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De Freedonia a Second Life, la imposibilidad del segregacionismo conversacional

Las nuevas identidades surgirán sólo cuando los espacios conversacionales transnacionales se superpongan a espacios económicos de un ámbito similar y ambos interactúen entre ellos. A distintas escalas, desde las redes de decenas de miles de individualistas neonómadas a las grandes venecias corporativas, esto es precísamente lo que estamos empezando a observar en esta década y lo que prefigura las formas del gran mapa postnacional de mañana.

Son pocos ya los que recuerdan en la blogsfera la increible aventura de Freedonia (1997-2002), la primera comunidad virtual que estuvo a punto de alcanzar la territorialidad. Era la época en que EEUU y Europa se incorporaban masivamente a Internet, la época de la expansión de la World Wide Web (WWW) y el html. La época de la segunda gran oleada de nuevos internautas, los días de gloria la burbuja puntocom. Internet aparecía como un nuevo territorio donde todo era, o sería, posible. En el confiado mundo post-muro de la era Clinton los visionarios triunfan y un buen titular sobre un artículo ensoñador bastan para configurar un estado de ánimo.

Ya en los días finales de la aventura MetroActive titula: “Wanted: Homeland for 300 Webheads“1. La entradilla sigue

In cyberspace, anyone can stake a claim to nationhood and rule with a scepter and a mouse

Hoy, cuando sólo en NationStates2, el sitio albergado por el escritor postciberpunk australiano Max Barry para promocionar su última novela, existen casi dos millones de estados imaginarios con sus respectivos jugadores, no podemos evitar una sonrisa. Pero en el 2000, sonaba distinto y el país imaginario del joven John Kyle parecía poder tomar materialidad en cualquier momento.

Pero vayamos aún más atras, hasta comienzos de los noventa. En marzo de 1992 John Kyle era un estudiante de 13 años que acababa de entrar en el Instituto en su ciudad natal, Houston (Texas, EEUU). Estaba, según sus propias palabras,

fascinado por el concepto de que uno pudiera tomar su casa y declararla territorio independiente de los Estados Unidos

Es decir, estaba muy influido por la propia tradición confederal texana y sus mitos fundacionales en una época en que, como cuenta Manuel Castells3, no pocos condados de este estado se unían en un movimiento por el no reconocimiento activo del gobierno federal. Kyle y sus amigos crearon entonces Freedonia, sin saber que tenía el mismo nombre de la nación ficticia de los hermanos Marx en Sopa de Ganso (en el doblaje español, Libertonia) como parte de un juego cuyo objetivo era declarar la independencia de las casas de sus padres. Ensayan entonces organizarse como comunidad como si de un juego de rol se tratara. Prueban primero “una especie de oligarquía”, después (1996) una república presidencialista y finalmente (1997) una monarquía parlamentaria (cuyo parlamento nunca llegó a funcionar), cambiando su nombre en 1998 por el de Principado de Freedonia.

En 1997 el juego se traslada a Internet3 coincidiendo con la graduación de Kyle y su ingreso en el Babson College. Se incorporan nuevos ciudadanos activos desde todos los rincones del mundo y la comunidad virtual de Freedonia alcanza los casi 300 miembros. La evolución ideológica de Kyle hacia posiciones en la línea del Partido Libertario y su descubrimiento del entonces ya abandonado Proyecto Atlantis, darán un giro al proyecto. A partir de entonces la comunidad virtual se considerará un esbozo de las estructuras políticas de un futuro estado territorial.

En un primer momento la búsqueda de territorialidad se centra en la recuperación del Proyecto Atlantis. Freedonia entra en contacto con la misma empresa fabricante de estructuras flotantes en la que se basaba aquel proyecto. Los costes y los problemas de reconocimiento derivados de la entonces novedosa legislación internacional sobre islas flotantes, les llevarán a abandonar este camino.

Pronto el proyecto se orientará hacia la consecución de una cesión de soberanía cuando descubran la historia de la Isla Pitcairn, una pequeña colonia en el Pacífico de 5km, tamaño aproximado del Islote de Lobos (Canarias), que Gran Bretaña se había planteado abandonar en los ochenta en favor de Francia por sus costes de mantenimiento e incluso vender a un millonario norteamericano. Los contactos con Gran Bretaña se revelarán pronto difíciles e infructuosos y los freedonianos se reorientarán hacia un nuevo y éxotico destino: la región de Awdal en Somaliland, antigua colonia de la Somalia Británica.

Somaliland es un estado nacido de facto de la descomposición de Somalia en mayo de 1991 y sólo reconocido internacionalmente por Etiopía. En el caos del cuerno de Africa durante los 90, Awdal había a su vez proclamado su independencia de Somaliland en calidad de sultanato independiente, animada por las promesas de inversión de algunos inversores norteamericanos.

A finales de 1999, Kyle llegó hasta Awdal de la mano de dos aventureros del entorno libertario norteamericano (Michael Van Notten y Jim Davidson), que habían fundado una compañía, la Awdal Roads Company4 para convencer a los clanes locales de su proyecto de desarrollo para el nuevo país.

A finales del año 2000 y principios de 2001, Van Notten y Davidson, quien estaba casado con la hija de uno de los personajes más relevantes del clan Samaron, dominante en Awdal, tuvieron una serie de encuentros sobre el terreno con altos representantes del recien nacido sultanato independiente. En medio de la misión aparece un fax malicioso que asegura que el verdadero fin del viaje es la consecución para Freedonia de una amplia franja de la costa local. En los siguientes encuentros con ministros y funcionarios aparecen la desconfianza y la decepción. Los empresarios son amenazados de muerte y expulsados del país. En los días siguientes se produce una algarada al paso de la comitiva del Vicepresidente. Muchos awdalíes han oido la historia y se manifiestan a favor de los supuestos planes de la Awdal Roads Company. La guardia del vicepresidente abre fuego y mueren entre dos y cuatro personas según fuentes locales. En los siguientes días seis personas más serán detenidas a consecuencia de las protestas.

