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¿Debe una comunidad involucrarse en política?

A lo largo de toda su historia el comunitarismo ha demostrado ser un movimiento desinteresado por el poder y sin embargo eso no le ha impedido, en distintos contextos, involucrarse y aportar de forma efectiva a las grandes causas de cada época.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

Filodemo de Gadara

Si se quisiera indagar qué es lo más opuesto a la amistad y la más fecunda de las aversiones, veríamos sencillamente que se trata de la política.
Filodemo de Gadara

Los epicúreos sabían que una comunidad debe cuidarse mucho de las batallas partidarias de la «polis». Al final no son más que juegos de bandas con una lógica propia donde hay poco que aprender y donde fácilmente se compromete la propia serenidad. También crearon una defensa contundente contra los grandes relatos teológicos. Hoy, aquellos dioses han evolucionado en «comunidades imaginadas»: patria, clase, género… Pero su efecto es el mismo: obligar al individuo a guardar lealtad a seres imaginarios con los que la conversación y la negociación es imposible. Y como la conversación es imposible tanto con una divinidad como con un país o una clase social, se sustituye en todos los casos por lecturas mágico-simbólicas de distinto tipo. No hay tanta diferencia entre abrirle las tripas a un cuervo para intuir la voluntad de Zeus e interpretar un relato histórico o cartográfico para deducir de ellos «los intereses nacionales».

Desde el punto de vista comunitario, el resultado de ambas lógicas es el mismo. Si dejamos que las luchas de poder o los relatos de identidades colectivas imaginadas atraviesen la comunidad, el resultado será una pérdida de autonomía tanto para los individuos como para la comunidad en su conjunto. De hecho dejará de haber una comunidad formada por individuos responsables y soberanos. Habrá una grupo formado por representantes de bandas, naciones, sexos, grupos de edad y, en el caso de cultos particulares, una divinidad invisible solo comprensible para sus seguidores.

Justicia

no al ttipPero otra cosa es la ley. Decía Epicuro que

la Justicia no es algo por sí mismo, sino un cierto pacto acerca de no hacer ni sufrir daños, de acuerdo con las convenciones de unos y otros en repetidos encuentros y en ciertos lugares.

Es decir, no hay cosas justas en sí. La Justicia es un consenso social que varía a lo largo del tiempo, que se concreta en la ley y que se dirime a través de «ciertos encuentros y en ciertos lugares». Y es por ello, por los que nos tendremos que interesar. Seguramente más veces de las que quisiéramos.

En nuestra época, existe un estado gigantesco que influye en cada momento de nuestras vidas y poderosos grupos de interés tratando de capturarlo en su propio beneficio. Por eso, muchas veces deberemos defender públicamente ese consenso sobre lo justo frente a nuevas leyes que pretenden restringir libertades asentadas o coartar otras que el desarrollo tecnológico hace posibles por primera vez.

En nuestra experiencia, sabemos además que, en esa lógica, la relación con el entorno generará compromisos con otros grupos, con instituciones y causas. Pero si hemos interiorizado la verdadera lógica comunitaria, el acercamiento de cualquier comunero a cualquiera de estas instituciones será el puro aporte: Asumiremos responsabilidades concretas y mensurables pero, salvo necesidad evidente, evitaremos cargos y funciones que no estén claramente limitados en el tiempo.

Participando de un movimiento social

Los comuneros somos el voluntario ideal de cualquier organización social. Nos concentramos en fortalecer su misión y su aporte al entorno poniendo toda nuestra capacidad en ello, pero sin comprometernos con las inevitables luchas de poder que plagan toda organización abierta y que, simplemente, no nos interesan. Es decir, los mensajes hacia los entornos institucionales en los que una comunidad participa han de ser no solo constructivos, sino destilar espíritu comunitario.

No hemos de olvidar nunca que no estamos en otras organizaciones para defender el modo de vida que nos gusta, eso ya lo hacemos en la comunidad. No estamos en ellas tampoco para disfrutar ningún privilegio, es parte de nuestro modo de vida negarlos y afirmar en su lugar la responsabilidad de cada uno. Y desde luego no estamos para obtener reconocimiento, ya tenemos el de nuestros pares y no necesitamos otro.

Estamos en esos espacios para defender libertades que nos importan y por lo único que deberíamos pretender distinguirnos es por animar una ética del coraje y del aporte. Porque es esa ética la que fundamenta la cohesión social y porque genera un lenguaje común donde nos podremos reconocer en los otros.

A modo de conclusión

Entonces, ¿deben participar las comunidades en política? Si por política se entiende la lucha partidaria por la consecución de poder político, la respuesta es clara: no, no están para eso ni pueden supeditarse a ese tipo de dinámicas. Si por política entendemos también participar puntualmente en causas públicas e intentar cambiar o defender determinados consensos sociales desde el particular punto de vista de cada una, la respuesta solo puede ser afirmativa.

De hecho, a lo largo de toda su historia el comunitarismo ha demostrado ser un movimiento desinteresado por el poder y sin embargo eso no le ha impedido, en distintos contextos, involucrarse y aportar de forma efectiva a las grandes causas de cada época.

«¿Debe una comunidad involucrarse en política?» recibió 15 desde que se publicó el Martes 24 de Marzo de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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