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De consumidores a comuneros

La desaparición del «consumidor» en los nuevos modelos productivos impulsa un espacio social creciente de redes productivas e igualitarias orientadas a la abundancia.

indianos atardecer
Seguramente lo más llamativo de la promesa que dibujan la Economía directa y la producción P2P para una generación que ha sido separada de la producción por la crisis y la precarización, es el fin de la figura del consumidor.

Requiem por el consumidor

consumerismNo hay mucho que echar de menos. El «consumidor» es un concepto alienado y alienante. Toda la soberanía que se atribuye al individuo convertido en consumidor se reduce a elegir entre las opciones de un menú creado por otros. Todo el ser del consumidor se coloca fuera de la capacidad transformadora de la sociedad en la que vive. El consumidor elige, no hace ni crea. Está tan deshumanizado como concepto que ni siquiera sirve para entender mejor la Historia y el cambio histórico. Es tan estéril para entender la experiencia humana como un parque empresarial para describir la vida urbana.

Una vez se acepta como concepto nuclear de lo social no es de extrañar que la alteridad que plantee sea igualmente inane y frustrante: rechazo del consumo en sí y por tanto, diversas formas de pobreza voluntaria y escasez artificial y de fondo un miedo radical a la capacidad transformadora del conocimiento. Un discurso de «auto-odio» a escala de especie. Ni el concepto de «consumidor» ni el anticonsumismo nos sirven para comprender nuestro mundo y darle forma y futuro.

¿Consumo sin consumidores?

taller makerEn el nuevo mundo que vemos emerger todas esas categorías desaparecen. La idea es sencilla: en el límite, un mundo basado en estos modelos productivos es una sociedad donde una persona normal, ante una necesidad nueva, responde viendo qué aportar para producir lo que se necesita. Este nuevo espacio de responsabilidad individual puede tomar muchas formas: colaborar en una traducción, documentar un producto, desarrollar código, crear diseños, hacer planos y fórmulas, aportar mejoras o testar los resultados; tal vez, colaborar en un crowdfunding o ayudar a difundir un proyecto, tal vez materializar los resultados en un taller o personalizarlos para otros. Muchas veces, ponerse a aprender en la propia red lo que necesita para poder esbozar una propuesta, buscar a otros que tienen el conocimiento suficiente para desarrollarla, armar una conversación con ellos, crear una comunidad alrededor suya.

maker faireQuien hace una de estas cosas ya no es un consumidor, es parte directa -en diferentes grados- del proceso de creación y producción de aquello que va a utilizar. Es parte de una comunidad en la que establece relaciones humanas, personales, para crear nuevos bienes; lo que hace tiene significado; aporta y aprende en un marco orientado a resultados. Es un productor que usa lo que produce con otros. Y esta relación es nueva: es un artesano que ve globalizado su taller por la red y la tecnología. Lo más opuesto que podemos imaginar a un «consumidor».

El proceso en el que se forma un comunal en la producción p2p, el modo en el que surge un producto en la Economía directa, crea una forma empoderada de comunidad conversacional, una comunidad de conocimiento orientada al hacer, a traducirse en productos y herramientas tangibles.

Beer ActivistTodos los productos, en todas las épocas y sistemas, «son portadores de mundos», generan significados sociales. Lo diferente ahora es que ese significado, esos valores que le dan contenido social, se hacen evidentes a lo largo del proceso para quienes forman parte de él. La comunidad que crea algo nuevo tiene un porqué y un cómo discutido hasta la saciedad. La dimensión comunitaria de las nuevas formas productivas convierte cada nuevo producto en un acto de transformación consciente de la Naturaleza y del entorno social.

Estamos en las antípodas del consumo orientado por los medios de comunicación de masas y la adhesión de los recentralizadores de Internet. La expresión pasiva de agrado o rechazo no funciona en este tipo de relación entre individuo y red. La identidad se construye en opciones y aprendizajes en la conversación de las redes orientadas al hacer, no como el resultado de una serie de patrones de compra, no como un molde. La identidad deja de ser algo que los objetos imponen a las personas para descubrirse como el relato que las comunidades dan a sus creaciones.

De consumidores a comuneros

encuentro entre comunidades miembro de KommujaLas pequeñas comunidades que están en el origen de la gran mayoría de productos de economía directa son en esto básicamente idénticas a las que dinamizan y sostienen las grandes redes en las que se desarrolla el comunal de la producción p2p.

