabara trayendo cambios de cierta entidad en el camino de cargarnos el capitalismo de amigotes.

Pero hace cinco meses, el 4 de octubre, escribía en Expansión sobre las razones de un optimismo quizá ingenuo. Mi optimismo radicaba, en medio de la resaca del hundimiento de Lehman, en que por fin sabíamos que el problema era financiero y más exactamente bancario y que no debería ser difícil distinguir los buenos de los malos bancos.

Por lo visto desde entonces, mi ingenuidad consistía en presumir esa facilidad para discriminar. No ha sido así y hemos perdido mucho tiempo.

Sin embargo ahora mi optimismo emerge al fin sobre bases más firmes. No firmes del todo, sin embargo, porque no se ha sido capaz de organizar del todo la ciberturba que yo insinuaba en el artículo citado ni el mecanismo de screening que, por otro lado, he demandado a los expertos tantas veces. Pero creo percibir que hacia allá vamos tanto en Europa como en los USA.

Miremos a España. El interbancario se va poco a poco reduciendo. El Presidente del BBVA pide más o menos explícitamente que se distinga entre unos bancos y otros, entre unas cajas y otras, y con mayor claridad nos dice que el sector tendrá que reorganizarse o consolidarse. Los medios empiezan a darnos ratings de instituciones financieras, cajas o bancos y el Gobernador del Banco de España, en su declaración ante la Comisión de Economía del Congreso, va por el mismo camino anunciando que el sector financiero español a pesar de su solidez no está vacunado y que debería reforzarse por uno u otro camino para aumentar sus defensas naturales.

Podría pensarse que esos hechos y declaraciones no anuncian nada bueno; pero yo pienso lo contrario. Jamás todo esto hubiera ocurrido simultáneamente si los agentes financieros no empezaran a tener buena información sobre la situación de cada entidad, información basada en el conocimiento de sus balances y de los precios de activos para los cuales no había mercado. Y tampoco hubiera ocurrido si no pensaran que la cosa tiene remedio.

En cualquier caso mi optimismo no es todavía entusiasta porque seguimos sin ser capaces de diseñar un mecanismo de screening inteligente. Pero quiero creer que quizá no es necesario que el mecanismo sea conocido ya que, naturalmente, si el mecanismo funciona son los propios bancos los que se autoseleccionarán. Y quizá esto esté pasando o vaya a pasar en presencia de ese test de stress anunciado y que todavía no sabemos con exactitud en qué consiste.

La desorientación de la Teoría (Macro)económica

2 de marzo de 2009

Tengo la sensación de que hace tiempo que llevo protestando por la poca ayuda que la Teoría Económica nos brinda para entender la presente crisis. No voy a molestarme en encontrar las citas precisas; pero sí voy a mencionar dos trabajos de estos días que inciden, ya de manera irritada1, en la inadecuación de la Teoría Económica a la que nos ha llevado el desenvolvimiento de la llamada ciencia económica.[1]

Economist´s View nos ofrece un artículo de 8 autores y también una columna de Krugman (que hace referencia a otra de De Long) que critican explícitamente el desarrollo de la Teoría Económica reciente en lo que concierne a la Macro y a la Teoría Financiera.

No hay excusa para no leerlos; pero yo me voy a dar el gusto de subrayar aquellos puntos que ya fueron mencionados en este blog. Me limitaré a tres.

En primer lugar me complace que los 8 autores mencionados tomen a Leijonhufvud como uno de los autores que deberían haber sido escuchados. Esto pone en valor el artículo enviado a Cuadernos de Economía.

En segundo lugar he disfrutado mucho de la crítica de la macroeconomía dinámica basada en la hipótesis de las expectativas racionales que se realiza en los dos artículos críticos mencionados. Esa crítica estaba implícita en mi posición sobre el principio de indeterminación entendido como aplicable en economía.

Y, en tercer lugar, nos topamos con la llamada al uso de la Teoría de Redes a la que apelé explícitamente.

Esta crítica interna intenta sacar sus corolarios metodológicos; pero no me parece excepcionalmente brillante en este punto.

Y, por otro lado, no topan con la idea de la dependencia del recorrido que explica metodológicamente el porqué de la pobreza franciscana de la Teoría Macroeconómica más reciente a efectos de explicar la situación actual.

La Imposibilidad de una Política Estabilizadora

3 de marzo de 2009

– Publicado en Expansión –

Me gustaría en esta columna tratar de «probar» lo que su pomposo título anuncia: que no hay política económica estabilizadora posible. Es decir, la esperanza de alcanzar una cierta estabilidad económica mediante reglas establecidas por agencias públicas independientes y que suavicen el ciclo, disipen incertidumbres y faciliten la práctica empresarial, de aquí al final de los tiempos, es una esperanza vana.

La Gran Moderación era un espejismo. Esta fue la proposición de El Capitalismo que Viene que resalté, junto con sus corolarios, en su presentación y lo hice para que estemos preparados a resistir a los salvadores del sistema que caerán sobre nosotros con nuevas ideas sobre regulación, supervisión, intervención o, en general, sobre la política económica definitiva y, finalmente, sobre la conveniencia o la necesidad de derivar hacia un capitalismo más humano cuando no a un sistema totalmente alternativo. La «prueba» de la proposición requiere varios pasos y, a su vez, es fuente de corolarios interesantes.

Comencemos por resaltar la imposibilidad técnica de cualquier tipo de compromiso irrevocable por parte del Estado. Es este el que, como monopolista de la violencia, puede asegurar ante terceros la irrevocabilidad del compromiso de otros agentes económicos; pero nadie puede forzar al Estado. De ahí que toda política para ser creíble haya de ser intertemporalmente consistente. De lo contrario nadie se creerá las declaraciones de los responsables de esas políticas económicas a aplicar mañana porque cuando llegue mañana no irá a favor de sus intereses el aplicarlas. En consecuencia surgen las agencias independientes (como, por ejemplo, el Banco Central o la tan deseada Agencia Fiscal, independientes naturalmente) que hay que suponer que son intertemporal y enfermizamente consistentes. La proposición parecería refutada más bien que probada.

Pero ese no es el caso porque ya hemos sido testigos de que, cuando es necesario, el Banco Central se apiada de los pobres ciudadanos y deja que su consistencia se resquebraje. El problema es justamente que la delegación desde el Estado a una agencia independiente siempre puede ser revocada y, lo que es peor, que en esa tesitura inevitable siempre existirá la tentación de la captura. Para evitar la revocación o la captura solo cabe que esa política económica de la que estamos hablando sea, de hecho, un equilibrio evolucionariamente estable, es decir que sea una política alcanzada en el tiempo como resultado de un juego evolutivo en el que esa política acaba sobreviviendo sobre otras ensayadas y es tal que no se sale de ella aunque haya algunos agentes que desearían cambiarla. En efecto, la política económica de referencia tiene que cumplir los dos requisitos que definen la evolución darwiniana.

Claro está que cuando la política de que se trate es a prueba de mutantes, la autoridad que la pone en funcionamiento alcanza una reputación de firmeza ya que ha tenido que enfrentarse a otras políticas alternativas. Este parecería el último argumento necesario para rechazar la proposición que quería probar; pero no es así.

He aquí el final de la prueba: ese equilibrio evolucionariamente estable y a prueba de mutantes cambia con el ámbito de actuación de la autoridad y su reputación se evapora o puede evaporarse en cuanto dos Estado se unen o se separan. Esta especie de paradoja tiene su elucidación a través de la demostración, reproducida en El Capitalismo que Viene, de que el juego entre dos agencias independientes (el Banco Central y una Agencia Fiscal) solo puede sostener en su equilibrio una reputación de inflexibilidad e independencia de la política monetaria y la fiscal si ninguna de las dos agencias actúa de manera «fanática».

Vayamos ahora con los corolarios que, como suele ser el caso, son más interesantes que la proposición. Como la reputación de las agencias independientes no es en general sostenible, siempre estaremos atrapados en un poco simpático capitalismo de amigotes (crony capitalism) con la presencia de diferentes grupos que, en una Sociedad de la Información y en presencia de las TIC, siempre estarán a la caza de las rentas que se generan con la captura del Estado o de las agencias en las que éste delega.

Lo interesante sin embargo no es este corolario poco halagüeño, sino la constatación de que son esa misma Sociedad de la Información y esas mismas TIC las que, después de haber hecho posible la apropiación de rentas por parte de un grupo garantizan que esa captura será efímera pues siempre hay otro grupo competidor que acabará desplazando al primero, lo que no deja de ser un consuelo.

La competencia, en efecto, funciona como tal consuelo porque es justamente la competencia por hacerse con rentas procedentes de la captura lo que lleva a la innovación, una actividad ésta que no tiene nada de lineal en contra de su descripción simplona. No funciona transitando ordenadamente desde la Investigación (I) al desarrollo (D) y a la innovación (i), sino que muy a menudo, el desarrollo exige una vuelta adicional por la investigación y ésta es a veces estimulada por una previa innovación. Pues bien, este proceso no lineal que da forma a la competencia, junto con una política económica estabilizadora que no se sabe si es discrecional o reglada, dan origen a un sistema dinámico que es complejo en el sentido de que su solución no puede ser reproducida por ningún algoritmo finito y de que sus condiciones iniciales no nos dicen nada respecto a esa solución.

En efecto, cuando se nos pase la resaca de esta recesión prácticamente global nos daremos cuenta de que la innovación financiera, tan denostada hoy, puede cubrirnos de casi todas las contingencias que no sean sistémicas y de que la igualdad de oportunidades estará sostenida por la posibilidad de que cada uno tenga sus 15 minutos de gloria lo que le permitirá hacerse con unas rentas suficientes como para poder vivir en su época pasiva. Los que quieran mejorar el mundo deberán saber que el sistema capitalista no solo no es tan malo como ahora se le quiere pintar, sino que además puede contribuir a disipar rentas mediante la competencia. Ahora bien, se trata de un sistema complejo, de forma que cualquier intento de mejorarlo, aunque pueda conseguir algo, puede acarrear consecuencias inesperadas.

La profesión se mueve

4 de marzo de 2009

Unos cuantos economistas que fueron jóvenes hace muy poco y que ya están en sazón, han colaborado para ofrecernos su visión de diferentes aspectos de la crisis.

El conjunto de sus ensayos salió ya en formato e-book en Sociedad Abierta; pero ahora lo está publicando El País en diversos espacios sin un criterio determinado y sin el debido reconocimiento a FEDEA. En cualquier caso, el artículo de hoy de Michele Boldrin en la cuarta de la sección de opinión debe ser leído porque sí, y porque subraya la excelencia de nuestros especialistas en Mercado de Trabajo. Para saber quienes son, no hay más que echarle aun vistazo al e-book citado.

Ingeniería económica

4 de marzo de 2009

Auman dice que las subastas son un mecanismo diseñado en base a nuestro conocimiento del funcionamiento de un mercado y que, como tal mecanismo, constituyen la más elaborada pieza de ingeniería económica.

Sin embargo no es la única. Basta con recordar los mecanismos de Groves y Ledyard para extraer la verdadera willingness to pay por un bien público. Sin esos mecanismos –que no son gratis– no podemos esperar conocerla pues hay claros incentivos a minusvalorarla para que sea otro el que pague por ese bien público.

Naturalmente, la literatura sobre diseño de mecanismos no acaba ahí y cabe mencionar mecanismos no solo para la revelación de preferencias como los citados, sino otros encaminados a reducir las dificultades propias de situaciones con información asimétrica. Estos mecanismos de screening son los que habría que perfeccionar para solucionar la naturaleza no reveladora del equilibrio en bancos en que se encuentra el mundo y que está llevando hacia una coyuntura realmente preocupante.

Y sin embargo no se está haciendo así y solo contamos con iniciativas dispersas y no muy bien diseñadas que van revelando información de manera demasiado lenta. ¿Por qué ocurre esto?

Cabe culpar a la propia deriva de la Teoría Económica tal como veíamos ayer; pero puede que también haya que culpar un poco a un pensamiento que se quiere liberal y que en este caso es, a mi juicio, simplemente irresponsable.[2]

En efecto, empiezo a pensar que se trata del odio a los mecanismos y a la ingeniería económica en general del que están poseídos los que se tienen por liberales, quizá porque un mecanismo parece siempre algo artificial y que no confía en la evolución natural.

Yo, como muchos, somos entusiastas admiradores de Hayek, y quizá por eso sabemos algo de lo que dijo. Como no podía ser menos él sabe que lo que nosotros hacemos en cada momento es parte de esa evolución, algo que los liberales no parecen tener en cuenta.

Llevamos a nuestros hijos pequeños al parque de atracciones y los encadenamos a máquinas monstruosas nada naturales que les hacen girar y navegar cabeza abajo sin exaltarnos en contra de jugar con la fuerza de la gravedad. Y ello a pesar de que las tracciones de esas máquinas están regidas por mecanismos en el sentido primitivo de esta palabra asociada a la mecánica, esa rama anticuada de la física.

Hay veces que pienso que estamos en la época de Galileo cuando se perdía el tiempo en consideraciones tontas sobre la posibilidad de que la tierra no fuera el centro del universo en lugar de mirar por el ojo de un telescopio, un mecanismo nada natural. La evolución pone las cosas en su sitio pero tarda tanto…..

Pero bueno, no me amargo tanto en este caso como en el de la propia Ciencia en el que, para tomar una decisión de localización de una gran instalación científica, se renuncia tontamente a considerar el mecanismo de las subastas. No me cabe la menor duda de que esto es así debido a que el mecanismo sugerido dejaría sin trabajo a no pocos políticos y aparcaría a los científicos como agentes sociales relevantes insinuando eso de «zapatero a tus zapatos».

En lo del mecanismo de screening tampoco me desespero del todo porque, a pesar de todos los intereses creados, ahora parece que poco a poco la pesada niebla de la estupidez se va disipando.

Un comentario interesante

5 de marzo de 2009

La entrada de montejb sobre el optimismo matizado ha recibido este comentario que, aunque solo fuera por su longitud, merece ser tenido en cuenta como un post más. Contiene un montón de afirmaciones sobre las que yo tendría que reflexionar un poco más y no pocas sugerencias que suenan bien y se cruzan en cierta medida con la discusión abierta sobre democracia económica a la que se puede acceder a partir de aquí.

Ahí va.

La anticipación sería la medicina que facilitaría remediar los males que atenazan el ánimo de la humanidad. Efectivamente, se necesitará diseñar un nuevo orden socioeconómico que permita construir sobre cuanto se pretenda conservar, restaurar y construir de nuevo. Sin duda, no será tarea fácil, si bien, cuanto mayor sea el deterioro, mayores pueden ser las posibilidades, a condición, de que el caos no sustituya a la inteligencia y anule la medicina.

En mi caso, el ánimo contenido, me permite explorar opciones de aproximación a personas y grupos afines en la esencia y naturaleza en cuanto a principios, valores, perspectivas de miras y mínimo prejuicio, con la intención de aunar sinergias e intentar lo imposible, pues, una sola piedra bien elegida es suficiente para sostener, derribar o iniciar cuanto se pretenda y desee.

En el contexto actual, podemos ver y comprobar con sorpresa, la aparente, ineficacia de las medidas llevadas a cabo, por todos los gobiernos desde hace 5 meses, para atajar el huracán socio económico que se ha ido esparciendo globalmente con toda su fuerza, dejando una situación incierta e imprevisible a corto y medio plazo en multitud de cuestiones.

En un aspecto, la contabilidad sólo supone una aproximación técnica de una realidad dada de cualquier actividad. Salvo en la economía personal, familiar y la de pequeñas actividades, para el resto de las empresas y organismos, esta realidad es permanentemente cambiante, y cuando aparecen los informes, avances, balances y similares, suelen estar desfasados con la realidad del día a día.

En verdad, la sensación que se me presenta es, que el paciente está en coma irreversible, y me parece, que lo que se está tratando es de mantenerlo en funcionamiento en sus constantes vitales mientras se piensa y decide qué y cómo mejor hacer.

Podemos ver, que las transfusiones no le están devolviendo a la vida, extirpar algunos órganos cancerosos, no es la solución y alrededor de la mesa del paciente, cada vez se acercan más curiosos a mirar el cadáver cosido de tubos y aparatos que lo mantienen en progresiva degeneración.

Sin duda, así podría seguir manteniéndose, pero no por mucho tiempo. Entonces, qué alternativas quedan. Lo razonable pues, sería construir sobre lo que hay, modificar, ajustar y adecuar progresivamente sobre la base de un proyecto razonable común universal. Veamos las siguientes propuestas en resumen.

  • Se debería conservar y potenciar la libertad e iniciativa personal.
  • Sería deseable, diseñar una organización y ordenamiento razonable territorial de la oferta, ajustada a la demanda, intentando procurar que no sobren, falten, desperdicien o infrautilicen bienes, productos y servicio.
  • El consumidor asumiría el nuevo papel de inversor directo en cuanto compra o consume, según sus preferencias, junto con los trabajadores, los inversionistas actuales y los estados según proceda para qué bienes y productos esenciales y de primera necesidad.
  • Los precios en general de los productos, bienes y servicios se compondrían, además de los corrientes al uso y según categoría de; una parte como inversión de los consumidores, trabajadores, investigación, reposición y sustitución de materias primas, conservación del medio ambiente y un diferencial para acercar las rentas de los menos favorecidos a las homologables que se establezcan.
  • El flujo diferencial dinerario se invertiría donde sea necesario dotar de infraestructuras de primera necesidad y mejora de calidad de vida.
  • El sistema financiero y bancario sería el administrador de los flujos dinerarios de inversión, anticiparía y gestionaría las necesidades de cobertura de oferta y demanda de productos, bienes y servicios.
  • Los estados y los gobiernos velarían por el ordenamiento y cumplimiento jurídico, promoverían e interesarían mediante concurso, las necesidades de ofertas de productos, bienes y servicio para atender la demanda, organizando la distribución de los medios, recursos y los beneficios monetarios e intangibles.
  • Una Declaración de Compromiso Personal o parecido, sería el modelo de organización individual y colectivo universal, que permitiría respetar las preferencias e iniciativas individuales, de acuerdo a la organización de actividades esenciales a desarrollar por cada individuo, todas al mismo nivel de importancia y consideración, mediante la asunción de responsabilidad personal y la participación y la colaboración con los demás.
  • La dedicación adecuada y equilibrada en el estudio, la preparación y aprendizaje de nuevos conocimientos y habilidades, el ocio, el trabajo, serían todo en uno lo esencial y facilitarían la plena actividad y dedicación.

Finalmente, ¿estamos dispuestos a despertar y actuar? o ¿preferimos seguir contemplando al paciente en coma irreversible?

Leyendo estas líneas y mirando los acontecimientos actuales dentro de 50 años, simplemente me sonrojo.

Proteccionismo

6 de marzo de 2009

Ante los argumentos proteccionistas que comienzan a oírse por doquier, merece la pena leer con atención el artículo de opinión de Andreu Mas-Colell en El País del viernes 27. Quien lo lea admirará, sin dudas, la claridad el pensamiento de esta economista de prosapia.[3]

Es esa claridad la que le lleva a explicar las ventajas del libre comercio internacional sobre el proteccionismo, indicando que abrirse al comercio puede ser bueno incluso si se hace de manera unilateral si admitimos como criterio, no que todo el mundo gane, sino que los que ganan pudieran compensar a los que pierden como para que acepten la apertura. Estos criterios exigen un tratamiento semifilosófico antes de ser aceptados; pero seáseme permitido recordar que es la misma lógica que subyace a la recomendación de romper un monopolio. El monopolista no gana con el paso a la competencia, pero sin embargo los economistas recomiendan el movimiento porque los que ganan podrían «sobornar» al monopolista para que se deje.

En cualquier caso, la exposición de Mas-Colell tiene como ingrediente adicional que presenta el argumento en el formato de la Teoría de Juegos mostrando cómo la apertura del comercio redunda en un equilibrio que es óptimo paretiano cuando las ganancias de cada país son las que corresponden a unos tiempos que podríamos llamar normales.

Sin embargo, cuando los tiempos no son normales, sino que corresponden a una situación de crisis de demanda efectiva, hay externalidades obvias entre países puesto que cada jugador (país) puede aprovecharse gratis del incrementado gasto público en el otro país. En este caso el juego de la apertura al comercio (o del proteccionismo) puede conformar un dilema del prisionero en el que, efectivamente, sea estrategia dominante para cada país cerrar sus fronteras.

Visto así podemos acudir a formas de solución un poco más específicas que la recomendación de ponerse de acuerdo. Primero será más fácil ponerse de acuerdo si el conocimiento de las características del juego no son conocimiento común, sino mero conocimiento mutuo de orden N, N finito. En un caso así, Auman probó que hay una pequeña probabilidad de que los dos jugadores «se la jueguen» en la esperanza de que su jugada, no del todo racional, sea aceptable y comprensible por el otro que pensaría y actuaría como él.

Pero si queremos ser unos puristas y, en casos como este, merece la pena serlo, podemos acudir a una especie de cheap talk, previo al cerrar o dejar abiertas las fronteras, en el que caben anuncios y acciones por parte de los dos jugadores que sean dobles y condicionadas del tipo: «Anuncio que no cerraré la frontera y no la cierro siempre que mi oponente anuncie que no la cerrará o la cierro si el otro la cierra».

Este tipo de estrategia parece mucho más parecido a lo que esperamos de intentos multilaterales por cooperar.

Debate

9 de marzo de 2009

Una de las características de esta crisis es que no hay un modelo de referencia sobre el que los académicos puedan elucubrar y que sirva de base para sus opiniones y de orientación par los responsables de la Política Económica. Por eso es tan interesante escuchar a Brad De Long y Michele Boldrin discutir durante una hora larga en la Universidad de California en Davis. Es un vídeo que me llega a través del blog del gran Thoma, Economist´s View.

Lo que las mujeres representan

10 de marzo de 2009

El viernes 6 el International Herald Tribune ofrecía dos piezas sobre los derechos de las mujeres con ocasión del Día Internacional de la Mujer. El primero era de Ban Ki Mun, el secretario general de la ONU, el segundo de Zainah Anwar, directora de proyecto de Muzawa (igualdad), un movimiento a favor de la igualdad de género en el mundo musulmán.

Cada uno de estos artículos contiene una idea clave para entender no solo el movimiento por la igualdad, sino también para entender lo que pasa en general y cómo posicionarse ante ello.[4]

Ban Ki Mun nos dice que las mujeres son las que tejen la trama de la vida social.

Una trama en la que se desarrollan todas las demás actividades. En esto me recuerdan a las instituciones financieras que generan lo que llamamos inside money. La energía potencial de cualquier otra actividad económica queda debilitada si la trama financiera está dañada. La trama de la vida social, esa que tejen las mujeres, puede ser demasiado tupida de forma que cualquier novedad se transmite como una mancha de aceite o puede ser muy poco tupida en cuyo caso esa novedad llega a unas partes y no a otras de una manera caprichosa. Algo análogo ocurre con el tejido financiero: sus ventajas se extienden a todas partes con riesgo de contagio si alguna bacteria amenaza con infectar la vida económica o se quedan ancladas en ciertos espacios sin peligro de contagio pero con poca repercusión general desaprovechando oportunidades.

Zainah Anwar nos hace ver a los que miramos con ojos ya muy condicionados que las mujeres son como el nuevo proletariado, el vehículo social portador del cambio. No hay cambio de valores o de formas de hacer sin una clase de personas que las haga suyas y las exhiba como estandarte de un nuevo futuro. Curiosamente todas las innovaciones organizativas tienen algo de femenino de manera que los incrementos en productividad pasan por la feminización del mundo.

Que me perdonen las mujeres si las uso para entender lo que a mí me interesa en lugar de empujar su específica liberación. Pero es que yo y quizá todos los hombres necesitamos contarnos las cosas a nuestra manera. Al menos hasta que la igualdad sea un hecho generalizado.

¿Es la diversidad solo bonita?

15 de marzo de 2009

Después de ver Gran Torino ayer, no me cabe duda de que la diversidad no solo es bonita sino también redentora. Pero no es de ese tipo de ventajas de la diversidad de las que quería hablar.[5]

Dentro de dos semanas se reúne el G-20 ampliado en Londres para tratar de solucionar juntos la crisis. Y. sin embargo, no se van a poner de acuerdo sobre cómo hacerlo. Hay una gran diferencia de actitud entre uno y otro lado del Atlántico; pero no solo eso puesto que la especie de confederación que es Europa tampoco se pone de acuerdo sobre la naturaleza y la magnitud de los remedios.

Claro está que esto no es necesariamente malo. Rodrick nos lo cuenta bastante bien; pero yo añadiría que distintas políticas económicas no solo pueden responder a distintas situaciones económicas, sino que, además, son una fuente de conocimiento y, a veces, una especie de cortafuegos contra la extensión del incendio.

Y si me apuran me apunto a la broma sobre las ventajas de no usar Linux (gracias Orlanditooo) añadiendo a todas ellas la de contar con dos sistemas distintos que pueden darnos pistas sobre las personas que podrían ser nuestros amigos.

Es como ofrecer a los bancos dos tipos de ayudas, la del «bad bank» eliminando de sus balances los activos tóxicos y la de comprar stock y tomar el poder. Si pudieran elegir nos darían pistas sobre su situación.

Sí, la diversidad no solo es bonita sino también útil.

Mercado de trabajo

18 de marzo de 2009

La muy rápida subida de las cifras de desempleo en nuestro país ha alarmado a los agentes sociales y, sin embargo, no se ponen de acuerdo sobre las reformas necesarias.

Para complicar un poco más la cuestión, he aquí una opinión no tan reciente de Tyler Cowen:

«I wonder if it (el desempleo) is as good a measure of economic severity as it used to be. The greater the heterogeneity of the labor force, the greater the potential for underemployment. Even if the downturn is bad, I am not sure unemployment will stay above ten percent for long. New search and matching technologies, such as found on the internet, might create quicker job pairings, albeit with continuing underemployment. Unemployment is of course important but let us not view this category in purely binary terms»

Hay aquí, en esta cita, dos cuestiones a discutir.

No me parece seguro que la creciente heterogeneidad de la fuerza de trabajo aumente la probabilidad del subempleo en el sistema. La especialización no es ya una fuerza a favor de la productividad.

Tampoco es la tecnología de las comunicaciones la única manera de hacer crecer la probabilidad de emparejamientos satisfactorios entre empleador y empleado. El subsidio de desempleo sigue siendo un incentivo a la intensidad de la búsqueda de empleo.

De todas formas da gusto que alguien se salga del guión.

Quintás a la defensiva

19 de marzo de 2009

Las cosas se aclaran poco a poco. Cuando el Presidente de la CECA ataca a los colegas financieros y a las autoridades es una señal de que algo va mal en sus dominios. En su comparecencia ante la correspondiente comisión del Congreso de los Diputados, Juan R. Quintás ha dicho cosas jugosas.

Comienza diciendo que los demás, administración fundamentalmente, no están a la altura de la gravedad de la situación y se apunta a la llamada a nuevos pactos de la Moncloa, aquella época en en la que él jugaba a la política desde la UCD. Apelar a pactos está muy bien; pero para un Catedrático de Teoría Económica es como echar la toalla.

Alguien como él sabe que el FGD no da para todos y por eso aspira a que aquellas instituciones que no estén tan mal sean ayudadas de otra manera. Por ejemplo dejándolos contabilizar el valor de las hipotecas fallidas como algo más valioso que nada o avalando emisiones de cédulas que refuercen el capital.

Parece resentido con los apoyos a los bancos a los que ahora no puede acusar de incompetentes comparados con las Cajas. Son estas las que más han invertido en hipotecas, siguiendo su naturaleza parece querer decirnos, pero les ha pillado el toro y lo están pasando mal.

Y añade algunas frases que supuran celos de la Banca. Seguro que es por una convicción personal de que la obra social de las cajas no es sustituible por ninguna responsabilidad Social Corporativa de la Banca. Seguro; pero suena a defensa numantina de algo que ha dejado de tener una justificación clara.

De hecho su comparecencia me hace sospechar que ve las Cajas en peligro como instituciones independientes y el cierto tonillo populista me hace pensar que es muy posibles que veamos una consolidación del sector financiero que pase por una renovación de la legislación de Cajas.

La cosas se van aclarando, decía. Y las opiniones de Quintás me lo corroboran.

La sacralidad de los contratos

24 de marzo de 2009

Recordemos lo que pasó con el dinero republicano después de la guerra civil española. Los que lo habían entregado a las fuerza vencedoras a cambio de un reconocimiento de deuda todavía esgrimen ese reconocimiento pero no obtienen ningún dinero ni cualquier otra compensación. Simplemente, no se respetaron los contratos establecidos con los perdedores Mis padres estuvieron más listos. Usaron el dinero republicano para comprar oro y joyas antes de la caída de Bilbao y enterraron esa riqueza, presuntamente segura, en una huerta de ese caserío que he recordado con mi hermana en Souvenirs d’enfance (y que pueden ver aquí al lado). Después de la guerra lo desenterraron y pudieron volver a vender el oro a cambio de dinero nacional. La falta de confianza en el cumplimiento de los contratos les salvó de la ruina. Algo paradójico y terrible.

Pensé que esas cosas eran agua pasada especialmente en tiempos de paz y me congratulaba por ello pues los contratos deben ser sagrados. Porque de lo contrario podría ocurrir que, por inseguridad jurídica, todo el mundo empezara a enterrar oro comprado con la venta a precio descontado de algunos activos de precio incierto. El desorden sería terrible Por eso me sorprenden noticias como la siguiente que reproduzco de El País Digital:

«Nueve de los 10 ejecutivos de la aseguradora AIG que habían recibido los mayores sobresueldos han acordado devolver sus bonos, según ha comunicado el fiscal general de Nueva York, Andrew M. Cuomo, informa el diario estadounidense The New York Time »

Y continúa la noticia y las declaraciones de Cuomo en un tono que me resulta repelente:

«a devolución de los bonos afectará también a los ejecutivos de la filial de productos financieros de AIG: 15 de los 20 principales beneficiarios de primas devolverán las cantidades percibidas. Según Cuomo, el total de sobresueldos devueltos alcanzará los 50 millones de dólares (unos 36,8 millones de euros).»

Y todavía más:

«No obstante, el fiscal general de Nueva York espera recaudar una cantidad aún mayor: 80 millones de dólares (casi 59 millones de euros) en sobresueldos, lo que supondría casi la mitad de los 165 millones de dólares (unos 121 millones de euros) que AIG repartió en primas el 15 de marzo.

Esos bonos serán devueltos de forma íntegra», ha dicho Andrew Cuomo en el transcurso de una rueda de prensa en la tarde del lunes (madrugada del martes en España).

Han hecho lo que es correcto», ha manifestado Cuomo en un comunicado de prensa en relación a aquellos que están devolviendo las cantidades. «Han hecho lo que este país necesita y exige en estos momentos», ha agregado el fiscal y ha dado las gracias a esos ejecutivos su decisión de devolver las bonificaciones y por «dar un ejemplo al resto de la compañía». Pero no todos los beneficiarios de bonos están dispuestos a devolver el dinero, ha admitido Cuomo. Este es el caso de algunos ejecutivos extranjeros, que se hallan fuera de la jurisdicción del Estado de Nueva York. El reparto de bonos entre los directivos de la compañía aseguradora AIG ha desatado desde su anuncio una ola de indignación en la sociedad norteamericana y ha provocado una guerra sin precedentes entre una empresa símbolo de Wall Street y el poder político en Washington, que se ha propuesto recuperar el dinero pagado como sobresueldos recuperado de cualquier forma. El presidente Obama llegó incluso a calificar como «ultrajante» el reparto de primas por parte de AIG, después de que la aseguradora tuviese que recibir dinero de los contribuyentes para no sucumbir a la crisis financiera.»

Aquí aparece con toda claridad el Lynch que todavía subyace a la supergarantista República Federal de los EEUU de América. Pero parece que ya ha amainado el deseo de linchamiento a los ejecutivos de AIG que a pesar de la debacle de esta compañía de seguros que generó montones de CDSs (Credit Default Swaps) como instrumentos que aseguraban los riesgos en que se incurría por por poner en circulación CDOs (Colateralised Debt Obligations) y hizo ganar a dichos ejecutivos cantidades no pequeñas de bonus de acuerdo con un contrato firmado y se supone aceptado por los accionistas de dicha compañía y por el correspondiente Comité de Retribuciones del Consejo.

En un momento dado la administración Obama parecía que deseaba invalidarlos mediante una tasa impositiva ad-hoc mientras los prohibiría para el futuro y la Cámara pasaba un proyecto de ley al respecto y se ponía a pensar, por encargo del Tesoro, en cómo sería posible evitar su cobro totalmente.

Pues bien si uno lee con cuidado e intención el anuncio de programa de salvación financiera anunciado por el mismísimo Obama apareen muchos detalles interesantes y que deberemos examinar en el futuro, para eliminar los activos tóxicos del balance de las instituciones financieras haciendo jugar a los inversores privados en lugar de re capitalizar, aun más, los bancos. En lugar de aumentar el capital la propuesta es, en efecto, de eliminar la deuda en la que los bancos habían incurrido al financiarse con la titulización de hipotecas que luego resultaron imposibles de cobrar.

Lo interesante hoy, o lo interesante para mí, es que parece que ya no hay intención de penalizar a los gestores que se hicieros acreedores a un bonus, sino que, al contrario, parece contarse con ellos para poner en práctica el nuevo esquema. Creo que con un nuevo contrato razonable con ellos estará todo el mundo satisfecho siempre que aceptemos que no se trata de unos bandidos que merezcan la aplicación de la ley del Talión.

Y aquí aparece la solución suiza, según noticia que me envía Teo:

«Credit Suisse revealed today that senior staff at its investment bank received units worth a combined notional Sfr686m (€447m) that are tied to toxic assets originated within their division, as part of their annual bonuses under an innovative plan first announced by the Swiss group in December.»

A mí me parece una idea genial teniendo en cuenta de que ellos son los verdaderos expertos. Una idea de la que podría aprender Geithner. Si los fondos previstos en su plan van a comprar activos tóxicos con dinero tanto público como privado más el aval del Estado, parece inteligente hacer que los antiguos ejecutivos colaboren tentándoles con un bonus pagadero en esos mismos activos tóxicos.

El inteligente diseño de incentivos reemplazaría al deseo primitivo de venganza y no se pondría en peligro la sacralidad de los contratos.[6]

Charles Goodhart

27 de marzo de 2009

En la Fundación Areces el miércoles 25, Charles Goodhart dictó una conferencia interesante sobre regulación financiera presentado por Pepe Viñals quien también anunció su nuevo destino. En el turno de preguntas me llamaron la atención dos de las contestaciones de Goodhart. La primera sobre la responsabilidad de las Agencias de rating de crédito. Dijo que estas Agencias hacen el trabajo que debía hacer los reguladores con lo que la respuesta se torna en una crítica a estos últimos. La segunda respuesta nos enfrentó con la dificultad de luchar contra el proteccionismo financiero que ayuda a los bancos nacionales aunque éstos realicen sus operaciones en otros países a través de sus participadas.

Notas

[1] Esta faceta crítica respecto a su profesión es una constante en la «Crónica» y honra a JU. Con todo, no se limita sólo a criticar. Más adelante volverá sobre esta insatisfacción con la Teoría Económica imperante y propondrá un programa de trabajo. En este post ya se adelanta que dicho programa tiene mucho que ver con problemas de índole metodológica.

[2] Si en el post anterior estuvo muy crítico respecto a las deficiencias de la Teoría Económica dominante, en el actual pone de manifiesto logros relativos a los mecanismos de screening que, sometidos a un cierto fine-tuning, serían muy útiles en la resolución de algunos de los principales problemas que tiene planteados el sistema financiero.

[3] Sólo decir que el artículo de referencia y el comentario de JU son una gozada para cualquier economista con un poco de inquietud intelectual.

[4] A pesar de que decía JU en un post del 4 de enero («Inside money: fin») que «esto del inside money es un lío», está claro que es un tema que le gusta y aquí vuelve a ello.

[5] La diversidad es uno de los temas preferidos de JU. En un contexto de incertidumbre y a simetrías por doquier, la diversidad, la heterogeneidad, parece no sólo estéticamente loable, sino terapéuticamente recomendable en el ámbito de la política económica.

[6] Lo más relevante del post está a mi modo de entender en la parte final. Todo ese talento que, de acuerdo con unos incentivos determinados, generó una pila de activos tóxicos, puede (¿debe?) ser utilizado para -con los debidos incentivos- «desactivar» esos activos tóxicos.

La asunción de riesgos

Crónica de una Crisis | Abril 2009

Prólogo

Varios de los posts de este mes («Una propuesta loable», «Surveys y signos» y «Publicación sobre la crisis»…) dan fe de cómo la profesión económica poco a poco va pasando desde el silencio culpable a la expresión de diagnósticos y propuestas de actuación.

En otros («Leyendo la Vanguardia», «Una idea provocadora») JU defiende una vez más la innovación financiera y, en realidad, la innovación en general, la asunción de riesgos, frente a lo que él considera «un mundo de rentistas y no de innovadores en el que no me apetece vivir».

El tercer gran bloque de temas (al cual se dedica el artículo en Expansión y varios posts) tiene que ver con las propuestas de política económica, al hilo de la Conferencia del G-20. Especialmente le importa a JU el orden en el cual deberían adoptarse las medidas.

Como en otros lugares de esta Crónica, JU argumenta eficazmente que el saneamiento del sector financiero es prioritario y urgente. Sólo después se pueden adoptar otras medidas (un rediseño del gasto público que implicaría de hecho una reforma de las Administraciones Públicas; la necesaria reforma del mercado de trabajo…). Y, como parte de ese imprescindible saneamiento del sector financiero, nos habla de un tema recurrente en esta Crónica y que en los próximos meses desarrollará con gran detalle: el cambio en la gobernanza de las entidades de crédito haciéndolas más sensibles a las necesidades e inquietudes de los «concernidos» (stakeholders), si bien aquí se centra en las Cajas de Ahorros (probablemente por la urgencia de abordar su reforma).

A destacar finalmente –aunque es algo no infrecuente en el blog de JU– algún post en el que se acoge algún comentario amplio muy interesante, en relación con las medidas de Política Económica que se están adoptando (y posponiendo) en esta crisis. Ejemplo de ello es el Post «Both (Not Obvious Not True)», de 9 de abril.

Mankiw se va

1 de abril de 2009

Lean el último post de Mankiw aquí al lado. Nos dice que, dadas las dificultades económicas de Harvard, no puede seguir ofreciendo gratis el contenido de su blog. Como el costo para el servidor de Harvard es cero aprox., he aquí un ejemplo desagradable de producción de escasez artificial. ¿Seré capaz de no suscribirme?[1]

Both

2 de abril de 2009

La anécdota se la debo a Víctor Urquidi. La presencia de Abraham García en el Cara a Cara de San José en CNN+ me la trajo a la memoria. Fue justamente en su restaurante Viridiana en donde conocí a Victor Urquidi aunque no puedo recordar ni a los otros comensales ni porqué estábamos allí a finales de los ochenta. Pero recuerdo muy bien lo que nos contó sobre la Conferencia de Bretton Woods a la que él asistió como joven funcionario.

Es sobradamente conocido que Keynes no se llevó el gato al agua; pero lo que Urquidi contaba es su recuerdo vívido de una sesión presidida por Keynes en la que se discutía si una cierta institución –podría ser el FMI o el BM– debería dedicarse a la estabilidad financiera o al fomento del desarrollo económico.

Ahora sabemos que estos dos funciones se acabaron repartiendo entre esas dos instituciones, pero la anécdota que no se me olvida es cómo, ante la disyuntiva y después de escuchar a los defensores de la doble misión o la simple, Keynes se autoconcedió la palabra como Presidente y mirando por encima de sus gafas de leer dijo simplemente: «Both».

Ante la reunión del G-20 que está en plenas sesiones ahora mismo y ante la discusión aireada por los medios sobre lo que hay que hacer, si alegrar la demanda mediante el gasto o reorganizar y re-regularizar el sistema financiero, uno se pregunta quién es el Keynes de hoy capaz de afirmar con autoridad que hay que hacer ambas cosas; pero ¿es que hay que hacerlas? Bien, es cierto que en mi último envío a Expansión (que espero salga pronto antes de que se quede obsoleto) trato yo de posicionarme sobre la cuestión refiriéndome a la importancia del orden de las medidas a tomar lo que, efectivamente, quita contundencia a la expresión «both»; pero ante la enorme importancia de las noticias que se publiquen al término de la conferencia del G-20 y las expectativas que esas noticias generen, no hay duda de que necesitamos alguien que no embrolle las cuestiones y con su autoridad sea capaz de simplificarlas.

Hemos de saber que las medidas fiscales que proponen los USA no tendrán efecto a no ser que el sistema financiero haya recobrado su limpieza. Aunque esto parezca una obviedad, ha habido que luchar mucho para que se comprenda. Por lo tanto Keynes, en este punto, no hubiese dicho «both» sino más bien,«primero A y luego B».

Pero no parece ser ese el conflicto de la reunión que deberíamos tratar de solucionar. Este conflicto parece que enfrenta a quienes están por admitir el aumento de su déficit fiscal y el correspondiente incremento de su deuda y aquellos que, para evitar esta tentación que podría ser inflacionaria en el futuro, prefieren dar prioridad a la regulación seria y rígida de la industria financiera. Me parece obvio que esta última no empece la alegría presupuestaria ni viceversa.

Luego aquí si que sería de agradecer que alguien dijera «both» con la voz muy alta.

Surveys y signos

3 de abril de 2009

Recomiendo mirar con cuidado el Kaufman´s survey of economics bloggers que me llega a través de MR, el blog de Tyler Cowen. No solo nos da una idea de la relativa importancia de los blogs de economía, sino que, además, nos proporciona un indicador del sentimiento económico ante la crisis, algo de agradecer. Sin embargo tengo que decir que la cita de Keynes que abre el trabajo no me parece adecuada:

«americans are apt to be unduly interested in discovering what average opinion believes average opinion to be».

Es muy de Keynes y muy inteligente además de perceptiva en lo que respecta a la sabiduría de las masas; pero no tiene nada que ver con los bloggers.

BOTH: NOT OBVIOUS, NOT TRUE

3 de abril de 2009

Lo que sigue es un comentario de Ramón Botas a mi post Both. Es demasiado largo para aceptarlo como mero comentario así que lo cuelgo como una entrada de un posible BGB (Blogless Guest Blogger).[2] Por otro lado como mi router del Ampurdán me ha dado problemas, no he tenido tiempo de, a mi vez, hacer los comentarios precisos a este comentario y, si ahora me demorara en hacerlos, las ideas de Ramón quedarían quizá un poco anticuadas. Sin embargo me permito la advertencia general de que no estoy necesariamente de acuerdo con las ideas que defiende, lo que es fácil de captar con leer el artículo que ayer publiqué en Expansión. Pero basta de avisos y ahí tienen los párrafos que me envía Ramón Botas.

BOTH: NOT OBVIOUS, NOT TRUE

Es deprimente leer en diagonal –no merecen otra actitud– el compendio de las discusiones y medidas acordadas en las reuniones de G-20 y cumbres anexas, y detectar la pobreza o superficialidad de la capacidad de análisis económico de nuestros líderes económicos y de sus supuestos sherpas o funcionarios de segundo nivel. Me da la impresión de que casi «se sabía más economía» en los años treinta y cuarenta del pasado siglo, a pesar de los errores en el diagnóstico y tratamiento de la Gran Depresión. Y en cualquier caso los Hoover, Roosevelt, Chamberlain, Laval y Schacht se enfrentaban a una situación de crisis extrema por primera vez, y nada podían aprender del pasado.

Ochenta años más tarde nos empezamos a dar cuenta de que no sólo «in the long run we are all dead» , según parece que escribió o dijo Keynes, sino que ya estamos muertos en el corto plazo de hoy mismo. Y lógicamente sin capacidad intelectual de reaccionar y poner en marcha nuestra resurrección, a pesar de que estamos en Semana Santa y el próximo domingo se celebra justamente ese maravilloso mecanismo –claro que circunscrito a un personaje concreto. Dan ganas de simplemente rezar cuando comprobamos las obviedades, erróneas muchas de ellas, que se despliegan en el debate sobre la falsa alternativa entre política fiscal expansiva y políticas de reforma estructural de mercados concretos como el laboral –que como siempre se invoca, «hay que flexibilizar»– y el financiero, que se descubre ahora que hay que regular.

