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El asesino del gaucho – Capítulo 1

Felisberto Hernández cruzó la calle Millán desde Estomba aproximadamente a las 5:45 de la mañana, llevaba al perro a pasear al parque del Prado. Se regocijaba al pensar que pocas personas en Montevideo madrugaban tanto como él. Entonces se cruzó con el Toco Valdés y le maldijo para sus adentros. El Toco Valdés vivía en Ipiranga, por lo que ya estaba de vuelta de su footing matutino. Mantuvo su regocijo a flote pensando que el Toco siempre presumía de su footing, cuando en realidad solo caminaba rápido… y además no era capaz de darle a la pelota en los partidos de los domingos. Menudo patán el Toco Valdés.

El parque estaba desierto y sólo se veían algunos bultos junto a los árboles, los mendigos que habituales del parque. Felisberto tenía muchas cosas en qué pensar. Por eso se animó a salir al parque con el perro. Esa hora era la mejor para caminar sin encontrarse con ningún vecino que le hablara de árboles, ladrones, bocas de tormenta o lo último, sus supuestas ansias de protagonismo.

Su única iniciativa vecinal reciente, la de hacer un centro deportivo-cultural cooperativo en el barrio, con gimnasio, cine y bar, se había topado no solo con las mil trabas burocráticas previstas, sino con el recelo de los propios vecinos por querer él que el centro se llamara «Felisberto Hernández», del que era gran admirador y tocayo. Este carácter era precisamente lo que levantaba suspicacias. No era más que una casualidad que Felisberto Hernández fuera un gran admirador de Felisberto Hernández. Pero sus vecinos pensaban que no era más que un ataque de personalismo, más grave aún que los ataques de los árboles o los atascos en las bocas de tormenta.

Estaba dandole vueltas al tema cuando vio que Chivito, su perro con ancestros de pura raza quizá de la época de la colonia, olisqueaba a lo lejos a uno de los durmientes mendigos.

Que lo parió… lo va a despertar y se acabó el paseo en paz…

Pero el bulto no se movía, y ahora que se fijaba, que tela tan blanca, refuljía como la luna, ni sus sábanas quedaban tan blancas después de la colada.

Cuando se acercó no lo podía creer. El hombre estaba muerto. Podía haberle tomado el pulso, pero un cuchillo enorme le sobresalía del pecho así que lo consideró inútil.

Eso sí, había algo casi más chocante que el cuchillo. El muerto iba vestido de gaucho. Además era un traje muy profesional y caro. El cinto, el poncho, el sombrero, las botas de piel de potro… todo era de la mejor calidad, incluso las espuelas parecían de plata.

Mientras, Chivito jugaba con algo que sostenía entre las patas.

¡El mate del gaucho!, que lindo Chivito, ¡vos sabías que yo necesitaba un mate nuevo y viniste a buscarlo!

-Soltalo Chivito

-¡Chivi!

-¡Soltá, es una prueba del crimen!

-¡¡¡¡Chivi!!!!

Continuará…

«El asesino del gaucho – Capítulo 1» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 18 de Abril de 2011 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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