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Desposeídos

Citas del famoso libro de Ursula K. Leguin animándoos a su lectura en estos días en los que se celebran libros y autores….

Prácticas en las Indias

los desposeidos ursula k leguin
Estos días, en «La Matriz» Daniel y otros amigos han recomendado varias veces «Los desposeídos» de Ursula K. Le Guin. Escrito en 1974, es sin duda uno de los mejores libros de ciencia ficción del siglo pasado y adelanta temas que hoy, cuarenta años más tarde todavía nos parecen novedosos. Por ejemplo, los peligros de la recentralización o la imposibilidad de fundar una sociedad mejor sobre el decrecionismo:

La descentralización había sido una cuestión primordial para Odo cuando planeó una nueva sociedad que nunca llegó a ver. Odo no pretendía desurbanizar la civilización. Aunque opinaba que las dimensiones naturales de una comunidad dependían de la cantidad de alimentos y de energía que pudieran proporcionar las regiones contiguas, proponía que las comunidades estuviesen todas conectadas entre sí por redes de comunicaciones y transpones, de modo que los bienes de consumo y las ideas pudiesen llegar a donde fuese necesario con prontitud y facilidad. Pero esa red no estaría administrada desde arriba. No habría centros jerárquicos, ni ciudades capitales, ni organizaciones destinadas a perpetuar el aparato burocrático o a favorecer las ambiciones de quienes aspiraban a convertirse en capitanes, en patronos, en jefes de Estado.

Como quiera que sea, los planes de Odo habían tenido en cuenta el suelo generoso de Urras. En el árido Anarres, las comunidades tuvieron que dispersarse en busca de recursos, y eran pocas las que se bastaban a sí mismas, por más que hubieran reducido lo que se entendía por necesidades primarias. En verdad, habían tenido que prescindir de muchas cosas, pero hasta un cierto grado; no estaban dispuestos a recaer en el tribalismo pre-urbano, pre-tecnológico. Sabían que el anarquismo era para ellos el producto de una civilización muy desarrollada, de una cultura y diversificación compleja, de una economía estable y una tecnología altamente industrializada, capaz de mantener un elevado nivel de producción y distribuir con rapidez los bienes de consumo. Por muy vastas que fuesen las distancias que había entre las colonias, todas se consideraban partes de un complejo organismo. Primero construían los caminos, y luego las casas. El intercambio de recursos y productos regionales era constante, en un intrincado proceso de equilibrio: ese equilibrio de la diversidad que es fundamento de la vida, de la ecología natural y social.

Pero, como ellos mismos decían con una imagen analógica, no puede haber un sistema nervioso sin por lo menos un ganglio, y preferentemente un cerebro. Tenía que haber un centro. Las computadoras que coordinaban la administración de las cosas, la división del trabajo y la distribución de los bienes de consumo, y las federaciones centrales de la mayor parte de los sindicatos de trabajadores estuvieron, desde el comienzo mismo, en Abbenay. Y desde el comienzo los Colonos comprendieron que aquella centralización inevitable era una permanente amenaza, que necesitaba de una permanente vigilancia.

Ursula K LeGuinShevek, el protagonista, es un físico arresti que abandona la luna anarquista y se une como profesor a la universidad más prestigiosa del bloque capitalista de Urras. El choque con la cultura cotidiana, la Universidad y en especial con sus alumnos se hace pronto evidente:

Los estudiantes eran jóvenes de mentes bien entrenadas, despiertas y perspicaces. Cuando no estaban trabajando, descansaban. No tenían una docena de otras obligaciones que los embotaran y los distrajeran. Nunca se dormían de cansancio en clase porque la víspera hubieran estado ocupados en tareas rotativas. La sociedad los mantenía completamente libres de necesidades, distracciones y cuidados.

Lo que podían hacer, sin embargo, era harina de otro costal. Shevek tenía la impresión de que esa falta de obligaciones era directamente proporcional a la falta de iniciativa.