De momento el voto mayoritario es en contra de la política fiscal, que no gusta porque por una parte se supone que el sector público gasta de forma más ineficiente que el privado y porque la suma intertemporal de flujos de déficit públicos se traduce en aumentos del stock de deuda pública incompatibles con la estabilidad a largo plazo de las economías. Y ya se empieza a difundir la certidumbre que el «paquete euro» elimina la posibilidad de una política monetaria a la medida de cada país y limita seriamente el margen del diseño individual de las políticas fiscales expansivas a través de la regla del 3% del Pacto de Estabilidad. Son algunos de los costes de formar parte de una unión monetaria tan virtuosa u ortodoxa. No empiezan a salir las cuentas de la buena reputación compartida con las economías –y monedas– fuertes. Ahora parece que la mala fama de la mujer del César se contagia desde Alemania hasta Irlanda, por no hablar de Portugal y España.

Pero claro, si hay poco o ningún margen para la reactivación fiscal de las economías en recesión, no pasa nada porque tenemos a cambio la opción de las políticas estructurales. Flexibilizar los mercados, excepto los financieros, que hay que regular porque son ya tan flexibles que es difícil para los agentes económicos entender lo que compran y venden, y más imposible aún computar los riesgos implícitos que se redistribuyen en las transacciones. Otro día veremos que regular las conductas de las instituciones financieras para mejorar los mecanismos de cómputo y de intercambio de riesgo, y en definitiva penalizar un sistema de incentivos tan perverso como el actual, que favorece la explotación de las situaciones de información asimétrica y de los altos costes de evaluación del riesgo-rentabilidad de muchos activos, puede ser bastante complicado. Y es que muchos agentes –o «players» del divertido juego de los bonuses a costa de los pobres ignorantes que no los tienen– no se van a dejar regular tan fácilmente. A nadie le gusta perder sus rentas de situación. Si uno es listo y guapo y tiene MBA, por qué no va a redistribuirse hacia sí mismo un poco del dinero de los que no lo son, de los que son simplemente ahorradores despistados… Pero no son sólo los yuppies de Serrano y Castellana los que rechazan las políticas bienpensantes y virtuosas del G-20.

Vaya, tampoco los trabajadores empleados quieren que, a ser su contrario, se desregule o flexibilice el mercado de trabajo.¿ A dónde iríamos a llegar; al despido libre, a las reducciones de salarios reales, o en definitiva al libertinaje capitalista…? Entonces, por ahí va a ser también complicado. Paciencia. Esto de las políticas estructurales, ya se sabe, es algo formidable, pero tan difícil de implementar, que siempre se recomienda –es una de las recetas favoritas del FMI y de la OCDE; estos reputados organismos internacionales saben que los gobiernos no les van a hacer caso (no llores por mí Argentina), pero se quedan tan tranquilos con su contribución a la estabilidad macro económica de los países con problemas– porque no cuesta nada prescribirlo y más difícil es lidiar con las políticas monetarias y fiscales, donde nadie admite que le saquen los colores.¿Influye realmente el Fondo Monetario Internacional en la performance económica de los países miembros? Estoy sonriendo.

Por eso, por la pobreza intelectual de esa colección de obviedades de dudosa consistencia empírica de nuestro pensamiento único, ahora estamos en la falsa disyuntiva entre política fiscal expansiva, que se puede pero no se debe hacer, y reformas estructurales (regulación financiera y flexibilización en el resto de los mercados), que se deben pero no se van a hacer; al menos no en el corto plazo inmediato que requiere la pavorosa situación actual del sector real de las economías. La disyuntiva es obvia pero falsa, porque se pueden y se deben utilizar las dos opciones, cada una a su plazo y ritmo. La expansión fiscal mejor ayer que hoy, es una medida urgente y una señal ineludible a corto plazo. Las reformas estructurales también se deben anunciar y formular ahora; es otra señal necesaria.

Otra cosa es el cuando y cómo se lleven a cabo. Pero lo que el G-20 nos ofrece no es nada más que ese patético anuncio de la cruzada contra los paraísos fiscales y las divergencias sobre la oportunidad de un impacto fiscal suficientemente expansivo. Aunque nos guste mucho Barack Hussein Obama, creo que estábamos técnicamente mejor dotados con Herbert Hoover. Al menos en teoría económica, que en medicina se ha progresado mucho. Que Dios reparta suerte. Y que empecemos a resucitar a partir del próximo domingo aprovechando el tirón de la Semana Santa. Alianza de religiones, eso.

Ramón Botas Vigón

Oportunidad para España

13 de abril de 2009

– Publicado en Expansión –

Hace unos treinta años visité el Churchill College en Cambridge y tuve la oportunidad de ser invitado a compartir la «High Table» para, más tarde, compartir relajadamente un café con varios profesores entre los que se encontraba Frank Hahn, uno de mis ídolos de juventud. Por aquel entonces ya había comenzado a pasar parte de su tiempo en Siena y, hablando de su experiencia en esa universidad contó, con la velocidad verbal que le caracterizaba, que les había examinado a sus alumnos italianos sobre las medidas económicas a tomar en aquellos tiempos de crisis de oferta y (aquí hacía una pausa significativa) en qué orden las tomarían. Esta pregunta aparentemente sin importancia es, sin embargo, muy relevante a la hora de que cada país diseñe su estrategia para afrontar la crisis dando por sentado de que existe una diagnosis más o menos común. Es la pregunta implícita que ha sobrevolado las diferencias entre los estados del G-20 que se han reunido en Londres y es especialmente importante para un país que como España que ha tomado parte de esas conversaciones y que parte de un caldo de cultivo especial y de alguna fortaleza única a pesar del inoportuno asunto CCM. La inmigración, la construcción de viviendas para acomodarla, la baja productividad propia y el déficit comercial reflejo de la falta de ahorro interno eran y son problemas que España tiene que afrontar si quiere volver a una senda de crecimiento sostenido. Pero ¿cómo hacerlo?, ¿qué medidas tomar?, ¿en qué orden?

Parece evidente que hay que continuar con esfuerzos decididos y no tan timoratos como hasta ahora en materia de innovación. Hay un Ministerio especializado y no cabe duda de que tiene mucho que decir a efectos de enmarcar el modelo de crecimiento español. Que este Ministerio no haya tenido hasta ahora la impronta que debería en la política general española dice bastante sobre la necesidad de renovar la administración, una de las reformas estructurales, junto con la del mercado de trabajo, más necesarias pero que, sin embargo, no se suele citar como parte del paquete de medidas urgentes.

Que hay que encontrar los sectores en los que España podría tener ciertas ventajas parece también obvio y en este punto creo poder ser un poco herético. Yo no sería muy pesimista en cuanto al sector inmobiliario. Los precios ya han comenzado a flexionar a la baja a pesar de su rigidez inicial y acabarán por descender significativamente de forma que se reanudará la venta de vivienda de segunda mano y la construcción de vivienda nueva en cuanto mejore la situación global, la inmigración vuelva tomar vuelos y la demografía europea continúe teniendo a nuestro país como el lugar ideal para el retiro: un país con un generoso sistema de salud y con buen tiempo. Pero sin lugar a dudas nuestro sector más competitivo es el financiero.

Analizar el sector financiero parece imprescindible para atacar el problema del orden en que las medidas deban ser tomadas. Con relación a los sectores financieros de otros países europeos o al de los USA, nuestro sector financiero, a pesar de las sospechas de última hora, se encuentra en un estado de forma envidiable. La razón es en parte mérito del propio sector y en parte mérito del regulador y supervisor. En ambos casos la actitud timorata ha resultado ser una bendición y, en parte inspiración para el G-20. No tenemos hipotecas subprime y otros activos más o menos tóxicos no han invadido el sistema en la medida que lo han hecho en otros de otros países.

Nuestro sistema financiero en general está por lo tanto a salvo de accidentes excepto los propios.

Accidentes propios que existen pero son conocidos y relativamente fáciles de valorar.

Tanto Bancos como Cajas han invertido demasiado en el mercado hipotecario y ahora se encuentra con aumentos significativos de la mora. Esto es especialmente cierto de las Cajas que, además, con independencia del caso CCM, parecen estar sujetas a demasiados condicionamientos políticos. Tanto Cajas como Bancos sufrirán además los avatares de una situación general que se deteriora de tal forma que el volumen de negocio se reduce así como el beneficio y presumible mente el pay-out de los bancos.

Y a pesar de todo este sistema una de nuestras fortalezas.

Fortaleza relativa en cualquier caso puesto que el sistema está muy expuesto a las exigencias financieras que se derivan del déficit comercial que ha de ser compensado con el superávit de la balanza de capitales correspondiente a un incremento de la (inicialmente pequeña) deuda que, intermediado por el sistema financiero nacional (a cambio de un fee) acabará en manos de gobiernos o bancos extranjeros y cuyos intereses habrá que ir satisfaciendo y cuyo principal deberá ser devuelto en las fechas convenidas.

Y es ahora cuando importa el orden de las medidas a tomar. Aparte de la necesaria reflexión general y colectiva sobre la administración, sobre nuestro mercado de trabajo y sobre nuestro sistema de Ciencia e Innovación, lo primero que hay que hacer es consolidar el sector financiero cambiando la legislación sobre Cajas de forma que éstas también puedan formar parte de esa consolidación. Esta medida ha de ser pilotada por el Banco de España que a estas alturas debe conocer ya los balances verdaderos de toda entidad de crédito. No será una medida fácil; pero ya se tomó en Italia hace años y, en cualquier caso esta la consolidación financiera es más urgente en general que el nuevo esquema regulatorio que solicitaba el eje franco-alemán en Londres.

Esta consolidación debería ser complementada por una «gobernanza» renovada y estructurada en dos niveles de forma que se pueda atender a algunas de las funciones que han justificado las Cajas mediante la existencia y capacidad decisoria de un Consejo de Vigilancia. Este segundo nivel de administración podría dar satisfacción a stakeholders y representaría un paso apreciable en sí mismo entre otras cosas porque se vería como una promesa de moderación salarial de los ejecutivos en favor no solo de los accionistas sino también de esos stakeholders mencionados, así como un control de las posibles exageraciones del pasado.

En cuanto un sector financiero así, fuerte y sólido, se consolide podremos volver a una situación en la que la excedentaria balanza de capitales resultante del exceso de demanda de activos seguros permitiría el mantenimiento de una balanza comercial deficitaria, imprescindible para poder importar lo necesario para sentar las bases del incremento de nuestra productividad, así como llevar a la práctica el diseño, ya pensado, del necesario gasto público a llevar a cabo en los sectores prometedores y que podría redundar en una continuación del incremento del endeudamiento con el exterior.

El necesario cambio en el modelo productivo se hará realidad si para cuando sea financiera mente abordable hemos encontrado ya la manera de conformar un mercado de trabajo que combine la flexibilidad con la generosa compensación al desempleo. El incremento de productividad junto con esta modificación en el mercado de trabajo debería redundar en el avío definitivo de nuestra crónica falta de competitividad.
Es un reto importante; pero si se sigue el orden explicado en esta columna, de forma explícita o implícita, me parece asequible. Podemos, si tenemos un esquema claro dejar en evidencia, a quienes anuncian males especiales para nuestro sistema económico.

Leyendo La Vanguardia

14 de abril de 2009

Copio un paréntesis del artículo de Xavier Sala i Marti del 9-10 de abril en el que criticaba la deriva del G-20 entre su comunicado de noviembre y este último del 3 de abril.

No suscribo su lectura que le lleva a concluir que el resultado de esa deriva será una menor libertad para todos y, en consecuencia, una menor eficiencia y creación de riqueza. Y no lo hago porque dos puntos no marcan una deriva y porque la libertad no puede frenarse.

Pero sí que me gusta ese paréntesis. Dice:

«…un sistema que ha permitido que el ritmo de innovación fuese el más rápido de la historia de nuestro planeta, que ha hecho que miles de millones de ciudadanos dejen de ser pobres en los cinco continentes, que ha reducido las diferencias de renta entre las personas del mundo….

Dos días antes N.N. Taleb, el autor del tan citado libro Black Swan, nos ilustró con los 10 mandamientos qué habría que cumplir para que evitemos los cisnes negros. Es decir para vivir en un mundo a prueba de acontecimientos improbables. Les copio los mandamientos para que se hagan una idea del mundo en el que algunos querrían vivir. Aquí tienen esos diez mandamientos.

1. What is fragile should break early while it is still small. Nothing should ever become too big to fail. Evolution in economic life helps those with the maximum amount of hidden risks – and hence the most fragile – become the biggest.

2. No socialisation of losses and privatisation of gains. Whatever may need to be bailed out should be nationalised; whatever does not need a bail-out should be free, small and risk-bearing. We have managed to combine the worst of capitalism and socialism. In France in the 1980s, the socialists took over the banks. In the US in the 2000s, the banks took over the government. This is surreal.

3. People who were driving a school bus blindfolded (and crashed it) should never be given a new bus. The economics establishment (universities, regulators, central bankers, government officials, various organisations staffed with economists) lost its legitimacy with the failure of the system. It is irresponsible and foolish to put our trust in the ability of such experts to get us out of this mess. Instead, find the smart people whose hands are clean.

4. Do not let someone making an «incentive» bonus manage a nuclear plant – or your financial risks. Odds are he would cut every corner on safety to show «profits» while claiming to be «conservative». Bonuses do not accommodate the hidden risks of blow-ups. It is the asymmetry of the bonus system that got us here. No incentives without disincentives: capitalism is about rewards and punishments, not just rewards.

5. Counter-balance complexity with simplicity. Complexity from globalisation and highly networked economic life needs to be countered by simplicity in financial products. The complex economy is already a form of leverage: the leverage of efficiency. Such systems survive thanks to slack and redundancy; adding debt produces wild and dangerous gyrations and leaves no room for error. Capitalism cannot avoid fads and bubbles: equity bubbles (as in 2000) have proved to be mild; debt bubbles are vicious.

6. Do not give children sticks of dynamite, even if they come with a warning. Complex derivatives need to be banned because nobody understands them and few are rational enough to know it. Citizens must be protected from themselves, from bankers selling them «hedging» products, and from gullible regulators who listen to economic theorists.

7. Only Ponzi schemes should depend on confidence. Governments should never need to «restore confidence». Cascading rumours are a product of complex systems. Governments cannot stop the rumours. Simply, we need to be in a position to shrug off rumours, be robust in the face of them.

8. Do not give an addict more drugs if he has withdrawal pains. Using leverage to cure the problems of too much leverage is not homeopathy, it is denial. The debt crisis is not a temporary problem, it is a structural one. We need rehab.

9. Citizens should not depend on financial assets or fallible «expert» advice for their retirement. Economic life should be definancialised. We should learn not to use markets as storehouses of value: they do not harbour the certainties that normal citizens require. Citizens should experience anxiety about their own businesses (which they control), not their investments (which they do not control).

10. Make an omelette with the broken eggs. Finally, this crisis cannot be fixed with makeshift repairs, no more than a boat with a rotten hull can be fixed with ad-hoc patches. We need to rebuild the hull with new (stronger) materials; we will have to remake the system before it does so itself. Let us move voluntarily into Capitalism 2.0 by helping what needs to be broken break on its own, converting debt into equity, marginalising the economics and business school establishments, shutting down the «Nobel» in economics, banning leveraged buyouts, putting bankers where they belong, clawing back the bonuses of those who got us here, and teaching people to navigate a world with fewer certainties.

Then we will see an economic life closer to our biological environment: smaller companies, richer ecology, no leverage. A world in which entrepreneurs, not bankers, take the risks and companies are born and die every day without making the news.»

A mi juicio un Black-Swan-proof world es un mundo de rentistas y no de innovadores en el que no me apetece vivir. Prefiero el mundo que alaba Sala i Marti aunque nos haya metido en este lío de la crisis.

Una propuesta loable

22 de abril de 2009

«No soy dado a firmar manifiestos» decía el otro día al hablar de que estamos en época de manifiestos.

Me refería, desde luego, a los manifiestos pro y contra el cambio en la ley del aborto; pero sobre todo a un manifiesto firmado por unos cuantos autonombrados intelectuales que apuntaban a la falta de valores y a la cultura del mínimo esfuerzo como las causas eficientes de todas nuestras penalidades económicas además de enunciar, sin orden ni concierto, todas y cada una de las medidas que se proponen aquí y allí.

Otra cosa muy distinta es esta Propuesta para la reactivación laboral, una breve exposición del mercado laboral, de la situación de sus instituciones, de las presumibles causas del paro y de las medidas pertinentes a tomar por quien corresponda.

A diferencia de los manifiestos anteriormente citados, esta propuesta está promovida, como podrán ver, por investigadores de prestigio incontestable y firmada por un número cerrado de nuestros mejores economistas académicos. No buscan hacer ruido sin más, sino un ruido selectivo Y les alabo el gusto aunque yo no esté entre los firmantes. Les aseguro que, aunque yo no sea dado a firmar manifiestos que no sean redactados por mí, éste lo hubiera firmado muy a gusto, quizá porque se trata de una Propuesta. Pero no solo por eso. También porque inesperadamente se convierte en una opinión docta oportuna, pues surge al mismo tiempo que el presidente de FAES entre en la misma materia con intenciones electoralistas.

Ya es hora de que la profesión a la que pertenezco haga propuestas o se preste a explicar las cosas a un público amplio y que lo haga sin concesiones y sin el uso de metáforas fáciles. Espero que esta Propuesta que sigue al e-book preparado por FEDEA y que se adelanta unos días a un número especial de Cuadernos de Economía sobre la crisis al que hacía referencia en un post anterior, no sea sino el nacimiento de un arroyo que «atropella sus comienzos» que diría Gabiel Celaya.

Falta va a hacer que este arroyo se convierta en río caudaloso que sirva para frenar las tergiversaciones sin sentido que se hacen de las palabras de unos y otros, enfrentando al Banco de España y a algún ministro del Gobierno en la materia que nos ocupa y en asuntos de pensiones. No estamos para tonterías y hay que plantearse los problemas de política económica con el apoyo inteligente y crítico de nuestros mejores especialistas, generalmente académicos.

Una idea provocadora

26 de abril de 2009

Con ocasión de la crisis financiera global que se inició en el verano del 2007,he tratado de escribir a menudo sobre Inside Money lo que dio origen a un intercambio de ideas al que se puede acceder a través de los links que aparecen aquí.

Este Inside Money[3] estará compuesto por un conjunto de instrumentos innovadores como los CDO`s. los CDS`s o los famosos conduits que permiten sacar fuera de balance no pocas obligaciones contraídas por un Banco. De estos instrumentos he hablado en muchas ocasiones; pero hoy querría darles una vuelta de tuerca.

Primero repasemos parte del intercambio de ideas mencionado. Las innovaciones a las que me he referido sobre endeudan a los bancos de forma que la ratio deuda/capital aumenta significativamente. Pero lo interesante es saber si han incrementado la riqueza o no. Pensemos que esos nuevos instrumentos financieros no son sino una cadena de apuestas entre los agentes económicos y de aseguramiento de los resultados de esas apuestas. Si la cadena llega a cerrarse una posibilidad más teórica que real- no hay riesgo sistémico alguno pues los que unos pierden lo ganan otros; pero por esta misma razón parecería que tampoco habría creación de riqueza neta. Sin embargo por el camino se ha creado riqueza inmobiliaria, tecnológica e innovadora amén del incremento en recaudación fiscal que ha permitido mejorar las cuentas públicas y las infraestructuras. Si, por el contrario, la cadena no llegara a cerrarse –que es lo que se puede esperar– hay sin duda riesgo sistémico y se crea riqueza neta más allá de lo mencionado en el caso anterior, de forma que topamos con un compromiso en el que hay que optar con prudencia y ambición, una situación frágil muy parecida a la que realmente estamos confrontando.

Armado con estas ideas he tenido ocasión de dictar un par de conferencias en la que he arriesgado la siguiente comparación. El Inside Money sería como el género femenino: ambos tejen la trama de la vida, una trama que desearíamos no fuera ni demasiado tupida (lo que favorece los contagios) ni demasiado ligera (lo que dificulta los contactos). Ambos, Inside Money y género femenino son vehículos del cambio.

Pero esta no es la idea provocadora a la que me refiero en el título. Esta estaría relacionada con mi posición hacia la innovación financiera de tan mala prensa hoy. En efecto, mi posición al respecto es que en lugar de echarse para atrás en la innovación financiera hay que permitirla y apoyarla con las debidas cautelas regulatorias. Veamos porqué.

Tengo la sensación y alguna evidencia que hoy estamos en posición de llegar a una situación en la que el incremento en el riesgo sistémico puede traer consigo una disminución en el riesgo individual a través de un mayor aseguramiento como el que describía Shiller. La probabilidad de riesgo sistémico es muy pequeña, pero el efecto si ocurre es muy grande a falta de algún mecanismo para su eliminación por parte de la acción de un estado que puede ser pequeño pero pero que puede movilizar enormes cantidades de fondos. Pues bien como esto último, estados menos amplios en cuanto a la intensidad y el tamaño de sus intervenciones junto con instituciones multilaterales reforzadas, es lo que va a traer básicamente la resaca de la crisis, no creo que nos jugamos nada serio permitiendo que la industria financiera se haga más grande e innovadora. No parece que vayan a ir por ahí los tiros de la nueva regulación financiera que se demanda sobre todo en Europa y, sin embargo, es lo que pienso.

Publicación sobre la crisis

30 de abril de 2009

Les comunico que me han llegado dos ejemplares de un número especial de Cuadernos de Economía dedicado a La Crisis.

Ya no contamos solamente con el e-book de FEDEA, sino que una parte de la profesión ha decidido dedicar un cierto esfuerzo a tratar de comprender lo que pasa desde distintos puntos de vista, desde la teoría de los ciclos reales hasta la nueva economía institucional. La mayoría de los artículos se refieren al sistema económico en general y no a sectores o a políticas específicas aunque no falte algo de esto último.

En cualquier caso es un buen momento para comentar sobre la mucha mayor agilidad de la red que la de las revistas tradicionales en papel. En un caso como el de la crisis esto quiere decir que necesariamente lo escrito para este número está terminado de redactar hace al menos mes y medio y, con la velocidad a la que marchan los acontecimientos, algunos artículos pueden nacer si no muertos sí tocados.

Pero esto no empece para expresar gratitud a los editores de este número especial, Jorge Turmo Arnal y Ángel Rodriguez García-Brazales, así como al editor de la revista Juan Carlos Zapatero.

Notas

[1] La crisis le ha dado también duro a Harvard y a su endowment y ello tiene consecuencias colaterales como la que se relata en este post. (aunque uno debería fijarse en la fecha y el enlace en el post de Mankiw – nota de la editora)

[2] JU acoge aquí un comentario, muy interesante, de un economista con gran experiencia en los entresijos de la elaboración de la Política Económica, en España y en los países de nuestro entorno.

[3] Nuevamente vuelve aquí JU a hablar sobre el Inside Money. La idea provocadora a que se refiere es a que estos instrumentos innovadores que constituyen el Inside Money (entre los cuales están los famosos CDOs o CDSs) no deberían ser prohibidos. Según JU, la innovación financiera debería ser permitida e incluso apoyada, «con las debidas cautelas regulatorias» [sic].

Motivos para la esperanza

Crónica de una Crisis | Mayo 2009

Prólogo

En la reunión del G-20 en Londres («¿Y ahora qué?») JU ve motivos para la esperanza, porque las prioridades le parecen acertadas. Hace falta hacer uso de la política fiscal, una vez prácticamente agotada la política monetaria. Pero el esfuerzo en el gasto público será inútil si no se ha producido el correspondiente saneamiento del sistema financiero.

En esa línea va su artículo «Las Cajas y la Consolidación Financiera», en el que básicamente defiende que el urgente saneamiento/consolidación del sector financiero español requiere una profunda modificación del estatuto de las Cajas, que esencialmente las homogeneice con los bancos (aunque, como luego mostrará en artículos de meses posteriores, la gobernanza de ambos –cajas y bancos– deberá avanzar dentro de los parámetros de la stakeholder society). Ello ampliaría la profundidad de nuestros mercados de valores y, además, la captura de las Cajas por intereses caciquiles sería más difícil. En el mismo artículo defiende también con ardor –como sucede en numerosas páginas de esta Crónica– la necesidad de no ahogar la innovación financiera.

En «Un día importante» señala el caso norteamericano de los stress tests y la transparencia sobre los mismos como un ejemplo a imitar por otros países. Y, por último, poner de manifiesto cómo en su post «Africa» retoma el interés por ese continente y cómo la crisis está abriendo oportunidades insospechadas para el mismo.

Las Cajas y la Consolidación Financiera

4 de mayo de 2009

– Publicado en Expansión –

En la columna de abril («Oportunidad para España») trataba yo de dirigir la mirada sobre lo que podría hacer España en las circunstancias económicas en las que nos encontramos. Reconocía que la crisis, por un lado hunde sus raíces en situaciones de desequilibrios comerciales que proporcionan excesos de demanda de papel seguro, aumentando su precio y disminuyendo su rentabilidad, lo que propició la conformación de una burbuja especulativa de activos, entre ellos los inmuebles, y que, por otro lado, esta burbuja obligó a los bancos a innovar, elevando peligrosamente su ratio deuda/capital.

Como consecuencia, argüía yo, surge una oportunidad para España que bien podría aprovechar la ocasión para solucionar los problemas endémicos que se señalaban utilizando como palanca la solidez de su sistema financiero. Más concretamente decía:

«lo primero que hay que hacer es consolidar el sector financiero cambiando la legislación sobre Cajas de forma que éstas también puedan formar parte de esa consolidación».

Ante un sistema financiero sólido, continuaba, no tendríamos problemas para atraer ahorro foráneo y financiar nuestro déficit comercial gracias al cual acabaríamos aumentando nuestra productividad y finalmente ganando competitividad.
Desde ese momento las cosas han cambiado algo. Está la situación delicada de la CCM y no pocos rumores sobre debilidades de algunas otras entidades; se ha hablado mucho sobre las dificultades políticas para cambiar la Ley de Cajas y parece como si el país no tuviera la energía suficiente para abordar el problema con determinación, especialmente por un aparente desencuentro entre el Banco de España y el renovado Gobierno. Quizá podamos echar una mano, por así decirlo. Veamos cómo.

La clave sigue estando en la consolidación del sector financiero. Tal como decía hace un mes ésta consolidación, pilotada por el Banco de España, ha de incluir una modificación profunda de la Ley de Cajas que elimine muchas si no todas sus peculiaridades. Pues bien, parece que las ideas del Banco de España basadas en su conocimiento del sector no van para adelante, que el gobierno tiene otras ideas y que, en general, los cambios cruciales no son fáciles de poner en práctica por las dificultades de poner de acuerdo a distintas facciones políticas locales con intereses en las Cajas.

Una manera de sobrepasar estas dificultades puede consistir, por un lado, en precisar las ventajas de desprendernos de esta figura señera aunque vetusta y, por otro lado, en tratar de explicar con claridad que las importantes funciones de las Cajas pueden ser satisfechas de otra manera. Vayamos con el primer punto dejando el segundo para el próximo mes.

Lo primero que hay que decir es que, si las Cajas pudieran ser consideradas como bancos privados ganaríamos bastante al eliminar las restricciones a las fusiones o adquisiciones que pueden ser llevadas a cabo. Ya no se trataría solo de que las Cajas pensaran en las fusiones entre ellas o en comprase aquellos bancos que mejor encajaran la situación en términos de ratio de eficiencia o de cualquier otro parámetro relevante, sino también de que pudieran extender su estrategia consolidadora a la compra de Cajas. Esto facilitaría la consolidación necesaria; pero no es lo único que hay que decir.

La competencia en el sector aumentaría muy mucho pues se acabaría con el respeto implícito al mercado de un tipo de institución por parte de otras, un descaro éste que ya empieza a ser moneda común y que debiera oficializarse de manera que la defensa de la competencia pudiera abordarse con mayor rigor. Ni que decir tiene, que el mercado de valores se haría más profundo si las Cajas cotizaran en Bolsa de manera que la profundidad acabaría con los excesos de volatilidad. Y por supuesto, al oficializar la expansión geográfica de las Cajas, el espacio de la competencia se ensancharía de manera que la posible «captura» de las Cajas por los partidos políticos locales se haría posiblemente más difícil ya que ese intento de captura tendría un coste mucho mayor para el mismo tamaño de la presa.

Aunque estas ventajas son claras tenemos que enfrentar el hecho de que la defensa del status quo se refuerza precisamente por la propia evolución de la crisis. Cuanto más dure ésta más se pondrá en entredicho al sistema capitalista y especialmente al capitalismo que a veces se llama capitalismo financiero para diferenciarlo del industrial. Es decir que no hay manera de aprovechar la oportunidad que se le abre a España a no ser que defendamos el llamado capitalismo financiero. Con la defensa de éste acabo este artículo dejando para más adelante el estudio de la manera en la que se pueden conservar las funciones específicas de las Cajas.

Las innovaciones financieras sobreendeudan a los bancos de forma que la ratio deuda/capital aumenta significativamente. Pero lo interesante es saber si han incrementado la riqueza o no. Pensemos que esos nuevos instrumentos financieros no son sino una cadena de apuestas entre los agentes económicos y de aseguramiento de los resultados de esas apuestas. Si la cadena llega a cerrarse- una posibilidad más teórica que real- no hay riesgo sistémico alguno pues los que unos pierden lo ganan otros; pero por esta misma razón tampoco habría creación de riqueza real neta. Sin embargo por el camino se ha creado riqueza inmobiliaria, tecnológica e innovadora amén del incremento en recaudación fiscal que ha permitido mejorar las cuentas públicas y las infraestructuras.

Si, por el contrario, la cadena no llegara a cerrarse –que es lo que se puede esperar– hay sin duda riesgo sistémico y se crea riqueza real neta más allá de lo mencionado en el caso anterior, de forma que topamos con la necesidad de afrontar un compromiso entre riesgo y ganancia sociales en el que hay que optar por una posición u otra con prudencia pero también con ambición, una situación frágil muy parecida a la que realmente estamos confrontando.

Mi posición es que en lugar de echarse para atrás en la innovación financiera hay que permitirla y apoyarla con las debidas cautelas regulatorias. Tengo la sensación y alguna evidencia de que hoy estamos en posición de llegar a una situación en la que el incremento en el riesgo sistémico es compatible con una disminución en el riesgo individual a través del uso inteligente de instrumentos como los descritos por Shiller en «The New Financial Order: Risk in the 21st Century» (Princeton University Press, April 2003).

La probabilidad de que ocurra un accidente sistémico no es muy alta, pero el impacto sobre el sistema económico, si ese riesgo se materializara, es ciertamente muy grande a falta de mecanismos para su eliminación por parte de un estado pequeño pero capaz de movilizar enormes cantidades de fondos o de la correspondiente agencia multilateral. Pues bien como la potenciación de esta última es lo que va a traer consigo la resaca de la crisis, no creo que nos juguemos nada serio permitiendo que la industria financiera se haga más grande y más innovadora admitiendo en su seno sin distinciones lo que ahora es el sistema de Cajas.

Basta por hoy con lo dicho hasta aquí. Lo que ahora hace falta, una vez entendidas las ventajas de la renovación normalizadora de las Cajas a través del cambio de ley y una vez defendido el capitalismo financiero, es explicar que sus genuinas ventajas ya no son tan fáciles de defender como exclusivas en un mundo en el que pueden ser proporcionadas de otra manera más acorde con lo que acabo de explicar. Pero esto queda para la próxima columna.

¿Y ahora qué?

7 de mayo de 2009

Ayer apareció la columna «La mirada del economista» que aparece mensualmente en Expansión. El mes de abril remití así mismo una columnita más breve tratando de recapitular lo que había ocurrido en la reunión del G20 de Londres.
Quizá se publicó o quizá no. Por razones que no vienen a cuento no me ha venido bien confirmarlo de modo que he pensado reproducirla aquí antes que la columna de ayer aparezca como contribución en prensa.

Quizá no debiera preocuparme por estas minucias pues ya veo que multitud de columnas aparecen con días de antelación en internet; pero a mi anticuado sentido de la cortesía esto no le parece muy bonito. Sin embargo, como esta vez no hay voluntad de engaño y como supongo que la intersección entre los lectores de Expansión y los de este blog no debe estar muy nutrida, me permito postear aquí la mencionada columnita.
En realidad lo hago para tener ordenadas mis pequeñas contribuciones sobre la situación económica, lo que me permitirá, el día que me ponga a ello, juntarlas en una especie de crónica de la crisis cuyos avatares se reflejarán en mis opiniones.

Hasta que ese día llegue lean si les apetece el siguiente artículo.

¿Y AHORA QUÉ?

Se acabó la sesión plenaria del G-20 sin rupturas peligrosas, el comunicado final se me antoja inesperadamente esperanzador y la foto, así como la estudiada comunicación, revelan un deseo encomiable de influir en las expectativas, cosa que parece haberse conseguido al menos a cortísimo plazo, es decir mientras no se apaguen los flashes de los encuentros multilaterales que siguieron a la reunión de Londres. Quizá es que, en las circunstancias de incertidumbre en las que nos movemos, cualquier signo parece significativo y, a poco que no rezume pesimismo, resulta un bálsamo, pero, contrariamente a la mayoría de las opiniones que he tenido ocasión de leer, creo que estamos mejor que antes de la reunión.

Empecemos por argüir que no estamos peor, ya que siempre cabe la interpretación de que si algo fuera de lo esperado es acordado debe ser porque la situación es verdaderamente límite. Que Sarkozy no se haya levantado de la mesa puede ser entendido simplemente como una muestra de responsabilidad ante una situación peligrosa; que se haya comenzado a estudiar en común la actitud a tomar frente a los paraísos fiscales puede verse como una reacción tardía ante la previsible penuria fiscal de cualquier país o como una forma fácil de frenar la furia de los desfavorecidos. Mutatis mutandis lo mismo se podría decir de la tibieza del comunicado en relación a los famosos bonuses de esos ejecutivos que, se arguye, son los responsables de un comportamiento temerario producto justamente de los incentivos perversos incorporados en el esquema de retribuciones. Aunque estas interpretaciones son, en efecto, posibles, yo creo más acertado ver la posible ambigüedad de estos dos ejemplos, así como de las declaraciones entusiastas del Presidente francés, como una señal de que los mandatarios reunidos en Londres han concentrado sus esfuerzos en lo que importa tomando posturas meramente efectistas frente a lo que no importa tanto.

Pero, ¿qué cuestiones eran las realmente importantes y urgentes? A mi juicio lo urgente era y es no ser cicatero en cuanto a los impulsos fiscales a pesar de las reticencias franco-alemanas. Ante la comprensible frugalidad de ahorradores, sean éstos economías domésticas o empresas inversoras, es imprescindible avivar la demanda agregada aumentando los gastos productivos públicos acompañados o no cambios expansivos en el sistema tributario. Esto solo se ha conseguido, de manera coordinada, en relación al aumento de la dotación de las organizaciones multilaterales y especialmente el FMI y en lo que respecta al este de Europa. Esto, más que un fracaso, es simplemente la constatación de que cada Estado de la comunidad internacional sigue jugando a que sean los otros Estados los que carguen con estos gastos fiscales que, aparentemente, podrían poner en peligro la estabilidad financiera pública futura. De hecho nadie esperaba la fraternal disposición a compartir sacrificios, sino más bien el mantenimiento disimulado de una especie de proteccionismo financiero.

La política fiscal es, en efecto y una vez prácticamente agotada la política monetaria, realmente urgente, pero lo importante no es eso, sino algo que empieza a adquirir ese olor a podrido de los guisos excesivamente cocinados. Sabemos que el esfuerzo en el gasto público será inútil si el sistema bancario no se ha retratado enseñando a todo el mundo sus miserias individualizadas. Y sabemos también que los procedimientos establecidos en los USA, y en parte replicados con matices en otros Estados, para conseguir ese destape son mecanismos diseñados con poco cuidado y sin ninguna garantía de que funcionen por sí mismos con independencia del simple paso del tiempo. Si hay algún asunto sobre el que la profesión haya discutido con ardor es precisamente este mostrando su falta de consenso y dejando pasar una oportunidad de oro para asentarse como una profesión respetable que ha alcanzado una madurez que se evidenciaría por el establecimiento de una ingeniería económica seria.

El comunicado no es claro en esta materia por lo que lo sensato aunque triste es pensar que, en este punto, cada país se las va a arreglar como pueda. Es bien cierto que, en la limpieza de los sistemas bancarios nacionales, hay evidentes externalidades y peligros de posible aprovechamiento del saber hacer ajeno que explicarían la ligereza con la que se ha pasado sobre este punto. Pero es posible que esa ligereza refleje la prudente parsimonia con la que habría que tomarse los deseos bienintencionados de contar con una autoridad verdaderamente única que, en realidad, no aportaría nada a la sofisticada ingeniería exigida por la situación y que puede refinarse mediante la experimentación diferenciada. Es incluso posible que los esfuerzos nacionales por encontrar el mecanismo adecuado de autoselección bancaria constituyan un procedimiento más rápido de limpiar el sector bancario que el que el que pudiera llegar a poner en práctica una autoridad única.

Y sin embargo la primera impresión es que el FMI, aunque no represente esa utópica autoridad única, recibe, como ya se ha dicho, un espaldarazo importante por el aumento de los fondos con los que podrá atender a los países emergentes, europeos o no, que los necesiten. Lo mismo cabe decir del Consejo de Estabilidad Financiera que aparece como un embrión de una autoridad única en materia de supervisión bancaria que otorga legitimidad a las preocupaciones franco-alemanas en relación a la reestructuración seria de la regulación financiera, algo importante que debe ser abordado simultáneamente por todos los Estados para evitar, por ejemplo, los cambios unilaterales (como la remoción del mark to market) que pueden constituir una competencia desleal.

La respuesta al «¿Y ahora qué?» no puede consistir en sentarse a esperar acontecimientos. Cada Estado no tiene más remedio que colaborar a tratar de frenar el contagio hacia el este de la crisis financiera y de competir en el diseño de un buen mecanismo de saneamiento bancario y, desde luego, en la forma de los apoyos presupuestarios con relación a los cuales la competencia y el gorroneo pueden resultar un juego demasiado.

Un día importante

8 de mayo de 2009

Ayer jueves, además de la inauguración de El Arte de las Cosas, de lejos lo más importante que ocurrió, dos noticias marcaron el día: la fijación de tipos de intervención por parte del BCE que ocurrió a las 15h hora europea aproximadamente y la explicación de lo que queda por filtrarse de los tests de estrés de los bancos estadounidenses que ocurrió a las 11 de la noche hora española.

La racanería del BCE no gustó mucho a la bolsas a pesar de que dejaba la puerta abierta a nuevos descensos y se abre a la posibilidad de esas medidas que se llaman no convencionales como son prestar a la banca a más largo plazo y admitir como colateral cédulas hipotecarias o casi cualquier cosa. Son medidas ya empleadas por la FED que no se ha andado con tonterías y no tiene memorias desgraciadas como es el caso de de Alemania que, como se ve, tiene unas preferencias entre actividad e inflación muy peculiares.

La publicidad de los estudios sobre las necesidades de capital de los bancos en los USA tiene dos aspectos. El primero es que antes de que se presentaran los resultados ya estaba en la red la explicación por parte del mismísimo Geithner de cómo se han hecho, algo de lo que podrían aprender otras administraciones. El segundo es que lo han ido preparando tan bien que ya estaban descontados casi todos los aspectos relevantes, de forma que el impacto inmediato sobre la Bolsa fue muy pequeño y hoy es positivo en Tokio y también en toda Europa a al hora que escribo esto.

Yo diría que se pasó el día sin demasiado sobresalto de manera que pude disfrutar del cava y la pizza correspondientes a la inauguración de Pajarhus y olvidarme de la crisis por un momento, arropado por aquellas personas que no cejan en su emprendeduría cualquiera que sea la fase de la crisis.

Jose Manuel Campa

19 de mayo de 2009

La noticia me pilló en Canarias y no supe reaccionar a tiempo, pero quiero expresar aquí mi alegría por el nombramiento del nuevo Secretario de Estado de Economía en sustitución de un David Vegara del que también podemos estar orgullosos.

Este último fue un invitado al Consejo Editorial de Expansión y de Actualidad Económica en aquellos tiempos en que se denominaba así y lo presidía yo. En esa época, de la que ya hace años, Jose Manuel Campa se incorporó a dicho Consejo y, por lo que yo sé, ahí continuaba como miembro del ahora llamado Consejo Asesor presidido por Manuel Conthe.

No tengo más que elogios a su persona, a su saber y a su decir. Siempre tenía el comentario adecuado y lo efectuaba con claridad y precisión y con una sonrisa que delataba que hubiera podido decir más.

Su actividad intelectual es extensa y de calidad y, tal como muestra su CV, no se limita a lo académico sino que se extiende a la consultoría y a a divulgación tal como corresponde a un profesor de Economía en una Escuela de Negocios.

Ya sabemos que las Escuelas de Negocios españolas están entre las mejores del mundo y, por lo tanto, no debería extrañarnos que el IESE acoja a alguien como Campa. Pero quizá merecería la pena recalcar que lo que, para diferenciarlo de Economics, llamamos Business tiene un interés intelectual más allá de su practicidad. Alguien que lleva casi veinte años en dos magníficas Escuelas de Negocios tiene una visión de la economía que yo me atrevería a denominar como holística, algo que no es común entre profesionales de la ciencia económica pero que, a mi juicio, tiene un gran interés tal como pretendí mostrar en una pequeña serie que posteé con ocasión de la visita de Tony Lawson para el que, para mi sorpresa, colocaba Business como una de las formas correctas de enfrentarse ante los problemas intelectuales.

La razón de esta aparente excentricidad estaba en su ontología de lo que llamaríamos el dominio de lo social:

«The social domain is an emergent realm which depends on us and is made up of social groups, social rules and practices within those groups. This social domain constitutes a closed system, intrinsically dynamic and internally related in the sense that any individual within the group is necessarily situated in relation to others».

Si esto fuera cierto de Campa, si su visión del mundo se acercara a esta, nos habríamos encontrado con la personalidad académica adecuada para hacer el trabajo que ahora le toca hacer.

Pues bien, yo creo que lo es.

África

28 de mayo de 2009

Antes de la crisis escribí una columna en Expansión tratando de explicar porqué no invertíamos en África. No era difícil entender que los rendimientos reales que podríamos obtener invirtiendo en proyectos de infraestructura a largo plazo no podían competir con los rendimientos que proporcionaba la burbuja de activos y ciertos productos derivados. También volví sobre la cuestión a propósito de un artículo de Jeffrey Sachs ya en plena crisis.

En un post que quería conmemorar el primer aniversario de la crisis me referí no solo al diagnóstico de ésta, sino también a que lo único bueno de la crisis era que por fin volvería la inversión a África y con ella la mejora de las condiciones de ese continente en el que no invertíamos debido, como acabo de decir, a que algunos novedosos productos financieros nos prometían mejores rendimientos.

Comentaba que, como inversor, lo que haría era invertir en fondos chinos de materias primas en África. Los gestores de patrimonios no me pudieron hacer caso porque no existía ese instrumento que yo pedía.

Me alegra por lo tanto compartir con ustedes estas buenas noticias respecto a África recogidas del Ateneo de Naider.

Está feo musitar «ya lo dije» cuando se trata de materias intelectuales pues en éstas no debieran haber derechos de propiedad intelectual. Pero decir en voz bien alta «ay si me hubieran hecho caso» es admisible, pues en esto de la inversión uno al menos puede reivindicar el olfato.

En cualquier caso que mis expectativas como inversor se vieran frustradas por falta del instrumento adecuado me hace sospechar que igual la crisis no se ha profundizado por el exceso de instrumentos financieros propio de un capitalismo motejado como «financiero» sino por la falta de los instrumentos adecuados.

Vinculación entre crisis, stakeholder society y Cajas de Ahorros

Crónica de una crisis | Junio 2009

Prólogo

Aunque en sus posts trata también otros temas muy interesantes, quiero centrarme aquí en el tema estrella de los dos artículos publicados por JU en Expansión en este mes: la vinculación entre crisis, stakeholder society y Cajas de Ahorros.

Aunque siguiendo un hilo argumental que viene de lejos en esta Crónica de la Crisis, JU ha concentrado su artillería discursiva en la primavera de 2009 en esos tres conceptos.

Como recuerda en su artículo de 8 de junio («La stakeholder society y las cajas»), ya en abril y mayo defendió que un integrante importante de la reestructuración/consolidación del sector financiero era el cambio legislativo de las Cajas, de modo que éstas –mediante su homologación con los bancos– pudieran formar parte de esa consolidación.

Ya en la primera entrega de junio («Crisis y la Stakeholder Society») trata de mostrar cómo un fruto de la crisis, consecuencia de un mayor recelo respecto al mercado, va a ser una intensificación del interés hacia todo lo que implica la Stakeholder Society: una nueva forma de concebir los objetivos de las empresas (y por tanto la gestión empresarial), en la que se espera que sean atendidos los intereses de todos los «concernidos» y no sólo los que atañen a los accionistas.

