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El 68 y sus supervivientes

Un viaje por el 68 y sus supervivientes

En el EEUU de los años cincuenta las ideas anticonsumistas que rechazan el modelo de bienestar y la cultura de masas norteamericana de postguerra comienzan a cuajar en lo que pronto se llamará la «contracultura». Una nueva generación de escritores, los «beatniks» pone en valor la subcultura de los intérpretes de jazz y sus seguidores, los «hipsters». Cuando a principios de los sesenta se establezcan en los dos barrios icónicos de la bohemia americana -Greenwich Village en Nueva York y Haight-Ashbury en San Francisco- les comenzarán a llamar «hippies».

Los años de la impostura

Uschi Obermaier y Rainer Langhans en Kommune 1Los sesenta y los setenta son, desde el punto de vista del comunitarismo, pero no solo, un verdadero desastre. Son los años en los que bajo la aparente prosperidad, se sientan las bases de la «crisis del kibbutz», pero sobre todo los años del «espíritu del sesenta y ocho». Nuestra generación ha tenido que lidiar con la autocomplacencia de una intelectualidad acomodada que consideró el izquierdismo estudiantil de años como su «fiesta juvenil» particular, glorificándola acríticamente durante décadas con especiales televisivos y suplementos dominicales nostálgicos. Pero sobre todo ha tenido que recuperar una multitud de significados arrasados. No es casualidad que a día de hoy la palabra comuna -significando comunidad igualitaria- esté llena de connotaciones negativas en muchos idiomas. Se convirtió, muchas veces para sorpresa de los que crecieron en ellas, en sinónimo de club lisérgico y otras pura y simplemente en «secta». Este fenómeno, se lo debemos fundamentalmente a dos movimientos juveniles que pretendieron «reinventar» el comunitarismo en ese periodo: el estudiantil europeo y el hippie americano.

El «nuevo comunalismo» hippie

LIFE Magazine 18 de julio de 1969El hippismo es en principio poco más que una moda, una etiqueta puesta por la prensa al creciente espíritu de rechazo de los valores del sueño americano entre los jóvenes universitarios, hijos en su mayoría de las clases acomodadas. De un «movimiento» tan difuso pueden hacerse muchas valoraciones. Las más críticas remarcan su absorción por la cultura de masas a través de las industrias de consumo con la consagración de la música pop(ular) como sector industrial, el «viste como quieras» y la nueva iconografía del sexo. Las más positivas hablan del papel de la «revuelta cultural» americana en la aceptación del movimiento de derechos civiles, el rechazo a la guerra de Vietnam, el auge del pacifismo, el nacimiento del ecologismo y la aparición de una nueva sensibilidad social con el feminismo y el movimiento LGTB que hubiera sido impensable sin la llamada «revolución sexual».

El «verano del amor» de 1967 es en primer lugar un movimiento artístico: la consagración de la música rock y folk de la contracultura como un fenómeno de masas. Pero es sobre todo, un fenómeno mediático: son los medios los que etiquetan lo hippie y le dan capacidad de movilización masiva. Más de 100.000 jóvenes llegan a San Francisco alentados por los relatos de la prensa, siguiendo la canción se ponen flores en el pelo y muchos de ellos las reparten por la calle. Los medios están disfrutando y experimentando la lógica de las profecías autocumplidas.

Comunidad hippie de Sunnyridge, que perduró hasta 1980Necesitando encontrar contenido para un movimiento ético-estético que estaba siendo definido cada vez más desde un relato externo, un amplio sector del «ambiente hippie» empieza a proponer una «vuelta al campo», usando parte de la iconografía del pionerismo americano y el prestigio social de los kibbutzim como contrapunto a la asociación cada vez más establecida entre hippismo, drogas y sexo que escandalizan a la clase media. La portada de TIME en julio de 1969 consagra esta conversión del hippie en un nuevo pionero. Está dedicada a «Family of Mystic Arts», un grupo que se establece en Oregon en 1968. Una vez más el arrastre mediático funciona y se calcula que la población total en «comunidades intencionales» a principios de los 70 pudo llegar a superar las 700.000 personas.

