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Cuando la ciudad hablaba

Que los ciudadanos retomen mediante crowd-funding la tradición decimonónica de los «monumentos erigidos por suscripción popular» es seguramente una de las mejores cosas que nos dejará esta crisis

Prácticas en las Indias

CorcovadoHubo un tiempo en que la suscripción popular era un uso habitual que expresaba la voluntad de la población y su capacidad para intervenir en la planificación urbanística u ornamental de la ciudad.

Un repaso a los monumentos más significativos de buena parte de las ciudades europeas nos permite seguir la evolución de un movimiento que desde el siglo XVIII y especialmente en el XIX configuró el diseño de las ciudades tal como las conocemos hoy día. Cada una de estas acciones plasmaban una forma de pensar al tiempo que homenajeaban sucesos o personajes significativos en la historia reciente, configurando nuevos espacios públicos con los que la gente se sentía identificada.

1-mayo-1931-madrid-dia-del-trabajoEn Madrid, son varios los proyectos impulsados por las principales corrientes sociales del momento y sufragados por suscripción popular. En 1908, durante el reinado de Alfonso XIII, se inaugura el monumento al presidente de la I República, Emilio Castelar. Un año antes, se instalaba en el parque del Retiro el monumento al General Martínez Campos, una iniciativa liderada por dos profesores de la Academia Militar a la que contribuyó la propia Familia Real. También de esa misma época son las estatuas de Espartero, de Cánovas del Castillo o de Claudio Moyano. Todos ellos hombres de estado que encontraban así un hueco para la posteridad.

La expresión del sentimiento nacional

monumentos2En muchas ocasiones, estos monumentos hacían parte del esfuerzo por crear un sentimiento nacional e impulsar la nueva concepción del estado que llegará con el siglo XIX. Aparecen los «altares de la patria», como la tumba del soldado desconocido en Madrid, con una simbología que hará desconfiar del nacionalismo a buena parte de los católicos de la época, que intuyen la secularización que la nueva ideología transmite. La obra se paralizará y se retomará de 1814 a 1840 al ritmo de los cambios de gobierno entre liberales y absolutistas.

Con la restauración borbónica se tomarán modelos conservadores, como el monumento central del estanque del Retiro en homenaje a Alfonso XII, un conjunto inspirado en el realizado en memoria al Emperador Guillermo I. Siguiendo la influencia de la arquitectura clásica, en ambos se aprecia el predominio del espacio que se abre en semicírculo para permitir la congregación de las masas. Escenario ideal para conmemoraciones y festejos.

Monumento al Kaiser Guillermo IEn Alemania se había construido en 1863 el Hermannsdenkmal por suscripción popular. Obra del escultor Bandel, fue costeada gracias a la recolección liderada por uno de sus alumnos para llevar a cabo una «acción nacional». Según cuenta Mosse en «La nacionalización de las masas»:

… la inmediata popularidad del monumento de Bandel puede atribuirse al hecho de que una parte importante de la juventud alemana hubiera participado en su construcción.

En ese encuentro entre el primer nacionalismo y el conservadurismo monárquico comenzaba a fraguarse a la par algo desconocido hasta el momento: el culto al estado, que coherentemente, en unas décadas llegaría a conferirle el monopolio sobre las intervenciones en espacios públicos tal y como lo conocemos a día de hoy.

Junto al monumento al joven rey, se realizaron los fastos de conmemoración del centenario del 2 de mayo. Por suscripción popular se propuso sustituir el yeso original por bronce y recaudar fondos para una gran fiesta de inauguración. Sin embargo, no fue posible terminar la fundición de las estatuas a tiempo, y se inauguró de nuevo en yeso, con un baño metálico que se desvaneció con las primeras lluvias.

La comunidad internacional

Emilia Pardo BazanEn 1926, se descubre también en Madrid la estatua a Emilia Pardo Bazán. Costeada por mujeres de España y Argentina, reflejaba el movimiento incipiente de la liberación de la mujer. Una reivindicación que se daba en paralelo a la lucha obrera y la conquista de los derechos civiles en Europa y América.