Kyle, impresionado, publica en medio de un aluvión de presiones y bombardeos de trolls, una carta de descargo que es abalada por Davidson y Van Notten. Decepcionado y temeroso de las consecuencias del moviento al que había dado nacimiento, se retira dejando morir a la comunidad virtual que le sostiene. Mantiene hoy tan sólo la página web como una reliquia histórica. Su último mensaje a la comunidad fue enviado el 4 de julio de 2002.

La historia de Freedonia representa la transición y la continuidad entre el segregacionismo randiano sesentaiochesco y el nuevo mundo de las comunidades transnacionales. La tentación segregacionista aparecerá una y otra vez desde la segunda mitad de los noventa en las redes virtuales. Es la respuesta fácil. Cuando la vida de en la red ocupa el espacio identitario y explica más que la nación quienes somos y con quién conversamos, la tentación inmediata es replicar el modelo nacional, buscar un territorio y construirse un microestado a medida. El segregacionismo siempre estuvo ahí bajo una u otra forma para invitarnos a tomar un islote perdido o construir una ciudad flotante donde dar cabida a la comunidad real y ensayar nuevas formas de organización social. Y el mito del éxito mormón es todavía poderoso.

Pero los grupos del siglo XX no eran ya como los del XIX. Los intentos randianos no serán los de una comunidad presencial, real, al estilo de los mormones. En su forma de sociedad por acciones se parecerán más a las fracasadas sociedades de colonización que a las perseguidas y cohesionadas parroquias religiosas de John Smith donde, a pesar de ser más, se conocían, trabajaban y confiaban personalmente unos en otros generando de paso una base económica y lazos afectivos capaces de sostener los gigantescos esfuerzos y sacrificios que fueron necesarios.

Y si lo pensamos, Sealand, desprovisto de la capa mítica del Criptonomicón y Wired, no va más allá de la aventura de una familia de ocupas británica. Malas compañías incluídas.

Freedonia, la primera comunidad de la era Internet en búsca de territorialidad, es en su inocencia, precursora y frontera. Sus escasos tres centenares de miembros, llegaron a tener una vida política real e intensa. Construyeron una conversación que les explicaba y daba sentido. Compartieron sus días y construyeron una identidad común que les ligaba más entre si que a sus respectivos contextos nacionales. En una palabra, constituyeron una comunidad transnacional. Pero nunca tuvieron una base económica, un mapa, un espacio común entre los flujos de la conversación y su propio sustento.

Es verdad que una comunidad puede sostenerse conversacionalmente y en exclusiva sobre el juego político. En un largo e interesante experimento6 el etólogo holandés Frans de Waal, muestra como una manada de chimpancés donde todos sus miembros gozan de acceso irrestricto a la comida, no sólo mantiene sus estructuras de poder, sino que las vive más inténsamente que nunca. La política no nace en los primates como una consecuencia de la escasez, no es únicamente una lucha organizada por el excedente como pensaba Marx. Está ahí antes y después de la abundancia.

Pero mantener la conversación y el juego social no es sostener una comunidad humana. Nada más allá de la conversación generaba la necesidad ni la posibilidad de un territorio base en Freedonia. No existía ni una persecución que les conminara a hacerlo, ni una actividad económica previa entre los miembros que justificara el establecimiento en lugar alguno. Como tampoco había en los randianos ninguna de las dos cosas. Por éso, freedonianos y randianos buscan un destino con lógica de colono, pensando en que el territorio generará su propia estructura económica. Una economía apenas esbozada bajo principios libertarios sobre la que se habría de asentar una comunidad que ya no se pretende transnacional ni virtual, sino territorial. Error. Por eso fracasa el segregacionismo. Sin economía compartida no hay comunidad humana sostenible en el tiempo. Por eso la infidelidad, la transitoriedad, la temporalidad de las alianzas son, como comenta Juan Urrutia7, la nota común de las identidades conversacionales en la red.

Tras Freedonia las comunidades transnacionales de conversación evolucionarán espectacularmente, tanto en número como en forma. Algunas, como Second Life, incluirán como atractivo una pequeña economía paralela -produciendo escasez artificialmente- y un cierto espacio político. Pero, al menos hasta el momento, no son más que juego y representación, pasatiempo y simulación de un mundo que ya se intuye pero ha de venir de otro lado.

Las nuevas identidades surgirán sólo cuando los espacios conversacionales transnacionales se superpongan a espacios económicos de un ámbito similar y ambos interactúen entre ellos. A distintas escalas, desde las redes de decenas de miles de individualistas neonómadas a las grandes venecias corporativas, esto es precísamente lo que estamos empezando a observar en esta década y lo que prefigura las formas del gran mapa postnacional de mañana.


1. http://www.metroactive.com/papers/cruz/11.22.00/netnations-0047.html
2. http://www.nationstates.net/
3. Manuel Castells, La era de la información, 1994
4. http://www.freedonia.org/
5. http://www.awdaldevelopment.org/
6. Frans de Waal, La política de los chimpances (Alianza Editorial 1993)
7. Juan Urrutia, El capitalismo que viene. Disponible en http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo

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