El sistema de exámenes, cuando se lo explicaron, lo descorazonó; no podía imaginar nada más nefasto para el deseo natural de aprender que este modo de proporcionar y exigir información. Al principio se negó a tomar exámenes y a poner notas, pero eso inquietó hasta tal extremo a los administradores que Shevek acabó cediendo, por cortesía. Pidió a sus alumnos que escribieran sobre cualquier problema de física que les interesara, y les dijo que les pondría a todos la calificación más alta, para que los burócratas tuvieran algo que anotar. Sorprendido, descubrió que muchos de los estudiantes se quejaban. Querían que él planteara los problemas, que hiciera las preguntas correctas; ellos no querían pensar en las preguntas; sólo escribir las respuestas que habían aprendido. Y algunos objetaban enérgicamente que les pusiera a todos la misma nota. ¿Cómo se diferenciarían entonces los estudiantes diligentes de los lerdos? ¿Qué sentido tenía trabajar con ahínco? Si no había distinciones competitivas, daba lo mismo no hacer absolutamente nada.

Las lecturas de Shevek sobre historia urrasti lo llevaron a la conclusión de que en el fondo, aunque la palabra se oía poco entonces, eran aristócratas. En los tiempos feudales la aristocracia había enviado a sus hijos a la Universidad, a la que reconocía como institución superior. Hoy ocurría a la inversa: la Universidad daba superioridad al hombre. Le dijeron a Shevek con orgullo que la competencia por las becas universitarias de Ieu Eun era cada año más estricta, lo que revelaba el carácter esencialmente democrático de la institución. Él respondió: – Ustedes ponen otro candado en la puerta y lo llaman democracia.

Le gustaban sus alumnos, corteses e inteligentes, pero no sentía verdadero afecto por ninguno de ellos. Todos se preparaban para seguir carreras científicas, académicas o industriales, y lo que aprendían de él era un medio para ese fin, el éxito en tales carreras. Cualquier otra cosa que él pudiera ofrecerles, o bien ya la tenían, o le negaban toda importancia.

El choque con la cultura capitalista se hace pronto evidente: el machismo, el clasismo, las diferencias de trato y las jerarquías… pero Shevek se lleva una sorpresa: cuando por fin le invitan a ir a cenar a la casa de un profesor, descubre que en el mismo corazón del sistema sigue existiendo algo que se parece a la socialización en una verdadera comunidad:

Oiie era otro hombre en su casa. Ya no tenía aquella mirada furtiva, y no arrastraba las palabras al hablar. La familia lo trataba con respeto, pero ese respeto era recíproco. A Shevek, que había escuchado muchas de las opiniones de Oiie sobre las mujeres, le sorprendió ver cómo trataba a Sewa: con cortesía, hasta con delicadeza. Esto es caballerosidad, pensó, una palabra que había aprendido recientemente, pero pronto decidió que era algo más. Oiie quería a su mujer y confiaba en ella. Se comportaba con ella y con los niños casi como si fuera un anarresti. A decir verdad, se le reveló entonces como un hombre sencillo, fraternal, un hombre libre.

A Shevek se le ocurrió luego que era una libertad de alcance muy limitado, un núcleo familiar pequeño, pero se sentía tanto más a gusto, tanto más libre él mismo, que no tenía ganas de ponerse a criticar.

Por cierto, que el planeta Urras también tiene su bloque socialista y el choque del protagonista no es menor que el que sufre con sus anfitriones capitalistas:

– No puedo discutir con usted los valores del odonianismo, aunque estuve tentado a menudo. Algo conozco al respecto, sabe. Nosotros, en mi país, estamos mucho más cerca del odonianismo que esta gente. Somos productos del mismo gran movimiento revolucionario del siglo octavo; somos socialistas, como ustedes.
– Pero ustedes son uranistas. El Estado de Thu es aún más centralizado que el de A-Io. Una única estructura de poder maneja todo, el gobierno, la administración, la policía, el ejército, la educación, las leyes, el comercio, las manufacturas. Y tienen además una economía monetaria.
– Una economía monetaria basada en el principio de que a todo trabajador se le paga lo que merece, por el valor de su trabajo… ¡no por capitalistas a quienes está obligado a servir, sino por el Estado del que es miembro!
– ¿Es el trabajador quien establece el valor de lo que hace?
– ¿Por qué no va a Thu, a ver cómo funciona el verdadero socialismo?
– Sé cómo funciona el verdadero socialismo -respondió Shevek-. Podría decírselo a usted, pero el gobierno de ustedes, en Thu, ¿me permitiría explicarlo?

