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Días extraños

Estos días en ciberpunk.net los posts de Sombra, Tetsuo y siempre los de Islas en la Red me están haciendo ser más consciente no digamos de lo poco que he leído, mejor, de lo que aún me queda por leer, de lo cortos que son los días y las noches para el hambre que te provoca que te hablen de platos tan suculentos. Por cierto que hoy, en el metro, he tenido una inquietante visión que me ha hecho acordarme de la Cayce de Gibson en Pattern Recognition (Mundo espejo). Para el que no lo haya leído (siga leyendo que no voy a destripar nada), la protagonista sufre una especie de alergia desde niña que le hace tener ataques de ansiedad ante la visión de determinados logos o estéticas de firmas de moda. Sus puntos débiles son Michelín y Tommy Hilfiger.
Y es que la firma española Cortefiel, quizá como recurso desesperado antes de hundirse del todo, ha copiado la estética de los anuncios de Tommy, esos que recuerdan las películas en las que una madre divorciada llega con sus hijos a una pacífica e idílica comunidad en la que son todos rubios y de sonrisa perfecta y falsa, porque tienen un chip en el cerebro que les hace estar controlados por una máquina que maneja el malvado alcalde y no beben, ni fuman, son sumisos, sólo se casan entre ellos, la ropa nunca se les arruga y dan mucho miedo. Pues ahora también made in spain. A mí me preocupa un poco, porque estas cosas se extienden. Gracias a este tipo de publicidad ahora parece que no puedes ser gay sin no llevas camiseta de tirantes. Pero es que al salir del metro de Alonso Martínez con más tranquilidad que otros días, he visto una de esas fotos tapando la fachada de un edificio entero. Si Cayce hubiera estado en mi lugar habría caído fulminada por mucho que hubiera repetido le dio un pato en la cara a 300 km por hora (su exorcismo) y se habría quedado en el estado de los infectados de Snow Crash. Es que estas tardes de visita hospitalaria, con tanta blancura, tanto crucifijo, tanta enfermera que dice cielo cada palabra y media, y esa luz que sólo tienen los sanatorios, parece que no, pero algo afecta. Y claro, sales y cualquier foto te asusta. Aunque este sanatorio al que voy mola, porque al ser un edificio antiguo al que le han ido añadiendo partes, se ha convertido en un laberinto silencioso en el que no sabes lo que te vas a encontrar al girar cada esquina, si una pared, una escalera, un balcón, una monja o a Jack Nicholson con un cuchillo. La habitación que buscas parece estar en otra dimensión, porque encuentras la 379 y la 381 pero ¿y la 380? Además al tener que pasar de un ascensor del futuro, recién puesto, a otro que pusieron cuando se construyó la parte vieja, que se cae a pedazos, te acuerdas de Ubik y empiezas a entender la idea de las máquinas expendedoras de drogas. En fin, un día extraño.

«Días extraños» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 14 de Abril de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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