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El asesino del gaucho (unfinished)

Capítulo 1

Felisberto Hernández cruzó la calle Millán desde Estomba aproximadamente a las 5:45 de la mañana, llevaba al perro a pasear al parque del Prado. Se regocijaba al pensar que pocas personas en Montevideo madrugaban tanto como él. Entonces se cruzó con el Toco Valdés y le maldijo para sus adentros. El Toco Valdés vivía en Ipiranga, por lo que ya estaba de vuelta de su footing matutino. Mantuvo su regocijo a flote pensando que el Toco siempre presumía de su footing, cuando en realidad solo caminaba rápido… y además no era capaz de darle a la pelota en los partidos de los domingos. Menudo patán el Toco Valdés.

El parque estaba desierto y sólo se veían algunos bultos junto a los árboles, los mendigos que habituales del parque. Felisberto tenía muchas cosas en qué pensar. Por eso se animó a salir al parque con el perro. Esa hora era la mejor para caminar sin encontrarse con ningún vecino que le hablara de árboles, ladrones, bocas de tormenta o lo último, sus supuestas ansias de protagonismo.

Su única iniciativa vecinal reciente, la de hacer un centro deportivo-cultural cooperativo en el barrio, con gimnasio, cine y bar, se había topado no solo con las mil trabas burocráticas previstas, sino con el recelo de los propios vecinos por querer él que el centro se llamara «Felisberto Hernández», del que era gran admirador y tocayo. Este carácter era precisamente lo que levantaba suspicacias. No era más que una casualidad que Felisberto Hernández fuera un gran admirador de Felisberto Hernández. Pero sus vecinos pensaban que no era más que un ataque de personalismo, más grave aún que los ataques de los árboles o los atascos en las bocas de tormenta.

Estaba dandole vueltas al tema cuando vio que Chivito, su perro con ancestros de pura raza quizá de la época de la colonia, olisqueaba a lo lejos a uno de los durmientes mendigos.

Que lo parió… lo va a despertar y se acabó el paseo en paz…

Pero el bulto no se movía, y ahora que se fijaba, que tela tan blanca, refuljía como la luna, ni sus sábanas quedaban tan blancas después de la colada.

Cuando se acercó no lo podía creer. El hombre estaba muerto. Podía haberle tomado el pulso, pero un cuchillo enorme le sobresalía del pecho así que lo consideró inútil.

Eso sí, había algo casi más chocante que el cuchillo. El muerto iba vestido de gaucho. Además era un traje muy profesional y caro. El cinto, el poncho, el sombrero, las botas de piel de potro… todo era de la mejor calidad, incluso las espuelas parecían de plata.

Mientras, Chivito jugaba con algo que sostenía entre las patas.

¡El mate del gaucho!, que lindo Chivito, ¡vos sabías que yo necesitaba un mate nuevo y viniste a buscarlo!

-Soltalo Chivito

-¡Chivi!

-¡Soltá, es una prueba del crimen!

-¡¡¡¡Chivi!!!!

Capítulo 2

El comisario encargado Matías Castro miraba con cara de pocos amigos a Felisberto Hernández.

-¿Muerde?
-¿Chivito? Jamás, es un ángel.
-Un ángel… ¡Kovalsky! ¿Le quitás el mate al perro hoy o mañana? Colabore un poco señor Hernández que el animal es de su propiedad.
-Cierto comisario, pero… retiene el mate por amor, no se puede culpar al pobre animal. Igual la prueba ya quedó contaminada.
-Contaminada… ¿y el cuerpo? ¿lo toco?
-Yo no… pero el perro…
-El perro lo pateó, eso está claro -dijo el forense Rodero mientras se incorporaba.
-Es juguetón- le justificó Felisberto.

El comisario Castro suspiró antes de decir:
-¡Kovalsky! A identificar el cuerpo, inicie el protocolo…
-Es Cusumano -dijo el forense.
-¿Cómo?
-Es el Gordo Cusumano, ingeniero, 42 años, dueño de la constructora Cusumano, vota a los blancos, católico, dos hijos, casado con Graciela Márquez, la hermana del Pelado Popovich, ya sabe, el médico del hospital italiano que es de la murga del Pepe, el del Sorrentino.
-Ah ta, Pepe… pero este hombre no es gordo, más bien huesudo.
-Ya, lo fue de chico. Hay cosas que marcan a uno. Ya sabe.
-Ta… El Pepe reformó el Sorrentino ¿sabés?
-Sííí, le quedó lindo el lugar…
-¿Me permiten?- interrumpió Felisberto – no desayuné y…
-Momento, señor- cortó en seco el comsiario- ¿algo más sobre el finado, Rodero?
-Estee… tenía previsto mudarse al exterior. Estados Unidos… y no se iba con Graciela… ¡sino con Mariana Sobes!
-¿¿¿La del programa de cocina de Canal 5??? Vaya con Cusumano… Pero eso es una bomba, ¿y vos como sabés?
-Me lo contó mi mujer… este es un país chico comisario.
-Mariana Sobes eh…
-Y vive en Carrasco
-¿La Sobes?
-No, Cusumano. Me contó mi sobrino que es vecino de los padres de Forlán. Su primo va al liceo con el hijo de Cusumano.
-Ta. Murió lejos de casa entonces.
-Y vestido de gaucho.
-Cierto, es un detalle curioso.
-¿Curioso? – terció Felisberto- es la firma del asesino, sin duda. Capaz que es un asesino en serie, alguien que odia los gauchos./em>
-Eso es imposible, ¿quien podría odiar al Gaucho? Es un símbolo nacional.
-Pues por eso.