Carentes de modelo económico y de propósito común, fundamentadas en poco más que un deseo de prolongar la fiesta del 67 y la experimentación juvenil, la mayoría desaparecerán pronto. Solo unas pocas, asociadas cada vez más al ecologismo desde la perspectiva mística del New Age en la que acabó buena parte de la contracultura, consiguen desarrollar una base estable. Algunas se mantienen hasta hoy, aunque diluidas en la definición de «comunidad intencional» o en el movimiento de las «ecoaldeas», es decir, renunciando o no habiendo desarrollado nunca una economía comunitaria.

Las comunas del movimiento estudiantil europeo

Rudie DutschkeMientras, en Alemania, Rudi Dutschke se convierte en el líder de la SDS («Sozialistischer Deutscher Studentenbund»), un grupo nacido como rama estudiantil del partido socialdemócrata que se ha ido radicalizando hasta ser expulsado del movimiento madre y que capitanea las movilizaciones contra la guerra de Vietnam. El SDS es el corazón de la llamada «nueva izquierda». Marcuse y Dutschke intentan encontrar una alternativa al proletariado como protagonista de la revolución. Hablan de «nuevos sujetos sociales» que vendrían representados por el tercermundismo, el feminismo y toda una pléyade de movimientos que prenden entre sus seguidores.

Kommune 1Estas ideas, convergentes con las que, en París, ensayan por entonces Bourdieu, Castoriadis y los situacionistas, llevan a unos y otros a la «crítica de la vida cotidiana». Dutschke propone crear una «experiencia», una comuna experimental que a través del psicoanálisis permita descubrir los elementos de quiebra de la «familia burguesa» alemana. Consigue el piso del escritor Hans Magnus Enzerberger y recluta al grupo de voluntarios en el que él mismo no se incluye. Así, en 1967 nace Kommune 1 (K1). Bajo el eslogan «Das Private ist politisch!» (lo personal es político), el grupo pronto olvida el psicoanálisis y se dedica a la «guerrilla humorística»… para delicia de la prensa derechista alemana. Dutschke, que les tacha de «neuróticos», les expulsa de la SDS y anima una segunda «experiencia comunal»: K2. Él mismo dirige el psicoanálisis en reuniones con los comuneros, pero la metodología resulta frustrante y «no alcanza ningún conocimiento especial». K2 se disolverá en el verano de 1968.

Joschka Fischer y Petra KellySeguirán, por toda Europa, centenares de «comunas» de estudiantes que discuten interminablemente sobre los movimientos políticos «radicales» de la época en pisos compartidos fuera de los campus de la universidad. Son verdaderos lugares de iniciación al debate ideológico, al sexo, a la naciente cultura de las drogas… En realidad ninguna novedad, los pisos de estudiantes inquietos han sido eso desde los tiempos de la bohemia decimonónica y si antes del XIX no eran eso, desde luego hay relatos de cosas muy parecidas desde la Edad Media. ¿Realmente hacia falta el vaciamiento general de los significados del vocabulario político elaborado tan trabajosamente desde la revolución francesa? En cualquier caso, a nadie pareció generarle remordimientos. Estamos en la universidad de los sesenta: hay inflación de relato y un batiburrillo de ideas en el aire. Marcuse, Reich y el psicoanálisis se mezclan con Mao, Trotsky y Enver Hoxa en una promiscuidad que es difícil hoy no ver como puro «postureo». En los ochenta buena parte de aquellos jóvenes e «hiper-ideologizados» sesentayochistas abandonarán los discursos maximalistas y se integrarán en las élites políticas de las nuevas democracias meridionales con Miterrand, Gonzalez, Papandreu y hasta Craxi como modelos. En Alemania, donde el recambio generacional del grupo de poder no fue tan obvio como en los países latinos, crearán en 1980 una expresión político-generacional propia: «die Grünen», el primer partido ecologista europeo.

