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El Go y las rutas del mar

A lo largo de casi dos mil años, el Go llegó a Occidente al menos tres veces, y las tres como grumete exquisito de las rutas marítimas entre Europa y Asia.

Base naval de Pula
china-imperio-romanoEl Go llegó a Occidente al menos tres veces, y las tres como grumete. Seguramente la primera fuera consecuencia de las primeras relaciones entre los emperadores Han y el Imperio romano. En esa época florecen súbitamente tableros de 17×17 en todo el Occidente del Imperio, apuntando que un nuevo tipo de «calculi» (juego de cuentas) ha hecho furor. La aparición posterior en la periferia occidental del imperio de juegos basados en «rodear» las piezas del contrario, parecerían subrayar la influencia de esta primera incursión temprana del juego.

fcojavierSea como fuere, la práctica del «calculi» se perdió con la descomposición del Imperio Romano, y Europa debió esperar a los viajes de los misioneros jesuitas a China. Tras el fracaso inicial de Francisco Javier, el también jesuita Matteo Ricci conseguirá finalmente establecerse en China. Sus memorias, recopiladas por Trigault en 1616, «descubrirán» el Go a sus contemporáneos europeos, llamando la atención de Selenius y Leibnitz. Este último le dedicará incluso un opúsculo. Pero esta vez el grumete exquisito no consiguió fructificar.

jonakEl Go volvería, ahora desde Japón, a consecuencia de la revolución Meiji (1868). Es entonces cuando Oskar Korschelt, un ingeniero que se asienta en Japón para crear la primera fábrica nipona de cerveza, escribe el primer manual sobre el juego en una lengua europea. El manual llamará la atención de los Lasker y de algunos ajedrecistas berlineses. Pero para cuando sus conversaciones comienzan a expandir el modesto grupo de aficionados original, ya existen clubes por toda Europa Central y ha llegado a las principales universidades norteamericanas.

El Go se había colado como grumete otra vez. El Imperio Austrohúngaro es entonces una gran potencia naval. Desde su base adriática en Pola, hoy Croacia, los barcos de guerra centroeuropeos se incorporan a la agitada diplomacia de las potencias occidentales en Asia. En uno de ellos llegará a Japón un joven oficial: Arthur Jonak von Freyenwald (no confundir con su primo Hans, agitador xenófobo y antisemita). Acaba de leer uno de los primeros manuales europeos sobre Go, escrito por el físico alemán Leopold Pfandler, y al parecer comienza a practicar con otros oficiales navales japoneses.

goban de jonakA su vuelta a Pola, Jonak empieza a enseñar a jugar a quien puede, manda cartas a sus amigos, crea el primer club de Go europeo–que llegaría a tener 200 miembros–y se convierte en el primer gran activista del juego:

Con pasión y energía, Jonak se dedicó a ganar nuevos conversos para su juego, la mayoría entre la oficialidad joven. En poco tiempo atrajo a un cierto número de jugadores entusiastas de Go. Ellos a su momento ganaron a más jugadores, hasta que pareció casi una epidemia. El Go se jugaba en las cubiertas de los barcos, en los cafés, en los clubes navales, etc. Pronto una librería de Pula tuvo disponibles equipos de Go con piedras de cristal y tableros de madera. Fue Jonak quien más hizo por dar a conocer el juego, y por su devoción y actividad incansable le dieron el sobrenombre de «Jonak Go-Got» (Jonak, dios del Go)

Jonak moriría más adelante en una acción de guerra y los anales de la marina austriaca le recuerdan como un «martir», pero su trascendencia vendría por ese «Go-Got» con el que le habían apodado sus compañeros.

Einstein y MasayoshiEs verdad que tras su muerte, el club de Pola pierde fuelle cuando sus miembros son «repatriados» a los nuevos estados nacidos de la división del viejo Imperio. Y en realidad será eso lo que ponga el «meme» del Go en marcha. Muchos de aquellos oficiales jóvenes se establecerán en Viena, y no hay que olvidar que la Austria de entreguerras también es una potencia cultural. El club de Go de la Marina de Viena servirá de centro de difusión y pronto se empieza a jugar también en el Instituto de Física de la Universidad de Viena. Allí descubren y se aficionan algunos de los mayores científicos del nuevo siglo, como Litse Meitner, Max Planck o Albert Einstein, que lo introducirán después en los ambientes académicos de Europa y EEUU, pero también Sigmund Freud, que lo descubre de la mano de su íntimo amigo Ernst Fleischl von Marxow.

El grumete, tras siglos de ausencia, ha conseguido echar raíces de nuevo en tierra. Aunque desde luego, nunca se quitará la sal del todo, y todavía hoy, desde Villach a Bilbao, el amor por el juego de la razón sigue asociado a cierta nostalgia del mar.

«El Go y las rutas del mar» recibió 13 desde que se publicó el martes 8 de abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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