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El largo ciclo de Mitra

Si el cristianismo ha dado a Europa relatos, tabúes, y valores que siguen siendo hegemónicos, el mitraísmo fue el mito cohesionador de la primera forma social de un comunitarismo cosmopolita basado en una ética de la responsabilidad personal. Algo no menor para la definición de eso que llaman «cultura occidental».

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mitra
Religio en la Roma clásica, implicaba una obligación jurídica ligada a la pertenencia a la comunidad consistente en honrar simbólicamente aquellos valores que constituían la base de la convivencia, y por tanto el vínculo político básico. Abandonar el culto público a esos valores significaba abandonar un pilar de la cohesión social, y era considerado negligencia, una palabra, que como religio, derivaba de religare (relacionar, reunir, vincular, asociar).

Esta idea de los dioses como alegorías estilizadas de valores sociales, tan lejana del concepto de «fe» tal y como se entiende hoy por influjo de los monoteísmos, no nació en un día. La religio romana evolucionó primero desde un culto original animista basado en genius (el espíritu inmanente de personas, comunidades y eventos, opuesto al animus, estado de ánimo u opinión), Manes (antepasados), y númenes (espíritus de los lugares y más adelante de los fenómenos naturales) hacia una religión campesina con dioses especializados.

Al consolidarse una sociedad urbana, algunos dioses como Vesta evolucionaron para expresar conceptos fundamentales de la convivencia política (como el dentro/fuera) y finalmente aparecen las deificaciones alegóricas como Fides, Virtus, Liberalitas, etc. Todos estos dioses carecen de mitología en el sentido griego, no tienen un conjunto de relatos y cuentos que articulen una biografía sagrada. Los dioses romanos siempre oscilarán entre la inmanencia del numen y la estilización alegórica de las virtudes deificadas.

Y es que lo interesante es que el politeísmo republicano había llamado dioses a las alegorías de los valores sociales que sostenían los fundamentos del estado (en parte también para reducir convenientemente a alegorías las superstitios más peligrosas para la convivencia, casi todas venidas de Oriente, como los cultos de Apis y Ceres en una época y luego los cultos ísicos o el mismo judaísmo), convirtiendo el ritual público (la religio) en una ceremoniosidad que servía de cohesionador social.

Virtus y HonosSin embargo, al crecer el contacto con otras culturas y surgir la necesidad de integrar creencias y cultos en un sistema común y diverso, la religio romana tuvo la sabiduría de establecer equivalencias y paralelismos, adoptando y fusionando relatos de los diferentes dioses que absorbía en una literatura que se entendía como alegórica, y que permitía incluso la invención abierta si era útil al posicionamiento político o la convivencia (como Virgilio y su Eneida). Por eso escribe Cicerón en «Sobre las leyes»:

Es conveniente también divinizar las virtudes humanas como la Inteligencia, la Pietas, la Virtus, y la Fides. En Roma, todas estas virtudes tienen templos consagrados oficialmente, de modo que aquellos que las poseen (y ciertamente las poseen los hombres de buena fe) creen que de esta manera los dioses se instalan en sus espíritus.

Para entender cabalmente esta cita de Cicerón hay que retomar, claro, esas mismas virtudes en su contexto original. La Piedad en términos romanos, la pietas, es un sentimiento de respeto y deber hacia aquellos conjuntos que se comparten y aman: la familia, la patria, etc. La fe, de la que habla es la virtud de la fides, es decir, el «compromiso con la palabra dada», porque un «fiel» no era todavía alguien sumiso a un credo o una fe, sino alguien en quien se podía confiar porque cumplía sus compromisos. Y la virtus no era sino la superación personal y el coraje en pos del interés colectivo o el bien público.

Las divinidades, los dioses de la madurez republicana y el principio del Imperio, son en realidad arquetipos alegóricos. Y si divinizar al genius de Augusto era reconocer en su obra el arquetipo del buen gobierno, la instalación de la que habla Cicerón no es otra cosa que inspiración individual mediante ceremonias sociales de valores positivos a la convivencia y la supervivencia de la comunidad. La Pax Deorum es en realidad el camino ceremonial (sacra publica) para apuntalar la paz social.

