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El aporte de Sam Harris al enriquecimiento del discurso ateo

«Podemos tener experiencias muy profundas sin la necesidad de mentirnos a nosotros mismos sobre su significado cósmico»

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Waking_Up_Cover_SmallCon su último libro, Sam Harris entra en el debate sobre la necesidad de enriquecer el discurso ateo desde un ángulo distinto, aunque complementario, al de Alain de Botton y su Ateísmo 2.0. Básicamente, Harris se enfoca en rescatar la validez del poder transformador que pueden tener ciertos estados de conciencia alterados accesibles a través de prácticas como la meditación y el ejercicio de la atención plena celebradas por muchas tradiciones espirituales, y en la también urgente necesidad de deslegitimar la tendencia, igualmente arraigada en esas tradiciones, de realizar inferencias irracionales acerca de la naturaleza del cosmos a partir de dichas experiencias.

Lo que sigue a continuación es la traducción de una reciente entrevista de Harris con Josh Zepps del Huffington Post que es un resumen casi perfecto de los temas más importantes abordados en su libro, pero que además toca varios temas geopolíticos en los que sus opiniones han sido bastante controversiales, y que merece la pena tener en cuenta también para obtener una idea más amplia de las convicciones de quien sin duda va a seguir dando mucho de qué hablar sobre estos temas.

Josh Zepps: Sam Harris puede que sea el ateo más famoso de Estados Unidos. Es neurocientífico de profesión y sobre todo se dio a conocer justo después del 11 de septiembre con su libro «El fin de la fé», que estuvo 33 semanas en la lista de bestsellers del New York Times. Su último libro, titulado «Despertar: una guía para la espiritualidad no religiosa», se desmarca en cierta medida de las peleas teológicas y es más bien una reflexión sobre la naturaleza de la conciencia. Bienvenido Sam, gracias por acompañarnos.

Sam Harris: Gracias a ti.

Josh Zepps: Una de nuestros espectadores, Olivia Rosewood, pregunta: «¿Qué le dirías a una persona que no es necesariamente religiosa pero que haya tenido una experiencia mística, que haya tenido una experiencia directa de algo que va más allá de lo mundano? ¿Cómo explicarías eso? ¿Lo descalificarías? ¿Lo descontarías?».

Sam Harris: Yo distinguiría entre el hacer declaraciones sobre la naturaleza de la experiencia humana, sobre la condición de tu propia conciencia, y el hacer declaraciones sobre la realidad que tenemos «allá afuera». Y el problema con la religión y muchas ideas cuasi-religiosas del New Age es que a partir de la experiencia subjetiva en primera persona -por ejemplo, cerrar los ojos y ver una luz, soñar con Jesús, o incluso experimentar una visión con los ojos abiertos- extrapolan hacia declaraciones sobre la existencia de mundos invisibles, la vida después de la muerte o el origen divino de ciertos libros.

Estas declaraciones son casi siempre ilegítimas porque son susceptibles de ser interpretadas de distintas maneras. Pero lo que sí se puede afirmar sin problema es que ciertas experiencias son posibles. Y lo que yo afirmo en este libro es que la experiencia de la autotrascendencia, que es la experiencia central en la que se basa la espiritualidad contemplativa, no es solo posible, sino que es una experiencia que hace compatible tu vida consciente con lo que sabemos que es científicamente correcto.

Porque sabemos que la idea del yo, del ego, la idea de que hay una entidad no cambiante que piensa los pensamientos y experimenta la experiencia y que se mueve de un momento a otro, no tiene sentido neurológico. No hay un lugar en el cerebro en el que se esconda un «yo unitario», sabemos que la totalidad de nuestra vida consciente es un proceso; o más bien un conjunto de procesos que pueden ser interrumpidos independientemente, que están esparcidos sobre la totalidad del cerebro. No hay un locus de conciencia que sea independiente de todos los demás procesos en el cerebro. La sensación que todos tenemos de ser los sujetos de nuestra experiencia, de que estamos «montados sobre nuestros cuerpos» como si estos fuesen vehículos, como si fuésemos un pasajero que reside en nuestra cabeza…

Josh Zepps: …es lo que decía mi abuela, «mi cuerpo es como un automóvil, y cuando el automóvil ya no sirva, pues me iré a otro lugar», esa es ciertamente la experiencia subjetiva básica que tenemos, hay una sensación de que somos más que la suma de todos los procesos de actividad neurológica que suceden dentro de nuestras cabezas… ¿eso es una ilusión?

