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El aprendizaje epicúreo

El método de aprendizaje epicúreo incorpora una novedad radical en la historia de Occidente: el aprendizaje de la verdad no solo ha de llegarnos a través del hablar franco del maestro sino que ha de darnos esa franqueza con nuestros iguales en una relación de amistad basada en la comprensión benévola del compañero.

banquete filosofico
En la tradición desde el diálogo socrático a la diatriba estoico cínica, no se trata de lograr, mediante ese diálogo, esa diatriba o esa discusión, que el sujeto diga la verdad sobre sí mismo. Se trata simplemente de ponerlo a prueba, de examinarlo como sujeto susceptible de decir la verdad. Por medio de la interrogación socrática, por medio de esa especie de cuestionamientos insolentes y desenvueltos de la diatriba estoico cínica, el interés consiste en mostrar al sujeto que sabe lo que no creía saber -cosa que hace Sócrates- o bien en mostrarle que no sabe lo que creía saber, cosa que también hace Sócrates y asimismo, los estoicos y los cínicos. En cierto modo, se trata de ponerlo a prueba, en su función de sujeto que dice la verdad, para forzarlo a tomar conciencia del punto en que se encuentra en en esa subjetivación del discurso veraz, en su capacidad de decir la verdad.

escuela de atenasEn realidad no hay un problema por el lado del discurso de quien es dirigido, porque, en suma, éste no tiene que hablar o en todo caso, lo que se le hace decir no es más que una manera de que el discurso del maestro se enganche y se desarrolle. No hay autonomía de su propio discurso, no hay función propia del discurso del dirigido. En lo fundamental, su papel es el silencio. Y la palabra que se le arranca, que se le extrae, que se le arrebata, la palabra que se suscita en él, por el diálogo o la diatriba, es en el fondo una manera de mostrar que la verdad está en su totalidad y únicamente en el discurso del maestro.

Pero ¿qué pasa con el discurso del maestro? Para que el silencio del discípulo sea un silencio fecundo, para que en el fondo de ese silencio, se depositen como corresponde las palabras de verdad pertenecientes al maestro, y para que el discípulo pueda hacer con ellas esa cosa suya que lo habilitará algún día a convertirse en sujeto de veridicción, es preciso que, por el lado del maestro, el discurso presentado no sea un discurso artificial, fingido, un discurso obediente a las leyes de la retórica y que no aspire a a suscitar en el alma del discípulo otra cosa que efectos patéticos. Es preciso que no sea un discurso de seducción.

La parresia es en el fondo lo que responde, por el lado del maestro, a la obligación del silencio planteada por el lado del discípulo. Así como el discípulo debe callarse para efectuar la subjetivación de su discurso, el maestro, por su parte, debe emitir un discurso de obedezca al principio de la parresia si quiere que lo que dice de cierto se convierta al final, al término de su acción y dirección, en el discurso verdadero subjetivado por el discípulo. Etimológicamente, parresia es el hecho de decir todo (franqueza, apertura de corazón, apertura de palabra, apertura de lenguaje, libertad de palabra). Los latinos la traducen en general como libertas. Es la apertura que hace que uno diga lo que tiene que decir, lo que tiene ganas de decir, lo que considera un deber decir porque es necesario, porque es útil, porque es verdad. Es a la vez una técnica y una ética, que es a la vez un arte y una moral.

Filodemo de GadaraEn la parresia también se trata, por supuesto, de actuar sobre los otros, no tanto para ordenarles algo, para dirigirlos o inclinarlos a hacer tal o cual cosa. Al actuar sobre ellos, el propósito es, en lo fundamental, que lleguen a constituir por sí mismos, con respecto a sí mismos, una relación de soberanía que será característica del sujeto sabio, el sujeto virtuoso, el sujeto que ha alcanzado toda la dicha que es posible alcanzar en este mundo. Y por consiguiente, si ése es el objeto mismo de la parresia, se ve con claridad que quien la practica -el maestro- no tiene ningún interés directo y personal en ese ejercicio. El ejercicio de la parresia debe estar esencialmente gobernado por la generosidad. Digamos en una palabra, que el hablar franco, la parresia, es por lo tanto algo que en su estructura misma, es completamente diferente y opuesto a la retórica. Desde luego, esta oposición no es en absoluto del mismo tipo que la oposición entre hablar franco y adulación. La adulación es verdaderamente el adversario, el enemigo. La parresia debe deshacerse completamente de ella. Digamos que la parresia se libera en lo fundamental de las reglas de la retórica, que la retoma en diagonal y que solo la utiliza en caso de necesidad.

Parresía y fraternidad en las comunidades epicúreas

Filodemo [de Gádara] es un filósofo epicúreo instalado en Roma a fines de la República. Fue uno de los fundadores, uno de los inspiradores del movimiento epicúreo de fines del siglo I antes y comienzos del siglo I después [de la era común]. Filodemo fue la referencia constante de esos círculos epicúreos que cuya existencia constatamos en Nápoles, Campaña y Roma. De él temos un «Peri Parrhesias», un «Tratado del hablar franco». [En él] Filodemo presenta la parresia como una tekhne:

El hombre sabio y filósofo aplica el hablar franco [la parresia] en la medida en que razona conjeturando por medio de argumentos plausibles y sin rigidez

cerditoepicureoDeben saber que hay una vieja oposición, tradicional al menos desde Aristóteles, entre dos clases de arte: las artes de la conjetura y las artes de método. El arte conjetural es un arte que procede, en efecto, por argumentos que son simplemente probables y plausibles; y por consiguiente, esto brinda a quien los utiliza la posibilidad de no seguir una regla, una regla única e intentar en cambio alcanzar esa verdad probable mediante toda una serie de argumentos que se yuxtaponen sin que sea indispensable un orden necesario y único; mientras todo lo que sea arte metódico (methodikos) implica, en primer lugar, llegar como resultado a una verdad segura y bien establecida, pero gracias a un camino, por una vía que no puede sino ser una vía única.