¿Qué era la religio romana entonces? Fundamentalmente un ritual social para la transmisión y celebración permanente de los valores que se consideraban fundamento de la cohesión social.

Mitra, la crisis de los valores republicanos, y el fin de la religio

Cuando el sistema republicano entra en descomposición, aparecen una serie de cultos en los que el centro del relato no son las actitudes sociales, sino las individuales. Se hacen populares las biografías y autobiografías edificantes, sectores crecientes de la población buscan en dioses orientales y cultos iniciáticos alimento para una introspección que originalmente era ajena a las tradiciones romanas.

En vez de las interpretaciones cosmológicas, pertinentes en sus orígenes persas, el ciclo de Mitra tal y como queda configurado en los primeros siglos de la era cristiana, debe leerse como parte de la «vuelta a la comunidad» que siguió a la constatación del fracaso del sistema imperial para restaurar los valores republicanos.

El ciclo mitraico romano es especialmente interesante precisamente porque elabora, sobre la cosmogonía de un dios anterior persa, un relato moral en el que por primera vez, un humano es el centro y es caracterizado como un ser ético y soberano. Las ideas de inteligencia, abundancia y libertad aparecen por primera vez en su forma contemporánea (la Libertas republicana no era una libertad moral, sino libertad pública) y vinculadas a través de una reflexión moral en la que la duda y la decisión se colocan en un plano superior al destino o la voluntad de los dioses.

La relación entre el culto de Mitra -especialmente extendido en las legiones y entre los mercaderes cosmopolitas- con la descomposición de la sociedad romana es evidente. El Mitra romano no es un dios-hombre, sino un hombre genérico que se gana un espacio propio frente a los dioses, produciendo abundancia para todos. Este carácter genérico y humano, se subraya en la idea de que el ciclo en sí mismo tiene un fin, intuyéndose un nuevo ciclo semejante.

El ciclo mitraico

nacimiento de mitraMitra nace de una roca que toma vida. En algunas versiones, una serpiente rompe la roca permitiéndole salir. En su mano, un globo terráqueo toma forma con él. El nacimiento de una sola persona–y veremos que Mitra en realidad simboliza a toda persona–es el nacimiento de un mundo, sólo aquello que representa a la Naturaleza le acompaña. Nace con una antorcha (foculum, pequeña llama), la inteligencia, y un gorro frigio. El gorro frigio era el símbolo en la época que se entregaba a los esclavos que se liberaban. Es decir, Mitra, al nacer, recibe de la naturaleza libertad e inteligencia. Saturno (la Naturaleza cultivada) le entrega además un gladio, una espada corta, un instrumento de lucha.

A partir de ahí los relatos difieren en el número de aventuras y su objetivo, seguramente respondiendo a distintas necesidades culturales locales. Pero vuelven a confluir en cinco escenas:

  • el milagro de la roca
  • la captura del toro
  • la Tauroctonía
  • la sumisión del Sol
  • el banquete
  • y finalmente, su ascensión solar.

El «milagro de la roca», en el que Mitra hace manar agua de una roca disparando una flecha a una piedra en su centro, es una metáfora muy similar a otras posteriores sobre el uso de instrumentos de precisión y fuerza. Representa la capacidad para satisfacer lo necesario con decisión e inteligencia, con fuerza y control.

La Tauroctonía comienza cuando Mitra recibe la visita de un cuervo, el mensajero de Helios (Sol), Mercurio (comercio), etc… El cuervo le encomienda una misión y se la presenta como fatum, como destino decidido por los dioses.

Y Mitra duda.

No sabe si atender la orden de Helios o no. ¿Por qué? Porque no entiende su finalidad. Lo que el mensaje le ordena es que encuentre al toro originario, un ser gigantesco y anterior a él, y que sacrifique su muerte en una cueva elegida por el mismísimo Helios.

El toro representa lo existente, lo anterior, lo que vive en el mundo en el que Mitra ha nacido… ¿y su destino es matarlo? El episodio de las dudas y cavilaciones se prolonga, mostrando claramente la soberanía de Mitra para remarcar que es él quien elige su destino, que no son los dioses los dueños de sus actos sino él mismo… aunque la decisión la tome sin saber y entender en su totalidad el deseo de Helios.

