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centrismoDurante años la distribución ideológica de los votantes en España se ha situado abrumadoramente en «el centro». La hipótesis que manejábamos desde el 2003 es que en realidad la mayoría de ese centrismo declarado no era tal. La palabra que usábamos era ortogonalidad. Es decir, una parte creciente de la ciudadanía no se sentía definida los parámetros que definían el eje derecha-izquierda, sino en nuevos ejes que no tenían una clara identificación partidaria. Sus valores se definían en ejes que eran «ortogonales» al eje tradicional en la medida en que el viejo mundo descentralizado, definido por los medios de comunicación sobre grandes adhesiones estético políticas, se descomponía en múltiples «identidades» basadas en preferencias y comunidades de libre adhesión impulsadas por la topología distribuida de Internet. El futuro de los partidos políticos y las viejas ideologías pasaba por una reinvención y adaptación a un mundo donde las comunidades conversacionales iban a marcar el ritmo de las conversaciones sociales.

La situación se complica a partir de 2007 con la recentralización impulsada por los libros de caras y la emergencia de una cultura de la adhesión de la que rápidamente se apropian las nuevas figuras políticas globales como Sarkozy y Obama. Es el panonorama, que daba para poco optimismo, que analizamos en «Los futuros que vienen».

La crisis, con el predecible aumento de los escándalos de corrupción y la normalización de la «ideología de la indignación» centró mediáticamente un eje capaz de representar la ortogonalidad desde un lugar manejable y compatible con la recentralización a la que fervorosamente se habían unido los periódicos y las televisiones: la corrupción política. De diferentes maneras, el rédito electoral fue aprovechado por dos fuerzas que habían entendido la oportunidad: Podemos y Ciudadanos. Aunque seguramente Ciudadanos articulaba una mayor riqueza de posibles ejes no sacó demasiado provecho de ella. Podemos siempre tuvo más clara la lógica de la «ortogonalidad» y había apostado por centrarse en un único eje (corrupción) oponiéndolo discursivamente a los sufrimientos sociales de la crisis; así que supo entender a Ciudadanos como un peligro directo desde el primer momento y enfrentó su rápido ascenso en las encuestas con una violenta campaña de reposicionamiento del rival que pretendía enmarcarle en los viejos ejes políticos. Tuvieron un notable éxito. Ciudadanos, cuya historia, tendencia programática, base social original y política de pactos le llevaba hacia el PSOE, pasó a ser percibido en la derecha y se adaptó con menos reticencias de lo esperado a un posicionamiento que le venía dado.

Los resultados de las segundas elecciones generales consecutivas con el desfonde de la expectativa de un «sorpasso» inmediato del PSOE por Podemos, la incapacidad de Ciudadanos para ser decisivo en la formación de gobierno y la recuperación de voto por un PP inevitablemente tocado por el continuo goteo de escándalos, solo puede significar que se ha alcanzado el techo de la «estrategia de la indignación». El argumento de la corrupción no da para más y posiblemente ni siquiera sirva para acabar con el liderazgo de los dos grandes partidos nacidos de la Transición. Es ya solo un argumento para la deslegitimación del contrario. Como tal sigue funcionando.

Las heridas abiertas en el aparato institucional por la corrupción y su utilización política no van a cerrarse fácilmente si es que llegan a hacerlo alguna vez. La relación entre el estado y la ciudadanía seguirá siendo frágil y las dificultades para un «remozo general» del sistema electoral y la organización interna de los partidos apuntan a que la estrategia de la polarización y la «indignación permanente» seguirá siendo la preferida por más de un estratega político. Eso sí, ni va a mover ya grandes masas de votos ni va a evitar que la erosión del viejo mapa político se traslade al nuevo. Los votos por ganar siguen estando en otro lado, en realidad en otros muchos lados, todos ellos ortogonales al viejo mundo.

«El centrismo sociológico y la corrupción en España» recibió 4 desde que se publicó el Miércoles 23 de Noviembre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Hasta ahora estábamos viendo diferentes versiones de este gráfico interpretadas desde los ejes clásicos de derecha e izquierda y con una mirada plana de las ideologías políticas. La lectura desde la ortogonalidad permite tambien, creo, descubrir y entender los comportamientos que no terminan de encajar en las encuestas.

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  1. […] encuestas se situaban en el medio del eje, no porque fueran «centristas» sino simplemente porque no se veían reflejados en ese continuo unidimensional. La denuncia de la corrupción ha sido una manera contundente de aprovechar el descontento […]

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