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El mito de Mitra como relato moral de una época de descomposición social

El ciclo mitraico romano es especialmente interesante precisamente porque elabora, sobre la cosmogonía de un dios anterior persa, un relato moral en el que por primera vez, un humano es el centro y es caracterizado como un ser ético y soberano.

tauroctoniaLa lógica de la religio romana era la de la transmisión y celebración permanente de los valores que se consideraban fundamento de la cohesión social. Cuando el imperio entra en descomposición sin embargo, aparecen una serie de cultos en los que el centro del relato no son las actitudes sociales, sino las individuales. Se hacen populares las biografías y autobiografías edificantes, sectores crecientes de la población buscan en dioses orientales y cultos iniciáticos, alimento para una introspección que originalmente era ajena a las tradiciones romanas. En vez de las interpretaciones cosmológicas, pertinentes en sus orígenes persas, el ciclo de Mitra tal y como queda configurado en los primeros siglos de la era cristiana, debe leerse así.

Mitra nace de una roca que toma vida. En su mano un globo terráqueo toma forma con él. El nacimiento de una sola persona -y veremos que Mitra en realidad simboliza a toda persona- es el nacimiento de un mundo, sólo aquello que representa a la Naturaleza le acompaña. Nace con una antorcha (foculum, pequeña llama) la inteligencia y un gorro frigio. El gorro frigio era el símbolo en la época que se entregaba a los esclavos que se liberaban. Es decir Mitra, al nacer, recibe de la naturaleza libertad e inteligencia. Saturno (la Naturaleza cultivada) le entrega además un gladio, una espada corta, un instrumento de lucha.

A partir de ahí los relatos difieren en el número de aventuras y su objetivo, seguramente respondiendo a distintas necesidades culturales locales. Pero vuelven a confluir en cinco relatos: el milagro de la roca, la Tauroctonía, la sumisión del Sol, el banquete y finalmente su ascensión solar.

El «milagro de la roca», en el que Mitra hace manar agua de una roca disparando una piedra en su centro, es una metáfora muy similar a otras posteriores sobre el uso de instrumentos de precisión y fuerza. Representa la capacidad para satisfacer lo necesario con decisión e inteligencia, con fuerza y control.

La Tauroctonía comienza cuando Mitra recibe la visita de un cuervo, el mensajero de Helios (sol), Mercurio (comercio), etc… El cuervo le encomienda una misión y se la presenta como fatum, como destino decidido por los dioses. Lo interesante aquí es que Mitra duda. No sabe si atender la orden de Helios o no. ¿Por qué? Porque no entiende su finalidad. Lo que el mensaje le ordena es que encuentre al toro originario, un ser gigantesco y anterior a él y que sacrifique su muerte en una cueva elegida por el mismísimo Helios.

El toro representa lo existente, lo anterior, lo que vive en el mundo en el que Mitra ha nacido… y su destino es matarlo?? El episodio de las dudas y cabilaciones se prolonga, mostrando claramente la soberanía de Mitra para remarcar que es él quién elige su destino, que no son los dioses los dueños de sus actos sino él mismo… aunque la decisión la tome sin saber y entender en su totalidad el deseo de Helios.

Cuando Mitra encuentra al toro y se enfrenta a él, descubre que sus fuerzas no son suficientes para derrotarle. Intenta entonces cabalgarlo, domesticarlo. Pero tampoco puede. Opta finalmente por resistir asido de sus cuernos… y tras una agotadora cabalgada por el mundo, la estrategia funciona: el toro cae exánime.

Pero ahí no acaba la tarea. Mitra debe llevarlo a la cueva. Cansado, con el monstruoso toro sobre sus hombros, emprende un camino que será doloroso y agotador. La imagen es potentísima: el peso del viejo mundo, el peso de las propias decisiones, la resistencia, ahora, a interrumpir la tarea…

Finalmente llega a la cueva. Está angustiado (y es curioso como este rasgo es destacado en las interpretaciones de la tauroctonía), busca a Helios con los ojos, pero finalmente -con el gladio regalado por Saturno- corta la yugular del toro. Espera que mane un torrente de sangre… pero fluyen sin parar granos y vegetales comestibles. Aparecen un lobo (a veces un perro) que simboliza aquí a la Humanidad disfrutando de la abundancia que Mitra crea mediante el sacrificio (=acto significativo) que culmina su tarea. También aparece una serpiente (conocimiento/rejuvenecimiento) y Mitra entiende entonces el significado de su misión. Y de hecho la excede: corta el sexo del toro y de la herida brotan las especies domesticables. El constante fluir de vida y diversidad solo se interrumpe cuando un escorpión (la muerte) pica en los testículos al toro. Ni siquiera el acto creador escapa de ese destino.

Entonces el cuervo trae un nuevo mensaje: Mitra ha de llevar a campo abierto la carne de la res para preparar un banquete. Un león (el rey del mundo que ha muerto) y que había aparecido, en algunos relatos, junto al lobo y la serpiente, le ayuda a despedazar y portar el abundante alimento surgido del sacrificio.

Cuando llega, Helios le hace un homenaje, se postra y le coloca su corona solar. Mitra es un dios ahora. Y es dios por haber creado un mundo que ahora está naciendo. El mensaje es claro: si las personas cumplen su destino transformador, la vida llegará -tras la duda, la lucha, el esfuerzo y una serie de actos significativos- a convertirse en una celebración de la abundancia en la que los propios dioses se postrarán ante el poder del cambio.

Tras disfrutar con todos los seres del banquete de la abundancia, Helios llama de nuevo a Mitra. Llega el ocaso de su propio mundo. Como ya nos había contado el escorpión, Mitra -y su creación- siquiera se gane ser un dios, no desconocerá la muerte. En un carro de fuego ambos se elevan hacia el ocaso.

Conclusión

El ciclo mitraico romano es especialmente interesante precisamente porque elabora, sobre la cosmogonía de un dios anterior persa, un relato moral en el que por primera vez, un humano es el centro y es caracterizado como un ser ético y soberano. Las ideas de inteligencia, abundancia y libertad aparecen por primera vez en su forma contemporánea (la Libertas republicana no era una libertad moral, sino libertad pública) y vinculadas a través de una reflexión moral en la que la duda y la decisión se colocan en un plano superior al destino o la voluntad de los dioses.

La relación entre el culto de Mitra -especialmente extendido en las legiones- con la descomposición de la sociedad romana es evidente. El mitra romano no es un dios-hombre, sino un hombre genérico que se gana un espacio propio frente a los dioses produciendo abundancia para todos. Este carácter genérico y humano se subraya en la idea de que el ciclo en si mismo tiene un fin, intuyéndose un nuevo ciclo semejante.

«El mito de Mitra como relato moral de una época de descomposición social» recibió 4 desde que se publicó el lunes 5 de noviembre de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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