Otro monumento que expresa un movimiento transnacional es el construido para el III centenario de la muerte de Cervantes. Para la conmemoración, los países de habla hispana participaron en la financiación de la obra que se instalaría en la Plaza de España en Madrid. Tenía lugar en 1915, tras el duro golpe para el estado monárquico de la pérdida de los últimos territorios de ultramar. En ese momento, para el sentir español resultaba vital mantener una vinculación a través del idioma, articulando un espacio común que diera paso a la región hispano-americana. Un territorio que la doctrina Monroe (el «América para los americanos») y la intervención del presidente Theodore Roosevelt (en cuyo recuerdo se llama «Teddy bears» a los ositos de peluche) en Cuba, había hecho apetecible a las élites intelectuales y al progresismo latinoamericano. En una generación, medio México y buena parte del Caribe habían pasado a control de Estados Unidos, y España se planteaba por primera vez no como una potencia sino como un aliado para apoyarse en una Europa que miraba a otra parte.

Bajo ese espíritu, se levantó para la Exposición Universal de Barcelona el monumento a Colón, aunque en este caso la suscripción popular no alcanzó el objetivo propuesto y el Ayuntamiento tuvo que completar el presupuesto para colocar a la figura de Colón frente al puerto. Hacia dónde apunta está todavía en controversia; hay quien dice que señala a su Génova natal, otros que únicamente a la mar abierta. Visto hoy en día, parece señalar a los turistas el camino a los barcos turísticos.

Del ornato a las obras públicas

Columna de NelsonEl caso es que esta forma de hacer, de participar en la construcción de las ciudades, se dio de forma generalizada a lo largo de Europa. En la frontera franco-suiza, es conocido el monumento a Miguel Servet, promovido por un grupo de liberales en respuesta a la prohibición de la iglesia calvinista de erigirle una estatua. Reino Unido atesora grandes obras producto de este modelo, como la columna de Nelson, o el jardín botánico de Liverpool. Algo que se repite en Bucarest con el Ateneo Rumano, edificio que simboliza la libertad de expresión y la diversidad cultural de la ciudad.

Pasando de monumentos a infraestructuras de servicio público, a finales del siglo XIX en Reino Unido se construyen por suscripción popular el hospital y dispensario homeopático de Liverpool, en Australia el Royal Prince Alfred Hospital, y el que fue el mayor centro de maternidad de Sidney.

Ateneo_BucarestMás hospitales, el Instituto de arte de Chicago o la biblioteca presidencial en memoria del presidente Kennedy son ejemplos de obras representativas en los EEUU. Y sin embargo, resulta llamativa la ausencia en Suramérica, a excepción del Corcovado en Río de Janeiro, más relacionado con los movimientos de fé católica que con la actividad de la sociedad civil, y construido para la celebración del centenario de la independencia del Brasil.

Hacer la ciudad

Lo más interesante de los movimientos de suscripción pública es cómo reflejaban el curso ideológico de la ciudad. Pasear las ciudades de hoy y recorrer aquellos monumentos, nos cuenta la historia y los mitos de las principales corrientes ideológicas a lo largo del tiempo. La ciudad decimonónica es una ciudad que nos habla. Cuando el estado toma el monopolio del ornato y la conmemoración, la ciudad se vuelve muda. Ya no vemos a las distintas corrientes disputándose simbólicamente las plazas y los parques. Solo los símbolos del estado bajo los diferentes regímenes.

Pero eso está empezando a cambiar de nuevo. Empieza a haber nuevas construcciones financiadas bajo suscripción pública:

Y es que el crowd-funding no es en realidad más que una suscripción pública potenciada por el alcance que permite Internet. Pero no podemos quedarnos con esa moraleja.

Lo que de verdad tienen en común aquellos movimientos y los actuales es que transmiten la idea de que ciudadanía no es vivir en la ciudad, sino hacerla. Y retomar ese poder, esa responsabilidad, es seguramente una de las mejores cosas que nos dejará la crisis.

«Cuando la ciudad hablaba» recibió 20 desde que se publicó el Viernes 31 de Enero de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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