Cuando Mitra encuentra al toro y se enfrenta a él, descubre que sus fuerzas no son suficientes para derrotarle. Intenta entonces cabalgarlo, domesticarlo. Pero tampoco puede. Opta finalmente por resistir asido de sus cuernos… y tras una agotadora cabalgada por el mundo, la estrategia funciona: el toro cae exánime.

Pero ahí no acaba la tarea. Mitra debe llevarlo a la cueva. Cansado, con el monstruoso toro sobre sus hombros, emprende un camino que será doloroso y agotador. La imagen es potentísima: el peso del viejo mundo, el peso de las propias decisiones, la resistencia, ahora, a interrumpir la tarea…

Finalmente llega a la cueva. Es acompañado de Cautes (aurora) y Cautópates (ocaso) que le abren el paso con antorchas. Está angustiado (y es curioso como este rasgo es destacado en las interpretaciones de la tauroctonía), busca a Helios con los ojos, pero finalmente–con el gladio regalado por Saturno–corta la yugular del toro. Espera que mane un torrente de sangre… pero fluyen sin parar granos y vegetales comestibles. Aparece un lobo, (a veces un perro) que simboliza aquí a la Humanidad, disfrutando de la abundancia que Mitra crea mediante el sacrificio (en su sentido literal de acto significativo) que culmina su tarea. También llega una serpiente (conocimiento/rejuvenecimiento), y Mitra entiende entonces el significado de su misión. Y de hecho la excede: corta el sexo del toro y de la herida brotan las especies domesticables. El constante fluir de vida y diversidad solo se interrumpe cuando un escorpión (la muerte) pica en los testículos al toro. Ni siquiera el acto creador escapa de ese destino.

Entonces el cuervo trae un nuevo mensaje: Mitra ha de llevar a campo abierto la carne de la res para preparar un banquete. Un león (el rey del mundo que ha muerto) y que había aparecido, en algunos relatos, junto al lobo y la serpiente, le ayuda a despedazar y portar el abundante alimento surgido del sacrificio.

Cuando llega, Helios le hace un homenaje, se postra y le coloca su corona solar. Mitra es un dios ahora. Y es dios por haber creado un mundo que ahora está naciendo. El mensaje es claro: si las personas cumplen su destino transformador, la vida llegará–tras la duda, la lucha, el esfuerzo, y una serie de actos significativos–a convertirse en una celebración de la abundancia en la que los propios dioses se postrarán ante el poder del cambio.

Tras disfrutar con todos los seres del banquete de la abundancia, Helios llama de nuevo a Mitra. Llega el ocaso de su propio mundo. Como ya nos había contado el escorpión, Mitra–y su creación–siquiera se gane ser un dios, no desconocerá la muerte. En un carro de fuego, ambos se elevan hacia el ocaso.

Características de las celebraciones mitraicas

Los cultos se practicaban en mitreos, muchos de ellos cuevas cercanas a ríos o cauces de agua. Sin embargo la mayoría de los que han llegado hasta nosotros eran construcciones anexas a casas o establecimientos militares.

La forma, alargada y rectangular, permitía la celebración de banquetes rituales. A veces, además de un atrio o salón de pasos perdidos, se incorporaban vestuarios y piscinas para baños (como en Mérida).

Parece que la bancada derecha estaba asociada a Cautes (amanecer), y la izquierda a Cautópates (anochecer), y que los grados superiores se sentaban en la bancada de la derecha –como en los rituales gremiales–, representándose en el techo del Mitreo –muchas veces una cueva-«speleum»– el cielo estrellado sobre el que viaja el Sol.

Las comunidades no podían tener más de 40 varones de manera estable, cuando se superaba a ése número –antes en todo caso de alcanzar el medio centenar– la comunidad se dividía en dos (lo que nos remite al número de Dunbar). Se reunían, al menos, los domingos (día del Sol). Las ceremonias seguramente eran precedidas de abluciones o baños rituales. Los restos de lámparas con figuras de Mitra y representaciones de la Tauroctonía preparados para ser iluminados desde la parte de atrás apuntan a que arrancaban con algún «encendido» del espacio, pasándose después a una libatio o un brindis que incluiría una marca con vino en la frente (como se hace todavía en las bendiciones populares) y un banquete ritualizado que arrancaría repartiendo panecillos y distintos alimentos representativos de la abundancia generada en el sacrificio del toro. Es posible, dada su aparición en las iniciaciones, que las reuniones culminaran con algún tipo de choque de manos o «cadena de unión».