Los supervivientes

A pesar del marasmo y la impostura estudiantil sesentayochista, de los desastrosos años setenta surgirán también, tanto en Europa como en EEUU, algunos grupos que supieron superar mejor o peor las taras del ambiente de época y construir comunidades que perduran hasta hoy. Son los referentes principales del comunitarismo actual en Europa y Norteamérica y merece la pena detenerse en ellos aunque en su mayoría se declaren colectivistas y no comunitaristas.

Longo Maï

Longo MaiEn 1972 Suiza, como toda Europa, está en ebullición. En Basilea se encuentran dos grupos, uno austriaco, «Spartakus», cuyos miembros se han refugiado en el país de las razzias de la extrema derecha y otro local, «Hydra7». Ambos han convergido hacia el rechazo de la deriva terrorista del sesentayochismo y defendienden ideas autogestionarias. Ese mismo año Hydra7 ha montado todo un aparato de recaudación de fondos para los obreros de Schirmeck, Alsacia, que finalmente se hacen con la propiedad de la fábrica y la cooperativizan de forma viable. La unión de ambos grupos se ve reforzada por la llegada de Roland Perrot, «Rémi», que tiene el aura de haber sido jefe de seguridad de los estudiantes durante la ocupación de la Sorbona. Rémi propone la idea de crear «pueblos pioneros europeos» que d servir de refugio en caso de un empeoramiento del clima político.

Se apuntan cuarenta personas. Encuentran un terreno en los Alpes franceses, en una colina cerca del pueblo de Limans. Ha nacido Longo Maï, en Occitano literalmente «largo nunca», largo plazo.

longo-maï-en-bande-déssinéeAunque Hydra7 pondrá su maquinaria recaudatoria al servicio del nuevo proyecto, los comienzos serán duros y la dieta de los pioneros escasa. Además, la primera etapa no deja de de estar lastrada por el espíritu sesentayochista: durante los primeros años se prohiben las parejas, lo que genera problemas internos y defecciones… y aun peor, les lleva a recibir acusaciones de sectarismo que responden con una demanda que se arrastra durante años hasta que finalmente la ganan en los tribunales en 1995. Por otro lado, el ambiente llega a ser tenso con los vecinos, que rechazan a los «hippies venidos de fuera», y la tensión se resuelven a veces en pequeñas confrontaciones violentas. Por otro lado, Longo Maï, fiel a su objetivo original, ayuda y recoge en los ochenta no solo a desertores de Alemania del Este, sino a no pocos kurdos del PKK. La creciente presión de las autoridades, que pretenden deportar a los refugiados, acaba con una redada en 1989 que, aunque acaba en nada, sirve para cerrarles temporalmente su radio libre, entonces la mayor de Europa.

fiesta de 40 aniversario de longo maiPoco después Longo Maï inicia una reforma interna y un cambio generacional que supone, de facto, la ruptura con el marco sesentayochista original: se producen los primeros matrimonios y el asentamiento inicial, donde hasta entonces la «crianza colectiva» se extendía a la edad escolar, batalla por la reapertura de la escuela pública del pueblo, ganándose por primera vez a los vecinos.

Con la actividad agraria a pleno rendimiento y un flujo medio anual de donaciones, que en los 90 alcanza los cinco millones de francos suizos, el milagro estaba servido: Longo Maï creció hasta 260 miembros, organizados en cinco asentamientos-cooperativas agrarias, recuperando zonas abandonadas de montaña de baja productividad.

estructura longo maiSu compromiso con los refugiados políticos toma una nueva forma: crean una comunidad agraria para 200 personas en Costa Rica, en su mayoría exiliados del Kurdistán turco. En los noventa Longo Maï es ya una referencia, «Le Monde Diplomatique» [aquí artículo entero] les presenta como el posible enlace histórico de los nuevos movimientos antiglobalización de la época con el sesenta y ocho y hasta con la tradición fourierista.

