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El papel es para las ocasiones

Los indianos hemos cambiado de modelo editorial. ¿Por qué? ¿Qué hemos aprendido en estos años? ¿Que perspectivas vemos en el futuro?

En las Indias hemos emprendido una nueva etapa editorial, pasamos de nuestra sociedad con El Cobre y BBVA, la Colección Planta 29, a aplicar nuestras críticas al modelo editorial clásico y lanzar la Colección Biblioteca de las Indias. La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas imprimirá los libros en papel. Estos se distribuirán comercialmente en actos públicos, cursos y seminarios en pequeñas tiradas personalizadas. Las versiones electrónicas completas (html para pantalla y epub para ebook) se promocionarán en libre descarga en la página de la Biblioteca.

¿Y las librerías? Quedan fuera de la ecuación. Incluso en ensayos de gran tirada como El poder de las redes en los que los costes de impresión y producción del libro bajan sustancialmente, la distribución a librerías supone casi un 80% del precio. Por contra el canal tan sólo representa un 50% de las ventas y lo que es aún más importante, si sumamos descargas a libros vendidos, menos de un 10% de las copias distribuidas.

La extensión del uso de ebooks con tinta electrónica (el iPad es para los que leen revistas, no libros) aumentará probablemente aún más esta tendencia: el ensayo en papel se convierte en documentación pedagógica para actos y presentaciones, la lectura de verdad gira en torno al libro electrónico, cada vez más baratos y accesibles.

Tamaños, personalización y transnacionalización del libro

Todos los que hemos escrito ensayos o cuentos para la industria editorial hemos tenido alguna vez la presión de un editor pidiéndonos un poco más de rollo. Aunque los lectores valoren cada vez más la concisión, los editores saben que no les sale a cuenta. Si hace falta se aumenta el tamaño de letra o el grosor del papel, pero sin un mínimo de volumen los márgenes bajan y los costes de la distribución en librerías se hacen inabordables.

Liberarnos de las librerías en este modelo nos ha servido para reducir sustancialmente el tamaño medio de las obras. Hemos pasado de tener la referencia en las veintitresmil palabras -y ya eran considerados ensayos cortos- a las quince mil. Nuestro objetivo: ponérselo fácil al lector, que pueda leernos en cualquier momento y casi en cualquier lugar al modo en que lee los reportajes largos de la prensa dominical (que tienen entre tres y cinco mil palabras).

Otra ventaja es que, al reducir la tirada de las distintas impresiones en papel a un número entre 80 y 200 ejemplares, es posible personalizar la edición: escribir prólogos o epílogos personalizados para el evento que nos los compra, incluir logos de patrocinadores en contraportada, etc. El impacto emocional y el valor percibido del libro aumentan.

Por otro lado se aumenta la posibilidad de llegada a precios asequibles a América. En el DF o en Buenos Aires hay imprentas equipadas para la impresión a la carta con tanta calidad como las europeas. Basta con enviar el archivo y pagar por adelantado una parte. Los organizadores del evento que nos invite recibirán puntualmente su paquete de libros.

¿Por qué el papel?

Pero una cosa es renunciar a las librerías y otra al papel. El libro, como el CD, se valora también como objeto. Una cosa es enviar un enlace a la página de un grupo que hemos descubierto en la red, otra regalar un bonito CD dedicado con esas mismas canciones.

Igual ocurre con los libros. Un libro multiplica los comentarios y referencias en la red cuando se presenta en papel y con un ISBN propio. Curiosamente es el valor atribuido como regalo el que genera valor para el contenido electrónico.

El papel permite además un viejo ceremonial: la presentación pública, cada vez menos relevante pero a fin de cuentas tradicional y simbólicamente imprescindible. Las editoriales lo mantienen hasta ahora fundamentalmente para poder cuidar de los críticos literarios y los periodistas. En nuestro caso, sirve de excusa para poder encontrarnos con nuestra red de prescriptores y representar ante ellos la emergencia de nuevos temas en nuestra agenda particular.

Un modelo de cuasirentas para los autores

En su conjunto este modelo refuerza una de las cosas que primero aprendimos del Dominio público: lo que motiva a los autores es el impacto en el público y este se da fundamentalmente a través de los formatos electrónicos gratuitos. A mayor difusión más motivación.

El autor de ensayos escribe libros para ganar valor con su marca personal. Monetariza esta fuera del mundo editorial (consultoría, encargos, etc.) pero, como los músicos, su participación en bolos, cursos y paneles de conferencistas tiene un peso mucho mayor que sus obras en el conjunto de los ingresos que percibe.

La posibilidad de ofrecer, junto con sus servicios como orador, sus propios libros, incluso personalizándolos para el evento correspondiente, no sólo le puede producir un ingreso extra directo, aumenta su valoración en el circuito.

¿Y la literatura?

Otra novedad de esta colección es que por primera vez editaremos literatura. También obras cortas (pequeñas novelas, poesía, guiones… hasta puede que alguna novela gráfica).

Pero salvo para los poetas y los autores de best-sellers no hay un circuito de eventos establecido equiparable a del mundo del ensayo. Para cubrir en parte este déficit haremos venta por correo de los libros en papel y puede que, más adelante, cuando tengamos producciones literarias regulares, establezcamos un sistema de suscripción electrónica de pago por canales en apoyo de los autores de ficción.

El futuro

Como en el negocio de la música, parece que los ingresos para los autores cada vez más están relacionados con la posibilidad de organizar eventos presenciales, conferencias, cursos, veladas literarias, cenas coloquio… es decir con la posibilidad de acceder a un circuito de salas que hoy por hoy apenas existen fuera de Buenos Aires.

En pocas palabras: el negocio de la edición cada vez es más dependiente del negocio inmobiliario. Como en la música independiente, la posibilidad a medio plazo de consolidar un negocio alternativo al de la industria de la mal llamada propiedad intelectual depende de la capacidad para crear espacios culturales de socialización de nuevo tipo: salas que dinamicen el entorno presencial y generen conversación sobre las artes.

El siglo XVIII inventó los cafés comerciales y literarios, el XIX las casas del pueblo, el nuestro necesita reinventar y fundir ambos en lógica de red.

«El papel es para las ocasiones» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 18 de Octubre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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