En un principio está la conversación. Es espontáneamente transnacional: se da dentro de las fronteras de una gran lengua global, no dentro de los límites de una ciudad, un estado o grupo de estados. En unos casos se orienta directamente hacia la creación de un comunal como el software libre, y a su alrededor, entre los mismos que colaboran para crearlo y difundirlo, se forman pequeños grupos que venden servicios y proyectos. En otros el proceso es inverso: de las comunidades nacidas en la conversación se generan pequeñas empresas para poder convertir en modo de ingreso lo que disfrutan ya como modo de vida.

En ambos casos el resultado es el mismo: las grandes redes conversacionales son la matriz de pequeñas comunidades transnacionales productivas que aportan al comunal, en algunos casos sosteniendo grandes redes de aprendizaje y conocimiento.

El nuevo igualitarismo y el «forker»

entornos-procomun-Carla-BosermanAcostumbrados a la igualdad en la conversación y al trabajo en red como iguales, estos grupos transnacionales tenderán de forma natural a experimentar formas de democracia económica, desde el cooperativismo a las redes de freelancers.

Y es que el igualitarismo en nuestra época es resultado directo de la incorporación directa del conocimiento a la producción. Estamos en un entorno pluriespecialista donde todos somos pares por defecto porque la escala necesaria para «forkear», para separarse y crear un clon, es tan pequeña que en realidad, lo que hace viable un fork determinado va poco más allá de las habilidades personales de sus creadores. Incluir a cada uno, darle un objetivo y lugar como par, es la única forma de crecer. Y esto es tanto más drástico cuanto más breve sea el ciclo del producto. Las plataformas de crowdsourcing tienen más «forks» que los desarrollos de software libre, porque los objetos y el «hardware» tienen menor tiempo vital que el software, del que se espera una actualización indefinida en el tiempo que exige una cierta estabilidad comunitaria.

La posibilidad real del «forkeo», prácticamente inexistente en la gran empresa, parece una fragilidad de este tipo de estructuras, pero en realidad ha de ser vista como una fuente de diversidad e innovación, como un motor evolutivo. Los «forkeos realmente existentes» no son sino mutantes. Habrá algunos que, ante un cambio en el entorno, aportarán algo diferencial y se perpetuarán. Pero, de entrada, un fork no significa una evolución positiva.

De hecho la mayoría desaparecerá o se enquistará. Pero es que lo importante no son los forks en si mismos, sino la forma en que las comunidades tratan de evitar que se produzcan. Las estrategias más relevantes y comunes son dos: eliminar jerarquías y la tendencia de la comunidad a aceptar niveles de riesgo más altos de lo usual ante propuestas de miembros.

Las consecuencias de esas estrategias representan un cambio radical. En primer lugar, porque significa que las jerarquías gigantescas de la vieja gran empresa y su obsesión por la especialización, origen de tantas ineficiencias de escala, ya no son necesarias sino contraproducentes. En segundo lugar, aceptar mayores niveles de riesgo con tal de que los proyectos conserven o incluso atraigan a nuevos miembros valiosos significa aplicar la lógica opuesta a la que siempre operó en el viejo cooperativismo industrial, conservador por naturaleza y fácilmente capturable por «vanguardias» gestoras.

Comuneros

indianos venidAsí que en los nuevos modelos productivos orientados hacia la abundancia, no solo la idea de comunidad recobra un protagonismo que no tenía desde la sociedad preindustrial, sino que con ella retorna también la práctica de un cierto ideal igualitario nacido de la importancia del conocimiento.

Por eso, no es de extrañar que con cierta frecuencia, algunas de las comunidades de las que estamos hablando vayan más allá y se orienten hacia la experiencia cotidiana de la abundancia. Porque a las finales ese «compartirlo todo» resulta la forma de organización más estable para un grupo de pares.

Aparece entonces un nuevo comunitarismo que conserva el igualitarismo del tradicional poniendo en común propiedad, consumo y ahorro, pero cuyo horizonte está en otro lado: vivir la abundancia de las redes y el comunal en todo cuanto puede ofrecer un día.

«De consumidores a comuneros» recibió 13 desde que se publicó el Lunes 29 de Junio de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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