LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

El día en que el dospuntocerismo leyó a Foucault

Como escribe Juan Urrutia es difícil en estos días hablar del ser y el estar en Internet, del sujeto conectado, sin releer Foucault. Comparto unas notas.

Han pasado más de cinco años desde que comencé a escribir El poder de las redes, y aunque su tesis central, el poder subversivo del paso de un sistema informativo de redes centralizadas a otro de redes distribuidas sigue siendo válida, la red no sólo ha evolucionado, sino que está siendo el terreno de una serie de estrategias recentralizadoras de de largo alcance.

En aquel momento, la emergencia de la blogsfera en ciberturbas y movilizaciones por todo el globo parecía confirmar el fin del monopolio de la agenda pública por los poderes establecidos. Su poder de filtro parecía seriamente tocado, si no parte del pasado. Y aquí, por cierto, la lectura que Foucault hace el mayo francés aplica perfectamente a la valoración que cómo mínimo deberíamos mantener hoy:

Es capital que decenas de millares de gente hayan ejercido un poder que no había adoptado la forma de organización jerárquica

Sólo que nosotros, en vez de decenas de miles, podríamos hablar de un mínimo de 90 millones.

Desde luego al otro lado se valoró. Pasamos de la negación a los intentos de recuperación y tras estos a un verdadero discurso reaccionario: el dospuntocerismo, que trató de presentarnos lo que era el fruto de un cambio estructural en la forma de transmitir la información como el punto de partida y legitimación de la recentralización que entonces se ponía en marcha. Lo genial es que siguen haciéndolo, hablándonos de las supuestas twitter revolution en Moldavia o Irán y presentándonos sus grandes redes centralizadas como herramientas de liberación y autonomía personal aunque sea contra toda evidencia.

Protagonizando buena parte de ese esfuerzo: Google. Un gigante que empieza a experimentar sus propias formas de biopolítica sin molestarse siquiera en cubrir púdicamente sus intenciones.

Tal vez ni siquiera lo necesite. El discurso mediático presenta una y otra vez a Google exactamente del mismo modo en que Foucault describe el humanismo:

si bien tú no ejerces el poder, puedes sin embargo ser soberano. Aún más: cuanto más renuncies a ejercer el poder y cuanto más sometido estés a lo que se te impone, más serás soberano

A través de una peculiarísima biopolítica de la represensentación, fundamentada el control de la accesibilidad que hace posible a cada cual ser visto por otros (el famoso existir en la red), Google se convierte en la negación de la experiencia misma de las redes distribuidas.

Mientras tanto, la imagen original que nos habíamos hecho de la red distribuida había tomado, al crecer sobremanera la propia blogsfera una forma más concreta: el mar de flores.

Y en paralelo, desde los medios y las tendencias se nos llamaba a limitar nuestra comprensión a la representación de un pretendido y banal “conjunto de la red” que no era otra cosa que el conjunto de herramientas de control social en Internet. Un giro magistral que confundía lo esencialmente subversivo de la experiencia de las ciberturbas.

Por eso De las naciones a las redes y Filés partieron de un punto de vista completamente distinto al de El poder de las redes. En vez de hablar de la red hablan de fenómenos emergentes en redes concretas, trazando sus genealogías y sus mitos.

Y es que si volvemos a Foucault…

Hablar de un «conjunto de la sociedad» fuera de la única forma que conocemos, es soñar a partir de los elementos de la víspera. Se cree fácilmente que pedir a las experiencias, a las estrategias, a las acciones, a los proyectos tener en cuenta el «conjunto de la sociedad» es pedirles lo mínimo. El mínimo requerido para existir. Pienso por el contrario que es pedirles lo máximo; que es imponerles incluso una condición imposible: puesto que «el conjunto de la sociedad» funciona precisamente de manera y para que no puedan ni tener lugar, ni triunfar, ni perpetuarse. «El conjunto de la sociedad» es aquello que no hay que tener en cuenta a no ser como objetivo a destruir. Después, es necesario confiar en que no existirá nada que se parezca al conjunto de la sociedad.

¿Pero es qué existe algo fuera del “conjunto de la sociedad” del “conjunto de la red”?

La verdad es que ambos imagos -el “conjunto de la red” y el “conjunto de la sociedad”- están ahí, como su versión folkrórico-estatal, la “comunidad nacional”, para no dejarnos ver el único constructo del que emergen identidades y contextos capaces de generar saberes alternativos: la comunidad real. O mejor, las más que diversas comunidades reales nacidas de la experiencia social de Internet de donde surgen formas que no pueden representarse en el discurso de la recentralización y la vuelta del control, es decir esas que son poco representativas, como la filé.

«El día en que el dospuntocerismo leyó a Foucault» recibió 0 desde que se publicó el sábado 21 de noviembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.

Grupo de Cooperativas de las Indias.
Visita el blog de las Indias. Sabemos que últimamente no publicamos demasiado pero seguimos alojando a la red de blogs y a otros blogs e iniciativas de amigos de nuestras cooperativas.