– Usted sabe lo que yo quiero, Chifoilisk. Quiero que mi pueblo salga del exilio. Vine aquí porque no creo que ustedes quieran eso en Thu. Ustedes, allí, nos tienen miedo. Temen que traigamos de vuelta la revolución, la antigua, la verdadera, la revolución por la justicia que ustedes comenzaron y abandonaron a mitad de camino. Aquí en A-Io me temen menos porque se han olvidado de la revolución. No creen más en ella. Piensan que si la gente posee muchas cosas se contentará con vivir en una cárcel. Pero yo no acepto eso. Quiero derribar los muros. Quiero solidaridad, solidaridad humana. Quiero libre intercambio entre Urras y Anarres. Luché por ello como pude en Anarres, y ahora lucho por ello como puedo en Urras. Allí, actuaba. Aquí, negocio.

Pero la parte más interesante sin duda es la que describe los problemas en la evolución de una sociedad anarquista bajo el peso de la rutina, el conformismo, el aislamiento… y la centralización informática que en 1974 se consideraba todavía inevitable. Pero no os lo voy a contar todo, que de lo que se trata es de animaros a leer el libro…

«Desposeídos» recibió 30 desde que se publicó el Viernes 24 de Abril de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Los indianos dice:

    Desposeídos http://lasindias.com/?p=83617 Citas del famoso libro de Ursula K. Leguin animándoos a su lectura en estos días en los que se celebran libros y autores….

  2. @david Tenía ganas hace mucho tiempo de leer este libro, siempre sale en las recomendaciones, el mismo @dbelser nos habló de él cuando le conocimos. La recopilación de citas ahora hacer que quiera dejarlo todo y empezar a leer ya.

    Nunca deja deja de asombrarme la capacidad predictiva de la ciencia ficción.

  3. Qué interesante y objetivo conseguido! Ganas de comenzar a leerlo ya!

    En algún momento el mundo del telégrafo y sus estructuras centralizadas se comieron y nacionalizaron gran parte de los debates de los entornos anarquistas. Regresamos al punto donde se perdió ese debate y olvidamos los años oscuros de la nación? No se, voy a buscar el libro ya!

  4. @manuel @lasindias os aseguro que es una lectura que engancha, de la que se aprende y de la que se disfruta. Yo la leí al empezar a interesarme por el Anarquismo y lo que me gustó es el ver los problemas que pueden surgir en una sociedad anarquista, que a veces se idealiza tanto que parece que todo sería coser y cantar!

  5. @dariocr  Una de las cosas que la novela creo que refleja bien es que el tipo de problemas que se dan en sociedades comunales igualitarias, como los kibbutz -de cuya experiencia tiene mucho este libro y no solo los paisajes áridos- son de una naturaleza distinta. Al que los vive le parecen lo más importante del mundo… luego sale a la calle o a visitar una empresa y se da cuenta de que, claro, si se los cuenta a alguien le habría de parecer tan lejanos como a él le parecen lejanas las causas de conflicto en entornos corporativos.

    ¿Por qué no existe ese debate como debate público en España, Portugal o Italia @manuel? Porque como hemos comentado aquí mismo, hace mucho (desde el 68) que el anarquismo en estos países se disolvió, dejó de experimentar y se convirtió en un grupo izquierdista más apoyando nacionalismos periféricos diversos y llamando revolucionarias a todo tipo de guerras y carnicerías. El tema es que con el izquierdismo, a partir de los 60 venía en pack el antisionismo y cada vez más el antisemitismo, con lo que además invisibilizaron y dejaron de poder aprender de la experiencia de los kibbutzim israelíes… resultado ¿sobre qué base iban a discutir los problemas de una sociedad igualitaria no monetarizada si no querían ver lo que existía y preferían ir de la mano, aquí, con los propagandistas de la URSS?