Sam Harris: No solo es una ilusión, sino que nos da la sensación de que esa parte de nuestro ser es divorciable del cerebro y del cuerpo, somos una especie de «dualistas de sentido común»… de ahí es donde viene la idea del alma: tenemos la sensación de que estamos detrás de nuestros ojos, mirando hacia el mundo exterior desde un punto dentro de la cabeza. Y si uno inspecciona esa sensación de «yo» con el cuidado suficiente, puede desaparecer. Pero cuando desaparece, uno sigue estando consciente, uno puede seguir sintiendo, oyendo y viendo todo, y los pensamientos siguen emergiendo… pero la ilusión de que hay un pensador independiente de los pensamientos, que es el autor de los pensamientos, se desvanece. Esto es una experiencia muy liberadora, y sí, es la experiencia espiritual clásica, que una vez divorciada de todo el galimatías y las creencias irrelevantes sobre la naturaleza del cosmos… es el bebé en el agua de la bañera que mucha gente no quiere desechar cuando desecha las ideas religiosas y del New Age.

Josh Zepps: Me parece que tu último libro es como una segunda parte de tu libro anterior, «El paisaje moral»… que intenta proponer una ética independiente de la religión… mucha gente cree que sin religión no habría moralidad y tú tratas en ese libro de romper esa concepción. ¿Estás ahora intentando romper la otra concepción fundamental por la que la gente cree que la religión es buena, la idea de que la religión tiene un sentido de lo numinoso y lo trascendente?

Sam Harris: Sí, definitivamente. Yo he estado proponiendo durante diez años que hemos estado pagando un precio inaceptable por el pensamiento religioso, y que se traduce en la manera en la que el mundo se ha estratificado en campos religiosos contendientes. Y parte del problema es que casi todas estas ideas son simplemente falsas a la luz de lo que hemos aprendido del universo durante los últimos 2.000 años. Pero además son nocivas porque dividen a la humanidad en maneras que inevitablemente generan conflictos. Pero lo cierto es que las cosas buenas que la gente cree que puede obtener solo a través de la creencia en ideas insostenibles que fueron propuestas en el siglo I o en el siglo VII se pueden obtener en un contexto secular, universal y racional. Para tener un mundo que no esté constantemente amenazado por los distintos caprichos religiosos de las personas uno tiene que saber capturar esas experiencias de una manera que no sea sectaria ni divisiva.

[Hoy] tenemos una serie de doctrinas religiosas incompatibles insertas en una contienda de suma cero, que hacen declaraciones que no pueden reconciliarse las unas con las otras, todas basadas en «los sentimientos del corazón» y en una serie de ideas que los padres inculcan a los hijos porque a su vez fueron embaucados por sus padres, que fueron embaucados por sus padres… e indoctrinados por los mismos cultos plagados de quimeras y autoengaños. Por eso necesitamos maneras razonables de hablar sobre «los anhelos del corazón», sobre los miedos existenciales e incluso sobre el detalle de las experiencias contemplativas que se puedan lograr meditando por meses o años seguidos… podemos tener experiencias muy profundas sin la necesidad de mentirnos a nosotros mismos sobre su significado cósmico.

Josh Zepps: ¿Qué piensas de la idea de que «el amor es lo mas importante», de que «Dios es amor»?

Sam Harris: Bueno, creo que el amor es supremamente importante para los seres humanos, que está entre las cosas que deberían tener prioridad en cuanto a lo que son nuestras intuiciones éticas acerca de lo que es bueno en la vida, pero yo pondría a la honestidad intelectual al mismo nivel que el amor porque creo que es el guardián del amor, porque el no mentirnos a nosotros mismos, ni a los que amamos, ni a las generaciones futuras, es una manera de preservar el bienestar de la gente. Uno puede llegar a tener experiencias extraordinariamente enaltecedoras de amor autotrascendente: puedes tomar MDMA, puedes retirarte a meditar, como por ejemplo lo hacen los budistas que practican el Metta, una tradición de meditación en la que uno se enfoca exclusivamente en desear el bien para el otro, en el estado mental de desear el bien para todos los seres sensibles excluyendo cualquier otro estado mental, y uno «brilla» con ese sentimiento de desearle el bien al resto de la humanidad… puedes tener esa experiencia y también estar honestamente claro que ella no te revela nada acerca del cosmos, que no te revela que el amor de alguna manera «permea la galaxia» o que «sea anterior al Big Bang»… uno no tiene que hacer esas falsas inferencias sobre el amor para reconocer todo el significado que tenemos que reconocerle en cuanto a su importancia para la vida humana.

