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Dejar el calor del hogar para aprender a encender el propio

Fomentar la cultura emprendedora, algo que trae de cabeza a muchos países, conscientes de la necesidad de fomentar la creación de empresas para su crecimiento, es muy parecido a la educación de los hijos.

Suena mal, porque el paternalismo siempre es enemigo del emprendedurismo, pero precisamente por eso: cuando la cultura es todo lo contrario a emprendedora, cuando la mayoría de los jóvenes sueñan con ser funcionarios o empleados de una gran empresa, el daño, normalmente, ya está hecho.

Algo se ha hecho mal, seguramente hace 400 o 500 años, por lo que tampoco merece la pena flagelarse, pero el caso es que se tiene a una población mal educada. Educada para que le den el emprendimiento hecho, para que tenga que limitarse a recibir órdendes de un jefe, educada para eludir su responsabilidad individual.

En esta situación, creo que lo único que puede dar resultados, es aquello que podría funcionar para corregir a un niño mimado: Dejarle solo. Echarle de casa. Te odiará durante años pero será lo mejor para él y para ti.

Suena muy dramático, pero en realidad no lo es tanto. No estamos hablando de eliminar la seguridad social o la educación pública. Estamos hablando de dejar de decirle a la gente lo que tiene que hacer y como tiene que vivir. Y sobre todo, estamos hablando de dejar de regular cosas que se regulan solas. Sólo es necesario despejar un poco el camino y el niño acabará andando solo.

Es como decirle a tu hijo lo que tiene que estudiar. Nunca saldrá bien. Sólo hazle saber que, en un futuro próximo, tiene que ser responsable de sí mismo y de los que quiera hacer suyos, y ya encontrará la manera de hacer algo que le guste y sea productivo.

Pero si le transmites que siempre podrá vivir bajo tu ala, que ya le comprarás un coche y le mantendrás su cuarto, le costará muchísimo más dejar el calorcito del hogar paterno y quizás estudie alguna carrera por eso de que sus amigos lo hacen y luego puede que busque una buena oposición. Ese desagradable intervencionismo (apaga ya la luz, que horas son estas de llegar, etc) se convertirá en una molestia asumida resignadamente con tal de no atravesar ese corredor oscuro y frío hacia el mundo exterior, con tal de no jugar el papel que a cada uno le toca, que es hacerse cargo de la propia vida y de los propios sueños.

Es cansado e incluso peligroso. Pero de eso se alimenta el alma: de la satisfacción de haberlo dado todo por ser el director de tu propia historia. Una vez pasado el miedo, la vida al volante es la mejor droga.

Esa es nuestra naturaleza, nacemos para ser libres, para vivir arrebatados por el cambio.

«Dejar el calor del hogar para aprender a encender el propio» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 30 de Marzo de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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