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El efecto red y los límites de la participación

Por qué la lógica de los incentivos en servicios centrados en la formación de un repositorio común y finito inevitablemente llevará a la formación oligarquías participativas relativamente estables.

Desde hace un par de meses soy un usuario fiel de 11870. Sin embargo no estoy registrado. Simplemente cada vez que voy a quedar con alguien para comer o salir, busco el sitio propuesto en 11870 y mando el enlace a los comensales. Dicho de otro modo, soy un miembro pasivo de la comunidad 11870 que no aparece reflejado en la estadística de pie de página, la que dice que en este momento la comunidad tiene 3.461 usuarios.

La idea de la que parto es que comunidades como 11870 no pueden valorarse exclusivamente por el número de usuarios que aportan contenidos, los registrados, puesto que usuarios como yo también lo hacemos, ampliando continuamente el conocimiento público sobre el servicio y utilizándolo regularmente.

Esto es algo que Ryan Turner viene trabajando hace tiempo, proponiendonos medir el grado de implicación e incluso tratar de forma individualizada a los usuarios en función de éste.

Es más, mi teoría es que en casos como éste, el efecto red tiende a incrementar más que proporcionalmente la proporción de usuarios pasivos conforme crece el valor de la comunidad y el servicio. Es decir un estancamiento o un ralentizamiento en el número de usuarios registrados, paralelo a un crecimiento sostenido de visitas, es lo previsible en caso de éxito; es más, es la medida de haber alcanzado el éxito.

Daré un ejemplo: usuarios como yo sólo estaremos motivados a incorporar contenidos cuando nuestros restaurantes habituales o favoritos no aparezcan. Pero conforme la comunidad activa vaya incorporando los suyos, es más probable que cualquier restaurante en el que quiera citar a mis amigos ya esté incorporado. Por tanto cuantos más contenidos estén ya registrados en el repositorio, menos incentivos tendré a unirme a los creadores de contenido.

Siguiendo la terminología que el otro día proponía Javier Cañada, mis incentivos como usuario egoista me harán cada vez más enlazar y enviar fichas de lugares en 11870, pero al tiempo me desincentivarán a convertirme en reportero gastronómico.

Normalmente el ejemplo típico de efecto red es el teléfono o el fax:

Para el tercer usuario de la red telefónica, acceder a la red suponía poder hablar con dos personas. Pero para el cuarto, poder hacerlo con tres… y así sucesivamente. Cuantos más miembros tiene la red de usuarios más valor tiene para un no miembro pertenecer a ella… y por otro lado menos aportaría al valor a la red si se sumara a ella (el valor marginal de la externalidad es decreciente).

Lo interesante es que a través de las experiencias de las comunidades 2.x descubrimos dos tipos de productos afectados por el efecto red de maneras muy diferentes:

  1. Aquellos en los que el valor de la red no orienta mi tipo de participación. Es decir, porque haya más usuarios de fax no decidiré simplemente recibirlos y me dará pereza enviarlos. Pasa así en todas las tecnologías de comunicación uno a uno.
  2. Los basados en la construcción colectiva de un repositorio de información común finito como fin en si mismo. Cuanto más cerca esté la comunidad del límite (de tener todos los restaurantes listados y comentados por ejemplo) menores son los incentivos para un uso activo y mayores para los de uno pasivo

Y esto me lleva a una reflexión más amplia que afecta a todos los servicios basados en la creación de una información común como objetivo, sean típicamente servicios web 2.0 (con un único output igual para todos los usuarios) como la wikipedia o digg o incluso algunos servicios web 2.1 (con un output personalizado para cada usuario) como 11870: la lógica de los incentivos en este tipo de servicios inevitablemente llevará a la formación oligarquías participativas relativamente estables.

Los ejemplos más radicales serían servicios web 2.0 tipo meneame o la prensa participativa. En ellos un pequeño grupo estable generará los contenidos (da igual si mediante el voto o mediante la redacción de los mismos) y una masa mayor de usuarios pasivos la consumirá y difundirá.

Esto tiene poco que ver con la distinción entre servicios fax y servicios vídeo, porque ocurrirá incluso en servicios como 11870 con un fuerte componente de “modelo vídeo”. Tiene que ver con la existencia o no del concepto de repositorio común como objetivo, tiene que ver con el rol de la identidad en el output final.

Tampoco tiene que ver con la idea de web 2.x ni con el carácter participativo. Servicios como feevy, que no generan un repositorio común, no tienen efectos red (me da igual cuanta gente use feevy, su valor, lo que aporta a mi blog, será igual para mi con 100 o con 3000 usuarios). Y servicios como Jumpcut que generan un repositorio común tan sólo como un medio para la creación personalizada, tampoco desincentivarán el paso de la participación pasiva a la activa, entre otras cosas porque el output objetivo no es en principio claramente delimitable o siquiera finito.

Primeras conclusiones

  1. Los servicios participativos de interés general como 11870 no pueden medir su éxito ni penetración exclusivamente por el número de usuarios activos. Los pasivos generan a partir de cierto nivel de desarrollo de contenidos más valor. Es más, la valoración no debería ser proporcional al número de usuarios que contribuyen en contenidos, sino normalmente, exponencial.
  2. En servicios necesariamente ideológicos basados en la generación colectiva de un repositorio común finito, como meneames o enciclopedias participativas, la formación de oligarquías participativas es inevitable. Eso hace tanto o más necesaria una distinción muy clara de la identidad de partida. Presentarse como servicio público llevará inevitablemente a la confusión entre la ideología de esa oligarquía participativa y un estándar de valores pretendidamente común a todos los mortales.
  3. En el caso particular del periodismo participativo es aún más importante saber que:
    • El número de generadores voluntarios de contenidos tiene un límite que se relaciona con el número de lectores. El número de lectores tiene una relación potencial con el número de generadores de contenidos. Nunca la participación en la generación de contenidos va a aproximarse a la participación pasiva. Al contrario.
    • Una vez más y dado que la formación de una oligarquía particiapativa es inevitable, la honestidad y la modestia ideológicas son fundamentales. No se puede pasar por servicio público lo que inevitablemente se va a convertir en relato de parte.

«El efecto red y los límites de la participación» recibió 0 desde que se publicó el lunes 2 de julio de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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