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El indiano y la princesa oriental

En el día de las Indias de este año un cuento, una historia de princesas orientales, de esas que juegan en los bancos de arena de los parques y preguntan -como debe hacerse- por lo que no entienden. ¡¡Feliz año nuevo a todos!!

Una niña vestida de princesa con una diadema de algodón y una capa de felpa morada, se acercó al indiano en el parque, en el sitio donde el bancal de arena da ya con la calle, al final de la plaza.

– ¿De dónde sos?
– Nací en Madrid, me crié en una pequeña ciudad del Norte de Africa, luego viví en otra que estaba enfrente, en el lado de Europa, luego en otro del Mediterráneo y luego en Madrid. Siempre viaje mucho y ahora vivo en Montevideo.
– ¿Sos uruguayo?
– No, soy indiano.
– ¿Indiano? ¿De India?
– No, de las Indias, que suena igual pero no es lo mismo.
– Y éso ¿dónde está? ¿en Africa? ¿En Barcelona?
– No, está en el mapa pero no se ve en el mapa.

La niña sonrió al modo en que sonríen los niños cuando algo les choca: preguntando con los ojos.

– ¿Viste que el mapa es como un rompecabezas?
– ¿Un rompecabezas?
– Sí, un puzzle.
– ¿El mapa es como un puzzle?

El indiano hizo un mapa del mundo con el dedo sobre la arena trazando el contorno los distintos países mientras seguía hablando

– Sí, mira, el mapa divide la tierra del mundo en cachitos, cada uno de un color. A un cachito le llamas Argentina y a la gente que vive encima les llamas argentinos, al trozo que queda un poco más allá le llamas Uruguay y a la gente que vive en ese trozo que separaste les llamas uruguayos…
– Sí, y a los que viven en Brasil les llamás brasileiros.
– Así es, pero imagínate que para cuando pensabas que ya todos tenían un nombre y una pieza en el mapa, descubres que se te olvidó poner a gente encima y ya no te quedan trozos. ¿Qué harías? ¿Dónde los pondrías?
– mmmm… los echaría encima
– ¿Cómo encima?
– ¡Así!

Y la niña tiró un montón de arena sobre el suelo

-Pero claro -dijo el indiano- mientras los tuviste juntos, se habían hecho amigos, cocinaban juntos, hacían fiestas juntos, trabajaban juntos… ¿Qué crees que harían al caer cada uno en un sitio?
– Se buscarían
– ¡¡Exacto!! Y al buscarse seguirían haciendo lo que hacían antes pero en distintos lugares, a veces sobre una pieza, a veces sobre otra y siempre saltando de una a otra, ¿no crees?
– ¡¡Si!! ¡Es divertido!
– Exacto, pero entonces ¿cómo les llamarías?
– ¿Cómo les llamaría?
– Claro, no les llamarías argentinos, ni uruguayos, ni españoles… porque andarían de un lado a otro, mezclándose con unos y con otros.
– Les llamaría por su nombre porque no tienen una pieza para ellos solos.
– ¡Claro! Y ellos llamarían a cada uno que conocieran por su nombre porque para ellos no hay piezas en el mapa, sólo les importa la gente, por eso viajan.

El indiano tomo entonces parte de la arena que la niña había tirado y la reagrupo sobre un sitio, luego la volvió a agarrar y la puso sobre otro…

– ¿Ves que cada vez que se mueven se mezclan un poco?
– Sí
– ¿Y que cada vez que se mueven a un lado nuevo también quedan en el anterior?
– Sí
– ¿Y ves que el dibujo que hacen los montoncitos de ellos va cambiando todo el tiempo?
– Sí -dijo la niña- es como si ellos fueran otra pieza, ¡¡una pieza que cambia de forma!!
– …
– ¡¡Eso son las Indias!! -dijo la niña que ya había entendido todo… o casi todo, porque de repente se le iluminaron los ojos, levantó la vista y dijo fuerte y muy rápido:
– ¡¡Y entonces vos sos de arena!!

Pero el indiano ya no estaba. Sólo había más arena en el bancal, tanta que las líneas del mapa ya ni se veían.

«El indiano y la princesa oriental» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 2 de Octubre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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