Josh Zepps: Voy a leer una cita de tu libro que está en la página 101: «Pasamos nuestra vida perdidos en nuestros pensamientos. ¿Cómo debemos interpretar este hecho? En Occidente, la respuesta ha sido que no tiene mucha importancia. En el Este, especialmente en las tradiciones contemplativas como las del budismo, dejarse distraer por el pensamiento es considerado como la fuente primordial del sufrimiento humano». ¿Cómo es que el ateo más estridente de los Estados Unidos legitima prácticas religiosas orientales?

Sam Harris: Bueno, yo creo que por un accidente de la historia la sabiduría y la reflexión no se han repartido equitativamente entre las distintas culturas y los grupos de personas separados por barreras lingüísticas. Sucede que lo que llamamos «ciencia» es casi en su totalidad un proyecto occidental, aquí es donde ha sobrevivido y en donde estas cuestiones se han explorado profundamente. Por eso es que si uno quiere entender, por ejemplo, algo sobre la salud humana, o sobre cómo funciona el universo, va a terminar hablando en el idioma occidental de la ciencia, y si hay algo acerca de la medicina oriental que funcione, pues o bien va a funcionar por accidente, o habrá algo en ella que será compatible de alguna manera con la forma en la que entendemos la salud humana en Occidente.

Y también tenemos que sucede lo contrario en cuanto a la cuestión de la vida contemplativa y el desarrollo de un enfoque riguroso de la introspección. No tenemos nada análogo en la tradición religiosa o filosófica de Occidente a los métodos concebidos principalmente en la tradición budista, pero incluso también en la tradición india en general, en la que existen instrucciones increíblemente precisas acerca de como entrenar la atención para enfocar la conciencia sobre la mente en sí misma y hacer descubrimientos sobre la naturaleza de la experiencia en primera persona. Ahora bien, es cierto que estas instrucciones suelen estar envueltas en las típicas explosiones de tontería religiosa: tanto el hinduismo como el budismo se caracterizan por manifestaciones estridentes de religiosidad. Pero la verdad es que uno puede aprehender el significado fundamental de estas prácticas sin tener que creer nada que no esté respaldado por evidencia suficiente, sin creer historias sobre el Karma, los milagros, la reencarnación u otras cosas que los que valoran la ciencia consideran injustificadas.

Josh Zepps: Una manera bastante rápida de obtener ese sentido de la trascendencia es a través de las drogas, y en tu libro hay un capítulo sobre eso. Hay gente que ha descrito las experiencias psicodélicas que ha tenido como sumamente transformadoras, y tanto tú como yo hemos tenido experiencias por el estilo. ¿Es correcto promover el uso de drogas para experimentar con la propia conciencia?

Sam Harris: Bueno, si uno va a promoverlo como yo hasta cierto punto lo promuevo, pues tiene que matizarlo con un buen número de advertencias. En realidad no es que yo promueva directamente el uso de sustancias psicodélicas, sino que más bien describo honestamente su utilidad en gente un tanto tosca como yo. Es muy posible que yo nunca habría descubierto que hay algo valioso en la introspección si no hubiese sido por la intrusión de algunas drogas en mi vida cuando tenía escasos veinte años, como lo fueron el MDMA y luego el LSD. La importancia de esas experiencias fue que llamaron mi atención sobre el hecho de que sin ninguna duda era posible tener experiencias radicalmente distintas de la vida consciente y del lugar que uno tiene en el mundo.

