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El evidente peligro de lo evidente

¿Quién querría ser el único agente predecible de un mundo impredecible?

Foucault en su despachoAyer comentaba a Antonio en su blog que su lectura de «Mirrorshades» se estaba perdiendo aquello que a mi juicio hace valioso al libro hoy: darnos la oportunidad de imaginar qué sentían los lectores de los ochenta al leer unas historias («Solsticio», «Zona Libre»…) que se desarrollaban en un mundo más parecido al nuestro que al suyo, marcado por la Guerra Fría y los tópicos de la cultura underground sesentayochista.

Esta mañana repasando las conferencias publicadas a lo largo de la noche en el canal TEDx de youtube, encuentro una titulada «Las raíces de la religión». Lo curioso es que en realidad habla de las bases fisiológicas de la capacidad simbólica y el pensamiento abstracto. ¿Por qué asociar una facultad así a los cultos religiosos? La razón no es otra que el contexto cultural norteamericano, donde la adopción de un credo y la integración en una comunidad religiosa forma parte del proceso de individualización y el debate sobre el supuesto «carácter natural» del sentimiento que alimenta la pertenencia a cultos varios está al orden del día.

Entonces recordé otra conferencia que me llamó la atención en estos días. En ella una profesora de Historia contaba cómo sus alumnos criticaban regularmente al equipo de profesores del departamento por «no mantener el foco», «irse por las ramas», «entrar en largas digresiones»… En realidad estaban demandando un relato lineal, concreción. En pocas palabras: sintaxis publicitaria, no erudición contextual.

Paradojicamente la demanda de los alumnos seguramente explique por qué la profesora estaba dando un TEDx. Cada vez más universidades norteamericanas están organizando este tipo de eventos como forma de «demo» virtual, en sus esfuerzos por captar a los mejores alumnos, los que compararían el estilo de los docentes de las distintas universidades viendo sus respectivos TEDx. Si el potencial alumno siente tras los 12 minutos de charla que ha aprendido algo, que ha absorbido información y ha sido seducido por el relato, valorará mejor a la universidad organizadora.

Pero como demuestra en su misma charla, lo interesante es todo lo que queda fuera del cuento principal, lo que conecta a George Washington cruzando el río Delaware con los talibanes, a los hessianos con el Kaiser y a este con Julio César… Lo valioso en una historia, nos viene a decir, son sus contextos, que son los que le permiten tener distintos niveles de lectura y al mismo tiempo la hacen «inspiradora» más allá de la moraleja o lo obvio porque unen escenas y elementos dispares permitiendo que cada oyente los conecte de una manera original. Exigiendo relatos lineales, cerrándonos a la seducción de los cuentos «hipertextuales» que entreabren las puertas de otras muchas historias, tendremos que esforzarnos menos… pero nos empoderaremos mucho menos también. Cuanto más lineal y cerrado sea una narración más cerca estará del adoctrinamiento y el adiestramiento y más lejos de alentar la generación de conocimiento. En el límite, la publicidad y el adoctrinamiento: cuentos sencillos y unívocos destinados a provocar adhesión.

En el viejo mundo, el mundo de las grandes escalas de producción y distribución, el mundo de la televisión y los medios de comunicación masivos y unidireccionales, los contextos fueron «limpiándose» de cualquier contexto particular o erudito. La sintaxis periodística y publicitaria buscaba transmitir la moraleja, el mensaje, sin que nadie se perdiera por las ramas de sus contextos. Los contenidos de fueron haciendo cada vez más planos, buscando un único nivel de interpretación basado en el «minimo contexto común» necesario para la comprensión. El «make it simple» reducía la responsabilidad del oyente y el «premio» que recibía por haber ganado una referencias y lecturas. Todo se hacía más «accesible» conforme se aplanaba y vulgarizaba. El resultado de esta tendencia a la irresponsabilización del oyente/estudiante/usuario ha sido fatal: por una lado una cultura más elitista que nunca porque no nos engañemos, nunca ha habido una fosa tan marcada entre la gente que recibía preparación y las personas cultas. Por otro lado, como no hay cambio cultural sin consecuencias políticas, esa lógica de la usabilidad de los relatos y el uso de las cosas, ha ido horadando la inculturación de las tecnologías distribuidas, alimentado el dospuntocerismo y la sustitución de la interacción entre pares por una cada vez más empobrecedora cultura de la adhesión.

En un mundo que solo puede representarse como un sistema complejo, lleno de paradojas, contradicciones y variaciones inesperadas en los resultados, quedarse en lo evidente, ignorar los contextos y cómo interactúan, no es solo empobrecedor, es peligroso.

¿O alguien cree que ser el único agente predecible de un mundo impredecible le aportará más autonomía?

«El evidente peligro de lo evidente» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 20 de Diciembre de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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