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Parece que cuando todo esto empezó, la probabilidad de que llegáramos a estas alturas con Nat viva y camino de estar bien, no era mayor de un 20%. Cuando en abril, tras los ciclos de quimio, supimos que el tumor original podía operarse y cuando finalmente la operación salió bien, ganamos mucho, dimos un paso importantísimo. Pero lógicamente el miedo seguía ahí. Yo pensaba que era valiente porque en varias situaciones peligrosas por las que tuve que pasar, supe hacer lo que había que hacer sin que me paralizara el lógico e instintivo miedo a mi propia muerte. Pero eso no es nada. El miedo de verdad es el que tienes cuando la muerte ronda a alguien a quien quieres y por quien te cambiarías con gusto si así pudieras salvarle. No es la angustia en las tripas, las piernas flaqueando. El agujero en el pecho, la losa en la cabeza un día tras otro, sentir un vacío inacabable bajo tus pies, ese es el miedo de verdad. Y de ese pasamos mucho, pero mucho, desde septiembre pasado. Y cuando no es un momento, una decisión, una jornada, sino un día tras otro, tienes que ser de una madera especial para que no te paralice nunca. No, no fui valiente. Desde luego no como hubiera querido y Nat se merecía. Ahora puedo decirlo.

Estos días atrás en Barcelona Nat tenía los exámenes para ver si, a pesar de las quimios, la radio, las operaciones, el zometa… había aparecido algún nuevo foco, una nueva metástasis. No la teníamos nada clara. Miedo, más miedo, eso es lo que teníamos. Y finalmente, anteayer los médicos nos recibieron contentísimos con los análisis y el TAC en la mano: no hay nuevas metástasis, la que le partió el esternón no ha crecido -aparece contenida en una fibrosis- y la recuperación avanza en el que es el mejor de los mundos posibles cuando te han quitado partes enteras de tu cuerpo y sigues tomando una medicación que por si misma justifica una baja laboral. Por supuesto nos quedan chequeos cada tres meses por bastante tiempo. Chequeos que inevitablemente nos encogerán el corazón, claro. Pero que en un año pasarán a ser cada seis meses y -ojalá- seguirán siéndolo entonces por muchos años. Pero el infierno y el miedo que han llenado este año once, han terminado. Del futuro hablaremos en unos días. De momento, estamos felices a reventar simplemente por tenerlo.

«El cáncer, el miedo y las buenas noticias de verdad» recibió 1 desde que se publicó el Jueves 22 de Agosto de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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