El relato del mito se transmitía a través de tres niveles (cuervo, león y padre) que luego se elevarían a siete tras una serie de iniciaciones a cada grado («sacramentum») cuyo objetivo era exaltar la serenidad del iniciado.

iniciacion-2Al parecer, por lo que nos describen los frescos en el mitreo de Capua Vetere, en el primer grado (el cuervo) se conducía al aspirante, vendado y desnudo al mitreo. Al entrar a la «cueva» (speleum) se le hacía agacharse y se le ataban las manos a la espalda, mostrándole el pater (con gorro frigio) una antorcha para que intuyera la luz a través de su venda. Es de suponer que tras unas preguntas rituales, se establecía algún tipo de analogía con el cuervo (portador de la luz); según el relato de Ambrosiaster -un propagandista cristiano antimitraico- los miembros de la comunidad agitaban los brazos haciendo viento y graznaban como cuervos, tras lo que su «liberator», quitaba la venda.

mithras-solPosiblemente la cuarta prueba simbólica estuviera relacionada con el agua y varios testimonios de padres de la Iglesia sugieren incluso un bautizo ritual. El paralelismo con las iniciaciones masónicas dieciochescas es hasta aquí sorprendente (pruebas del fuego y el viento, «dar la luz», prueba del agua, …). Sobre todo teniendo en cuenta que hasta finales del siglo XIX, con la obra seminal de Cumont, no se empezó a conocer minimamente el mitraismo. La incorporación del caduceo entre los símbolos del grado del cuervo podría indicar su uso ritual al final de la iniciación para «resucitar» al iniciante y tomar sus votos. Hay quien ha visto en esta posibilidad un antecedente de las espadas flamígeras gremiales, pero no hay registro suficiente para asegurarlo.

La ceremonia -tal vez todas las reuniones- se cerraban con un «apretón» o «cadena de manos» al iniciado, convertido ya uno de los «syndexioi», los miembros de la comunidad. «Sindexioi» significa literalmente «unidos por las manos», creando un paralelismo con el reconocimiento de Mitra por Helios tras el banquete del toro. Quién sabe si no estamos ante un antecedente directo del «darse la paz» de la misa cristiana y de la «cadena de unión» de masones y scouts.

Según Cumont, los «cuervos» cumplían una función similar a la de los aprendices en las celebraciones gremiales: atendían la mesa y servían y cuidaban el speleum, pero no tomaban parte de los banquetes rituales de los que eran espectadores y camareros. Solo los grados «participantes» (de «león» para arriba) eran pues miembros plenos de la comunidad. De aquí, apunta Cumont, podría venir la asociación con el cuervo, servidor del Sol.

De los dos grados siguientes, «nimphus» y «miles», sabemos poco, seguramente por haber sido segregados de la formación de los cuervos e incorporados tardíamente a la liturgia. Cumont relata, basándose en propagandistas cristianos de la época, que los «nimphus» llevarían un velo y se mantendrían en un lugar propio en el templo invisibles a los demás miembros. Mostrarlos («ostendere») constituiría un acto solemne en si mismo, seguramente parte de la iniciación al siguiente grado. Apunta también que la ceremonia de los «miles» coronaba con laureles al iniciante. Laureles que el iniciado debía rechazar -como a partir de entonces toda condecoración u honor público- diciendo «pertenecen a mi dios».

El paso al cuarto grado, «león», significaba un salto mayor en la medida en que permitía tomar parte del banquete ritual. El «exaltado» tenía que vencer simbólicamente a la muerte (del mismo modo que el Toro debía morir antes de reaparecer como león en el banquete con los dioses). Así, su ceremonia incluía una muerte y un renacer simbólicos, seguramente una historia interpretada frente o el propio iniciado, un ceremonial iniciático típico de los cultos solares, que aparece también siglos más tarde en las ceremonias «escocesas» del paso a la maestría.

