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El misterioso caso de Boris Akunin y Erast Fandorin

La serie de novelas protagonizadas por Erast Fandorin son un guión de las tendencias sociales y políticas emergentes en Rusia.

Erast FandorinEstaba en un hotel del centro de Barcelona. Había esperado a bajar al comedor a esa hora aún temprana en que los ingleses ya han acabado con la panceta pero los latinos aún no se están duchando. Iba por la segunda taza de zumo de naranja, el meridiano exacto de mi escaso desayuno. Me faltaban los cafés. Sin haber bebido al menos uno, hablar puede mantenerme de mal humor durante todo el día. Casi podía cantar victoria, cuando una figura conocida cruzó la puerta: Yuri Dzhibladze. Corrí literalmente a por el café mientras le saludaba. La perspectiva de una conversación con el activista y académico ruso merecía las prisas. Había alguien sobre quien quería preguntarle tranquila y personalmente: Boris Akunin.

De evidente origen georgiano -nacido en Tblisi, su verdadero apellido es Чхартишвили- Akunin empezó a brillar como traductor de Mishima. Fue pronto director de la Revista de Literatura Extranjera -desde donde popularizó a autores como Kundera o Borges- y dirigió una macroantología de literatura japonesa dentro de la editorial Pushkin. Todo bajo el patrocinio de George Soros. Boris Akunin nacía entonces, aunque tardaría todavía en saberse quién era el autor bajo el nombre, disparando las especulaciones: ¿Era un homenaje a Bakunin? ¿A Anna Akhmatova, recientemente publicada en Rusia gracias de nuevo a Soros?

En realidad los libros de la serie del consejero Fandorin, de los que han aparecido 11 novelas en ruso [texto íntegro de 10 de ellas descargable en la página del autor], cuatro traducidas en español, son un homenaje divertido y erudito constante a la literatura popular del XIX. Si en las primeras entregas Turgeniev y Tolstoi se mezclan con Verne, en la tercera y cuarta los homenajes a Leblanc y Conan Doyle se mezclarán con referencias críticas a Herzen

Fandorin, tecnófilo, audaz, culto y lleno de recursos es la antropormofización del esfuerzo de invención de un imaginario ruso no marcado por el estalinismo. El resultado de la búsqueda de un pasado raiz desde el que redefinirse colectivamente. Sus novelas son posiblemente las mejores historias de aventuras desde Salgari. Y el público ruso las sigue masivamente.

Mensaje y vicisitudes políticas: el enigma Akunin

Me contaba Yuri que cuando el año pasado se adaptó al cine la séptima entrega de la serie, el Consejero de Estado

el final fue modificado. En la novela Fandorin, tras descubrir que la propia jefatura de la policía secreta alimentaba de información a los terroristas para ganar importancia y peso dentro del aparato del estado, rechaza el ascenso propuesto y abandona el servicio del estado. En la película lo hace en un primer arraque, pero luego se arrepiente y vuelve, diciendo que hay que poner por delante el interés nacional, reflejando asi los aires dominantes en la política rusa

Lo curioso es que ese tipo de asertos es bastante común en las novelas de Akunin. No es ya que en Gambito Turco, Fandorin rechace abiertamente la democracia, es que a lo largo de toda la serie, la definición de la identidad rusa en oposición a Europa parte de un discurso reaccionario presente en toda la tradición política nacionalista de aquel país. El mismo que en su día enfrenta a los decembristas, que es recogido en parte por Herzen y los paneslavistas y que está presente también en la escolástica soviética desde Stalin… hasta Putin. En Muerte en el Leviatan, el personaje japonés, Gintaro Aono, hace suyo este discurso de forma explícita:

Rusia se parece mucho a Japón: es el mismo Oriente que se alarga hasta Occidente. Sólo que a diferencia de nosotros, los rusos se olvidan de la estrella que marca el rumbo de la nave y su vuelven demasiado hacia los lados. Destacar el yo o disolverlo en el poderoso nosotros: he ahí donde radica la oposición entre Europa y Asia. Y yo creo que Rusia tiene ahora una inmejorable oportunidad para pasar del primer camino al segundo.

Si lo pensamos un poco, el “ahora” del aserto difícilmente puede referirse a 1878, ni en general al contexto histórico de Fandorin. Rusia sólo ha tenido breves y azarosos experimentos democráticos. El “ahora” de Akunin, es el “ahora” de Putin. Algo no cuadra. ¿Un autor de la órbita de Soros confluyendo con Putin? Esa era mi pregunta de fondo a Yuri. Quedó sin contestar.

¿Un antagonista para Akunin?

Pero el misterio Akunin no acaba ahí. En el 2001 apareció la primera entrega de una nueva serie firmada por el historiador y guionista Leonid Yusefovich, que retomaba así un trabajo suyo llevado al cine en el noventa y dos.

Костюм Арлекина, “Las ropas del Arlequín”, aparece ahora en español como En el nombre del Zar, tras su publicación en Alemania e Italia. Y no hace falta leer mucho para darse cuenta de que su protagonista es un rival directo dentro del aparato zarista de los jefes de Fandorin…

Como os decía hace poco, y bien sabía Cóndor, una de las claves para entender la nueva Europa está en las novelitas baratas. En Rusia estas novelas no llegan a 2 euros… y para mi que bajo la intriga de la trama decimonónica hay una trama con otras intrigas mucho más actuales.

«El misterioso caso de Boris Akunin y Erast Fandorin» recibió 1 desde que se publicó el domingo 16 de abril de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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