Y ese tipo de experiencias no necesariamente se alcanzan a través del yoga, la meditación o incluso si uno se va de retiro durante un largo tiempo: puede que todo lo que uno experimente sea la propia inquietud e incapacidad de prestar atención durante la meditación, que uno no pueda traspasar esa barrera de resistencia. Pero si uno consume 100 microgramos de LSD, pues algo va a suceder con toda seguridad, el aburrimiento va a quedar totalmente descartado. Sin embargo, lo que suceda puede ser sumamente desagradable, por lo que es necesario respetar la capacidad que tienen estas drogas para generar efectos inesperados. Estas sustancias no son agentes precisos, cuando se las ingiere uno no puede esperar experimentar exactamente lo que uno desea experimentar acerca de la naturaleza de la conciencia, uno puede terminar teniendo una experiencia clínicamente disociativa…

Josh Zepps: …bueno, sería más seguro consumir esas sustancias si nos deshiciésemos de la guerra contra las drogas de manera que las pudiésemos adquirir de una manera más confiable…

Sam Harris: Así es…

Josh Zepps: Por pura casualidad ayer tuvimos aquí a Reza Aslan, mira lo que dijo sobre su interpretación del extremismo religioso. Por supuesto que te mencionó directamente:

Reza Aslan: Disfruto menos hablando con gente como Sam Harris porque el Nuevo Ateísmo tiene algo que lo hace muy fundamentalista, ese sentimiento constante de asedio, todo ese discurso de que los ateos «están siendo perseguidos en este país»… ¿de verdad? Su actitud de la certeza absoluta de la verdad… sobre todo Sam Harris, o sea, nunca he visto a nadie leer la biblia más literalmente que Sam Harris, el literalista más literal del mundo no leería la biblia más literalmente que Sam Harris. Y esa conversación no es tan divertida. Porque la verdad es que yo encuentro más cerradez mental entre los tipos como Sam Harris que entre los cristianos evangélicos…

John Zepps: Sin ánimo de fomentar otro round en la larga pelea entre Sam Harris y Reza Aslan, ¿quiéres responderle?

Sam Harris: Bueno, casi nada de eso se corresponde con lo que yo hago, cómo hablo, o lo que me interesa. Yo no digo que los ateos estén bajo asedio, de hecho mi posición es que no deberíamos ni siquiera usar la palabra «ateísmo». De hecho, si googleas la frase «el problema con el ateísmo» encontrarás un discurso en el que digo que así como no nos definimos como «no astrólogos», no nos deberíamos definir como «ateos». Pero el hecho es que la palabra está allí afuera y en algunos casos es políticamente útil. En contraste con lo que dice Reza al respecto, yo resalto que los ateos son la minoría más estigmatizada en este país, en el sentido de que esta es la única variable que puede aniquilar definitivamente cualquier carrera política. Si uno le pregunta a la gente si votarían por un africano americano, un homosexual, un judío, un musulmán… de su propio partido y que tuviese las cualificaciones requeridas, la mayoría de la gente votaría por esa persona excepto si se tratase de un ateo. Un ateo bien cualificado que pertenezca a tu propio partido político no obtendrá tu voto más de la mitad de las veces en este país. Hablar demasiado honestamente sobre la imposibilidad de las doctrinas religiosas es un problema político… y hasta que se levante el tabú alrededor de la práctica de criticar las malas ideas religiosas los políticos no van a hablar sensatamente sobre estos temas y nuestro proceso político seguirá estancado por las convicciones religiosas de la gente.

Pero acerca de los otros temas que toca Reza, no se trata de que yo esté leyendo la biblia literalmente, sino que el hecho es que una proporción significativa de los cristianos lo hace: cualquier encuesta que uno consulte dice que alrededor del 45% de los cristianos de este país son literalistas, creen que la biblia es la palabra perfecta creadora del universo y que tiene que ser leída literalmente, no metafóricamente. Entonces hablemos solo de ese 45% y de las consecuencias de creer en esas cosas; esa es una conversación. Después podemos hablar sobre toda la gente que cree que de alguna manera sigue siendo inspirada por Dios pero aceptan que algunos pasajes se deben entender metafóricamente. Muy bien, hablemos de eso y de las consecuencias asociadas. Y después están todas las personas que aparentemente tienen una fe tan elástica que no terminan por comprometerse con absolutamente nada, pero que de todas maneras quieren creer algo y que dan importancia a proclamar la religión de sus padres. Pues bien, hablemos de las consecuencias de esas creencias.

Y una consecuencia de esas creencias que cuadra muy bien con el discurso de mago a partir del cual Reza hasta cierto punto hizo carrera, es el dar cobertura a todas las otras certezas verdaderamente divisivas, peligrosas e indecorosas de los fundamentalistas. Porque lo que Reza quiere hacer es decir que el problema fundamental nunca es la religión: siempre es la política o la economía, siempre se trata de que alguien está oprimiendo a alguien más y que eso es lo que en realidad explica su comportamiento. Que nunca nadie se ve motivado por un compromiso fuerte con la teología, que nadie nunca se vuela en pedazos porque quiere llegar al paraíso y obtener sus vírgenes… eso no es verdad. El hecho es que la gente que se vuela en un autobús está enfocada, casi en su totalidad, en el paraíso, y no en un agravio terrenal que tenga sentido aparte de la estupidez divisiva de la religiosidad.