  6. @lasindias A mí este libro me voló la cabeza en su momento, porque entre otras cosas es un canto a la libertad en la diversidad. Hay también sionismo. La historia empieza un poco antes que en la novela, en un cuento de Leguin titulado, hablo de memoria, "la noche que empezamos la revolución" o algo así. En Urras se produce una insurreción libertaria basada fundamentalmente en las teorías de un filósofo llamado Odo, La revolución hace temblar los cimientos del sistema, pero el sistema es más resistente de lo que parece. El impasse se rompe cuando los capitalistas uarrastis le ofrecen a los libertarios la posiblidad de migrar a la luna del planeta Anarres para que puedan libremente desarrollar su modelo de sociedad anarquista, y los contactos entre ambos planetas se limitan a lo mínimo. Plantea muy bien la historia de qué hacer cuando en una sociedad de "iguales" alguien decide no serlo, que también tiene su aquel. Es pura tradición socialista libertaria americana, muy distinta, quizás a la europea…Y no hay que olvidar que Leguin es una novelista, esto es, lo personajes tienen carne, no son meras figuritas "representando" una idea.

  7. @david @manuel muy de acuerdo! El anarquismo se diluyó en ese izquierdismo que era capaz de criticar cualquier decisión de USA militarmente hablando y a la vez defender regímenes comunistas que masacraban a los disidentes. El anarquismo entró en la dinámica del negro y el blanco, del bien y el mal, es decir, lo mío es lo correcto y lo de mi adversario lo equivocado sin ni siquiera escucharse uno a otro. Y así ha evolucionado la sociedad, una sociedad sorda, donde el intercambio de ideas o argumentos es nulo, somos capaces de pensar que otra persona puede tener razón pero no dársela porque no es de los "míos". Triste, sí, pero real

  8. @david @dariocr @manuel Je, yo viví algunas experiencias del choque entre los viejos anarcas y los "post 68" en los locales de la CNT durante los años 80… y es tal cual. Eran dos planetas diferentes hablando de cosas como las familias o la droga. En Canarias el grueso de ese movimiento se reintegró en el "sindicalismo nacionalista autogestionario" (que sí se presentaba a elecciones sindicales y ofrecía, a las finales, posibilidades de carrera) y la mera marginalidad, estética punk sin sangre. Estoy convencido de que muchos de los cicuentones catalanes que vivieron el brote artificioso de CNT en Cataluña  durante apenas dos años 1978-1980  (atentado del Escala, persecución, división en dos sindicatos)  son ahora furibundos votantes de Esquerra Republicana. Del mundo de la izquierda intelectual y sin raíces viene todo ese magma que consideran que el islam es feminista porque consigue que as mujeres no tengan  que consumir productos de belleza.

  9. @dbelser @david @manuel de aquellos años setenta se habla de muchísimas cosas, pero se esconde, quizás premeditadamente, las luchas autónomas que hubo. Quizás a ciertos intelectuales no les interesa que hubo un gran número de personas que decidió tomar las riendas de su vida sin delegar en nadie

  10. Nota: el cuento que apunta @dbelser está dentro de «Las doce moradas del viento», publicado por Edhasa y disponible a indianos y visitantes en nuestra biblioteca 🙂

    Daniel, lo que no estoy muy de acuerdo, porque de hecho me sorprendió, es que la de Odo sea la tradición libertaria americana. La veo más en la línea proudhon-kropotkin-reclús más clásica, si hasta incluye sindicatos de industria como en el congreso de Zaragoza!! De hecho hasta hace una broma parafraseando a Proudhon que me hizo mucha gracia cuando cita un supuesto libro de Odo, «El organismo social»: «Para hacer un ladrón, haz un propietario; para que haya crímenes, haz leyes»

  11. @dariocr Cierto! De los setenta fue el último movimiento obrero de verdad, el que no se reducía a procesiones sindicales, sino que era un verdadero ejercicio de autonomía: Vitoria en el 76, las huelgas de Roca en Barcelona, anarquismo agrario en Andalucía… la izquierda se aplicó ahí bien en destruirlo -tenían el modelo del PCE convirtiendo las CCOO asturianas del 62 en un sindicato- y en el camino destruyeron -y se autodestruyeron también- muchas vidas. Y como dice @dbelser lo que quedó luego bajo la rojinegra fue ese anarquismo sin sangre, a caballo entre la museística, la descomposición y la bohemia… que finalmente fue disuelto y reducido a folkrore. El ejemplo alemán, las necesidades de carrera personal del sector universitario e intelectual y la descomposición tampoco ayudaron, no.