-¿Usted como se llamaba?
-Felisberto Hernández, comisario.
-¿Felisbe…?¡Usted es el del centro cultural!

Capítulo 3

El comisario Castro fumaba a escondidas en la ventana de su despacho mientras pensaba en el cadaver del gaucho y, para que negarlo, en Mariana Sobes.

Había mandado a García a dar la noticia a la viuda, era su mejor hombre para esos menesteres. Daba tanta pena el pobre García solo con verlo, tan flaco, casi famélico, con esa cara de estar al borde de la muerte por depresión, que hasta los familiares más afectados acababan sintiendo más pena por García que por ellos mismos. El efecto colateral es que el agente quedaba dos o tres días inoperativo por el mal trago, sin poder hablar de otra cosa que no fuera los hijos que había dejado el muerto, el parrillero sin terminar o lo mucho que le apreciaban sus vecinos. En cualquier caso era un efecto asumible. García cumplía una misión importantísima.

Sonó el teléfono.
-Buenas comisario le habla Rodero
-Dígame doctor, ¿ya terminó el examen?
-Che comisario, como se nota que lleva poco en el puesto. No pasaron ni 24 horas, esto lleva su tiempo.
-Ya ¿y?
-Y, el traje
-¿Qué traje?
-El de gaucho. Es argentino.
-¡Que lo parió! ¿Y cómo lo supo?
-Pues muy fácil comisario, lo dice la etiqueta, el asesino la dejó.
-Aguarde ahí Rodero. ¡¡¡Sandraaaa!!! Llama al celular a Kovalsky, que dejé de buscar y venga acá enseguida. Disculpe, Rodero, mandé a Kovalsky a 18 a buscar trajes de gaucho.
-Fa, en 18 los trajes de gaucho son chinos.
-Por eso.
-Hay algo más…
-¿La yerba del mate tiene palo?
-No sé comisario, el perro no dejó nada
-Que lo parió, ¿entonces?
-Tres cosas: el muerto no murió por apuñalamiento, cuando le clavaron el cuchillo ya estaba muerto.
-Taa
-El asesino puso una una vaina de Ceibo en su garganta
-Pucha como en la película esa de los corderos
-Exacto y dejó una nota en su boca
-¿¿¿Y que dice???
-«Mirá en la garganta»
-¿Mirá en la garganta?
-Sí comisario, es muy ofensivo. El asesino obviamente no confiaba en que un servidor fuera a realizar un examen lo bastante exhaustivo como para encontrar la vaina, que parece ser el mensaje que nos quiso dejar
-Así nos va Rodero, ya nadie confía en nadie. Es una lástima
-No sé si entendió el mensaje, comisario
-Seguro, te llamó incompetente
-Me refiero a la vaina
-Explíquese.
-¡La leyenda de la flor del Ceibo!
-…
-¡La indiecita que se convirtió en árbol!
-¿Me la cuenta o no Rodero?
-Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita fea llamada Anahí. Era fea, pero cantaba muy bien y era muy patriota… o lo que fuera uno antes de la colonia. Pero llegaron los invasores españoles que arrasaron las tribus y les arrebataron sus tierras y su libertad.

Anahí fue llevada presa junto con otros indígenas. Pasó muchos días y muchas noches llorando, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.

Anahí fue apresada y quemada en la hoguera. Aguantando valientemente el fuego sin rechistar, la india se fue fundiendo con el árbol al que estaba atada y a la mañana siguiente había surgido milagrosamente un hermoso Ceibo.
-Una cosa no entiendo Rodero ¿por qué la indiecita tenía que ser fea? ¿qué aporta?
-No tengo idea comisario pero ¿no lo ve? el puñal, la vaina de Ceibo…
-Rodero, necesitamos un historiador
-Pues en la comisaría complicado, comisario. Pero ahora que lo dice… ese que encontró el cuerpo, Felisberto Hernández, sabe mucho de historia, ha publicado libros y todo. Y le debe una consultoría gratis por lo del mate del gaucho
-Además de su responsabilidad ciudadana por y para el bien común, Rodero, no nos olvidemos
-Ta, seguro comisario, eso sin duda

Capítulo 4

-Felisberto querido, ¿cómo estás?

