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El Poder de las Infraestructuras. Cuentos dentro de cuentos

Estoy leyendo Alcantarillado, gas y electricidad de Matt Ruff. Todavía voy por la mitad así que es pronto para hablar pero me lo estoy pasando muy muy bien con él.

Una de las cosas que más me divierten del libro, son las pequeñas historias con las que el autor te pone en contexto a un personaje o una situación. Ahora leía el capítulo en el que el personaje Jon Frum (uno de los becarios del departamento de contabilidad creativa de las industrias Gant) explica cómo sabe donde se esconde en pleno Nueva York el submarino Yabba-Dabba-Doo, que capitaneado por un original grupo de terroristas ecologistas amenaza las propiedades de las industrias Gant.

Frum cuenta que cierto grupo de habitantes de Fiji (de donde viene su familia) vieron durante años a los hombres blancos con sus hermosos objetos, sus modernos artilugios, sus maravillosas útiles e inútiles manufacturas. Les pareció algo tan mágico que surgió una nueva religión: el Culto a la Carga.

El rito más importante consistía en construir dársenas pues se tenía fe en que los puertos atraían la carga. Alguno pensará que después de años sin que llegara carga alguna, la religión entraría en crisis y desaparecería. El que piense así no conoce la naturaleza de la fe. El rito de la carga no sufrió más que una pequeña escisión cuya reforma consistió en construir pistas de aterrizaje. Por lo demás se reforzó.

El bisabuelo de Jon Frum, líder espiritual de fe y decisión inquebrantables metió a su hijo mayor en un barco rumbo a Nueva York para secuestrar o (si era posible por supuesto) comprar al presidente Roosvelt pues el personaje atraería sin duda carga a toneladas.

El joven intrépido obedeció a su padre sin saber que el barco no atracaba en Nueva York sino en San Francisco así que cuando llegó no sólo estaba en la otra punta del país sino que descubrió que no tenía fondos ni para comer.

Un rico empresario japonés (Hideyoshi), se apiadó de él recordando su llegada a América. Le dio alojamiento, trabajo y le enseñó inglés. Nuestro héroe estaba tan feliz entre tanta carga que a pesar del escaso sueldo, ni se planteó volver a Fiji.

Entonces llegó la II Guerra Mundial con Pearl Harbor. Los japoneses, incluido Hideyoshi, fueron enviados a campos de concentración después de ser obligados a mal vender sus empresas.

Cuando terminó la guerra el nipón fue liberado, pero loco de atar y jurando venganza contra los Estados Unidos. Aún le quedaba dinero escondido y sólo tenía una persona a la que acudir en busca de ayuda para su venganza: nuestro querido Frum, eternamente agradecido a su antiguo protector y que entretanto se había casado con una chica judía (Hannah) separada de su familia sionista porque lo único que deseaba en la vida era construir sus inventos electro-mecánicos.

Así se juntaron el hambre y las ganas de comer. Locura, deseo de venganza, Culto a la Carga y la disposición de vender el alma al diablo con tal de tener dinero para construir artilugios.

El trío recorrió los Estados Unidos con su excéntrico y maravilloso plan, que consistía en lo siguiente:

En Hawai, compraron parcelas y con estacas de bambú señalizaron en ellas pistas de aterrizaje a la vez que Hannah instalaba altavoces camuflados para transmitir la información de vuelo en japonés a una frecuencia demasiado alta para ser oída por el hombre, pues la idea era atraer a los (fantasmas de los) aviones de guerra japoneses.

En la costa de California y Oregón hicieron lo mismo. Pero en el desierto de Nuevo Mexico instalaron en cambio estaciones de abastecimiento de combustible para Ovnis.

En Indiana, Illinois y Michigan Hannah inventó unos túneles inductores de viento para atraer tornados, y en Georgia y Pensilvania construyeron arsenales con armas antiguas sobre antiguos cementerios indios, con la intención de que los fantasmas se levantaran en armas contra el gobierno.

El último y más importante proyecto era en Nueva York, donde construyeron nada menos que bajo la estatua de la Libertad, una base subacuática para el atraque de submarinos alemanes, oportunamente aprovechada años después por el Yabba-Dabba-Doo.

Más o menos en esa época, Hideyoshi murió creyendo en el poder de atracción de las infraestructuras, Hannah escribió un diario que nunca publicó y Jon Frum no se sabe… pero es una historia genial. ¡Me encanta este libro!

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