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El ahogo de la vieja comunidad real

No todas las comunidades reales llevan dentro el mismo potencial de futuro porque no todas parten haber creado una agenda propia, sin la que un relato -y nada que merezca la pena- es difícilmente elaborable.

Prácticas en las Indias

empresa-familiarAyer un lector que firma como Ayanto dejó en comentarios una extraordinaria caracterización de la descomposición en España. Recomendándoos leer la intervención entera (y seguir el debate), me gustaría destacar unas frases:

El verdadero poder reside en los imaginarios de diferentes tipos de comunidades (…) La gente común se halla desarmada, porque sus imaginarios (democracia, felipismo, obrerismo, liberalismo, etc.) se han vuelto indefendibles. Sin otras referencias no es posible pensar el mundo, así que mejor callarse y resignarse. Lo grave es que se ha disuelto el más elemental reconocimiento social entre personas (trabajo, vecinos, barrio), de modo que las conversaciones son de una cortesía vacia y el refugio en «lo privado» algo generalizado.

Es decir, pone el foco sobre las comunidades reales clásicas (cuadrilla, cofradía, banda de música, familia, compañeros de trabajo…) y su repliegue. Creo que en nuestro entorno la sensación de que son precisos relatos para reconectar y reempoderar a las comunidades reales es algo ya establecido y creo que Ayanto apunta justamente hacia el rinconcito oscuro que nos da pudor iluminar. Sigamos por ahí.

La esquina en sombras de nuestro relato

Cuando estudiamos el nacimiento de las identidades nacionales tratábamos de entender por qué, de alguna manera, esas identidades imaginadas fueron necesarias para hacer un nuevo relato que diera un lugar en el mundo a las personas en los albores del industrialismo. Entendimos que el crecimiento de las escalas de producción y mercado hacían imposible ya un relato sobre el significado social del trabajo de cada uno que se quedara en la vieja comunidad real basada en la cercanía física y la vecindad.

Por lo mismo, hoy el cambio de escalas de la revolución P2P y la comunicación en redes distribuidas tornaban insuficiente, disfuncional, la identidad nacional… para los que estaban viviendo la experiencia de una economía reticular y transnacional comunitaria. ¡No para las viejas comunidades reales! Y de hecho, son las protofilés las que hacen relatos donde se definen como «un pueblo» transnacional, no cofradías, gremios o familias…

El origen de esos cambios, de esos nuevos relatos superadores estaba, está, en comunidades virtuales, en redes conversacionales, que se «abocaban a la realidad» en el momento en que empezaban a dotarse de un metabolismo económico propio y formaban compañías comunitarias. Pero cuando grandes empresas de escala (Google, Facebook, twitter, etc.) empezaron a definir una fuerte recentralizacion en Internet, reduciendo la visibildad y el alcance de las comunidades conversacionales, percibimos el peligro y nos dimos cuenta de hasta que punto la descomposición amenazaba las tendencias de cambio que habíamos descrito antes. Ese fue el sentido de «Los futuros que vienen». Lo curioso es que entonces, cuando hablábamos de comunidad real seguíamos teniendo como modelo y como perspectiva la comunidad real nacida de Internet, no una hipotética evolución de las comunidades reales clásicas -aunque nos sirvieran para transmitir rapidamente definiciones y metáforas.

La razón era sencilla, el punto de partida de la comunidad real nacida de Internet es haber sido capaz de crear una agenda propia, de esbozar un relato, una identidad por si misma. En ese contexto, dotarse de una compañía comunitaria tiene un sentido completamente distinto a hacerlo en una comunidad tradicional subsumida en las definiciones del viejo mundo y de la identidad nacional. Los problemas del quincemismo para cuajar un entorno deliberativo mínimo y sobre todo para elaborar una agenda propia real son bien ilustrativos. A día de hoy, es evidente la imposibilidad de esa tendencia para salir de la agenda de los medios y el estado cuando el principal debate en el que se animan sus bases son los discursos del Presidente del Gobierno y las portadas del principal periódico español. No hay ejemplo posible más claro de lo que «renacionalización del debate» puede querer decir.

La subsunción histórica de la comunidad real

Como apuntaba Ayanto en el comentario que citaba arriba, los imaginarios de esas comunidades reales «clásicas» siguen siendo abrumadoramente, los del estado del siglo XX y sus diálogos pivotan en torno a las formas de su gestión por la élite. No van más allá. Si hacen algo, no se plantea más que como complemento, o todo lo más, como demostración de hacia dónde el estado podría o debería ir. Incluso entre los que a si mismos se denominan «movilizados» o «conscientes».

Y es que la ausencia de relato, la inhabilitación colectiva e individual para el hacer autónomo que percibimos claramente en las comunidades reales que nos rodean, no es una novedad. Se fundamenta en el proceso de redefinición y subsunción sufrido por las viejas comunidades reales en el seno de los nuevos imaginarios nacionales del siglo XIX. Comunidades básicas como la familia o la comunidad de trabajo pasaron de sujeto, de protagonista de un relato, a objeto movido por la marea de una identidad fantasmal mayor cuyo único esqueleto tangible, su única realidad material a las finales era el estado.

Retomando el camino de la comunidad virtual

Por eso, no todas las comunidades reales llevan dentro el mismo potencial de futuro porque no todas parten haber creado una agenda propia, sin la que un relato -y nada que merezca la pena- es difícilmente elaborable. Ignorar esto es hacer una concesión costosísima a un voluntarismo que seguramente será, casi siempre, estéril. No hay camino más largo y cansino que el de los atajos. Al final, lo que la experiencia nos dice es que la deliberación que merece la pena cuaja desde la red, entre los blogs. Los ricos debates con nuestro entorno virtual del año pasado y este -pura conversación en el sentido de Juan y Vattimo, pura parresía en el de Foucault- se materializan en cooperativas, en el Fundamento y en más debates, conceptos y proyectos… Es decir, se genera sentido y surgen relatos autónomos a fuer de incorporar diversidad y «hablar franco» sin renunciar a partir de contextos comunes.

Repasemos pues, nuestros enfoques sobre las compañías comunitarias, incluso sobre las comunidades reales que nos rodean, para volver a pensarlas desde esa esquina que había quedado oscura: la comunidad virtual que empieza a pensarse en la conversación, en la parresía, que ensaya formas de sionismo digital. Las viejas comunidades reales se ahogan porque hace casi dos siglos que viven con respiración asistida del estado. Los pulmones que necesitan están en la red.

«El ahogo de la vieja comunidad real» recibió 1 desde que se publicó el Domingo 3 de Febrero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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