Se trata de una forma de gobernanza social que tiene en cuenta a todos aquéllos que tienen algún interés por los resultados empresariales y que no pueden ser tomados en consideración por limitaciones del mercado: trabajadores, proveedores, clientes o habitantes de la zona en que ejerce su actividad una empresa… Ahora bien, conseguir la adecuada satisfacción de esos intereses no es fácil, tal como recordaba Jean Tirol en su «Presidential Adress» a la Econometric Society de 1998. Tirol hizo un esfuerzo considerable para reenfocar el problema y, en cierto modo, abrir una línea de investigación que, a caballo de las ideas de la Economía de los Incentivos y del Control, atacara de manera frontal el problema de cómo llevar a la práctica el óptimo social propio de esa «Stakeholder Society». Para seguir esta línea de investigación y caracterizar el óptimo social, habría que identificar las condiciones de maximización de una función objetivo determinada como, por ejemplo, la suma de las funciones de bienestar (o de utilidad) de todos los stakeholders o «concernidos». El esfuerzo de Tirol consiste en entender por qué el óptimo de primer orden no es fácil de poner en práctica en condiciones de falta de información y en un ambiente en el que el control no es fácil de ejercer.

Es muy difícil, en efecto, diseñar incentivos explícitos para que los ejecutivos colaboren a paliar los límites del mercado a fin de tener en cuenta los intereses legítimos de los «concernidos» por una vía o por otra. En estas circunstancias parecería que la maximización del valor de la acción (shareholder value) puede ser, en el mejor de los casos, un óptimo de segundo orden.

A pesar de estas dificultades considera JU que sería ingenuo concluir que el impulso que subyace a la idea de la Stakeholder Society va a desaparecer y «desde luego muy poco realista pensar que lo vaya a hacer en las circunstancias que seguirán a la crisis». La forma que él propone de no olvidar el óptimo de primer orden es que los intereses de todos los concernidos sean defendidos por un Consejo de Vigilancia, propio más bien del capitalismo renano y ajeno al americano. Dicho de otro modo; en opinión de JU el capitalismo del futuro tendrá unas empresas con administración dual: un Consejo de Administración de ejecutivos y un Consejo de Vigilancia que fije la función objetivo a maximizar teniendo en cuenta a los stakeholders.

Retomando el tema de las Cajas, este Consejo de Vigilancia podría conseguir lo mismo que la actual Obra Social, mientras que la homologación de las Cajas a los Bancos reforzaría el sistema financiero, facilitaría su regulación y despolitizaría su gestión.

Finalmente JU arguye que el sistema financiero, visto como un sistema de filtros para la financiación de proyectos, funcionará mejor en los tiempos que vienen con un sistema consolidado en el que las Cajas pierden sus características definitorias. Y nos anticipa que esto lo tratará en julio.

Crisis y la «Stakeholder Society»

1 de junio de 2009

– Publicado en Expansión –

Como decía en la entrega del mes pasado, «Las Cajas y la Consolidación Financiera», dedicada a defender la reconversión de las Cajas, «lo que ahora hace falta, una vez entendidas las ventajas de la renovación normalizadora de las Cajas a través del cambio de ley» y una vez puestas al descubierto las falsas y oportunistas defensas de sus peculiaridades disfrazadas de críticas al capitalismo financiero, «es explicar que sus funciones singulares ya no son tan fáciles de defender como exclusivas en un mundo en el que pueden ser ejercidas de otra manera».

Esta tarea argumentativa requiere dos pasos. En el primero es conveniente explicar las tendencias que el capitalismo va a experimentar como reacción a la crisis. Ese es el objetivo de esta columna: explicar por qué la llamada Stakeholder Society se va a constituir en un objetivo a alcanzar una vez superada la crisis. Más adelante habrá que dar un segundo paso y explicar cómo y por qué la labor de las Cajas podría contribuir a ello y por qué, sin embargo, esa labor puede ser realizada de una manera distinta y compatible con la renovación de las Cajas.

Se me disculpará que comience este primer paso por una nota personal recordando el mal rato que tuve que pasar en la presentación de El Capitalismo que Viene (Planta 29, 2008) cuando trataba de exponer las bondades de un capitalismo innovador (que va surgiendo en la época de la globalización, de las TIC y de la Sociedad del Conocimiento) justo en un momento en el que, debido a la crisis económica y financiera, resurgen las acerbas críticas a ese sistema económico y se presentan nuevas fórmulas para intentar sobrepasarlo.

Si en esas circunstancias tratas de resaltar sus bondades, lo que era mi caso, apareces como alguien de otro planeta que todavía no se ha enterado que ese sistema económico, según dicen algunos, ha fracasado. Y, sin embargo, no me arrepiento de mi defensa de un capitalismo innovador, sino que, más bien, pienso que debo seguir indagando en sus ventajas. No solo las que me llevaron en la citada entrega anterior a defender el capitalismo financiero, sino también las que pueden surgir de la modificación de algunas de las características que lo definen. Dos de esas características son la competencia y la maximización del valor para el accionista (shareholder value) como criterio de gestión empresarial. Dejaré a un lado la problemática relativa al paso de la teórica maximización del beneficio a la maximización del valor en bolsa como criterio práctico de gestión empresarial, un asunto no trivial, y me concentraré en las posibles limitaciones del mercado para la consecución de lo que se llama la Stakeholder Society que traduciré como «sociedad de concernidos» cuando lo considere conveniente.

Esta finalidad obliga a volver la atención a entidades cooperativas, especialmente apropiadas para evitar el paro en tiempos de crisis y, en el mundo financiero, hacia cooperativas de crédito y, en particular, a las Cajas que, al no ser sociedades anónimas y no tener accionistas, se gobiernan de otra manera y pueden dedicar sus beneficios a una Obra Social determinada en lugar de verse obligadas a reservar parte del beneficio al pago de dividendos.

En otras palabras, parece como si hubiera llegado el momento de sustituir el shareholder value como criterio de gestión empresarial por la idea genérica de alcanzar a través de esa gestión, o de cualquier otra manera, lo que hemos dado en llamar la Stakeholder Society o «sociedad de concernidos», una noción que no hace referencia a criterio alguno de gestión empresarial sino que se refiere al tipo de gobernanza que desearíamos para la sociedad como economistas preocupados por el bienestar general de todos los concernidos por la actividad económica.

Paso pues a hablar de gestión empresarial en el contexto de la más o menos inevitable separación entre propiedad y control dentro de ese capitalismo que llegará después de la crisis, dejando para el mencionado segundo paso argumentativo la reconsideración de la relación entre la sociedad que queremos y las Cajas.

La evolución de la problemática relativa a la separación entre propiedad y control lleva a destacar la elaboración de normas internacionales de contabilidad exigidas por la presencia transnacional de las empresas y al intento de puesta en práctica de códigos de conducta específicos de los Consejos de Administración y de sus miembros a fin de que no primen los intereses de los ejecutivos sobre los accionistas o de los accionistas de control sobre los minoritarios. Estos códigos se centran sin embargo en la creación de valor para el accionista (shareholder value) y no consideran los intereses de los stakeholders, es decir personas o instituciones que, como los accionistas, están «concernidos» por la marcha de la empresa, bien sea como trabajadores, como proveedores, como clientes o como habitantes de la zona.

A pesar de que la idea de esta «sociedad de concernidos» está muy en la onda de las preocupaciones actuales, no recibe la atención que esperaríamos. Es, en efecto, muy fácil de simpatizar con las preocupaciones típicas de cualquier economista acostumbrado a tratar de encontrar el óptimo social eliminando limitaciones que el mercado puede imponer a la gestión empresarial. En efecto, lo que ocurre en una empresa es que hay muchos «concernidos». Además de los inversores, que han colocado su capital en acciones, están los proveedores, que quizás han hecho inversiones específicas para atender los pedidos que les pasa nuestra empresa, los clientes que pueden quedarse sin un producto que formaba parte de su paquete de consumo o era imprescindible para su propia producción, los trabajadores que seguramente han invertido en capital humano específico para esta empresa y otros como los tenderos locales, los ayuntamientos circundantes o los que sufren la polución ambiental.

Muchos de los efectos que estos stakeholders generan o sufren en relación a la empresa no pasan adecuadamente por el mercado. No sólo la empresa no paga por la polución que genera (típica externalidad), sino que los tenderos locales o los ayuntamientos circundantes no pagan ni cobran nada por los posibles efectos, negativos o positivos, que se generan (mas allá del precio pagado o del impuesto ingresado) en su relación con la empresa que opera en su ámbito (como descuentos por pedidos grandes, o inversiones en ordenadores, por ejemplo) y los proveedores, clientes o trabajadores, que aunque cobran y pagan según contrato, no suelen pagar o cobrar nada por la posible garantía implícita de pedido, o de suministro o de trabajo.

Todos estos son ejemplos de limitaciones del mercado que quizá no sean en todos los casos externalidades típicas, pero que deben ser tenidas en cuenta para que se obtenga el óptimo social. La crisis va a traer a colación estas limitaciones y no tendremos más remedio que pechar con el trabajo de reflexionar sobre las formas de poner en práctica esa Stakeholder Society. La defensa de las Cajas como instituciones diferenciadas se centrará en su capacidad para esa puesta en práctica. Espero, sin embargo, poder convencer de que hay formas alternativas de lidiar con las limitaciones del mercado que ofrecen ventajas adicionales. Será en la próxima entrega.

La stakeholder society y las cajas

8 de junio de 2009

– Publicado en Expansión –

Recapitulemos. En abril («Oportunidad para España») decía:

«lo primero que hay que hacer es consolidar el sector financiero cambiando la legislación sobre Cajas de forma que éstas también puedan formar parte de esa consolidación»

En mayo («Las Cajas y la consolidación financiera») defendía el tan denostado capitalismo financiero describiendo al mismo tiempo las ventajas de una normalización de las Cajas que deberían, a mi juicio, homologarse con los bancos, fortaleciendo así al sistema financiero que sostenía la oportunidad. En la primera entrega de junio («Crisis y la Stakeholder Society») trataba de mostrar cómo la crisis va a traer un recelo respecto al mercado apuntando a su limitaciones a efectos de propiciar una atención seria e intensa hacia la «Stakeholder Society» en la que, se espera, sean atendidos los intereses de todos los «concernidos» y no solo los que atañen a los accionistas. Me preguntaba ahí si la forma jurídica y funciones de las cajas no podrían ser justamente una manera de atender a esa preocupación sobrevenida. Hoy, en esta segunda entrega de junio, tengo que ofrecer mi respuesta.

Recordando brevemente lo que se entiende como «sociedad de concernidos» diré que se trata de una forma de gobernanza social que tiene en cuenta a todos aquellos que tienen algún interés por los resultados empresariales y que no pueden ser tomados en consideración por limitaciones del mercado. Ahora bien, conseguir la adecuada satisfacción de esos intereses no es fácil tal como nos lo indica Jean Tirol en su «Presidential Address» a la Econometric Society de 1998. Tirol hizo un esfuerzo considerable para reenfocar el problema y, en cierto modo, abrir una línea de investigación que, a caballo de las ideas de la Economía de los Incentivos y del Control, atacara de manera frontal el problema de cómo llevar a la práctica el óptimo social propio de esa «Stakeholder Society». Esta llamada al orden de Jean Tirol es naturalmente bien recibida por cualquier economista para el que lo primero es siempre identificar el óptimo social de primer orden y sólo luego, admitidas las restricciones, informacionales o de cualquier índole, que concurren en el problema tratar de identificar y poner en práctica un óptimo subsidiario.

Para seguir esta línea de investigación y caracterizar el óptimo social, ese economista cualquiera trataría de identificar las condiciones de maximización de una función objetivo determinada como, por ejemplo, la suma de las funciones de bienestar (o de utilidad) de todos los stakeholders o «concernidos». No cabe duda de que, para ello, los contratos existentes tendrían que hacerse mucho más complejos y habría que inventar otros nuevos y que, además, para que todo este tinglado se sostuviera debería haber miembros del Consejo de Administración que defendieran el interés de cada clase de stakeholders. El esfuerzo de Tirol consiste en entender por qué este óptimo de primer orden no es fácil de poner en práctica en condiciones de falta de información y en un ambiente en el que el control no es fácil de ejercer.

Es muy difícil, en efecto, diseñar incentivos explícitos para que los ejecutivos colaboren a paliar los límites del mercado a fin de tener en cuenta los interese legítimos de los «concernidos» por una vía o por otra. Y lo es porque no hay una medida precisa del bienestar agregado de éstos concernidos que aquéllos deberían de maximizar ya que la maximización de la suma de las funciones de utilidad solo es obvia cuando todos los concernidos permanecen constantes. Podría pensarse que, a pesar de esto, los ejecutivos quizá hicieran su tarea tal como queremos que la hagan si les incentivamos de acuerdo con un criterio discernible y practicable como, por ejemplo, el valor de la acción (Shareholder Value). Pero esta esperanza es vana porque sabemos que si esto fuera así desatenderían a los otros stakeholders o concernidos. Si les fijáramos incentivos implícitos, como pudiera ser por ejemplo el diseño de carrera que se puede esperar seguir en la empresa, nos encontraríamos con un problema similar pues si, por ejemplo, el ejecutivo quiere quedar bien con los inversores quizás ponga en peligro su promoción por parte de su jefe inmediato. Y si ahora pensamos en el control es muy fácil admitir que éste no se puede ejercer bien cuando ese ejercicio está dividido entre agentes individuales representativos de diferentes clases de «concernidos». En estas circunstancias parecería que la maximización del valor de la acción (shareholder value) puede ser, en el mejor de los casos, un óptimo de segundo orden.

A pesar de estas dificultades sería ingenuo concluir que el impulso que subyace a la idea de la «Stakeholder Society» va a desaparecer y desde luego muy poco realista pensar que lo vaya a hacer en las circunstancias que seguirán a la crisis. De ahí que se pueda predecir el resurgimiento de las ideas, aparentemente moribundas, de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y también que estas ideas serán exploradas con más detalle. La crisis ha enseñado que estas ideas de RSC no se mantienen cuando vienen mal dadas y que lo mismo pasa con la Obra Social de Las Cajas. Por esa razón la forma de no olvidar el óptimo de primer orden es que los intereses de todos los concernidos sean defendidos por un Consejo de Vigilancia propio más bien del capitalismo renano y ajeno al americano. No me cabe la menor duda de que los ejecutivos o quién representa solamente a los accionistas está más dispuesto a tratar de fingir un sin-novedad-en-el-frente que aquellos que representan los intereses de los distintos «concernidos». A pesar de que estos «concernidos» tienen unos intereses a largo plazo en la empresa, no pueden negociar esos intereses genuinos en ningún mercado, entre otras cosas porque no es fácil establecer contratos específicos estandarizados para cada uno de ellos que puedan llegar a conformar un mercado en el que se pudieran negociar. Se impone pues concluir que, a pesar del inevitable influjo de los modos americanos, el capitalismo del futuro tendrá unas empresas con administración dual. Un Consejo de Administración de ejecutivos y un Consejo de Vigilancia que fija la función objetivo a maximizar teniendo en cuenta a los stakeholders.[1]

Parece pues claro que la aportación de las Cajas a la Stakeholder Society puede ser sustituida por un Consejo de Administración dual que incluya un Consejo de Vigilancia ya que éste puede conseguir lo mismo que la Obra Social de las Cajas mientras que la homologación de éstas a los bancos refuerza el sistema financiero, facilita su regulación y despolitiza su gestión. Esto quiere decir que al hablar de la posible modificación de la Ley de Cajas no se debe hacer independientemente de las modificaciones pertinentes en la administración de las empresas.

Para terminar con esta especie de ensayo por entregas sobre las Cajas, el sistema financiero y la oportunidad para España, solo me falta argüir que el sistema financiero, visto como un sistema de filtros para la financiación de proyectos, funcionará mejor en los tiempos que vienen con un sistema consolidado en el que las Cajas pierden sus características definitorias. Pero esto será ya en julio.

Supervisión bancaria y software libre

5 de junio de 2009

Una de las evidencias que han surgido del análisis de la crisis ha sido que su solución se ha retrasado porque los bancos no confiaban los unos en los otros.[2]

Esto es así porque la supervisión es centralizada y porque no está nunca claro cual es la estrategia del supervisor, coincida éste o no con el regulador. Y quizá también, aparentemente y tal como nos ha contado el Director de la London School of Economics, Sir Howard Davies, porque no tenemos un supervisor único en un mundo globalizado.

Pero pensemos un poco más como continuación a lo que dije ya hace mucho tiempo sobre crisis bancaria y redes. Ese supervisor único velaría porque se cumpliera la regulación y ésta es y será cada vez más centralizada. Pero lo que no sabemos muy bien es cómo esa supervisión puede hacer que no surja el recelo ante los bancos si entre ellos no hay el conocimiento mutuo suficiente.

En mi opinión, quizá un poco demasiado radical, nunca saldremos del difícil problema de la falta de conocimiento común entre los bancos hasta que, por así decirlo, no haga falta un supervisor y esto solo se hará una realidad cuando cada banco conozca, no necesariamente todas las tripas de su competidor, pero sí al menos la forma en que calcula sus riesgos.

La mejor manera de conseguir esto es compartir los programas y aplicaciones del cálculo de riesgos. Un supuesto supervisor único impondría inmediatamente un único programa de evaluación de riesgos de diferentes tipos. Pero sería contraproducente, pues en una situación así no habría incentivos para mejorarlo y alcanzar una pequeña ventaja sobre tu competidor.

Una forma de salir de ese impasse y lograr la compatibilidad entre el mencionado conocimiento común (aproximado) de la situación de todas las instituciones y el incentivo a seguir perfeccionando el cálculo de riesgos, sería compartir el código fuente de un cierto programa inicial y, a partir de ahí, dejar que cada banco lo mejore con la obligación de poner esas mejoras a disposición de todos los demás.

Cada uno hará sus desarrollos más o menos periféricos pero, conociendo el código fuente, esos desarrollos adicionales no son ya problema, pues serán previsibles.

Notemos que también se sabrá si algún banco es el que siempre lleva «cinco minutos» de ventaja sobre sus competidores o si otra determinada institución siempre llega tarde creyendo que le basta con copiar. Esto se llama transparencia y la lograremos a través de esa competencia que está dispuesta (u obligada) a no monopolizar sus desarrollos informáticos.

Sin embargo, quien sea mejor en el desarrollo del código fuente común tendrá «cinco minutos» de ventaja sobre su competidor. «Cinco minutos» a los que podrá sacar chispas.

Parece evidente que una competencia como esta, que se acaba imponiendo a través de la obligación de compartir el código fuente, acabará generando sistemas de cálculo de riesgos muy buenos. Seguramente nunca serán suficientes para prevenir del todo las crisis financieras, pero la conformación en una red distribuida que esta competencia por mantener una ventaja en un mundo bancario que usa el software libre y pone en común sus desarrollos, hará, pienso, que esas crisis no sean muy profundas. Porque cuando estas crisis financieras lleguen no nos encontrarán con recelos entre bancos.

Hacia una economía más ligera

8 de junio de 2009

Hace tiempo que se habla de ello, de que los bienes producidos cada vez pesan menos.

Durante aquel boom de lo que se llamó la Nueva Economía se hizo mucho hincapié en ello como un indicador obvio[3] y claro de que algo estaba cambiando; pero he aquí por primera vez lo que parece ser una evidencia tangencial.

Si el desempleo se ha cebado sobre todo en los hombres es porque los negocios y sectores que más han sufrido han sido los relacionados con vivienda, automoción y materias primas extractivas, actividades éstas que requieren una fuerza física mayor de la que parecen tener las mujeres.

En esta nueva Nueva Economía que va a llegar con la salida de la crisis mejor nos dejamos de fuerza bruta y nosotros los varones comenzamos a cultivar otro tipo de ventajas.
Todavía, en efecto, nos queda una oportunidad pues como decía Eva Levy en Expansión del 3 de este mes:

«los hombres tejen redes mientras nosotras pensamos que todo consiste en la meritocracia»

(Des)Codificación económica

10 de junio de 2009

Desde hace ya unos cuantos años tengo el honor de ser invitado a colaborara en la redacción de la Memoria de Ibermática, una compañía muy seria que se toma en serio la innovación.

No se trata de una memoria al uso, sino de una colección de ensayos breves relacionados con el tema del año, siempre cercano cuando se le mira bien, con la innovación.

Este año ese tema central era el de «El Código de la Innovación» y la Memoria incluye ensayos sobre temas previsible, como el código genético, el lenguaje de las plantas o los códigos musicales, o más inusitados, como el sistema braille. En mi caso el planteamiento no era obvio así que decidí escribir sobre (Des)Codificación económica.

Ayer asistí la presentación de esta Memoria memorable en Madrid y, además de alguna sorpresa agradable sobre la que volveré en algún momento, el hecho de que la presentación haya sido ya realizada creo que me permite compartir este brevísimo ensayo que espero, como digo, complementar mañana.
Espero que les guste.

(DES)CODIFICACÍÓN ECONÓMICA

La labor codificadora comienza no tanto con la encriptación de mensajes, sino más bien con la ordenación y clasificación de las difusas prácticas sociales en un enorme libro semisagrado que simplifica la rica realidad social de las prácticas comerciales o de las costumbres civiles o de las estilizadas penas a los delincuentes. Un código es, en principio, como una representación a brocha gorda de las prácticas sociales y que, como tal representación, las desfigura, las hace difíciles de asimilar en toda su hondura al tiempo que las configura a su vez como reglas a seguir en el eterno tejer y destejer de la urdimbre social.

¿Y qué otra cosa sería la encriptación de mensajes sino otra manera, en este caso más distorsionadora, de describir las costumbres o informaciones o imperativos?

Parece que sería como un código aunque con un matiz diferenciador: la encriptación pretende ciertamente negar el acceso a su contenido a toda una clase de posibles personas presumiblemente concernidas.

Con esta distinción podemos ahora preguntarnos si la naturaleza en general y más en concreto esa parte de la naturaleza que llamamos sociedad, es un libro abierto, un código o un mensaje encriptado. Solía decirse que la naturaleza es un libro abierto; para leerlo bastaría con abrir los ojos. Se trata de una analogía nada feliz porque la mirada no basta, sino que hay que aprender a leer. Pero saber leer no es sino una manera de saber desencriptar mensajes. Aprender a leer el libro de la sociedad es todavía más complicado. La sociedad es un libro, pero un libro cerrado. Además de querer mirar y aprender a leer hay que saber abrir el libro.

Me atrevo ahora a decir que la Economía tiene ojos para mirar y ha desarrollado una manera de leer pero, además, se ha preocupado de aprender a abrir el libro cerrado de la sociedad. Para ello ha ido elaborando parsimoniosamente diversos manuales de instrucciones que a su vez han enriquecido el propio libro que quería abrir formando así parte del código y de la encriptación. La Teoría Económica no es sino una colección de manuales de instrucciones para abrir el libro de la sociedad y para desencriptar su contenido. Pues bien, en esta colección destacan dos familias de manuales.

La primera está caracterizada por la concepción de la realidad como algo dado ahí fuera que ha de ser leído y entendido de acuerdo con los estándares cognoscitivos habituales. Se trataría de ese «erklärung» que nos permite respirar tranquilos pues lo inexplicable podría tener explicación. Pero respirar tranquilos es una cosa y comprender cabalmente es otra bien distinta que exige no solo ese esclarecimiento mínimo sino lo que se llamaría «verstehen», es decir la apropiación del «erklärung» para hacerlo coherente con el resto de nuestros conocimientos y con el sentido del mundo que ellos revelan. Si lo conseguimos no solo respiramos tranquilizados sino que creemos haber aumentado nuestra capacidad intelectiva y constructiva.

Pues bien, esta distinción es hoy crucial para adivinar el devenir de la descodificación del libro de la sociedad, es decir, en nuestro caso, el devenir de la Economía. Podemos entregarnos al frenesí de la llamada Freakonomics, tratando de encontrar una explicación para cualquier «cosa» dejándonos llevar más por la disponibilidad y riqueza de los datos que definen esa «cosa» que por la deriva ordenada del programa de investigación explícito o implícito que nos movía. O podemos ser parsimoniosos y explorar las potencialidades de dicho programa investigador en diversas direcciones, eligiendo entre las realidades aquellas cuya opacidad más nos turba o que más necesitan esclarecimiento y aplicándoles las mil veces probadas herramientas conceptuales.

La crisis va a acabar planteando no solo la legitimidad del sistema capitalista, sino también la de loa manuales de instrucciones para la descodificación de la realidad social. Nada más y nada menos que el problema de la legitimidad de una u otra manera de pensar y consecuentemente de una educación profesional u otra.[4]

Resulta, además y para terminar, que como nuestros manuales de instrucciones no son sino parte de la realidad social a explicar, la desencriptación del código que incorpora nuestra sabiduría económica no tiene más remedio que medirse con cualquier otra y consigo misma generando así una recursión infinita que no nunca alcanzará la clave de la comprensión del libro de la sociedad. Un ejemplo éste que evidencia que, en Economía, todo código siempre contendrá un secreto último y que toda maquinaria descodificadora será siempre falible.

¿Nos espera una seria inflación? El más verde de los brotes verdes

12 de junio de 2009

Si hay o no brotes verdes es una cuestión no fácil de dilucidar. La caída del paro en España de acuerdo con las estadísticas1 del paro registrado no es sino una ralentización de la caída del empleo en términos de la encuesta de población activa. La quiebra del GM es un desastre significativo pues es como el cierre de una época, la de la «vieja economía», y el renacimiento de la prematuramente enterrada «nueva economía», un ejemplo de destrucción creativa de Schumpeter.[5]

Pero son otras las noticias que me hacen ser optimista. Ya no discutimos sobre la naturaleza de la crisis y ésta no tiene misterios. Es un verdadero brote de razón.
Pero todavía más importante es que justo ahora comenzamos a preocuparnos de lo que vaya a pasar en la recuperación. Este es el más verde de los brotes verdes, uno que merece la pena explorar.

El artículo del New York Review of Books de este mes presenta un simposio que tuvo lugar el 30 de abril en el Metropolitan de NY. A partir de este artículo la atención de los medios diarios especializados se ha formalizado en la discusión entre la Historia Económica (Niall Ferguson) y la Teoría Económica (Paul Krugman) sobre la posibilidad de evitar la inflación una vez que, con la ayuda de una PM excepcionalmente laxa e incluso heterodoxa y una PF nada remisa al gasto público, comencemos a salir de la crisis.

Primero empezará a ralentizarse la caída del PIB y el aumento del desempleo y más tarde pasaremos a tasas de crecimiento positivas de empleo y de producción. Pero esa recuperación nos enfrentará con una situación inflacionaria derivada de la imposibilidad presunta de frenar a tiempo ambas políticas macroeconómicas.

Además de un buen signo, como he dicho, esa discusión merece atención entre otras cosas porque las administraciones tienen que seguir alerta a los acontecimientos y hay que preocuparse por la forma en que piensan atajar los presuntos peligros. Veamos.

A pesar de que el petróleo parece haber recontado la senda ascendente, otro buen signo, todavía no lo ha hecho de forma que permita empezar a asustarse. Lo primero, por lo tanto, es entender lo que significan esos presuntos síntomas de tensiones inflacionarias en un momento en el que ese ese fenómeno parecía haber desaparecido hasta el punto de que hasta ayer el peligro parecía ser la deflación.

Las subidas de los rendimientos de la deuda pública, es decir la bajada de su precio debida al exceso de oferta de bonos gubernamentales debido, a su vez, a la necesidad de endeudarse para financiar gasto púbico, parecerían indicar una bajada de la demanda porque ya no existe una huida hacia la seguridad. Similarmente, y como lo indicaba Martin Woolf, la bajada en los rendimientos de la deuda pública indiciada o, equivalentemente, su subida de precio, parece indicar un exceso de demanda para cubrirse de la inflación o lo que es lo mismo, una escasez de oferta quizá por que los emisores descuentan ya la eliminación del miedo a al inflación.

¿Deberíamos o no temer a este lobo feroz? La discusión está
en todos los periódicos y en todos los informes de los analistas. La opinión de la «Cátedra» se inclina claramente a favor de los teóricos que destacan que hay formas sensatas de eliminar el exceso de liquidez generado por las ayudas necesarias al sector bancario y no existe de momento el peligro de crowding out debido al evidente exceso de capacidad instalada en todos los sectores.

Yo solo deseo añadir un par de ideas y recordar algo ya antiguo.

No podemos prescindir, en la historia explicativa de donde estamos, de que lo prioritario era el sistema financiero tanto porque sin él no se pueden canalizar las ayudas que mantenían la demanda efectiva cuando amenazaba colapsar, sino sobre todo porque la solidez del sistema financiero atrae el ahorro externo, justo lo que ocurrirá aquí tal como he destacado en una columna de Expansión en la que trataba de destacar la oportunidad que tiene España. Esta es la primera idea. La segunda tiene que ver con la facilidad que tiene un banco central de retirar liquidez a través del incremento en los intereses que paga a las reservas extras depositadas en sus arcas que, de esta manera, salen de la circulación sin poner en peligro el sector financiero y sin cargar demasiado a corto plazo el déficit público.

Pero lo que me gustaría ahora es recordar algo que dije hace 12 años y que, de repente, me acabo de dar cuenta que es de utilidad. Quizá es que sabiendo que en septiembre tengo que hablar en Valencia sobre la crisis y Europa el inconsciente va buscando en el disco duro neuronal aquellas ideas que de hecho son utilizables.

Y las tres siguientes «herejías» me parecen oportunas.

Decía en primer lugar que el BCE puede adquirir la reputación antiinflacionaria necesaria sin necesidad de ser fanático, algo importante de recordar cuando la canciller Merkel reprocha en público a BCE su actitud acomodaticia.

Explicaba en segundo lugar que la descentralización de la función estabilizadora de la política fiscal tiene mucho sentido en sí misma sin que sea necesario ese Tesoro único que de manera rutinaria y simplista se demanda hoy.

Y terminaba conjeturando que justamente por lo anterior sería más fácil que el BCE adquiera su reputación antiinflacionaria ya que los países miembros presionaran menos al BCE cuando necesiten una bajada de tipos si mantienen en sus manos la política fiscal.

Termino diciendo que quizá mis herejías merezcan un poco de respeto si les cuento que en la misma ocasión predecía que el límite del 3% de déficit público de Maastricht era un límite arbitrario que se saltaría sin ninguna dificultad. Justo lo que ha ocurrido.

Notas

[1] JU propone un mecanismo innovador para el funcionamiento de la stakeholder society que viene: Empresas con administración dual, a saber: un Consejo de Admon de ejecutivos y un Consejo de Vigilancia que fija la función objetivo a maximizar teniendo en cuenta a los stakeholders. Con ello la actual singularidad formal de las Cajas podría desaparecer y se podrían conseguir los mismos efectos que con las existencia de la Obra Social.

[2] (Re)aparece aquí un tema muy querido para JU, a saber: cómo la Teoría de Redes, al ofrecernos elementos de comprensión sobre las redes de bancos y sobre su estructura, nos permite entender mejor los aspectos financieros de la presente crisis, tan decisivos para el diagnóstico y terapia de la misma.

[3] Coincido con el comentario de JU. Aunque la crisis ha incidido de modo significativo en ciertos ámbitos de la actividad económica que pertenecen a la «economía ligera», como la banca de inversión y algunos otros segmentos de la actividad financiera, entre la protección gubernamental otorgada y el hecho de que constituyen un porcentaje en todo caso relativamente menor de la población activa, su aportación al desempleo no ha sido relevante.

[4] Especialmente interesante a mi juicio este ritornello de cómo la crisis cuestiona la legitimidad de la teoría económica imperante y del propio sistema capitalista.

[5] En mi opinión la Nueva Economía constituye (y probablemente también sea esa la opinión de JU, aunque aquí no queda claro) no sólo la aparición de nuevos sectores sino también la «reinvención» de los sectores de la «Vieja Economía» (si bien, en el momento en el que este artículo se escribe, GM apenas está al comienzo de su eventual reinvención), incorporando más «conocimiento» a su know-how. Aparece más adelante también esa oposición a un Tesoro único en la UE, que en otro momento («¿Tesoro único? No, gracias», Expansión de 8 de mayo de 2010) desarrollará JU de un modo más extenso; si bien aquí ya nos anticipa que, a su entender, «los países miembros presionarán menos al BCE cuando necesiten una bajada de tipos si mantienen en sus manos la política fiscal».

Pensando sobre la «post-crisis» en la «XII Summer School»

Crónica de una Crisis | Julio 2009

Prólogo 2009

A la «XII Summer School» de la Fundación Urrutia Elejalde, JU la puso a pensar sobre la «post-crisis»: «Cuando la economía mundial se recupere, no habrá más remedio que repensar el sistema económico-político en que vivimos y, al mismo tiempo, la teoría que lo sostiene».

Y continúa diciendo la nota de prensa de la «Summer School»: «Este repensar la Economía no surgirá ex novo sino sobre la base de nuevos planteamientos y tendencias analíticas. Entre aquéllos y éstas, la FUE ha elegido este año reflexionar sobre motivaciones psicológicas distintas de las que subyacen al utilitarismo y sobre procedimientos de decisión que expliquen muchas de las anomalías detectadas en experimentos. Todas estas novedades ponen en juego la forma canónica de entender el comportamiento y/o la racionalidad e incluso nos hacen dudar de las nociones tradicionales de optimalidad o de equidad».

Los otros dos principales focos de atención de JU en este mes son la Stakeholder Society («sociedad de concernidos») y la «guerra» de economistas españoles a propósito de la reforma laboral.

De la última me interesa destacar una «colisión» de dos manifiestos en la que unos, para «dar fuerza a sus «argumentos» los respaldan con un abundante número de firmantes (cantidad); y otros, para respaldar los mismos se apoyan en la autoridad académica de los signatarios (supuestamente medida por los rankings de citas). Desde mi punto de vista todo ello reflejo –como manifiesta JU en numerosos lugares de esta crónica– de una sociedad y de una profesión con unos niveles muy pobres de debate público.

En cuanto a la Stakeholder Society, JU aplica en su artículo del mes («El Sistema Financiero como un Filtro de Proyectos») los conceptos fundamentales de aquélla al sistema financiero. Como en otros lugares de esta Crónica (y de modo especialmente detallado el mes anterior), JU propone para las entidades financieras un sistema dual de gobernanza, en que cada proyecto de inversión deberá pasar por dos filtros en batería, el del Consejo Ejecutivo y el de un Consejo de Vigilancia que prestará especial atención a las repercusiones posibles sobre los stakeholders (este Consejo, por cierto, sería el que vigilaría los incentivos de los ejecutivos).

XII Summer School de la FUE

4 de julio de 2009

El martes salí hacia Donosti para asistir a la decimosegunda edición de la Escuela de Verano de la Fundación Urrutia Elejalde (FUE). Esta vez estaba dedicada a un tema planteado así: «Welfare Economics: where do we stand?»

No estoy seguro de que después de todos estos días yo sea capaz de contestar a la pregunta, pero creo que durante el viaje de vuelta a Madrid he sido capaz de entender la naturaleza del reto que se nos plantea, por parte de la Behavioral Economics y muchos de los resultados experimentales que la apoyan, a aquellos que seguimos creyendo que lo central de nuestro oficio es entender cómo funciona un sistema como el de mercado.

Me propongo ir analizando poco a poco la naturaleza de este reto; pero hoy me limito a copiar la nota de prensa que preparé haciendo concesiones a los periodistas:

«Cuando la economía mundial se recupere no habrá más remedio que repensar el sistema económico-político en que vivimos y, al mismo tiempo, la teoría que lo sostiene. Este repensar la Economía no surgirá ex novo sino sobre la base de nuevos planteamientos y tendencias analíticas. Entre aquéllos y éstas, la FU. ha elegido este año reflexionar sobre motivaciones psicológicas distintas de las que subyacen al utilitarismo y sobre procedimientos de decisión que expliquen muchas de las anomalías detectadas en le experimentos.

Todas estas novedades ponen en juego la forma canónica de entender el comportamiento y/o la racionalidad e incluso nos hacen dudar de las nociones tradicionales de optimalidad o de equidad.

De esta forma se abre toda un área de investigación excitante en la que volver a intentar relacionar las características novedosas del sistema en el que nos movemos y las nuevas nociones de satisfacción social que vayan emergiendo Pero entender todo esto exige o justifica una parsimonia que no sé si tengo.»

Iremos Viendo.

Otra ausencia

5 de julio de 2009

Hoy toca descanso; pero mañana me ausento de nuevo para un curso en El Escorial sobre la crisis financiera en el que voy a tratar de argüir que el capitalismo sigue siendo viable; que el capitalismo financiero, lejos de ser el mal, es algo muy útil que sería tonto arrinconar; que la consolidación financiera es necesaria y que para ello no basta con el FROB, sino que debiéramos cambiar la Ley de Cajas, privatizarlas y simultáneamente pasar a un sistema de gestión empresarial basado en la gobernanza dual con un Consejo de Vigilancia que vele por los stakeholders y también vigile los incentivos de los ejecutivos. El descanso será activo pues más me vale preparar bien esta cadena de argumentos.

El Sistema Financiero como Filtro de Proyectos

6 de julio de 2009

– Publicado en Expansión –

En entregas anteriores espero haber conseguido comunicar por qué España debería cambiar la Ley de Cajas convirtiendo a éstas en simples bancos. He argüido tres grandes razones. Primera, que el sistema financiero sería mejor en el sentido de más profundo y menos volátil. Segunda, que es conveniente evitar el apoyo a las cajas como parte de la crítica del capitalismo financiero pues esta crítica no tiene, en mi opinión, nada de oportuna. Tercera, que las funciones específicas de las cajas (funciones que se han ido difuminando con el tiempo) podrían, en cualquier caso, sustituirse por modificaciones en la gobernanza de los bancos lo que, he argüido, nos llevaría hacia ese óptimo de primer orden denominado Stakeholder Society.

Quizá estos argumentos podrían ser suficientes para mi finalidad confesada de eliminar la dualidad financiera, pero hoy quiero añadir un argumento distinto que tiene que ver con la consideración del sistema financiero como un filtro de proyectos.

La idea inicial es que un sistema financiero es, entre otras cosas, un conjunto de filtros para decidir qué proyectos financiar y cuales no dependiendo del balance de cada institución y del riesgo de cada proyecto. Pensemos como primera aproximación didáctica que contamos con una caja y un banco aunque hable de cajas y bancos. Cuando hay dos instituciones distintas, caja y banco, es como si esos filtros estuvieran colocados en paralelo, ya que un mismo proyecto puede presentarse al banco o a la caja indistintamente, de forma que si es denegado en uno de esos filtros puede ser aprobado en otro.

Si solo hubiera lo que llamamos un banco pero con una gobernanza dual, cada proyecto deberá pasar por dos filtros en batería, el del Consejo Ejecutivo y el de ese Consejo de Vigilancia que presta especial atención a las repercusiones posibles sobre los stakeholders. La pregunta es, desde luego, qué sistema de filtros es mejor, si el correspondiente a una poliarquía (que es lo que tendríamos si mantuviéramos las cajas) o el que correspondería a una jerarquía (que sería equivalente a un sistema en el que han desaparecido las cajas pero los bancos tienen un Consejo con dos niveles.

Siguiendo a Sah y Stiglitz («The Architecture of Economic Systems: Hierarchies and Poliarchies», The A.E.R. Vol. 76, No. 4. Sep. 1986) y simplificando el problema para evitar tecnicismos, podríamos decir que tenemos dos maneras de filtrar a los demandantes de crédito, la de las cajas y/o bancos conjuntamente y la de los bancos solos. Estas dos maneras de filtrar el crédito pueden convertirse en dos distintos sistemas de filtraje según coloquemos los filtros en paralelo o en batería.

De acuerdo con la terminología introducida, al primer sistema le llamamos una poliarquía y al segundo una jerarquía. Hoy contaríamos con una poliarquía, puesto que las cajas funcionan como tales y, si la Ley de Cajas modificada convirtiera las cajas en bancos tendríamos una jerarquía siempre que los bancos tuvieran un Consejo de Vigilancia además del Consejo Ejecutivo.

Lo interesante es conocer qué sistema proporciona un mayor beneficio al sistema financiero y a la sociedad en general en una situación realista en la que la observación de la calidad crediticia es en general errónea. Pues bien, el análisis de los dos autores citados permite afirmar algunos resultados interesantes.

Pensemos primero en un entorno ideal en el que se observa perfectamente la calidad crediticia del cliente. El óptimo de primer orden corresponde a una jerarquía y coincide con óptimo social. En una poliarquía se obtendría un beneficio social nunca mayor que en la jerarquía. Un resultado reminiscente de lo que dice la teoría del dúo polio en cuyo equilibrio nunca se alcanzará el beneficio correspondiente a la maximización del beneficio conjunto.

Este resultado elemental, sin embargo, no es suficiente como para decidirse a eliminar las cajas del sistema financiero precisamente porque no estamos en un mundo en el que se observa sin errores la calidad crediticia de cada cliente. ¿Qué pasaría en el caso realista en el que esa observación es en general errónea y se cometen errores negando crédito a los buenos clientes (error de tipo I) o con cediéndolo a los malos clientes (error de tipo II)? Los resultados parciales y casuísticos con los que contamos nos llevan a pensar que la decisión sobre eliminar o no eliminar las cajas dependerá de la calidad general de la clientela (de si los tiempos son buenos o malos diríamos) y del conservadurismo del filtraje siendo éste más conservador cuanto más tupido sea el filtro y cuando más discriminatorio sea diferenciando claramente clientes buenos y malos.

El resultado más limpio y claro que podríamos extraer de Sah y Stiglitz es el siguiente. El argumento para eliminar las cajas sería tanto más fuerte cuanto menor sea la calidad crediticia de los clientes (medida como proporción de solventes o como ratio de la calidad de los buenos frente a los malos) y cuanto menos conservadora sea la función de filtraje. No hay intuición posible y para la prueba hay que acudir al original, pero podemos decir que, a la luz de este resultado, parece evidente que apostar por acabar con la singularidad de las cajas es optar por un sistema de filtraje jerárquico frente a otro poliárquico.

Insisto, en éste último para pedir un crédito hipotecario puedo ir a la caja o al banco. En el filtraje jerárquico me basta con acudir a una sola institución, un banco, que te filtra dos veces, la primera por parte del Consejo Ejecutivo y la segunda por parte del Consejo de Vigilancia que tiene en cuenta los problemas planteados por los stakeholders.

Hasta aquí he tratado de interpretar un resultado teórico cuya prueba he obviado, como un argumento a favor de un sistema jerárquico como el que quedaría una vez reconvertidas las cajas y equiparadas a los bancos. Este sistema, en efecto, puede ser el adecuado en un entorno realista en el que no podemos esperar conocer a la perfección la calidad crediticia de cada cliente porque, por ejemplo, esa calidad depende de variables que no se pueden observar perfectamente. En estas circunstancias el sistema jerárquico es el adecuado cuando los tiempos son malos y cuando la función de filtraje no es muy conservadora.

¿Es una situación así la que esperamos o deseamos como herencia de la crisis? Aquí caben muchas elucubraciones, pero mi inclinación es a pensar que, después de una crisis como la que estamos pasando, la calidad crediticia de los demandantes de fondos no será demasiado buena durante bastante tiempo. Por otro lado sería deseable que los bancos, en su deseo de recuperarse de las averías causadas por la tormenta financiera, fueran un poco menos conservadores en su función de selección de clientes. Es más yo me atrevería proponer que esa función de filtraje no sea muy conservadora para poder seguir innovando financieramente a pesar de todos los pesares.

Para terminar me gustaría añadir que, a fin de compensar los posibles peligros que pueden seguirse de esta propuesta en un momento en que la clientela no esté en su mejor momento, desearía que pudiéramos contar cuanto antes con una jerarquía constituida por un Consejo de Administración dual conformado por los dos niveles mencionados reiteradamente.

El comercio de la villa

9 de julio de 2009

Pronto se presentará el libro «Efectos de la regulación en la distribución comercial» elaborado por Aitor Ciarreta, María Paz Espinosa y Maite Martínez-Granado, todos ellos de le UPV/EHU. Si quieren saber de verdad algo serio sobre la discusión entre pequeños comercios y grandes superficies, no tienen más remedio que hincarle el diente, cosa no tan fácil como parecería.

Quizá por eso último me pidieron que escribiera un prólogo, cosa que hice no solo con cariño, sino con ganas. Acabo de volver a leer ese prólogo y no está mal; pero no me acordaba de que contiene un párrafo de exaltación bilbaína de un tono personal.

