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El macartismo entre nosotros

Una carta abierta a mi maestro Juan Urrutia

Hace mucho que espero que el bueno de Lobo cumpla su promesa y publique el paso por el escalpelo que en su día le hizo a Huntington.

Hoy Juan Urrutia publica un post “seminal”, de esos que sin duda darán mucho juego y que a mi juicio le posicionan como the last of the liberals en una derecha española tan invadida por el extremismo nacionalista- religioso que la misma palabra liberal está secuestrada.

Dice Juan que el verdadero conflicto no es -pese a todo el debate abierto por las famosas caricaturas danesas– entre cristianismo e Islam, sino como recordaba el Papa, entre monoteistas y politeistas/agnósticos/ateos

La diferencia principal entre las dos coaliciones opuestas es homotética a la distinción entre jerarquía y red. La jerarquía se asocia inmediatamente al monoteismo y al Libro y por lo tanto conforma una organización que posee un centro o una cúspide o unas raíces. En cambio la red es lo contrario, no tiene un centro único, cúspide o raiz y, o bien no tiene Dios o bien tiene muchos pequeñitos.

Al fin y al cabo esto no es sino la gran diferencia entre el árbol del saber y la gran enredadera del conocimiento. Y de esta diferencia básica se dereivan otras singularidades que son las que me interesa destacar y de cuyo examen se sigue que hoy los tiempos favorecen a la segunda concepción.

Esta última aseveración es más complicada. En realidad cada época tiene su espíritu… y su opuesto. Qué nos lo digan a Juan y a nosotros.

Ayer María y yo fuimos a ver Good Night and good luck. Mientras veíamos la película no podía dejar de hacer paralelismos: ¿se acuerdan de la que se montó cuando Fernando Berlin escribió aquel artículo en El Pais? ¿De la difamación radiofónica diaria sufrida por tantos y Juan el primero?

¿Se acuerdan de la metodología de la infamia y el insulto? ¿Se acuerdan de las campañas de injurias contra Juan, los ciberpunk y yo mismo cuando llamé macartistas a los macartistas?

Viendo la película de Clooney, el senador de Missouri me parece un par de peldaños más sensato que nuestros compatriotas que le imitaban. Hoy parece que dejaron aquella campaña. Pero ¿abandonaron los fundamentos macartismo delirante? ¿Criticaron la banalidad de sus propias oscuridades? Tengo fresco todavía un mail de Fernando Díaz Villanueva que hace poco me reenviaba José Luis Prieto:

Aunque no eres el primero que me lo dice, me sorprende la celeridad con la que se ha propagado que yo soy, o, mejor dicho, era, el liberal ultramontano. Es cierto que yo empecé esa bitácora hace un par de años junto a un amigo. Nos pusimos ese nombre porque ambos nos habíamos hecho liberales más allá del Pirineo, es decir, éramos ultramontanos. Luego lo dejamos, la cosa se quedó abandonada durante meses y fue repescada por unos colegas de Red Liberal. Al principio me hacía gracia y leía sus comentarios. A veces incluso me animaba y colgaba algún comentario. El problema es que se desmadraron y llegó un momento en que ni yo sabía cuánta gente metía mano en el blog. El año pasado le pedí a Dani que la cerrase porque Nacho Escolar me llamó muy cabreado. Y se cerró. La bitácora era anónima porque es lo que se llevaba en los primeros blogs de Red Liberal, así, además, podías incluir a más gente y, según me dijeron, mantenerla actualizada con frecuencia. Por lo demás, y si haces un poco de memoria, recordarás que las peores invectivas iban dirigidas contra David de Ugarte, persona a la que ni siquiera conozco personalmente.

Reflexiono y pienso. El artículo de Juan creo que adolece justamente del pecado habitual de los grandes liberales: propone en un plano evocador e intelectualmente sugerente… pero olvida cuan estúpido y concreto es el mal y cuan fácilmente trepa por las estructuras del poder, con quien a las finales se entiende.

Es verdad que el paradigma de las religiones del libro tiene problemas constitutivos para entender la diversidad y la espontáneidad de la autoorganización social. Es verdad que un Panteón inclusivo -al estilo griego o romano, incluso shintoista- da pie a otra relación entre individuo y estado mucho más acorde con los tiempos y posibilidades de la red distribuida que la del monoteismo totalizante y casi siempre totalitario. Es una vieja conversación que ya manteníamos el verano pasado:

¿cuando tiene sentido el desprecio de la diversidad? Cuando conozco los designios de Dios, cuando sé que es manifestación de la voluntad divina y qué no. Por eso, la batalla por la diversidad es al fin una batalla entre los que parten de la incognocibilidad de Dios y los que parten de su conocimiento completo, de los que creen saber que hay teleología, que toda la Historia se encamina hacia un punto, hacia un final, y los que asumen que seguramente no sea así y que si en todo caso fuera de ese modo, sería imposible saber cual es el destino deseado.

No vivimos una guerra de civilizaciones ni entre religiones, vivimos una guerra entre los distintos avatares de un Ozymandias iluminado e integrista y los demás, seamos devotos, deicidas, politeistas, agnósticos o simple y modéstamente, humanos.

Pero Juan, al final, no cabe achacar a los dioses, por mezquinos que sean, la voluntad de daño de los malvados. Su oscuridad, la mezquindad de sus almas no puede ni debe disolverse en la irresponsabilidad del manto con el que ellos mismos buscan cubrirse. El macartismo no es un producto del americanismo y nuestros exaltados ultramontanos no son ni siquiera un producto necesario del conservadurismo español… sino piezas que se ofrecen, banales en su estulticia y maldad, a las ansias de poder de los cuatro de siempre. De los primeros -aquellos que jaleaban a Macarthy, estos que entre nosotros “incluso se animaban y colgaban algún comentario” para insultar a quien “ni siquiera conocían personalmente”, no quedará, en el tiempo, ni memoria. La de los otros, los motores y beneficiarios del horror, hemos de conservarla nosotros.

«El macartismo entre nosotros» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 13 de Febrero de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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