Del grado de «león» se separaron posteriormente también otros dos grados: «perses» y «heliodromus», de los que sabemos poco porque seguramente tampoco aportaran elementos centrales del relato, sino ciertos spin-offs o historias marginalia, al modo de la multiplicación dieciochesca de grados en las primeras logias simbólicas. Sabemos, eso sí, que a estos dos grados «superiores», se les entregaba ya el gorro frigio y debían llevarlo en el templo.

El último grado, «pater», parece que originalmente era un título reservado -al modo griego- al director de los servicios y dinamizador de la comunidad del culto, pero que luego evolucionó hacia un grado que unía a todos aquellos que habían realizado esa tarea o estaban, por haber llegado a la «apatía» estoica, la serenidad íntima, en disposición de asumirlo.

Como todo sistema de grados en una comunidad puramente de culto uno de los atractivos principales de las comunidades mitraicas residía en el cultivo de la fraternidad y la disolución de las jerarquías sociales externas. La epigrafía nos muestra como esclavos libertos llegaban con cierta frecuencia no solo al grado de león o pater, sino ocupar un lugar preponderante en la estructura social de la comunidad. Estas eran, al menos desde tiempos de Nerón, asociaciones civiles legales, con su propia jerarquía paralela de cargos destinados no solo a cuidar y mantener economicamente el templo, los rituales y ceremonias públicas (entierros, bodas, etc.) sino en muchos casos cofradías de socorros mutuos que sufragaban algún tipo de seguro mutualizado básico (de vida, deceso, etc.).

Originalidad y trascendencia del mitraismo

Pater mitraicoLa mayoría de los historiadores de la religión comienzan por destacar la particularidad que el mitraismo representa en relación tanto a la religio como a los cultos mistéricos tanto clásicos como orientales, de los que se diferencia fácilmente, pues simplemente no tiene elementos sobrenaturales.

Y es que a pesar de que se ha destacado mucho su relación con el cristianismo, pues el cristianismo tomó de los mitreos no poca cantidad de símbolos e incluso relatos y celebraciones, el Mitra romano nunca se pretendió un dios material, histórico, que interactúa con los humanos como el dios persa del mismo nombre o su equivalente judío. De hecho, no es–como todos los dioses de la religio–más que una alegoría. Lo particular es que no es la alegoría de un valor, una actividad o un comportamiento social, sino del camino vital y las potencialidades presentes en cada persona.

En realidad el mitraísmo es pura y simplemente el primer programa de desarrollo personal del que tenemos registro histórico. De ahí su trascendencia y la reaparición constante de elementos que le son originales en las principales formas de ceremoniosidad de la comunidad real posteriores, y en especial en las de los gremios medievales y como hemos visto, las de los masones de la Ilustración.

¿Tuvieron continuidad los mitreos en la Edad Media?

Logia masónica en SueciaLa lógica misma de funcionamiento de los mitreos, que se dividían cuando el número de miembros –todos varones– se acercaba al medio centenar –lo que nos remite a una relación con la comunidad que tiene presente el número de Dunbar– su extensión entre mercaderes, artesanos y mercados –aun más que con las legiones, como se suele destacar–y el carácter horizontal del culto, sin una estructura de sacerdocio centralizada– como la judía o la ísica, ni descentralizada –como la cristiana– nos lleva una y otra vez a un mundo lleno de paralelismos que unos siglos después dará lugar al nacimiento de los gremios y Artes medievales.

Sería tentador intentar tender un hilo que uniera las últimas manifestaciones de la religio en el Occidente romano ligadas al mitraísmo, seguramente públicas en algunas regiones hasta el siglo VI, con el nacimiento de los gremios. Dado que no pocos estudios contemporáneos unen los últimos restos de la ceremoniosidad gremial con la francmasonería y otras organizaciones ilustradas y liberales del XIX, podría aducirse una continuidad y una cierta influencia que «de alguna manera» sirviera de contrapunto a la idea del cristianismo como única matriz de Europa.

