LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

De burkinis, comunidades y libertades

Donde ellos imaginan musulmanas en abstracto, yo conozco niñas y mujeres que saben que la única forma en que podrán bañarse más o menos libremente es que el estado les prohiba vestir como no quieren.

burkini marsella

Siempre se me hace extraño tener que ser el «creyente» en el mercado que recuerda a los que se dicen izquierdistas que el fin de los sindicatos no puede ser ignorado ni celebrado con bromas y a los que se dicen socialdemócratas que hay bienes e infraestructuras cuya provisión no puede dejarse al mercado, sobre todo si existen grandes jugadores con capacidad para torcerlo.

Pero lo de estas semanas con el burkini es mucho peor. Los medios, especialmente los anglosajones, se empeñan en presentar la prohibición del burkini (y del burka) como una restricción de derechos individuales. Ignoran algo que al parecer tenemos que venir a recordar los comunitaristas: que las comunidades pueden ser tremendamente represivas y controladoras y vulnerar las libertades individuales tanto o más que el estado.

Dicho de otro modo, prohibir el burkini es una forma tosca -pero a la que los críticos no han dado ninguna alternativa- de evitar que la presión social en determinados pueblos, barrios y familias lo haga obligatorio.

quemando el burkaPersonalmente creo que la defensa liberal del burkini que estamos escuchando estos días es una mezcla de banalidad y racismo típica del pensamiento nacionalista/ esencialista/ multiculturalista (viene a ser lo mismo) que es incapaz de ver personas concretas y solo ve «musulmanes» pero no ve las estructuras de control social y poder que existen más allá de la Periferique parisina, en Bradford o en Rabat y que condicionan y coaccionan la vida de las personas. De todos esos lugares podría contar anécdotas de mujeres amigas que se vieron forzadas a llevar pañuelo, al menos mientras no salieran del barrio, para evitar el acoso y los insultos. Son «musulmanas» en el mismo sentido en que la mayoría de la población española es «católica»: porque si uno es marroquí y vive en Rabat, nieto de pakistaníes en Bradford o descendiente de argelinos y vive en un arrabal parisino, es musulmán mientras no se demuestre lo contrario -especialmente, al parecer, para los «multiculturalistas»- y demostrarlo tiene un precio muy alto. Eso es lo que quiere la división del mundo en comunidades imaginadas. Lo que no parece querer es que mis amigas y otras muchas miles como ellas puedan elegir no «taparse» sin sufrir el acoso callejero más deleznable y la presión familiar en nombre del «no buscarse líos».

burkaConfieso que no me gusta tener que elegir entre la libertad para llevar burka de la integrista religiosa (o de llevar pañuelo para la conservadora) y la libertad de las «tibias» o «no creyentes» a las que se les impone una pertenencia y una observancia de facto porque nacieron en una familia determinada y el estado se inhibe en nombre de las libertades individuales. Y no es que me cueste porque me mantenga equidistante entre unas y otras, entre las integristas y las que no lo son, sino porque se que legitimar al estado para controlar y regular espacios de intimidad sin que quede clara una regla universal, una frontera para futuros casos, es peligroso. Pero los que defienden el burkini en nombre de la libertad de vestir como se quiera no me ofrecen ninguna alternativa. Y donde ellos imaginan musulmanas en abstracto, yo conozco niñas y mujeres que saben que la única forma en que podrán vestir, pasear y bañarse más o menos libremente es que el estado les prohiba vestir como no quieren.

«De burkinis, comunidades y libertades» recibió 18 desde que se publicó el martes 6 de septiembre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.