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El nuevo tablero de Rusia

Esta es la historia de una generación rusa contada desde un tablero. Porque el hecho es que Rusia ha vuelto al tablero mundial, pero ese tablero ya no es de ajedrez. Es un goban.

jruchev gagarin breshnev
La Rusia entre la desestalinización (1956) y el fin del deshielo de Jruchev (1964) conoce sus propias «diez mil flores». El debate académico y artístico se abre tímidamente y una gran expectativa, una gran búsqueda de sentido -algo naive y sentimental, más lírica que política- crece entre la primera generación rusa que ha estudiado masivamente y tomado el ascensor social del estalinismo. Pero en 1964 Jruchev cae. El pequeño resquicio de crítica abierta por el PCUS amenaza con convertirse en pérdida de control de los países satélites y contestación interna. Las huelgas salvajes de los Urales en 1962 ya no tienen nada de lírica. Y el PCUS echa el candado contundente pero suavemente, sin grandes purgas al viejo estilo. Una represión sorda, más social que policial, pretende congelar el tiempo. Se abren los años del «breshnevismo»: pesados, grises, cada vez más ineficientes.

evtushenkoPero ¿qué pasó con aquellos jóvenes y niños que respiraron el aire refrescante de 1957? En los ochenta se parecerían al personaje de Oleg en The Americans. Es la generación que hizo posible el cambio gorbachoviano. En los noventa les tocó gestionar la debacle y reinventar Rusia. Su vida pasó, como en el poema de Evtuchenko, «entre la ciudad sí y la ciudad no». Entre el anquilosado aparato de un régimen en descomposión y la curiosidad de los discretos círculos en que, entre amigos, descubrían y soñaban mundos alternativos

Todo está muerto y asustado en la ciudad No.
Es como un despacho empapelado con tristeza.
Fruncen el ceño en él todas las cosas.
Hay recelo en los ojos de todos sus retratos.
Cada mañana enceran con bilis su parquet.
Son sus sofás de falsedad, sus paredes de desgracias.
Jamás en él un buen consejo te darán,
ni un ramo de flores, ni un simple saludo.

Las máquinas de escribir teclean, con copía, la respuesta:
“No-no-no… no-no-no… no-no-no…”
Y cuando al fin se apagan todas sus luces
los fantasmas inician su lúgubre ballet.
Jamás, ni aunque revientes, billete lograrás
para escapar de la negra ciudad No.

La vida, en cambio, en la ciudad Sí, es un canto de mirlo.

Carece de paredes la ciudad, es como un nido.
Las estrellas te piden acogerse en tus brazos.
Y, sin avergonzarse, los labios solicitan tus labios
con un quedo susurro: “Todo son tonterías…”

Esta es la historia de esa generación contada desde un tablero y de cómo, contra viento y marea, el número de jugadores de Go se multiplicó por diez década tras década, desde una decena en pleno poderío soviético en 1970, hasta poder esperar sumar un millón -el mítico máximo de afiliación del PCUS- en 2020.

El primer millar de la ciudad sí

iut-1962Estamos ya en 1962. Como toda buena historia generacional de la época, ésta comienza con una revista «juvenil»: «Юный техник», «Joven técnico», «Ют» (Iut) para los amigos. Una publicación para pre-universitarios a medio camino entre revista de electrónica avanzada y boletín hacker-scout con guiños de ficción científica. El viejo sistema se tomaba en serio la formación de los jóvenes, así que en «Iut» escribían técnólogos y matemáticos de primera línea como Mijail Posnikov, en aquella época ya una figura mundial en el campo de la topología algebraica. Popular, adorado por sus alumnos, era un hacker de la época que sorprendía a todos con su amor por los problemas de ingenio y las soluciones elegantes.

Posnikov sabía de sobra que nadie jugaba al Go en Rusia en 1962. Llevaba sin hacerse desde que en 1933 el Comité Central había decidido prohibir «toda manifestación cultural» que pudiera asociarse a Japón. Pero también sabía que en 1957 -feliz coincidencia- se había organizado el Primer Congreso europeo de Go y fundado acto seguido la Federación Europea de Go. Así que decide probar suerte, asumir el riesgo y poner su granito de arena en la desestalinización. Publica un artículo con las reglas de juego. El impacto es inmediato, similar al que tres años después tendrá en el anglomundo I.J. Good con su famosa columna en «New Scientist».