En la actualidad Longo Maï tiene comunidades en Suiza, Alemania, Austria, Ucrania, Francia y Costa Rica, todas bajo propiedad de una fundación con sede en Basilea y explotadas por la que es a día de hoy la mayor organización acogida a la fórmula «Cooperativa Europea».

Kommuja

Nieder Kaunfungen la mayor comuna de AlemaniaMientras, mientras avanza la década de los setenta, es cada vez más claro a los supervivientes de la izquierda estudiantil alemana que la violencia es un callejón sin salida. Recuperan protagonismo las ideas pacifistas de Dutschke, quien desde Dinamarca retoma contacto con otros antiguos líderes del movimiento. Paralelamente, desde 1970 ha empezado un pequeño movimiento al campo entre algunos sectores del movimiento estudiantil que empiezan a tomarse en serio la creación de comunidades, ya no como una «experiencia», sino como una opción de vida a largo plazo.

Mientras tanto, las marchas antinucleares y las manifestaciones contra las bases militares y el despliegue de misiles americanos en Europa se han convertido en movimientos masivos de nuevo tipo que parecen dar la razón, años después, a la teoría de los «nuevos sujetos sociales». Las movilizaciones contra la energía nuclear y la alarma social ante las primeras lluvias ácidas van creando un ambiente en el que algunos de los teóricos sesentayochistas empiezan a enunciar, todavía en términos marxistas, que la «contradicción fundamental» del capitalismo ya no se da entre capital y trabajo, sino entre capital y recursos naturales. En este crescendo nacen en 1978 el diario TAZ y en 1980 «Die Grünen». Ese mismo año TAZ comienza a publicar un suplemento autogestionario que comienza a crear lazos entre los asentamientos creados durante la década anterior.

encuentro entre comunidades miembro de KommujaDistintos entornos ligados a los verdes sirven, a partir de 1985 para ir convirtiendo esos lazos en una red más sólida que finalmente se encuentra presencialmente en la comuna del castillo de Lutter en 1989. En 1990 ocho comunas -Finkhof, Lutter, Zorrow, Dhrontal, Prezelle, Heinigen, Projekt A, Kaufungen- tienen boletines locales; en 1991 dan un paso más y crean un boletín de noticias interno y en 1992 la revista Kommuja, que dará nombre a la red.

En 1995 Kommuja comenzará a gestionar un fondo de apoyo mutuo entre las comunidades y a partir de 1999 organizará «Los Geht’s», grandes encuentros abiertos que además de como conector entre comunidades funcionan también a la manera de ferias de empleo donde las personas interesadas en unirse a una comunidad pueden conocer a las existentes en la red y postular su ingreso.

En la actualidad Kommuja agrupa a casi 500 personas organizadas en 34 comunas de lengua alemana, las 32 primeras en Alemania y las dos más recientes en Austria. La gran mayoría se sostienen mediante el trabajo agrícola y comparten tanto producción como ingresos, aunque también incluye algunas que son solo comunidades de ingresos compartidos.

Castillo de LutterLlama la atención sin embargo que en su declaración de principios se insista en que la comunidad «no es un fin en si mismo», dando paso a una suerte de definición laxa del «socialismo constructivo». Porque aunque las distintas comunas se sitúan en la izquierda, incluyendo perspectivas medioambientales, antifascistas o feministas más o menos marcadas, ninguna de ellas plantea una estrategia de transformación global ni el lugar que adjudicaría al movimiento comunitario en ella. En esto, Kommuja refleja la forma en la que la izquierda alemana ha intentado sobrevivir a la digestión del sesenta y ocho: rescatando de lo novedoso de entonces algunos vectores (no-violencia, antifascismo, feminismo, ecologismo, etc.) y dejando a estos «grupos especializados» la reflexión política, esperando que sus desarrollos e implantaciones generen por agregación y percolación cultural un cambio global por sí mismos.

Cerca de cincuenta años después del movimiento estudiantil, en Kommunja, como en general en el movimiento alternativo alemán, el tono general no refleja una reflexión o preocupación política más allá de los sentimientos, argumentos y lugares comunes de la izquierda europea. En cualquier caso, desde la perspectiva que nos interesa, su posicionamiento sí que hace hincapié en un igualitarismo que respeta la diferencia individual sobre una economía de ingresos compartidos.

