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¿Dinero? ¿Dijo dinero?

Cobrar por suscripciones a contenidos ha sido un gran fracaso en la web. Sin embargo, la experiencia i-mode, con 40 millones de afiliados tan sólo en Japón y una facturación de más de 1200 millones de euros exclusivamente entre los proveedores del menú oficial, parece demostrar que es posible. ¿Qué hace i-mode diferente de la web?. ¿Qué más cambios nos traerá la i-Revolución?

La revolución imode está en marcha. En Japón, dónde el sistema nació en 1999 un cuarto de la población está suscrita. Y eso que a diferencia del menú español (que sigue llamándose e-moción como su ancestro WAP), no es gratuito. Y aquí reside la primera sorpresa: la gente paga por poder acceder a un menú donde al menos la mitad de los contenidos son a su vez de pago. No sólo eso, se gasta realmente el dinero en esos contenidos. Tanto que sólo el público juvenil representa ya una facturación anual de más de 700 millones de euros repartidos entre los 8000 proveedores de contenido del i-menu que aparece en todos los teléfonos de DoCoMo. ¿Es que no hay contenidos gratuitos? Pues si, además de todo el que se encuentra en el mismo i-menú, más de 65.000 sitios no oficiales.

El secreto: su propia estructura. Pensémoslo de otro modo. ¿Qué hace casi imposible poder ofrecer contenidos de pago en la web?. Pues que como escribía el profesor Urrutia, se trata de una Economía de la abundancia, donde los mecanismos que llevan a la formación de precios positivos se rompen una y otra vez. Es la interminable historia de los mumi de Internet, la que lleva una y otra vez a que la competencia se traduzca en gratuidad. La estructura descentralizada y de libre crecimiento de la red, su naturaleza de enredadera produce irremediablemente que siempre haya alguien que produzca contenidos en cada sector para quien el coste de tener un nuevo lector sea cero. Este ofrecerá gratuitamente su producción, pues no pierde sino que gana con ello, forzando al resto a seguirle o desaparecer.

i-Mode: árbol y enredadera simbióticos

Pero en i-mode la estructura es distinta, como comenta el Takeshi Natsuno en Wireless Ecosystem, i-mode provee de terminales (los teléfonos móviles), redes, puertas de enlace (los servidores para cobro de suscripciones) y un portal (el menú i-mode). Es decir, la infraestructura y los servicios principales se estructuran alrededor de un único árbol controlado por la operadora. Esta centralización significa escasez y por tanto precios positivos, por mucho que alrededor del i-menú se desarrolle una inmensa enredadera de páginas comunitarias, comerciales y personales.

Es más, el contenido no oficial y gratuito aumenta el valor de la red en su conjunto y a diferencia de la web, lejos de impulsar la gratuidad aumenta la comercialidad de los proveedores incluídos en el i-menú. Esto se debe a que como en toda red el valor de nuestros contenidos es función del valor de la red en su conjunto, y ese valor aumenta con la variedad, con la enredadera no oficial. Pero sin embargo, la división entre los contenidos seleccionados y auditados por la operadora en el menú, marca una diferencia que cambia la naturaleza de la red. La existencia de un coste para el usuario en términos de tiempo (buscar), dinero (se paga por MegaByte descargado) y riesgo (a la hora de fiarse o no del proveedor) genera un intervalo de precios dentro del cual el usuario estará dispuesto a pagar por el i-menú y sus contenidos. Mientras las suscripciones no tengan un precio más elevado, y actualmente oscilan entre 1 y 3 euros por sitio y mes, i-mode generará ingresos a los creadores de contenidos.

Publicidad y movilidad: vendiendo música con palabras

Más allá, i-mode tiene características intrinsecas que ayudan a la comercialización de los contenidos. El marketing cruzado a penas funciona para promocionar una web. Si empapelamos Madrid de carteles con una URI, apenas recibiremos unos centenares de visitas. La cosa no cambia mucho con anuncios en prensa o en televisión, unos cuantos miles de visitantes cuyo valor no justificará, salvo casos extremos, la campaña. Simplemente la publicidad cruzada no funciona masivamente para la web. Es como vender música con palabras, nos comenta Jorge Otero, el pionero de la distribución musical gratuita en España. Por eso la radio es el principal medio para vender música y la web para promocionar sitios.

Pero con la i-Revolución las cosas están cambiando. La esencia de i-mode es la movilidad. Si un cartel nos llama la atención podemos en el momento entrar en el sitio y marcarlo entre nuestros favoritos. Si vemos un anuncio en la tele o leyendo el periódico es muy probable que tengamos el móvil en el bolsillo.

Aunque utilice protocolos y lenguajes de marcado propios de Internet, aunque desde un navegador normal podamos, si los webmasters nos lo permiten, acceder sin grandes pérdidas a contenidos i-mode, i-mode no es la web y sus reglas son distintas.

Última frontera, última oportunidad

La formación de una i-comunidad, de un ecosistema, va a cambiar muchas cosas en el panorama español de generadores de contenidos. Muchos encontrarán en el i-mundo lo que buscaban en la web. Otros tratarán de imponer modelos ajenos y fracasarán. i-mode, si florece, ofrecerá nuevas reglas para un nuevo mundo. Un mundo que puede ser la clave para recuperarnos del atraso histórico y cultural español, romper la brecha digital y llevarnos a la sociedad de la información.

«¿Dinero? ¿Dijo dinero?» recibió 0 desde que se publicó el martes 2 de diciembre de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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