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Cuando no se habla del futuro

El coste de oportunidad que tiene arriesgarse a ser diferente, nunca fue tan bajo. ¿Por qué no aprovecharlo?

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

abril 1974 infancia
Desde hace tiempo, observo un tanto desazonada cómo las conversaciones sobre afanes y expectativas han sido sustituidas por otras que hablan del pasado. Estudios del pasado, trabajos del pasado, vacaciones del pasado. No consigo dejar de darle vueltas. Lo primero que pensé fue que intentar no solo «echar la vista atrás», sino «vivir atrás», era efecto de la crisis. Ya van para siete años de «Gran Recesión» y en España parece de lo más normal ese ambiente de pérdida que pone en cuestión el sistema pero no desde la alternativa, sino desde la melancolía. Un aire de agotamiento que además coincide para toda una generación, la mía, con un cambio de ciclo. Culminamos una etapa de la vida cuando el entorno transpira pesimismo e incertidumbre.

Mi teoría sobre esa vuelta puede que sea demasiado simple, pero cuando no hay un esbozo hacia delante se imaginan certezas hacia atrás, se asocian a emociones positivas y es comprensible que se tienda hacia ese lugar en el que vas a sentirte más a gusto, reconfortado y feliz. Sin embargo, este verano comentándolo con varias amigas, una de ellas fue un poco más allá al decir que, tal vez, lo que había era la constatación de no encajar en el modelo de vida que se supone has de seguir. Una vez te das cuenta, sabes qué es lo que no quieres pero no tienes idea de hacia dónde mirar o buscar.

Y en esa vuelta atrás entra en juego la melancolía, la añoranza de un tiempo perdido, de una vida con tareas claras, tiempos establecidos -el curso escolar, el verano, las noches. Que en parte puede que fuera así, pero en buena medida es imaginada. Transportarte a ese mundo es una negación de la realidad, una falsa respuesta que al igual que en las fantasías de viajes en el tiempo acaban siempre luchando por no ser capturado en un tiempo ilusorio. La nostalgia, la melancolía, es la máquina del tiempo que nuestro cerebro activa para evitar hacer frente a una situación difícil.

present Shock rushkoffEn su último libro, Douglas Rushkoff abordaba la crisis de los futuros. Rushkoff ve en la relación que el usuario establece con las plataformas sociales tipo Facebook, Twitter o Instagram como un sabotaje a pensar a medio plazo. La obsesión con la inmediatez, la retransmisión de cada anécdota cotidiana, modifica la concepción del tiempo: primando el ahora no hay incentivo para ir más allá. Y es una reflexión interesante, que conduce otra vez a la importancia de la concepción del tiempo, aunque no deja de ser todo un poco tramposo. Si la responsabilidad es de una serie de herramientas la cuestión de fondo, los modelos sociales y vitales, siguen sin estar puestos en cuestión. La tecnología se queda corta como explicación de lo que al final no son sino decisiones individuales.

La cuestión es que en la idea de futuro no hay certeza, porque no hay una meta final. Esconderse en la idea de la felicidad instantánea es una trampa. La felicidad tiene que ver más bien con la sensación de ser dueño de tu vida, con la fraternidad, con el disfrute de aprender… con todo eso que sirve para adaptarnos y superar las desazones de un medio diverso y cambiante sin perder la serenidad.

Conclusiones

mirador del guinateEl ensimismamiento de mi generación no se debe a la tecnología. Si se elige vivir en un presente disfrazado de una melancolía tan falsa como los filtros sepias de instagram, es porque se agotó un modelo de vida. La crisis económica global puso en cuestión todos los modelos de éxito que se medían con el nivel de consumo. En realidad nunca sirvieron de guía para procurarse una vida interesante, pero ofrecían escala, algo que permitía saber si tu vida iba al menos, encaminada a la aceptación social. Ahora, ni eso.

Pero más que como un callejón sin salida o música de fondo para la nostalgia, debería entenderse como la prueba de que no hay nada que perder. Los tiempos de crisis son propicios para la experimientación. Los caminos vitales que nos enseñaron parecen agotados y los que experimentamos alternativas nos damos cuenta de que generan mucha más aceptación que antes, cuando resultaba simplemente incomprensible que pusieramos nuestros ahorros en común y creáramos nuestra propia cooperativa en vez de buscar un empleo «fijo» y gastar el salario en letras de un piso a cincuenta años.

Ese momento que nos llegó a los primeros indianos hace casi trece años, está llegando a muchos otros ahora. Lejos del pesimismo ante la incertidumbre, llega el momento del optimismo de la exploración. El coste de oportunidad que tiene arriesgarse a ser diferente, nunca fue tan bajo. ¿Por qué no aprovecharlo?

«Cuando no se habla del futuro» recibió 26 desde que se publicó el Lunes 14 de Septiembre de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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