    Pero dejemos de saldar cuentas generacionales. Lo que importa es qué hacemos ahora. Y las historias que comentamos, ahora, se leen seguramente con más claridad que hace cuarenta años, cuando se escribieron. Y no deben servirnos para llevarnos de vuelta a entonces a base de recordar, sino para construir cosas bonitas ahora. Que «se puede» está clarísimo, nosotros lo hemos hecho, vivimos en esa autonomía comunitaria que tiene mucho de la «ambigua utopía» de «Los desposeídos». Y eso tiene mucho recorrido tanto hacia dentro (crecer es algo a lo que estamos abiertos) como alrededor (desde construir la filé a la sharing economy)

  12. "Allí donde atravesaba la carretera, en
    lugar de tener un portón degeneraba en mera geometría, una línea, una idea de frontera. Pero la idea era real."

    Siempre me fascinó esa imagen del "borde", esa ambigüedad, según de que lado esté uno, y lo sencillo que es pasar, de un lado a otro, de un planeta a otro, cruzando una simple y delgada línea.

  13. @david quería decir, qur está, me parece, más cerca de la dimensión comunitaria que de la de la "gran organización" anarcosindicalista. hace muchos años que lo lei.Tengo que darle un repasaco.

  14. @dbelser @david … cuando consiga entrar en mi casa. Hoy creo haber visto restos fenicios… lo que volvería del revés la historia de Canarias y explicaría porqué en Las Palmas tienen más alma negociante que en Tenerife 😉

  15. @dbelser jajajaja!! Mira que se han hecho museos con menos!!

  16. @david @dariocr @dbelser un tanto off topic, recomendación sobre la autonomía en su vertiente de lucha armada más allá del MIL, un libro muy interesante http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/5264

  17. @eltransito @dariocr @dbelser Cuando hablaba de las vidas que se destruyeron y de las que se autodestruyeron pensaba también en todo ese entorno de los CCAAAA, en la FIGA, etc… A mi juicio, solo un horror y una pena infinita se pueden sacar de esa experiencia, lo siento.

  18. @david @dbelser correcto David! No es mi intención saldar cuentas con otras generaciones! Simplemente era un ejemplo de que las personas, sin delegar, luchando por ellos mismos pueden conseguir grandes cosas aunque la historia oficial no las cuente…

  19. @dariocr no lo decía por ti, me incluyo en esa tendencia. Es normal marcar las diferencias con lo que no nos identifica para no ser identicado con ello. Pero los prólogos mejor cortitos, creo. 🙂

  20. @david @eltransito @dariocr esa es mi opinión también. Además, condicionaron a todo el "entorno" libertario para mal. Fue una catástrofe en lo colectivo y en lo.personal no me lo quiero ni imaginar.  Quisieron jugar a ser la FAI. Y los juegos de rol están bien en casa, con los amigos…

  21. @dbelser @david @dariocr No hablo de sacar experiencias vitales de ello, sino de que me parece interesante y que se ha hecho poco esfuerzo por comprenderlo. No tengo intención, por el momento, de tirarme al monte 😉

    Aún así, la lectura es muy buena para entender cómo en esos momentos concretos la lucha armada viene en muchos casos dada por la experiencia de antagonismo social muy bestia en entornos durísimos antes que como toma de conciencia ideológica (que llega después). En muchos casos es gente que se encuentra en la oposición violenta oponiéndose a durísimos estertores del régimen en zonas industriales. Muchas veces acaban encuadrados y en la clandestinidad definitiva después de su paso por la cárcel. Por cierto, ya que habláis de la FAI, algo similar sucedió en los años veinte y treinta en no pocas ocasiones. El anarcosindicalismo institucionalizó muchas prácticas de la cultura obrera (las rondas por las fábricas presionando a los patronos, la cultura según la cual irse sin pagar de un restaurante caro no era “inmoral”…Las huelgas de inquilinos, en un contexto de crisis habitacional muy dura, surge sin sindicatos, y es luego cuando CNT la estructura

    .