En la misma época descubre el juego Iuri Filatov, por entonces estudiante de postgrado del Hermitage de Leningrado. Está haciendo su tesina sobre Pavel Filonov, un artista de la vanguardia rusa de principios de siglo que estaría prohibido hasta 1967. Con esas preferencias, sus posibilidades de llegar a publicar o encontrar un trabajo mínimamente interesante, eran nulas.

Iuri FilatovUna noche conoce de casualidad, jugando al billar, a uno de esos viejos supervivientes recién liberados del gulag. Había sido oficial del ejército blanco y aprendido a jugar al Go con prisioneros japoneses. Filatov queda fascinado y en absoluta coherencia con su espíritu -ignorar las limitaciones intelectuales que el régimen impone- decide dedicarse a promocionar el juego en cuanto lea su tesina. En 1965 encuentra dos amigos decididos a acompañarle en la aventura, Georgui Nilov y Valeri Atashkin. Fabrican ellos mismos sus tableros, imprimen reglas de juego… y salen a la calle con ellos.

AtashkinPero soplan todavía los aires reformistas de Jruchev. Lejos de ser detenidos o importunados, sus clases abiertas en los parques y jardines de Leningrado empiezan a atraer a cada vez más gente. Los jóvenes consiguen que les abran las puertas de fábricas y las salas de conferencias de la Universidad. En dos años forman y federan a más de un millar de personas. El Go se convierte en un símbolo leningradense de la primavera social que se anhela en Rusia. El club de Go de Leningrado queda bajo el patronazgo del influyente club de ajedrez. Organiza una veintena de torneos con más de 400 participantes. Los periódicos y la radio empiezan a dar los resultados de las partidas. A finales de 1966 el campeonato por equipos de Leningrado tiene ya 12 equipos representantes de barrios y empresas de la ciudad.

Pero la «ciudad no» hace que haya que empezar de cero de nuevo…

Filatov prepara un pequeño manual para dar a conocer el juego más allá de Leningrado. En el boceto que envía a la editorial comete un error político: comparar el Go al ajedrez y ambos con la evolución de las técnicas y la filosofía militar. Jruchev ya no está y el partido se ha vuelto suspicaz. La KGB comienza a interesarse en los jugadores de Go. Los amigos le piden a Filatov que retire ese capítulo del envío definitivo, pero Filatov les ignora e intenta, a través del club de ajedrez, hacer valer su derecho como ciudadano. El resultado es el desmantelamiento de toda la estructura social creada: las visitas de la KGB son persuasivas. En menos de un mes quedan menos de 15 jugadores federados y Filatov tiene que dejar formalmente el club de ajedrez con tal de no causar más problemas a sus amigos.

La pequeña ciudad sí de 1970

Valeri Atashkin (der) y Filatov (centro) juegan en la Casa de la Juventud en 1978El grupo vuelve a sus orígenes. Para 1970 son apenas una decena. Filatov, Atashkin, su esposa Virginia y algunos más consiguen un hueco para jugar en la «Casa de la Amistad» y en el «Palacio de la Juventud». Poco a poco recuperan la relación con el club de ajedrez. Pero conviene ser discretos. Allí les descubre un funcionario del KGB que está organizando los primeros viajes «de amistad» de representantes de la sociedad civil japonesa. En el tour se incluye una visita y unas partidas con estos jóvenes, de repente útiles para la imagen exterior soviética. La suerte quiere que el reportero de la TV japonesa que cubre el evento, el sr. Nishio, sea un tercer dan. Surge la confianza y Nishio empieza a movilizar a la diplomacia japonesa en ayuda del grupo. En 1974, con patrocinio de JAL, organizan la primera visita de jugadoras profesionales: Sachiko Honda 2P y Chizu Kobayashi 5P. El Ministerio de Relaciones Exteriores japonés, les entrega 300 libros de texto básicos y 50 juegos de piedras y tableros.

