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Cultura, aculturación, globalización y libertades

Globalizarse no es aculturarse. Globalizarse es asumir culturalmente la modificación del marco histórico dada por los cambios tecnológicos en la comunicación y la ampliación del libre comercio para obtener una frontera de posibilidades más amplias.

SayidatySayidati me pone malo. Representa sobre todo esa voluntad de no ver, de negar la realidad tan propia y tan suicida de las élites arabófonas occidentalizantes. En las fotos de las ciudades no salen personas vayan a verse las chilabas y las gandoras (como en los documentales españoles sobre Ceuta y Melilla, por cierto). En la portada Rasan Majradi, la estrella de la MBC, teñida de rubio anaranjado, pintada y clareada como una puerta, los ojos artificialmente azulados… Algo más que un querríamos ser como Occidente, más bien un nos negamos a ver nuestra propia realidad que no nos gusta. Y como no la vemos, entre la gandora y el vestir occidental surge entre las universitarias un terreno intermedio de austeras casacas beige de tres cuartos que implicitamente postula represiones y dogmatismos viejos como alternativa moderna a la aculturación y la ceguera…

Esperando para comer a mi maestro Juan Urrutia discutimos Nat y yo sobre cultura, relativismo y defensa cultural. En un momento se arman las ideas y apuro uno de los últimos rinconcitos de la Moleskine:

Cultura sería un conjunto de herramientas sociales e institucionales que ordenan los modos de relación social e institucional con el objetivo de maximizar la supervivencia del medio social para un entorno históricamente definido.

Dicho en otras palabras, cada cultura es una gran caja de herramientas sociales, de normas implícitas y explícitas de comportamiento que delimitan el modo en que las instituciones (familia, mercado, gobierno) y las personas se relacionan y ordenan entre si, de modo que garanticen la supervivencia colectiva.

¿Cómo se mide su éxito? Pues símplemente por la amplitud del abanico de opciones que permiten a los individuos que componen la comunidad. Si dado el medio, es decir, un conjunto de recursos no sólo económicos y tecnológicos sino también político y geográfico, una cultura ofrece más opciones (más libertad) a sus miembros que otra , estará favoreciendo más la diversidad y por tanto más cerca de un óptimo paretiano en la distribución de derechos que otra. La cultura que ofrece menos es simplemente derrochadora de oportunidades, ineficiente para sus miembros. Poco importa que estos no escogieran las opciones ofrecidas de más respecto a la otra: tienen menos oportunidades de desarrollo personal y colectivo (siquiera sean no desedas) porque su estructura de relaciones no les permite alcanzarlas.

¿Qué pasa cuando hay cambios tecnológicos? Pues que dados los recursos se amplia el marco de posibilidades. Normalmente este cambio no supone una crisis de las relaciones sociales de las que nace. Estas lo tratan como algo estupendo, como una demostración de su propia capacidad para la adaptación y el progreso. Pero de cuando en cuando los cambios tecnológicos no son sólamente de grado, no hacen referencia solamente a la productividad del sistema (que era lo que pensaban las starlets de las .com) sino que lo ponen en cuestión. Son tecnologías que generan nuevos paradigmas. [Ejemplo: Las bitácoras y la parabol y el nuevo paradigma comunicacional que viene]

Los que me conocen saben que siempre he sido un gran batallador frente a la aculturación que va pareja no a la globalización sino al carácter asimétrico de las nuevas hegemonías y lenguajes que surgen de ella. ¿Qué entiendo por aculturación? Pues ese complejo lamentable que lleva al deseo de fingir el medio. Ejemplo, en mi tierra la asunción de la piel clara y el pelo liso y rubio como patrón de belleza (ergo camomila a gogo), los niños pintando las casas con jardín verde y tejados con dos aguas cuando nuestras casas son blancas, de tejado plano y no crece la hierba ni patrás, sino la grama… ya sabéis.

Pero globalizarse no es aculturarse. Globalizarse es asumir culturalmente la modificación del marco histórico dada por los cambios tecnológicos en la comunicación y la ampliación del libre comercio para obtener una frontera de posibilidades más amplias. Aculturarse es posiblemente la forma más costosa de asumir globalización, la solución de esquina en la distribución de libertades. Además posiblemente contraproducente a medio plazo… los valores protestantes del Norte también arrastran constricciones innecesarias a la libertad individual y como dicen en mi tierra to se pega (como bien contaba María)

Pero si pensamos en una globalización con anticuerpos frente a la aculturación y según el marco anterior, la llamada defensa de las culturas no sería sino una renuncia al óptimo paretiano en la distribución de derechos y libertades. Pura reacción aunque se vista de buen rollito y defensa de la pluralidad… contra la que realmente atentaría puesto que es de suponer que al aumentar el rango de oportunidades de elección de las personas tendería por lo general a aumentar el rango de opciones elegidas.

Es decir, la defensa de la excepción cultural, de la diferencia nacional, de la integridad de las culturas… no sería sino una expresión del miedo a la pérdida del privilegio, de terror a la libertad de los demás. Ejemplo: los que defienden que el tratamiento de la mujer como ser inferior en determinados mundos religiosos y geográficos debe entenderse en su marco cultural… comprensión que en todo caso podría ser histórica, pero no presente porque hace mucho que están dados los medios para la igualdad de derechos civiles, es más, cuando hace mucho ya que descubrimos que el desarrollo de las oportunidades de la mujer es la clave del desarrollo socioeconómico colectivo y la ampliación de las fronteras de posibilidad de todos.

La cuestión es pues, como defiende Fátima Mernissi, globalizarse sin aculturarse. ¿Cómo se hace? Pues símplemente no negándose a ver. No vaciando las fotos de la gente real. No exacerbando la propia extranjeridad en el país de uno como si fuera un signo de distinción. Una respuesta hermosa puede verse en los cibercafés de cualquier país del Tercer Mundo. Y un consejo para lectores y sobre todo para lectoras morenitas y rizosas, aborreced de camomila y alisados, black is beautiful ;).

«Cultura, aculturación, globalización y libertades» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 26 de Mayo de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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