  22. @eltransito @dbelser @dariocr si, pero hay una diferencia entre distintas formas de resistencia e incluso de violencia reactiva, defensiva y el asesinato. Más cuando no son «homicidios accidentales» de lo que hablamos. Cuando se secuestra o atraca, no hablemos cuando alguien se da por objetivo intentar asesinar a alguien. En el homicidio intencionado se cruza una frontera moral insalvable. Y por supuesto es cierto que siempre ha habido un anarquismo pistolero. Pero creo que lo único que ha hecho más daño -moral, interno, profundo- al anarquismo que los pistoleros (Durruti y Ascaso incluidos) han sido aquellos que les han ensalzado a posteriori creando mitos para reproducir el horror en una nueva generación.

    Por cierto que otro factor del vaciamiento del anarquismo europeo fue precisamente que los libertarios más claros en su rechazo a la violencia intencional, a la pretendida «violencia política», se encontraron cada vez más a disgusto en esos mitos y más identificados con el activismo radical y no-violento de Marco Panella y los radicales italianos. Ese radicalismo liberal, libertario, transnacional, esperantista, antiprohibicionista que consiguió el aborto en italia, que luchó por el derecho a la muerte digna y el suicidio que minó la partitocracia más corrupta de Europa a base de un activismo muchas veces heroico, entre los 50 al 2000 sí que merece ser entendido, estudiado y, creo yo, en buena parte, reivindicado.

  23. @david si estamos de acuerdo, pero creo que cabe entender que no se trata de realidades completamente separadas, sino de fenómenos que conviven en un mismo momento y están relacionadas, no necesariamente de manera simétrica (muchas veces sus protagonistas también). Yo estudiado creo que merece ser todo…o creo que tampoco conoceremos completamente aquellas partes que nos merecen más respeto y nos aprecen más reivindicables @dbelser @dariocr

  24. Claro @eltransito es que tu lo miras como historiador… y claro que desde la mirada del historiador todo es digno de ser estudiado y profundizado, con independencia del juicio que nos produzcan las posiciones y acciones de los protagonistas de cada época y contexto. Pero, especialmente en estos años, mi mirada sobre la historia es otra, busco no tanto una explicación de por qué sucedió tal o cuál cosa, sino claves culturales, actitudes, valores y relatos que permitieran construir cohesión social en momentos adversos. Por eso la violencia política, no solo la rechazo moralmente, sino que no veo en su historia interna nada de lo que pueda aprender algo de lo que busco.  @dbelser @dariocr

  25. @david @eltransito @dariocr Para mí, hay diferencias muy sustanciales entre la violencia anarcosindicalista de los años 20-30 y lo que sucedió en los 70. La violencia anarcosindicalista de los años 20-30 surge como reacción a una estrategia de eliminación física de las principales figuras de la CNT, como Salvador Segui, y hay que entenderla en un contexto en que se hablaba de "defensa confederal" frente a las agresiones, después la violencia armada acaba imponiendo su propia lógica (esto es, cuando la cosa se gestiona a tiros no brillan las personas s más inteligentes, las más reflexivas, o las más abiertas la conversación, sino la gente con "mas cojones", que además, generan mejor leyenda, como la que rodeó a "los solidarios". Al final has creado tu propio ejercito. El siguiente paso tras crear tu ejército es que este quiera imponer la lógica militar a todo y, por tanto, trate de eliminar toda oposición a esa lógica. Esto se cuenta muy bien en una biografía del gran sindicalista Angel Pestaña, que se vio expulsado de la CNT junto con los demás treintistas por "moderados" y "claudicantes"