Pues bien, este arte conjetural [del hablar franco] se basa precisamente en el kairos, la circunstancia. Es preciso, dice Filodemo, tener mucho cuidado al dirigirse al discípulo; hay que demorar tanto como sea necesario las ocasiones de intervenir ante ellos. Pero nunca retrasarlas en exceso. Hay que elegir exactamente, el momento adecuado. También hay que tener en cuenta el estado de ánimo de aquel a quien nos dirigimos, pues los jóvenes pueden sufrir si se los anomesta de una manera demasiado severa en público. Es posible hacerlo, asimismo -y este es el medio que hay que elegir- de manera que todo se de placentera y jubilosamente (hilaros). En este aspecto, en ese aprovechamiento de la oportunidad, la parresia, dice Filodemo, hace pensar claramente en el arte o la práctica del navegante y el médico. Por otra parte desarrolla este paralelismo entre la parresia filosófica y la práctica médica. La parresia, dice, es un auxilio (boetheia), una therapeia (terapia) y debe permitir curar como corresponde. Por último, en esos fragmentos de Filodemo encontramos un elemento novedoso, importante:

Mediante el hablar franco [parresia], incitamos, intensificamos, animamos en cierto modo la benevolencia (eunoia) de los alumnos entre sí gracias al hecho de haber hablado libremente.

espárragosEs indudable que al hablar franco, la parresia del maestro debe actuar sobre los discípulos, incitarlos a algo: «intensificar» algo. Pero ¿intensificar y animar el qué? La benevolencia de los alumnos entre sí al haber hablado libremente. Vale decir: gracias al hecho de que los alumnos mismos hablaron libremente, lo cual hará que se consolide e incremente una benevolencia recíproca, de unos hacia otros.

En este texto aparece el signo de un pasaje de la parresia del maestro al alumno; y desde luego, la importancia, que es tan tradicional en los medios epicúreos, de la amistad recíproca de los alumnos entre sí, actitud que en estos círculos es un principio; cosa que, por otra parte, Filodemo recuerda explícitamente en su texto: «los discípulos deben salvarse unos a otros, salvarse unos por medio de los otros».

cerdo epicureoCreo entonces que, si esquematizamos mucho, podemos representar el juego de la parresia de la siguiente manera. En la comunidad epicúrea, el lugar del guía, al que se llama kathegetes o kathegoumenos -no importa- está fuertemente marcado: es un personaje importante, central en el grupo. Es central por una razón esencial, el hecho de apoyarse en una sucesión; sucesión directa de hombre a hombre, de presencia a presencia que se remonta hasta Epicuro, a través de la transmisión de un ejemplo viviente, un contacto personal que indispensable y que funda el lugar del kathegetes (el que dirige). Por otra parte lo que caracteriza la posición de este kathegoumenos (ese maestro) es que puede hablar de la autoridad que le da el ejemplo viviente transmitido desde Epicuro. Puede hablar y dirá la verdad, verdad que es, precisamente, la del maestro al cual se asocia de manera indirecta (a través de una serie de contactos directos). Su discurso va a aser en lo fundamental un discurso de verdad y tendrá que presentarlo como tal, sin nada más. La parresia de su propio discurso va a poner al alumno en presencia del discurso del primer maestro, a saber, Epicuro.

espárragosPero por otro lado, al margen de esa línea en cierto modo vertical, que marca el lugar singular del maestro en la serie histórica que se remonta hasta Epicuro y funda su autoridad sobre todos los alumnos, va a haber, en el grupo, toda una serie de relaciones horizontales intensas, densas, fuertes que son relaciones de amistad y que servirán para la salvación recíproca.

Pues bien, la parresia va a circular en esta organización doble (vertical y horizontal). Procdede del maestro, desde luego, del maestro que tiene derecho a hablar y que, por lo demás, no puede sino hablar verazmente por el hecho de estar en contacto con la palabra de Epicuro. Pero por otro lado, esa parresia va a invertirse, darse vuelta, y se convertirá en la práctica y el modo de relación de los discípulos entre sí.

villa locomunaEs una práctica verbal, explícita, desarrollada y regulada mediante la cual el discípulo debe responder a esa parresia de la verdad del maestro con cierta parresia, cierta franqueza de corazón que es la apertura de su propia alma, que él pone en comunicación con la de los demás, realizando con ello lo necesario para alcanzar su salvación pero incitando tabién a los otros a tener con él una actitud no de negativa, rechazo y censura, sino de eunoia (benevolencia), lo cual estimula a todos los elementos del grupo, todos los personajes, a buscar su propia salvación.

Es un fenómeno único que se transformará en el cristianismo. Es la primera vez que encontramos, creo, esa obligación que volveremos a ver en el cristianismo: a la palabra de verdad que me enseña la verdad y por consiguiente me ayuda a alcanzar mi salvación, debo responder -se me incita, se me llama a responder- mediante un discurso de verdad por el cual abro al otro, a los otros, la verdad de mi propia alma.


Extractos de las clases del tres y el diez de marzo de 1982 de Michel Foucault en el Collège de France. Selección y edición de las Indias.

«El aprendizaje epicúreo» recibió 8 desde que se publicó el miércoles 27 de julio de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Michel Foucault.

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