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El enemigo siempre está en casa

El terrorismo de red mide su poder por su capacidad para generar daño y utiliza la misma estructura de nuestras redes civiles para hacerlo. Estudiar la estructura y forma de desarrollar la red civil -que como vimos el 11S y el 11M se ha convertido en su arma principal- adquiere hoy un sentido realmente dramático. ¿Puede ayudarnos la teoría de redes?. Parece que si y que apunta resultados interesantes: en la red sobrevive al conflicto quien se descentraliza más y antes… pero también quien, para el mismo grado de descentralización, reparte el poder más igualitariamente.

En la versión electrónica de 11M: redes para ganar una guerra comentábamos que en un conflicto de swarming lleva ventaja siempre el que esté más descentralizado. Y sin embargo hay un punto de descentralización e interconexión tal, de densidad de red, en el cual el conflicto se hace episódico y prácticamente inviable. El maestro de los ciberpunks españoles, Juan Urrutia, en el epílogo, nos ponía a trabajar para fundamentar esa intuición. La cuestión de fondo es que entendemos que en cualquier organización en forma de red, el resultado de un conflicto disperso y no centralizado (el famoso swarming) dependerá en gran parte de su topografía. El objetivo es caracterizar qué topografías minimizan los daños ante un ataque disperso y qué topografías lo acrecentan.

Un poco de topografía de red

Para una primera aproximación tomaremos el ejemplo más sencillo: organizaremos todas las topografías posibles de una red de cuatro nodos según el número de conexiones que establezcamos entre ellos y su vulnerabilidad a un ataque exterior. Para ello imaginaremos que la red es una red de transporte y que en el momento cero en cada nodo hay un individuo que se moverá en el momento 1 desde el nodo en el que está a otro con igual probabilidad. De este modo, el daño máximo que podrá sufrir la red en el momento 1 será el número máximo de individuos que podrían coincidir en un sólo nodo. Imaginemos ahora que el enemigo exterior conoce qué nodo ha de atacar para producir ese daño máximo. El resultado real del daño es calculable como una esperanza matemática: el Daño Esperado en el momento 1 para cada topografía de red, sería el producto del daño máximo del momento 1 en esa topografía, multiplicado por las probabilidades de que los individuos implicados aparezcan por ahí. Esta esperanza será la que nos mida la vulnerabilidad de la red ante un ataque. Veamos la siguiente tabla:

 

Topografías de red de cuatro nodos y esperanza de daño asociada

El enemigo siempre está en casa

Como sugeríamos de entrada, cuanto más interconectada está la red menor es el daño esperado ante un ataque al nodo más vulnerable. Pero el resultado más interesante no es ese, sino el derivado de comparar la esperanza de daño de distintas redes para el mismo número de conexiones. Lo que nos dice el análisis es que en redes con el mismo grado de interconexión, la más grumosa es la más vulnerable. Es decir, cuanto menos se parezca a una unión de redes interconectadas, cuanto más homogéneo sea el reparto del número de conexiones entre los nodos, más resistente será la estructura. En otras palabras, cuanto más repartido y más igualitario sea el reparto de poder entre los nodos más probabilidades de supervivencia tiene el conjunto social.

La traducción de este resultado ha de sernos familiar. Cuando analizamos la reciente derrota neocon en Irak, el gran apagón norteamericano del verano pasado o la caída de la web española en Google a finales de 2002, encontramos en todos los casos un patrón similar. Los hubs, grandes conectores, que representan la acumulación de poder en las redes, son un peligro para la propia red en caso de ataque o fallo. Su poder deriva -cómo se vió cuando pasaron a ser de pago los principales periódicos españoles en la red– de la dependencia que de ellos tiene la estructura para mantenerse globalmente conectada. Tienen, en la red, poder de negociación: si se van, la red se desestructura. Son los nuevos señores feudales: grandes medios de comunicación, generadores de opinión, nodos de interconexión… Todos ellos un flanco fácil para quien quiera atacar la red.

En este mundo de red el poder de los hubs no es sino el simétrico del poder de los antagonistas, sean sobrecargas eléctricas o terrorismo de red, puesto que el poder de estos viene dado por el daño que pueden causar atacando un único nodo. ¿Queremos fortalecernos frente a un eventual ataque a nuestra red civil?. El enemigo siempre está en casa, la vulnerabilidad deriva de la concentración de poder. Cómo en las viejas novelas pulp de detectives basta con buscar al beneficiario de la concentración interna para saber quien favorece al enemigo exterior.

«El enemigo siempre está en casa» recibió 0 desde que se publicó el Martes 18 de Mayo de 2004 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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