(Pucha – pensó Felisberto- me tocó la sesión de terapia vecinal)

-¿Qué tal vecina, como andás?
-Que terrible lo de Cusumano… y vos… tenés que estar destrozado. Sabés que estas cosas hay que conversarlas, Felisberto. Hay que sacarlo de dentro. ¿Porque no tomamos un café? te ayudará.
-Estoy bien, muchas gracias
-Hazme caso Felisberto, vos no lo notás pero estás sufriendo un shok postraumático. Por la impresión. Una vez tuve un un paciente que encontró a su primo muerto y por demorarse dos semanas en venir a verme hubo de ser internado con una crisis nerviosa. Imaginate que el primo se desplomó de un ataque mientras comía y cuando lo encontró estaba con la cara estampada dentro un chajá de Paysandú
-¿El de la medallita?
-Claaro, es el más rico. No pudo comerlo en mucho tiempo, veía la caja en el super y se ponía como loco, imaginate. Pero la terapia lo ayudó…
-Ta, si noto algo extraño la próxima vez que coma chajá te aviso -zanjó Felisberto alejándose del muro que separaba su casa de la de su vecina.
-Pero no tiene porque ser el chajá en este caso… – aclaró la vecina
-Ta, estaré atento también cuando coma Príncipe Humberto
-Tomatelo a joda si querés, yo solo digo que…

Un auto de policía frenó en seco frente a la casa como caído del cielo. Del vehículo bajaron el comisario encargado Castro y su ayudante Kovalsky.

-Señor Hernández – saludó el comisiario- disculpe la hora, no fue posible venir antes ¿permite unas preguntas?
-Descuide comisario, me acuesto tarde, pasen, tranquilo Chivito, son los amigos policías ¿Les apetece un mate?
-No joda señor Hernández, con todo el respeto
-Disculpe comisario… a las órdenes
-¿Usted es historiador?
-Entre otras muchas cosas, comisario
-¿Cómo?
-Soy… digamos… un todólogo
-¿Sabe historia uruguaya sí o no?
-Sí, señor
-¿Qué puede contarnos de la relación entre un traje de gaucho… argentino… y el Ceibo?
-No hace falta ser un experto, comisario… pero el árbol junto al que estaba el muerto no era un Ceibo, estoy seguro porque…
-No le he preguntado eso
-Ta… Ambos son símbolos nacionales… tanto en el Uruguay como en la Argentina. Y es que, comisario, la historia de nuestro paisito es peculiar y está muy unida a la de Argentina y Brasil, ya sabe que Artigas…
-Ta ta ta, me lo sé ¿Y en cuanto a la relación entre la leyenda de la Flor del Ceibo y el gaucho?
-Puede tener relación con la independencia, la guerra gaucha… no sé… es complicado… tendría que…
-¿Con la independencia de los españoles?
-No, de los paraguayos, y claro que de los españoles… Oiga, ¿Me explica lo de «traje argentino»? Porque eso me interesa, ya le comenté que creo que es la firma del asesino, que quiso decirnos algo con…
-A usted no quiso decirle nada señor Hernández. En todo caso a la policía. A lo que iba, ¿piensa que el hecho de que el traje sea argentino tiene algún significado?
-¿Histórico? No
-¿Y de otro tipo?
-Y…tampoco
-¿Tampoco?
-¿Cree que el asesino es argentino?
-Es una posibilidad. Buenos Aires está lleno de locos y,el traje… es argentino.
-¿Y? Pudo comprarlo en la Semana de Turismo
-¿Y porque iría a Buenos Aires de Semana de Turismo? Tenés Cabo Polonio, Punta del Diablo, Piriápolis, Colonia…
-Qué se yo… iría al teatro, de compras…

Sonó un celular con la melodía de Every breath you take de The Police.

-Kovalsky buenos días
….
-Sí, está acá… ¿qué cosa?… ¡no! ¿en serio?… ya… sí…ta… bueno ta, se lo comunico y llamo de vuelta ¿ta? Chau
-¿Qué tarado llama a estas horas, Kovalsky?
-Era de la central. Encontraron otro gaucho muerto, comisario, en «los Cuernos de Batlle»
-¡Se lo dije, es un asesino serial! – gritó Felisberto
-Los-BRAZOS-de-Batlle, Kovalksky ¿Contento señor Hernández?
-No por favor. Es una tragedia… ¿puedo ir con ustedes? -suplicó Felisberto
-¿Pero qué…? ¡No, no puede!
-Estee, hay un detalle, comisario -dijo Kovalsky tímidamente.
-¿Qué cosa?
-El muerto lleva una nota prendida del traje…
-Que lo parió, nos salió comunicativo el tipo ¿que dijo ahora?
-«Felisberto Hernández, el último orejón del tarro»

Capítulo 5

Es terrible… terrible… – repetía Felisberto en la sala de interrogatorios de la comisaría.
-Sr. Hernández, se lo pregunto de vuelta ¿tiene esa frase algún significado para usted? ¿se lo dijo su madre de chico? ¿alguna novia?
-Mire comisario, no tengo idea, ya lo dije, y… ¿quien es el muerto?
-No se lo puedo decir, es secreto
-Ta, lo leeré en el blog del Maik mañana, tiene contactos
-¿No me oyó que es secreto? No lo va a leer ni en el ‘bloc’ de Maik ni el de Naik
-Y donde cree que leyó el criminal que este pobre desgraciado había encontrado el cadáver – intervino el forense Rodero – ese tipo… tiene amigos
-No no no, el Maik no publicó mi nombre. Aún hay medios decentes que respetan la privacidad de uno. Pero escribió recién sobre las ZTA, ¿lo vio?
-Muy bueeno, me gustó. Y leyó el del bicentenario y…
-Rodero. Por favor – cortó el impaciente comisario- ¿no tiene una autopsia que hacer?
-¡Si no terminé con el primer gaucho comisario!
-¿Y su esposa?
-¿Mi esposa?
-Sí, ¿su esposa no se queja del hedor a podrido cuando llega a la casa?
-Dejate de joder Matías… y… sabés que tenemos una heladera para estas cosas. Fa… Me marcho. Los gauchos son menos groseros

El comisario de volvió a Felisberto mientras el forense daba un portazo.