He aquí ese párrafo:

«El primero de estos comentarios se refiere al «comercio de la villa» que un bilbaíno de nacimiento como yo, descendiente de varias generaciones de bilbaínos que se ganaron la vida como «comerciantes de la villa», y más tarde con oficios derivados de esa actividad, no puede ignorar. Miguel de Unamuno refleja a su manera, ese rasgo civilizatorio, en Paz en la Guerra, una de las pocas novelas que tienen a Bilbao como protagonista durante el sitio de la villa en la segunda guerra carlista. Lo mismo que ocurrió varias décadas más tarde, los bilbaínos en general y los comerciantes en particular, oían el tronar de los cañones apostados en los montes que rodeaban lo que era entonces una villa bien pequeña. Mis dos abuelos, uno de los cuales, el paterno, era vecino de Unamuno en la calle Ronda, una de las calles del casco viejo que todavía conforman un centro comercial descentralizado, tomaron la escopeta de caza y se presentaron voluntarios a defender la ciudad contra esos cañones que amenazaban con cambiar muchas cosas y, entre ellas, lo que hoy llamaríamos la regulación de la distribución comercial. Resistieron, y Bilbao acabó floreciendo tanto en su comercio como en la financiación del mismo, conformando así una banca sin la que el despliegue industrial posterior no hubiera sido el mismo. La Sociedad El Sitio todavía conmemora, recuerda y testimonia ese triunfo de la libertad.»

Ese día en que triunfó la libertad fue un 2 de mayo y mi madre y yo celebramos cada aniversario cantando el himno de los «auxiliares» (que, como mis dos abuelos, eran voluntarios) que algún día les aportaré.

Guerra de economistas

17 de julio de 2009

A través de David Teira me llega un post de este blog y que merece una reflexión. Carlos Sánchez nos contaba hace dos días que «la reforma laboral desata una guerra entre economistas» a propósito de los dos manifiestos sobre el mercado de trabajo.[1]

La guerra entre los economistas está servida. Tiene algo de presuntuosa, pero es, sobre todo, ilustrativa de la trayectoria académica y profesional de quienes recientemente cruzaron sus argumentos en los medios de comunicación a cuenta de la reforma laboral.

De acuerdo con lo de la presunción; pero ello no quita para que se haga constar por parte de quien puede sus éxitos bibliométricos, ni éstos dejan de ser un argumento serio aunque sujeto a críticas: ¡no faltaba más! Pero lo que debería estar en juego, en este caso, es la pertinencia de una u otra diagnosis del mercado de trabajo y de sus posibles arreglos.

Como yo no sé nada del mercado de trabajo o lo que sé no me parece suficiente, desearía aprender algo del debate. Pero no lo conseguiré a través de este post que estoy glosando pues en lo que respecta a los argumentos se limita al siguiente párrafo:

«A un lado, los cien economistas que presentaron un primer manifiesto defendiendo la necesidad de aprobar una reforma laboral a fin de estimular el empleo y bajar las cifras de paro. En el otro, los más de 700 expertos laborales (economistas, abogados o sociólogos) que niegan que la culpa de tanto desempleo tenga que ver con la actual legislación laboral.»

Pero este es un párrafo imposible porque los 700 no parecen decir que no haya que hacer reformas estructurales y los 100 no culpan al mercado de trabajo de la crisis sino que, expresamente lo niegan. En estas condiciones no parece extraño que los 100 utilicen el argumento de autoridad por feo e inconcluyente que a mí me parezca. Y lo hacen mediante

un reciente estudio preparado por los primeros en el que se deja bien claro que el número de firmantes no tiene nada que con la calidad intelectual de las opiniones. O dicho de otra forma, a través de un exhaustivo informe han querido demostrar que la crème de la crème del mundo académico respalda la necesidad de abordar una reforma laboral.

Yo no me creo que la intención de los 100 fuera usar el argumento de autoridad en primera instancia. Se trataba más bien, si no lo entendí mal, de aportar una idea central a una reforma estructural que hay que abordar urgentemente pues los niveles de desempleo alcanzados son escandalosos y se deben a razones propias del mercado de trabajo.

Ahora bien, que los 100 son o forman parte de la crème de la crème es difícil de negar si nos apoyamos «tanto en el número de artículos publicados en revistas científicas recogidas por el Institute for Scientific Information (ISI), como en el números de citas en las mismas revistas, todas ellas de Ciencias Sociales (Social Science Citation Index, SSCI)». El post tiene una lista exhaustiva de los artículos publicados por los 100 y por los economistas de entre los 700 con el correspondiente número de citas. La diferencia es abrumadora:

entre los cien economistas que respaldan el contrato único con indemnización creciente en función de la antigüedad han publicado entre 1990 y el año 2009 nada menos que 1.003 artículos en las revistas científicas más prestigiosas del mundo, mientras que entre los 700 firmantes del manifiesto sólo llegan a 52. En el primer caso, se recogen, además, 8.201 citas sobre trabajos publicados: mientras que en el segundo tan sólo se llega a 106.

Quizá bastaría dejarlo aquí; pero eso sería caer en la pequeña trampa que hacen los que elaboran este estudio bibliométrico posterior a los manifiestos. Si yo admiro a los 100 es porque conozco personalmente a más del 75% de ellos además de conocer más o menos bien su trabajo y haberles oído razonar; pero no quiero dejarme llevar por sus credenciales bibliométricas por razones que ya apunté en el pasado y que estaban relacionadas con el posible enquistamiento en líneas de trabajo específicas sin atender a los problemas tácticos con los que nos topamos de narices.

No les admiro necesariamente por sus conocimientos sobre el mercado de trabajo español sobre el que muchos de ellos no han escrito nunca lo que, incidentalmente, tampoco quiere decir que no lo conozcan. También dije, por otro lado, que las citas o el índice h, o el w, eran importantes para destacar modelos de economista académico y, en consecuencia, contratar adecuadamente u otorgar premios que destaquen modelos a seguir (con lo que insistiremos en el seguidismo). Notemos cómo el estudio agresivo y presuntamente presuntuoso de los 100 se hace eco de este último argumento de los premios:

entre los cien economistas hay 12 premios de reconocido prestigio (tres Rey Juan Carlos de Economía, un Rey Juan Carlos de Ciencias Sociales, un Germán Bernácer, un Rey Jaime I, cinco de la Fundación Banco Herrero y un Pascual Madoz de Ciencias Sociales). Además de cinco presidentes de la Asociación Española de Economía. Por el contrario, y según sus cálculos, en el manifiesto de los 700 tan sólo hay un premio de prestigio…., pero de Medio Ambiente, el Premio Goldman que se concedió a Pedro Arrojo.

Entre paréntesis, me parece poco simpático y nada elegante deslegitimar a Pedro Arrojo porque su premio es en un campo que, parece decirse, no tiene nada que ver con el mercado de trabajo. Esto mismo se podría decir del campo cubierto con el premio Pascual Madoz así como de los campos cultivados por otros de los más citados y premiados. Sería un buen ejercicio contar los trabajos sobre el mercado de trabajo escritos y publicados por los economistas que se citan a continuación como el culmen del nivel académico (y que yo creo que son).

¿Y quiénes son los economistas españoles con mayor proyección internacional en función de los artículos publicados por revistas científicas extranjeras? Pues en primer lugar se sitúa Xavier Vives, con 44 artículos publicados y 555 citas. El más citado es, sin embargo, el economista Diego Puga (579 veces) y 22 artículos publicados, mientras que en tercer lugar se encuentra Michele Boldrin (33 artículos y 499 citas). La lista la continúan economistas como Salvador Barberá, Juan José Dolado o Samuel Bentolila. Pero en octava posición se encuentra José Manuel Campa, secretario de Estado de Economía, con 21 artículos publicados y 354 citas.

Terminaré con dos comentarios.

El primero es que nada sustituye a la lectura de lo escrito, en manifiestos o en artículos, y al ejercicio del propio juicio. Si hay que llevar a término una reforma estructural del mercado de trabajo, y hay que hacerlo cualquiera que fuere el origen de la crisis, esa reforma no puede contar solo con economistas de alto prestigio académico sino que son fundamentales los juristas y los sociólogos. Somos todos juntos los que tenemos que convencer a los agentes sociales y al gobierno de las líneas maestras a seguir.

El segundo comentario es más festivo. Se trata de El Andoni, grupo de «viejos» filósofos peripatéticos que una vez al mes se beben el Manzanares en vino, o agua con gas o cerveza «sin» en su caso, mientras comentan la actualidad académica, científica, política y cultural siempre de pie y con toda la fuerza de sus argumentos bien templados en sus respectivas especialidades. Nada se debía mover en este país sin consultar al Andoni. Pues bien, justamente casi todos los destacados en el post que ahora termino de glosar son contertulios oficiales de ese selecto club al que no se ingresa más que después de unas duras pruebas de iniciación que no todos pueden pasar con independencia de su índice h. Nosotros sí que somos presuntuosos.

La actitud del Banco de España

19 de julio de 2009

El Banco de España ha reinterpretado una de sus reglas regulatorias del sistema financiero. De ahora en adelante, las instituciones financieras, cuando uno de sus préstamos entre en mora, no tendrán que provisionar más que la diferencia entre el valor del préstamo y lo no devuelto todavía y no el 100% del préstamo. De esta manera se entiende que los beneficios pueden ser mayores y, en caso de que se trate de una sociedad anónima, los dividendos pueden incrementarse elevando a su vez la correspondiente valoración en Bolsa.

¿Cual es la razón de que el Banco de España haga ahora una interpretación así?

Pensemos primero en algunos rasgos elementales de la regulación bancaria o financiera en general, rasgos que llamaban mi atención, y la de cualquiera, ya hace años cuando se discutía la sustitución de Basilia I por Basilea II.

Parecía evidente que Basilea II, más allá de permitir que algunos bancos grandes (y sin duda «sistémicos») se auto regularan las necesidades de capital de acuerdo con sus propios modelos de cálculo del riesgo, incentivaba un comportamiento pro cíclico. Cuando los tiempos no van bien y la demanda agregada está por debajo de la capacidad productiva, un banco sensato otorgará menos créditos que en condiciones normales porque, como el riesgo es mayor, los requerimientos de capital so más altos y, o lo aumentan, lo que es muy caro, o aumentan las provisiones de forma que, en ambos casos, sostendrán un volumen menor de activos. Ganarán menos, la institución permanecerá solvente a la espera de a mejora de los tiempos y la economía no recibirá ningún empujón.

Este comportamiento pro cíclico es muy malo para luchar contra una crisis como la actual por lo que no es de extrañar que un Banco Central trate de propiciar un comportamiento menos pro cíclico. Una manera de hacerlo e justamente la que ha utilizado el Banco e España al suavizar las exigencias de provisiones. Los bancos u otras instituciones financieras podrán sostener un mayor nivel de activos, sin duda, ganarán más dinero y habrá más crédito disponible para familias y empresas, justo lo que parece necesitarse en condiciones como las actuales.

La pregunta ante este movimiento del regulador es si las instituciones financieras tienen incentivos a comportarse como desea el regulador. Si lo que quieren es quedar a buenas con este regulador y ganar más dinero, sí que seguirán las señales de humo emitidas por el Banco Central. Cuando, sin embargo, la institución financiera correspondiente se preocupa principalmente por su solvencia, como haría el mítico buen padre de familia, no está claro que desee aumentar sus riesgos aunque ello no le exija mayor capital y le indisponga con el regulador.

Ante esa duda cabe sospechar que lo que el Banco de España intenta por todos los medios es que la consolidación financiera que se perfila se haga en condiciones normales, mediante fusiones voluntarias, y no en una situación en que alguna de esas instituciones esté perdiendo dinero y no sea deseada por ninguna otra.

Ojalá mis sospechas sean infundadas.

Disipación de rentas una vez más

22 de julio de 2009

Contaba en público el otro día el mal rato que pasé presentando El Capitalismo que Viene, una especie de esperanzada elegía del capitalismo en la era del conocimiento y la globalidad, y hacerlo justo cuando la Bolsa estaba en sus mínimos en muchos años y la confianza económica por los suelos. Y, a pesar de todo, traté de explicar lo que es su verdadero fundamento y su mensaje, es decir la disipación de rentas que la competencia exaltada propia del Capitalismo que Viene trae consigo.

Por otro lado y mucho más recientemente trataba, tanto en mis columnas de Expansión de mayo (4), junio (1 y 8) y julio (6), como en un encuentro de verano en los cursos de El Escorial, de convencer de las bondades de privatizar las Cajas de ahorros como un movimiento conducente a la posible consecución de la Stakeholder Society como esa sociedad en la que se consigue tener en cuenta los intereses de todos los concernidos o afectados.

El problema con esta consecución dificultosa es que no es fácil, por razones de información y de control, hacerse cargo de esos intereses. La razón de la dificultad es que no se trata de un problema de fallo de mercado, o lo que es lo mismo, de falta de mercados, pues los concernidos a los que me refiero pasan por el mercado. Pensemos en un suministrador que ante la esperanza fundada de una relación continuada de suministro hace unas inversiones específicas que no sirven para nada una vez que la empresa cliente se ve inesperadamente obligada a cerrar o simplemente a cambiar de suministrador. Esta relación es de mercado y cabrían en principio contratos complicados en los que se tuviera en cuenta esa contingencia.

Lo interesante es caer en la cuenta de que, si un día se pudiera llevar a la práctica la forma de gobernanza social que ponga en práctica esa Stakeholder Society, entonces habrá desaparecido esa renta de la que gozaba en positivo el cliente o que sufría en negativo el suministrador.

Disipar rentas es una especie de desideratum sobre el que cabalga el mundo. Todos perseguimos rentas y eso nos hace innovar o, más en general, crear. La competencia debería hacer que esas rentas duraran muy poco y fueran disipadas en favor de otras que privilegiaran temporalmente a otro emprendedor ambicioso y, que al mismo tiempo, consiguieran que nadie se eche para atrás cuando se trata de, como otro ejemplo, adquirir habilidades especiales para ser contratado por una empresa cuya actividad puede que cese mañana.

Aunque todavía no sé cómo, creo que hay aquí una vía para no cejar en la exploración de la democracia económica.

Notas

[1] Respaldar los argumentos en base al número de firmantes (cantidad) o en base a la autoridad de los mismos en una materia (supuestamente medida por los rankings de citas) me produce una cierta pena. Tendrían que ser los argumentos esgrimidos en los manifiestos lo relevante y no elementos de algún modo colaterales, como es el número y autoridad de los firmantes.

Materiales para una tercera homilía

Crónica de una Crisis | Agosto 2009

Prólogo

Al igual que hizo en el primer aniversario de la crisis, en este segundo JU recapitula lo acontecido y la crónica que ha venido efectuando de la misma («Materiales para una tercera homilía»). Recuerda que, si bien en un primer momento hablaba de ella con un cierto distanciamiento, a estas alturas la crisis parece una compañera de viaje (la comparación es mía) que él no ha elegido pero a la que uno se ha acostumbrado y gracias a la que uno ha descubierto cosas positivas.

Después de la anterior «homilía» (como la llama JU) vino la quiebra de Lehman, que puso todo «patas abajo» y luego, los sucesivos planes estadounidenses que progresivamente fueron aliviando una situación que había llegado a tener tintes «apocalípticos»… En ese período JU escribió un documento de carácter más académico («Una visión (semi) heterodoxa de la crisis») y se planteó escribir una crónica de la crisis. Este año desde la «segunda homilía» ha tenido para la crónica de JU el interés de los «desbarres» de la prensa «especializada» y el «despertar» de los economistas, que por fin empezaron a ofrecer en público sus reflexiones sobre lo que debería hacerse.

Materiales para una tercera homilía

4 de agosto de 2009

Hace dos años escribí unas anotaciones bárbaras (la primera homilía) sobre la crisis justo en el momento del petardazo inmobiliario en los EEUU de América.

Lo hice con un cierto distanciamiento producto de mi falta de previsión de los efectos de las interconexiones bancarias y me preguntaba no solo sobre política económica, sino también sobre la estrategia a seguir como inversor en Bolsa.
Seguí escribiendo sobre la crisis en este blog y el verano pasado escribí una segunda homilía sobre aquella primera homilía. Luego Lehman nos puso a todos muy nerviosos y el inversor en mí sufrió las penas del infierno observando cómo se desvalorizaba mi cartera día a día lo que me llevó a alabar el plan Paulson aparte de detalles. Luego llegó el Plan Geithner y a partir de marzo la cosa mejoró para mí aunque no necesariamente para los parados.

En esas condiciones escribí una cosita un poco más académica de la que no pienso destacar sus encantos y no precisamente porque no los tuviera.

Ya entonces me planteé escribir una crónica de la crisis pues bastaba con leer mi blog para poder ir desgranando las avatares de esta crisis en algunos aspectos novedosa. Lo hubiera escrito si hubiera tenido un ayudante y habría salido antes que toda esta literatura que ya empieza a emerger empujada por las casas editoriales. Me consolé con el continuo incremento de las Bolsas, especialmente la española, y seguí escribiendo ya con menos intensidad dado que las medidas de la FED e incluso del BCE, tan poco dado a alegrías él, me tranquilizaban.

Y empezaron los brotes verdes y la preocupación por el déficit y la futura inflación. Y empezó la prensa especializada a desbarrar mientras se despiertan los economistas y comienzan a reflexionar sobre qué deben hacer para volver a estar sobre los acontecimientos y no ser aplastados por ellos.

O sea que ahora me tocaría tratar de escribir una nueva homilía, la tercera, allí por la virgen de agosto. Trataré de acumular materiales que sirvan para devolverme el optimismo pero no sé como va a ser posible desde mi retiro forzado y desde la necesidad de no dejarme ver. Como les contaba ayer, estoy escondido y, aunque no en un zulo, tengo que tener mucho cuidado pues sigo siendo perseguido.

Ayer, con gafas de sol y complemente descamisado, intenté hacerme con la prensa para ir acumulando materiales, esos que nunca aparecen en las versiones digitales, y me encontré con el ginecólogo que hizo posible el nacimiento de Itziar hace 23 años y con quienes parecían parte de su familia, mujer, hijo y nuera. No me reconocieron, pero me asustó reconocer que el hijo conducía un four–wheel-drive de marca Skoda.

¿Qué pecado cometió mi padre contra los intereses nazis en el 37 que ahora me persiguen? ¿Qué tendría que ver con esa marca hoy alemana? No sé cuando me atreveré a salir de este refugio, pero no va ser fácil integrar mi pensamiento para, a la vez, atender a los intereses de mis «jefes» para los que «negreo», mis intereses profesionales como economista, mis esperanzas y desvelos como inversor y mi integridad física por la que empiezo a temer.

Maniobras marineras e innovación financiera

7 de agosto de 2009

Con independencia de que el artículo que publiqué en Expansión el martes pasado aparecerá en la sección de este blog dedicada a colaboraciones en prensa para su fácil uso futuro, esta vez deseo que también aparezca como un post normal. Así que aquí va una especie de canto a la innovación financiera entendida como apuesta, un canto que igual parece una herejía.

MANIOBRAS MARINERAS E INNOVACIÓN FINANCIERA

El fin de curso fue estimulante. No solo tuve la ocasión de explayarme a gusto en El Escorial sobre la privatización de las cajas de ahorros, sino que, además, pocos días antes disfrutaba de la maravillosa vista de La Concha donostiarra aprovechando uno de los pocos descansos que nos permitieron los organizadores de otra escuela de verano esta vez sobre intrincados vericuetos intelectuales que poco tenían que ver con la crisis financiera y real excepto que su temática –la aparente ruptura de la racionalidad funcional en la observación experimental de las decisiones individuales– parece rendir tributo a la realidad observada que retaría así, con su mera presencia, la construcción intelectual propia de los economistas.

Esta vista de la Concha me transportó a un muy lejano verano en el que, gracias un amigo, traté de aprender el gobierno de un velero aunque me temo que no pasé más allá de manejar el foque con soltura y de utilizar mi propio cuerpo como parte de la embarcación, esa parte que está diseñada para equilibrarlo en bordadas complicadas.

Fue como un fogonazo que pocos días más tarde se repitió ante la lectura de una columna en VOX sobre la posible ventaja, no de pinchar burbujas, sino de hincharlas («Should we rush to further regulate financial institutions?» de Guillermo Calvo y Rudy Loo-Kung). Se trata de un trabajo un tanto retórico que comienza con el poema de Tennyson de 1850: «Tis better to have loved and lost, than never to have loved at all». Este poemita establece el tono del artículo:

«Apresurarse a imponer regulaciones más exigentes puede dañar la recuperación y el crecimiento. La evidencia empírica sostiene seriamente la opinión de que el crecimiento y desarrollo financiero van de la mano. Aunque es mucho más difícil establecer que el desarrollo financiero cause el crecimiento, pocos dudarían de que, al menos temporalmente, la desregulación financiera podría promover un crecimiento mayor.» (traducción propia)

Lo que nos interesa precisar es si, en términos de bienestar, estas ideas podría defenderse como una forma de justificar el autocontrol ante el deseo compulsivo de afinar la regulación mostrando que, en algún caso no muy extraño, esa rigidez calvinista podría ser nociva. El caso que presentan es muy sencillo pero en mi opinión debería bastar para no lanzarnos por la pendiente bienintencionada de eliminar de una vez por todas las crisis financieras. Usando un modelo sencillísimo lo calibran de acuerdo con los datos medios de las crisis financieras de los países emergentes en los años 90. El razonamiento es fácil de explicar. A partir de un momento determinado se produce una innovación financiera que hace crecer al sistema a una tasa más alta que la había seguido hasta entonces durante T períodos después de los cuales se produce una crisis financiera que hace descender el consumo durante unos cuantos períodos, los mismos que lleva volver a recuperar el consumo inicial para crecer, desde es momento, a una tasa un poco menor que la que habría seguido la economía si en el momento inicial no hubiera habido ninguna innovación financiera. Lo interesante del ejercicio es que el valor de T a partir del cual merece la pena crecer rápidamente con esa innovación que produce la descrita crisis simétrica, no es muy largo y está por debajo del tiempo que dura el proceso de crecimiento alto inducido por la desregulación en no pocos países de Latinoamérica.

Ni que decir tiene que el modelo es demasiado estilizado como para zanjar la cuestión: la utilidad no tiene por qué coincidir con el consumo, los efectos distribucionales pueden ser importantes y el ciclo puede no ser simétrico. Todas estas complicaciones debieran tenerse en cuenta; pero yo soy incapaz de ejercer mi ojo clínico para intuir las consecuencias de su introducción en el modelo. Solo soy capaz de describir la semejanza del comportamiento del sistema económico simplificado por Calvo y Loo-Kung en sus dos regímenes de funcionamiento con las maniobras marineras que aprendí en La Concha en mi juventud.

En una regata, hay un momento, ya sea a la salida ya en una ciaboga, en el que el patrón no tiene más remedio que decidir cómo quiere abordar el recorrido hasta la siguiente ciaboga. Una primera opción es ir zigzagueando con la proa haciendo un ángulo mínimo con la dirección del viento, es decir ciñendo con las velas bien tensas, los cuerpos de ambos tripulantes fuera del velero para balancear la embarcación y dando bordadas que exigen tras luchar cambiando la botavara de una amura a la otra y rebalanceando la embarcación. Esta es la opción arriesgada.

La opción conservadora es plantear el recorrido como una navegación de través largando las velas para mejor aprovechamiento del viento y evitando así los riesgos de equivocarse y volcar asociados a la alternativa anterior.

Naturalmente que la analogía que pretendo establecer toma esta segunda opción conservadora como la penalizadora de la innovación financiera y la primera como la alternativa arriesgada que permite la innovación aun a sabiendas de que la embarcación a bordo de la estamos todos puede zozobrar.[1]

A partir de aquí la analogía ya no se sostiene del todo. En el modelo de los autores citados parece como si lo antiintuitivo pero inteligente es arriesgar, mientras que en la mar la decisión del patrón no puede hacerse de una vez por todas. Depende de muchos factores propiamente marineros y siempre distintos y cambiantes como el estado del mar de fondo o la fuerza del viento así como de su dirección exacta. Son el instinto del patrón y la presteza disciplinada del proel las actitudes que convierten a una estrategia en ganadora. Dicho de otra manera, no hay reglas y es la sabiduría del regulador la que es imprescindible, junto con la disciplina de los regulados, para llevar al sistema a ganar la regata, es decir a conseguir una senda poco estable, llena de bordadas incomprensibles, pero que finalmente redunda en un mayor bienestar.

Todo esto va más allá de un ejercicio de nostalgia marinera. Lo que está en juego es el grado de conservadurismo, una cuestión llena de paradojas. Son los «conservadores» los que están –o estaban– dispuestos a desregularizar y dejar que la experiencia empresarial privada jugara el papel de experimentado patrón que se la juega ciñendo. Son los «liberales» (en sentido americano) los que paradójicamente preferirían ahora navegar al largo de una manera plácida y sin arrostrar peligros que estiman innecesarios renunciando, de paso, a cambios distribucionales que hagan circular las élites. De momento parece que estos últimos tienen las de ganar a corto plazo; pero el espíritu aventurero o deportivo no se puede frenar y un día llegará en el que las ganas de aventura y el amor al riesgo nos hará volver a navegar corrigiendo la peligrosa inclinación de la embarcación con nuestro propio cuerpo. La innovación, financiera y de todo tipo está ahí y, parece una conclusión inexcusable, adoptarla o no es una cuestión de aversión al riesgo, es una apuesta. De ahí que, más que citar al gran Tennyson, habría que recordar la letra de aquella canción de Frankie Lane que alegraba los sosos guateques de las tardes de aquellas mañanas marineras:

«you can gamble for matchsticks/ you can gamble for gold/ but if you haven´t gambled/ for love and lost/ then you haven´t gambled at all».

A.I.

11 de agosto de 2009

La inteligencia artificial (A.I.) está llamada a ser una rica fuente de enseñanzas para muchos campos, incluida la economía. Pero, de momento, y antes de que me ponga a conmemorar el segundo aniversario de la crisis, contamos con el post de David que nos dirige por unas líneas de pensamiento que nos hacen entender con claridad que la forma potencial de las redes generadas de acuerdo con la ganancia de pertenecer a una muy grande, lejos de generar una inteligencia colectiva mayor, la empobrecen. No es difícil intuir la razón: un gran nodo de todos los que piensan igual dificultaría el descubrimiento de fisuras. Esto es lo que ha pasado en la economía global estos últimos años, una generación masiva de inteligencia seguidista y acrítica. Ya hablé en una y otra ocasión de encasquillamiento y de dependencia del recorrido como problemas de la ciencia.

Segundo aniversario de la crisis

15 de agosto de 2009

Hace un año posteaba unos comentarios sobre la situación económica para conmemorar el primer aniversario de la crisis sobre la que un año antes había ya hecho unas anotaciones bárbaras. Como parte de esas anotaciones y en mi papel de inversor, me recomendaba a mí mismo invertir en BBVAs y en algún fondo de materias primas emitido en China. Hubiera sido mejor invertir en Santander; pero la decisión relativa al sector financiero no estuvo mal. Lo llamativo ha sido la evolución de los precios de las materias primas. Tengo porvenir como gurú inversor.

Teoría del valor-trabajo

16 de agosto de 2009

Por debajo de todas las llamadas de los conservadores a la responsabilidad individual y de su énfasis en la cultura del esfuerzo y el trabajo de la que tanto alardean, parecería existir algo como la famosa teoría del valor-trabajo tantas veces contradicha por los «hechos». El último: la victoria de Usain Bolt en la final de los cien metros libres del campeonato del mundo de atletismo batiendo, con una amplitud inesperada, el récord del mundo que él mismo ostentaba. No se esfuerza.

Para ganar, dice, solo necesita «ser feliz en su Jamaica». La idea de que «solo lo que cuesta vale» es puro calvinismo. Me temo que el mundo está tan bien hecho que lo que es cierto es que solo vale lo que no cuesta nada, lo que surge como por desbordamiento, como un don que se desparrama.

Sobre racionalidad, hormigas, holismo y globalización

20 de agosto de 2009

Les voy a ofrecer un texto sobre hormigas con la intención de que nos guíe en la comprensión de lo que inicié en A.I. y continué rumiando por otros vericuetos para entender de verdad el post de David al que allí se hacía referencia y en el que nos decía que una red social en la que la distribución de enlaces sobre los nodos siga una ley potencial se hace cada vez más tonta.

La moraleja del artículo de Scientific American al que me refiero es que si el cerebro humano fuera como una colonia de hormigas sería distribuido y no meramente descentralizado. Como resulta que el comportamiento de nuestro cerebro parece cometer errores que no cometen las colonias de hormigas, cabe la posibilidad de que no sea una red de neuronas distribuida y de que conserve cierto grado de centralización oculto bajo una aparente descentralización.

Si esto fuera realmente así cabrían dos corolarios interesantes. Un corolario muy especulativo nos diría que igual el individualismo metodológico es una mala estrategia investigadora en las ciencias sociales que debiera ser sustituido por un holismo inteligente que toma el grupo (¿cuál?) como el elemento primitivo a examinar. Un segundo corolario, más político, se impondría inmediatamente: el fortalecimiento de instituciones políticas globales puede no ser una buena idea.

Pueden cometer errores que no se cometerían si las decisiones se tomaran por un grupo de instituciones en el que cada una se relaciona con cada una. Sin intermediarios.

Y ahora disfruten de este trabajo.

Notas

[1] JU apuesta por la innovación y por no constreñir demasiado al regulador (hace falta elegir a reguladores sabios).

La Filosofía de la Economía

Crónica de una Crisis | Septiembre 2009

Prólogo

En su artículo de Expansión del mes «pone deberes» a los teóricos de la economía para el curso 2009-2010, pero obviamente constituye un programa de trabajo –como dirían los argentinos– «de larga data». En esencia y, a la vista de los daños infligidos por la crisis económica, llama a poner en un primer plano los aspectos metodológicos de la Economía: la Filosofía de la Economía (que constituye un aspecto nuclear de la Fundación Urrutia Elejalde), la Epistemología… En efecto, JU pone de manifiesto en su artículo y en su post sobre «La Piedra Rosetta de la Economía» cómo la crisis ha dejado en evidencia los desarrollos más inteligentes y bellos de lo que llamábamos –hasta ahora– ciencia económica. Entre estos menciona los modelos de la economía financiera que se basan en la Hipótesis de los Mercados Eficientes y los modelos dinámicos estocásticos de equilibrio general competitivo basados en la Hipótesis de las Expectativas Racionales. En un registro distinto, pero que entronca con la crisis de legitimidad en que la crisis ha puesto a numerosas instituciones y paradigmas de pensamiento, JU («Incongruencia herética») pone de manifiesto cómo también ha quedado cuestionada (más aún de lo que ya estaba) la autoridad de los grandes think tanks institucionalizados y multilaterales de pensamiento y policymaking.

Otro aspecto a destacar en este prólogo es la reflexión («Bonus») que JU lleva a cabo sobre las retribuciones variables de los ejecutivos de banca. Señala que habrán de ser los accionistas los que deberán fijar esas retribuciones en última instancia. Pero reconoce que «esta respuesta está vacía de contenido, puesto que el Presidente de un gran banco tiene una mayoría de votos delegados de los grandes accionistas, posiblemente otras grandes compañías cuyos Presidentes enfrentan el mismo problema. En esas condiciones el activismo accionarial es muy poco probable que sea algo más que pura palabrería».

Ante este problema práctico no se arredra sino que propone «una solución posible: la recomendación de cambiar en todos los países pertenecientes a ese G20 (la discusión sobre el bonus es en el contexto de una reunión del ese grupo), o todavía mejor al FMI, la legislación de sociedades anónimas para que la gobernanza de cualquier empresa de más de XXXX millones de euros de facturación haya de tener un Consejo Dual y, especialmente, un Consejo de Vigilancia donde están representados los stakeholders».

Por un lado, esta medida acercaría la llegada de la denominada Stakeholder Society, que le es tan querida a JU; y, por otro lado, solucionaría esta cuestión de la remuneración variable de los altos ejecutivos, poniéndola en manos de ese Consejo de Vigilancia.

La Piedra Rosetta de la Economía

8 de septiembre de 2009

En el último artículo para Expansión comentaba el primer martes de este mes de septiembre que la crisis no solo ha puesto en dificultades al funcionamiento de las economías más sólidas sino que también ha puesto en evidencia los desarrollos más inteligentes y bellos de lo que llamábamos hasta ahora ciencia económica.[1]

Entre estos mencionaba los modelos de la economía financiera que se basan en la la Hipótesis de los Mercados Eficientes y los modelos dinámicos estocásticos de equilibrio general competitivo basados en la Hipótesis de las Expectativas Racionales. Terminaba mi comentario solicitando que volviéramos al estudio de la Metodología (o Filosofía Económica) puesto que lo que está en juego es la verdad. Hoy creo que tengo una forma distinta de explicar esta solicitud, esta vez basada en la apasionante historia de Rosetta Stone.

Esta estela trilingüe hizo posible el comienzo de la descodificación de los jeroglíficos egipcios a partir de la comprensión de esa escritura mediante el cotejo de lo que decía la Piedra Rosetta tanto en griego como en copto sabiendo (y este conocimiento cierto es crucial) que éstos textos decían lo mismo que lo que estaba escrito en griego, idioma que podíamos leer.

Si supiéramos descifrar la Piedra Rosetta de la Economía sabríamos en qué medida todos los desarrollos recientes son pura invención poética o constituyen una buena traducción de lo que sabemos o creemos que sabemos «leer».

La crisis nos ha hecho dudar sobre cuestiones y modelos muy variados, recientes y aparentemente brillantes que nos acercaban a la ingeniería económica y/o financiera. Me refiero a problemas de implementación, de mecanismos, de incentivos, de asimetría de la información, de derechos de propiedad y su relación con la apropiación total del producto social, así como de todo lo que esto implica en términos de apropiación del total de las rentas permanentes (como la de la tierra digamos) y la eliminación total de rentas temporales (es decir las cuasi rentas marshallianas).

La cuestión es si todos esos desarrollos mencionados son una «traducción» correcta de los textos que creemos entender. Necesitamos saber si sabemos traducirlos y si el original escribe la verdad y ésta ha sido realmente comprendida.
Dos aspectos obviamente relacionados.

El original al que me refiero es el modelo de equilibrio general competitivo que constituye, sin duda, el texto de la Piedra Rosetta que creemos entender mejor aunque parecería como si ya no formara parte del quehacer diario de los economistas teóricos quienes creen haber entendido sus más recónditas implicaciones y, por lo tanto, continúan utilizándolo como garante de la comprensión de la «traducción» de cualquier otra inscripción.

Si este programa de trabajo llegara a su culminación podríamos decir que hemos alcanzado la verdad en sentido de coherencia entre proposiciones consideradas como verdaderas. Habríamos conseguido una especie de unificación, algo tan perseguido, por ejemplo, en la física teórica. Pero, a diferencia de lo que ocurre en ésta, no habríamos avanzado demasiado en la persecución de la verdad como correspondencia con el «estado de las cosas», justamente porque no sabemos como son esas «cosas». No sabemos si lo que entendemos de la Piedra Rosetta es verdad o solo un bello cuento que ha ganado suficiente reputación.

En otras palabras, en Economía no podemos estar seguros de que la culminación de un edificio conceptual bello, consistente y fértil sea una garantía para el buen hacer de la ingeniería económica. En mi opinión ni siquiera debiéramos aferrarnos a ese edificio como garantía de conocimiento o como garantía de la calidad de la senda investigadora.

Un ejemplo de lo que digo y, más específicamente, de los consecuentes fallos que podemos cometer en política económica (nuestra ingeniería) está justamente en el gran edificio de la economía financiera en el que parecería que teníamos una base firme para entender cómo se forman los precios de los activos y cómo la agregación de la información codificada en esos precios es la correcta de manera que no hay necesidad de buscar más información. Y sin embargo, como decía Krugman hace unos días, los economistas de finanzas no se preguntaban si los precios observados eran los correctos dados los «fundamentales» de la economía, sino que «they asked only whether asset prices made sense given other asset prices». Es esta verdadera burbuja especulativa (en un sentido de no peor pedigrí que el que ostenta el uso principal de esa expresión) la que no me permite ser un verdadero «creyente».

Nunca dejaré de tener la sensación de que en Economía no hay manera de saber con seguridad algo sobre la verdad de lo que hablamos de la misma forma de que no hay seguridad de que un puzzle tenga solo una única solución.[2]

El Programa del Curso

10 de septiembre de 2009

– Publicado en Expansión –

Hace un año escribía en mi blog unos comentarios sobre la situación económica para conmemorar el primer aniversario de la crisis sobre la que, desde un año antes y muy asiduamente, estuve posteando. Aunque mi actitud ha sido durante estos dos años claramente menos pesimista que la que se nos presentaba por parte de la mayoría de los «expertos» en los periódicos especializados, lo cierto es que los 12 meses siguientes han sido bastante angustiosos.

Dejar caer a Lehman a principios de octubre fue un error que generó un pánico que, a su vez, trajo consigo una caída de los mercados de valores, que tocaron su mínimo en principios de marzo, y desencadenó las quiebras y los despidos que hemos observado en prácticamente todos los sectores de la economía real. Lo interesante es que, desde ese momento y coincidiendo con las primeras acciones de la administración Obama, los Bancos Centrales y los Ministerios de Hacienda en todos los países, incluidos los emergentes, no solo se pusieron de acuerdo sobre la naturaleza de la crisis, sino que adoptaron medidas monetarias y fiscales realmente inusitadas que, crucemos los dedos, parece que están dando algún resultado a la vista de los datos más recientes sobre el crecimiento del PIB del segundo trimestre de este año en no pocas economías tanto europeas como del Lejano Oriente.
Nos encontramos pues a principios de un nuevo curso con expectativas optimistas y preguntándonos sobre cómo progresar hacia la normalidad sin caer en la inflación (a la que nos empujaría el quantitative easing de los principales Bancos Centrales) a medida que vamos reduciendo el déficit fiscal (en el que hemos tenido que incurrir para alimentar la demanda agregada) sin desatender el reequilibrio de las transacciones comerciales entre países. Estos problemas, sin embargo, son relativamente fáciles, puesto que solo exigen finura de gestión y no un desarrollo intelectual novedoso y, desde luego, no son los únicos que deberían conformar el programa de este curso académico en el que entramos.

En este curso académico el énfasis del programa debe recaer sobre el estado de la economía y sobre la situación de la «ciencia económica». Ya han comenzado las preocupaciones por el estado general de la economía y por cómo recuperar la senda de crecimiento potencial o, más ambiciosamente, cómo aumentarlo mediante el cambio en el modelo productivo del país de que se trate y en la especialización internacional de un mundo globalizado gracias a la capacidad de creación liberada por la destrucción de estructuras ya desfasadas entre las que se encuentra, desde luego, el anquilosado mercado de trabajo responsable del paro agobiante que sufrimos.[3]

Pero en lo que se refiere al pensamiento económico en materia de economía financiera o macroeconomía, dos ramas que ya estaban muy entrelazadas, la reflexión no ha hecho más que comenzar (véase The Economist, julio 18-24).
Aquí hay dos vías de trabajo que hay que recorrer simultáneamente. Por un lado los modelos del sistema financiero basados en la HME (Hipótesis de los Mercados Eficientes) y, por otro lado, los modelos macrodinámicos y estocásticos de equilibrio general que hacen un uso extensivo de la HER (Hipótesis de las Expectativas Racionales). Ambas hipótesis están siendo puestas en entredicho a la luz del fracaso tanto del funcionamiento de los mercados financieros como de la incapacidad de los macroeconomistas de predecir la crisis y de diagnosticarla correctamente a tiempo.

En cuanto a la HME, tenemos el reciente intercambio de opiniones alrededor del artículo de Lucas en The Economist, pero seguimos sin saber por qué se gastan montones de recursos en la búsqueda de información cuando ésta debería estar revelada por lo propios precios de los activos en presencia de la HME. Y en cuanto a la macro y la HER, disponemos del artículo de Kirman et al. en el que se procede a criticar el uso, en los modelos más respetados, del agente representativo único cuando esta práctica, no solo no tiene en cuenta los sesgos de la agregación realizada como si los agentes no fueran heterogéneos, sino que además se le modela como si su racionalidad fuera la funcional sin tener en cuenta todos los sesgos psicológicos descubiertos en los experimentos que han dado lugar a la muy viva Behavioral Economics.

Un aspecto interesante de la labor intelectual de este curso que comienza es que ambas líneas de trabajo ponen en juego la idea de VERDAD. Tanto la Economía Financiera como la Macroeconomía, usan la noción de VERDAD no en su sentido relacional (o de correspondencia entre lo que afirman y el «estado de las cosas»), sino que la usan en un sentido mucho más relativista, menos anclado en la correspondencia y más en la simple coherencia entre las nuevas ideas y las ya admitidas como verdaderas en algún sentido.

Mi opinión metodológica es que en los últimos treinta años la Teoría Económica en general se ha dejado llevar por una noción de VERDAD más bien relativista.[4]

Se hace, en efecto, un uso categorial de dicha noción al proceder como si cada comunidad tuviese un criterio para discernir entre proposiciones verdaderas o falsas. La comunidad de economistas tienen su propio tipo de discurso que es tomado como verdadero más acá de cualquier criterio de correspondencia con una «realidad» externa. Así resulta que se toma como cierto de la racionalidad de un grupo lo que siempre se ha entendido como racionalidad individual sin prestar atención a las dificultades de la agregación de agentes heterogéneos.

Pero eso no es todo. Además hemos estado haciendo un uso constructivista de la noción de VERDAD entendiéndola como algo construido por el poder entendiendo por tal el hecho de que las proposiciones candidatas a ser parte de ese discurso comunitario que se toma como cierto son el resultado de las variadas maneras en que esos agentes, que hay que reconocer como heterogéneos, cruzan sus espadas en el trabajo diario. De forma que, si esos discursos permanecen, nos vemos obligados a tomarlos como la garantía de la verdad.
Esto explica la permanencia de no pocas ideas que parecerían haber sido mostradas como manifiestamente contradictorias con el «estado de las cosas».

No creo que quepa ninguna duda de que tanto la HME como la HER caen en esta categoría. Y en esas condiciones solo nos queda una esperanza para salirnos del recorrido seguido y desencasquillar nuestro pensamiento. Esta esperanza no consiste en volver a un criterio moderno de VERDAD relacional o de correspondencia, sino en atender a un tercer uso de la VERDAD desde la postura posmoderna ya establecida. Este tercer uso de la VERDAD surge, según Foucault, en aquellas ocasiones en las que el «estado de las cosas» nos abofetea con la evidencia de su existencia. Es el uso implícito en ese grito que lanzamos cuando nos caemos de un guindo: «¡claro, es verdad!». Esto es exactamente lo que ha ocurrido con esta crisis económica que ahora parece que se va a disipar.[5]

Aunque se disipe, aunque encontremos la forma de recupera la senda del crecimiento, aunque procedamos a las mejoras estructurales que sabemos que necesitamos, aunque los mercados financieros se regulen y se supervisen mejor, aunque afilemos nuestras ideas y nuestras práctica en materia institucional en todos los ámbitos, e incluso aunque haya una reacción generalizada en términos de solidaridad o de condena de las disparidades salariales y se reconozca la perversidad de los incentivos que proporcionan ciertas prácticas contables, si lo que queremos realmente es retrasar el próximo susto recesivo deberíamos tomarnos en serio la noción específica de VERDAD que utilizamos.

El programa de este curso no va a tener más remedio que reintroducir en la enseñanza de la Economía la Metodología o Metaeconomía o Filosofía de la Economía o Epistemología o como queramos llamarle.

Incongruencia herética

10 de septiembre de 2009

Enuncio una duda en forma de herejía. La herejía consiste en creer ver una cierta incongruencia diaria que ahora paso a describir. Los organismos internacionales como el FMI, la OCDE o la misma UE enmarañan el panorama de la salida de la crisis con sus estudios y publicaciones sobre la situación de cada economía y sus perspectivas. No tengo nada contra sus elaboraciones; pero me atrevo a escribir que me resulta extraño que nos las creamos, sean favorables o desfavorables a nuestro país, cuando están basadas en modelos similares a los empleados por bancos centrales o laboratorios de investigación y que, basados en las hipótesis de las expectativas racionales y de los mercados eficientes, han mostrado su incapacidad para otear la entrada en esta crisis sobre cuyo final elucubran ahora.[6]

El debate sobre estrategias de salida

13 de septiembre de 2009

El último pleno del Congreso se dedicó al acostumbrado rifirrafe entre gobierno y oposición en relación a la subida de impuestos, a la posibilidad de llegar a acuerdos y a las posibles alianzas para la aprobación futura de los Presupuestos Generales del Estado. Directa o indirectamente estaban hablando de estrategias de salida dando por supuesto que la crisis está ya más menos disciplinada. No se discute por lo tanto cómo superar la crisis pues ya se admitió que, como todo el mundo, saldríamos aumentando el gasto público y quizá bajando los impuestos (por ejemplo el IVA).[7]

Lo que se discute ahora es cómo no volver a reabrir la crisis, cosa que podría ocurrir si el aumento de deuda pública hace difícil su financiación por terceros, o por el sector financiero o por una estrategia cínicamente inflacionaria.