La súbita desaparición de la vibrante actividad de los mitreos en casi toda Europa en el siglo IV (aunque en algunos lugares aislados siguieran hasta el siglo VI) permite a algunos historiadores de la masonería hacer hipótesis sobre una transformación-fusión con algunos proto-gremios y cofradías, dado que como hemos visto cada templo mitraico era sostenido en si mismo por una asociación civil con propiedades y capacidad patrimonial propias. Es cierto además que una de las claves del mitraismo es su asimilación en Mitra del culto de la «fides» -el valor de los contratos y la palabra dada. Este énfasis -de inspiración también estoica- le valió ganarse a artesanos y comerciantes ya en época muy temprana y antes de su desarrollo entre los ejércitos imperiales. Si a ello le unimos el carácter esotérico del culto y sus sorprendentes similitudes con la ceremoniosidad de algunos gremios entre los siglos X a XVII, la idea de la «transmutación» del mitraismo resulta sugestiva. Pero aunque es una idea desde luego evocadora y dotaría a los librepensadores de un «mito de origen», tiene demasiados huecos temporales de difícil solución y en realidad resulta innecesaria.

mitra_et_lirumLa verdadera pregunta es por qué surge el mitraísmo, no cómo se relaciona con el cristianismo, con el estoicismo o con otras formas de ceremoniosidad comunitaria posterior. Y la respuesta tiene que ver con el objetivo de su propuesta vital: el desarrollo de la «serenitas» de cada uno, de su soberanía personal, y la convicción de que esa–y no el sometimiento a un supuesto bien común o dogma de cualquier tipo–es la base sobre la que la propia comunidad se hace resiliente.

Y es que no hay que olvidar que el mitraísmo se implanta–de hecho, seguramente se crea–en las provincias más romanizadas alrededor del año 150. Cuando el régimen imperial está demostrando ya no ser una solución a la descomposición de la sociedad republicana y sus valores como pretendía, sino un agente de su desarrollo. Es decir, en un momento en el que ya no basta con enaltecer los valores colectivos y en los que muchos empiezan a buscarles una base material más allá del sistema político, en la propia comunidad real, y en el ethos que se construye para ella.

¿Qué buscaban aquellos primeros mitraístas con sus símbolos, sus ceremonias, sus banquetes y su mito de abundancia? Pura y simplemente empoderar a sus comunidades, darles un modelo simbólico desde el que construir el relato de una vida interesante en un entorno en descomposición.

Mitra y el cristianismo

mosaico bizantinoSe suelen destacar las aparentes similitudes entre el mitraísmo y el cristianismo. Pero la similitud en las formas y los calcos nominales o rituales encubren en realidad una radical oposición. La muerte, en puridad, no existe para el cristiano, que ha de celebrarla porque solo tras ella se encontrará con Dios y podrá cuidar realmente de los suyos. Para el cristianismo la muerte es el paso a la vida verdadera y la vida, como dijo Santa Teresa, «una mala noche en una mala posada».

En el mito de Mitra la muerte está presente desde el momento mismo en que aparece la abundancia bajo la forma de escorpión que mata definitivamente al toro haciendo parar la riada de especies que surgen de su herida. Mitra tiene una vida concreta para crear abundancia para los suyos. Duda, sufre, hace el sacrificio del toro, mata con él una época, alcanza y crea abundancia para los demás… y por ello llega a ser reconocido como un dios. Hasta Helios, el Sol, el mayor creador de abundancia, se postra por ello a sus pies. Pero tras el banquete ha de morir, por muy divino que sea. La muerte está ahí. Infinitamente terrible. Tras ella no hay nada. Ceniza, gloria en el último destello del carro del Sol. Y vuelta a empezar. Es tu turno.

mitra_de_cabraDe Mitra solo quedará el genius, el ideal de la abundancia creada y sus consecuencias. Mitra somos nosotros. La muerte, en el mitraísmo, no genera significado. El significado está en el hacer de cada uno, en su vida. Y en nada más. La muerte es la nada, a nada da paso. Si Mitra hubiera optado por no hacer el sacrificio, la suya habría sido una vida distinta, sin significado para otros, no hubiera sido divina, tal vez ni siquiera fuera recordada. El sentido de la vida en el mitraísmo es generar abundancia (infinitud) en un tiempo finito. Avanzar poniendo, como decía nuestro amigo Juan Hernández, en cada paso la fuerza del viaje entero.