Josh Zepps: …e incluso si hay genuinos agravios terrenales, no hay manera que la solución propuesta a esos agravios fuese hacer chocar aviones contra edificios si no fuese por el andamiaje de la religión sobre los que se proyectan esos agravios…

Sam Harris: Correcto.

Josh Zepps: Tenemos otra pregunta de un espectador. «Sam Harris ha sido bastante enfático en sus condenas al Islam, y ha sido citado por grupos cristianos aquí cuyos motivos para atacar a los musulmanes no vienen de sus «buenas intenciones». ¿Harris está al tanto de que su retórica es usada por fanáticos anti-musulmanes con segundas intenciones?»

Sam Harris: A mi lo que me preocupa el hecho de que gracias a gente como Reza y otros apologistas progresistas del Islam, y gracias al meme de la «islamofobia», según el cual cualquier criticismo de la relación entre la doctrina del Islam y el carácter de la violencia musulmana se equipara inmediatamente con la intolerancia y el racismo, tenemos el problema de que solo los fascistas, los neonazis y otros personajes peligrosos sienten el coraje necesario para expresar sus convicciones en público. Por eso tenemos situaciones como las que se están dando en Europa occidental, en donde los únicos que se están atreviendo a decir las cosas como son respecto al Islam, tienden a ser gente con la que uno no querría tener absolutamente nada que ver desde un punto de vista político o ético, porque se mueven por unas convicciones que son casi tan tóxicas como las de los yihadistas. Una vez escribí sobre esto en un artículo titulado «El fin del progresismo», y gente como Reza y sus amigos en mi opinión distorsionaron mi posición, en el sentido de que parecían querer alinearme con el fascismo.

Yo dije que la única gente que habla coherentemente en este momento resulta ser fascista, e inmediatamente dije que esto implica una situación aterradora. Si alguien quemase un Corán mañana y explotasen disturbios en un centenar de países, como posiblemente sucedería, los únicos que van a salir al paso para hablar sobre la clara relación entre lo que creen los musulmanes y este comportamiento despreciable son los pastores desquiciados, los demagogos de derechas como Sarah Palin o algún pastor homofóbico en Florida… ellos van a hablar bastante coherentemente sobre la relación entre las creencias musulmanas y los disturbios, y luego tendremos a gente como Reza en la sección de opinión del New York Times e incluso el presidente de los Estados Unidos diciendo que esta situación no tendría nada que ver con el Islam. Pero claro que tendría mucho que ver con el Islam.

Todo lo que vemos sobre las características de la violencia musulmana, el hecho de que se esté decapitando a la gente en lugar de cualquier otro método de ejecutarlos… hay una relación directa entre eso y la doctrina musulmana y tenemos que hablar honestamente al respecto. Y yo señalaría que hay musulmanes haciendo un trabajo verdaderamente heroico, son muy pocos, pero los hay, como Maajid Nawaz, que argumentan en un sentido bastante contrario al de Reza en cuanto al rol que las tradiciones musulmanas juegan en la generación de este tipo de violencia, y que hacen un esfuerzo en proponer interpretaciones alternativas y algo así como un imperativo reformista en la comunidad musulmana. Yo no digo que tengamos que imponer el ateísmo en el mundo musulmán, aunque yo sea un ateo, pero alguien como Maajid Nawaz, como musulmán, está diciendo «escuchen muchachos, tenemos que ser honestos, estas cosas vienen del Corán y del hadiz, y esta gente cree que va a ir al paraíso y están motivados por su religión, y decir estas cosas no significa mentir, y nosotros como musulmanes estamos teniendo un terrible problema en cuanto a reformar nuestra discusión sobre la fe de manera que la apostasía o la blasfemia no sean ofensas castigables». Es un desafío enorme, pero uno no va a superar ese obstáculo mintiendo sobre las motivaciones de la gente, y eso es lo que hace la gente como Reza.

«El aporte de Sam Harris al enriquecimiento del discurso ateo» recibió 1 desde que se publicó el Domingo 5 de Octubre de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Alan Furth.

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