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De los futuros que vienen desde Texas rodeados de reflexiones epicúreas y estoicas

El acento tejano suena aun mejor cuando lo escuchamos de la boca de una persona brillante que vivió una vida sumamente interesante…

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No se pierdan esta clase sobre estoicismo, epicureanismo y escepticismo dictada por el Profesor Rick Roderick, al que algunos llaman el Bill Hicks de la filosofía, y que enseñó en la universidad de Duke en Carolina del Norte, pero nació en Texas, se crió en Texas, y estudió en la Universidad de Texas: un dato más que confirma que hay mucho más en ese estado que lo que sugieren los estereotipos.

Pero un tema que me pareció especialmente interesante y que aborda medio tangencialmente por ahí entre el minuto 15 y el 19, es el rol que tienen las ideas sobre el futuro en cuanto a moldear las conversaciones filosóficas predominantes en un un período determinado. Compara el fuerte contraste entre la visión esplendorosamente optimista del futuro predominante en los años 50, caricaturizada en los Jetsons, y lo que terminó siendo el mundo en los años 90.

Y a su vez compara esa visión con las distopías catastrofistas que ya eran tan populares en los años 90, y que de alguna manera le parecían tan desacertadas como las fantasías jetsonianas, pero por la razón opuesta: si la visión del futuro de los años 50 pecaba por su exagerada elaboración hasta el último detalle de la manera en la que en el futuro se solucionarían todas los problemas e incomodidades que todavía estaban presentes en la mitad del siglo XX, las distopías catastrofistas se negaban a imaginar ese futuro en absoluto.

El Apocalipsis, al destruir el mundo tal como lo conocemos y empezar de nuevo, elude la engorrosa y complicada tarea de imaginar la manera en que evolucionarán los problemas que encaramos y que seguramente seguiremos encarando en el futuro mientras estemos vivos los que ahora lo estamos. Por eso Roderick dice que películas como Blade Runner fueron especialmente rompedoras al presentar una visión de un futuro cercano que obliga al expectador a imaginarse la manera en que se desarrollarán las cosas a unos cuantos años vista, y en particular, el impacto que la dinámica de la descomposición tendrá en esa evolución:

Blade Runner es una película magnífica por una simple razón. Es post-apocalíptica. Le aburre el apocalipsis. Nos dice que no va a haber una guerra nuclear, porque el mundo no es tan interesante. Eso es aun casi más cínico de lo que muchos de nosostros quisiéramos ser. El mundo no es tan interesante como para disfrutar del aguijonazo de una muerte verdadera. Y así vamos a ir decayendo a la vez que nuestras vidas se entremezclan con la de las máquinas, tal como está sucediendo.

Así que en Blade Runner nos encontramos con una proyección de corto plazo que nos muestra cómo lucirá Los Angeles dentro de 30 años si las cosas siguen evolucionando de la manera en que están evolucionando… en mi opinión, otros dispositivos culturales como las películas apocalípticas son en realidad maneras de esquivar la engorrosa y fea tarea de enfrentarnos a un futuro cercano y posible.

Lo cual me recordó inmediatamente una reflexión parecida de Neal Stephenson en la entrevista que comentábamos la semana pasada, pero que en ese momento abordamos sin mayor lujo de detalles. Stephenson dice algo parecido respecto a la pereza imaginativa inherente a las distopías cinematográficas, pero ve la tendencia a enfocarse en el futuro cercano más bien como resultante de esa pereza:

…es mucho más fácil y barato tomar el entorno visual existente y degradarlo que crear una nueva visión del futuro desde cero. Por eso es que siempre se destruye a Nueva York en las películas: es relativamente más fácil tomar una estructura icónica como el Empire State o la Estatua de la Libertad y derribarlo que diseñar de un entorno futuro verdaderamente original. Hace unas semanas creo que gemí en voz alta cuando estaba viendo OBLIVION y de repente apareció la Estatua de la Libertad destruida y medio enterrada en el suelo. La película también hace uso varias veces de una versión degradada de la plataforma de observación del Empire State. Si ves eso en términos estrictamente económicos -que es como piensan los ejecutivos de los estudios- este es un ejemplo de cómo aprovechar un conjunto de decisiones de diseño muy caras y muy bien pensadas que hicieron en 1930 los arquitectos del Empire State, para crear un ambiente visual atractivo de un mundo futuro con un presupuesto mínimo.