Es descorazonador escuchar cómo las pocas cosas discutibles pero aceptadas de momento pasan desapercibidas en la lucha partidista. Sabemos que poco a poco, y cuidando de no recaer en una falta de demanda efectiva, tenemos que ir reduciendo el gasto público y quizá subiendo los impuestos para reducir la acumulación de deuda que conllevaría las soluciones indeseables ya indicadas.

Si aumentar o no un poco los impuestos es prácticamente irrelevante en cuanto a la estabilización macroeconómica se refiere –que lo es–, lo más lógico es pensar en términos simétricos a los utilizados para llevar a cabo el freno a la caída de la demanda agregada. Francia por ejemplo debería frenar el gasto y subir los impuestos. Nosotros deberíamos frenar también el gasto y dejar los impuestos como están.

Si los vamos a subir o no, me parece irrelevante a efectos estabilizadores con independencia de las cifras. La forma en que lo hagamos, sin embargo, no es irrelevante bien para la financiación de bienes públicos (incluidos los gastos sociales) bien para mejorar la equidad aprovechando la coyuntura para ganarse votos de la izquierda.

Lo relevante ahora es realmente cómo financiar la deuda, y aquí me atrevo a ser un pelín contundente. Tanto más fácil será esa financiación cuanto más sólido sea el sector financiero porque cuanto más lo sea más fácil le será financiar directamente la deuda pública o distribuirla entre sus clientes posiblemente institucionales y extranjeros.

Así que España debiera ser de los países menos preocupados por la posible crisis futura generada por el exceso de endeudamiento justamente por la solidez de su sistema financiero y por las posibilidades de consolidarlo.

Pero de esto no se habla, sino es para criticar a los banqueros como en la época de los chistes del llorado Chumi Chumez.

Nadaesgratis.es

17 de septiembre de 2009

Ayer al atardecer se presentó en los locales de FEDEA un blog de economía llamado a ser una referencia. Se trata de nadaesgratis.es. Los redactores, algunos presentes en el acto, y los colaboradores, son gente de la que todos podemos aprender mucho.

Además, es un blog abierto en el que espero participe gente con capacidad de explicar lo que pasa en un ambiente político como el actual en el que es difícil diferenciar la mera exageración subjetiva de la propaganda y ambas de la simple crónica trata este blog, en efecto, de ordenar el debate, una manera educada de decir que hoy no hay debate, y pretende abrirlo a quien tenga algo que decir.

Quizá fuera por el cava y los canapés (exquisitos por cierto); pero lo cierto es que me lo pasé muy bien en esa presentación que anuncia el cambio de temporada y de clima y en la que tuve ocasión de charlar con personas que no había visto hace tiempo y que me alegró reencontrar.

Espero que quienes están detrás de la iniciativa tengan la energía necesaria para mantener vivo este blog y que éste repercuta en el éxito de FEDEA pues ese deseo de amparar a quienes desean y se atreven a salir al frío del exterior de la torre de marfil merece una recompensa.

Solo me permito una recomendación: eliminar en la medida de lo posible la seriedad de la academia y permitirse un toque de alegría surrealista y enormes dosis de sentido del humor.

Aunque no venga a cuento, aprovecho la ocasión para anunciar que yo seguiré con este blog porque es para mí como una agenda de ideas sobre las que volver algún día y porque espero que sea inclasificable.

Agresividad inofensiva

22 de septiembre de 2009

Voy a tratar de comentar los artículos de Hermann Tertsch y de David Levine como ejemplos de agresividad, improductiva en el primero y productiva en el segundo.

Son dos artículos muy diferentes por temática e intención; pero los dos utilizan una especie de agresividad que yo calificaría de inofensiva aunque sea insultante.

El artículo del columnista del ABC pretende, en efecto, dejar mal al anterior Lehendakari, Juan José Ibarretxe, con la intención de poner en mal lugar al nacionalismo vasco. Su última intención supongo es dejar bien al PSE que hoy gobierna en solitario con la ayuda parlamentaria del PP del País Vasco. Pero no basta con enumerar las ventajas de esa solución, hay que hacer guasa de una persona de la que se dice que se va a Puerto Rico a enseñar gracias a que sabe castellano porque si supiera solo euskara tendría que ir a repartir cocos en las playas. Este tipo de desaire tan español[8] es totalmente inofensivo; pero aun así habría que recordar que una de dos, o le dejamos que continúe con su famoso plan (que no era tan estúpido como para renunciar al castellano) a su propio riesgo o, si no, no podemos afearle que hable dos de los idiomas oficiales del Estado al que pertenece y se aproveche de ello. Esta agresividad no solo es inofensiva sino que, además, no facilita ningún tipo de comprensión mutua. Es improductiva.

La agresividad de David Levine respondiendo al artículo de Krugman (en el que éste se preguntaba por qué los economistas lo han hecho tan mal) utiliza un lenguaje realmente agresivo, aunque no desconocido en el mundo académico, para devolverle la crítica a Krugman y decirle que, gracias a los modelos despreciados por él, sabemos que no podemos predecir las crisis que no es poca cosa. Tabarrok le hace unos comentarios interesantes; pero la inofensividad de la airada carta abierta de Levine la muestra como nadie un comentario a dicha carta, o al post de Tabarrok, en el que se dice algo así como que la «revelación tiene que ser correcta porque ya San Pablo dice en la epístola a los corintios…».

Este tipo de agresividad a lo Levine no solo es inofensiva, sino productiva tal como reconocerán si se toman la molestia de leer los comentarios y las contestaciones de David. Háganlo. Les dará que pensar.

Bonus

23 de septiembre de 2009

Dentro de algunas pocas horas el G20 se va reunir en Pittsburgh (ciudad hermana de Bilbao) para tratar una batería de temas relacionados con las estrategias de salida de la crisis. Entre estos temas, uno que a mí me parece menor; pero que seguramente acaparará portadas, es el de los sueldos variables y extraordinarios de los ejecutivos de la banca (los famosos bonus). Pueden ser todo lo escandalosos que se quiera, pero esos bonus plantean una cuestión de remuneraciones que se sabe cómo tratar o, al menos, se cuenta con alguna idea al respecto.[9]

Sin embargo, es de temer que el G20 se haga eco del escándalo social y trate el asunto sin la debida cautela y simplemente trate de poner un tope a esas remuneraciones bajo el liderato de Sarkozy secundado por los europeos y torciendo el brazo de la administración estadounidense.

Es normal que, bajo el síndrome de la crisis, seamos muy sensibles a la opinión pública y nos olvidamos de algunas cosas que, sin embargo, convendría recordar.

No me refiero a cuestiones de sostenibilidad y pobreza que, de una u otra forma, sí que se tocarán, si no en esta reunión, en reuniones similares, sino a ideas de mercado de trabajo o de gobernanza.

La primera de estas ideas es que los sueldos de los que hablamos pueden ser salarios de eficiencia, es decir salarios que están por encima de la productividad marginal del que los desempeña para retener a ese ejecutivo que no queremos que se vaya a la competencia. Cuánto más por encima de la productividad marginal depende del coste de oportunidad del ejecutivo de que se trate, coste éste que a su vez depende de las ganancias que se esperaría realizar con su concurso.

Ahora bien, con las dificultades creadas por la crisis no parece que ese extra vaya a ser demasiado grande. Así que por ahí no haría falta ningún tipo de acuerdo específico al respecto en una reunión del G20.

La segunda y más si importante reflexión es la de quién fija esas retribuciones variables. Nadie se extrañará de que la primera respuesta que viene a la cabeza de cualquiera es que son, naturalmente, los accionistas los que deberán fijar esas retribuciones en última instancia. Pero esta respuesta está vacía de contenido puesto que el Presidente de un gran banco tiene una mayoría de votos delegados de los grandes accionistas, posiblemente otras grandes compañías cuyo Presidente enfrenta el mismo problema. En esas condiciones el activismo accionarial es muy poco probable que sea algo más que pura palabrería.

Sin embargo, se me ocurre que hay una solución posible: la recomendación de cambiar en todos los países pertenecientes a ese G20, o todavía mejor al FMI, la legislación de sociedades anónimas para que la gobernanza de cualquier empresa de más de XXXX millones de euros de facturación tenga que tener un Consejo Dual y, especialmente, un Consejo de Vigilancia donde están representados los stakeholders.

Por un lado, esta medida nos acercaría a la llamada Stakeholder Society, que es interesante en sí misma y, por otro lado, solucionaría esta cuestión de la remuneración variable de los altos ejecutivos poniéndola en manos de ese Consejo de Vigilancia.

Se me ocurre que una nueva institución formada por todos los Presidentes de dicho consejo en instituciones financieras de la entidad mencionada podría establecer un contrato único a utilizar por todas esas instituciones financieras que podemos llamar sistémicas por su incidencia potencial en el desencadenamiento de un crisis como esta de la que no acabamos de salir. De esta forma tendríamos la oportunidad de establecer un buen contrato tipo compatible con los salarios extras de eficiencia y que, al mismo tiempo, no incurra en azar moral y sea público y aceptado por los accionistas.

La trahison des clercs

24 de septiembre de 2009

Pedro Schwartz se ceba con Solbes aprovechando su interpretación del famoso libro de Julien Benda que da título a este post. Los intelectuales públicos son unos vendidos al poder y los funcionarios deben fidelidad a ese poder. Traduzcamos como traduzcamos clercs, lo que tenga que decir Benda no aplica a Solbes. Este no es un intelectual público. Es ciertamente un Economista del Estado, antiguo Técnico Comercial; pero ese toque de alto funcionario ya no se puede detectar en alguien que ha sido Comisario europeo y ministro del Gobierno de España. ¿Por qué no criticarle directamente por sus errores? O ¿es que no los tiene? Si los ha cometido en la gestión de la crisis, no quedan claros en el artículo de Pedro.

Metafísica, Macroeconomía y Teología[10]

29 de septiembre de 2009

Dice Carlos Thiebaut que Adorno decía que «la filosofía, que antaño pareció superada, sigue viva porque se dejó pasar el momento de su realización». Así está escrito en la página 6/7 de su lección inaugural de la apertura de curso a la que me refería el otro día. Y Juan Romo me lo resumió, con la precisión de un matemático, como: «fracasar para perdurar».

Comenzó Carlos su disertación saliéndose brevemente del texto escrito y contándonos, como de tapadillo, que, si no hubiera sido por el temor a sus colegas economistas, le hubiera gustado titularla, no como aparece (¿Por qué, de nuevo, metafísica?), sino de una forma más expresiva como: ¡Es la metafísica estúpido!, remedando así el aviso, referido a la economía, que un político avispado dio a la Presidencia de los EEUU de América. Con el descaro que permiten dos copitas de vino me acerqué a Carlos en el cocktail para felicitarle y para afearle que no hubiera seguido su impulso pues, si bien no estoy seguro de que, en efecto, se trate de la metafísica, sí creía estar seguro, en mi alegre embriaguez, de que los economistas a los que hubiera ido dirigida la admonición, son unos estúpidos filosóficos.

Ya sobrio me gustaría aprovecharme del texto de Carlos para tratar de explicar por qué los economistas no son estúpidos aunque sí podrían hacer uso de la metafísica para aclararse un poco en ese debate macroeconómico que se va enconando desde el beligerante artículo largo de Krugman en el Magazine del NYT acusando a los economistas, o a cierto tipo de economistas, de haberlo entendido todo mal.

Y aquí entra la Metafísica. Ante la «lucidez desengañada» sobre las posibilidades de la Razón en el desentrañamiento de la verdad, y tal como diría Stanley Cavell, caben dos formas de ejercer el escepticismo, la tragedia y la comedia:

….«en esas dos modalidades, la trágica y la cómica se produce una antítesis entre un sujeto transparente que, engañándose, colisiona con el mundo, en la tragedia, y un sujeto opaco o, si quieren, solo traslúcido que, en la comedia, prosigue el juego de la conciencia, aprende y acaba por reconocer el sentido del juego»

Juego que consiste precisamente en que el sujeto opaco

«encuentra su identidad, se sabe sujeto, solo por medio de esa interacción con el mundo y con los otros; no se antepone, como condición, al mundo, sino que se hace con él».

Hay un paralelismo que da hasta miedo entre estas dos formas de entender la metafísica y las dos formas de comprender lo que pretende la macroeconomía y el juego que se trae entre manos.

Una vez que el apocalipsis parece ya alejado, ha florecido el debate entre los economistas con la excusa de discutir por qué no han sido capaces de predecir el desastre a tiempo. Usando la terminología de Krugman diríamos que los de agua dulce y los de agua salada representan dos extremos significativos en la actitud a tomar frente al quehacer teórico-económico.

Los economistas de agua dulce pretenden encontrar el modelo definitivo del funcionamiento en el tiempo de un sistema económico basándose sin concesiones en la noción de equilibrio y en la racionalidad individual que por caminos difíciles de transitar, pero sin duda meritorios, se traduce en la HER (Hipótesis de la Expectativas Racionales) y la HME (Hipótesis de los Mercados Eficientes). Lo importante, para estos economistas, es que con esos ingredientes seamos capaces de encontrar el modelo que, convenientemente calibrado, sea nuestra definitiva manera de entender el funcionamiento en el tiempo de un sistema económico.

Los economistas de agua salada por el otro lado solo pretenderían ir tirando en la comprensión de los detalles del sistema sin pretensiones de unificación y admitiendo la imperfecta flexibilidad de los precios y el correspondiente desequilibrio más o menos temporal. Estas ideas pueden ser incorporadas a un modelo dinámico y jugar el juego de la competencia con los modelos de los otros economistas, a efectos de predicción, una vez calibrados.

Baste con esta explicación tan somera para pasar ahora a utilizar las ideas de Thiebaut sobre metafísica en la esperanza que nos ayuden a entender la batalla dialéctica entre los neo-neoclásicos y los neokeynesianos.

Veamos. Si, como nos explica Carlos, metafísico quiere decir transparente y claro, esas cualidades (que desearíamos para nuestras ciencias) desembocan en tragedia porque quien así se define y siente pretende haber encontrado el definitivo sentido del mundo al haberlo entroncado en la quimera del sujeto transparente. Si metafísico quiere decir por el contrario aproximado y opaco, posiblemente desorientado, esta metafísica no acabará en tragedia sino en una comedia que no queda cerrada sino para siempre abierta a nuevas preguntas y a nuevas respuestas que mantendrán el afán por la búsqueda siempre vivo aun sabiendo que nunca alcanzará su meta y que las respuestas de hoy difícilmente pertenecerán a ninguna verdad definitiva.

Es una pulsión de muerte la que lleva a la aspiración por la solución definitiva mientras que es la pulsión por vivir la que se contenta con una solución para ir tirando y seguir aprendiendo.

«La filosofía, la metafísica, seguía vigente, pensaba la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, porque había fracasado en sus promesas mesiánicas, porque la herencia de la Ilustración se había mostrado por doquier generadora de infiernos»

Pensemos, en efecto, en el Holocausto, el Gulag o Hiroshima:

…«si la filosofía engendró tales ensueños, será rea de sus fracasos. Que ella haya de permanecer parece, más bien, la condena a que siga, lúcida pero desgarrada mente, atrapada en sus pesadillas.»

La tragedia de los economista de agua dulce se debe a que son transparentes y de una ambición tal que les garantiza el fracaso y, por lo tanto, la perduración. La comedia de los economistas de agua salada consiste en que son opacos para poder adaptarse a las inesperadas y alegres situaciones que la ironía de la vida les plantea.

¿Perduraran estos? En principio es la tragedia la que perdura porque no puede no fracasar mientras que en la comedia o en las medidas ad-hoc de los pragmáticos pueden tener éxito y su teoría siempre puede parchearse con un poco de picaresca teórica. Siempre consigue su realización, es decir, llevar a la práctica sus arreglos y por lo tanto no tiene ninguna posibilidad de perdurar en una figura fija.

Pues bien, mi posición respecto al debate macroeconómico se parece a la de Thiebaut en relación a la metafísica. Me gusta lo tortuoso de la serísima búsqueda de la verdad a través de la fe en la transparencia y la posibilidad de clarificación, es un impulso irrefrenable; pero la ironía y el gusto por la comedia me parecen dos ingredientes fundamentales para seguir viviendo y para ser testigo de la perduración del fracaso.

«Que esa metafísica interrogativa e irónica no sea, no obstante, un conjunto de banales chascarrillos o que retenga algo de afán del conocimiento tal vez requiera que reserve lo que el afán de la certeza trágica marró en ubicarla absoluta seriedad en la búsqueda de la precisa lucidez de los conceptos y de las palabras con las que vamos nombrando lo que somos y lo que aprendemos. Esa lucidez es frágil y, con frecuencia, momentánea pero no por ello menos exigente.»

Para terminar con esta manera rara de acercarme al debate macro déjenme soltarme de la mano de Carlos Thiebaut y poner la guinda de la Revelación, es decir de la Teología.

Los economistas de agua dulce, además de unos metafísicos trágicos, serían los seguidores del Antiguo Testamento y, como los judíos ortodoxos, estarían a la espera del mesías, ultimo garante de la verdad, sin satisfacerse con imposturas orquestadas por ignorantes que se creerían, en base al Nuevo Testamento, que la redención ya ha tenido lugar y que con ella somos autosuficientes para ir construyendo, no reconociendo, el mundo tal como es, es decir tal como lo hemos construido nosotros.

Lo que para unos (conservadores) es el mesías para los otros (progresistas) sería ese anticristo completamente incapaz de solventar de una vez por todas nuestras dudas; pero suficiente para con su amenaza estemos siempre preparados a exorcizar cualquier falso profeta.

Termino, repitiendo esto mismo con distintas palabras. El Viejo Testamento espera siempre la venida del Mesías y, como la Filosofía según Adorno, siempre está vivo porque no ha podido realizarse. El Nuevo Testamento se ha encarnado y ha construido su propia realización llena de contradicciones pero que funciona. El ansia de la muerte contra la ironía de la vida. Para que esta última perdure se han inventado el toque genial del anticristo, último obstáculo ante la realización definitiva.

Notas

[1] Post fundamental a mi parecer, viniendo de quien viene. La crisis no ha puesto sólo en dificultades a las economías sino también a la Ciencia Económica y, en concreto, a una parte de ella (la Economía Financiera) sobre la que parecía que nos movíamos en territorio más firme. En particular los modelos basados en la hipótesis de los mercados eficientes y los modelos dinámicos estocásticos de equilibrio general competitivo basados en la Hipótesis de las Expectativas Racionales. He aquí, quizá, una razón para el silencio de los economistas: su perplejidad al comprobar la fragilidad de su bello armazón teórico.

[2] El aspecto que menciona Juan de «tener la sensación de que en Economía no hay manera de saber con seguridad algo sobre la verdad de lo que hablamos» es a mi juicio por un lado inquietante y por otro bello. Creo que él probablemente estará de acuerdo con esta ambivalencia.

[3] Creo que es objetivamente relevante que JU ponga su atención en el programa de trabajo para los teóricos de la ciencia económica, a la vista de los daños infligidos por la crisis económica presente. Elementos de gran belleza formal como los modelos del sistema financiero basados en la hipótesis de los mercados eficientes y los modelos macrodinámicos y estocásticos de equilibrio general que hacen uso extensivo de la hipótesis de las expectativas racionales, han quedado seriamente «tocados», a la luz de las deficiencias de funcionamiento de los mercados financieros y de la incapacidad de los macroeconomistas de predecir la crisis y diagnosticarla a tiempo.

[4] Además, la defensa de la VERDAD (con mayúsculas) que efectúa JU no puede dejar de resultar emocionante, en un momento en que los sofistas y relativistas de toda laya parecen campar a sus anchas.

[5] En consecuencia, la llamada a poner en un primer plano los aspectos metodológicos de la Economía, la Filosofía de la Economía (que constituye un aspecto nuclear de la FUE), la Epistemología… parece una consecuencia ineludible…pero que sólo el tiempo nos dirá si los que actualmente son los gurús de la teoría económica estarán dispuestos a recoger el guante, o preferirán seguir en sus torres de marfil de papers para los de la «misma tribu» índices de citas…

[6] Totalmente de acuerdo. La crisis ha puesto también en cuestión la autoridad de los grandes think tanks institucionalizados y multilaterales de pensamiento y policymaking. Y es muy acertado hablar de herejía porque buena parte de lo que imparten esas instituciones se puede percibir más claramente ahora como dogmas y no como conocimiento científico (con todos los peros que se quiera poner a esta palabra).

[7] Evidentemente es fácil hablar ex post factum, pero yo no era (soy) tan optimista respecto a la salida de la crisis, salvo que se entienda como salida de la misma una salida «a la japonesa» (con un crecimiento medio inferior al 1% en los últimos 20 años), que claramente no nos sirve. Sí suscribo la idea de que hay que reducir el gasto (y racionalizarlo) y, sólo después de un esfuerzo notable por parte de todas las Administraciones Públicas en ese sentido podría tener carta de naturaleza un mayor esfuerzo fiscal por parte de las familias.

[8] Me parece interesante todo el post. Mi duda es si en el libro sobre la crisis estaría de más la parte «celtibérica».

[9] De acuerdo con utilizar la cabeza (y no lo testosterona) y elementos de la teoría económica que han mostrado su solidez al tratar este tema de las retribuciones de los altos ejecutivos financieros. Interesante la aportación de un contrato-estándar para incorporar los incentivos sobre objetivos de carácter sistémico y vincularlo al órgano que representaría a los stakeholders (el Consejo de Vigilancia que propone JU).

[10] Este texto de gran brillantez resulta muy sugerente. Para mí lo que se trasluce en el mismo, más que una dialéctica entre neoclásicos y neokeynesianos a la que se alude en su inicio, es una vez más la dialéctica entre los teóricos y los practicioners. Entre los perdurables si bien incapaces de explicar la realidad y hacer frente a las demandas de la misma -aunque disponen de un discurso narrativo, de un relato bello de «ficción» que perdura- y aquéllos que no disponen de un relato pero que hacen las «chapuzas» necesarias para que la realidad no se «gripe».

Los mártires de la Innovación

Crónica de una Crisis | Octubre 2009

Prólogo

A mí me gusta el Bolero de Ravel y, sin ser especialmente original, diré que, al igual que en el Bolero, aquí aparecen otra vez –con nuevos matices, con nuevas perspectivas– varios de los temas recurrentes en la Crónica, a saber: la oposición a la propiedad intelectual por sus efectos perniciosos sobre la innovación, la crítica a los teóricos de la economía que en su torre de marfil están encantados de haberse conocido aunque desconozcan cómo ser útiles en la actual crisis… y algunas propuestas concretas para la crisis económica española.

En el post «The Comedy of the Commons» trata JU un tema muy querido para él: en el caso de los bienes intangibles en lugar de una Tragedy of the Commons podemos encontrarnos con una Comedy of the Commons: la capacidad de innovación puede ser constreñida si se establece cualquier tipo de propiedad intelectual. La aparente sobreexplotación no tiene costes sociales, sino beneficios sociales. Ello se enmarca dentro de la lógica de la abundancia que subyace en la Nueva Economía, está asociada al efecto red y se encuentra explicada en el libro de JU «El Capitalismo que Viene».

En cuanto a la polémica sobre la profesión económica, en «Por fin la filosofía» se hace eco de la trifulca intracorporativa, en este caso personalizada en Krugman (como crítico de la profesión «desde dentro») y Levine (como defensor de las «esencias» de los teóricos de la economía a la page). Dentro de este mismo debate, en «Solow sobre la macroeconomía», JU se hace eco de cómo en el año 2005 este Premio Nobel de Economía escribió que los supuestos y métodos de la macroeconomía le producían «desafección. Y cómo en una entrevista reciente se ratifica respecto a la postura anterior: «La desafección a la que me refería sigue siendo mi valoración.» ……La bestia (la crisis económica) parece sentir la misma desafección en el 2007 y el 2008, la manera hoy de moda de hacer macroeconomía en la profesión no tiene literalmente nada que ofrecer en respuesta (a la crisis).

Por último, en relación con las reformas estructurales necesarias en nuestro país y, sin afán exhaustivo, JU señala como la primera y más importante la poco mencionada reforma de la administración (tecnificarla, agilizarla y abaratarla). La segunda reforma seria que habría que acometer es la regulación del mercado de trabajo (pero centrándola en el ámbito de la negociación colectiva, para hacerla más adaptada a las necesidades de cada empresa).Y, por último (pero no menos importante),la del sistema de I+D+i. Esta la considera JU más difícilmente definible que las dos anteriores, pero se atreve a decir que separar Universidades y Ciencia no es el buen camino.

PD: Por razones que desconozco, este mes no se publicó artículo de JU en Expansión.

Los mártires de la Innovación

4 de octubre de 2009

En la reunión del 2009 de Savialogos, organizada por La Can, me tocó discutir sobre la Red «Made in Europe».

Salieron a relucir todos los temas que uno espera que importen cuando se trata de Internet. Aunque no con especial atención también debatimos sobre innovación ya que la Red hace posible la copia de bienes intangibles a costo cero.

Traté de explicarles sin mucho éxito, seguramente por mi torpeza que, como dice el Teorema Boldrin-Levine, no solo es cierto que el valor descontado presente de vender un bien intangible sin copyright es positivo, sino que, además, es tanto más grande cuanto más fácil sea la copia.

Y añadí, claro está, que el conceder un monopolio temporal al autor y editor, lejos de incentivar la innovación en la sociedad, la perjudica porque, en general, esto de la innovación es secuencial de manera que el protegido no tiene incentivo a innovar más y el no protegido no puede hacerlo.

Ante mi impotencia para introducir esta idea, me «pasé» un poco y propuse una conclusión provocativa que, como era de esperar, no fue aceptada. Decía lo siguiente refiriéndome, no a los aventureros somalíes, sino a la piratería discográfica y específicamente al «top manta»: Los piratas son los mártires de la innovación.

El futuro

10 de octubre de 2009

Dice Innerarity en su último libro y según recuerdo de su presentación, que vivimos la época de la tiranía de lo inmediato e instantáneo, la dictadura del presente. Y, sin embargo, no puedo dejar de pensar que es gracias al alargamiento del horizonte que hemos podido endeudarnos hasta el nivel que lo hemos hecho y que habrá estado o no en el origen de la crisis financiera. Pero ¿no sería esto precisamente traer al presente –lo inmediato–el futuro de forma que diríamos que esquilmamos al futuro? Parecería razonable decir eso; pero no lo es, sino que es solo el reflejo de nuestra preocupación por el planeta y la famosa sostenibilidad. Cuando el horizonte es infinito –y siempre lo es– alargar el horizonte de planeamiento a fin de poder pedir prestado al futuro una cantidad cada vez mayor, no agota o acorta ese futuro, sino que lo hace más productivo con el riesgo, eso sí, de que un día se vengue y nos aplaste con todo el peso de lo que ya le hemos sustraído.

The Comedy of the Commons

11 de octubre de 2009

En relación con mi post sobre patentes de introducción, Carlos Boyle solicita mi comentario sobre este post. Ahí va, aunque me siento como aquel tenor obligado por los aplausos a repetir un área… hasta que la cantara bien de una vez.

Aquí hay en juego varias cosas. La propiedad privada y sus virtudes, la dudosa ventaja de la propiedad intelectual en general y, muy en particular, en el caso de bienes no rivales como el software por ejemplo. Solo se puede entender el post de referencia si se enmarca en todo esto y dentro de la lógica de la abundancia.[1]

The Tragedy of the Commons se refiere a la propiedad de bienes tangibles como, por ejemplo, la tierra cultivable. La tierra es un bien rival pues si yo cultivo mucha, o muy intensamente una dada, queda menos para ser cultivada por otros.

En este caso, si la tierra es comunal puede ocurrir que se sobreexplote: una tragedia pues resulta en una disminución de oportunidades para todos. De ahí la importancia de la propiedad privada de la tierra y, en general, de todos los bienes tangibles.

Pero ¿qué ocurre con los bienes intangibles como una idea, una novela o un programa de software? Algunos, como por ejemplo un teorema, no pueden ser patentados; pero otros,como una novela, puede beneficiarse de la modalidad de propiedad intelectual que llamamos derecho de copia y otros, como una idea para desarrollar un producto industrial, puede ser patentados. En estos dos últimos casos se concede un monopolio temporal al «inventor que se parece al monopolio eterno que detento sobre mi pieza de tierra.» En el caso de la propiedad tangible ese monopolio me permite no solo explotarla sino prohibir a otros que lo hagan. En el caso de la propiedad intelectual, el monopolio temporal que otorga una patente o, en su caso, un copyright, también prohíbe a cualquiera explotar mi idea durante unos años aunque la haya descubierto por su cuenta.

Todas estas instituciones sociales son un reflejo de la escasez y generan escasez.

Sin embargo, hay casos en los que la copia es tan fácil que no se puede hablar de escasez de la misma forma que no podríamos referirnos al lenguaje como escaso o generador de escasez.

En esos casos surge, entre otros fenómenos interesantes, el de el efecto-red que es al que se refiere al post que trato de comentar. Cuando unos agentes sociales están en red, se tiende a hablar el lenguaje que habla la mayoría, de forma que un lenguaje dado, el español por ejemplo, es hablado por el 80% de la población española mientras que solo un 20% habla catalán, gallego, euskera, bable o caló.

De la misma forma, cuando uno tiene que decidirse sobre qué sistema operativo usa en su ordenador decidirá muy posiblemente (y salvo que medie un deseo apostólico) usar aquel que usa la mayoría para poder comunicarse con más gente más fácilmente.

Un problema interesante es si este efecto-red tiene consecuencias relevantes.

Parecería que supone la oportunidad de establecer un estándar que arruina a los otros pero esto no es necesariamente cierto pues, a falta de una artificial propiedad intelectual, siempre puede surgir una innovación trivial o una nueva manera de hacer las cosas que desplace a la anterior y que, empujada por la fuerza del propio efecto-red la entronice como nuevo estándar. Esta capacidad de contagio que se da en las redes es buena para la innovación y sería desgraciadamente handicapada si se estableciera cualquier tipo de propiedad intelectual.

Si aceptamos en consecuencia que la propiedad intelectual puede no ser buena, nos percatamos inmediatamente de que en el caso de los bienes intangibles en lugar de una Tragedia del Procomún podemos encontrarnos en medio de una Comedia del Procomún: la aparente sobreexplotación no tiene costes sociales, sino beneficios sociales.

Estos son mis comentarios al post de la Fundación P2P que Carlos me pedía. Espero que sirvan para entender mejor no solo ese post en concreto sino sobre todo el esfuerzo de dicha Fundación.

Los Premios Nobel según Ricardo Lago

13 de octubre de 2009

Ricardo Lago es un antiguo estudiante de la Universidad del País Vasco al que hace demasiados años tuve que darle clase de algo que ni yo mismo recuerdo.

Posiblemente fuera microeconomía.

No sé si le enseñé algo, pero en sus azarosa vida llena de valentía y cosmopolitismo a través de varias organizaciones multilaterales ha aprendido mucho tal como muestra en su blog. Lo más interesante, para mí, del siguiente artículo de Ricardo al que reenvío directamente no es su llamada de atención hacia algunos candidatos olvidados (que comparto con todo calor) sino que esos olvidados fueron sus profesores en UCLA y que yo algo tuve que ver en su pasada por LA.

Para que se consuele si lee este post, le remito a mi artículo de hace 8 meses ya.

Elinor Ostrom

20 de octubre de 2009

Sin Permiso (cortesía de APA) incluye esta entrevista con la reciente Premio Nobel de Economía, Elinor Ostrom. Tal como se desprende de esa entrevista, el núcleo central de su aportación formal consiste en hacer ver que la suboptimalidad de un dilema del prisionero puede solucionarse, y puede alcanzarse la optimalidad, o bien mediante la repetición del juego con cheap talk o bien suponiendo, en lugar de conocimiento común, un simple conocimiento mutuo de orden N, con N menor que infinito. Aparentemente lo interesante de su trabajo, que desconozco, no está en estos resultados archiconocidos, sino en su aplicación como guía de su exploración de campo sobre las posibilidades de solucionar problemas sociales mediante la coordinación entre las partes en conflicto usando la palabra. Se premia pues por primera vez no solo a una mujer sino a trabajo de campo. Me alegro.

Por fin, la filosofía

20 de octubre de 2009

Alex Rosenberg es un clásico de la Filosofía de la Economía que, después de un periplo por la filosofía de la biología, vuelve a interesarse (quizá solo temporalmente) por la economía a raíz de la crisis y de la reflexión que sobre algunos de sus aspectos se ha empezado a hacer por parte de algunos economistas que, al menos , han notado que hay un cierto malestar teórico.[2]

A partir del famoso artículo largo del Krugman en el Magazine del NYT que, en tono no muy simpático, atribuía ignorancia a casi todos los macroeconomistas de agua dulce, es normal que éstos economistas o los que se solidarizan con ellos, hayan reaccionado con cierta virulencia acusando a su vez a Krugman de no haber leído nada en los últimos veinte años.

Entre estos economistas destaca por su palabra afilada y su nada disimulada ira, David Levine que escribió una carta abierta a Krugman que ha focalizado el otro polo de las posturas encontradas. Por eso me parece interesante escuchar durante una hora una conversación entre David y Rosenberg (que me llega a través de DT), que se realiza a través de Skype.

También es recomendable leer el artículo de este último en respuesta al que Cochrane escribió en respuesta al de Krugman tratando de templar la ira que la discusión estaba generando.

Las cornetas del séptimo de caballería anuncian la llegada de la Filosofía. ¡Por fin!

Reformas

21 de octubre de 2009

En España las fechas de las discusiones parlamentarias sobre los presupuestos son los momentos más cargados de confrontación del año económico. Y este año todavía más, pues el Gobierno ha renunciado a su labor pedagógica y la oposición solo quiere dejar clara la presunta incompetencia del Presidente del Gobierno.

Mientras el Gobierno se mueve dentro del posibilismo menos inspirado, la oposición hace continua referencia a resultados deseables sin dignarse explicar cómo se obtienen.

Creo que hay que hacer un esfuerzo y poner contenido a la opinión que se está creando en torno al apocalipsis anunciado por PP. Hacen falta reformas de verdad, de las llamadas estructurales. De acuerdo, pero ¿cuáles? Ahí van las que yo favorecería.

La primera y más importante es la poco mencionada reforma de la administración.

Hay que tecnificarla, agilizarla y abaratarla. Las Autonomías no son disculpa suficiente Para no hacerlo puesto que todas ellas están controladas por partidos que están en el Parlamento español. Esta reforma es una promesa que se remonta al primer gobierno socialista de 1982, fecha ésta en la que algún Ministro comenzó su gestión acudiendo en metro al ministerio. Ni qué decir tiene que esta reforma tiene que reducir el gasto público corriente.

La segunda reforma seria que hay que acometer es la regulación del mercado de trabajo. Sobre esto ya han habido propuestas concretas, pero su eco se ha apagado en el fragor de las discusiones entre patronal y sindicatos. Esto tiene muchos aspectos pero me atrevo a decir que quizá el del nuevo contrato con menor indemnización por despido quizá no sea el más importante. A mi juicio lo es más el ámbito de la negociación colectiva que debería hacerse más pequeño y más cercano a cada empresa para poder tener en cuenta sus peculiaridades.

La última reforma que yo mencionaría, a sabiendas que hay muchas otras pendientes, es la del sistema de I+D+i. Esta es mucho menos definible que las dos anteriores. De hecho solo me atrevo a decir que separar Universidades y Ciencia no es el buen camino y que facilitar las relaciones entre investigación e innovación ha de pasar necesariamente por la elaboración espontánea de un lenguaje común entre empresarios e investigadores, algo que no debiera ser tan difícil puesto que unos y otros están acostumbrados al riesgo. Esto no es fácil de hacer y yo creo que no se puede hacer a partir de la administración solamente. Esta debería limitarse, por otro lado, a programar «guateques para que se conozcan y coqueteen los investigadores descorbatados y los empresarios con corbata. No hace falta proponerles que se casen enseguida. Ya sabrán ellos si lo quieren hacer cuando y cómo.

Todos saben que estas reformas son convenientes y que estamos en un tiempo propicio para abordarlas; pero se interfiere el interés puramente partidista y/o electoralista.

Solow sobre la macroeconomía

22 de octubre de 2009

Robert Solow es un héroe de mi juventud. Era y sigue siendo mi economista favorito por muchas razones. Una de ellas es que se definía como un economista middlebrow, es decir ni un estudioso de los arcanos de la formalización ni como un simplista observador de lo aparente. Su famosísimo modelo de crecimiento de hace más de cincuenta años era como un modelo de equilibrio general de juguete sin grandes dificultades de comprensión, con los límites bien definidos y con una aplicación inmediata a la comprensión del recorrido de un sistema económico. Además estaba construido de tal manera que hablar de crecimiento óptimo era cuestión de coser y cantar. Una pieza macroeconómica ejemplar.[3]

Por esa razón me parece que su opinión sobre el estado de la macro no es despreciable. En una entrevista que no pienso molestarme en localizar con precisión le preguntan, y traduzco, naturalmente a mi manera:

«En el año 2005 usted escribió que los supuestos y métodos de la macroeconomía le producían «desafección». En el último mes ha habido un un gran debate acerca de este tema. ¿Cuál es su valoración del estado actual de la macroeconomía?»

Su respuesta es explícita:

«La desafección a la que me refería sigue siendo mi valoración…. la bestia (la crisis económica) parece sentir la misma desafección en el 2007 y el 2008, la manera hoy de moda de hacer macroeconomía en la profesión no tiene literalmente nada que ofrecer en respuesta (a la crisis)»

Y continúa con un párrafo sin matices y contundente:

«El problema, tal como yo lo veo, es que la macroeconomía de moda en estos momentos gusta de formular las cosas de una forma que inevitablemente dota a la economía de una coherencia y una intención mayores de las que tenemos derecho a suponer. Espero, desde luego, que esto sea suficientemente obvio para las gentes jóvenes de la profesión, los estudiantes de posgrado e incluso los profesores jóvenes.. espero que hay un renacimiento del quehacer macroeconómico que no apoye esta clase de coherencia en el comportamiento agregado. Lo que no quiere decir que no haya individuos que no se comportan de una manera coherente, sino que el sistema no traduce ese comportamiento en algo como un superindividuo»

A pesar de mi admiración personal, esta opinión me parece demasiado simplista y demasiado influida por esa behavioral economics que ha estado siempre rondando y que, desde hace diez años, parece florecer a caballo de los experimentos de laboratorio. Habrá tiempo de comentar más ampliamente esa y otras opiniones sobre el estado de la macro.

Notas

[1] Un tema muy querido para JU: en el caso de los bienes intangibles en lugar de una Tragedy of the Commons podemos encontrarnos con una Comedy of the Commons: la capacidad de innovación puede ser constreñida si se establece cualquier tipo de propiedad intelectual. La aparente sobreexplotación no tiene costes sociales, sino beneficios sociales. El contenido de este artículo, de un modo más amplio, está publicado originalmente en el número 46 de Ekonomiaz, revista cuatrimestral editada por el Gobierno Vasco para el fomento del análisis y el debate económico, en el que se arguye que el pleno desarrollo de la lógica de la abundancia que subyace en la Nueva Economía y está asociada al efecto red, nos llevará a una situación límite (de competencia perfecta) en donde las estrategias típicas de tomar la posición o establecer un estándar no son practicables, (…) en donde clientes y empleados deben dejar de ser considerados como tales y pasan a ser verdaderos colaboradores de la empresa. Asimismo, se sugiere que la política de la competencia debe ser revisada en el sentido de facilitar el tamaño de aquellas empresas que por ambición y miopía no se reprimen a la hora de explotar el efecto red.

[2] Alexander Rosenberg es un reputado experto en filosofía de la ciencia (en particular en biología y economía) y autor de una devastadora crítica de la ciencia económica titulada «Economics: Mathematical Politics or Science of Diminshing Returns?» (University of Chicago Press), que recibió en 1993 el Lakatos Prize en Filosofía de la Ciencia de la London School of Economics. Importante el comentario que extiende la crisis de legitimidad más allá del ámbito de la teoría económica y alcanza a ciertos ámbitos de la política y a ciertos sectores protagonistas de la crisis (como el bancario). Importante el comentario de que la banca se podría ver obligada a reinventarse como una simple utility sin capacidad de innovación, a no ser, claro, que haga un esfuerzo por presentarse como un agente social involucrado con los stakehoders.

[3] Solow sería para JU uno de esos economistas que no se puede encasillar en «de agua dulce» o «de agua salada.» Ni practico ni teórico de torre de marfil. Pero por lo que cuenta JU, se ha visto influido por los excesos de las behavioral economics.

La conmemoración del 30 aniversario de la creación de la Asociación de Economistas Teóricos del Sur de Europa

Crónica de una Crisis | Noviembre 2009

Prólogo

La visión de la crisis por JU en este mes está claramente influida por la conmemoración del 30 aniversario de la creación (en la que JU participó como fundador) de la Asociación de Economistas Teóricos del Sur de Europa (ASSET) y su colección de papeles de trabajo que adoptó el nombre, quizá premonitorio, de SEEDS. En sus propias palabras: «Lo que entonces unos cuantos pretendíamos era pertenecer a un grupo humano especial e intertemporal que conforma una profesión que, como tal es como una iglesia con su comunidad de los santos. Y lo conseguimos. ¿Tendríamos que avergonzarnos ahora de dicha pertenencia a la luz de las acusaciones que se vierten contra la Macroeconomía?»

Y lo que hace en su artículo de Expansión («Kontraren Kontra») de este mes es explicar y en buena medida defender –a lo largo de esta Crónica está más que demostrado su ejercicio de la crítica a su profesión, por cómo ha lidiado buena parte de la crisis– el quehacer de los teóricos de la economía.

Señala JU cómo en las cuatro últimas décadas se han aceptado las expectativas racionales como la manera menos tosca de modelizar la razonable opinión de que nadie persiste en el error continua y sistemáticamente. Como consecuencia de esa aceptación, progresivamente se fueron elaborando modelos cuantitativos microfundados, es decir compatibles con la racionalidad individual, modelos que eran integradores de un sector financiero agregado (de una u otra manera) a la vez que calibrables de acuerdo con los datos pasados del sistema económico que se estaba considerando y que marcarían la pauta para cuantificar los parámetros que se creían cruciales. En esa misma línea, con su típica cautela y gradualidad, los bancos centrales comenzaron a disponer de sus propias versiones de los modelos en donde se colaban detalles poco ortodoxos como rigideces de precios y desequilibrios de mercados. Y la performance de los modelos ante las sucesivas crisis habidas en estas últimas décadas indicaba que los bancos centrales y los gobiernos parecían haber cogido el tranquillo a la modelización de los ciclos y específicamente a la modelización del sistema financiero.

Sin embargo, ha sobrevenido la crisis actual y existe una acusación generalizada hacia los macroeconomistas de que ni se han enterado de las causas ni saben cómo sacarnos de esta Gran Recesión. No considerando atinadas ninguna de las dos acusaciones, JU concede que ha habido un cierto «encasquillamiento en la mejora y refinamiento de esos modelos de equilibrio general computables».

En esa misma línea, coherente con la trayectoria académica de JU, nos propone en un post («Economía del ocaso: un esquema de manual») un borrador de lo que sería un manual de economía, pero de economía del ocaso, quizá adecuado para esta poscrisis. En ese manual (si le he entendido bien a JU) los conceptos fundamentales serían: competencia (como arte de gobernar), coste de oportunidad («una de las dos únicas cosas que hay que saber en economía y si me apuran en todo el arte de gobernar») y óptimo subsidiario («la única otra idea imprescindible», cuya lógica expone en varios posts de este mes). Después, esa lógica la aplicaría a defender la regulación, pero que –fiel a un principio que recorre transversalmente varios lugares de esta crónica– «puede y debe ser descentralizada». Además, daría JU gran importancia en el manual a la teoría de redes, que permitiría –entre otras cosas– examinar técnicamente« el trabajo del poder». JU señala que «la competencia y la disipación de rentas corresponde a una red totalmente distribuida de conexiones de cada uno con todos de forma que, en cierto sentido, nadie puede ejercer ningún poder sobre nadie».