Esto se intuye ya en el «milagro de la roca», uno de los cuentos del Mitra anterior a la Tauroctonía. Mitra, sediento, se arrastra por los campos. Hace un arco y una flecha. Dispara a una roca. La flecha penetra su centro. Y mana agua. El arco aúna la inteligencia de la invención, la precisión de la puntería, y la fuerza del tensado. Las tres virtudes de los primeros grados mitraicos. Su resultado es salir de la escasez, del imperio de la necesidad simbolizado por la sed. Pero no la abundancia.

Nacimiento de MitraLa abundancia es otra cosa. Requiere el sacrificio, el «hacer sagrado» a otro, al toro. Algo que se torna complejo cuando ese toro representa aquello contra lo que Mitra se rebela, el viejo mundo en el que el propio Mitra ha nacido. Solo a partir del sacrificio del viejo mundo, sacrificio que es también el final de todo lo que conoce, Mitra puede crear abundancia verdadera, abundancia para los demás -que representados el lobo– se alimentarán de la diversidad que brote de la herida del poder en su ocaso. Viejo mundo que, por cierto, reaparece, magnífico, en león que ayuda a Mitra a transportar los despojos, liberado ya de su propio ciclo de poder.

No puede haber nada más distinto del sacrificio del Cristo. Cristo que se deja sacrificar por el viejo mundo y renuncia por tanto también a recuperar lo mejor de él. Que descubre que siempre fue Dios, no a consecuencia de un hacer, sino de una naturaleza inexorable. Cuyo dolor es evidente, directo, sangrante, cuya única duda nace de sentirse abandonado por el Padre.

Mitra, nacido de una roca, dudará en clavar el gladio entregado por Saturno, padre de los dioses, y dudará ante la idea de sacrificar al toro–el mundo reinante–le dolerá hacerlo, buscará con los ojos al cuervo que le trajo la idea del Sol. Pero vencerá sus dudas pasando a ser protagonista, haciendo él el acto significativo, convirtiendo simbólicamente al toro en león. Nada más lejos del Cristo víctima, recipientario pasivo y sufrido de una violencia que perdona pero no elude para los suyos, una comunidad a la que desde entonces, según el relato cristiano, acompañará en una larga época de martirilogio y persecución.

El largo ciclo de Mitra

sol invictus - mitraEs indudable la huella cultural del mitraísmo más allá de lo anecdótico (la celebración del 25 de diciembre, las mitras de los obispos, los números de los grados gremiales, la ordenación del espacio y las bancadas en los templos masónicos o el gusto de los liberales decimonónicos por los gorros frigios). El mitraísmo se ligó durante casi dos siglos a un entorno social de ideas estoicas -si hacemos caso a las ideas de algunos historiadores puede que fuera incluso su «frente de masas»- y fue en buena parte el primer popularizador de una ética de la responsabilidad personal, la serenidad y el cosmopolitismo reacia a lo sobrenatural, contraria a la esclavitud, y enaltecedora del individuo moral en la comunidad.

Más allá de su mensaje, su propia forma, más cercana a un «programa de desarrollo personal» que a un culto mistérico al estilo de los ísicos o los eleusicos, sin duda tuvo una continuidad, si no organizativa, sí cultural, que aportó a los sistemas de transmisión de valores y conocimiento nacidos en Europa, desde los gremios a los primeros grupos de librepensadores que darían luego lugar a las sociedades científicas y a las primeras formas contemporáneas de los partidos políticos.

tauroctonia-colorEs desde esa perspectiva que el ciclo de Mitra merece mucha más atención. Si el cristianismo ha dado a Europa relatos, tabúes, y valores que siguen siendo hegemónicos, el mitraísmo fue el mito cohesionador de la primera forma social de un comunitarismo cosmopolita basado en una ética de la serenidad y la responsabilidad personal. Algo no menor para la definición de eso que llaman «cultura occidental».

«El largo ciclo de Mitra» recibió 18 desde que se publicó el Miércoles 2 de Abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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