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El gran salto adelante

Mientras Europa está inmersa en un proceso de reconfiguración del que todavía ignoramos los resultados, en Asia comienza a tomar forma un nuevo sistema de alianzas políticas, comerciales y tecnológicas que pueden sentar las bases de un nuevo orden mundial para las próximas décadas.

Cuando el pasado 27 de junio el avión del primer ministro indio, Atal Bihari Vajpayee, tomó tierra en el aeropuerto de Nueva Delhi, todo parecía indicar que el conflicto soterrado entre su país y China podía darse por acabado o, por lo menos, así debía considerarse oficialmente. A juzgar por las declaraciones de los dos protagonistas del encuentro, Vajpayee y Zhu Rongji, las negociaciones habían sido un completo éxito: ambas partes habían conseguido sentar las bases para intensificar el intercambio comercial, turístico, científico y tecnológico a través de sus fronteras, lo cual no sólo estabilizaría las relaciones entre los dos países más poblados del planeta, sino que también demarcaría sus nuevas áreas de influencia.

Demasiadas concesiones

Sin embargo, a pesar del optimismo inicial, los sectores más radicales del partido popular indio (Bhanatiya Janata Party) -al que pertenece el gobierno actual- no se mostraban en absoluto contentos. La postura del primer ministro Vajpayee se ha considerado demasiado complaciente. Para empezar, se han frustrado las esperanzas que muchos exiliados tibetanos n India y Nepal tenían de que intercediera ante el gobierno chino para conceder una mayor autonomía a Tíbet. No sólo pasó por alto la cuestión, sino que se comprometió a evitar las actividades políticas del Dalai Lama en territorio indio, lo cual resultaba del todo incomprensible, ya que Vajpayee ha sido durante mucho tiempo uno de los partidarios más fervientes de la causa tibetana.

Por otra parte, India se comprometía a tener en cuenta los intereses chinos a la hora de negociar con Nepal, país al que hasta este año había brindado todo su apoyo y al que ahora comienza a dejar de lado, justo cuando es más necesario. Tras el asesinato de la familia real en 2001, la situación política no ha dejado de empeorar: el gobierno está cada vez más desprestigiado y la guerrilla maoísta, apoyada de manera más o menos encubierta por China, se extiende por todo el país con gran rapidez. La guerrilla, de hecho, ha visto con buenos ojos esta reunión y, según un comunicado, la considera el primer paso para la formación de un bloque político, económico y militar que se oponga a Estados Unidos.

Se expande la esfera de influencia china

No cabe duda de que la gran vencedora tras estos acuerdos es China. No sólo ha conseguido que uno de sus antagonistas más poderosos en la región se pliegue a sus designios (incluida la idea de un solo país, con el consiguiente perjuicio de Taiwan), sino que le brinda en bandeja el control del Himalaya. Desde la invasión de Tíbet en 1951, que permitió llevar sus fronteras hasta el centro de Asia, China no ha dejado de reivindicar sus derechos sobre los pequeños reinos y principados del Himalaya. No en vano, Mao llegó a decir que su mano en aquella región estaba formada por Tíbet, la palma, y Sikkim, Bhután, Nepal, Ladakh y Arunachal Pradesh, los dedos. Con la connivencia de India, el sueño del Gran Timonel parece realizarse.

¿Y Occidente?

Partamos de la base de que Europa no cuenta demasiado. La ruptura del pacto atlántico impulsada por los gobiernos francés y alemán, los resultados de las políticas económicas comunitarias y la desinformación y el desinterés de su opinión pública, si no se remedian en poco tiempo, dejarán al continente fuera de juego.

Estados Unidos, por su parte, se encuentra en una posición muy comprometida. Si bien no manifestó oficialmente ninguna preocupación por los acuerdos entre China e India ni tampoco por los resultados de la Conferencia de Shanghai del mes de septiembre, comienzan a surgir los primeros recelos. El expansionismo tecnológico y comercial chino, la devaluación del yuan y el desarrollo de su programa espacial pueden afectar muy gravemente a la economía estadounidense y, a la larga, a la europea. Sin embargo, los sustanciosos contratos comerciales suscritos entre el gobierno chino y diversas empresas como Oracle, Intel, Microsoft, IBM o Lockheed Martin impiden que puedan llevarse a cabo medidas que compense ese crecimiento.

¿Vuelta a la confrontación de Bloques?

Vista la situación, los llamamientos a la paz mundial por parte de los gobiernos indio y chino no resultan demasiado convincentes. Las alianzas que está tejiendo China le permitirán formar un área de influencia muy grande, desde los Urales a Vladivostok y desde el Ártico hasta el Índico, muy rica en recursos naturales (y en especial petrolíferos) e integrada por países con capacidad para la guerra nuclear. Y aunque todos invocan la multipolaridad, lo cierto es que el panorama, con las salvedades oportunas, comienza a recordar al vivido durante los años setenta y ochenta, si bien esta vez el envite económico, tecnológico y militar vendrá de Oriente.

¿Es posible que dentro de unos diez o veinte años tengamos que hablar de una Pax sinica?

«El gran salto adelante» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 3 de Octubre de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Javier Lorente.

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