En coherencia con lo anterior JU razona, en «La lógica del óptimo subsididiario (y III): regulación», la conveniencia de una regulación descentralizada (que en una nota al post correspondiente recibe de modo breve mis reservas al respecto). En concreto, en educación, energía eléctrica y defensa de la competencia –pero enuncia también el ámbito financiero, entre otros– justifica la conveniencia de la descentralización porque «genera aprendizaje a través de la experimentación y no sólo proporciona un óptimo subsidiario sino que, además, va haciendo posible que ese óptimo subsidiario se acerque cada vez más al de primer orden.»

When the future was as close as the horizon

2 de noviembre de 2009

I was thirty five years old and cried on Salvador´s shoulder, only two years my junior, longing to find a spring of water capable to quench my thirst of good theory. Or even better, a spring of water rich enough to satiate my hunger of belonging to a world dense in ideas worth having and nurturing.

Yes I was only 35 and was taller than today. We all were thirty some and the future was as close as the horizon: unreachable.

Nothing could stop us specially if Louis André, Jean Jacques (both sadly gone) and Alan were behind the project joining Javier and Carlos (also gone) in Madrid and Xavier in Barcelona.

Mind you the idea was not so much to weave a net connecting institutions other than the ones in the centers of countries like France and Spain, centralized by nature (I mean centralized by Napoleon Bonaparte in both cases). The wish was rather to do good economic theory (and econometrics) in places and institutions where one had to fight to cultivate regular economic theory instead of a decaying continental tradition that, whatever its merits in the past, sounded to us as an starved, outdated and completely dry intellectual endeavour.

«Joining forces is essential» I shouted, as I said, on Salvador´s shoulder and added «even if it has to include Madrid». As much as I resented the centralism of Madrid as deep in these matters as in any other, I had to recognize that at the time Madrid was as peripheral, if not even more, at least in relative terms, as Aix-Marseille, Barcelona, Bilbao, or Toulouse in terms of the general atmosphere surrounding our Departments of Economics.

And here came Salvador honouring his name. Ready to invent the first of a series of acronyms, he has coined along these years to match, each time, a new institution specially made up to cover the needs of a particular moment. This first acronym was SEEDS, a wonderful name and quite up to the occasion. Let me add at this point a personal touch. As part of the revolution against what we thought was a rotten tradition, I was doing nothing serious beyond playing Dean but I was not ready to let Salvador carry all the glory so I suggested, I think I remember, the acronym ASSET to give a name to the South European association supporting SEEDS and able to organize annual meetings the first of which took place in Bilbao (following Alan´s launching effort in Marseille), and perhaps so signalling my, at the time hidden, call to join the banking system.

Now for what is my purpose today, which you will soon discover, goes beyond commemorating the 30th anniversary of ASSET, let me recall you that we did what we did at a time when Macro was what Gordon calls now, in the debate over the causes and consequences of the Big Recession, macroeconomics and when rational expectations had barely scratched the surface of our theorizing, Muth notwithstanding. It was a time when I taught disequilibrium macroeconomics borrowed from UCLA, Pascal Benassy in Paris tried to build up the general equilibrium underpinnings of this kind of Macro, Jean Jacques played with disequilibrium macroeconometrics, Alan put the last nail in the coffin of the representative agent and Barro had not disavowed yet his having ever written a book with Herschel Grossman on the same trail.

In this field or in any other, making it to the good journals and building up a network of academic friends sharing the same values was the aim of ASSET and SEEDS. And we succeeded as the (early) disappearance of SEEDS witnesses. It wasn’t necessary any more and since then ASSET has grown in range. The original aim should still be there for the benefit of others members of ASSET but communication is now much easier and the European Economic Association, at the time hardly thought of, now thrives making of ASSET a not so necessary association. Or is it?

To answer this question let me turn again into an old young and entrepreneurial man and tell you that yes, Economics needs today something we did not know it was ever going to be missed. It needs to get free from path-dependence and lock-in effects maintained by, among other things, the ranking of economists according to citations and impact underlying the h or the w indexes (or any of the improvements Javier is working on). Not that these indexes are not important for many aims, from recognition to promotion, but to my taste, as I have just said, they are also responsible for the so-called lock-in effect and path-dependence, two characteristics which do not belong to the optimal research strategy in exactly the same way privately funded research fosters a too narrow scope or patents are not the right way to promote innovation. I will not dwell in this last point but I beg you to recognize with me that the professional disregard of the macro story I sketched above is an example of both phenomena. Can ASSET do something about it?

But of course! I tell you what I plan to do in the hope of attracting your cooperation. I will propose to the Urrutia Elejalde Foundation to fund a prize modest in quantity, but infinitely ambitious in desired influence, to be given each year to a particular researcher working in one of the affiliated departments. This modest prize will be going to the most diversified top quality researcher. That classification has to be worked out but should be something like the following: add up the w index to the number of fields (measured as three digits in Econlit or Unesco or Jel classification of fields). The researcher who adds up the highest number gets the prize.

Nifty I claim. Hopeless you might think. Not everybody gave a chance to ASSET and look what it has accomplished thirty years later. We will see what happens to my proposed prize. Think a name for it before Salvador finds a nice acronym. And do it quickly because, after all this time, the horizon looks as if it was here, quite close.

Los salarios de los ejecutivos: lecciones a aprender

10 de noviembre de 2009

El 28 de octubre apareció en la página 9 del FT un artículo de Charles Calomiris sobre la política intervencionista, restrictiva y discriminatoria de la administración Obama relativa a los sueldos de los ejecutivos. No quiero detenerme en su contenido sino destacar una cita que ofrece para acompañar su argumentación en contra de dicha política.

La cita es de Robert Lucas y apoya la idea de que la globalización y la movilidad hacen imposible tener una política unilateral para los salarios de los ejecutivos puesto que éstos pueden largarse a otro país menos restrictivo.

Parece ser, en efecto, que Lucas espetó a su Dean en la Universidad de Chicago:

«No es usted el que decide mi salario, usted solo decide quién paga ese salario.»

En efecto, si el Dean no le paga su coste de oportunidad, se lo pagará quien le ofrece el salario que conforma ese coste de oportunidad.

No conocía la cita; pero me parece muy apropiada para ilustrar dos fenómenos.

El primero a destacar es la disipación de rentas de la que hablaba extensivamente en El Capitalismo que Viene. La competencia entre Universidades para atraer a Lucas hace que La Universidad de Chicago no pueda disfrutar de las rentas que le proporciona el agrado del Premio Nobel por esa ciudad y por su Universidad.

El segundo hecho que se explica de la misma manera es la forma de facturar de una consultora como Las Indias. Tal como se explica aquí, parecería que solo tiene que ver con la lógica de la abundancia; pero la cita de Lucas nos hace ver que lo que subyace es justamente la disipación de rentas. Como Lucas, Las Indias están muy seguras de su valor como consultoría, de forma que si alguien les ofrece pagarles algo por debajo de su coste de oportunidad simplemente lo rechazan y regalan su idea mientras piensan otra igual de genial, como Lucas regala su presencia en Chicago mientras llega la oferta de esa otra Universidad.[1]

¿Lecciones aprendidas?

11 de noviembre de 2009

Hey! chicos que estoy aquí y quiero participar en ese café que os estáis organizando gracias a mi post sobre las lecciones que nos deparan los pretendidos abusos de los sueldos de los ejecutivos. Ya que estamos en ello ¿no os parece que estamos (estáis) hablando de dos cosas diferentes?. Por un lado el coste de oportunidad y por el otro las rentas inmerecidas de una clase social constituida en red bien estructurada. Lo segundo explicaría las dificultades que, a menudo, tiene la competencia para hacer su trabajo. Pero qué queréis que os diga, después de que ayer me deslomaron y me quedará una enorme cicatriz en la espalda, lo que quiero es ese café en un ambiente amigable. En la Panadería o en USUA.

Economía del ocaso: un esquema de manual

14 de noviembre de 2009

Durante años confundí a Michel Foucault con el fundador de los hermanitos de Foucauld, una especie de orden mendicante de la que me hablaban en la juventud temprana quienes querían hacer del cristianismo una forma de vida distinta. Cuando ya aprendí a distinguirlos recuerdo haberme comprado en Biarritz Les Mots et les Choses del «verdadero» Foucault y haber intentado hincarle el diente en un viaje en Talgo de Bilbao a Madrid por un asunto que he olvidado. Sí recuerdo mi decepción por las dificultades de comprensión y mi decisión de abandonar mi vieja cultura afrancesada por la recientemente adquirida cultura anglosajona, decisión ésta que un par de años más tarde me llevó a estudiar a los USA.

Nunca abandoné del todo mi gusto afrancesado por pensar mientras escribo a pesar de que mis estudios me han llevado a una profesión en la que mejor es pensar antes de escribir. Pero, a pesar de el ejercicio responsable de esa profesión, me abandoné siempre y de forma cada vez más peligrosa a las lecturas sobre la posmodernidad. En este sentido no olvido mi reencuentro con Michel Foucault cuando, en el verano de 1989 en Jávea, trataba de escribir mi discurso de apertura de curso en Sarriko. Desde entonces y de manera entrecortada leí a Deleuze y Guattari, Derrida o el mismo Foucault en el contexto de lo que se llegó a llamar French Theory.

Pues bien, debido a este extraño recorrido creo estar en condiciones de hacer una pequeña síntesis de las dos culturas de mi vida engarazadas en un borrador de lo que sería un manual de economía, pero de economía del ocaso, quizá adecuado para esta poscrisis.

A. En la primera parte de ese manual hablaría de la competencia como arte de gobernar y del intercambio como una versión previa y ligera de esa competencia y que a veces se toma como la versión liberal del arte de gobernar que Foucault examina en el Nacimiento de la Biopolítica.

A.1. Comenzaría lo de la competencia por la idea del coste de oportunidad, una de las dos únicas cosas que hay que saber en economía y si me apuran en todo el arte de gobernar. Una idea muy simple pero que casi nunca se usa en los contextos en los que debiera usarse. Tendría pues que exponer algunas aplicaciones. Acabo de hacerlo en este post.

A.1.1. He explicado la idea central del arte de gobernar centrándome en la forma de facturar de una consultora genial. Es todo lo que hay que saber sobre economía de la empresa.

A.1.2. También he explicado los salarios de los ejecutivos y de los futbolistas que se me antojan como todo lo necesario para entender la igualdad de oportunidades y la disipación de rentas, idea que es, nada menos, que la central del modo liberal de gobernar.

A.2. La segunda idea de esta primera parte y la única otra idea imprescindible, estaría expuesta en el contexto del intercambio. Se trata del óptimo subsidiario, algo cuya lógica voy a tratar de exponer en los próximos días en este blog.

A.2.1. Después de explicar esa lógica la aplicaré a defender la regulación, necesaria para el arte de gobernar, pero que puede y debe ser descentralizada.

A.2.2. Y terminaré esta parte primera parte examinando esa lógica como la relevante para gobernar examinando la discusión pública sobre el Alakrana como máximo exponente del razonamiento propio del óptimo de primer orden, una costumbre difícil de erradicar y perfectamente inadecuada.

Z. Y así pasaré a la segunda y última parte del manual de economía del ocaso. Estará dedicada a la producción de subjetividad, entendida ésta como la forma (social) de construir la conciencia de uno mismo, forma que se ejercita de una u otra manera dependiendo de la forma de gobernar.

Z.1. Si me muevo en el campo de lo que he llamado competencia reconozco que el mundo está hecho a mi medida, que no tengo nada que modificar y que en nada tengo yo que cambiar. Fin de la historia y de la Historia. El mundo esta desubjetivado.

Z.2. Si me muevo en el mundo del simple intercambio y estoy acostumbrado a pensar en términos del óptimo de segundo orden, resulta que me doy cuenta de que el mundo me trataba de maneras inesperadas dependiendo de las circunstancias y contingencias históricas o conceptualizables. Yo me modifico y todo recomienza. El mundo está subjetivado.

Apéndice 1. Las dos partes del manual están relacionadas a través del poder. Este es inoperante en el mundo de la competencia aunque ya se cuidará ese poder de procurar no llegar a la disipación de rentas. El poder es, sin embargo, crucial en el mundo del intercambio. Puede, de hecho, tratar de conformar la manera en que mi subjetividad se produce condicionando de manera presuntamente inescrutable el devenir del arte de gobernar y de mi subjetividad.

Apéndice 2. La manera técnica de examinar el trabajo del poder es a través de la teoría de redes. La competencia y la disipación de rentas corresponde a una red totalmente distribuida de conexiones de cada uno con todos de forma que, en cierto sentido, nadie puede ejercer ningún poder sobre nadie. No hay lugar para la revolución ni para la lucha sea ésta del tipo que sea. Pero este desideratum no ocurre inevitablemente en el intercambio en el que el poder sí que importa pues la red no es del todo distribuida y hay nodos con un poder enorme debido a que en ellos convergen muchas conexiones y/o de ellos salen muchos contactos. Aquí cabe la revolución y la lucha del tipo que sea.

La lógica del óptimo subsidiario (I): Qué es el o. s.

16 de noviembre de 2009

Muy a menudo discutimos en términos de óptimo de primer orden cuando en la mayoría de los casos nos deberíamos estar refiriendo a un óptimo de segundo orden u óptimo subsidiaro. Es lo que pasaba en la discusión entre amigos que mencionaba el otro día y es lo que hacía insoportable el debate del pasado martes por la noche en Madrid Opina dedicado en su integridad al problema del Alakrana. En tres posts breves voy a desarrollar parte de lo que anunciaba ayer en una especie de esquema de manual.

En este post de hoy les voy a explicar lo que yo entiendo por la lógica del óptimo subsidiario y, en posts posteriores, trataré de aplicarla al asunto del Alakrana o, más bien, a la forma de abordar ese asunto en particular y a otros asuntos distintos como, por ejemplo, la regulación bancaria novedosa que se apunta en los USA, aprovechando un artículo que nunca he terminado de perfilar del todo.

Un óptimo de primer orden está dado por unas características que no son sino las condiciones de maximización de una cierta función objetivo (como por ejemplo una función de bienestar social dada por la suma de las funciones de utilidad de cada individuo y que representan las preferencias de cada uno de esos individuos sobre el conjunto de bienes) sujeta a aquellas condiciones que son imposibles de eliminar (como por ejemplo las cantidades dadas de los recursos existentes).

Pues bien, hablaríamos de un óptimo de segundo orden cuando esa maximización está condicionada no solo por esas restricciones sino además por otra u otras adicionales que solo se dan en esa situación determinada pero podrían no darse en otras. Pensemos en la imposibilidad de transferir en buenas condiciones unos higos de hoy a un comprador mañana.

Lo interesante es que aunque las nuevas restricciones fueran muy parecidas a las primeras e insalvables, las características definitorias pueden diferenciarse mucho en uno y otro caso.

Ahora que sabemos de qué se trata, podré explicar lo que pienso del asunto del Alakrana y de su tratamiento en los medios y también lo que deberíamos tener en cuenta en la discusión sobre regulación. No son dos temas banales pues entramos en asuntos que ponen en juego la gobernabilidad y la forma de entender el Estado.

La lógica del óptimo subsidiario (II): Alakrana

17 de noviembre de 2009

Una vez que sabemos de qué va esa idea del óptimo subsidiario, intentaré aplicar su lógica a la manera en que se aborda la discusión sobre el secuestro de los marineros del Alakrana. Empecemos por caernos de un guindo y preguntarnos qué pensaríamos si aplicáramos la lógica del óptimo de primer orden consistente en «simplemente» y «solamente», supongamos, desarrollar Somalia, eliminar las mafias internacionales, disciplinar a los pescadores y liberar a los marineros secuestrados sin abandonar los límites establecidos por el Estado de Derecho.

Pensaríamos razonablemente que es inalcanzable.

Consecuentemente, comenzaríamos a pensar con una lógica distinta tratando de encontrar las condiciones que definen el óptimo de segundo orden en este caso.

Es fácil ver que algunas de las medidas que se proponen no serían las idóneas para caracterizar ese óptimo subsidiario. Por ejemplo, parece ser que salvar la vida de los marineros y retener a los piratas atrapados por la Armada Española no son posibles simultáneamente. Si el mantenimiento de la vida tuviera más peso, en la función objetivo a maximizar, que el Estado de Derecho no está claro que no haya que fijarse en las vidas futuras que se pondrían en peligro si se cede al chantaje. Pero si lo que pesa más en esa función objetivo es el Estado y su fortaleza, quizá no sea posible acoger a Somalia en el concierto de las naciones impidiendo así su desarrollo y estemos abocados a desentendernos de los secuestrados.

Y otra infinidad de posibles combinaciones extrañas de posibles caracterizaciones del óptimo de segundo orden, cada una de lascua les depende de las restricciones que reconozcamos en el problema en cada forma de mirarlo.

Lo que no tiene sentido es pensar que el óptimo de primer orden no se va a alcanzar por la incompetencia o maldad o debilidad del gobierno. Y lo que todavía es peor es pontificar desde la sabiduría impostada para conseguir un objetivo distinto y de otro orden aunque fuera el simple de tener razón.

La lógica del óptimo subsidiario (y III): regulación

20 de noviembre de 2009

Continúo hoy con la última entrega sobre la lógica del óptimo subsidiario. Ya sabemos en qué consiste y la he aplicado oportunamente a la forma de discutir sobre el secuestro del Alakrana. Hoy toca aplicar esa idea del óptimo de segundo orden, por cierto menos simple de lo que parece, aunque sea básica y en ese sentido elemental, al caso de la regulación en general y, en particular, a la regulación bancaria.

En su día escribí un borrador que utilicé en unas Jornadas de Ibermática sobre Innovación, tratando de explicar por qué una verdadera innovación regulatoria podría consistir simplemente en descentralizar esa actividad regulatoria. Me fijaba en tres casos paradigmáticos: la educación, la energía eléctrica y la defensa de la competencia. En cualquiera de estos tres casos la lógica del óptimo de primer orden campa por sus respetos en las discusiones periodísticas y parece que todo el mundo está convencido de que en los tres casos la regulación (sin duda necesaria) debería ser centralizada.

Y, sin embargo, es posible que las preferencias sobre educación sean heterogéneas, es seguro que hay distintas formas de generación eléctrica y evidentes insuficiencias en las interconexiones transfronterizas y ¿quién podría dudar de que la defensa de la competencia (junto con los mercados de control corporativo) tiene(n) que tener en cuenta diferencias locales, diversidad de incentivos y otras peculiaridades?

Nos vemos pues en la obligación de aplicar la lógica del óptimo subsidiario en muchos campos necesitados de regulación. De acuerdo con esta lógica es muy posible que la regulación debiera ser descentralizada en contra del prejuicio inicial. En efecto, algo así está pasado en la educación y, en el ámbito de la electricidad, decía yo hace tres años en el borrador citado, que:

«lo que hay que resaltar es que la competencia entre regulaciones nacionales que hemos observado recientemente y no solo en el sector eléctrico, genera aprendizaje a través de la experimentación y no solo proporciona un óptimo subsidiario sino que, además, va haciendo posible que ese óptimo subsidiario se acerque cada vez más al de primer orden.»

Naturalmente que mutatis mutandis lo mismo se podría decir, decía yo, de la regulación de la competencia y de los mercados de control corporativo.

Por lo tanto, deberíamos pensar las cosas dos veces antes de exigir un Tesoro único en Europa para estar a la altura de la política monetaria única o echar la culpa de casi todos los males que aquejan a España a la descentralización autonómica en materia de regulación de algunas materias.[2]

Y, más en particular, deberíamos tener en cuenta las restricciones que queremos conservar, además de las inevitables, cuando pensemos en la nueva regulación bancaria. No deberíamos pensar en ella con la lógica del first best. Por eso es conveniente que observemos con cuidado lo que está pasando en los USA en donde parece que el Senado, a iniciativa demócrata, pretende especializar la Fed en la política monetaria y centralizar todas las demás agencias reguladoras en una sola, la Financial Institutions Regulatory Administration (FIRA). He aquí la noticia:

«Currently, banks can choose between the Federal Reserve, the Federal Deposit Insurance Corp (FDIC), the Office of the Controller of the Currency (OCC) and the Office of Thrift Supervision (OTS) as their primary regulator.»

La justificación de la centralización parece ser evitar el arbitraje regulatorio:

«Lawmakers have said some institutions, such as mortgage lender Countrywide and giant insurer American International Group Inc (AIG.N), exploited the system and chose the most friendly regulator.»

La propuesta del senador Dodd es una mezcla de descentralización por un lado al quitar bastantes competencias a la Fed y de centralización, por otro lado, al fundir en una sola otras agencias reguladoras. Quizá es un intento de aplicar la lógica del óptimo subsidiario. Véase el post de Mark Thoma.

Kontraren Kontra

22 de noviembre de 2009

– Publicado en Expansión –

¿Nada que decir? Eso es lo que pensaba cuando redacté mi última columna para Expansión, que no había nada más que decir sobre la Gran Recesión que fuera novedoso o relevante. Aunque al final de la columna abría un portillo diminuto a la posibilidad de decir algo, sigo pensando que una buena dosis de comedimiento verbal no vendría mal a la salud pública ya suficientemente asustada por el presunto mal posicionamiento de la economía española ante la posible recuperación. Sin embargo, quiero hoy utilizar ese portillo para realizar algunos comentarios tentativos, que casi tildaríamos de especulaciones, en relación con lo que se supone ha hecho la macroeconomía en los últimos años, y hacerlos justamente ahora cuando parece que se le está sometiendo a un juicio sumarísimo por su incapacidad de predecir la crisis, su falta de orientación para la política económica y su mutismo respecto a las vías de salida.[3]

Cuando lean esta columna de La Mirada del Economista yo ya habré vuelto de la conmemoración del 30 aniversario de la creación de la Asociación de Economistas Teóricos del Sur de Europa (ASSET) y su colección de papeles de trabajo que adoptó el nombre, quizá premonitorio, de SEEDS. Lo que entonces unos cuantos pretendíamos era pertenecer a un grupo humano especial e intertemporal que conforma una profesión que, como tal es como una iglesia con su comunidad de los santos. Y lo conseguimos. ¿Tendríamos que avergonzarnos ahora de dicha pertenencia a la luz de las acusaciones que se vierten contra la Macroeconomía?

Recordando lo que dije en esa conmemoración me vienen a la cabeza algunas reflexiones que quisiera compartir con los lectores, aunque siga sin estar seguro de si no sería mejor callarse. Especialmente cuando lo que tengo que decir es tan poco convencional como breve. Trato, en el fondo, de hacer honor a la queja que sobre mí se vertía en el hogar en que crecí. Yo era un kontraren kontra, y este tipo de personaje no es, según la lógica del euzkara, el que está en contra de los que están en contra, sino, más en general, el que lleva la contraria por sistema. Hoy quiero hacerme cargo de esa fama y defender lo que se ataca por doquier sin perder la perspectiva del irreductible deseo de pertenencia.

Olvidémonos de las luchas internas entre los que han dado en denominarse economistas de agua dulce y los que, por oposición, llamaríamos economistas de agua salada. Lo que quiero contemplar con contundencia y brevedad no son estas luchas internas a la profesión, sino la acusación generalizada de que la Macroeconomía no sirve para nada cuando debía ser la rama de la economía que susurrara al oído del soberano qué es lo que hay que hacer en el ámbito agregado de un sistema económico para conseguir que éste funcione sin sobresaltos. A la luz de lo acaecido las tres últimas décadas esta acusación es inesperada. Nadie expresó ninguna preocupación por el estado del aspecto macro de la ciencia lúgubre en aquellas épocas de los shocks petrolíferos a pesar de que de ahí surge la economía de la oferta y el rechazo al keynesianisno. Se aceptaron las expectativas racionales como la manera menos tosca de modelar la razonable opinión de que nadie persiste en el error continua y sistemáticamente. Se consideraron problemas informativos y se comenzó a elaborar modelos cuantitativos microfundados, es decir compatibles con la racionalidad individual, modelos que, notémoslo, eran integradores de un sector financiero agregado (de una u otra manera) a la vez que calibrables de acuerdo con los datos pasados del sistema económico que se estaba considerando y que nos marcarían la pauta para cuantificar los parámetros que se creían cruciales. La recesión del 87 tampoco puso en jaque la teoría macroeconómica como tal ni los modelos mencionados, sino que, con cuidado y poco a poco, los bancos centrales comenzaron a disponer de sus propias versiones de los modelos en donde se colaban detalles poco ortodoxos como rigideces de precios y desequilibrios de mercados. La ciencia siguió su camino impasible ante la crisis asiática y sus derivaciones rusas o latinoamericanas o ante la crisis de las puntocom. Los bancos centrales y los gobiernos parecían haber cogido el tranquillo a la modelización de los ciclos y específicamente a la modelización del sistema financiero.

Esto es lo que estaban haciendo los macroeconomistas cuando les cogió la tormenta y empezaron a decirles que no se habían enterado ni de las causas ni se iban a enterar de cómo salir de esta Gran Recesión. Ni lo uno ni lo otro es cierto, pero es verdad que parece que se encastillaban en la mejora y refinamiento de esos modelos de equilibrio general computables que no se paraban en la estática o el corto plazo sino que dibujaban la dinámica de un sistema agregado y compatible con los fundamentos microeconómicos. Y es ese que hacer el verdadero epicentro del terremoto que constituyen las críticas al hacer teórico. Mi defensa de ese encastillamiento consiste justamente en defender a aquellos que han contribuido a las hipótesis más disparatadas e irrealistas, no porque lo sean ni porque el realismo no importe, sino porque conforman una grupo humano con el que me identifico precisamente por la naturaleza artesanal de sus miembros. Lo que éstos tratan de hacer es entrenarse para ser los mejores en preparar un lienzo sobre el que se pueda pintar. Si se hace bien esta tarea, luego el pincel funciona de una forma más manejable y puede alcanzar matices que solo se pueden conseguir sobre una superficie completamente neutral. Este oficio es pues una búsqueda desesperada de la neutralidad. Y no empleo esa palabra a humo de pajas. Por ejemplo, para estos preparadores de lienzos, un modelo (un lienzo) no es aceptable si el dinero no resulta ser neutral (si no es lo mismo pintar sobre la parte derecha o la izquierda). Para los artistas preocupados por la política monetaria su éxito depende de encontrar lo que hace que, en una situación determinada, ese dinero no sea neutral, pues dependiendo de lo que ello sea habrá de imaginar una solución u otra. Y quien habla de neutralidad del dinero puede estar diciendo lo mismo de la racionalidad de las expectativas, del uso eficiente de la información o de la irrelevancia de la financiación mediante deuda o capital. Tenemos que saber cómo funcionaría una economía con esas características para alcanzar una opinión razonable de cómo se romperá esa economía por el rozamiento de elementos que no están en el modelo. Ahí está el fruto de este oficio sobre el que ahora llueven las críticas.

Mi defensa de este proceder artesanal llega hasta aquí. Pero dicha defensa no quiere decir que no tenga críticas sobre la práctica profesional especialmente cuando se disfraza de ciencia traicionado su naturaleza artesanal. La principal es que los artesanos hacen de la preparación del lienzo una finalidad en sí misma y que todo el mundo que les rodea parece, a veces, que apreciaría esa calidad del lienzo tratándola como una obra de arte en sí misma con la confusión que eso trae consigo tal como nos lo hizo ver Yashmina Reza en su famosa comedia, ARTE, hace unos años. Esta actitud es equivalente al empecinamiento en seguir mejorando el lienzo mediante nuevos tratamientos pero olvidándose aparentemente de que hay que pintar en el lienzo, que hay que susurrar en el oído el soberano y ello con tanta más insistencia cuanto mayor es la fe en el modelo.

Hacia un «verdadero mercado» de bonos

24 de noviembre de 2009

Hace ya bastante tiempo ofrecí este blog a aquellas personas que tuvieran algo que decir y no tuvieran su propio blog o no pudieran colocar su idea en un periódico en papel. Hoy se me presenta un caso así. Jaume Palau se queja inteligentemente de la falta de un «verdadero mercado de bonos» y propone su «construcción» indicando que de haber estado ya en marcha la crisis financiera no hubiera sido tan profunda. No le aceptan esta reflexión como carta al director y como yo creo que es una buena reflexión la ofrezco encantado. Yo, por mi parte, solo me he permitido ponerle un título en castellà.

L’altre dia, en una entrevista al Premi Nobel Eric Maskin al nostre diari, la periodista treia el tema de que alguns bancs tornen a recorre als bons i la «innovació creativa». Tots sabem que la causa primera i mundial de la crisi arrenca amb el bons subprime i altres actius tòxics, la majoria dels quals en format de bons.

No cal dir que els primers creadors d’aquests actius han sigut al primers bancs mundials, i que els governs, començant per l’americà han tingut que sortir a salvar,- excepte a un en el que seus bonistes s’han quedat sense cobrar-, abocant grans quantitats de diners, i abocant-nos a una crisi brutal de liquiditat i desconfiança. Res a veure, per cert, amb la bombolla immobiliària espanyola. Bé, dons fins al moment no hi ha cap mesura evident de que s’intenti regular el mercat de bons. Aquest es un mercat captiu dels bancs, en general del grans bancs, i durant tots aquest anys s’ha caracteritzat per la manca absoluta de liquiditat i transparència. Així com en el mercat borsari hi ha compradors y venedors i en els mercats un poc desenvolupats hom pot tancar electrònicament una operació i la liquiditat normalment no hi falta, com tampoc hi falta, pel mateix funcionament, en el mercat de deute públic, resulta que en el mercat de bons estem encara com si fossin en un mercat de «corros» o de cridaners, per dir-ho d’alguna manera. Encara que vostè trobi el bo i un preu orientatiu a Bloomberg, p.e., vostè no podrà tancar l’operació si no truca al seu banc i aquest, moltes vegades truqui al gran perquè li doni preu. Pel camí ja es pot imaginar la quantitat de comissions que es quedaran a mes a mes, i això en el supòsit que li comprin. La primera i diria que única reglamentació que s’ha d’introduir al mercat es que els reguladors obliguen als bancs que han col·locat les emissions directes, o empaquetadetes, o posar preu de compra i preu de venda i l’operació es pugui tancar electrònicament. Si això hagués passat la crisi financera no hagués arribar en aquests extrems, perquè els primers interessats en no quedar-se amb actius dolents haguessin estat els propis bancs. A mes, les entitats financeres haurien valorat els seus actius a preus reals. I si aquets bancs deixaven caure al preu, després a la col·locació del bo, el mercat ja s’ho hagués mirat amb desconfiança i el negoci futur d’aquests molt malmès. Per tant, molta xerrameca, però si el lobby bancari continua manant (i a la vista està que no poden ni controlar les milionàries remuneracions dels directius) i cap govern, començant pel americà li posa el cascavell, la propera vegada tindran que tornar a posar els dinerets…. de tots.

Jaume Palau

La marca de la sabiduría

29 de noviembre de 2009

¿Qué queda al lector al final de El Capitalismo que Viene? Pienso que le queda que la competencia propia de un capitalismo de los tiempos que nos va a tocar vivir consigue disipar las rentas, en sentido técnico, de manera que cada individuo gana estrictamente su coste de oportunidad. Podemos decir con toda precisión que, en una situación como esa, el individuo no tiene poder ninguno. El poder está en el sistema si se me permite usar esa palabra en referencia a un sistema económico en el que no hay imperfecciones.

Pesaba en eso el otro día cuando discutía con unos amigos las implicaciones de El Nacimiento de la Biopolítica de Michel Foucault. Lo que a un individuo le pasa en esa situación límite del capitalismo es un magnífico ejemplo de gobernabilidad liberal en la que se da el sometimiento llevado al paroxismo. Cada individuo piensa que es perfectamente libre puesto que hace lo que realmente quiere hacer, dados los precios, y el comportamiento de todos conjuntamente, actuando como si fueran libres, produce esos precios que cada uno toma como dados y de los que no se pueden zafar.

Uno se pregunta en qué consistirá la sabiduría en una situación así. No me cabe duda de que, dado el sometimiento máximo posible que aqueja a un individuo cualquiera, lo único sabio que este individuo puede hacer en una situación así es «trabajar», es decir cumplir con lo que él mismo ha decidido que quiere hacer, y «cuidarse» a sí mismo. Pero, en la medida en que su subjetividad está total y exhaustivamente determinada por ese sometimiento sutil que le fuerza a aceptar lo que en última instancia define el contenido de su libertad, el cuidado de sí mismo ha de ser algo que se encuentre en la estrecha frontera entre la aceptación pasiva de su situación y de su argüiblemente falsa libertad y las rebeliones innombrables que llevará a cabo de manera espasmódica: excesos, drogas y toda clase de transgresiones que le hagan olvidar que, en realidad, esos espasmos no hacen sino consolidar su sometimiento al sistema.

Ante una situación así ¿cuales son las figuras de la sabiduría? ¿Qué puede hacer un individuo que le haga sentirse dueño de su propia subjetividad? El silencio radical me parece la primera de esas figuras propias de la retórica de la autonomía personal. Me basta con imaginar la desesperación del torturador ante el silencio inquebrantable del torturado para reconocer que, sin ese silencio, no puede haber reconocimiento de la subjetividad que no está de antemano viciado y vivido de manera impostada.

La perfecta quietud constituye, de manera análoga a la anterior, otra derrota posible de la sumisión ya que toda acción está ya dictada de antemano y es solo la quietud sin fisuras la que disuelve la sumisión.

Silencio y quietud son las señas de identidad de la Esfinge de modo y manera que esa figura ha sido siempre, como síntesis del silencio y la quietud, la forma más perfecta de la rebelión, la más perfecta de las disidencias.

Pero a la esfinge le falta la acción para convertirse en no solo la más perfecta de las disidencias, sino en la única posible. El gesto realmente más perfecto, la acción mínima más reveladora de la independencia y el cuidado de la subjetividad, es el ayuno radical. Solo desde una anorexia no mórbida sino aceptada con total paz, puede un individuo en el límite del sometimiento social, sentirse autónomo y dueño de sí mismo.

Un Esfinge anoréxica es, sin duda, la marca de la sabiduría.

Notas

[1] No sé quién es Kueli, pero simpatizo con lo que dice David de Ugarte. Cuando se ha superado cierto umbral (en términos de patrimonio económico y/o de prestigio) que le permite a alguien estar más allá del bien y del mal es más fácil ponerse «farruco». Si no estás en «la pomada», no: el mercado es mucho más imperfecto. Y perdón porque no conozco a este «Kueli», que me cae bien y parece con la cabeza bien amueblada, pero me parece la suya una visión un tanto clasista y no muy acompasada con la realidad hispánica.

[2] Puede que se me escape algo, pero no entiendo bien las ventajas de descentralizar la actividad. regulatoria en educación, energía eléctrica y defensa de la competencia. En teoría cuantos más ámbitos de experimentación haya, más posibilidades teóricas de aprender. Pero me parece que se facilita en muchos casos la captura del regulador, introduce incentivos a una compartimentación de mercados que, al menos en el ámbito eléctrico y de defensa de la competencia, no parecen deseables. Y suele conllevar un incremento neto del aparataje burocrático.

[3] En esta ocasión y a pesar de que a lo largo de todo el desarrollo de la crisis JU ha sido muy crítico con el comportamiento de los economistas teóricos (de los cuales él es un ejemplo eminente), en este caso rompe una lanza en favor del trabajo desarrollado por ellos, explicándonos el tipo de labor desarrollada por ellos.

¿Tiempos revueltos?

Crónica de una Crisis | Diciembre 2009

Prólogo

En este mes hay tres hilos conductores fundamentales (aunque por supuesto con numerosas ramificaciones) en JU: la crisis en España, a propósito del proyecto de ley de Economía Sostenible. En relación con esto último, unas reflexiones sobre el quehacer científico (5 posts sobre la «La ciencia en tiempos revueltos») y cómo mejorar la capacidad innovadora (en España y en cualquier país) y unas consideraciones sobre el papel de la ciencia económica, con ocasión de la muerte de Paul Samuelson.

En relación con la crisis en España, a JU le parece que es frecuente la aparición de comportamientos que reflejan Shadenfreude (en palabras del propio JU, «un término ya casi popular que nos recuerda que nada hay tan placentero como el sufrimiento ajeno (…). Con una agravante, pues nos regocijamos con nuestro propio sufrimiento siempre, claro está, que lo podamos atribuir a alguien a quien odiamos…»). Añade que no es exagerado decir que esta recesión que, «en buena parte está ya superada», es la primera crisis bajo el imperio de la Red lo que en su opinión obliga a los periódicos en papel a convertirse en sensacionalistas.

En esa misma línea optimista, señala que «la crisis actual, por razones que no tengo espacio para explicar aquí, pero que tienen que ver con su especial naturaleza financiera, no va a ser tan profunda ni tan duradera como lo fue la de los años 30 que tantas cosas cambió».

En lo que se refiere al cambio de modelo económico y cómo potenciar la capacidad innovadora («La ciencia en tiempos revueltos», 5 posts), defiende JU la eliminación de dos principios aparentemente fundamentales en el quehacer científico actual, considerados pilares de la innovación por los «políticamente correctos» (la expresión es mía, no de JU): la propiedad intelectual y los rankings bibliométricos. De ahí que él considere sus propuestas abolicionistas «heréticas».

La razón para fundamentar la primera abolición es, según JU, que «al ser los descubrimientos secuenciales, las patentes retrasan la creación de conocimiento o su explotación justamente porque conceden monopolios temporales que, como se sabe, son la antítesis del libre mercado y porque dan origen a comportamientos oportunistas».

En cuanto a los rankings bibliométricos basados, por ejemplo, en el índice w, según JU corren el peligro de contribuir a cegar la fuente de la creatividad. Así como el monopolio es bueno para su titular y malo para la sociedad, pueden ser mal utilizados de forma que redunden en la polarización de las preocupaciones, dejando en sombra problemas serios y quizá más intelectualmente productivos al tiempo que condicionan el poder académico, y de cualquier otra naturaleza, por razones espurias En definitiva, para JU con esos dos tipos de apoyos artificiales los científicos corren el peligro de adocenarse, de convertirse en tristes oficinistas poco honestos unos con otros y sin verdadera apreciación por la creatividad y el «Eureka».

Por último, al hilo de la muerte de su admirado Samuelson («El Principio de Correspondencia. En memoria de Samuelson») JU efectúa disquisiciones muy jugosas sobre la teoría económica actual (para las cuales remito al post correspondiente) y nos termina diciendo que la macroeconomía cuantitativa de hoy en día y la cualitativa de antaño dependen de unos principios cuya naturaleza ya estaba en Samuelson. Además, considera que «las recomendaciones de política económica que los macroeconomistas susurran al oído del soberano, no penden ni siquiera de un hilo, están elevadas en el aire flotando libremente y sin cimientos. No son más que fábulas, como diría Rubinstein, refiriéndose a cualquier modelo económico». Si bien, añade JU, «Quizá Samuelson desde el cielo de loe economistas respondería: ¡nada menos que fábulas!»

Hiper y Crucifijo

9 de diciembre de 2009

Aparte de las discusiones acaloradas sobre la pertinencia del nombre (Economía Sostenible) y sobre el contenido de sus diversos ejes temáticos, el larguísimo y recientemente presentado proyecto de ley brilla por la ausencia de dos asuntos que tienen mucho que ver con la sostenibilidad aunque sea argüible que deberían ser abordados en textos separados tanto entre sí como del que ahora se discute con ardor. Sin duda esto es cierto de la educación, aunque la ley vigente es muy reciente, pues nada es sostenible si la población no alcanza un nivel educativo alto en todos los sentidos. Pero también es cierto de la distribución comercial pues, dependiendo de su regulación, hay formas de vida y costumbres que se pueden ver alentadas o devenir insostenibles.

Esta segunda ausencia es especialmente llamativa pues la Ley de Economía Sostenible verá la luz, si la ve, en un momento en el que el paro alcanza cotas preocupantes aun contando con la picaresca nacional, la magnitud de la economía sumergida y la ayuda de la red familiar que palían la crudeza de las correspondientes cifras en estos lares. Es por lo tanto al menos curioso que la CEOE no haya dejado oír su voz antes y después de la presentación del actual proyecto de ley sobre la problemática genérica de la regulación de las grandes superficies. Y digo que es curioso porque mayor o menor amplitud de los horarios comerciales, el listado más o menos largo de días festivos con actividad permitida así como la mayor o menor agilidad y heterogeneidad autonómica para la tramitación de la apertura de nuevas centros comerciales, pueden tener un impacto significativo en la creación de empleo. En la medida en que en este momento la inflación no es la preocupación principal, a pesar del último repunte debido, más que a la recuperación de la actividad, a la subida del petróleo espoleada por las expectativas generales de recuperación, parecería que la liberalización de la regulación de las grandes superficies como centros de distribución comercial, debería aparecer en un lugar prominente en las recomendaciones patronales.

Tanto mayor es esta sorpresa cuanto resulta ser un hecho que sabemos mucho al respecto debido a un magnífico estudio realizado por Aitor Ciarreta, María Paz Espinosa y Maite Martínez-Granado para la asociación de las grandes superficies comerciales y para el cual tuve el honor de escribir un prólogo. De un estudio como éste, que está realizado con todas las garantías de calidad exigibles, se desprenden con toda claridad algunas conclusiones contundentes. La primera es que la eliminación o suavización de las restricciones sobre horarios y días de apertura tiene una influencia positiva y claramente significativa sobre el empleo en el sector de la distribución comercial. Y la segunda y complementaria es que, a la luz de los datos existentes, no puede argüirse que esta creación de empleo en los suburbios o nuevas zonas residenciales sea la causa de la perceptible desaparición de no pocas tiendas de barrio en el centro de las grandes urbes.

En relación con este asunto, sin embargo, hay que hacerse eco de un hecho acaecido recientemente en Alemania en donde, a pesar de años de gobiernos socialdemócratas, la liberalización en materia de horarios y de apertura de los comercios al por menor había ido ganando terreno. Pues bien, que esta tendencia se rompe parece ser el comentario obvio a la reciente sentencia del Tribunal Constitucional alemán que, según noticia del FT del miércoles 2 de diciembre, ha declarado inconstitucional la regulación de la ciudad libre de Berlín en lo que respecta a la apertura de los comercios los cuatro domingos de adviento anteriores a la Navidad, además de otros seis domingos a lo largo del año. Parece ser, según el FT, que se trata de un triunfo de la extraña coalición formada por los sindicatos y el clero que, por distintas razones, coinciden en su deseo de que se ponga coto a la libertad de horarios y de fechas de apertura: «Esta es una clara señal en contra de la subordinación total de la sociedad a la economía» cita el FT al Comité Central de los Católicos alemanes que parece resonar con la extensión de un cierto sentimiento en esa línea que se extiende desde el comienzo de esta recesión a la que todavía no vemos una salida franca.

Y aquí surge el punto de unión con la cuestión del crucifijo en las aulas. En efecto, pensemos en primer lugar que para muchas personas, la paulatina desaparición de las tiendas de barrio es una cuestión muy seria que atañe a la forma de vida y a la cohesión de una comunidad conformada por unas instituciones que, sin embargo no son estáticas sino que están siempre sujetas a fuerzas que por un lado las sostienen pero por otro las rompen en favor de otras que, por razones a explorar, se presentan como aventajados arreglos sustitutivos. En segundo lugar parece obvio que esto mismo cabe preguntarse sobre el crucifijo, si su presencia en las aulas no sería la muestra de una institución tradicional que nace de nuestra tradición más ancestral que la dota de estabilidad o si, por el contrario, no violará la aconfesionalidad o la laicidad del Estado.

Tampoco me extrañaría observar aquí también una cierta coalición del clero y de algún sindicato de enseñanza a fin de evitar novedades, como podrían ser la simultánea de diversos signos pertenecientes a diferentes confesiones o la eliminación de cualquiera de ellos Termino con una cita del prólogo al que me he referido y que va dirigida a presentar mi solución al problema de la batalla entre el hiper y la tienda de barrio, pero que muy bien puede el lector ajustar al problema entre el centro de enseñanza moderno y aséptico y el colegio de la esquina de toda la vida y que ya forma parte del paisaje. Decía:

«… a mí, como a muchas de las personas con las que me trato, nos gustaría contar con ambos tipos de establecimientos, los que se ubican en, y contribuyen a, crear los nuevos espacios de relación ciudadana y aquellos tradicionales que están más personalizados y cercanos a nuestra vivienda de forma que permiten un trato cotidiano con los dueños…»

Me atrevería a pronosticar que esa diversidad iluminará el paisaje comercial en un futuro no muy lejano por la misma fuerza de las cosas….. No me extrañaría además que sean las grandes cadenas multinacionales las que, finalmente, se lancen a rehacer el sector que hasta ahora estaba en manos de familias que no encuentran fácilmente continuidad en su propio seno. Los problemas de horarios y de dificultad para hacer efectivas las economías en las compras del género se verían de esta manera solucionados.

