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Deconstruyendo deUgarte

¿De qué discuto cuando defiendo con tanto ahinco la postmodernidad? El por qué de todo al tiempo, al fin revelado.

En la última serie de posts de Jorge Cortell, encuentro la clave que necesitaba para entender mi propio relato sobre la importancia de la postmodernidad y acabar así su entrada en la contextopedia.

Porque… ¿a cuenta de qué tanto interés y tanto debate? Defendiendo la postmodernidad, erosionando el relato científico, no estaba haciendo un mero ejercicio intelectual en busca de la verdad. No, no era inocente. Estaba defendiendo una práctica y una alternativa. Aún sin ser en exceso consciente.

El discurso moderno se reproducirá en la red buscando una virtualización que conserve su lógica legitimadora de un poder descentralizado y democrático. Pero esto no podrá hacerlo en el mundo virtual más que generando artificialmente escasez. El triunfo de la blogsfera frente a la web de las puntocom y las revistas colectivas de referencia (como Slashdot o Wired) a las que acabará absorviendo o la aparición de las contextopedias en reacción al proyecto ciber-moderno por excelencia (la wikipedia) marcan el verdadero centro del conflicto inevitable en toda época fronteriza.

En general las tendencias a reproducir las lógicas descentralizadas, democráticas y nacionales, buscarán ampararse en el discurso moderno, mientras que las tendencias a la organización distribuida, a la desterritorialización del tipo del sionismo digital o a la exaltación de subjetividades e identidades baratas, blandas, cambiantes y mestizas que requieren la plurarquía optarán por argumentos postmodernos para deconstruir los viejos conceptos, desnudando su origen. Baste comparar cómo Creative Commons se explica a si mismo con cómo se define a la propiedad intelectual en esta muy postmoderna contextopedia.

La explosión de subjetividades que se produce cuando una red se hace distribuida, cuando se multiplica el número de conexiones entre los nodos y la identidad pasa a ser una construcción de cada cual y no una mera opción entre grandes modelos, necesita un criterio de verdad que le de soporte que ya no puede ser el moderno.

En el relato moderno sólo hay una verdad que la razón (esa chispa del dios monoteista que vive en cada uno de nosotros) nos permite descubrir. El mito democrático, o el enciclopédico parten de esta fundamentación epistemológica: el parlamento, las academias, la elección democrática… se presentarán como máquinas de agregación de subjetividades cuyo output tendería en proceso hacia esa verdad única y evidente.

Hoy toda esa lógica monoteista secularizada nos asusta y como a Jorge nos parece que la libertad tiene poco que ver con la agregación de preferencias para obtener un único comportamiento socialmente aceptado. Al revés, la libertad se nos presenta como la posibilidad de la diversidad.

Como Giovanni Vattimo somos un tanto irónicos frente a la epistemología de la democracia, del output único, que en la red sólo puede existir generando artificialmente escasez. Decía Vattimo que no es que cuando encontramos la verdad nos pongamos inmediatamente de acuerdo gracias a la universal luz de la razón. Más bien decimos que hemos alcanzado la verdad cuando nos ponemos de acuerdo.

La verdad es pues una cuestión de espacios, de subjetividades y miradas. El espacio social permite la diversidad. Cada uno podemos tener nuestro blog sin someter los temas ni el enfoque a la decisión democrática de lectores o de otros editores (como en la vieja lógica de las revistas colectivas y los ezines). Cada uno podemos tener nuestra contextopedia sin someter a votación la relevancia de tal o cual término o la forma en que se define tal o cual movimiento o idea. Y llamamos libertad a la posibilidad de crear espacios de relación -enlazándones y debatiendo con quien queramos- donde no tengamos que someter nuestras creencias, miradas y discursos a una decisión ajena.

En la cotidianidad hablamos de la blogsfera o el mapa de identidades formado poco a poco por las contextopedias, en el límite hablamos de ZTAs y sionismo digital.

El hecho es que la explosión de libertad y diversidad, que permiten las redes distribuidas no puede sostenerse desde una epistemología monoteista como la moderna que se relata a si misma como el único proceso histórico en el camino de la verdad y la redención. Defendiendo la postmodernidad defiendo en realidad mi cotidianidad y la legitimación de un modo de vida en red que para muchos de nosotros es ya, una realidad y no sólo una perspectiva o un deseo.

«Deconstruyendo deUgarte» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 30 de agosto de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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