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Del activismo al ciberactivismo: un viaje de ficción

¿Qué es el ciberactivismo? ¿Activismo a través de Internet? ¿Activismo en redes sociales? ¿Qué le hace diferente? Un pequeño viaje cinematográfico y literario puede ayudarnos a comprenderlo.

Erin Brockovich¿Recordáis a Erin Brockovich? Julia Roberts la interpretaba en una película de la Universal. La sinopsis nos presentaba la historia como:

Mientras trabaja de oficinista en una pequeña firma de abogados, Erin descubre por casualidad un complot para encubrir un escándalo acerca de agua contaminada en una pequeña comunidad en el desierto que está causando enfermedades devastadoras. Enfurecida con el engaño, ella convence a su jefe que le permita investigar.

Aunque los ciudadanos de la pequeña comunidad inicialmente temen involucrarse, la franca forma de ser de Erin y su habilidad para hablarles claramente y con compasión – le ganan su confianza. Con más de 600 demandantes, este dúo logró ganar la mayor suma de dinero en un caso de acción directa… $333 millones.

GerminalAhora recordad el papel de los activistas en la huelga minera de Germinal, de Zola. El modelo es el mismo: el activista construye la movilización, ligando en torno suyo voluntades y creando un cuerpo nuevo, una red de la cual él es el centro.

El puño, el haz o las manos unidas la serán los símbolos de un modelo en el que la tarea central del activista es la organización. Unir voluntades individuales en un cuerpo institucional -el sindicato, el partido, la unión de demandantes- organizado asamblearia y democráticamente.

Sea la caja de huelga obrera o las remuneraciones de los abogados norteamericanos, en el origen del modelo centralizado/descentralizado siempre hay un elemento material, una forma de escasez, que lleva a la centralización y la organización más o menos democrática. Pero el móvil no acaba ahí. La escasez que lleva a la centralización no es sólo económica, es también comunicacional.

Si una película es capaz de expresar esta necesidad de centralización es el final de los Tres días del Condor, basada en la novela de James Brady. Cuando el protagonista interpretado por Robert Redford, Turner, un analista de información pública de la CIA, huyendo amenazado por sus superiores decide como última escapatoria hacer públicos sus descubrimientos -una especie de Irangate avant la lettre– lo envía a las redacciones de principales periódicos norteamericanos. La conversación con su jefe que cierra la película es cuando menos inquietante:
Tres días del Cóndor

-¿Qué? ¿Qué hiciste?
– Les conté la historia. Ustedes juegan, yo les conté la historia.
– Oh, tú… tú desgraciado hijo de puta… Has hecho más daño del que crees.
– Eso espero.
– Estás a punto de convertirte en un hombre muy solo. No tendría por qué haber acabado así.
– Por supuesto que sí.
– …
– …
– Hey, Turner. ¿Cómo sabes que la publicarán? Puedes huir, pero ¿qué pasa si no la publican?
– La publicarán.
– ¿Cómo lo sabes?

Es decir, centralizar voluntades es la única forma de existir públicamente y por tanto llegar a los demás en un mundo de comunicación en redes descentralizadas. Sólo constituyéndose como un poder colectivo -una gran institución civil como Amnistía Internacional o un partido- una idea puede ser capaz de imponerse al poder de filtro de los medios. En el mundo del viejo activismo la organización es previa a la difusión.

Conspiración en la redViene de un post anterior.- Si en el viejo activismo la organización es la tarea primordial del activista y antecede incluso a la difusión de las ideas, la nota definitoria del ciberactivismo es la no necesidad de construir red para transmitir. La red de difusión viene dada y tiende a equipararse a la propia gran red social, porque no es otra que Internet y sus universos, de los grupos de noticias a la blogsfera.

Literariamente hay una dificultad evidente para representar la organicidad de los procesos sociales colectivos. Generalmente la red aparece Deus ex Machina dotada de una instantaneidad mágica bastante lejana de la realidad. Es el caso del final de Antitrust, un film de 2001 que fantaseaba con la detención de Bill Gates y que se tradujo en España, país donde la consecución de monopolios es una regalía del estado y no un delito, como “Conspiración en la red“.

Pero este tipo de soluciones que simplemente se niegan a relatar la invisibilidad, la organicidad del proceso social autoorganizado, se pierden lo mejor. Siguiendo el simil clásico de la mano invisible de Adam Smith, Bruce Sterling en Maneki Neko (1998) optará por representar como un misterioso y omnipresente centro el proceso espontáneo de coordinación social. En este cuentito ya clásico aventurará las nuevas formas del conflicto en redes distribuidas de teléfonos móviles. Faltaban dos años para el EDSA II, el movimiento espontáneo de mobs masivas que acabó con el Presidente Estrada en Filipinas, cuatro para el 13M.

En Maneki Neko, una red social distribuida -cuya consciencia colectiva es representada por un centro imaginario- dedicada a la cooperación social y basada en la economía del regalo, se convierte en una verdadera insurrección cívica que cerca a una funcionaria de una institución financiera internacional que visita Japón:

“Mira calle abajo”, le dijo. “¿Ves éso? ¿Les escuchas? Multitudes convergen desde toda la ciudad. Todo tipo de personas, cualquiera que tenga ruedas. Vendedores de noodles, mensajeros en sus bicis, chavales con sus monopatines, repartidores…”

Louis miró a través de la ventana hacia las calles y chilló: “No!! una swarming mob gigante, me rodean, estoy perdida!

Por cierto que era la primera vez que el término swarming mob se utilizaba y es especialmente interesante que se plantee como final del movimiento precisamente una mob. Parece que el maestro Sterling veía ya la potencialidad reacctiva de las redes y la mob como objetivo y herramienta final del ciberactivismo.

Revolution OSEn Green days in Bruney (1985), el relato que sirvió más de diez años después de ser escrito para refundar el ciberpunk político cuando el literario se consumía en la propia potencia de sus -caducas ya- imágenes de resistencia, Sterling marca un elemento más: la dimensión recicladora de la ética del hacker:

Eres un bricoleur. Puedes apañártelas, puedes aprovechar. Eso es el bricolage… usar los recortes para hacer algo que merezca la pena. Brunei es ahora demasiado pobre para empezar con planes nuevos. No tenemos más que la basura que Occidente nos hizo comprar, botellas de CocaCola y garages para dos coches. Y ahora tenemos que vivir entre los desechos y convertirlos en una comunidad.

Es decir, por un lado, en el ciberactivismo -y en su representación literaria y cinematográfica- la obsesión y la necesidad organizativa desaparecen, la red social está preestablecida y la comunicación con ella viene dada. Por otro construir, tiene en el ciberactivismo una dimensión de reciclaje colectivo. De algo que como en Green days in Brunei, o en Revolution OS -el mejor documental hasta ahora sobre la historia real de GNU Linux- comienza uno mismo, individualmente y sobre una innovación que es creativa ante todo por abrir, por liberar y empoderar a otros. Si la propuesta/acción es entendida y compartida, la difusión abierta en redes distribuidas hará el resto. Uno se hara multitud.

«Del activismo al ciberactivismo: un viaje de ficción» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 23 de Enero de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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