-¿Y bien?, «el último orejón del tarro», usualmente se dice de alguien que no es tomado en cuenta, que es postergado, que…
-Quiere matarme comisario, ese loco quiere matarme y me va a dejar para el final ¿es que no lo ve? y me lo dice ahora para que sufra de terror mientras mata a medio Montevideo…
-¿Y por qué va a querer materle… a usted?
-¡Y es un asesino serial, le da lo mismo a quien matar!
-Tranquilo Hernández, ¿no confía en la policía?
-¿Que si..? En la del cine capaz, en la de acá…

Y entonces, la puerta se abrió y apareció… ella.

-Cielos -pudo decir Felisberto al oído del comisario, cuando consiguió cerrar la boca- ¡es Salma Hayek!
-Que cosas tiene Hernández -rió el comisario- es Carmencita, una de nuestras agentes de operaciones especiales.
-¡¿En serio?! Bue.. buenas soy Felisberto Herández.
-Carmencita es también psicóloga, se va a unir a nuestro equipo para ayudarnos con el perfil psicológico
-¿Psicóloga?… yo tengo una vecina psicóloga… este… quedo mucho más tranquilo… con usted… acá… – dijo Felisberto rojo como un tomate.
-Buenas, señor Hernández – saludó la dulce Carmencita- lamento que tendremos que dejar la sesión para otro día comisario. Han encontrado otro gaucho.
-¿¿¿Cómo???- saltó de la silla el comisario- ¡¡¡pero si el anterior aún está caliente…!!! ¿¿donde anda el mate? ?¿¿y los cigarrillos?? ¡¡Sandraaaaa, llama a Kovalsky!!
-Lo han encontrado en Rambla Armenia, comisario. Y esta vez lleva… em… una de esas máscaras… para bucear

-Que lo parió

Capítulo 6

El Comisario encargado Castro, el forense Rodero, Kovalsky y Carmencita tomaban café en la terraza de Il Mondo de la Pizza:

-Bien – comenzó el comisario – damos comienzo a esta primera reunión del «comité especial para la resolución del expediente policial número 385-654/11-850», nombre en clave «Caso Gaucho»
-Disculpe comisario – intervino Kovalsky – ¿por que nos reunimos acá?
-Porque en la central no se permite fumar, Kovalsky ¿ta?
-Ta. Solo que olvidé el mate en la central, comisario
-Tomá café. Y procedamos a la lectura de los datos que tenemos hasta ahora, dele
-Si se me permite – interrumpió Rodero – quisiera hacer constar en el acta… ¿quién toma nota?
-Kovalsky
-Ta, pues anote por favor, agente, que el doctor Rodero acá presente declara estar comprometido con su labor y por ello pasó tres días rajando gauchos, sin ver a su esposa, a sus chiquilines, a Peñarol contra Nacional y comiendo puro choripan, todo esto en contribución del bien común y su compromiso con…
-Ta, Carlitos, ta. Todos valoramos tus horas extra – dijo Castro – por favor, Kovalsky
-Ta. Procedo a la lectura de la enumeración de los datos obtenidos hasta ahora por el equipo invsetigador de «Caso Gaucho» en base a las pruebas foreneses y a los interrogatorios que … ta, comisario, entendí… estee, tenemos tres fallecidos en tres días. Los tres envenenados, apuñalados post-portem y vestidos de gaucho

  • Gaucho nº 1: Mario Cusumano. Empresario, casado, pretendía viajar al exterior con su amante, en su estómago había asado, fritas, mate, espinillar y veneno para ratas. Nota aclaratoria del doctor Rodero: Lo mató el veneno, no el espinillar. Se encontró una vaina de ceibo en su garganta y… la nota que tanto ofendió al doctor. El traje de gaucho fue comprado en la Argentina, según la etiqueta del comercio. Hallado en el parque del Prado
  • Gaucho nº 2: Identificado como Federico Miletti, contador, casado, residente en Malvín, en su estómago se encontró, milanesa, fritas, mate, cerveza y veneno para ratas, prendida a la ropa llevaba la nota que señalaba al sr. Hernández como «el último orejón del tarro», el traje fue comprado en Porto Alegre, Brasil. Hallado en los cuer… en los «Brazos de Batlle»
  • Gaucho nº 3: Sin identificar. Pero le falta un dedo así que estamos buscando por ahí. No el dedo claro, sino desaparecidos a los que les faltaba un dedo. Hallado en Rambla Armenia con una máscara para bucear y un doblón dorado relleno de chocolate en la garganta. En su estómago tenía pascualina, ensalada, dulce de leche, mate y el mismo veneno. Y, eso es todo