astashkin en la telePoco a poco, vuelven a ganar espacio público. Rada Nikitichny Adjoubei, la mismísima hija de Jruchev, abre a Virginia las puertas del importante grupo editorial estatal que publica la revista «Ciencia y Vida». En 1975 Virginia comienza a publicar tsumegos y organiza un concurso. El resultado es espectacular: surgen jugadores y equipos por toda Rusia de nuevo. Llega correspondencia desde todos los rincones de la URSS. Poco a poco el Go recupera espacio en la prensa y en 1982 aparece por primera vez en la televisión soviética.

Perestroika

En 1985 llega al poder Mijail Gorbachov, uno de esos veinteañeros del deshielo de Jruchov, hombre de confianza de Andropov. Un reformista que encarna, ya solo en su juventud (50 años) el fin del tapón generacional y la vuelta de los anhelos de los años del deshielo.

perestroikaEntre los primeros símbolos del nuevo clima, apenas percibido en Occidente, se aprueba la inclusión del Go en el sistema educativo global soviético. Incluso en las salas dedicadas al ajedrez en todas las instalaciones militares, se recomienda, por orden ministerial, la compra de tableros y piedras. Se comienzan a celebrar regularmente los campeonatos rusos. La relajación en el contacto con extranjeros permite mayor intercambio con los profesionales japoneses y el nivel de juego sube. Filatov comienza a publicar, desde Kaliningrado, la primera revista de Go (1000 ejemplares). El comité de deportes de la Federación Rusa comienza a enviar a jugadores a torneos internacionales. Los jugadores rusos empiezan pronto a aparecer en las primeras posiciones europeas. En 1988 un equipo ruso ganará por primera vez el campeonato de Europa. En 1989 se crea la Federación Rusa de Go, una de las primeras organizaciones, todavía «soviéticas», en tener una estructura independiente y plenamente democrática.

El colapso soviético y la reinvención rusa

La generación de «la ciudad sí» había llegado al poder y estaba cambiando, por fin, Rusia. Han pasado los años pero no han perdido el ímpetu y la imaginación. El grupo de Kazan organiza su torneo como un crucero por el Volga, las actividades pedagógicas se multiplican… Pero la descomposición es imparable. El colapso de la URSS produce una cotidiana sensación de impotencia.

Con todo, como en aquellas historias de ficción espacial que tanto les gustaban, en pleno colapso consiguen enviar a dos jóvenes, Svetlana Shikshina y Alexander Dinerchtein, a estudiar a Corea con nuestro amigo Chun Poong Jho (9P). Serán los primeros profesionales europeos de su generación.

go-en-rusiaEl golpe de estado de 1992 y el fin de la URSS vienen a coincidir por tanto con un cambio generacional. El aspecto exterior de la nueva Rusia, zarandeada por las reformas políticas, la corrupción y los shocks de precios asusta al mundo. Pero por debajo la misma ola que desde los sesenta ha ido creciendo paciente y tenaz es cada vez más potente. En 2005, cuando se celebra el 40 aniversario del primer grupo de jugadores, da ya vértigo mirar atrás. En 2010 la federación rusa de Go es la mayor de Europa con más de 100.000 miembros. El ruso es el idioma europeo en el que más materiales están traducidos y en el que más información es posible encontrar en Internet.

alexander dinerchteinSobre los tableros, la Federación Rusa de Go es hoy, indiscutiblemente, el gran gigante europeo. Lo es gracias a una generación que tuvo que pagar mucho por querer mirarse en Europa, abrirse al mundo, construir una sociedad civil con un mínimo de libertad e intentar dejar definitivamente atrás la «ciudad no». Convendría no olvidarlo en estos días en los que a lo mejor, el Go no solo puede aportar metáforas estratégicas, sino también una mejor comprensión de las élites democráticas rusas. Porque el hecho es que Rusia ha vuelto al tablero mundial, pero su tablero ya no es de ajedrez, es un goban.

«El nuevo tablero de Rusia» recibió 9 desde que se publicó el martes 6 de mayo de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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