Schadenfreude

10 de diciembre de 2009

En el seminario de la FUE de ayer en la Fundación March tuvimos ocasión de escuchar al profesor Marco Iacoboni hablar sobre las neuronas espejo responsables de la capacidad de imitación de los monos y de los humanos. Seguramente es un avance en las neurociencias, pero las aplicaciones posibles a la economía o a la teoría de juegos me parecieron prematuras. Y no solo eso, sino que la capacidad neuronal para la imitación se traslade sin más a la empatía de forma que la afirmación de que estamos «wired for empathy» parece un si es no es exagerada a menos que la palabra empatía restrinja notablemente su campo semántico. Quizá la imitación nos permita presumir que nos podemos poner en la piel del otro; pero eso no significa que tenemos una propensión a sentir con ese otro, es decir en su misma dirección.

Schadenfreude es un término ya casi popular que nos recuerda que nada hay tan placentero como el sufrimiento ajeno. El caso de España y la crisis me parece un claro ejemplo de este fenómeno. Con una agravante pues nos regocijamos con nuestro propio sufrimiento siempre, claro está, que lo podamos atribuir a alguien a quien odiamos.

Veamos el caso de la rebaja de las perspectivas de la deuda española que, según Standard and Poors son negativas, aunque se mantenga el rating, debido a la velocidad de crecimiento del endeudamiento. Las demás agencias de rating no han dicho nada y hasta antes de ayer las agencias eran vilipendiadas por la poca visión que habían tenido con algunos activos novedosos. Sin embargo los medios convencionales nos han hablado como de un cataclismo más a añadir al secuestro de los cooperantes en Mauritania o a los casos Alakrana o Haidar. Y este gusto por el error propio, como caso especial de la Schadenfreude, ha hecho tambalear la Bolsa durante tres días al compararse la situación económica española con la griega cuando la deuda española apenas si sobrepasa el 60% del PIB a diferencia de la belga por mencionar un país del que no se dice nada malo. El diferencial del bono español con el alemán aumenta y los comentarista ponen el grito en el cielo cuando ha estado mucho más alto.

No es exagerado decir que esta recesión que, en buena parte está ya superada, es la primera crisis bajo el imperio de la Red lo que obliga a los periódicos en papel a convertirse en sensacionalistas. Es mucho más tranquilizante leer el número 2 de N+1 Investment & Corporate Papers, correspondiente a este mes de diciembre, en el que se opina que «Spain can avoid a Lost Decade» y se pergeña por parte de varios autores «A Way out of the Crisis». Un repaso a las dificultades bien conocidas de nuestra economía y a sus posibles soluciones. Sin sombra de Schadenfreude.

«La ciencia en tiempos revueltos» revisitada 1: Introducción

12 de diciembre de 2009

Publiqué este artículo en Expansión hace un año a pesar de que estaba escrito en borrador con casi seis meses de antelación. Voy a publicar ahora y aquí ese borrador y lo voy a hacer por partes de forma que pueda comentar algunos de sus extremos para ver cómo han cambiado algunas cosas.
Comenzaba así:

«Es dudoso que los tiempos revueltos sean buenos para amar tal como muestra mi serie televisiva favorita. Los tiempos revueltos cambiarían las costumbres. En ellos se vestiría de manera distinta, se gastaría de forma no solo más mirada, sino también en una gama de productos más estrecha. El arte, la música, la literatura y hasta la moda cambiarían de estilo. La austeridad reemplazaría al glamour o al revés si el cambio fuera muy profundo. Siguiendo esta presunta evidencia, Sánchez-Ron (El País, sábado 30 de julio (del 2008) parece dar por sentado que estamos en tiempos turbulentos en todos los frentes y también que los tiempos presentes, aun siendo supuestamente buenos para la ciencia, quizá acaben siéndolo solo para un tipo de ciencia, la comercializable, que no es muy de su agrado.»

Este es un primer aspecto sobre el que quiero volver pues tengo que participar en un maratón sobre ciencia y dinero en el que me enreda Aurelia Modrego y quizá acabe utilizando algo de lo que pensaba hace año y medio o quizá llegue a captar lo que han cambiado las cosas en materia de política científica.

Decía para enmarcar el contexto que ya en aquella época:

«Aunque aparentemente escribir sobre esta cuestión parezca romper la cadencia mensual de mis escritos sobre la crisis ya que no hablo hoy sobre el «gran rescate» financiero u otros hechos relevantes, en realidad continúa con ella tratando ahora de reflexionar sobre las dificultades sobrevenidas en la economía real y sobre el famoso cambio de modelo económico cuya urgencia, aquí en España, habría justificado la emergencia de un nuevo Ministerio como el de Ciencia e Innovación. Y estas dos cosas sí que son importantes para aprovechar la oportunidad que quizá abre la crisis.»

Si vuelvo sobre esta viejo artículo es porque el asunto del nuevo modelo económico es un tema que ha vuelto a aflorar con ocasión de la futura ley de economía sostenible y porque, desde que publiqué el artículo en Expansión el nuevo ministerio ha sufrido cambios notables.

«La ciencia en tiempos revueltos» revisitada 2: Los tiempos no son ya tan revueltos

13 de diciembre de 2009

Decía ayer que quería pensar sobre el nuevo modelo económico que parecen exigir los nuevos tiempos. Pero para ello es menester entender que igual los tiempos no son tan nuevos o que lo son de una forma inesperada. Pero vayamos por pasos.

Decía en el artículo original:

«No me parece obvio, por un lado, que los tiempos que estamos viviendo sean de crisis en todos los campos aunque lo sean en el económico. Los que ya tenemos una cierta edad hemos vivido demasiadas crisis como para creer que hay tiempos que no son revueltos o de cambio»

Hoy, a un año de su publicación, este párrafo no me parece muy afortunado. Sí que es cierto que todos los tiempos son de cambio, un cambio más o menos soterrado; pero no me parece del todo cierto que, tal como se insinuaba, haya terrenos protegidos del cambio. Creo más bien que debiéramos repensar todo. Incluidos asuntos que parecía habrían de esperar a que la crisis pasara. Pues bien, aunque no haya pasado del todo ya se ve que hay cosas como el cambio climático que no pueden esperar. De hecho ya me lo olía aunque fuera de manera meramente retórica:

«Pero concedamos que hoy vivimos en un mundo turbulento en casi todos los frentes, desde el económico al político pasando por el del pensamiento en general.»

Y continuaba así:

«Por otro lado también creo que la crisis actual, por razones que no tengo espacio para explicar aquí, pero que tienen que ver con su especial naturaleza financiera, no va a ser tan profunda ni tan duradera como lo fue la de los años 30 que tantas cosas cambió.»

Me interesa destacar este parrafito para terminar la entrega de hoy. No iba yo tan descaminado hace año y medio. La razón era que creo haber entendido la naturaleza de la crisis desde sus comienzos y, por lo tanto, haber sabido que el problema estaba acotada no solo desde que, una vez Obama en el poder, Geithner sacó adelante el plan de rescate financiero; sino incluso desde que Paulson intentó pergeñarlo torpemente.

De hecho he ido desincronizado con la opinión pública todo el tiempo. Hasta hoy mismo que pienso lo que comentaba el otro día en relación a la economía española.

El Principio de Correspondencia. En memoria de Samuelson

14 de diciembre de 2009

Ayer murió Paul A. Samuelson. Los periódicos dedicarán amplios espacios a glosar su figura. Yo lo voy a hacer indirectamente tratando de decir algo serio sobre la fortaleza de los cimientos de la macroeconomía actual a partir de algunas ideas suyas casi olvidadas que me vuelven a la mente cuando recuerdo la última vez que lo vi y escuché.[1] En el año 1977 tuve el placer de asistir al reconocimiento explícito de la labor de Armen Alchian en UCLA. Esta Universidad montó unas jornadas sobre su obra con la asistencia entre otros de Stigler, Coase, Arrow y Samuelson. Atesoro el recuerdo de una discusión entre Arrow y Samuelson sobre la naturaleza profunda de la Teoría Económica.

¿Está esta Teoría Económica basada fundamentalmente en el principio de maximización, sea esa maximización individual o social, como querría Samuelson o más bien, como defendía ardorosamente Arrow, lo estaría en los movimientos homeostáticos propios del camino hacia el equilibrio a través de reacciones a las desviaciones entre demanda y oferta? ¿Sería pues la Economía una ciencia de la acción o más bien una primera incursión en la teoría de sistemas? Desarrollos formales posteriores (que no voy a mencionar aquí) nos han hecho ver, por un lado, que la Economía es ambas cosas a la vez y que, por otro lado, ni la una ni la otra tienen ningún contenido empírico. Es decir, ni el principio de maximización ni el que llamaríamos el principio de la estabilidad del equilibrio prohíben nada en la realidad de manera que, tuviera razón quien la tuviera nada de la realidad observada nos permitirá zanjar la cuestión.

Esta introducción puede resultar un si es no es etérea pero, como ahora veremos, no es arbitraria y sí apropiada a la discusión actual sobre el estado de la macroeconomía. Para que haya avances en este campo es necesario, sin embargo, que las teorías tengan contenido empírico corroborado y que entendamos bien el porqué de las respuestas que los modelos ofrecen a nuestras preguntas o de la ausencia de ellas.

Bien, el contenido empírico de la Teoría Económica está en lo que se llamaban y se llaman cuestiones de estática comparada. Pongamos un ejemplo que además está de actualidad y subraya que la misión principal de la macroeconomía consiste, como diría y practicaba Samuelson, en asesorar al Gobierno: ¿qué pasaría si el Gobierno decide subir el tipo del IVA? Los posibles efectos dependen de tantos factores (a los que hay que atender no solo en su impacto inmediato sino también en los secundarios que acontecen en subsiguientes rondas) y de tantos detalles que operan en cada uno de los innumerables mercados, que la respuesta se hace generalmente imposible a falta de algún maquillaje teórico. Lo sensato y rutinario es simplificar el modelo mediante la agregación de individuos, de mercancías y de activos financieros y empresas renunciando así a cierta información detallada, pero simplificación que quizá permita una respuesta no ambigua. Esa respuesta no es fácil de obtener pero podemos intentarlo de la siguiente forma. Tomamos las condiciones de ese equilibrio que enfatizaba Arroz y que incluye también las condiciones de maximización que subrayaba Samuelson y analizamos cómo éstas cambian cuando cambia, siguiendo nuestro ejemplo, el tipo del IVA. Comparando un conjunto de condiciones con el otro aprendemos el efecto del cambio paramétrico presumido: el cambio en el tipo de IVA en nuestro ejemplo.

Pero esto es más fácil de decir que de hacer pues la comparación que perseguimos dependerá generalmente de parámetros que desconocemos tanto cuantitativa como cualitativamente. Continuando con nuestro ejemplo podría decir, entre otras cosas, que el efecto del cambio postulado sobre, por ejemplo, la recaudación por IVA, dependerá de la elasticidad de la demanda de la única mercancía intercambiada por parte del único agente presente en el modelo previamente agregado.

Aquí es donde entra Samuelson y su Principio de Correspondencia enunciado en su «Foundations of Economic Analysis». Según este principio, importado de la física, la estática y la dinámica de un sistema económico tiene que corresponderse, de manera que podemos hacer uso de las condiciones de estabilidad, que son necesarias para que converja la trayectoria dinámica, para condicionar o determinar el signo de algún parámetro que, de esa forma, nos permita a contestar sin ambigüedad a nuestra pregunta. Quizá de esta manera podríamos decir, continuando con nuestro ejemplo hipotético y de manera contraintuitiva, que la recaudación despues de una subida del tipo de IVA va a disminuir por ese concepto en contra de lo que queríamos debido a que puede ocurrir que para que el sistema económico sa dinámicamente estable, la elasticidad de la demanda agregada con respecto al tipo de IVA deba ser negativa y de tal calibre que el valor de las transacciones sobre las que gira ese impuesto indirecto puede disminuir, haciendo así descender la recaudación.

Vemos pues cómo los resultados de la estática comparada, que son los que tienen contenido empírico, el Principio de Correspondencia, que no deja de ser un supuesto (y no necesariamente adecuado a un modelo económico aunque lo sea para un modelo físico) y la llamada Economía Cualitativa, cuyas ideas también estaban en las Foundations, y es capaz de suministrarnos al menos el signo de la respuesta a la cuestión que nos preguntamos, están íntimamente relacionados.

Ahora bien, si queremos ir más allá, tenemos que encontrar la manera de computar el modelo para que la respuesta no sea solo cualitativa sino, además, cuantitativa. Para ello hay que, más allá de practicar la agregación «adecuada», dar valores concretos, y no solo signos, a aquellos parámetros que sea relevantes para el problema de que se trate en cada caso. Esto se puede hacer calibrando el modelo de forma tal que los valores de esos parámetros calibrados generen, en el modelo, unos valores que den cuenta, de la forma más perfecta posible, de las series temporales conocidas y observadas en la realidad.

Lo que me interesa destacar es que ni la Economía Cualitativa, basada en la presunta corrección del Principio de Correspondencia, ni la que llamaríamos macroeconomía de equilibrio general computable o Economía Cuantitativa para entendernos, basada en la presunta corrección del modelo cuyos parámetros se calibran (una especie de Principio de Coherencia parecido al de Correspondencia), dicen nada sobre si hemos agregado bien los bienes, los agentes o los activos, es decir sobre si el modelo es adecuado o no para dar con la respuesta a la pregunta que le hemos formulado. El economista dará su consejo (sobre si subir el IVA o no hacerlo) sin saber si lo está recomendando sobre la base de un modelo del sistema correcto o incorrecto. Solo sabrá que al menos su consejo es coherente con el hecho de que ese modelo es presumiblemente estable o presumiblemente acorde con los datos ya observados.

Se impone una consecuencia. Si la descripción del quehacer económico que he realizado es aceptable, aprendemos dos cosas. La primera que la macroeconomía cuantitativa de hoy en día y la cualitativa de antaño dependen de unos principios cuya naturaleza ya estaba en Samuelson. La segunda que hoy en día las recomendaciones de política económica que los macroeconomistas susurran al oído del soberano, no penden ni siquiera de un hilo, están elevadas en el aire flotando libremente y sin cimientos. No son más que fábulas como diría Rubinstein refiriéndose a cualquier modelo económico. Quizá Samuelson desde el cielo de loe economistas respondería: ¡nada menos que fábulas!

«La ciencia en tiempos revueltos» revisitada 3: ¿Es la ciencia un jardín?

14 de diciembre de 2009

En un mundo revuelto que ya hemos concedido pudiera ser el nuestro y no solo por la crisis, Sánchez-Ron nos decía que «es natural que la ciencia sea vista como un refugio de serenidad y sobriedad moral».

Aducía la siguiente cita de Einstein:

«En principio, creo que una de las fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento.»

La ciencia sería entonces como un descanso para la triste vida del que se deja infectar por el relativismo presuntamente omnipresente continuaba yo y me preguntaba:

«Pero ¿Es real esa imagen idílica? ¿Es la ciencia el cultivo de ese huerto al que nos retiramos cuando el mundo nos decepciona? Nuestro articulista, catedrático de Historia de la Ciencia nos ofrece, de hecho, buenas razones para pensar lo contrario ya que el mundo de la ciencia hoy es un mundo competitivo y de guerras entre clanes, guerras que se juegan con armas como las que se utilizan en el mundo de los negocios y de dudosa respetabilidad. Ningún ejemplo mejor que el de la figura de Craig Venter quien, en la carrera por la decodificación del genoma humano, rompió el tabú de la inapropiabilidad privada de la ciencia, continúa ahora por iniciativa propia sus investigaciones sobre vida artificial y es el investigador al que Sánchez-Ron dedica la mayor parte de su interesante comentario.»

Y esto nos lleva directamente a la posibilidad de la privatización de la Ciencia de la que hablaré mañana.

«La ciencia en tiempos revueltos» revisitada 4: No hay lugar para la nostalgia

18 de diciembre de 2009

Retomo hoy el tema de La Ciencia en Tiempos Revueltos que voy desmenuzando poco a poco en una revisión de lo que dije en su momento.

Continuaba diciendo:

«Hace tiempo dediqué bastantes páginas a tratar de desmontar la mayoría de los argumentos contra la privatización de la ciencia; pero la opinión general sigue siendo que esa privatización sería un error que nos llevaría a un mundo científico en el que nadie querría refugiarse aunque fuera el reino de la racionalidad. Es, se dice, un error pretender que los intereses económicos, y en general el mercado, se introduzca en el mundo de la ciencia.»

Ayer tuve ocasión de volver sobre este tema en un maratón organizado por Aurelia Modrego en el contexto de los maratones promovidos por el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT). Ya comentaré sobre ello, pero mi intervención de ayer, centrada en el tema Ciencia y Dinero, puede considerarse como una continuación de las ideas a las que me acabo de referir. Trataba de entender la extraña posición de los científicos con relación al dinero y sus posibles dificultades psíquicas derivadas de deseo complementario de «dejar huella» y de «borrar sus huellas» mediante el enriquecimiento personal para sentirse como los demás. Estas dificultades muy comprensibles no tienen que ver con la privatización, pero sí con la nostalgia a la que luego se refería el historiador:

«Y, sin embargo, parece como si personas como Sánchez-Ron dieran por hecho que eso va a ocurrir y lo admitieran como algo triste e inevitable que nos hace mirar a la sacralidad de la ciencia con nostalgia. Yo pienso, sin embargo, que la nostalgia está poco indicada en este caso ya que la ciencia privatizada y desacralizadora puede funcionar muy bien en ciertas condiciones de las que hablaré un poco más adelante.»

Volveré a examinar esas condiciones,

«pero antes defenderé que la nostalgia de una ciencia pura y no contaminada por intereses comerciales está fuera de lugar pues, aunque es cierto que la ciencia ataca a menudo problemas meramente instrumentales, no hay quien le libre de confrontar asuntos de método que nunca podrán ser reducidos a ideas vendibles una vez incorporadas a objetos tangibles. Además, no me parece correcto pensar que todos los temas de los que trata la ciencia sean instrumentales. Más bien creo que hay muchos problemas científicos que nada tienen que ver con objetivos prácticos y que difícilmente pueden calificarse de ser comerciables. No solo no hay lugar para la nostalgia de una vida al socaire de las preocupaciones terrenales sino que, además, hay que reconocer que la creación de conocimiento científico, sea más o menos teórico y desinteresado o sea con aparentes aplicaciones prácticas y comerciables, puede ser una actividad liberalizadora e intelectualmente gratificante siempre que se den algunas condiciones más allá y más acá del espíritu sacerdotal que parecería impregnar aquella ciencia que hoy se contempla en la distancia con inadecuada nostalgia.»

Creo sinceramente que el reconocimiento de esta inadecuación de la nostalgia en los tiempos que vivimos ayudaría a las dificultades psíquicas de los científicos.

«La ciencia en tiempos revueltos» revisitada 5: Las condiciones

19 de diciembre de 2009

Decía ayer que hay condiciones bajo las cuales la ciencia privatizada puede funcionar al margen del espíritu sacerdotal que se atribuye a la ciencia. En su día decía que iba a mencionar «dos de esas condiciones, las dos más sorprendentes y, desde luego ambas «heréticas».[2] Continuaba aseverando que:

«Lo primero que se necesita es, más acá de ese espíritu sacerdotal, atreverse a ser herético y renunciar de manera general a esa escasez artificial que se llama genéricamente propiedad intelectual.»

Resulta que esto es un tema actual por la guerra abierta por la Ministra Sinde (quien me dicen que antes de guionista, directora y Ministra trabajó para la industria musical) entre «creadores» e internautas a propósito de las descargas desde webs que ofrecen contenidos protegidos por el derecho de autor. Y resulta también que esta discusión en la que me meto muy a menudo parece un diálogo de sordos. Los protegidos solo quieren entender que la Ley les protege y rechazan entrar en el juego que me interesa, el de imaginar un mundo sin propiedad intelectual.

Vemos lo que sería un mundo así o, lo que es lo mismo, lo que es el efecto de esa posible renuncia.

«Esto, que parecería una vuelta a ese espejismo de una ciencia pura e incontaminada, es más bien lo contrario. Como los descubrimientos son secuenciales, las patentes retrasan la creación de conocimiento o su explotación justamente porque conceden monopolios temporales que, como se sabe, son la antítesis del libre mercado y porque dan origen a comportamientos oportunistas.»

A los que no quieren entender debería interesarles saber que:

«La evidencia empírica, además, hace ver con bastante claridad que los incentivos a, crear, hacer ciencia o innovar, no decrecen dramáticamente en ausencia de esa protección artificial en los mercados más relevantes.»

Es como si ahora todos hubieran aprendido el argumento de Arrow justo ahora que surge otro más ajustado:

«La manera tradicional de pensar de los economistas está en entredicho y no puede ser seguida sin pensarlo un poquito aunque parece que hoy la mismísima Universidad despierta a la explotación de los resultados científicos.»

Ahora paso a la segunda condición que facilitaría el buen funcionamiento de la ciencia privatizada. Como es todavía más herética que la primera su exposición requiere bastante espacio:

«Aunque no hubiera patentes hay otras formas de acabar con la competencia, noción ésta distinta de la de mercado, pero responsable principal de la capacidad de generar riqueza que se atribuye, y con toda justicia, a ese libre mercado. Paradójicamente esas formas «tóxicas» son aquéllas que se supone reflejan precisamente esa competencia. Pensemos en los rankings bibliométricos basados, por ejemplo en el índice w, índice que alcanza un científico que ha publicado w trabajos que han sido citados al menos 10w veces. Al igual que las patentes y a pesar de la sabiduría convencional (que diría que estimulan la competencia entre científicos y la innovación intelectual) estos rankings corren el peligro de contribuir a cegar la fuente de la creatividad. Así como el monopolio es bueno para su titular y malo para la sociedad, los rankings bibliométricos pueden ser útiles en muchos sentidos, y especialmente para contratar investigadores, pero pueden ser mal utilizados de forma que redunden en la polarización de las preocupaciones dejando en sombra problemas serios y quizá más intelectualmente productivos al tiempo que condicionan el poder académico, y de cualquier otra naturaleza, por razones espurias.»

Y así llegaba a una conclusión obvia:

«Con esos dos tipos de apoyos artificiales los científicos corren el peligro de adocenarse, de convertirse en tristes oficinistas poco honestos unos con otros y sin verdadera apreciación por la creatividad y el «eureka».

Y añadía lo que era realmente una profecía que se ha cumplido tal como hemos visto en la reacción de los científicos a los ajustes presupuestarios:

«en buena parte, eso ocurre porque no tienen el contraste del mercado. Si se la proporcionamos les convertiremos en ciudadanos más libres, en científicos más productivos y en personas más contentas consigo mismas pace Einstein. De ahí la importancia del nuevo Ministerio al que, en todo caso y especialmente si se deja convencer por mis argumentos, no le auguro una vida placentera. Y es que tiene que romper con la «dependencia del recorrido» propia de las comunidades científicas.»

Y así termino esta segunda visita a la ciencia en tiempos revueltos subrayando que no podía saber yo hasta qué punto estaba yo en lo cierto.

El gesto más radical

20 de diciembre de 2009

El Jueves 17 asistí como ponente al Maratón sobre Ciencia y Dinero organizado por Aurelia Modrego para el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. Me tocó hablar el primero y ceñí mi exposición a lo prometido:

«El científico tiene una elación perversa con el dinero que escinde su subjetividad. Quiere ganar dinero para sentirse equivalente a los demás sin que sus huellas se noten. Pero también quiere dejar huella diferenciándose así de los demás.»

Si escribo mi intervención con un poco de cuidado utilizando mis notas escritas como siempre en diferentes colores de rotulador, prometo reseñar aquí lo que de ello resulte.

Pero no es de eso de lo que quería hablar, sino de la intervención de María LM que leyó con una cierta pasión unas notas pulcramente escritas a máquina según podía yo ver desde mi posición en la mesa. El resumen que presentó era prometedor:

«Por más que en terminología económica Las Letras supongan en principio, promesa de dinero, y el papel moneda, realidad fantasmática y semiótica del mismo, el mundo universitario de Las Letras parece reacio a inscribirse en ese discurso por el que discurre la comunicación intersubjetiva. Empeñados a menudo en una labor «monumental» de rescate y recuperación de un pasado humanista al que no conseguimos despertar, olvidamos que nuestro objetivo debe ser no la transmisión del saber sino la creación del mismo, y que los cambios de paradigma radicales han venido siempre precedidos por la pregunta clave del pensador, filósofo y hombre/mujer de «letras». Ni capitalismo sin Calvino, ni imperialismo sin mapa, ni ilustración sin Kant, ni revolución sin Marx. Ni digitalización sin filosofía del lenguaje. Trataré de poner en circulación algún mapa contemporáneo que pueda encontrar en las letras una libre circulación de capitales no solo humanos.»

Y no defraudó a una audiencia hipnotizada por el ángel de la muerte de Benjamín anunciando el futuro aunque siempre mirando para atrás, por un maravilloso poema de Baudelaire y, sobre todo, por la historia de los monjes medievales copiando un libro sobre vitela o piel de ternera extraída a vacas que acabaron cambiando el régimen alimenticio de los franceses. Ese único libro, inmensamente caro en términos de rebaños, era un capital que circulaba sin posibilidades de reproducción.

Pero el punto álgido de la velada llegó con su gesto radical de rasgar sus folios a medida que los recitaba. No sé si tenía copias de los mismos en su ordenador; pero el efecto era tan situacionista que no me pude refrenar y llamé la atención sobre ese gesto a voz en grito.
Sin inmutarse, María prosiguió su lectura al tiempo que rasgaba aun más finamente aquellas hojas de papel (obsoleta ya la vitela) que contenían el resultado de un esfuerzo personal perceptible.

Esta falta de codicia me sumió en un estado de perplejidad que dificultó mi seguimiento de sus preciosas ideas sobre cambios de paradigma, circulación de conocimiento, la triple virtualidad del eros, manifestada en saber (asociado a los mapas), poder (asociado a las cartas) y deseo erótico propiamente dicho, así como sus inteligentes alusiones a la modernidad líquida asociada a un continuo fluir inasible y dibujado en una especie de panóptico inverso donde nos movemos sin parar y nuestros controladores no mutan su posición.

Todas estas figuras desfilaban delante de mí sin que yo pudiera agarrarme a ellas fijada mi visión en una multitud cada vez más desordenada de trocitos de papel ya para siempre imposibles de recomponer en el texto regalado a una audiencia silenciosa como un pez en la profundidad del mar.

Y de repente se me abrió la mente y pensé que aquí estaba, en un improbable lugar del Madrid castizo, lo que Sadie Plant buscaba con ahinco: el gesto más radical, algo sobre lo que ya he escrito en alguna ocasión.

Discurría brillante un discurso que ya atacaba al corazón de nuestra terrible experiencia de migrar desde la ciudadanía hacia la dolorosa subjetivación que utiliza la coartada de la identidad para evitar la horrible soledad de producir nuestro propio individuo e iba terminando regalándonos la figura del nómada como figura de nuestro tiempo.

Efectivamente, el nómada no cargará con el peso de sus ideas en papel sino que las olvidará para que puedan ser reemplazadas por otras cada vez más brillantes y sugerentes. No hay límites a la capacidad de creación.

El gesto más radical converge, en efecto, con la lógica de la abundancia. Pero de esto hablaremos otro día.

Divagación sobre el poder

29 de diciembre de 2009

Releo, y leo en serio, a Michel Foucault, ese autor que me decidió a decantarme por la economía anglosajona a raíz de la «imposible» lectura de su Les Mots et les Choses que ya mencioné aquí.

Y por fin me entero de que de lo que se trata es de distinguir la sombra del poder detrás de cada aportación al saber, de estudiar el deseo de saber como generador de poder y de vislumbrar la sombra de ambos debajo del deseo puro, seco.

Y en este punto me vuelve a la cabeza la anécdota que abría mi post sobre Samuelson y el Principio de Correspondencia. Contaba cómo este premio Nobel y Arrow, también premio Nobel, discutían sobre la esencia de la Economía. ¿Se trataba de maximizacion o de equilibrio? ¿Sería pues la Economía una teoría general de la acción o el comienzo de la teoría de sistemas? Me contestaba que ambas cosas y continuaba con la descripción del quehacer básico de la Macroeconomía consistente en ser capaces de contestar sin ambigüedad las llamadas cuestiones de estática comparada utilizando el Principio de Correspondencia.

Hoy me atrevo a ir más lejos en mi lectura de Foucault y tratar de ilustrarla con la descripción de lo que ocurre en equilibrio de un sistema económico regido por la competencia. En ese equilibrio cada individuo hace lo que desea hacer dentro de la restricción presupuestaria definida por sus dotaciones iniciales y por los precios generados por la competencia funcionando dentro del sistema. Máxima libertad para el agente económico individual; pero máximo sometimiento a dicho sistema que es, desde luego, la creación involuntaria del comportamiento libre y maximizador de todos y cada uno de esos agentes individuales.

El poder no puede dejar de hacer su labor, no podemos librarnos de él a fin de ser realmente libres para hacer nuestro deseo a partir de nuestro conocimiento de todas las posibilidades.

Notas

[1] Artículo en honor a Samuelson, reconociéndole que aportaciones importantes suyas siguen vigentes. En otro minipost no recogido en esta obra comenta JU cómo hace unos cuarenta años leía emocionado las «Foundations» de Samuelson como quien lee un texto sagrado. Samuelson era para JU el gran economista de su época y sus obras completas, editadas por Stiglitz y Merton (también premios Nobel) ocupan un lugar privilegiado en su biblioteca, pues aún le «ayudan a entender y hacer entender la naturaleza de la macroeconomía» [sic].

[2] Defiende Juan Urrutia aquí la eliminación de dos principios aparentemente fundamentales en el quehacer científico actual, considerados pilares de la innovación: la propiedad intelectual y los rankings bibliométricos. De ahí que él considere sus propuestas abolicionistas «heréticas». La razón para fundamentar la primera abolición es, según JU, que «al ser los descubrimientos secuenciales, las patentes retrasan la creación de conocimiento o su explotación justamente porque conceden monopolios temporales que, como se sabe, son la antítesis del libre mercado y porque dan origen a comportamientos oportunistas». En cuanto a los rankings bibliométricos basados, por ejemplo, en el índice w, según JU corren el peligro de contribuir a cegar la fuente de la creatividad. Así como el monopolio es bueno para su titular y malo para la sociedad, pueden ser mal utilizados de forma que redunden en la polarización de las preocupaciones, dejando en sombra problemas serios y quizá más intelectualmente productivos al tiempo que condicionan el poder académico, y de cualquier otra naturaleza, por razones espurias. En definitiva, para JU con esos dos tipos de apoyos artificiales los científicos corren el peligro de adocenarse, de convertirse en tristes oficinistas poco honestos unos con otros y sin verdadera apreciación por la creatividad y el «Eureka».

La propiedad intelectual

Crónica de una Crisis | Enero 2010

Prólogo

JU dedica muchos de sus posts de enero a la propiedad intelectual. De hecho, en su artículo de Expansión de ese mes, JU vincula el cambio de modelo económico con la Propiedad Intelectual (PI) y las formas de protegerla o de eliminarla, al hilo del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible en el que hay una disposición final en la que se permitía inicialmente cerrar sin orden judicial una web dedicada a la «distribución» gratuita de contenidos protegidos por el copyright.

La (PI) es un antiguo constructo jurídico que hoy abarca desde el copyright en su versión civil hasta las patentes en su versión mercantil. Con independencia del origen histórico de la PI, el argumento teórico tiene ya cincuenta años, se debe a Arrow y simplemente razona que patentes y copyrights constituyen un monopolio temporal dirigido a encontrar un compromiso entre los incentivos a crear y la difusión de esas creaciones. Usando el caso de las patentes se puede argüir que sin patentes nadie inventaría y que sin obligación de registrar documentalmente la creación se perdería ese conocimiento. Este compromiso ensancha el ámbito de la propiedad, estrecha el dominio público y reduce la competencia al crear un monopolio aunque sea temporal.

La historia y este argumento ya clásico hacen que la discusión nunca se pregunte qué pasaría si no hubiera una legislación que desde hace casi tres siglos protege la PI en cualquiera de sus versiones. Pues bien, JU pone de manifiesto cómo desde el año 2002 contamos con un trabajo de Boldrin y Levine, ampliado en el libro Against Intelectual Monopoly (Cambridge University Press,2008), que defiende que no es cierto que, en ausencia de PI, no haya incentivos a inventar o a crear.

En otro orden de cosas JU se consuela en términos relativos (la caída del PIB en términos anuales es menor en España que en otros países; el diferencial de la deuda, si bien creciente, es menor que en los peores momentos…). Pero sobre todo se consuela con que al Secretario de Estado Campa le permitan recorrer mundo y mostrar las virtudes de la economía española.

Manolo Campa

3 de enero de 2010

Jose Manuel Campa es un magnífico economista[1] que ejerce de Secretario de Estado de Economía en sustitución de otro buen economista, David Vegara quien, según leo, ha optado por otro tipo de carrera en un organismo internacional.

Conozco a Manolo Campa desde hace años y siempre me ha gustado escuchar sus opiniones, sobre todo sobre materias económicas. Por eso me extrañaba que no apareciera más en los medios ahora que la imagen del Gobierno no pasa por su mejor momento. Pero esta ausencia de los medios se subsanó el otro día en el diario económico Expansión en cuyo Consejo Editorial (tal como hace un par de años se llamaba) coincidimos durante bastantes temporadas.

Me gustó cómo trata a los periodistas en su entrevista en Expansión el 21 de diciembre. No hace concesiones ni desea edulcorar los datos ni caer simpático. Es tajante en sus contestaciones y no da nada por supuesto.

Recordemos su opinión sobre las calificaciones de las agencias de rating:

«creo que hay que relativizar un poco la avalancha. Hay que distinguir entre agencias de rating y bancos de inversión. Hay quien dice que estas agencias están muy descalificadas a nivel internacional, al no haber podido prever la crisis. También hay que cualificar la información que dan.»

Y hablando de agencias de rating pone las cosas en su sitio. Si de tres de ellas «dos dan a España AAA y una AA+ negativa, es como darte dos matrículas y un sobresaliente».

En cuanto al mercado de trabajo, y ante la pregunta de cómo se puede eliminar la dualidad del este mercado, contesta tranquilamente que «en enero mandaremos la respuesta». Seguro que lo hace.
De todas formas lo que más me ha gustado es su sobriedad en el asunto crucial del crecimiento del PIB:

«Creo que no hay un debate sobre las previsiones económicas para el año que viene.»

Y es que es excelente trasladar la idea de que no hay grandes divergencias en cuanto a los números:

«una desviación de tres décimas con respecto al año que viene, arriba o abajo, la firmaríamos ahora mismo.»

Si afirmo que me gustan este tipo de respuestas es porque el catastrofismo al que me refería el otro día como Schadenfreude es muy perjudicial y es mucho más conveniente que un Secretario de Estado diga «yo les doy los números y pónganles la interpretación que deseen».

Hago estos comentarios porque creo que no se ha enfatizado lo suficiente que esta recesión es la primera on-line de forma que los diarios de noticias en papel han de exagerar para seguir vendiendo. ¡Malo!

Creativos e internautas

15 de enero de 2010

La propiedad intelectual (PI) es un antiguo constructo jurídico por medio del cual el soberano otorgaba un privilegio a algunos de sus protegidos y que hoy abarca desde el copyright en su versión civil hasta las patentes en su versión mercantil.

Instituciones modernas éstas que, como los antiguos privilegios, garantizan una renta no merecida a sus beneficiarios. Su versión civil ha vuelto a la palestra política con ocasión del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible en el que hay una disposición final en la que se permitía inicialmente cerrar sin orden judicial una web dedicada a la «distribución» gratuita de contenidos protegidos por el copyright. Esta posibilidad ha cogido a la Ministra de Cultura en medio de una batalla agria entre los creativos y los internautas. Los primeros quieren que su derecho se proteja eficazmente y los segundos apelan a la libertad de expresión para protestar por la discrecionalidad administrativa que aparentemente abría la disposición final del Anteproyecto citado. Como la cuestión no es trivial y se discute ya en la sección de opinión de los periódicos generalistas de mayor difusión, nos encontramos en un momento adecuado para volver a reflexionar sobre la cuestión de la PI en cualquiera de sus versiones pues, tal como muestra el caso del software, no está claro si la protección de la PI debiera hacerse siempre mediante el copyright o mediante una patente.

Con independencia de su origen histórico de la PI, el argumento teórico tiene ya cincuenta años, se debe a Arrow y simplemente razona que patentes y copyrights constituyen un monopolio temporal dirigido a encontrar un compromiso entre los incentivos a crear y la difusión de esas creaciones. Usando el caso de las patentes se puede argüir que sin patentes nadie inventaría y que sin obligación de registrar documentadamente la creación, se perdería ese conocimiento. Este compromiso ensancha el ámbito de la propiedad, estrecha el dominio público y reduce la competencia al crear un monopolio aunque sea temporal.

La historia y este argumento ya clásico hacen que la discusión nunca se pregunte qué pasaría si no hubiera una legislación que desde hace casi tres siglos protege la PI en cualquiera de sus versiones. Pues bien, desde el año 2002 contamos con un trabajo de Boldrin y Levine cuyo argumento principal fue resumido por el primero de esos autores y por mí mismo en un artículo publicado en estas mismas páginas y reproducido en Economía en Porciones (Prentice-Hall, 2003, pp. 15 y ss.):

«Si la… idea creativa está incorporada en un producto (lo que siempre es el caso), si la reproducción o copia exigen una cierta formación intelectual o técnica que haga que la copia nunca sea sin costes (lo que ocurre en general) y si hay límites a la capacidad de reproducción (lo que es obvio en la mayoría de los casos), el valor descontado presente de las cuasi-rentas que recibe el creador inicial en ausencia de copyrights o patentes, es positivo».

En consecuencia no es cierto que, en ausencia de PI, no haya incentivos a inventar o a crear y es obvio que la difusión está garantizada. Un resultado que parecería, en principio, dar la razón teórica a los internautas frente a los artistas y creadores, dejando aparte el pequeño detalle práctico de que éstos tienen un derecho reconocido.

Como consecuencia de este resultado teórico, el siguiente argumento antiarrowiano parecería razonable. Se puede muy bien estrechar el ámbito de la propiedad hasta cubrir solo la propiedad de bienes tangibles al tiempo que se ensancha el ámbito del dominio público, medidas éstas que aumentarían la competencia al eliminar un monopolio y traerían consigo un aumento en la cantidad producida y una disminución en el precio que, sin embargo, no caería a cero de forma que y podría ser suficiente como incentivo.

Todas estas ideas aparentemente heréticas se contienen ampliadas en el libro de Boldrin y Levine, Against Intelectual Monopoly (Cambridge University Press, 2008), que ya sería hora de traducir al español una vez que ya se ha traducido hasta al coreano. Su lectura pausada debería hacernos reflexionar sobre estos temas cruciales para la innovación, la productividad y, finalmente, el cambio de modelo económico cuya urgencia parece inspirar la Ley de Economía Sostenible en cuyo Anteproyecto se contiene la cláusula final de la discordia.

Como preámbulo a esta discusión pausada podríamos introducir un par de consideraciones adicionales. La primera es, desde luego, la problemática especial de las farmacéuticas cuyos productos son aparentemente de gran interés y sin embargo exigen un largo período de gestación y, consecuentemente, unos desembolsos de capital significativos que no se abordarían en ausencia de derechos de propiedad intelectual claramente protegidos. Estas características de la industria farmacéutica son ciertas; pero no son diferentes de las que definen a otras industrias que producen bienes tangibles que no tiene otorgado ningún monopolio temporal más allá del que se puedan ganar en el juego de la competencia y basándose en su inteligencia. Además sabemos que esta industria farmacéutica tiene unas tasas de rendimiento muy por encima de la media. A mi juicio, estas características son suficientes como para que recaiga sobre ellas, las farmacéuticas, la carga de la prueba de que no existirían sin PI.

Como segunda consideración podríamos discutir sobre la eficacia del Acta Bayh-Dole, promulgada en los USA en los años ochenta, y que pretendía mejorar la investigación biomédica otorgando a las universidades la propiedad de las patentes que se consiguieran con investigaciones financiadas con dinero público. Se trataba obviamente de reforzar aun más los incentivos a la invención que las patentes otorgan por lo que la opinión que destilan Boldrin y Levine después de una discusión pausada, llama la atención: esta legislación no sirvió para nada en lo que respecta a los incentivos en general («… made no difference as far as general incentives are concerned» p.228).

Sin embargo y tal como dice David Dickson, según una traducción que debo a Francisco Moreno,

«existe una amplia evidencia –basada en anécdotas– en el sentido de que el Acta ha creado una mentalidad entre muchos científicos de que su conocimiento representa una potencial mina de oro que no debe ser compartida con sus competidores potenciales… por lo menos hasta que hayan sido protegidos por una solicitud de patente.»

Pues bien, esa mentalidad, además de ir en contra del espíritu del Sistema de Ciencia Abierta que tantos beneficios nos ha proporcionado, nos hace entender por qué las compañías de capital semilla o de private equity en ningún caso se lanzarán a la financiación de proyectos de investigación que no estén respaldados por patentes, o serán muy reticentes a hacerlo. Sin embargo las compañías de contenidos en la red parecen haber entendido el problema del derecho de copia o de los derechos de autor (copyright) de una manera similar a la aquí explicada y están modificando su modelo de negocio.[2]

No creo que el tan cacareado cambio de modelo económico pueda abordarse seriamente si no reflexionamos con tranquilidad, y más allá de las discusiones entre algún político y algún escritor y de las protestas de internautas y creativos en general, sobre la PI y las formas de protegerla o de eliminarla. Será, esperemos, en este 2010.

Patentes y farmacéuticas

16 de enero de 2010

David de Ugarte me envía el siguiente comentario sobre el último artículo que he publicado en Expansión y que me parece merece la pena presentarlo como un post independiente. Que quede constancia que es suyo aunque pienso apropiármelo.

«Una industria farmacéutica sin patentes significa que el tiempo de explotación exclusiva de los medicamentos se reduciría por debajo de los cuatro años.

Conforme avanzara la tecnología de síntesis es probable que llegara incluso a rondar los dos años, que es el récord actual de plagio, acusado aunque nunca demostrado en el caso del Warfarin, la versión genérica de un anticoagulante llamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc.

Lo interesante del caso Coumadin es que sigue generando unos ingresos de unos 500 millones de dólares anuales a DuPont. Según el Wall Street Journal el gasto mensual por paciente costaría 35,50 dólares frente a los 28,60 del genérico. Sin embargo, a pesar de la diferencia de precios, Coumadin sigue reteniendo casi el 80% del mercado.

Algo parecido nos dice la experiencia del Zovirax, la famosa pomada contra el herpes labial, quien a pesar de existir un genérico (Aciclovir) hasta seis veces más barato, conserva diez años después un 66,5% del mercado.

Esto se debe a que en los países ricos, los mayores consumidores mundiales de medicamentos, los precios en relación a las rentas medias, son lo suficientemente bajos como para que los consumidores mantengan estrategias conservadoras y fidelidad a las marcas. Los grandes beneficiarios de los genéricos son los países periféricos, los sistemas nacionales de salud y a través de estos las personas de rentas más bajas.

Pero por lo mismo, en la industria farmacéutica, el que llega primero, el innovador, tiene incentivos más allá de la patente suficientes como para justificar y rentabilizar sobradamente el I+D. Hoy Coumadin sigue siendo el producto estrella de DuPont, fundamental dentro de las cuentas de la multinacional, a pesar de haber sido uno de los pocos casos donde la aparición casi simultánea de un genérico crea una situación asimilable a la que se daría en ausencia de patentes.»

Post invitado sobre PI

18 de enero de 2010

Marcelo del Campo envía un comentario al post de David Ugarte que yo utilicé como post en este blog reconociendo su autoría. Me parece de interés en cuanto que puntualiza, enfría el entusiasmo antipatentes tanto de David como mío y amplía la discusión. Por esas razones lo cuelgo aquí como posts independiente reconociendo que es Marcelo del Campo el autor. Dice Marcelo:

El nivel de I+D es resultado de estrategias empresariales que incluyen otros factores muy significativos además de los derechos de PI. De hecho, existe una amplia literatura sobre el secretismo y la difusión, que podrían hacer pensar que el sistema de derechos de PI es una alternativa socialmente válida, al facilitar la difusión pública de nuevos descubrimientos. (Lo cual entiendo que queda apuntado en el comentario de Luis).

