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¿Cuándo el Norte empezó a asociarse con el desarrollo?

¿Cuál es el origen y la causa del éxito del «nordismo»? ¿Tiene vuelo o es solo una parte más de la «diplomacia blanda» alemana?

competitividadNo hay que ser un lince de la geografía económica para darse cuenta de que la industrialización europea siguió un patrón de «contagio» en un mapa donde las concencraciones industriales británicas constituían el centro. La industrialización llega al Norte frances antes que a la costa mediterránea. Pero Valonia, más cerca de las nuevas zonas metalúrgicas francesas, que a su vez buscaban cuando menos, tan buena comunicación con el Canal como con la capital, o Baviera, se industrializaron antes que Flandes o Prusia más al Norte. En los países del Sur sin embargo, la industrialización quedaba al Norte, y los costes logísticos desde Porto, Avilés o Bilbao se veían reducidos por buenos puertos y escasas distancias. Los intentos industrializadores en las hasta entonces capitales económicas peninsulares (Cádiz y sobre todo Malaga), se verán frustrados no tanto por el lobby de los «industrialistas» catalanes en Madrid, ansiosos de cercenar la competencia, como por la pura aritmética de las distancias (a las materias primas y a los mercados). Algo parecido ocurre en Italia, donde más allá de esencialismos padanos, la consolidación de una cultura industrial regional se fundamenta en una matriz de costes donde la cercanía al mercado exterior es determinante.

Así, en los países mediterráneos la asociación entre «el Norte», el desarrollo y la cultura industrial respondía a una geografía económica básica que por otro lado nunca consideró «norteños» a aragoneses ni, tras el desplazamiento de capitales a Santander y Bilbao tras los cambios en el mercado del carbón, a asturianos, como en Italia tampoco consideró norteños a eslovenos o tiroleses.

Pero mirado en el conjunto del mapa de la industria y los tópicos europeos, el subdesarrollo polaco, flamenco, noruego o incluso prusiano no permitían demasiadas alegrías nordistas. La industria europea era un «creciente fértil» que se extendía desde Valonia a Turín a lo largo de la disputada frontera franco-alemana con satélites puntuales conectados en todas las direcciones a golpe de barco mercante y ferrocarril.

Entonces… ¿de dónde viene el «nordismo»? En realidad el tópico nordista comienza a apuntar con el desmantelamiento en los ochenta de la estructura industrial establecida en la postguerra mundial tanto en el centro como en el occidente europeo. Así desaparece Valonia y entra Flandes, Chequia se descuelga de Eslovaquia, Padania se identifica como una alter-Italia productiva frente a Roma y un Sur clientelar. En la península solo quedan al modo de las aldeas galas, la Euskadi industrial y la Barcelona del diseño. Los países nórdicos parecen ya un universo «socialdemócrata y rico de toda la vida». Y Alemania, en vísperas de la reunificación, como la gran historia de éxito frente a una Francia cuyo modelo intervencionista «huele a pobre» hasta en sus aventuras imperialistas en Africa.

Son relatos de trazo grueso y tópico, que se verán en jaque con la corrupción masiva de las privatizaciones alemanas y el impacto macroeconómico de la absorción de la RDA. Es el momento en el que el estado alemán romperá por primera vez los límites de deuda y deficit… se negará a pagar las multas de una transgresión que hoy parece dogma de toda la vida. Y precisamente por eso los medios alemanes comenzarán a argumentar los rudimentos de lo que hoy aparece como «Nordismo»… y que sigue dándose bocados con el mapa real de competitividad que ilustra este post.

El discurso, una suerte de jingoismo defensivo, funcionará pronto como un relato exculpatorio frente a los estados de la zona de influencia alemana e inevitablemente alimentará los tópicos territoriales arraigados en los estados del Sur.

Desarrollará entonces versiones intelectualmente un poco más sofisticadas (recordarán a HW Sinn y las interpretaciones sobre el Target2) e insospechados aliados en los think-tanks que asumen el discurso como un posible vector para otros vuelos y objetivos, osea un nuevo «maurismo» nacionalista y germanófilo en busca de una «España de Orden» en una Europa nortificada.

Pero si al final el nordismo es solo una versión descompuesta de la germanofilia conservadora que ya conoció Europa en el periodo de entreguerras no hay que olvidar que esta fue absorbida y reducida a comparsa por los monstruos de la izquierda de los años 20. Monstruos que hoy parecen renacer.

«¿Cuándo el Norte empezó a asociarse con el desarrollo?» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 1 de Marzo de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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