  26. @dbelser @david @eltransito @dariocr  … para ver que todo lo que anunciaron se cumplían inexorablemente llevando al país a la catástrofe. De Ascaso y Durruti cabe decir que murieron como vivieron, honor a ellos, obreros, hijos de la explotación más feroz, hijos de un tiempo donde cosas que ahora vemos muy claras apenas empezaban a vislumbrarse (Y ah, es muy difícil resistirse a un heroe caído en plena juventud, hemos consumido eso desde la guerra de Troya a Kurt Cobain y tal vez a los isis de ahora mismo) García Oliver, el tercer "solidario" acabo siendo ministro y posteriormente un personaje un poco caricaturesco, como la Montseny. Por eso figuras como Peiró y Pestaña brillan más, porque fueron capaces de mirar más allá de lo inmediato de elvar la mira y elevarse. Lo de los 70 ya no lo vivo desde la historia, sino desde las salpicaduras que de todo aquello llegaron a los años 80: la continua sospecha de infiltración policial, la desconfianza, las escisiones… Dicho esto, ojo, todo debe ser estudiado, todo es historia.

  27. @dbelser @david @dariocr Estamos bastante de acuerdo. Resulta curioso, de todas formas, como es la propia República la que favorece sin querer la posición de los grupos de acción frente a pacifistas al decepcionar rápidamente a la clase obrera. Y no por la imposibilidad de hacer reformas rápidas, como suele decirse, sino por la represión (Ley de vagos, trenes al montados por Maciá, al que CNT había apoyado, de vuelta al sur…). Con los jurados mixtos y la policía en los barrios la CNT no para de perder presencia hasta el 33, y es en este contexto de debilidad cuando la vía insurreccional gana presencia, lo que a la vez vuelve a meter a CNT en una espiral de sectarismo por la que pierde tejido social y horizontalidad. Los vanguardismos siempre…A pesar de todo, el relato del libro que mencionaba sobre algunos barrios industriales catalanes a finales de los sesenta, a su dureza me refiero, traslada a aquellos otros años, no hablamos de grupos armados imbuidos de tercermundismo y forjados en la universidad, de los que tanto a abundaron también, sino de gente, como aquella, que pudo estar equivocada pero es clara hija de su tiempo

  28. Aquí el relato que apuntaba @dbelser "the day before the revolutionhttp://www.d.umn.edu/cla/faculty/tbacig/hmcl3230/3230anth/day.html Poca cosa hay que decir a las notas que has añadido, quizás incidir en que me parece más un libro sobre la capacidad de disidencia personal en una comunidad que comparativa entre "opciones de gobierno". Una joyita rara y muy indiana, me atrevería a decir.

  29. @nosolosw @lasindias @dbelser si 🙂 En realidad tiene varios niveles: el primero es sobre la viabilidad de una sociedad libertaria (donde desde el «právico» -un homenaje a la idea de las lenguas sintéticas comunitarias- a los cambios culturales parejos, como te imaginarás, nos encanta) y otra sobre la disidencia (que tiene puntos muy buenos como la relación entre centralización light y censura moral), pero en realidad lo que une las dos partes es la idea, creo, de la disidencia como base y medida de una sociedad. Al final volver es la esperanza porque en Anarrés la disidencia lo que tiene es que convencer, batallar con razones y emociones, hay personas poderosas por su prestigio, hay emociones violentas, hay rutinas que amenazan con convertirse en normas, pero todo eso puede ser cambiado con argumentos, ideas, noticias y conocimiento… todo lo que lleva el protagonista consigo.

    Es curioso ahí que la lengua sea el «pravic», «pravi» en esperanto significa «llevar razón» y «pravigi» (literalmente «hacer llevar razón» significa «explicar» o «dar razón/es»), «pravico» se traduciría «praviga». Es decir, la lengua de la sociedad de la abundancia es una lengua «explicativa» una lengua «que da razón» de las cosas que dice, recogiendo en cierta medida también el viejo sueño de la lengua filosófica, la lengua en la que no se puede errar http://lasindias.com/la-lengua-que-no-podia-mentir

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