Siguiendo a los propios Boldrin y Levine, en «Rent Seeking and Innovation» (2003) se introduce el argumento de las ventajas sociales de la difusión pública y del coste del secretismo, y se realiza un primer análisis de las ventajas e inconvenientes de la PI cuando se incluyen estos elemento. En sus propias palabras:

«There is however, a second argument in favour of intellectual property. This correctly observes that rent-seeking is possible through the private sector as well as the public, and that legal grants of monopoly may mitigate the costs of private rent-seeking. This may well be possible….».

y más adelante:

«While there are clear social dangers of allowing the government to grant monopolies, ranging from the ease with which they can be concealed from public scrutiny, to the corruption of the political system, as we pointed out at the start, rent-seeking is possible in the private markets too. Hence the view that patents are a socially valuable substitute for trade secrecy.

Granting a legal monopoly in exchange for revealing the secret of the innovation is one, apparently clean, way to make innovations more widely available in the long run.»

La principal conclusión de este trabajo es que dependiendo del plazo por el que se confieran derechos de patente, podría existir un coste neto social de las mismas. Esto es, que el mero hecho de la utilización del sistema de PI no lo cualifica en un sentido o en otro.

Aunque los autores lo presentan de otra forma, un tanto interesante:

«Our results here point to the ambiguity of theoretical analysis of intellectual property. It is clear, as we argue in this context, that allowing the government to grant monopolies is extremely dangerous and we should require clear and compelling evidence before doing so.

Since theoretical argument is insufficient to settle the point, since empirical evidence is almost non-existent, and since anecdotal evidence strongly suggests that intellectual property reduces rather than encourages innovation, there should be a strong presumption against patents and copyrights.»

Un argumento que se basa en el «extremely dangerous character» de la PI, lo cual queda todavía por desarrollar.

Lo que si que logran establecer, como el resto de la literatura en el tema, es que existen elementos, que tienen que ver con el modelo de negocio, con un peso definitivo a la hora de determinar la conclusión del análisis sobre derechos de PI.

Yo tengo mis comentarios al respecto; pero esperaré un par de días para ver si David y Luis quieren añadir algo.

Derechos de autor

26 de enero de 2010

No nos dejan olvidar este asunto del copyright. Mi amiga MPH (que así firma sus cuadros) me dice que cada vez está más de acuerdo con el bando de los creadores.

Su argumento es, además de respetable, digno de atención pues lo acompaña de la comparación con los denostados bancos que, según ella, cobran por todo y de la consideración de que lo que el artista o creador en general cobra es una minucia, especialmente comparado con lo que cobran, otra vez, los bancos.

Pero la cosa se complica con la intervención de la CNC (Comisión Nacional de la Competencia). Hay que seguir con atención la agrupación de las sociedades gestoras de esos derechos que, según la CNC constituyen un monopolio y, añado yo, quizá son en parte responsables de lo poco que cobra el creador quien además debe compartir ese valor de su derecho con los editores, galeristas y demás intermediarios. ¿Por qué no protestan los artistas contra las editoriales o los galeristas?

Según lo que presenté verbalmente hace algún tiempo (y no me acuerdo dónde) es posible que el sector cultural necesite ese monopolio temporal que proporciona el copyright porque, si bien no parece que hay muchas dudas acerca de la oferta por parte de los creadores, sí que las hay sobre la demanda a precio positivo. O eso se podría argüir a partir del razonamiento de La Catedral y el Bazar de Eric Raymond.

Si eso fuera así y si queremos cultura, es necesario que el monopolio no sea muy férreo pues, si bien es cierto que las posibilidades técnicas de copia hoy permiten evitar la enfermedad de los costes detectada por Baumol en el contexto de las performing arts, ésta resurgiría si el monopolio fuera muy férreo y la demanda cumpliera ciertas condiciones.

Por eso sugiero que el derecho de autor se suavice permitiendo su renuncia pues de esta manera el «buen» creador emitiría una señal de que su obra es buena lo mismo que el estudiante inteligente se señala como tal cuando decide seguir un programa de doctorado difícil y, por consiguiente, con un alto coste de oportunidad. Está haciendo algo que no haría si no fuera cierto lo que quiere señalar, es decir que es un buen creador o que es un tipo inteligente.

Y esa señal es buena para todos pues permite a los demandantes de cultura saber dónde está lo bueno sin tener que dejarnos llevar por los críticos y al que emite la señal seguir ganado bien por su trabajo sin necesidad de que los gestores de derechos le «protejan».

Un pequeño consuelo

28 de enero de 2010

El FMI nos dice que nuestra economía va seguir con tasas de crecimiento negativas durante todo el 2010, la única de las economías grandes. El diferencial de la deuda española aumenta y la banca se cubre para el año que viene. Esto huele mal pensaría un inversor; pero yo1 no lo veo así.[3] Aunque tuviera razón el FMI (que no está claro que la tenga dado su track record) todavía la caída del PIB en términos anuales es menor en España que en otros países. El diferencial de la deuda española aumenta; pero es menor que en los peores momentos y el % de deuda sobre PIB es mucho menor aquí que en otros muchos países que hoy no generan suspicacias. En cuanto a la banca la prudencia evidenciada por las instituciones que ya han presentado sus resultados, da credibilidad a sus análisis y éstos dicen que el año 2010 será testigo de un cierto crecimiento positivo. Pero el pequeño consuelo al que me quiero referir es que, por fin, el gobierno se lanza a «enseñar» a Campa y le encarga que predique correctamente la situación española para lucir los brillos, que los hay. Nadie mejor que él para hacerlo. Ojalá tenga que medirse con Roubini, quien posiblemente fue su colega, y que matizará mucho más sus opiniones ante alguien como Manolo Campa que no traga nada que no se entienda.

Notas

[1] Según JU, no se ha enfatizado lo suficiente que esta recesión es la primera on-line de forma que los diarios de noticias en papel han de exagerar para seguir vendiendo. De ahí que considere bueno que sea Secretario de Estado de Economía alguien como Campa, con excelentes credenciales académicas, como practicioner y en su relación con los medios.

[2] JU vincula el cambio de modelo económico con la Propiedad Intelectual (PI) y las formas de protegerla o de eliminarla, al hilo del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible en el que hay una disposición final en la que se permitía inicialmente cerrar sin orden judicial una web dedicada a la «distribución» gratuita de contenidos protegidos por el copyright. La (PI) es un antiguo constructo jurídico que hoy abarca desde el copyright en su versión civil hasta las patentes en su versión mercantil. Con del origen histórico de la PI, el argumento teórico tiene ya cincuenta años, se debe a Arrow y simplemente razona que patentes y copyrights constituyen un monopolio temporal dirigido a encontrar un compromiso entre los incentivos a crear y la difusión de esas creaciones. Usando el caso de las patentes se puede argüir que sin patentes nadie inventaría y que sin obligación de registrar documentalmente la creación se perdería ese conocimiento. Este compromiso ensancha el ámbito de la propiedad, estrecha el dominio público y reduce la competencia al crear un monopolio aunque sea temporal. La historia y este argumento ya clásico hacen que la discusión nunca se pregunte qué pasaría si no hubiera una legislación que desde hace casi tres siglos protege la PI en cualquiera de sus versiones. Pues bien, JU pone de manifiesto cómo desde el año 2002 contamos con un trabajo de Boldrin y Levine, ampliado en el libro Against Intelectual Monopoly (Cambridge University Press,2008), que defiende que no es cierto que, en ausencia de PI, no haya incentivos a inventar o a crear.

[3] JU se consuela en términos relativos (la caída del PIB en términos anuales es menor en España que en otros países; el diferencial de la deuda, si bien creciente, es menor que en los peores momentos…). Pero sobre todo se consuela con que al Secretario de Estado Campa le permitan recorrer mundo y mostrar las virtudes de la economía española.

Cuestión de poder

Crónica de una Crisis | Febrero 2010

Prólogo

A mi juicio, aunque en su artículo de febrero JU toca también otros temas, el núcleo del mismo está en lo que refleja parte de su título: cuestión de poder.

En la evolución de la crisis, sus consecuencias y las medidas para salir de ella hay latente (y a veces patente) una cuestión de poder. Como se trata del reparto de una tarta reducida de empleo, ingresos públicos… resulta inevitable. Enfrentamiento entre contribuyentes y banqueros; capital y trabajo; empleados con contrato fijo y desempleados; Administración General del Estado, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos…

Además, en su post sobre el Tercer Sector reflexiona JU sobre el nuevo papel de las Fundaciones en el universo resultante de la crisis, que deseablemente será para JU el recogido en su libro El Capitalismo que Viene. En ese universo en que el Capitalismo globalizado y especiado con las TIC acabará con las rentas entendidas como ingresos no merecidos y dependientes únicamente de posicionamientos aleatorios, las Fundaciones se quedan sin un papel claro que jugar al ser para JU «máquinas de rent-seeking» [sic]. Deberán buscar su nuevo papel en constituirse en el laboratorio de experimentación social de las compañías que las utilizarán para ser las primeras en detectar peligros y riesgos y desarrollar herramientas para su manejo: en definitiva, en ir por delante de los acontecimientos.

Por último, en su post sobre «Disciplina de mercado» reflexiona, en primer lugar sobre la dificultad/imposibilidad de que los grandes partidos alcancen un Pacto de Estado, hecho que también manifiesta JU en un minipost que se produce en EE.UU. A pesar de ello, sugiere contenidos no obvios para ese pacto, como la eliminación de algunas rentas clientelares, en concreto las que «maman» de la Obra Social de las Cajas de Ahorros. JU vuelve a plantear su sugerencia de un Consejo de Vigilancia encargado de velar por los intereses de los stakeholders. Además, plantea una idea que a muchos resultará provocadora, como es la generalización del régimen de Concierto Económico, como muestra de que las Comunidades Autónomas asuman su responsabilidad y funcione también ahí la disciplina de mercado.

Iluminaciones: II. Un ensayo en Metanálisis Financiero

1 de febrero de 2010

Lo que se suele llamar Análisis Financiero es el conjunto de lo que, por un lado, practican los especialistas en Economía Financiera, una rama de la Teoría Económica,y de lo que, por otro lado, son las opiniones emitidas por los analistas financieros propiamente dichos que escudriñan el comportamiento de los valores basándose bien en las cifras públicas de la situación de las empresas o bien en unas ciertas regularidades empíricas que el llamado análisis técnico pretende haber detectado. Estos últimos, los analistas financieros en cualquiera de sus dos variedades, son los que un inversor pretende seguir porque los teóricos, en base a sus modelos más sofisticados, solo son capaces de emitir una opinión sobre la relación entre los precios de los diferentes activos financieros sin poder llegar a anclar su análisis de manera tal que pueda llegarse a decir algo sobre la subida o bajada en el índice de los precios de esos activos.

Hace ya años que contamos con algo que se denomina Behavioral Finance, es decir un tipo de Economía Financiera que pretende hacer compatibles el conocimiento de las relaciones entre los precios de los activos y su nivel general con el conocimiento experimental sobre el comportamiento de los inversores que exhiben variados sesgos conductuales que les llevarían a actuar de manera tal que cabría las discrepancias, al menos temporales, entre lo teóricamente afirmado y lo observado en los mercados en los que esos activos financieros se intercambian.

Nada tiene de extraño que los analistas propiamente dichos traten de estar al tanto de los desarrollos experimentales en psicología para poder sacar provecho de las discrepancias temporales entre teoría y observaciones empíricas. Pero ese comportamiento psicológicamente sesgado de los agentes del mercado no es del todo autónomo sino que está condicionado por la información a la que tienen acceso y esa información está, a su vez, influida por el comportamiento interno y externo de los Presidentes o Consejos de las grandes empresas. Este comportamiento les lleva a emitir opiniones sesgadas a favor de una estrategia determinada que solo puede ser descubierta mediante el análisis de las opiniones emitidas hacia el exterior que sabemos están cocinadas con una intención y no pueden tampoco ser independientes ni de los sesgos psicológicos de quienes las emiten ni del game form en las que se encuentran esos grandes decisores.

En eso consistiría por lo tanto lo que en el título de este ensayo llamo Metanálisis Financiero. Este campo de análisis que estoy inaugurando, pienso que va más allá del objetivo de dar cuenta de la estrategia de una empresa y trata de explicarla no por las razones esgrimidas sino por los sesgos de las personas que la fijan. Solo merece la pena cuando realmente esas personas pueden ser consideradas como capaces de fijar su posición más allá de los controles o equilibrios de los órganos de administración.

Esta es precisamente la posición que ocupan los Presidentes de los dos grandes bancos españoles: el Santander y el BBVA en medio de un momento sumamente delicado de las finanzas mundiales, con Obama tratando de canalizar a su favor la indignación popular contra lo que está resultando ser lo que siempre se ha llamado socialización de las pérdidas por parte de la banca estadounidense, con la discutida política monetaria de la FED de Bernanke y con la presión para retirar ayudas extraordinarias y subir tipos para exorcizar el peligro de inflación. Ambos bancos tienen su sede formal en España y ambos generan valor en todo el mundo (por así decirlo) de forma que sufren la situación económica española, con la que tiene que contar pues sus reguladores y supervisores son españoles, y sufren también la coyuntura económica mundial.

Aquí tenemos por lo tanto un experimento natural que está ocurriendo estos días.

En efecto, el BBVA presentó sus resultados el miércoles 27 de este mes y el Santander lo hará el próximo jueves 4 de febrero. Imaginemos a ambos presidentes contemplando dos posibles formas de presentar las cuentas, una prudente y otra agresiva y tomándose su tiempo para decidir cual de ellas presentar a los analistas y a la opinión pública.

No se trata, tal como ya he dicho, de analizar los fundamentales o de rizar el rizo del análisis técnico, sino de estudiar por donde se inclinarán los que están al frente de instituciones sistémicas como estas dos, si por la prudencia falsamente humilde o por un optimismo impostado.

La situación puede variar según sea el orden de actuación de estos dos actores de la escena económico financiera presente, pero el experimento nos viene dado. Así que el experimento consiste en, primero, suponer por qué González ha optado por la extrema prudencia, pero no de cualquier manera sino en base a la psicología de dicho Presidente, y, segundo, en tratar de predecir lo que dirá Botín sabiendo lo que ha dicho González y dejándose llevar por su experiencia y por sus sesgos psicológicos.

Comencemos por González. Es un maestro del timing y su objetivo inconsciente es salir de esta crisis con un banco asequible en precio y perfectamente limpio sin molestar más a los accionistas que ya han sido castigados por una política de dividendos poco generosa en términos de pay-out, que implementó en su momento a través del pago en acciones, y que ahora promete no rebajar en el futuro. En consecuencia se cubre de los riesgos futuros aumentando las provisiones con cargo a los resultados del último trimestre a fin de no pasar apuros durante el 2010. El 2011 el BBVA estará reluciente y el mundo comprenderá que es una joya gracias a una estrategia bien diseñada que ha sabido conjugar la prudencia en la inversión con la innovación a largo plazo y la previsión en el relevo de las generaciones.

Pensemos ahora en Botín. A pesar de que el Santander que preside ha enseñado la popa al BBVA de González hace años, todavía Botín no puede abandonar la competición en lo que aparentemente es otra liga de la que, sin embargo se puede ver descabalgado por los riesgos asumidos, especialmente en el Reino Unido, y obligado a volver a enfrentarse con un antiguo rival que él no sabe hasta que punto le está esperando. Tiene ante él dos estrategias y, por lo tanto, dos maneras de presentar las cuentas. La primera es la acorde con alguien que ya es lo suficientemente mayor como para sentirse invulnerable y una estrella en la Banca, en los circuitos de fórmula 1 y en las universidades de medio mundo. La segunda es la que le pondría en el mismo tipo de bote en que González ha decidido navegar aunque con más lustre y mayor tamaño.

Botín ha pasado, elucubremos, este pasado fin de semana recluído solo en su finca y pensando sobre la presentación de resultados de esta semana en la que estamos, en lo que ha hecho hasta ahora y que sabe conforma un verdadero hito, en la retirada y correspondiente sucesión y en sus declaraciones de que un banco solo debe hacer aquello que entiende.

Siente que no entiende lo que va a pasar, que no sabe que va a ser un banco los próximos años y que, si se confunde, pasará a la historia desde luego, pero solo como un breve comentario en un caso de una escuela de negocios sin que se recuerde que el resurgir de la universidad será en parte su obra. ¿Qué hacer?

En mi opinión, como creador de este nuevo campo del Metanálisis, el Santander hervirá desde hoy hasta el miércoles en el proceso de dar los últimos toques a las cuentas triunfales. Es posible –piensa Botín– que, ante la situación de España que él sabe que los demás creen que es peor de lo que es en realidad, y ante la indefinición de lo que será la Banca americana, su optimismo no arrastre a la Bolsa y ésta, a su vez, no resalte como debiera sus éxitos recientes en alcanzar un diámetro de tamaño mundial y no acabe de creer su pintura rosa del ejercicio.

Pero si consiguiera forzar todo lo improbable al menos durante una temporadita, su figura será ya indestructible. Siente que, si acierta, González se aprovechará de rebote, pero ya no le importa, ya vuela solo y a alturas estratosféricas.

El experimento es obvio. O acierto o no acierto. Ya lo veremos, pero no solo está en juego este nuevo campo del Metanálisis, sino la estrategia inversora de muchas casas de gestión de activos. Lo que yo haría, si fuera gestor, sería dedicar hoy y mañana a vender otros valores y compra santanderes para revenderlos en pocos días y embolsarme la diferencia.

Si acierto en mi análisis habré inaugurado una nueva forma de analizar los determinantes del precio de los valores y si, además, siguiera mis propias recomendaciones me haría rico. Si no acierto, o no sigo mis recomendaciones, estaré como hoy. Por lo tanto, como tampoco estoy tan mal, quizá mi Metanálisis esté sesgado y estoy jugando a González. Debería tenerlo en cuenta pero entonces entraría en un Metametanálisis y esto sería otra cosa que exigiría, antes de abordarlo, una creencia fundada de que la posiblemente infinita recursión me iría acercando a la verdad de la psicología ajena. Esperemos que otra iluminación me sugiera un atajo.

¿Me confundí?

4 de febrero de 2010

Mi intento de Metanálisis Financiero no ha tenido mucho éxito. Predije bien el comportamiento del Banco Santander en la presentación de resultados y no me confundí demasiado en cuanto al deseo profundo de su Presidente de convertirse en algo más, y de naturaleza distinta, que un simple Presidente de banco. Ha querido convertirse en un dominador de la opinión y echar una mano a España, pero hoy ha tocado sus límites. No es todopoderoso, pero pasará al a historia de la Banca como uno de los más exitosos banqueros de la Historia. Sin embargo, si siguieron mi consejo y vendieron todo para comprar «santanderes», no me lo perdonarán nunca. Jamás mi flamante Metanálisis Financiero hubiera predicho que hoy el BBVA iba a quedar mejor que el Santander al descender menos (un 7.54% frente a un 9.40%). Pero es que tampoco soñaba yo en la caída espectacular de la confianza internacional en la economía española. Pensé y así lo dije, que Campa podría explicar la verdadera situación de forma clara y contundente. Me resisto a pensar que me confundí en este punto. Es más bien, pienso, que no le han dejado salir bajo los focos. Estos focos no han iluminado sino a DSK del FMI con sus inevitablemente poco finos análisis, Almunia en su despedida como Comisario de Economía, a Roubini pavoneándose en Davos y a Krugman avisando de los peligros para Europa de un desfondamiento de España. Pero en otras circunstancias no hubieran dicho lo que han dicho estos dos últimos días. Lo que ocurre es que la incertidumbre es de tal naturaleza que es inevitable imaginarse lo peor. Otro sesgo psicológico.

Nadaesgratis

4 de febrero de 2010

He incorporado nadaesgratis a los blogs que leo. Esto facilita mi acceso a su contenido y eso, a su vez, me enriquece. Hoy he disfrutado del post de Luis Garicano exponiendo con claridad por qué razones la confianza en la economía española no es ni puede ser muy grande. Aunque no tengan gran cosa que ver entre sí, me parece que ese post, junto con mi artículo (que hoy sale en Expansión y que mañana les ofreceré como post en este blog) sobre la jobless recovery en todas partes pero especialmente en España, me hace pensar que la recuperación en W es especialmente desmoralizante. Lo es para todos, pero en especial para los jóvenes que acceden al mercado de trabajo y de quienes dependerán las pensiones futuras. Y la desmoralización y la opacidad generalizada se nota en la Bolsa.

Jobless Recovery: ¿Una cuestión de poder?

6 de febrero de 2010

He aquí el artículo que apareció en Expansión el jueves. Como si hubiera sido un detonante, Europa, y especialmente los países mediterráneos, se incendiaron y las llamas no han sido apagadas todavía. En cierta medida y forma en el artículo ya se anunciaba jaleo. Aquí lo tienen.

JOBLESS RECOVERY: ¿UNA CUESTION DE PODER?

En ese lugar virtual que hemos dado en llamar «nube de etiquetas» ocupa un lugar privilegiado, reflejado por el tamaño de sus letras, la jobless recovery, una expresión acuñada en los años 30. Brilla entre otras muchas etiquetas como capitalismo, nudge, regulación, transparencia, desequilibrios, demanda de seguridad, incertidumbre, agencias de rating, mercado de valores, modelo productivo, déficit, financiación, apalancamiento, inmigración, identidad nacional, PIB y muchas otras. Me atrevo a recomendar su traducción como recuperación estéril pues de poco servirá el crecimiento positivo del PIB (en caso de que lo hubiere y no fuera tan reducido como el anunciado por el FMI) si, a pesar de que el aparato productivo o capital físico ha permanecido intacto y de que el capital humano no se ha quedado del todo obsoleto todavía, ese crecimiento no genera vacantes que puedan ser ocupadas por los desempleados o por los jóvenes recién llegados al mercado de trabajo. Mi intuición es que esa esterilidad se trata de una cuestión de poder ejemplificada, pero ni mucho menos agotada, por las dificultades, disculpas, malos entendidos y estrategias oportunista por parte de los protagonistas del diálogo social en España hoy. Con la explicitación de esta intuición terminaré esta columna, pero antes es conveniente dibujar la situación en la que nos encontramos y que parecería dar la razón a los que, jugando con las letras, nos predecían una recuperación en U o en W.

En efecto, los desequilibrios comerciales siguen ahí a pesar del esfuerzo de los ciudadanos de los países ricos (léase EEUU) por reducir su endeudamiento incrementando su ahorro y disminuyendo su consumo de bienes importados. La permanencia de estos desequilibrios explica la continuidad en la demanda proveniente de todas las esquinas del mundo de deuda segura, una demanda que no puede cubrirse con los bonos de corporaciones en buena situación en sectores con futuro y que, en consecuencia, sigue dirigida hacia el papel publico a largo plazo emitido por esos países que, pese a todos los pesares, siguen generando confianza (vuélvase a leer EEUU). Esto presiona los tipos a largo hacia debajo de manera que los bancos centrales relevantes se resisten a abandonar sus prácticas imaginativas para inyectar dinero en el sistema y conducentes a mantener los tipos a corto tan bajos como han estado en el último año. Esto, junto con los déficits públicos, difíciles de reducir ante la persistencia del desempleo, y los efectos poco incentivadores de las posiblemente necesarias subidas de impuestos, hace que el peligro de inflación sea real. De hecho lo es tanto que los motores actuales de la economía global (léase China) comienzan a frenar su crédito interno. Esto hace que la fe en su crecimiento anunciado se desvanezca y sea sustituida por la actualización de un pesimismo siempre latente que, a su vez, genera una bajada de los precios de las materias primas y deprime el mercado de valores con el correspondiente «efecto-pobreza» que retraerá la inversión en general y hará bajar más la bolsa encareciendo el capital. A nadie deberá extrañar que la regularidad recogida por Okun, y que da nombre a una «ley» que lleva su nombre, tenga que modificarse en el sentido de elevar el nivel de la tasa de crecimiento a partir de la cual la tasa de desempleo empiece a reducirse.

En una situación como ésta parece natural que sea el mercado de trabajo el que centre los esfuerzos intelectuales para tratar de encontrar un paliativo a la esterilidad de esta recuperación. Por la parte de la demanda ya sabemos que las subidas en ese salario real basadas en subidas del salario nominal no van a facilitar la creación de empleo a no ser que la productividad del trabajador aumente consistentemente lo que no es de esperar. De ahí todas nuestras discusiones sobre la reforma del mercado laboral incitadas además por el propio Gobernador del Banco de España. Pero es que la oferta tampoco ayuda. Parecería que ante subidas del salario real la intensidad de la búsqueda de empleo y, por lo tanto, la probabilidad de encontrarlo, aumentaría. Pero, de forma un poco herética, me atrevo a insinuar que aquí no importa solo la elección entre ocio y trabajo, sino que hay que tener en cuenta las medidas de protección al trabajador porque pueden influir, de una manera contraintuitiva y paradójica, en la intensidad de búsqueda. Si el Gobierno se guiara por lo que se dice que dicen los empresarios y redujera imperativamente, el costo de despido, la intensidad de la búsqueda de empleo por parte de jóvenes bien formados podría disminuir o su salario de reserva aumentar. La razón de este comportamiento podría ser que aceptar un empleo es en realidad entrar en el club de los que, a partir de ese momento, seguirán disfrutando de ese y otros derechos sociales en los diversos trabajos por los que vayan pasando durante su vida laboral y ese club ya no sería tan atractivo.

Como vemos, la consideración aislada del mercado de trabajo, lejos de facilitar la comprensión de la situación general, la hace todavía más opaca y menos halagüeña pues, por las razones apuntadas y porque los empleos nuevos exigirán una formación que el expulsado de la construcción no tiene, es de suponer que la famosa NAIRU (tasa de desempleo no aceleradora de la inflación en sus siglas inglesas) aumente como reflejo de un mercado segmentado por formación y por edades.

Podría pensarse que eso último ofrece una oportunidad al cambio de modelo productivo; pero, si bien esto puede ser cierto, habrá que preguntarse si el precio no va a ser desmesurado. Sea cual sea la respuesta a esta duda lo que sí se me antoja evidente es la conclusión que anunciaba al principio. Lo que los responsables de la política económica acaben haciendo será una cuestión de poder.

Si la situación fuera como yo la veo, nos encontraríamos en una especie de sumidero que impide el éxito de una negociación social que solo lo tiene cuando se trata de repartirse un excedente. Y como ese no es el caso toparemos con una lucha de poder que se manifestará de muy distintas maneras.

Está, para empezar, el pulso entre las dos potencias citadas, Los EEUU y China, pulso escenificado con efectismo obvio en la cumbre del cambio climático en Copenhague, en las presiones americanas para que se revalúe el renminbi e incluso en las fricciones entre el gobierno chino y empresas americanas como Google. Pero no es este el único pulso. Pensemos en la puesta en entredicho de la independencia de los bancos centrales que, aunque en buena parte es comprensible debido a la captura a la que han sido sometidos por el sector financiero, puede tener efectos colaterales no previsibles como parece estar ocurriendo en Argentina donde aparecen medidas de fuerza. Pensemos en las posibles medidas de Obama sobre el sector bancario (desde imposición al pasivo a la remodelación obligatoria) que parecerían avivar el enfrentamiento entre contribuyentes y banqueros surgido a raíz del rescate bancario con dinero público.

Parece pues tiempo de confrontación y de ello hay que ser conscientes; pero es que, además, tengo la sensación de que surge la amenaza embozada de la lucha de clases, un concepto que parecería obsoleto en su versión marxista puesto que, a través de la popularización de la Bolsa y de su utilización por los fondos de pensiones, casi todo el mundo es dueño de los medios de producción. Se trataría ahora de la lucha implacable por la participación en la producción del trabajo y del capital. Estas participaciones, que se suponen constantes a largo plazo, no lo son a corto plazo y constituyen un objeto de deseo por parte de patronal y sindicatos. Sigamos con atención el diálogo social.

Campa cumple o el poder de la palabra

9 de febrero de 2010

¿Deberían haber intercambiado los papeles la Ministra Salgado y el Secretario de Estado Campa? Entre hablar a inversores o hablar con el FT no creo que haya una diferencia de naturaleza protocolaria sino una simple decisión siguiendo la idea de la ventaja comparativa. Campa puede explicarse mejor, comparativamente, en términos de economía pura y dura y, seguramente, Salgado tiene una ventaja comparativa en cuestiones políticas. El FT está más cerca de la política que los analistas así que la asignación de audiencias me parece correcta. Ya es hora que saquen a Campa a pasear. En su día dije que debieran hacerlo y, más recientemente, me refería al pequeño consuelo que yo veía en que por fin le dieran cancha. No debía estar tan equivocado a juzgar por los comentarios de quienes le escucharon. Además el diferencial con el Bund ha descendido hoy un poco, pero un poco significativo. Indica el poder nada desdeñable de una buena clase de economía como la que impartieron Jose Manuel Campa y Soledad Nuñez (Directora general del Tesoro). El poder de la palabra.

hoy

13 de febrero de 2010

hoy, así con minúscula, no se refiere al día de hoy, 13 de febrero, sino que es el nombre del nuevo programa de información de CNN+ dirigido, como si fuera un programa radiofónico, por Iñaki Gabilondo. Se propone, seguro, ser un poco más fiable, entendible y claro que otros informativos cuyo formato es más rígido y que cuentan con menos tiempo.

Hace unos días sentó a la mesa circular y bicolor zuri urdiñ (homenaje a La Real de sus amores) a César Molinas, una buena elección para un programa que quiere realismo y rigor. Los tuvo cuando César contó que España tenía una deuda exterior del 174% del PIB. Esperaba, supongo, que Iñaki se extrañara y poder explicar que esta cifra era tan abultada porque incluye la deuda privada, pero, cosas de directo, Iñaki le dejó con las ganas.

La distinción es, sin embargo, relevante pues la pública es la que condicionará el comportamiento del Gobierno directamente, mientras que la privada incide directamente sobre el sector privado y solo indirectamente sobre el público que, eso sí, tendrá que pensar en las consecuencias sobre paro y producción de las posibles quiebras privadas.

¿Cuánto colchón tiene el sector privado para posponer las quiebras? Es una pregunta relevante pues este sector tendrá que aportar algo al autorescate del país.

Vamos, digo yo.

La opinión de un académico

16 de febrero de 2010

JASA (José Ángel Sánchez Asiaín) escribe, en un artículo que tuvo la gentileza de enviarme y que recoge la exposición que hizo ante sus colegas académicos de ciencias morales (y además de muchos comentarios perceptivos) que no podemos engañarnos y que la clave de la salida de la crisis pasa por el cambio de modelo económico. El nuevo modelo, que habrá de incrementar la productividad y la competitividad internacional de España, no estará operativo, reconoce, hasta que el sistema educativo cambie y hasta que se conforme un verdadero sistema de ciencia y tecnología. Pues bien, en lo que concierne a la educación, lo que comenté sobre el seminario al que atendí en el IMDEA Ciencias Sociales debe ser suficiente para frenar el optimismo que pudiera haber. En cuanto al sistema de ciencia y tecnología, del que JASA sabe todo lo que hay que saber como Presidente que es de COTEC, me remito a lo que dije sobre los científicos y el dinero. Ambos posts conforman una opinión no muy optimista a corto plazo. De hecho, bastante pesimista.

Malos tiempos para la ciencia

17 de febrero de 2010

Ayer les decía, a propósito de un trabajo de JASA, que no era optimista acerca de las posibilidades del desarrollo de un verdadero sistema de ciencia y tecnología.

Hoy pretendo comentar algunas razones irracionales para mi falta de esperanza. Además de la mala señal que, a efectos internacionales, tiene la reducción presupuestaria para estas materias tal como comentaba Carlos Martínez Alonso en el programa de la CNN+, hoy, quiero acumular dificultades sobre la puesta a punto de este sistema, no con ánimo descalificador sino todo lo contrario.

Ya llevo tiempo con la mosca detrás de la oreja.

Primero escribí que la ciencia no es el huerto idílico al que uno se retiraría a llorar su penas dijera lo que dijera Sánchez Ron. Más tarde me despaché a gusto por una pendiente que desconocía y en cuyo fondo encontré extrañas relaciones entre los científicos y el dinero. Durante este tiempo he mantenido conversaciones interesantes sobre propiedad industrial incluido el sector farmacéutico y me he desesperado al contemplar el énfasis que se pone en las patentes como instrumento indispensable para la transferencia de conocimiento a pesar de la contracción en los términos. Y, de repente, me encuentro con tres informaciones que no deben pasar desapercibidas, aunque no vaya a dar ningún detalle enlazado sobre ellas.

La primera se refiere a una acusación, concreta y bastante detallada, al coautor de Nudge, Cass Sunstein, como partidario de la infiltración cognitiva como parte de la política de una administración demócrata en los USA, institución ésta, la infiltración no la administración demócrata, que incluye la compra taimada de la objetividad científica.

La segunda tiene que ver directamente con la desconfianza hacia la forma en que la OMS ha llevado la campaña de prevención de la gripe A y que, aducen los críticos, ha sido alarmista en exceso y posiblemente a favor de los laboratorios farmacéuticos que han ganado 7.000 millones de dólares.
Y todavía hay una tercera sobre un error en el cálculo de la desaparición de los glaciares.

No me interesan los detalles ahora mismo. Cuando la ciencia se comercializa de la forma en que se está haciendo (parecería que el conocimiento en sí mismo no importa y es cosa como de vagos) es que hemos perdido el norte. Y en una situación así el científico, lejos de sentirse liberado del poder, se siente usado por ese poder. La reacción, quizá no inmediata, es la tentación de outsmart al poder y producir señales ambiguas o falsas que bajo la apariencia de ayudar a su señor, le acaban poniendo en evidencia.

Iluminaciones: V. El tercer sector

22 de febrero de 2010

Entre el sector público y el privado hay algo que se denominó en su día el Tercer Sector y en el que entran todas las muy variadas actividades sin ánimo de lucro.

Su aportación al PIB de cada país se cuantificó en su día y no era en absoluto despreciable. Hace años escribí sobre ello y más en concreto recuerdo un artículo aparecido en la Revista de Occidente en el que trataba de entender a las Fundaciones como parte de ese sector y de la Economía Social.

Desde entonces hasta ahora hemos pasado por la «obligatoriedad» de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), por la crisis de la Cajas de Ahorros, con su correspondiente Obra Social y yo, en particular, he tenido que atravesar el desierto de una crisis que oscurece las iluminaciones de El Capitalismo que Viene.

De todo ello he sacado las consecuencias pertinentes para la lógica de la abundancia que ahora quisiera explorar.

La idea de la Responsabilidad Social Corporativa ha dejado de ser útil si alguna vez lo fue. No lo es para los desfavorecidos porque los gastos de esa partida van encaminados más bien al fortalecimiento de la marca cuando no a los caprichos de los responsables de la RSC en cada empresa.

Esto no es cierto de la Obra Social de las Cajas, pero el futuro de éstas está en el alero. Algunas pueden acabar integrándose en una institución grande que tendrá que ajustarse a la disciplina del mercado o es posible que muchas caigan en manos de los bancos grandes en un movimiento imparable y ya conocido de consolidación financiera. Para no cegar las vías promisorias de la Obra Social habría que, tal como he argüido repetidamente en Expansión, y todavía el verano pasado en un curso de El Escorial, establecer un Consejo dual con el Consejo de Vigilancia velando por los intereses de los stakeholders.

A pesar del difícil momento en que apareció El Capitalismo que Viene, sigo pensando lo mismo que pensaba entonces, que el Capitalismo globalizado y especiado con las TIC acabará con las rentas entendidas como ingresos no merecidos y dependientes únicamente de posicionamientos aleatorios.

Esto es interesante en relación a unas instituciones del Tercer Sector que llamamos Fundaciones.

Estas instituciones son anteriores a la RSC y, en general y con toda clase de excepciones, son una máquina de apropiarse de rentas que nadan flotantes por ahí.

La lógica del capitalismo en general y los coletazos de la crisis en particular no van a permitir esa actividad de rent-seeking con lo que las Fundaciones se quedan sin un papel claro que jugar.

Pero es aquí cuando entra la lógica de la abundancia. En concreto, a las Fundaciones habría que considerarlas, además de como máquinas de rent-seeking, como widgets de una única plataforma empresarial que persigue algo moderno y crucial, en ese capitalismo futuro y a pesar de la crisis, como es ir siempre por delante de los acontecimientos.

En general se piensa que ir por delante permite aumentar los beneficios bien sea por la Propiedad Intelectual bien sea por la posibilidad de establecer un estándar.

Pero eso no es lo importante del nuevo papel de las Fundaciones empresariales. Se trata de que estas instituciones sean realmente el laboratorio de experimentación social de las compañías que las utilizarán para ser las primeras en detectar peligros y riesgos y desarrollar herramientas para su manejo. Estas herramientas serán de dominio público con lo cual el sistema económico se dirige hacia la abundancia pero afila el papel de la competencia pues ésta deberá estar basada en una innovación que, aunque me da unos minutos de adelanto, me exige mantenerlos si quiero ingresar una renta que, sin duda, me será arrebatada en algún momento hasta que la Fundación de mi empresa vuelva a ponerse a la cabeza.

Mi visión es la de un pelotón ciclista en el que todos se van rotando para tirar de él contra el viento de forma que la velocidad del grupo aumenta, pero que, lejos de llegar a una meta, tiene por delante un recorrido indefinido.

Si se quiere entender esta metáfora como relativa a una economía concreta, entonces se entiende muy fácilmente cual puede ser el nuevo modelo económico que un país debiera elegir.

Disciplina de mercado

24 de febrero de 2010

Habrá que esperar y ver, pero no parece que el tan cacareado y, en mi opinión necesario, Pacto de Estado, tenga el viento en las velas. Si no sale algo concreto será una mala señal pues querrá decir que ninguno de los dos grandes partidos cree estar ante una situación crítica.

Efectivamente, si lo creyeran tendrían que pactar para no pagar el precio político de no haber sabido encarar la situación sin egoísmos partidistas. Luego algo va a salir.

Por eso pienso que merece la pena poner algunas ideas sobre la mesa. Y cuanto más radicales mejor pues en este momento el pacto tiene que parecer importante.

Creo que todos los partidos estarían dispuestos a admitir que hay que eliminar algunas rentas clientelares, pues esto gusta al votante mediano. Y lo mejor para ello es la competencia que introduce la disciplina de mercado como maquinaria de eliminación de rentas en cualquier campo y de cualquier origen.

Pienso que, en este momento, las rentas más escandalosas están relacionadas con las Autonomías. De una manera directa o indirecta.

Pensemos primero en el sector financiero. Dejando aparte los bonus de los banqueros que no están ocultos, pasemos a las Cajas de Ahorros, instituciones estas en las que las rentas están disimuladas por el tupido velo de la benevolencia propia de la Obra Social. Primero ya he dicho por activa y por pasiva que el sector financiero español mejoraría notablemente si la consolidación fuera drástica y las cajas consolidadas se transformaran en bancos. Segundo también he repetido a menudo que, a pesar de la banca cívica de la CAN, las finalidades genuinas y no torticeras de la Obra Social de la mayoría de las cajas podría sustituirse por un consejo de Vigilancia de los Bancos encargado de velar por los intereses de los stakeholders e insisto en ello a pesar de las críticas recibidas a un post recientísimo. Tercero, que este Consejo de Vigilancia podría ser generador de rentas clientelares es cierto, pero al no estar condicionado por la política autonómica su forma de actuar y competencias se podrían regular ex novo con toda clase de cautelas.

Pensemos ahora en la fiscalidad que es tan opaca y encubridora de rentas. La manera de conseguir eliminar esta lacra y de dejar funcionar la disciplina de mercado es, agárrense bien, generalizar el sistema de concierto económico tal como escribí en su día. Ya se encargará cada autonomía de velar por su déficit pues de lo contrario el partido en el poder será desplazado si los ciudadanos de esa autonomía se sienten maltratados bien por falta de servicios bien por excesos impositivos.

Ninguna de estas dos propuestas son fáciles de llevar a la práctica. Por eso mismo podrían ser objeto de consenso pues cada partido piensa que si lo hacen de consumo no tendrá que hacerlo él cuando esté en el poder y no haya más remedio.

Premio

26 de febrero de 2010

Leo hoy en el El País que Hugo Sonnenschein y Andreu Mas-Colell han ganado un importante premio. La enhorabuena a ellos ya se la daré pero hoy tengo que dársela a La Fundación BBVA por su bien escoger. El año pasado se lo concedieron a Jean Tirol y este año a un par de amigos, míos y sobre todo entre sí, que se lo merecen sin duda. Cuando estudiaba como un loco para mi doctorado con notable ignorancia del panorama general de los economistas teóricos, cayó en mis manos un artículo de ambos en no recuerdo que Journal. Pensé ¿quién será este catalán que ya está publicando algo tan interesante sobre, creo recordar, algún asunto de Social Choice? En este campo luego brillaría Salvador Barberá que escribiría su tesis bajo la dirección de Hugo y que ha colaborado con Andreu en muchas iniciativas universitarias. Creo que ese primer artículo de Andreu era como un term paper que escribió durante la semana de moratoria por la invasión de Camboya decidida por Nixon, mientras yo me enredaba en mesas redondas asombrado que llamaran a un pobre y despistado estudiante vasco-hispanoparlante para debatir sobre la opinión europea sobre esa invasión. El verano de 1973 conocí a ambos en los meetings europeos de la Econometric Society en Oslo y quedé acomplejado. De ahí que dedicara mucho tiempo ulteriormente a la Teoría del Equilibrio General que Andreu, single-handed, llevó hasta sus límites posibles, y a los problemas intrincados de la caracterización de la función agregada de exceso de demanda a la que Hugo contribuyó decisivamente. Ambas cosas me llevaron a pensar la economía de otra manera distinta a la empírica. Me di cuenta de que sus reglas básicas no le dotan de contenido empírico y que, en consecuencia, sus méritos hay que buscarlos en el terreno exótico de la potencia de la fabulación. Ambos pasaron, acabada su misión y quién sabe si por intuir esta misma visión, al campo de la administración de la ciencia y en ello han florecido una vez más. Les volví a ver a ambos juntos hace solo unos meses en Barcelona, en la celebración del 65 cumpleaños de Andreu y recordé todo esto que estoy contando. Lo dejo aquí escrito reiterando la enhorabuena a la Fundación BBVA no sin antes recordar que ambos pasaron por esta Fundación hace ya bastantes años cuando yo me encargaba del Programa Cátedra.

Competitividad jesuítica

28 de febrero de 2010

El jueves 25 asistí a una jornada empresarial inaugurada por el Rey y que tuvo lugar en el Palacio de Congresos del Campo de las Naciones. Se planteó el problema de un «nuevo nuevo modelo económico para España» en dos mesas redondas. Los 7 ponentes eran antiguos alumnos de alguna escuela de negocios o similar regentada por los jesuitas. Es decir Deusto, ICADE y ESADE, instituciones que pretenden cooperar de alguna forma para lograr la mejora de la formación empresarial desde la universidad privada.

Se trata de una magnífica iniciativa que pone en juego la Coopetencia pues, si bien pretenden cooperar entre sí, no pueden dejar de competir entre ellas. Este pensamiento soso y vulgar me evocó mi educación jesuítica y la competitividad que ese ideario dejó en mí. Había que ser el número uno en devoción mariana, deportes y estudios, por ese orden.

Pero, por lo que vi y oí, esta impronta no solo fue gravada en mis carnes. La competitividad jesuítica, en efecto, ha calado hondo; se nota enseguida y se detecta muy fácilmente en las formas del discurso.

A ninguno de los ponentes de las dos mesas redondas, todos ellos excelentes presentadores, se le pasa por la cabeza que podría ser suplente de un buen equipo de fútbol. Todos son, y solo pueden ser, titulares.

Por lo que entendí, a ninguno se le ocurre que quizá no se trata de pensar para transferir conocimiento y añadir más valor que el de al lado, sino que lo que queremos realmente es ser ricos para poder pensar, es decir consumir conocimiento, tener ideas brillantes que igual solo sirven para relativizar la importancia de la creación de valor y, en definitiva, poder entonar alguna vez un eureka exultante.

No de añadir valor, sino de no perder los valores, habló el Rector de Deusto y me sonó como si los jesuitas se replantearan para qué están llevando a cabo la labor formativa que dicen está en su ADN. Ojalá lo hagan en serio.

Sirva este comentario para animar ese pensamiento crítico consigo mismos al que podemos y debemos colaborar los antiguos alumnos.

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