-Ta – continuó el comisario – eso de la moneda de chocolate… me mató. Carmencita, vos sos el cerebro de este grupo
-Ha de referirse a «Nuestra Señora de la Luz» – dijo Carmencita- el navío hundido en una tormenta en el siglo XVIII. Transportaba gran cantidad de oro y plata, inusual para la época, equivalente a más de 7 millones de dólares de hoy. Después del desastre se iniciaron sin demora las tareas de rescate del tesoro, con buceadores contratados. Cuando se hubo recuperado la mayor parte, los propietarios perdieron el interés pero continuaron durante muchos años las búsquedas particulares, que dieron para vivir toda una vida a unos cuantos. Por eso el puerto del Buceo, donde se encontró el tercer cuerpo, se llama así
-Hermoso, Carmencita, pero me aporta lo mismo que la historia de la indiecita fea ¿que quiere contarnos este tarado? ¿qué leyo libros? Si fuera por eso este país estaría sembrado de cadáveres
-Disculpe jefe, buenos días
-¡Sandrita! ¿que hacés acá? Sentate ¿qué tomás? ¿No estabas de licencia?
-Estoy jefe, mis chiquilinas, están con una gripe terrible… y es que en la consulta me encontré con Graciela Popovich, prima del Pelado, su hermana trabajó con la novia de mi tío en el aeropuerto y como cumplen años el mismo día, festejaban juntas y… la cosa es que me ha contado que Cusumano y Miletti estaban en la misma murga, en la que además estaba un tal «Serucho», llamado así porque le faltaba un dedo
-Que la parió. Buenísimo Sandrita, ¿qué más le contó?
-Pues que disolvieron la murga, algo pasó entre ellos… algo gordo relacionado con un negocio. Pero lo más extraño es que el conflicto fue justo antes de Carnaval, y tenían idea de participar con trajes de gaucho…

Capítulo 7

El comisario Castro y Carmencita entrevistaban a Graciela Márquez, la triste viuda del ingeniero Cusumano:

-Sra. Márquez – comenzó el comisario – su marido formaba parte de una murga…
-«Los gauchos muertos» -asintió la viuda llorosa
-¿Cómo dijo?
-Es el nombre de la murga… o lo iba a ser. La crearon no mucho antes de…
-Le pido disculpas señora – dijo paciente el comisario – pero… con todos estos sucesos, ¿no consideró la opción de informar a la policía de este dato?
-Y, supe recién lo de Fede y el otro. Me fui a Cabo Polonio a descansar y a esconderme de todos. Además no me importa. Solo siento que esa puta de la Sobes no esté haciéndole compañía en el infierno, ¿por qué no le preguntan a ella?
– Señora… no está bueno desearle mal a nadie…
-¿Sabe que pensaba irse a los Estados Unidos con ella? ¡¡A Miami!! Mario detestaba Miami…
-Señora Márquez, no sabe como lo siento – dijo conciliadora Carmencita – todo esto ha sido muy difícil para usted pero… nos ayudaría mucho si nos dijera lo que sabe sobre «los gauchos muertos». Usted conocía a los otros fallecidos, a Federico y a Raúl Caba, alias Serucho
-¿Serucho está muerto?
-Sí señora, lo lamento, es el tercer fallecido
-Qué lástima, estaba feliz con la victoria de Peñarol…
-Señora ¿puede anotar los nombres que recuerde de los miembros de la murga? y ¿puede decirnos por qué discutieron? – insistió Castro
-Yo no tengo idea. Los negocios supongo. Se encerraban ahí en la salita horas y horas con papeles y hasta un pizarrón. Cuando Mario no estaba encerrado con ellos, estaba en la pileta… ja, Mariana Sobes, alias «la pileta»
-Aguarde un momento…- saltó Carmencita – ¿dijo que Serucho estaba feliz con la victoria de Peñarol? No es posible.Ya estaba muerto cuando se celebró el partido.
-Los seguidores de Peñarol son así Carmencita – terció el comisario – optimistas, celebran las victorias por adelantado, y no asumen las derrotas
-¿Pero cuando murió? – preguntó la viuda
-El viernes. El partido fue el domingo ¿cuando habló con usted?
-No hablamos, me dejó una nota con el correo. La leí ayer al llegar de Cabo Polonio… acá mismo la tengo
-«Queridísima Graciela» – leyó el comisario – «vine pero no estabas. Espero que no estés triste. Esos ojos lindos no merecen ahogarse en lágrimas. Sabés que tenés un amigo. El futuro se ve hermoso, Graciela, todo va a salir bárbaro. Mirá el tremendo golpe que le dimos a Nacional, jajaja, sin duda un buen augurio. Pasate un día por lo de mi mamá, preguntó por ti. Beso. Rucho» … que lo parió, o escribe desde el Más Allá…
-O no está muerto – siguió Carmencita – señora Márquez ¿podría acompañarnos a identificar un cadáver?
-¿Yo? ¡De ninguna manera! ¿Por qué no se lo piden a Mariana Sobes?

