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El descubrimiento de la agricultura

La Arqueología ha unido las piezas que la Historia Económica no supo unir para entender el nacimiento de las primeras sociedades agrarias y sedentarias. Una verdadera trama de misterio, ciencia… y lógica comunitaria.

Prácticas en las Indias

El gran reto de la Historia Económica ha sido explicar los grandes cambios productivos. En general, lo que cualquier economista desde Marx a nuestros días nos dirá es que el motor de las transformaciones sociales está en el cambio tecnológico. Cuando una innovación consigue que se produzca más valor con menos recursos -es decir, cuando algo aumenta la productividad general de una economía- todo se reorganiza a su alrededor, cambiando tras de sí y de forma más o menos traumática las formas de organización social.

El esquema general funciona en lo que nos queda más cerca: la revolución industrial. Pero no explica el paso de una sociedad de cazadores y recolectores a una sociedad agraria y ganadera. La primera gran revolución productiva de nuestra especie, el fin de medio millón de años de vida nómada que abrió la puerta a la división en clases sociales, la escritura, las religiones desarrolladas, los primeros estados… no puede explicarse como una mejora de la productividad. Cultivar requería más recursos y producía menos que seguir siendo nómadas cazadores. Durante décadas se intentaron todo tipo de modelos explicativos, pero ninguno conseguía llegar a resultados realmente satisfactorios. Parecía que nuestros antepasados habían pasado hambre y penurias voluntariamente para aprender a cultivar granos y criar ganado, a pesar de que estas prácticas tardarían muchas generaciones en ser más provechosas que la caza y la recolección.

Para las tribus cazadoras y recolectoras pasar a una economía agraria era antieconómico. ¿Por qué lo hicieron?

Primera clave: el Santuario

Klaus Schmidt, el arqueólogo que dirigió la excavación de Göbekli Tepe, para muchos el descubrimiento arqueológico más importante hasta el día de hoy, fue el primero en elaborar a partir de la nueva evidencia, una teoría satisfactoria. Göbekli Tepe, descubierto en 1994 y construido hace unos 11.500 años, unos tres milenios antes de la fundación de Uruk/Sumer, ha sido conocido mediáticamente como «el primer templo», pero sobre todo es el primer vestigio material descubierto hasta ahora de la sedentarización y de producción agrícola.

Schmidt defendió que Göbekli Tepe había sido el centro desde el que se difundieron el cultivo y la ganadería hacia eso que llamamos «el Creciente Fértil». Pero los constructores de aquellas edificaciones eran todavía nómadas y cazadores. Habrían sido las necesidades de mantenimiento de las propias estructuras del santuario las que habrían generado los incentivos para invertir recursos en la ardua labor de cultivar cereales salvajes y domesticar algunas especies. Podría ser antieconómico en relación con la caza, pero la caza exigía largos viajes en un ciclo estacional, si quería permanecerse en Göbekli había que dedicar cada vez más tiempo a cuidar de los granos salvajes que lo rodeaban. Más aun si, como parece, el santuario recogía y albergaba regularmente tullidos y enfermos, funcionando como una especie de «base» de un grupo que seguía siendo nómada.

La primera sedentarización produjo la agricultura y no al revés

Faltaba con todo una pieza por pulir: ¿Qué sentido tenía mantener una estructura tan costosa y a la vez tan precaria? ¿Qué proveían estos santuarios que fuera tan importante como para organizar a su alrededor toda la vida comunitaria? La respuesta la daría de nuevo Göbekli Tepe. El descubrimiento de grandes cubas de fermentación iluminó un nuevo elemento. Excavaciones paralelas en China, mientras tanto, dieron pie a las primeras teorías que afirmaron que la agricultura fue un subproducto de la necesidad de producir bebidas alcohólicas para las celebraciones periódicas de aquellas partidas de cazadores nómadas.

El conocimiento de la agricultura fue posiblemente un subproducto de la necesidad de producir bebidas alcohólicas

Jiahu: la clave china del misterio

En 2004, las excavaciones en Jiahu, la aldea Neolítica china más antigua descubierta hasta ahora, fundada hace unos 9000 años, aportaron una nueva pista. El arqueólogo Patrick McGovern descubrió restos de una bebida, una especie de chicha, que debió tener unos diez grados de alcohol. Lo que es más interesante la elaboración de esta primitiva «cerveza» habría sido según McGovern la causa de la sedentarización. Santuarios como Göbekli Tepe o asentamientos como Jiahu habrían sido producto de la necesidad de las comunidades y partidas de caza nómadas de reencontrarse para celebrar y redistribuir el fruto del trabajo.