La FEC

walden doskat kindale durante una de las primeras cosechas en Twin OaksY mientras en Europa se reconvertía mejor o peor el legado del sesenta y ocho, en EEUU aparecía y se consolidaba poco a poco una red de comunidades, la FEC («Federación de Comunidades Igualitarias»), cuyo origen había quedado al margen tanto del hippismo como del movimiento estudiantil de los años desastrosos.

En 1948 el famoso psicólogo conductista B.F. Skinner publica «Walden Dos». El nombre es un homenaje al «Walden» de Thoreau, pero a diferencia de este y a pesar de compartir el énfasis en la vida sencilla, difícilmente podría considerarse una obra libertaria. El sueño de Skinner es levantar una comunidad «experimental» donde la planificación económica, una ética no consumista y una crianza conductista, en el marco de un sistema basado en la ingeniería cultural, produjeran una vida socialmente estable, equilibrada y básicamente feliz.

hilado para las redes en Twin OaksEn 1967 ocho pioneros deciden intentar llevar la utopía conductista a la práctica. Compran «Twin Oaks», una propiedad de 500 Hectáreas en Virginia y se mudan a ella. Los principios, como siempre y especialmente en los asentamientos agrícolas, son duros. Especialmente porque ninguno tiene experiencia agraria previa. Una de ellos, Kat Kinkade nos dejará un relato de la evolución de la comunidad en dos libros y en una serie de artículos que publicó a su muerte, en 2008, en la revista «Communities».

Aunque Twin Oaks dejó pronto de definirse como conductista, el centro de su sistema sigue siendo la propuesta de Skinner de crear un sistema de bonos de trabajo. Cada miembro tiene que realizar 42 horas semanales nominales. Siguiendo a Skinner, en un principio, una hora real en los trabajos menos deseados puntuaba por más que una hora nominal. Sin embargo, al crecer y pasar la frontera de cuarenta miembros se dieron cuenta de que, pudiendo escogerse trabajos, se podían encontrar equilibrios satisfactorios para todos donde la hora nominal se igualara siempre a la real. Las trazas conductistas se pueden encontrar también en los procesos de toma de decisión, inspirados en metodologías de generación de consensos pero todavía democráticos y muy formalizados.

Acorn bajo la nieve«Twin Oaks», que cuenta desde mediados de los noventa con un centenar de miembros, apoyó la formación de una nueva comunidad, «East Wind» en 1973. En 1976 ambas se unen con «Sandhill», que se había fundado de forma independiente en 1974, para crear la «FEC» (Federación de Comunidades Igualitarias). Bajo el impulso de Kat Kinkade, en 1993 ceden terrenos a una nueva comunidad, «Acorn», que hereda el sistema de «bonos de trabajo» y la economía dual de la comunidad matriz pero inicia la adopción del método consensual como forma de gobierno interno, siendo el primer miembro de la FEC en adherir abiertamente una ideología libertaria.

En 1996, se funda en Seattle la que será la primera comuna urbana de la FEC, la EGFS (Emma Goldmand Finishin School) que a su vez alienta otra comuna libertaria urbana en Columbus, Ohio, en 2008, «The Midden». Ambas son «comunidades de consumo»: la comunidad vive en la misma casa y comparten la compra y los gastos, pero no producen juntos ni tienen negocios comunitarios. Como muchas comunidades de este estilo en todo el mundo, el fondo común se mantiene vivo gracias a una cuota correspondiente a cierto porcentaje de los ingresos.

En conjunto, las comunidades de la FEC suman casi tres centenares de adultos, comparten un sistema básico de aseguramiento y organizan en Twin Oaks todos los veranos la «Communities Conference», verdadero congreso anual del comunitarismo americano.

«El 68 y sus supervivientes» recibió 14 desde que se publicó el miércoles 31 de diciembre de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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