Capítulo 8

Felisberto Hernández cortaba el pasto del fondo de su casa cuando alguien tocó timbre, en el frente, estaba parado un tipo sonriente:


-Buen día ¡che Chivito tranquiiilo!
-Buen día, Felisberto Hernández ¿cierto?
-El mismo, ¡Chivi, quieto!
-Soy el nuevo vecino, de Escardó con Vaz Ferreira, la casa de la coronita
-Un gusto
-Este… Roberto, el antiguo dueño me prometió que dejaría un hacha en la casa pero por lo visto te la dejó a vos. Los árboles invaden la casa… vos sabés
-Claro, me hago cargo pero… Roberto no me prestó ningún hacha… debió ser a Lucila, la psiquiatra de acá al lado. Eran muy cercanos. Preguntale a Lucila. Siempre está en casa ¡¡Chivi por favor!!
-Sí… este… lo hice pero no se encuentra
-Que extraño
-Salió a comprar
-Es agorafóbica
-Capaz que está mejor
-Seguro… ¡que bueno!
-¿Puedo pasar? Conversar así… a través de la reja…
-Claro, disculpame, aguarda que ato al perro ¿tu nombre?
-Ramiro
-Un gusto. Por favor, pasa – indicó Felisberto después de atar a Chivito – y disculpa a Chivito, normalmente es muy manso. Miraré en el sótano pero creo que mi hacha está también en casa de Lucila… esa mujer y los árboles… en fin, tiene al hijo para las talas, ella no sale, obvio
-Cualquier cosa filosa me sirve
-Cualq… faa, si que estás desesperado vos…
-Los árboles golpean la ventana. No puedo dormir
-Lo mejor es una sierra eléctrica. Pero también la presté. Lucila tiene seguro… ah, pero no se encuentra. Uuh ¿como perdiste ese dedo? Oh ¡disculpame! soy muy indiscreto
-Descuida. Fue en un aserradero
-Faa… terrible… ¿un mate?
-Y, bueno
-¿Que carajo le ocurre a este perro?
-¿Cómo va el centro cultural?
-Ah ¿te contaron? Pues se estancó pero… la idea era dedicarlo al otro Felisberto Hernández, al músico y escritor, amigo de Vaz Ferreira… Creo que merece un mayor reconocimiento por parte de nuestra ciudad. Es el Cortázar uruguayo…
-Tenés razón. No es reconocido como debiera. Es complicado incluso encontrar sus obras. Es… el último orejón del tarro
-….acabo de recordar que seguro no tengo el hacha
-Cualquier cosa filosa me sirve

Capítulo 9

-Pss, Kovalsky – susurró Carmencita desde su escritorio- vení, vení
-Decime – susurró Kovalsky, acercándose de puntillas
-Estoy preocupada por Felisberto, no sé, capaz que no hay motivo, pero me llamaba a diario para preguntar cualquier pavada y… lleva días sin llamar…
-Che, llamalo, por llamar no tenés que casarte con él, Carmencita, ¡como sos!
-Yaaa lo llameeé… tarado. Pero no atiende…
-Y que sé yo, se habrá cansado de que no le des bola… che y ¿por qué hablamos en voz baja?
-Porque no quiero que el comisario sepa que ando preocupada, pasará días rompiéndome las bolas con que si amo a Felisberto… a vos te hizo lo mismo con la hija del escribano que fue asesinado por su mujer celosa, la que decía que el marido se había caído sobre las tijeras de podar
-Ta ta ta, ¿que querés que haga yo?
-Decile vos al comisario
-¿Yo? ¿Qué cosa? ¿Que ando preocupado porque Felisberto no me telefoneó? ¡Será peor!
-Noo, podés decir que pasaste por su calle y viste algo raro… y entonces llamaste y no atendió. No, mejor, que te iba a prestar un libro, te citaste con él, y no apareció. Es una víctima potencial, el asesino le dejó un mensaje. Es para preocuparse, Koval
-Ah no. Querés que mienta a un superior, Carmen
-Permiso – interrumpió Sandra – está acá un tal ‘Filiberto’ Fernández
-¡¡Felisberto!! -gritaron Carmencita y Kovalsky a coro
-Capaz… no articula muy bien… creo que es un defecto de nacimiento… pobre
-Cielos, algo le ocurrió…
-uen día – entró Felisberto, sonriente pero con un extraño gesto en la cara
-¡Felisberto! – corrió a casi-abrazarlo la dura Carmencita – ¿qué pasó? tenés una cara extraña
-O se pur onde mpzar…
-No te entendemos compañero ¿todo bien? desapareciste -le palmeó la espalda Kovalsky
-Faaisis acial
-¿Qué dijo?
-Creo que dijo «análisis espacial»
-¿«Anagnórisis fatal»?
-Yo entendí «apófisis axial»… aguardá, está escribiendo
-«Parálisis facial» -leyeron – taaa, dale, escribe no más
-«Ese tipo me echó algo en el mate y luego me inyectó en la cara una cosa» -leyó Kovalsky- que lo parío, tenías razón al andar preocupada, Carmencita, seguí seguí, Felisberto, ¿¿fue el asesino??
-«Preocupada ¿por mí?»
-Este… era una preocupación profesional, Felisberto – se justificó Carmencita – no importa ahora, contanos por favor. Sandra, ¿podés traer un pañuelo? se le está callendo la… Desde el principio, Felisberto, contá
-«Vino el nuevo vecino» – leyó Kovalsky – «El barrio está cada vez peor. Me pidió un hacha. Para los árboles. Pero yo no tenía. Chivito ladraba pero no le hice caso. A Chivito también lo evenenó. Está bien, pero como vomitaba el pobre»
-Pero, ¿cómo era? ¿qué te dijo? – preguntó nerviosa Carmencita
-«Era corriente» – leyó de nuevo Kovalsky – «Normal. Bueno. Le faltaba un dedo. Pero eso no justifica la locura. Mirá mi cara»
-Le faltaba un dedo.. ¡¡ Es el asesino!!
-«¿¿Como que es el asesino??» – leyó Sandra mientras ayudaba a Felisberto a limpiarse la saliva- «¿sabían que al asesino le faltaba un dedo y no me dijeron nada?»
-Desapareciste cuando lo descubrimos – aclaró Carmencita – te llamé pero…
-«Ese desgraciado también se robó el celular», ahí está – dijo Kovalsky -«Asesino serial, loco y ladrón. Lo tiene todo. También trancó la puerta. No pude salir en tres días. Ni telefonear». Faa, ¿como lograste escapar?
-«Finalmente encontré un hacha», que ironía ¿cierto? – río Kovalsky – pucha, pero estás vivo, compañero
-O ra e ssno
-¿Cómo?
-«Que no era el asesino» – leyó Sandra
-…
-«Me dejó una nota» – se la mostró a Carmencita que leyó: «Felisberto, perdoname por esto. No podía permitir que tu buena fe me detuviera. Me encuentro en una mala situación y no tengo plata. Tomo prestados tu celular, 3.000 pesos, una botella de Johnny Walker y el cuchillo grande, ah y un alfajor. Voy a terminar con esto. Voy a matar a ese asesino de gauchos»

