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El donjuanesco atractivo de twitter y la miseria de los afectos fáciles

La adhesión y el refuerzo a las personas está presente en las relaciones de toda comunidad sana… pero la destruye cuando sustituye a la interacción y la capacidad de compromiso.

DonJuanTenorioComienza 2013 con destellos de resiliencia. Pablo, @hontza, recupera su blog:

Después de dos años de abandonarlo pensando que las redes sociales eran la evolución natural del blog, me doy cuenta de que no, que ni de coña vamos, que las redes tienen su utilidad pero no me permiten mantener el nivel de proximidad y de intercambio que tenía con el blog.

Pero lo realmente interesante es el porqué, el resultado social, comunitario del abandono del blog:

Echo la vista atrás y gracias a la blogosfera he hecho tres o cuatro docenas de nuevos y buenos amigos a los que he podido llegar a conocer personalmente y con los que mantengo relación habitual. En estos años en las redes sociales me sobran los dedos de una mano para contar los nuevos contactos que tienen algo de consistencia… vamos, que no hay color.

Sí, ok, es lo que llevamos hace años diciendo, lo que cuajamos en el modelito de la pirámide del compromiso y la crítica de la cultura de la adhesión como forma final, como resultado político, de esa regresión recentralizadora que llamaron Web 2.0. Pero, tranquilos, este no es un post «ya-lo-decíamos-los-indianos-hace-cinco-años»… aunque no está mal releer los enlaces anteriores.

No hay duda de por qué los políticos, los estados totalitarios, los servicios de inteligencia o los medios, cada cual por sus motivos, han apoyando con tanta fuerza empresas que no eran suyas como facebook o twitter. Todos recuperaban control -y por tanto poder y rentas- con la recentralización de la comunicación virtual.

La cuestión, ahora, bien contrastadas por el tiempo las tesis de los enlaces anteriores, y pagados precios inesperados por la recentralización, es por qué centenares de miles de personas han aceptado un trato en el que, como contaba Pablo, salían perdiendo pues renunciaban a una parte importante de su soberanía personal y comunitaria.

La importancia afectiva de la adhesión

La adhesión es esa palmadita en el hombro que nos reconforta. Realmente sienta bien, nos refuerza en momentos difíciles. Es necesaria y está presente en toda comunidad sana. El problema es cuando va tomando protagonismo hasta convertirse aparentemente en el objetivo de la relación social. Es entonces cuando sustituye a la interacción convirtiendo la conversación generadora de conocimiento, empoderadora, por una suerte diálogo que no es sino reafirmación permanente.

Reafirmación permanente. Necesidad compulsiva -y por tanto siempre insatisfecha- de reconocimiento. Una suerte de donjuanismo digital y patológico que nos suena tremendamente conocido: es una forma característica de la descomposición en nuestras cabezas. Pero no nos engañemos, como todo en la descomposición, lleva la marca de fábrica de la carencia de compromiso por todos lados. Por el que pide y por el que la da a bajo cote. El ansia de reconocimiento no vindica un hacer, sino un trato distintivo por ser. No faltan ejemplos cotidianos, desde el que exige en nombre de una «preparación» sin plantearse ponerse en marcha por si mismo, hasta la vindicación del carácter presuntamente meritorio de la pura autoexpresión. El resultado es un altivo pero también un poco torturado no-hacer, la reclusión en la soledad del diálogo de besugos o el intercambio de tópicos. Y para no ahogarse, nuevos reclamos de adhesión. Como una urticaria que se calma mientras la rascamos pero que un segundo después, precisamente por habernos rascado, empeora.

Y sin embargo, que la cultura de la adhesión tenga un horizonte y un fondo patológico, no niega su base: la adhesión engancha porque es necesaria y -en un contexto de interacción- sana. Por eso cuesta tanto defenderse de sus excesos.

Un lugar para la adhesión en nuestra vida digital

Escribir un blog cuesta más que mantener una cuenta de twitter. Obvio. Toda relación entre pares, toda elaboración de ideas, supone un esfuerzo mayor que repartir y recibir palmaditas en el hombro. Es simplemente otra liga. Hay que partir de que la adhesión no puede sustituir a la participación y la interacción. Pero la adhesión también tiene su lugar: repositorios de enlaces, comentarios, breves mails… nos sirven también para compartir y mostrar nuestro interés o aprobación por lo que dicen otros sin comprometernos demasiado. Y lógicamente, también para recibir reconocimiento.

Pero a las finales no debemos olvidar qué es lo que la socialización digital nos aporta: conocer pares, construir comunidad, aprender y… con suerte, aportar al comunal. El mundo de los afectos fáciles, de los amores fugaces, puede estar bien por un rato. Pero te seca al final. Y en tiempos de descomposición solo crear comunidad, la de verdad, aquella en que todos conocemos a todos en un construir juntos, nos empodera. Y si sabemos escuchar, eso resulta mucho más seductor que la banalidad de las métricas.

A fin de cuentas, hasta Don Juan sucumbió al encanto de una relación verdadera.

«El donjuanesco atractivo de twitter y la miseria de los afectos fáciles» recibió 0 desde que se publicó el martes 1 de enero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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