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Del utopismo al cooperativismo en la América Latoc

Al contrario de lo que nos enseñaron en la escuela, es al integrar la América latoc al relato europeo, cuando puede encontrarse una continuidad en el debate sobre el comunitarismo desde el erasmismo y las reducciones paraguayas al cooperativismo y los kibbutz.

En el colegio nos enseñaron una Historia ya filtrada por el nacionalismo de la historiografía europea donde todo nacía en Francia o Gran Bretaña. Se nos enseña -en una traducción literal de los libros de texto británicos– que el cooperativismo nació -con el lejano poso utópico de Fourier- gracias a los experimentos de Robert Owen y se materializó con los Probos Pioneros de Rochdale. Se hace oídos sordos al gran Gerald Brenan quien fecha más de medio siglo antes el nacimiento del cooperativismo moderno (a escala de pueblo y comarca además) en la península ibérica, rescatando de paso la figura de Fernando Garrido, federalista discípulo de Fourier, padre de las ideas socialistas en España y sobre todo modernizador y creador de los primeros entramados jurídicos modernos del cooperativismo peninsular.

Ni hablar de experiencias comunitaristas como las de Vasco de Quiroga, el Tata Vasco de los michoacanos, cuyos pueblos-hospital siguen existiendo y manteniendo su modelo casi quinientos años después a pesar de las mil vicisitudes políticas ocurridas desde entonces. Quiroga implementó -financiando los costes con su propio salario- el modelo de la Utopía de Moro en lo que debería ser considerado el experimento social más exitoso y duradero del Renacimiento.

No fue el único ni mucho menos, Moro también vivía en las misiones jesuíticas que perduraron hasta la expulsión de la Compañía de Jesús de los territorios de Carlos III en 1767.

Pero lo interesante es que es al integrar la América latoc al relato europeo, cuando puede encontrarse una continuidad en el debate desde el erasmismo y las reducciones paraguayas al primer cooperativismo y la Colonia Cecilia en Porto Alegre (un protokibbutz anarquista). Continuidad que, como en la mejor novela de aventuras, transmite una temática común pasando por personajes históricos tan relevantes como Sarmiento, Gaspar Francia (el Supremo de Roa Bastos) y -cómo no- el inevitable Fourier.

¿No sería hora de recuperar todas estas historias, todos esos experimentadores, todas esas historias? Seguro que hay algo que aprender de un Tata Quiroga capaz de establecer un sistema tan resiliente o de un Giovanni Rossi capaz de escribir todavía en el siglo XIX:

Se dice que la revolución emancipará económicamente a las mujeres. Es oportuno preguntarse:¿podría emanciparse por este solo motivo de los prejuicios morales, de la déspota supremacía afectiva del hombre? Entre muchos anarquistas que creen ser los más férvidos autores de la libertad, pero que en el caso del amor son aún musulmanes, tanto que tienen a sus mujeres apartadas del movimiento social, la duda se impone. Verdad es que la emancipación económica de la mujer está escrita en todos los programas socialistas, pero lo está más como parte ornamental, que sin pensar se escribe y luego alegremente se abandona

Todos ellos, de católicos eramistas a anarquistas, decidieron tomar el camino del constructor. En sus historias no hay buenos y malos, no hay exterior a quien echar las culpas. Hay contradicciones, experimentos, errores e idealismo. Hay utopismo sí, pero en ese momento en que se aboca a la realidad tras renunciar a ser impuesto a nadie.

«Del utopismo al cooperativismo en la América Latoc» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 28 de Febrero de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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