Capítulo 10

El comisario Castro y su equipo examinaban la casa de Felisberto Hernández en busca de pruebas. Felisberto, después de pasar por el hospital, ya estaba mucho mejor de lo suyo.

-¿Por donde salió? – preguntó el comisario
-¿Y no lo ve, comisario? -respondió Felisberto- ese loco cerró con maderos las puertas y las ventanas tienen rejas. Cuando encontré el hacha pude romper los maderos y…
-Pregunto por dónde salió el sospechoso
-Por el fondo
-¿Por el fondo? ¿Con esos rollos de espino que hay en los muros de separación?
-Mis vecinas son algo paranoicas…
-Hemos examinado los rollos de espino y no hay rastro alguno, comisario – aclaró Carmencita
-No es posible… nadie puede saltar esos muros sin rajarse alguna parte del cuerpo- pensó Castro en voz alta- al encerrarle a usted, se encerró a sí mismo ¿cómo carajo salió?
-¿Qué es eso? – preguntó Carmencita
-Estee, una mala hierba – dijo Felisberto
-No, quiero decir tras la mala hierba
-Y, una pared
-Hay una puerta tapiada ¿que hay al otro lado? no es una simple pared si se mira desde acá, esa pared pertenece a un galpón
-Es interesante – dijo Felisberto – pero siempre he sido un gran defensor de la propiedad privada y la intimidad de mis vecinos, como comprenderán…

Pero Carmencita ya corría hacia la pared del fondo y retiraba el enorme arbusto parásito de un mantotazo.

-Esta mala hierba no está agarrada a la tierra, y la tierra acá está removida -dijo la agente mientras los demás corrían hacia ella

Bajo la tierra había unos maderos y debajo, una puerta de chapa cerrada con un candado.

-Acá lo tenemos, ¡es su vía de escape! – gritó eufórico Kowalsky
-Ay Dios – se lamentó Felisberto, sentándose en el suelo – ese loco ha estado entrando en mi casa a su antojo, observándome mientras dormía, abriendo la heladera, tomando mate…
-Ta ta ta, señor Hernández – le traquilizó el comisario – no tenemos datos suficientes aún sobre el tipo. Y disculpe que le diga pero… si hubiera tenido el jardín más prolijito, esto no hubiera pasado
-Abierta -dijo Carmencita después de propinar un golpe al candado que hubiera matado a Hulk
-Carmen, ¿le he ordenado acaso que abriera la puerta? Dele dele, abra, ya que estamos

La puerta daba acceso a unas escaleras llenas de hongos que terminaban en un pozo oscuro

-¿Quién baja primero?
-Según los estatutos, comisario – dijo Kowalsky- el agente de mayor rango, o sea usted, debe asumir la…
-¡Al carajo los estatutuos! ¡baja usted primero! ¡Por hablar!

Capítulo 11

Kovalsky comenzó a bajar las húmedas escaleras de la puerta secreta encontrada en el fondo de la casa de Felisberto Hernández, seguido de Castro, Carmencita y Felisberto.

