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Del libro de caras a la red de fichas (II)

¿Tiene sentido un libro de caras distribuido? ¿Un facebook libre? Hay algunos intentos pero tal vez estén respondiendo correctamente a preguntas equivocadas

En julio del año pasado comenzamos a discutir los primeros intentos de hacer un libro de caras bajo una lógica distinta a la característica de Orkut o Facebook. Facebook hacía explícito en aquel momento su estrategia de centralización de la Internet social y algunos llevábamos cierto tiempo señala?dolo como un peligro para el futuro de la red en su conjunto.

El principio de descentralización y federación apuntaba ya en OpenSocial, clave de la estrategia de Google -otro gigante centralizador cogido por Facebook con el pié cambiado. Y sobre todo en BuddyPress, una adaptación de WordPress para servir como sistema de libro de caras comunitario.

Más allá, en forma distribuida, tras el fallido intento de The Coop, un plugin de firefox iniciado en 2007 y abandonado posteriormente, tan sólo P2P Social Networker, un plugin para WordPress que añadía a los blogs las típicas opciones de la cultura de la adhesión: me gusta, te sigo, etc.

Libros de caras distribuidos

Mientras ya es tema de los medios el peligro que supone la centralización que impulsa Facebook para la intimidad más básica, la cultura de la adhesión ha calado ya lo suficiente como para generar una demanda de libros de caras distribuidos que están convirtiendo 2010 en el año de este tipo de productos.

Algunos son todavía vaporware y sin embargo triunfan. Los chicos de Diaspora ya han levantado más de 172.000$ y eso a pesar de confundir los conceptos de descentralizado y distribuido y de no tener intención de publicar una línea de código hasta después del verano (se supone que el del hemisferio norte, pero se ve que en eso tampoco cayeron).

Otros como Diso siguen en la lógica de aportar funcionalidades de libro de caras a blogs bajo WordPress o Drupal. Otros como Peerscape retoman la idea de agregarlas a los navegadores. Tan sólo OneSocialWeb innova realmente al enfocarlo como un desarrollo de XMPP, el mítico jabber que está en la base del servicio de chat indiano o de gtalk. El resultado recuerda a lo que podría ser una versión libre de Google Wave

¿Es la estrategia correcta?

Desde los lejanos tiempos de la hegemonía de Microsoft nada han conseguido alarmar a los hackers en tantos frentes a la vez como facebook. El nuevo gigante supone por un lado la centralización de la web en general y por otro el desarrollo de la cultura de la adhesión, todo ello sin aportar una gota de innovación y poniendo en jaque de paso la intimidad y seguridad de millones de usuarios.

Pero aunque el centro del mal esté en su estrategia centralizadora y en su propia topología y arquitectura cerrada, cabe preguntarse si la alternativa pasa por construir herramientas libres e incluso distribuidas bajo la misma lógica.

Todo lo que suponga instalar algo en servidor implica… tener servidor contratado. Algo que sólo tiene un público que por definición se mueve en la cúspide de la pirámide del compromiso y al que por tanto los nuevos servicios distribuidos a penas le aportan en su capacidad de relación por el entorno. Un público además pequeño en relación con el que se mueve en los escalones bajos de la pirámide. Cuando los blogueros aclaman iniciativas como Diaspora en realidad sueñan con algo que les libre de convertirse en meros proveedores gratuitos del nuevo monstruo, un horizonte que la última táctica de facebook (el botón de “me gusta“) hace dolorosamente cercano.

Pero el problema de fondo no está en la falta de herramientas para mostrar adhesión, sino en la cultura de la adhesión misma. Llevamos años escuchando el discurso de “hazlo simple, como si mi madre tuviera que entenderlo. Más allá de descubrirnos el mal concepto que muchos diseñadores y empresarios tecnológicos parecen tener de sus madres, el orientar el desarrollo tecnológico a un imaginario usuario incapaz de esfuerzo intelectual o aprendizaje alguno ha construido las herramientas masivas (y centralizadas) de los escalones inferiores de la pirámide del compromiso. Hemos pasado sucesivamente del culto a la interacción (la blogsfera) al de la participación (Wikipedia)) y de este a la cultura de la adhesión. En el camino, conforme se pedía menos y menos responsabilidad y compromiso al usuario, se le daba paralelamente menos y menos poder.

Como resultado, hoy la web no es ya fundamentalmente una herramienta de deliberación social, sino una herramienta de deliberación en comunidades definida en un espacio masivo de adhesión y movilización sobre valores que se definen en otros lugares (los grandes medios de comunicación masiva, las cada vez más impotentes escuelas, etc.). Dicho en otras palabras: la web es menos transformadora de lo que nunca ha sido.

Facebook y los intentos de centralización de la red son a las finales una expresión más los efectos primarios de la descomposición. Ya en 2005 tuvimos una señal de lo que nos viene con las movilizaciones de los banlieu franceses: centenares de miles de jóvenes se levantaron, aprendieron a confrontar a la policía de forma sorprendente… y sin embargo fueron incapaces de consensuar una sencilla reivindicación.

La cultura de la interacción y la participación necesita herramientas culturales básicas como saber redactar o expresar ideas. Sin esa base todo compromiso se torna banal y toda herramienta engorda sin más una cultura de la adhesión que a las finales alimenta tan sólo al seguidismo de la agenda pública establecida cuando no los peores hooliganismos o mesianismos.

La industria tecnológica no ha hecho nada diferente de lo que antes hicieron el cine o la industria alimentaria: centrar su objetivo de mercado en las capas masivas más jóvenes, con los gustos menos formados y darles bebidas dulzonas y películas simplistas. Es la estrategia ganadora para quien busca masividad… aunque genere masificación y estanque la evolución de los gustos y el desarrollo personal de los que caen en ellas.

¿Queremos cambiar las cosas? Cambiemos la cultura de uso de la red. Demos herramientas de formación, de empoderamiento personal. Tras 20 años de cine espectacular, infantiloide y dulzón a lo Spielberg llegaron al fin los Soprano y The Wire, volvieron el vino natural y la comida tradicional. Si en la red ahora tenemos una pirámide del compromiso de base demasiado ancha, mostremos que existen escaleras hacia un lugar mejor. Requieren un cierto esfuerzo sí, pero los que lo hemos hecho sabemos que tras la adolescencia, viene algo mejor.

«Del libro de caras a la red de fichas (II)» recibió 0 desde que se publicó el jueves 20 de mayo de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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