Como ejemplo contrario podríamos citar a AVATAR, en la que realmente se tomaron la molestia de crear un nuevo planeta de la nada. Esto es mucho más creativo y visualmente interesante que ensuciar un poco el Empire State, pero también es bastante caro, es un proyecto que muy pocas personas son capaces de llevar a cabo. Sólo James Cameron tiene el poder de combinar un presupuesto tan grande con tanta independencia creativa; tuvo la capacidad de darle rienda suelta a Rick Carter en el diseño y hacer magia. Pero en casi todas las demás películas, juegos y programas de televisión, los creadores del entorno visual caen en una trampa en la que su trabajo es lo suficientemente caro para atraer el escrutinio de ejecutivos que en general no están dispuestos a arriesgarse con algo nuevo, y que siempre tratarán de encauzar la producción hacia algo más barato y que se haya visto antes. Y esto termina siendo el entorno degradado del futuro de corto plazo visto en tantas películas distópicas.

La clase de Roderick es parte de un curso más extenso de filosofía titulado «Filosofía y valores humanos» en el que vale la pena adentrarse, parece muy completo y Roderick tiene muy buen humor, mucha facilidad de expresión oral y un acento tejano simpatiquísimo, por lo que escucharlo es todo un placer. Y según leo aquí, parece que el curso llegó a ser la cinta de vídeo más vendida de la historia de la academia.

Para cerrar, un par de reflexiones sobre el rol que jugó Texas en el impulso filosófico de Roderick, extraídas de esta entrevista sobre su muy interesante vida:

…crecí en el Oeste de Texas y creo que el ser tejano tiene un par de cosas filosóficamente interesantes. Por supuesto que los tejanos creen que el tema de ser tejano es infinitamente interesante de todos modos, pero… Texas es el único estado donde tanto la gente de derecha como de izquierda tienen una pegatina de “SECESIÓN” en el parachoques. Así que creo que los tejanos tienden culturalmente a identificarse con todo lo norteamericano con el fin de superar una especie de alienación cultural que sienten respecto a la nación en general, o tienden a verse a sí mismos perennemente como forasteros, y esa siempre fue mi postura. O sea, yo era un alborotador en la escuela primaria y la secundaria, y creo que esa conciencia del forastero fue importante para la formación de mis puntos de vista políticos más tarde; el hecho de que crecí en una cultura en la que estas opciones extremas estaban disponibles, ya sea desde la completa identificación o desde el sentimiento del outsider.

Creo que esto es especialmente exagerado en el Oeste de Texas, donde hay, pues… Hay un chiste muy famoso sobre el Oeste de Texas: Dios hizo demasiado infierno, por lo que decidió poner un poquito en la Tierra y así se hizo el Oeste de Texas… la vida en el Oeste de Texas es particularmente brutal, especialmente difícil, y los estereotipos que encontramos a lo largo de la cultura estadounidense están obviamente exacerbados en este entorno, por lo que la conciencia de extranjeridad puede llegar a ser casi patológica. Es por eso que empecé a leer desde muy temprano, porque pensé… por Dios, no todo el mundo puede pensar la realidad de esta manera. Así que empecé a leer novelas rusas y Filosofía a una edad muy temprana, simplemente para encontrar a alguien con quien hablar. Recuerdo que cuando leí Memorias del subsuelo a los catorce o quince años pensé que podía ser que yo no estuviese tan loco, que más bien podía ser que estuviera en un lugar donde los valores estaban un poco revueltos… Además, mi madre y mi padre. Tuve la gran ventaja de tener una madre y un padre que eran bastante salidos del pote, no trabajadores normales, que, ya sabes, eran… mi padre era un estafador, mi madre era una esteticista y mi padre había sido un tarambana, así que tuve ambos… y ninguno de los dos era cristiano… tuve algunas ventajas por haber sido criado por padres fuera de lo común, fui muy afortunado, eso fue un golpe de buena suerte.

«De los futuros que vienen desde Texas rodeados de reflexiones epicúreas y estoicas» recibió 2 desde que se publicó el Domingo 8 de Junio de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Alan Furth.

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