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El modelo familiar del futuro

En los países meridionales, la vieja familia extendida no fue nunca sustituida por una familia nuclear pura al modo del mundo protestante. Su lugar fue tomado por una forma intermedia, la familia-franquicia, que hoy hace aguas por la crisis económica.

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generacionesAyer Javier abría un melón que nos ha llenado no pocas conversaciones durante esta Navidad: qué modelo familiar emergerá en los próximos años.

Una idea bastante luminosa que apareció en esas conversaciones es la de que nuestros padres fueron fundadores de familias nucleares… que se pensaban en realidad fundadores de una nueva dinastía, de un nuevo comienzo de la familia extendida. La crítica al autoritarismo y la familia patriarcal autoritaria, en realidad no daba un sustrato cultural suficiente para sostener un modelo puro -como en los países protestantes- de familia nuclear.

El resultado fue un híbrido confuso en el que nunca supimos si nos criaban para ser parte de una familia extendida más democrática, más igualitaria y menos machista, o para fundar un día una familia nuclear nueva. Javier ayer lo llamaba, la familia-franquicia, una especie de sistema federal de familias nucleares con autonomía pero con dependencia de un centro formado por los padres fundadores.

La familia-franquicia ha sido el modelo hegemónico en los países del Sur europeo hasta ahora: tardía emancipación, ciertos gastos repercutidos a los padres -del babysitting al soporte económico en momentos de desempleo- e inevitable competencia entre los hijos. En el 110 llaman a la Nochebuena «la noche de los cuñados» y por algo será.

Si le añadimos la «poligamia sucesiva» -una novedad incluso legal en la Historia de la Europa meridional- el resultado es un marco institucional que solo es funcional en una economía en expansión, insostenible cuando sobre la institución familiar recae el peso de la cohesión social. Entonces caen los divorcios y aparecen formas puramente convencionales de convivencia que no pueden sino ser insatisfactorias porque, de momento, no tienen relato sobre el que sostenerse en un contexto en el que la familia franquicia solo puede «cerrar sucursales» y mandar gente a una central donde el comedor ya no da abasto y no hay escritorios para todos. Hace tiempo que las casas se pensaron para familias que solo tomaban forma expandida durante los fines de semana.

¿Y ahora?

Ahora, cada vez más, sobre todo en los estratos de la clase media con rentas menores, tres generaciones vuelven a compartir espacio cotidiano. Son familia, pero sus relaciones no son las jerárquicas de la vieja familia extensa campesina. De alguna manera están aprendiendo a ser comunidad y de cómo vivan y qué destilen de este proceso depende buena parte de las formas sociales que serán hegemónicas durante la próxima década.

Preguntaba Pablo Mata en los comentarios al post de Javier cómo sería el modelo familiar de un mundo con filés. Por lo que vemos no parece que haya un único modelo emergente. Al revés, solo la diversidad emerge, casi, casi tanto como en aquella joyita de Heinlein en la que describía una sociedad lunar tomando forma. Pero no nos equivoquemos, no serán las filés las que generen las nuevas formas de las instituciones familiares. Simplemente son demasiado diversas, demasiado poco masivas para eso.

En nuestro entorno cultural, probablemente, los emergentes de las formas familiares durante los próximos años vendrán dados en buena parte por las formas comunitarias que cuajen en este periodo. Serán hijas de la deslocalización de los más jóvenes, de una nueva década de pisos baratos -o al menos no tan caros como hasta ahora- y de la necesidad de la pensión de los padres jubilados como último recurso.

En los relatos, mientras tanto, en cómo se cuenta a si misma y qué sueños proyecta en la red la nueva generación, si que observamos un mito, una fantasía social aparecer y repetirse cada vez más: la idea neomonacal de separación (de un mundo en descomposición) organizada sobre un tiempo reglado. Tiene que ver con la crisis de los modelos de compromiso y con el miedo a las relaciones humanas propio de todo periodo de descomposición, pero también con el desencanto respecto a la universidad y las expectativas fracasadas de una vida creativa en su estructura. No piensen tanto en los cistercienses como referencia, piensen en la equivalente, pero mucho más aceptable hoy, «Fundación» de Asimov como mito inspirador de carreras personales y grupos familiar-profesionales.

¿Volveremos a ver un florecer de pequeñas empresas y economías familiares en respuesta a la falta de empleo y la lógica de un nuevo tipo de convivencia? ¿Un nuevo intento de fundar familias nucleares o familias-franquicia? Veremos. Pero sin duda algo se está moviendo en la institución familiar y va a afectar al edificio social entero.

«El modelo familiar del futuro» recibió 1 desde que se publicó el Jueves 10 de Enero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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