Los «santuarios» nacen de la necesidad de las comunidades nómadas de reencontrarse regularmente para celebrar

Como en Göbekli Tepe, Jiahu no alojaba originalmente a toda la tribu. Es muy posible que naciera como un asentamiento de tan solo unas pocas personas que cuidaban de cultivos «fermentables» que en cada ciclo estacional permitían la elaboración de la bebida. Se trataba de bebidas cuya función era integrarse en una suerte de fiesta en la que la comunidad nómada se reencontraba con sus tullidos y con los menos productivos y sacrificados agricultores. McGovern remarca:

Comoquiera que caractericemos a estas bebidas neolíticas y la domesticación de estas plantas, encontraremos que se trata de un esfuerzo igualitario, con todos trabajando juntos.

En una economía basada en una estructura social muy horizontal como la caza y recolección, la celebración es el principal mecanismo colectivo de cohesión social. Uniendo la redistribución entre agricultores y cazadores a la satisfacción de necesidades ceremoniales, la Humanidad neolítica afirmaba sin fricciones su igualitarismo. La fermentación de granos salvajes -la forma más primitiva de cerveza- empieza a jugar un papel cada vez más importante en estas fiestas porque de forma natural se convierten en el «objetivo» de todos. Toda celebración necesita algo especial. De ese modo algo en apariencia anti-económico, como sembrar y cultivar a tiempo completo se convierte en causa común y en el objeto de la primera división del trabajo.

Las celebraciones sirvieron para redistribuir el fruto del trabajo en una sociedad tribal igualitaria

La clave final: las blancas costas de Dover

Esta lógica redistributiva parece haber sido también el origen del primer «comercio»: recientes investigaciones sobre el ADN de la flora británica llevaron a un equipo de científicos a concluir que las comunidades neolíticas del Sur de Europa compartían semillas de granos cultivados con sus vecinos más atrasados del Norte hace más de ocho mil años, dos mil años antes de las primeras evidencias conocidas de agricultura en las islas.

Es decir, los «santuarios» -originalmente el centro de los itinerarios de caza de las partidas de una tribu- posiblemente sirvieron también para la redistribución entre tribus, difundiendo e igualando los avances en distintas regiones geográficas. La revolución agraria creó un mundo interconectado con intercambios a larga distancia mucho antes del nacimiento de la mercancía.

La revolución agraria creó un mundo no mercantil pero interconectado, con intercambios a larga distancia

El nacimiento del comunal agrario

El resultado global es un cuadro de la Revolución Neolítica y el nacimiento de la civilización muy diferente del que se tuvo durante el siglo XX. La primitiva comunidad agraria no tenía una estructura social ni un ciclo productivo esencialmente diferente de los de la tribu nómada. Tras el comunalismo primitivo de cazadores recolectores que fascinó a los primeros antropólogos, no vinieron inmediatamente el estado, la propiedad privada y la división sexual y social del trabajo, sino una larga fase de comunalismo agrario que seguía sosteniéndose en parte de la caza, la pesca y la recolección. Este sistema productivo ocupaba amplios espacios geográficos, seguramente más conectados entre sí de lo que imaginamos. Y lo que es más importante: el gran salto no fue el descubrimiento de la agricultura en sí, sino el nacimiento del comunal agrario a partir de la lógica ceremonial de la celebración.

El nomadismo no dio paso al estado y las clases sociales, sino al primer comunal agrario

El comunal se sostendrá después de aparecer la propiedad privada y el estado y renacerá no pocas veces en la historia de las sociedades agrarias. Aunque sigue existiendo hoy, el desarrollo del primer capitalismo lo redujo a un papel económico marginal, obligándole a mutar en cooperativismo de producción y trabajo.

Quizás fue esta primera sociedad comunal agraria, nacida de las dinámicas cohesivas de las comunidades cazadoras, la que fue recordada en todas las culturas bajo el mito de una Edad de Oro en que la igualdad y la cohesión estaban en el centro del proceso productivo y la ordenación social. Podría incluso interpretarse la pervivencia del mito como un deseo profundo de retomar una economía comunitaria capaz de celebrar y distribuir sin la mediación simbólica de una religión profesionalizada o del estado. El recuerdo, siempre subversivo, de un tiempo en que los humanos podían celebrarse a sí mismos.

¿Son los largos siglos de sociedad comunal agraria lo que nos recuerda -y añora- el mito de la Edad de Oro?

«El descubrimiento de la agricultura» recibió 1 desde que se publicó el Martes 21 de Marzo de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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