-¿Saben? – dijo Kovalsky enfocando con la linterna los hongos que todo lo invadían- las palmeras son lo mejor para las humedades. Necesitan mucha agua. Por eso si se las planta cerca de la casa, las humedades del subsuelo se ven neutralizadas
-Bárbaro, Kovalsky, se lo diré al asesino en cuanto vuelva de visita – replicó Felisberto
-Quien iba a decir que eran vecinos, eh Felisb… aaaaarggh ¡¡un .gaucho!!
-Kova… son hongos en el muro -dijo Carmencita
-Hongos… con forma de gaucho, mirá
-O con forma de Virgen María, si querés. Trae acá la linterna… tarado

Los hongos mostraban realmente la forma de un gaucho. Pero supongo que estamos todos sugestionados. Siguieron bajando liderados por Carmencita hasta un sótano vacío y abandonado, en cuyo extremo opuesto había un nuevo tramo de escaleras. Arriba había luz. Carmencita sacó su arma reglamentaria y comenzó a subir. Los tres hombres la siguieron 3 pasos por detrás.

-Podéis subir. No hay nadie acá -avisó Carmencita
-¿Miraste bien?
-Noo, solo estoy de joda ¡¡queréis subir carajo!! Manga de cobardes…

El cuarto, aparte de la cama, el baño y la kitchenette era un auténtico museo del gaucho y del Uruguay, digno del mejor psicópata europeo. Tenía hasta una estatua de Artigas modelada en barro. Aunque solo sabías que se trataba de Artigas por la leyenda de la base, la cara podía ser de cualquiera. Trajes de gaucho, mates, afiches del Solís y Plaza Independencia y banderas por todas partes. Encima de la mesa, una figurita de la Virgen de los 33. En una esquina, una reproducción de los cuernos de Batlle hecha con alfajores Punta Ballena unidos con pegamento. Reproducciones de Torres García con granos de polenta y la cara de Gardel con hojas de mate secas.

-Es un artista -dijo Castro
-Es un tarado – dijo Carmencita
-Tiene talento – dijo Kovalsky
-Carmencita -dijo Felisberto – ¿te quedas a dormir en mi casa esta noche? Necesito protección, es obvio

Capítulo 12

Felisberto agradeció a los dioses que Carmencita se quedara a dormir, por tenerla cerca y también porque él, para que negarlo, no tenía coraje, ni revolver y además necesitaba una mujer que le dijera lo que hacer.

Chivito, desde que había sufrido la intoxicación, no era el mismo. Se quedaba mirando el limonero durante horas, con la cabeza ladeada, se negaba a dormir fuera y había empezado a dividir la comida en cuatro cuartos y a masticarla cuidadosamente, escupiendo los huesos y cartílagos que encontraba.

También agradeció Felisberto que su amigo analista le hubiera regalado su viejo diván cuando lo cambió. Agradeció, para empezar, conocer a uno de los pocos psicoanalistas que había en Montevideo. El diván en esta noche de terrores le vino divino, pues Carmencita se negó a dormir en su cama, estaba «de servicio y no de piyama party», dijo. Así que la solución fue que Felisberto durmiera en el diván y Carmencita en el sofá.

El inconveniente, si se le puede llamar así a algo relacionado con la bella Carmencita, es que esta amaneció a las 6 y se puso a preparar un gran desayuno.

-Si me quedo acá, Felisberto, al menos vamos a aprovechar el tiempo. Estoy segura de que sabés algo, aunque vos ni siquiera sabés que lo sabés. El asesino tiene algo con vos y tenemos que averiguar qué es
-Estee yo… a las ordenes… agente. Pero aviso que a estas horas mi cerebro está medio caído
-Estoy acá para ayudarte, Felisberto. Recuerda que soy psicóloga
-Yo solo creo en Lacan, Carmencita… y en vos ¿¿como no??
-Bien. Tengo la teoría de que el asesino no se fijó en vos cuando supo que habías descubierto el primer cadáver, sino que te conoce de antes,
-No olvidemos, linda, que hay dos locos sueltos. El asesino y el que me visitó.
-Yo no estoy tan segura de eso
-«Voy a terminar con esto. Voy a matar a ese asesino de gauchos» eso fue lo que me dijo
-Puede ser un caso de doble personalidad. Pucha, siempre soñé con un caso de doble personalidad ¿sabés? desde que estaba en la universidad…
-Y, los sueños son como los cortes de la vaca. Hay gustos para todos
-¿Recuerdas haber conocido a alguien que te pareciera extraño, perturbado, un potencial asesino?
-Sí, el hombre que me secuestró
-Quiero decir antes
-En este paisito ¿como se te ocurre? En el exterior capaz
-¿Cuando estuviste en el exterior?
-Jamás
-Felisberto, no estás cooperando
-Es este olor… debe haber algo pudriendo. Voy a botar la basura, ¿ta?
-Ta. Andate que te ayudo

Mientras caminaban hacia el contenedor, Felisberto pensaba que lindo sería sacar cada día la basura con Carmencita, a pesar de su interés por los asesinos de doble personalidad.

Al llegar, suspiró pisando la palanca para abrir el contenedor, disfrutando de lo romántico de la situación, y se quedó petrificado. A continuación dejó caer la tapa y dijo:

-Lo siento Carmencita, pero mi secuestrador no es el asesino
-¿Y por qué? ¿A ver?
-Porque está acá dentro, en el contenedor
-¿Muerto?
-Remuerto


Continuará…